Vísperas – 31 de marzo

I VÍSPERAS

DOMINGO, DOMINGO DE RAMOS

 

Oración de la tarde

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

¿Quién es este que viene,

recién atardecido,

cubierto con sangre

como varón que pisa los racimos?

 

Este es Cristo, el Señor,

convocado a la muerte,

glorificado en la resurrección.

 

¿Quién es este que vuelve,

glorioso y malherido,

y, a precio de su muerte,

compra la paz y libra a los cautivos?

 

Este es Cristo, el Señor,

convocado a la muerte,

glorificado en la resurrección.

 

Se durmió con los muertos,

y reina entre los vivos;

no le venció la fosa,

porque el Señor sostuvo a su Elegido.

 

Este es Cristo, el Señor,

convocado a la muerte,

glorificado en la resurrección.

 

Anunciad a los pueblos

qué habéis visto y oído;

aclamad al que viene

como la paz, bajo un clamor de olivos. Amén.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me detuvisteis; ahora, flagelado, me lleváis para ser crucificado.

 

Salmo 118, 105-112

 

Lámpara es tu palabra para mis pasos,

luz en mi sendero;

lo juro y lo cumpliré:

guardaré tus justos mandamientos;

¡estoy tan afligido!

Señor, dame vida según tu promesa.

 

Acepta, Señor, los votos que pronuncio,

enséñame tus mandatos;

mi vida está siempre en peligro,

pero no olvido tu voluntad;

los malvados me tendieron un lazo,

pero no me desvié de tus decretos.

 

Tus preceptos son mi herencia perpetua,

la alegría de mi corazón;

inclino mi corazón a cumplir tus leyes,

siempre y cabalmente.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 1. A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me detuvisteis; ahora, flagelado, me lleváis para ser crucificado.

 

 

Ant. 2. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes.

 

Salmo 15

 

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;

yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»

Los dioses y señores de la tierra

no me satisfacen.

 

Multiplican las estatuas

de dioses extraños;

no derramaré sus libaciones con mis manos,

ni tomaré sus nombres en mis labios.

 

El Señor es mi heredad y mi copa;

mi suerte está en tu mano:

me ha tocado un lote hermoso,

me encanta mi heredad.

 

Bendeciré al Señor, que me aconseja,

hasta de noche me instruye internamente.

Tengo siempre presente al Señor,

con él a mi derecha no vacilaré.

 

Por eso se me alegra el corazón,

se gozan mis entrañas,

y mi carne descansa serena.

Porque no me entregarás a la muerte,

ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

 

Me enseñarás el sendero de la vida,

me saciarás de gozo en tu presencia,

de alegría perpetua a tu derecha.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes.

 

 

Ant. 3. El Señor Jesús se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

 

Cántico: Flp 2, 6-11

 

Cristo, a pesar de su condición divina,

no hizo alarde de su categoría de Dios,

al contrario, se anonadó a sí mismo,

y tomó la condición de esclavo,

pasando por uno de tantos.

 

Y así, actuando como un hombre cualquiera,

se rebajó hasta someterse incluso a la muerte

y una muerte de cruz.

 

Por eso Dios lo levantó sobre todo

y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;

de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble

en el cielo, en la tierra, en el abismo

y toda lengua proclame:

Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. El Señor Jesús se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

 

 

LECTURA BREVE           1P 1, 18-21

 

Ya sabéis con qué os rescataron de ese proceder inútil recibido de vuestros padres: no con bienes efímeros, con otro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha, previsto antes de la creación del mundo y manifestado al final de los tiempos por vuestro bien. Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

 

V. Porque con tu cruz has redimido el mundo.

R. Y te bendecimos.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Salve, Rey nuestro, Hijo de David, Redentor del mundo; ya los profetas te anunciaron como el Salvador que había de venir.

 

Cántico de María. Lc 1, 46-55

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Salve, Rey nuestro, Hijo de David, Redentor del mundo; ya los profetas te anunciaron como el Salvador que había de venir.

 

 

PRECES

 

Adoremos a Cristo, quien, próximo ya a su pasión, al contemplar a Jerusalén, lloró por ella, porque no había aceptado el tiempo de gracia; arrepintiéndonos, pues, de nuestros pecados, supliquémosle, diciendo:

Ten piedad de tu pueblo, Señor.

 

Tú que quisiste reunir a los hijos de Jerusalén, como la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas,

— enséñanos a reconocer el tiempo de gracia.

 

No abandones a los fieles que te abandonaron,

— antes concédenos la gracia de la conversión, y volveremos a ti, Señor, Dios nuestro.

 

Tú que por tu pasión has dado con largueza la gracia al mundo,

— concédenos que, fieles a nuestro bautismo, vivamos constantemente de tu Espíritu.

 

Que tu pasión nos estimule a vivir renunciando al pecado,

— para que, libres de toda esclavitud, podamos celebrar santamente tu resurrección.

 

Tú que reinas en la gloria del Padre,

— acuérdate de los que hoy han muerto.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Dios todopoderoso y eterno, tú quisiste que nuestro Salvador se hiciese hombre y muriese en la cruz, para mostrar al género humano el ejemplo de una vida sumisa a tu voluntad; concédenos que las enseñanzas de su pasión nos sirvan de testimonio, y que un día participemos en su gloriosa resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Comentario al evangelio de hoy (31 de marzo)

Terminamos esta semana en la antesala de lo que estaba previsto. Todo quedaba, en el fondo, tejido de forma tal que era imposible que no sucediera de otra forma. Jesús no tiene miedo a ir desgranando su realidad íntima, su verdad, aun cuando esto pueda costarle la vida.

El pasaje que se nos presenta está en interconexión con el que se nos ha propuesto en Ezequiel, pero mientras que en éste parece triunfante, en Jesús es un término cruento.

Nada sucede de forma gratuita, o ligado a una suerte caprichosa, y menos en la vida de Jesús. Hay una orientación querida y consentida por él. Y hay una obediencia a un plan de su Padre. Jesús sabe que Dios quiere al hombre hasta el grado máximo de la fidelidad y la cordialidad. Y sabe que no siempre el amor se comprende, o se asume, o no provoca reacciones adversas. Porque el amor, en Jesús, es combativo. Se enfrenta al origen del mal, a la opresión, a la injusticia, a la destrucción de la persona…y esto no deja indiferente a nadie. Y, menos aún, a las instituciones que fomentan  la muerte.

Hoy, miles de hombres y mujeres saben eso mismo. Por amor, por puro amor, se enfrentan a situaciones insostenibles. O han sido asesinados, torturados, humillados, apartados, por eso mismo. Tú puedes poner ejemplos, el martirologio cristiano está lleno de ellos. Y la vida cotidiana, también. Ahora mismo está sucediendo en muchos sitios. En el fondo, es mejor que muera uno, o unos pocos, que se caiga el entramado de injusticia que vivimos.

Todo esto lo vivirá Jesús en su carne, y como antelación. Todo esto lo podemos vivir en su pasión de forma solidaria. Y podemos también saber qué hay detrás de todo. La misericordia de Dios, su acercamiento al hombre para recuperarlo de la miseria, es nuestra propia vocación. Por eso no tememos a los que pueden matar el cuerpo.

Acompañemos al Hombre. Vivamos con Él la certeza de su verdad: el hombre ha sido creado para ser de Dios, para ser perfecto. Y hemos de tensar la historia, y el universo entero, para conseguirlo.

Pedro Barranco

Laudes – 31 de marzo

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LITURGIA DE LAS HORAS

SÁBADO, V SEMANA DE CUARESMA

 

31 de marzo

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

INVITATORIO

 

Ant. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: “No endurezcáis vuestro corazón.”

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

Dame tu mano, María,

la de las tocas moradas;

clávame tus siete espadas

en esta carne baldía.

Quiero ir contigo en la impía

tarde negra y amarilla.

Aquí, en mi torpe mejilla,

quiero ver si se retrata

esa lividez de plata,

esa lágrima que brilla.

 

¿Dónde está ya el mediodía

luminoso en que Gabriel,

desde el marco del dintel,

te saludó: “Ave, María”?

Virgen ya de la agonía,

tu Hijo es el que cruza ahí.

Déjame hacer junto a ti

ese augusto itinerario.

Para ir al monte Calvario,

cítame en Getsemaní.

 

A ti, doncella graciosa,

hoy maestra de dolores,

playa de los pecadores,

nido en que el alma reposa,

a ti, ofrezco, pulcra rosa,

las jornadas de esta vía.

A ti, Madre, a quien quería

cumplir mi humilde promesa.

A ti, celestial princesa,

Virgen sagrada María. Amén.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.

 

Salmo 118, 145-152

 

Te invoco de todo corazón;

respóndeme Señor, y guardaré tus leyes;

a ti grito: sálvame,

y cumpliré tus decretos;

me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,

esperando tus palabras.

 

Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,

meditando tu promesa;

escucha mi voz por tu misericordia,

con tus mandamientos dame vida;

ya se acercan mis inicuos perseguidores,

están lejos de tu voluntad.

 

Tú Señor, estás cerca,

y todos tus mandatos son estables;

hace tiempo comprendí que tus preceptos

los fundaste para siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 1. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.

 

 

Ant. 2. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.

 

Cántico: Ex 15, 1-4. 8-13. 17-18

 

Cantaré al Señor, sublime es su victoria,

caballos y carros ha arrojado al mar.

Mi fuerza y mi poder es el Señor,

él fue mi salvación.

 

Él es mi Dios yo lo alabaré;

el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.

El Señor es un guerrero,

su nombre es “El Señor”.

 

Los carros del faraón los lanzó al mar,

ahogó en el mar rojo a sus mejores capitanes.

Al soplo de tu ira se amontonaron las aguas,

las corrientes se alzaron como un dique,

las olas se cuajaron en el mar.

 

Decía el enemigo: “Los perseguiré y alcanzaré,

repartiré el botín, se saciará mi codicia,

empuñaré la espada, los agarrará mi mano.”

 

Pero sopló tu aliento y los cubrió el mar,

se hundieron como plomo en las aguas formidables.

¿Quién como tú, Señor, entre los dioses?

¿Quién como tu, terrible entre los santos,

temibles por tus proezas, autor de maravillas?

 

Extendiste tu diestra: se los tragó la tierra;

guiaste con misericordia a tu pueblo rescatado,

lo llevaste con tu poder hasta tu santa morada.

 

Lo introduces y lo plantas en el monte de tu heredad,

lugar del que hiciste tu trono, Señor;

santuario, Señor, que fundaron tus manos.

El Señor reina por siempre jamás.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 2. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.

 

 

Ant. 3. Alabad al Señor, todas las naciones.

 

Salmo 116

 

Alabad al Señor, todas las naciones,

aclamadlo, todos los pueblos.

 

Firme es su misericordia con nosotros,

su fidelidad dura por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. Alabad al Señor, todas las naciones.

 

 

LECTURA BREVE           Is 65, 1b-3a

 

Decía: “Aquí estoy, aquí estoy” al pueblo que no invocaba mi nombre. Tenía mis manos extendidas todo el día hacia un pueblo rebelde, que andaba por el mal camino, siguiendo sus antojos, pueblo que me provocaba en la cara, continuamente.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Él me librará de la red del cazador.

R. Él me librará de la red del cazador.

 

V. Me cubrirá con sus plumas.

R. De la red del cazador.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Él me librará de la red del cazador.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Jesús murió para reunir a los hijos de Dios dispersos.

 

Cántico de Zacarías. Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Jesús murió para reunir a los hijos de Dios dispersos.

 

 

PRECES

 

Glorifiquemos a Cristo, que, para hacer de nosotros criaturas nuevas, ha instituido el baño del bautismo y nos alimenta con su palabra y su cuerpo, y supliquémosle, diciendo:

Renuévanos con tu gracia, Señor.

 

Señor Jesús, tú que eres manso y humilde de corazón, danos entrañas de misericordia, bondad y humildad,

— y haz que tengamos paciencia con todos.

 

Que sepamos ayudar a los necesitados y consolar a los que sufren,

— para imitarte a ti, el buen Samaritano.

 

Que María, la Virgen Madre, interceda por las vírgenes que se han consagrado a tu servicio,

— para que vivan su virginidad en bien de la Iglesia.

 

Concédenos la abundancia de tu misericordia,

— y perdona la multitud de nuestros pecados y el castigo que por ellos merecemos.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Con la confianza que nos da nuestra fe, acudamos ahora al Padre, diciendo, como nos enseñó Cristo:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Señor, tú que realizas sin cesar la salvación de los hombres y concede a tu pueblo, en los días de Cuaresma, gracias más abundantes, dígnate mirar con amor a tus elegidos y concede tu auxilio protector a los catecúmenos y a los bautizados. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Vísperas – 30 de marzo

VÍSPERAS

VIERNES, V SEMANA DE CUARESMA

 

Oración de la tarde

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

¿Para qué los timbres de sangre y nobleza?

nunca los blasones

fueron lenitivo para la tristeza

de nuestras pasiones.

¡No me des coronas, Señor, de grandeza!

 

¿Altivez? ¿Honores? Torres ilusorias

que el tiempo derrumba.

Es coronamiento de todas las glorias

un rincón de tumba.

¡No me des siquiera coronas mortuorias!

 

No pido el laurel que nimba el talento,

ni la voluptuosas

guirnaldas de lujo y alborozamiento.

¡Ni mirtos ni rosas!

¡No me des coronas que se lleva el viento!

 

Yo quiero la joya de penas divinas

que rasga las sienes.

Es para las almas que tú predestinas.

Sólo tú la tienes.

¡Si me das coronas, dámelas de espinas! Amén.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

 

Salmo 40

 

Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;

en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor.

 

El Señor lo guarda y lo conserva en vida,

para que sea dichoso en la tierra,

y no la entrega a la saña sus enemigos.

 

El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,

calmará los dolores de su enfermedad.

 

Yo dije: “Señor, ten misericordia,

sáname porque he pecado contra ti.”

 

Mis enemigos me desean lo peor:

“A ver si se muere y se acaba el apellido.”

 

El que viene a verme habla con fingimiento,

disimula su mala intención,

y cuando sale afuera, la dice.

 

Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí,

hacen cálculos siniestros:

“Padece un mal sin remedio,

se acostó para no levantarse”.

 

Incluso mi amigo, del que yo me fiaba,

que compartía mi pan,

es el primero en traicionarme.

Pero tú, Señor, apiádate de mí,

has que pueda levantarme,

para que yo les dé su merecido.

 

En esto conozco que me amas:

en que mi enemigo no triunfa de mí.

 

A mí, en cambio, me conservas la salud,

me mantienes siempre en tu presencia.

 

Bendito el Señor, Dios de Israel,

ahora y por siempre. Amén, Amén.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

 

 

Ant. 2. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

 

Salmo 45

 

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,

poderoso defensor en el peligro.

 

Por eso no tememos aunque tiemble la tierra

y los montes se desplomen en el mar.

 

Que hiervan y bramen sus olas,

que sacudan a los montes con su furia:

 

El Señor de los ejércitos está con nosotros,

nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

 

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,

el Altísimo consagra su morada.

 

Teniendo a Dios en medio, no vacila;

Dios la socorre al despuntar la aurora.

 

Los pueblos se amotinan, os reyes se rebelan;

pero la lanza de su trueno y se tambalea la tierra.

 

El Señor de los ejércitos está con nosotros,

nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

 

Venid a ver las obras del Señor,

las maravillas que hace en la tierra:

 

Pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe,

rompe los arcos, quiebra las lanzas,

prende fuego a los escudos.

 

“Rendíos, reconoced que yo soy Dios:

más alto que los pueblos mas alto que la tierra.

 

“

El Señor de los ejércitos está con nosotros,

nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

 

 

Ant. 3. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

 

Cántico: Ap 15, 3-4

 

Grandes y maravillosas son tus obras,

Señor, Dios omnipotente,

justos y verdaderos tus caminos,

¡oh Rey de los siglos!

 

¿Quién no temerá, Señor

y glorificará tu nombre?

Porque tú solo eres santo,

porque vendrán todas las naciones

y se postrarán en tu acatamiento,

porque tus juicios se hicieron manifiesto.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

 

 

LECTURA BREVE           1P 2, 21-24

 

Cristo padeció por nosotros, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca; cuando lo insultaban, no devolvía el insulto; en su pasión no profería amenazas; al contrario, se ponía en manos del que juzga justamente. Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas nos han curado.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Yo dije: Señor, ten misericordia.

R. Yo dije: Señor, ten misericordia.

 

V. Sáname, porque he pecado contra ti.

R. Señor, ten misericordia.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Yo dije: Señor, ten misericordia.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Aunque no me creáis a mí, creed a las obras, que hago en nombre de Dios.

 

Cántico de María. Lc 1, 46-55

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Aunque no me creáis a mí, creed a las obras, que hago en nombre de Dios.

 

 

PRECES

 

Oremos a Jesús, el Señor, que santificó por su propia sangre al pueblo, y digámosle:

Compadécete, Señor, de tu pueblo

 

Redentor nuestro, por tu pasión, concede a tus fieles la fuerza necesaria para mortificar sus cuerpos, ayúdalos en su lucha contra el mal y fortalece su esperanza,

— para que se dispongan a celebrar santamente tu resurrección.

 

Haz que los cristianos cumplan con su misión profética, anunciando al mundo tu Evangelio

— y dando testimonio de él por su fe, esperanza y caridad.

 

Conforta, Señor, a los que están tristes,

— y danos a nosotros el deseo de consolar a nuestros hermanos.

 

Haz que tus fieles aprendan a participar en tu pasión con sus propios sufrimientos,

— para que sus vidas manifiesten tu salvación a los hombres.

 

Tú que eres autor de la vida, acuérdate de los difuntos

— y dales parte en tu gloriosa resurrección.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Adoctrinados por el mismo Señor, nos atrevemos a decir:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Perdona las culpas de tu pueblo, Señor, y que tu amor y tu bondad nos libren del poder del pecado, al que nos ha sometido nuestra debilidad. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Comentario al evangelio de hoy (30 de marzo)

Juan, el evangelista, quiere ir construyendo su relato como si se tratara de un retablo actual, una especie de película que va tensionándose más y más hasta suceder lo inevitable. Jesús va desarrollando su misión y, a la vez, quiere ir desvelando su identidad. Y esto es lo que hace que nadie de su tiempo comprenda realmente qué está sucediendo.

Somos hijos en el Hijo. Creo que esto podría resumir lo que nos adelanta este trozo de evangelio. Jesús ha descubierto que la divinización del hombre, su elevación, no proviene más que de la donación que Dios ha hecho al hombre de su esencia más íntima.

Nosotros estamos hechos a imagen de Dios, es decir, participamos de Él. Y nos parecemos en dos aspectos que nos definen: la capacidad de amar y la libertad. Por eso Jesús nos dice que somos dioses. En Jesús hemos sido rescatados de nuestra limitación, para convertirnos en su imagen.

Esto nos trae una enorme responsabilidad, porque todos los seres humanos participamos de esa íntima realidad, somos hijos de Dios. Y esto nos puede impulsar a reconocer en los otros su altísima dignidad, su esencia, y a ayudarles a que la recuperen, si la han perdido.

Hay una cosa más. Jesús habla de las obras que dan testimonio de Él. Creer, sobre todo porque hay una realidad que respalda a Jesús: hace lo que dice. Dicho de otra forma: es coherente. Nuestro cristianismo puede adolecer de esa incapacidad de comunicar, quizás porque le falte la fuerza de las obras.

Muchos retos para una lectura, y muchos más aún para una vida. Pero merece la pena porque nos podemos encontrar hermanos. Y porque participamos de esa jovialidad divina de quien sabe que el mundo puede ser un lugar para pasearse por la tarde con Dios.

Pedro Barranco

Viernes V Semana de Cuaresma

Hoy es 30 de marzo, viernes de la V semana de Cuaresma.

Uno se pregunta, ¿por qué al ver lo que hace Jesús, por qué al escuchar lo que dice, por qué ante su presencia y actuación unos creen en él y le siguen y otros deciden apedrearlo o hacerlo desaparecer? ¿Por qué ante Jesús nadie queda indiferente?

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 10, 31-42):

En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.

Él les replicó: «Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?»

Los judíos le contestaron: «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios.»

Jesús les replicó: «¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: Sois dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y no puede fallar la Escritura), a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros que blasfema porque dice que es hijo de Dios? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.»

Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: «Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de éste era verdad.»

Y muchos creyeron en él allí.

Jesús se presenta a sí mismo como el consagrado por el Padre para la misión de dar Vida. Y Vida en mayúscula. La manera de proceder de Jesús le acredita. Hoy el contemplo devolviendo la vista a los ciegos. Haciendo recuperar la esperanza a los fracasados, alegrando la fiesta con el buen vino. Cuando le veo así, reconozco en él el rostro amoroso de Dios Padre.

Las palabras que dice Jesús cuando habla de su Padre. Nunca suenan a teoría ante Dios. Sino que son como el eco del amor de Dios que se manifiesta en su manera de actuar. Mirando a Jesús, viendo lo que hace, uno descubre a Dios y eso no deja a nadie indiferente.

A veces la propia vida, la mía, la de mi gente, la de mi Iglesia, no genera más que indiferencia. Ante eso, tal vez, puedo pensar si más que nuestras palabras no han de ser nuestras obras las que de verdad reflejan a Dios. Reconozco que no siempre es así. Y dejo que el evangelio de hoy se convierta en estímulo para mi vida, para mi gente y para mi Iglesia.

Muchos creyeron, muchos le siguieron. Yo quisiera volver a leer las palabras de Jesús, con un deseo de conocerle más y de seguirle. Para poder hablar de él a la gente con sencillez. Y desde mi manera de proceder sincera, llena de amor, como Jesús.

Señor, cuando te veo a ti, cuando veo como actúas, cuando oigo lo que dices, descubro en ti el rostro amoroso de tu Padre. Me fascina lo que dices, lo que haces y cómo lo haces. Yo quisiera ser admitido en esa comunidad de amor que forman contigo el Padre y el Espíritu. Me gustaría que me eligieras a mí, que me consagraras para poder ser. En medio de mi mundo concreto, ese rostro amoroso del Padre, como tú en aquellos años en que anduviste por nuestra tierra.

Gloria al Padre,
al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

Laudes – 30 de marzo

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LITURGIA DE LAS HORAS

VIERNES, V SEMANA DE CUARESMA

 

30 de marzo

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

INVITATORIO

 

Ant. Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

En tierra extraños peregrinos,

con esperanza caminamos,

que, si arduos son nuestros caminos,

sabemos bien a dónde vamos.

 

En el desierto un alto hacemos,

es el Señor quien nos convida,

aquí comemos y bebemos

el pan y el vino de la Vida.

 

Para el camino se nos queda

entre las manos, guiadora,

la cruz, bordón, que es la vereda

y es la bandera triunfadora.

 

Entre el dolor y la alegría,

con Cristo avanza en su andadura

un hombre, un pobre que confía

y busca la Ciudad futura. Amén.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Aceptarás los sacrificios, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar, Señor.

 

Salmo 50

 

Misericordia, Dios mío, por tu bondad;

por tu inmensa compasión borra mi culpa;

lava del todo mi delito,

limpia mi pecado.

 

Pues yo reconozco mi culpa,

tengo siempre presente mi pecado:

contra ti, contra ti solo pequé,

cometí la maldad que aborreces.

 

En la sentencia tendrás razón,

en el juicio brillará tu rectitud.

Mira, que en la culpa nací,

pecador me concibió mi madre.

 

Te gusta un corazón sincero,

y en mi interior me inculcas sabiduría.

Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;

lávame: quedaré más blanco que la nieve.

 

Hazme oír el gozo y la alegría,

que se alegren los huesos quebrantados.

Aparta de mi pecado tu vista,

borra en mí toda culpa.

 

¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,

renuévame por dentro con espíritu firme;

no me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu.

 

Devuélveme la alegría de tu salvación,

afiánzame con espíritu generoso:

enseñaré a los malvados tus caminos,

los pecadores volverán a ti.

 

Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,

Dios, Salvador mío!,

y cantará mi lengua tu justicia.

Señor, me abrirás los labios,

y mi boca proclamará tu alabanza.

 

Los sacrificios no te satisfacen;

si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.

Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:

un corazón quebrantado y humillado

tú no lo desprecias.

 

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,

reconstruye las murallas de Jerusalén:

entonces aceptarás los sacrificios rituales,

ofrendas y holocaustos,

sobre tu altar se inmolarán novillos.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. Aceptarás los sacrificios, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar, Señor.

 

 

Ant. 2. Con el Señor triunfará y se gloriará la estirpe de Israel.

 

Cántico: Is 45, 15-26

 

Es verdad: tú eres un Dios escondido,

el Dios de Israel, el Salvador.

 

Se avergüenzan y se sonrojan todos por igual,

se van avergonzados los fabricantes de ídolos;

mientras el señor salva a Israel

con una salvación perpetua,

para que no se avergüencen ni se sonrojen nunca jamás.

 

Así dice el Señor, creador del cielo

– él es Dios -,

él modeló la tierra,

la fabricó y la afianzó;

no la creó vacía,

sino que la formó habitable:

“Yo soy el Señor y no hay otro”.

 

No te hablé a escondidas,

en un país tenebroso,

no dije a la estirpe de Jacob:

“Buscadme en el vacío”.

 

Yo soy el Señor que pronuncia sentencia

y declara lo que es justo.

Reuníos, venid, acercaos juntos, supervivientes de las naciones.

No discurren los que llevan su ídolo de madera,

y rezan a un dios que no puede salvar.

 

Declarad, aducid pruebas,

que deliberen juntos:

¿Quién anunció esto desde antiguo,

quién lo predijo desde entonces?

¿No fui yo, el Señor?

– No hay otro Dios fuera de mí –

 

Yo soy un Dios justo y salvador,

y no hay ninguno más.

 

Volveos hacia mí para salvaros,

confines de la tierra,

pues yo soy Dios y no hay otro.

 

Yo juro por mi nombre,

de mi boca sale una sentencia,

una palabra irrevocable:

“Ante mí se doblara toda rodilla,

por mí jurará toda lengua”,

dirán: “Solo el Señor

tiene la justicia y el poder.’’

 

A él vendrán avergonzados

los que se enardecían contra él,

con el Señor triunfará y se gloriara

la estirpe de Israel.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 2. Con el Señor triunfará y se gloriará la estirpe de Israel.

 

 

Ant. 3. Entrad con vítores en la presencia del Señor.

 

Salmo 99

 

Aclama al Señor, tierra entera,

servid al Señor con alegría,

entrad en su presencia con aclamaciones.

 

Sabed que el Señor es Dios:

que él nos hizo y somos suyos,

su pueblo y ovejas de su rebaño.

 

Entrad por sus puertas con acción de gracias,

por sus atrios con himnos,

dándole gracias y bendiciendo su nombre:

 

“El Señor es bueno.

Su misericordia es eterna,

su fidelidad por todas las edades.”

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. Entrad con vítores en la presencia del Señor.

 

 

LECTURA BREVE           Is 52, 13-15

 

Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Él me librará de la red del cazador.

R. Él me librará de la red del cazador.

 

V. Me cubrirá con sus plumas.

R. De la red del cazador.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Él me librará de la red del cazador.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. “Os he hecho muchas obras buenas –dice el Señor-: ¿por cuál de ellas me apredreáis?”

 

Cántico de Zacarías: Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. “Os he hecho muchas obras buenas –dice el Señor-: ¿por cuál de ellas me apredreáis?”

 

 

PRECES

 

Demos gracias a Cristo, el Señor, que al morir en la cruz nos dio la vida, y digámosle con fe:

Tú que has muerto por nosotros, escúchanos, Señor.

 

Maestro y Salvador nuestro, que nos revelaste con tu palabra el designio de Dios y nos renovaste con tu gloriosa pasión,

— aleja de nuestra vida toda maldad.

 

Que sepamos, Señor, abstenernos hoy de los manjares del cuerpo,

— para ayudar con nuestra abstinencia a los hambrientos y necesitados.

 

Que vivamos santamente este día de penitencia cuaresmal

— y lo consagremos a tu servicio, mediante obras de misericordia.

 

Sana, Señor, nuestras voluntades rebeldes

— y llénanos de tu gracia y de tus dones.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Llenos de alegría por nuestra condición de hijos de Dios, digamos confiadamente:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Perdona las culpas de tu pueblo, Señor, y que tu amor y tu bondad nos libren del poder del pecador, la que nos ha sometido nuestra debilidad. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Vísperas – 29 de marzo

VÍSPERAS

JUEVES, V SEMANA DE CUARESMA

 

Oración de la tarde

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

Te damos gracias, Señor,

porque has depuesto la ira

y has detenido ante el pueblo

la mano que lo castiga.

 

Tú eres el Dios que nos salva,

la luz que nos ilumina,

la mano que nos sostiene

y el techo que nos cobija.

 

Y sacaremos con gozo

del manantial de la Vida

las aguas que dan al hombre

la fuerza que resucita.

 

Entonces proclamaremos:

“¡Cantadle con alegría!

El nombre de Dios es grande;

su caridad, infinita!

 

¡Que alabe al Señor la tierra!

Cantadle sus maravillas.

¡Qué grande, en medio del pueblo,

el Dios que nos justifica!” Amén.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste, te daré gracias por siempre.

 

Salmo 29

 

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

Señor, Dios mío, te grité,

y tú me sanaste.

Señor sacaste mi vida del abismo,

me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

 

Tañed para el Señor fieles suyos,

dad gracias a su nombre santo;

su cólera dura un instante;

su bondad, de por vida;

al atardecer nos visita el llanto,

por la mañana, el jubilo.

 

Yo pensaba muy seguro:

“No vacilaré jamás”.

Tu bondad Señor, me aseguraba

el honor y la fuerza;

pero escondiste tu rostro,

y quedé desconcertado.

 

A ti, Señor, llamé,

suplique a mí Dios:

“¿Qué ganas con mi muerte,

con que yo baje a la fosa?.

 

¿Te va ha dar gracias el polvo,

o va a proclamar tu lealtad?.

Escucha, Señor, y ten piedad de mí;

Señor, socórreme”

 

Cambiaste mi luto en danzas,

me desataste el sayal y me has vestido de fiesta;

te cantará mi alma sin callarse.

Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste, te daré gracias por siempre.

 

 

Ant. 2. Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.

 

Salmo 31

 

Dichoso el que está absuelto de su culpa,

a quien le han sepultado su pecado;

dichoso el hombre a quien el Señor

no le apunta el delito.

 

Mientras callé se consumían mis huesos,

rugiendo todo el día,

porque día y noche tu mano

pesaba sobre mí;

mi savia se me había vuelto un fruto seco.

 

Había pecado, lo reconocí,

no te encubrí mi delito,

propuse: “Confesaré al Señor mi culpa”,

y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

 

Por eso, que todo fiel te suplique

en el momento de la desgracia:

la crecida de las aguas caudalosas

no lo alcanzará.

 

Tú eres mi refugio, me libras del peligro,

me rodeas de cantos de liberación.

 

— Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir

fijaré en ti mis ojos.

 

No seáis irracionales como caballos y mulos,

cuyo brío hay que domar con freno y brida;

si no, no puedes acercarte.

 

Los malvados sufren muchas penas;

al que confía en el Señor,

la misericordia lo rodea.

 

Alegraos, justos, y gozad con el Señor,

aclamadlo, los de corazón sincero.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.

 

 

Ant. 3. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

 

Cántico: Ap 11, 17-18; 12 10b-12a

 

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,

el que eres y el que eras,

porque has asumido el gran poder

y comenzaste a reinar.

 

Se encolerizaron las naciones,

llegó tu cólera,

y el tiempo de que sean juzgados los muertos,

y de dar el galardón a tus siervos los profetas,

y a los santos y a los que temen tu nombre,

y a los pequeños y a los grandes,

y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

 

Ahora se estableció la salud y el poderío,

y el reinado de nuestro Dios,

y la potestad de su Cristo;

porque fue precipitado

el acusador de nuestros hermanos,

el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

 

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero

y por la palabra del testimonio que dieron,

y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.

Por eso, estad alegres, cielos,

y los que moráis en sus tiendas.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

 

 

LECTURA BREVE           Hb 13, 12-15

 

Jesús, para consagrar al pueblo con su propia sangre, murió fuera de las murallas. Salgamos, pues, a encontrarlo fuera del campamento, cargados con su oprobio; que aquí no tenemos ciudad permanente, sino que andamos en busca de la futura. Por su medio, ofrezcamos continuamente a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de unos labios que profesan su nombre.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Yo dije: Señor, ten misericordia.

R. Yo dije: Señor, ten misericordia.

 

V. Sáname, porque he pecado contra ti.

R. Señor, ten misericordia.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Yo dije: Señor, ten misericordia.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. “No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?” “Os aseguro que antes que naciera Abrahán, existo yo”.

 

Cántico de María. Lc 1, 46-55

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. “No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?” “Os aseguro que antes que naciera Abrahán, existo yo”.

 

 

PRECES

 

Oremos a Cristo, el Señor, que nos dio el mandamiento nuevo de amarnos los unos a los otros, y digámosle:

Acrecienta, Señor, la caridad de tu Iglesia.

 

Maestro bueno, enséñanos a amarte en nuestros hermanos

— y a servirte en cada uno de ellos.

 

Tú que en la cruz pediste al Padre el perdón para tus verdugos,

— concédenos amar a nuestros enemigos y orar por los que nos persiguen.

 

Señor, que la participación en el misterio de tu cuerpo y de tu sangre acreciente en nosotros el amor, la fortaleza y la confianza,

— y dé vigor a los débiles, consuelo a los tristes, esperanza a los agonizantes.

 

Señor, luz del mundo, que, por el agua, concediste al ciego de nacimiento que pudiera ver la luz,

— ilumina a nuestros catecúmenos por el sacramento del agua y de la palabra.

 

Concede la plenitud de tu amor a los difuntos

— y haz que un día nos contemos entre tus elegidos.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Escucha nuestras súplicas, Señor, y mira con amor a los que han puesto su esperanza en tu misericordia; límpialos de todos sus pecados, para que perseveren en una vida santa y lleguen de este modo a heredar tus promesas. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Comentario al evangelio de hoy (29 de marzo)

“Os aseguro que quien hace caso a mi palabra no morirá”. Bueno, pues ya está. Más claro no se puede decir. Es muy fácil lo que hay que hacer…

Si nos ha faltado algo, durante demasiado tiempo quizás, es ese regusto enorme por escudriñar en los textos sagrados, en la Palabra de Dios. Nuestros hermanos protestantes nos han precedido en eso. Han ido reflexionando en común, y en distintos tipos de asambleas, círculos, reuniones, y un largo etc. sobre esto, que es de vital importancia. Y mucho antes que se convirtiera en un libro necesario de leer para los católicos, laicos o ministros. Si nos hubiéramos acercado antes  a los que se nos comunica con claridad, puede que no nos hubiéramos confundido tantas veces.

Lo que nos falta es acercarnos a la Palabra, para comer de ella, y después hacerla vida. Hay mucha gente que dice que Dios no habla hoy. Pero eso es sólo una verdad para aquel que se sitúa en una premisa no creyente. Dios habla claro, y fuerte, cada vez que lo descubrimos en algún pasaje del evangelio. Se nos comunica de forma directa, porque las palabras que dice Jesús no son un conjunto de recetas, un testimonio frío de lo que pasó, sino que constituyen el modo más claro de comunicación del hombre con Dios, y esto para decirnos de Él.

En las iglesias hay dos mesas: la de la Palabra y la de la Eucaristía. Conviene comer de las dos. A eso nos invitan cuando vamos a celebrar, con los hermanos, la vida. No es un ritual con el que hay que cumplir. En él hay una donación que quiere ser vivificante. Y la Palabra, la de Jesús, resulta ser la materia que nos aporta el discernimiento para saber qué debemos hacer y cómo debemos ser.

Hay una invitación explícita en la lectura: encontrarse con Jesús es abrir el evangelio y hacerlo vida. Y estamos llamados a ser otros cristos por y para los hermanos.

Pedro Barranco