Jueves III Semana de Cuaresma

Hoy es 15 de marzo, jueves de la III semana de Cuaresma.

Por los caminos de Galilea, Jesús fue acompañando soledades, aliviando a los abatidos. Jesús es compasivo. Algunos se negaron a ver en todo esto la acción de un Dios implicado con el sufrimiento de sus criaturas, pero la gente sencilla descubrió que cada encuentro con Jesús, es siempre sanador. Ahora, en este momento de oración, tú también tienes la posibilidad de encontrarte con el Dios, fuente de vida.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 11, 14-23):

En aquel tiempo, Jesús estaba echando un demonio que era mudo y, apenas salió el demonio, habló el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: «Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios.» Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo.

Él, leyendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.»

En tiempos de Jesús, un endemoniado era una persona impura. Suponía estar fuera del sistema religioso, no poder ir al templo, quedar excluido del abrazo de Dios. Jesús expulsa demonios. Dice a la gente, nada puede privarte del amor de Dios. ¿Qué cosas te impiden a ti sentirte querido por Dios? ¿Qué te paraliza?

Antes de empezar a curar, Jesús recorrió un largo camino, de silencio, de mirar la realidad, de dejarse tocar por el dolor, de conmoverse por el sufrimiento de los demás. Mira tú también la realidad. ¿Qué necesitan los que tienes cerca? ¿Qué necesidades ves un poquito más lejos?

¿La fuerza de un Dios que es sanación o el poder de Belzebú? Para los cristianos no son dos fuerzas iguales. Para los cristianos, el dedo de Dios es más fuerte que el mal. Al leer de nuevo el evangelio, deja que la fuerza de la buena noticia, vaya venciendo a esos demonios que paralizan.

Al terminar este momento de oración, habla con Jesús. Él está contigo, de tu parte. Habla con la tranquilidad de saber que él es un Dios sanador y liberador.

Gloria al Padre,
al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

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