Vísperas – 6 de abril

VÍSPERAS

VIERNES SANTO

 

Oración de la tarde

Los que participan en la acción litúrgica de la Pasión del Señor no rezan hoy las Vísperas

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

Victoria, tú reinarás.

¡Oh cruz, tú nos salvarás!

 

El Verbo en ti clavado, muriendo, nos rescató;

De ti, madero santo, nos viene la redención.

 

Extiende por el mundo tu reino de salvación.

¡Oh cruz fecunda, fuente de vida y bendición!

 

Impere sobre el odio tu reino de caridad;

Alcancen las naciones el gozo de la unidad.

 

Aumenta en nuestras almas tu reino de santidad;

El río de la gracia apague la iniquidad.

 

La gloria por los siglos a Cristo libertador,

Su cruz nos lleva al cielo, la tierra de promisión.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Mirad, pueblos todos, y ved si hay dolor como el mío.

 

Salmo 115

 

Tenía fe, aun cuando dije:

«¡Qué desgraciado soy!»

Yo decía en mi apuro:

«Los hombres son unos mentirosos.»

 

¿Cómo pagaré al Señor

todo el bien que me ha hecho?

Alzaré la copa de la salvación,

invocando su nombre.

Cumpliré al Señor mis votos

en presencia de todo el pueblo.

 

Vale mucho a los ojos del Señor

la vida de sus fieles.

Señor, yo soy tu siervo,

siervo tuyo, hijo de tu esclava:

rompiste mis cadenas.

 

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,

invocando tu nombre, Señor.

Cumpliré al Señor mis votos

en presencia de todo el pueblo,

en el atrio de la casa del Señor,

en medio de ti, Jerusalén.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 1. Mirad, pueblos todos, y ved si hay dolor como el mío.

 

 

Ant. 2. Mi aliento desfallece, mi corazón dentro de mí está yerto.

 

Salmo 142, 1-11

 

Señor, escucha mi oración;

tú, que eres fiel, atiende a mi súplica;

tú, que eres justo, escúchame.

No llames a juicio a tu siervo,

pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.

 

Eigul enemigo me persigue a muerte,

empuja mi vida al sepulcro,

me confina a las tinieblas

como a los muertos ya olvidados.

Mi aliento desfallece,

mi corazón dentro de mí está yerto.

 

Recuerdo los tiempos antiguos,

medito todas tus acciones,

considero las obras de tus manos

y extiendo mis brazos hacia ti:

tengo sed de ti como tierra reseca.

 

Escúchame en seguida, Señor,

que me falta el aliento.

No me escondas tu rostro,

igual que a los que bajan a la fosa.

 

En la mañana hazme escuchar tu gracia,

ya que confío en ti.

Indícame el camino que he de seguir,

pues levanto mi alma a ti.

 

Líbrame del enemigo, Señor.

Que me refugio en ti.

Enséñame a cumplir tu voluntad,

ya que tú eres mi Dios.

Tu espíritu, que es bueno,

me guíe por tierra llana.

 

Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;

por tu clemencia, sácame de la angustia.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. Mi aliento desfallece, mi corazón dentro de mí está yerto.

 

 

Ant. 3. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: “Está cumplido”. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

 

Cántico: Flp 2, 6-11

 

Cristo, a pesar de su condición divina,

no hizo alarde de su categoría de Dios,

al contrario, se anonadó a sí mismo,

y tomó la condición de esclavo,

pasando por uno de tantos.

 

Y así, actuando como un hombre cualquiera,

se rebajó hasta someterse incluso a la muerte

y una muerte de cruz.

 

Por eso Dios lo levantó sobre todo

y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;

de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble

en el cielo, en la tierra, en el abismo

y toda lengua proclame:

Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: “Está cumplido”. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

 

 

LECTURA BREVE           1P 2, 21-24

 

Cristo padeció por nosotros, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca; cuando lo insultaban, no devolvía el insulto; en su pasión no profería amenazas; al contrario, se ponía en manos del que juzga justamente. Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas nos han curado.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

Cristo por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo.

 

Cántico de María. Lc 1, 46-55

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo.

 

 

PRECES

 

Al conmemorar la muerte de nuestro Señor Jesucristo, de la que brotó la vida del mundo, oremos a Dios Padre diciendo:

Por la muerte de tu Hijo, escúchanos, Señor.

 

Mantén, Señor, la unidad de la Iglesia.

 

Protege al papa…

 

Santifica por tu Espíritu a los obispos, presbíteros, diáconos y a todo tu pueblo santo.

 

Acrecienta la fe y la sabiduría de los catecúmenos.

 

Congrega a los cristianos en la unidad.

 

Haz que Israel llegue a conseguir en plenitud la redención.

 

Ilumina con tu gracia a los que no creen en Cristo.

 

Haz que quienes no creen en Dios lleguen a descubrir tu amor a través de las obras de la creación.

 

Guía los pensamientos y decisiones de los gobernantes.

 

Concede tu consuelo a los atribulados.

 

Da tu perdón pleno a los difuntos.

 

Concluyamos nuestra súplica con la oración que el mismo Señor nos enseñó:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Mira, Señor de bondad, a tu familia santa, por la cual Jesucristo, nuestro Señor, aceptó el tormento de la cruz, entregándose a sus propios enemigos. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Viernes Santo: velando a Cristo (Unamuno)

La semana santa se presta a tomar este poema entre las manos y leerlo (o releerlo) muy despacio, verso a verso. Nos asaltan estos días imágenes y estatuas del crucificado, y corremos el peligro de la costumbre, del pasar los ojos de largo como si ya lo hubieran visto todo… Unamuno nos recrea, palmo a palmo, la imagen del Cristo de Velázquez y a través de él nos va introduciendo poco a poco en el misterio de la noche, de la cruz y de la vida.

Merece la pena velar, junto a la luna, “al hombre que dio toda su sangre por que las gentes sepan que son hombres”, y descubrirse a uno mismo a los pies de esta cruz que nos hace, inmortalmente, humanos.

(María G. Barral)

¿En qué piensas Tú, muerto, Cristo mío?
¿Por qué ese velo de cerrada noche
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno cae sobre tu frente?
Miras dentro de Ti, donde está el reino
de Dios; dentro de Ti, donde alborea
el sol eterno de las almas vivas.
Blanco tu cuerpo está como el espejo
del padre de la luz, del sol vivífico;
blanco tu cuerpo al modo de la luna
que muerta ronda en torno de su madre
nuestra cansada vagabunda tierra;
blanco tu cuerpo está como la hostia
del cielo de la noche soberana,
de ese cielo tan negro como el velo
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno. Que eres, Cristo, el único
hombre que sucumbió de pleno grado,
triunfador de la muerte, que a la vida
por Ti quedó encumbrada. Desde entonces
por Ti nos vivifica esa tu muerte,
por Ti la muerte se ha hecho nuestra madre,
por Ti la muerte es el amparo dulce
que azucara amargores de la vida;
por Ti, el Hombre muerto que no muere
blanco cual luna de la noche. Es sueño,
Cristo, la vida y es la muerte vela.
Mientras la tierra sueña solitaria,
vela la blanca luna; vela el Hombre
desde su cruz, mientras los hombres sueñan;
vela el Hombre sin sangre, el Hombre blanco
como la luna de la noche negra;
vela el Hombre que dió toda su sangre
por que las gentes sepan que son hombres.
Tú salvaste a la muerte. Abres tus brazos
a la noche, que es negra y muy hermosa,
porque el sol de la vida la ha mirado
con sus ojos de fuego: que a la noche
morena la hizo el sol y tan hermosa.
Y es hermosa la luna solitaria,
la blanca luna en la estrellada noche
negra cual la abundosa cabellera
negra del nazareno. Blanca luna
como el cuerpo del Hombre en cruz, espejo
del sol de vida, del que nunca muere.
Los rayos, Maestro, de tu suave lumbre
nos guían en la noche de este mundo
ungiéndonos con la esperanza recia
de un día eterno. Noche cariñosa,
¡oh noche, madre de los blandos sueños,
madre de la esperanza, dulce Noche,
noche oscura del alma, eres nodriza
de la esperanza en Cristo salvador!

Miguel de Unamuno

Viernes Santo

¿Qué es lo más grande que alguien ha hecho por ti? ¿Quién ha sentido lo tuyo tan intensamente que se ha hecho grito con tu grito, dolor con tu dolor? ¿Quién no te ha dejado sólo ante nada ni ante nadie?

Jesús de Nazaret, el Cristo, el hijo de María y de José, ha querido llegar hasta el final, sin huir de sufrimiento alguno. Carga tu carga sobre Él mismo. Denuncia todo lo que tantos no pueden denunciar. Grita por ti y contigo. Sufre por ti y contigo. Consuela por ti y contigo. Y sólo porque te quiere. Sólo por amor.

¿Qué te duele? ¿Qué te pesa? ¿Qué se te hace insoportable? ¿Qué te llena de impotencia y de rabia y de dolor y de tristeza y de desesperanza? ¿Pasas por un momento dulce y sereno en tu vida? Mira entonces a tu alrededor. Mira a la gente que va contigo en el bus o el metro o en el ascensor o en el botellón de los viernes… ¡Hay tanto sufrimiento oculto, inconfesado! ¡Hay tanto dolor ahí fuera que el mismo Dios grita y grita en Cruz!

Viernes Santo, Viernes de dolor, Viernes de impotencia y sufrimiento, Viernes de grito a Dios y grito de Dios. No mires hacia otro lado. Dios no lo hace. Dios se hace grito en la carne de Cristo. Un grito que no mira desde lejos ni responde con violencia. ¡Nunca! Grito de Dios como grita la mujer al dar a luz… Un grito que está preñado de Vida y de Esperanza. Por eso podemos adorar la Cruz, por eso podemos recostar nuestra cabeza en ella. Porque ahí está Dios haciendo suyos todos tus dolores, burlas, afrentas, mentiras, sufrimientos, vacíos…

Tú, que quieres a Cristo. Tú, que quieres seguirle. Tú, que sabes cuánto has recibido de Él. ¿Mirarás para otro lado? ¿Dejarás que algo o alguien te aplaste y pueda contigo? ¡Levántate y acércate a cada persona que sufre, poco o mucho a tu lado! ¡Comparte su dolor! No lo haces sólo. Grita con Cristo mismo sabiendo que este no es el final. Nunca.

¿Qué situaciones cercanas a ti vives como injusticia, te afectan o te duelen? Jesús pasó por la Cruz por lo que no es ajeno a ningún sufrimiento nuestro… ¿Cómo te hace sentir? Resúmelo en tres palabras…

Comentario al evangelio de hoy (6 de abril)

¿Cómo vivir el Viernes Santo de este año 2012 en compañía de María, la Madre dolorosa? Un antiguo libro titulado “Dormición de la Virgen” presenta a María recorriendo los lugares por los que anduvo Jesús camino del Calvario. Parece ser que ésta era también -como atestigua la monja Hegeria en el siglo IV- una tradición de los cristianos que vivían en Jerusalén el día de Viernes Santo. Todos querían recorrer la senda que el Maestro había recorrido con la cruz a cuestas hasta el Calvario.

¿Qué sentiría hoy María viendo la “Vía Dolorosa” convertida en la calle más comercial de la Jerusalén antigua? Los grupos de mujeres plañideras han sido sustituidos por vendedores que ofrecen especias, ropas y toda clase de artesanía y de recuerdos. Los peregrinos se convierten con frecuencia en meros turistas. Nada es como aquel viernes del año 30. O quizá sí. Hoy como entonces seguimos ignorando al Cristo que pasa, aunque, también hoy como entonces, sigue habiendo pequeños cireneos.

Siento que la mirada de María no es una mirada de condena. Los mismos ojos compasivos que contemplaron entonces al Hijo sufriente contemplan hoy a los hijos sufrientes que se esconden tras los escaparates de un comercio o bajo la gorra de un turista. La presencia de María sigue viva en esa calle que parte de la torre Antonia y muere en la basílica del Santo Sepulcro, que serpea por entre bazares y puestos de policía, que ensambla las voces de los comerciantes, las plegarias de las mezquitas y las campanas de las iglesias, que mezcla las monedas y el incienso. Aparece de manera expresa en el pequeño bajorrelieve que conmemora la cuarta estación en una capilla regida por los armenios católicos.

Sigue viva, por encima de todo, consolando a los muchos cristos rotos que deambulan por las “vías dolorosas” de este mundo nuestro, de la que la Vía Dolorosa de Jerusalén es todo un símbolo.

Podemos vivir este Viernes Santo de muchas maneras. Os invito a vivirlo al lado de María. Me resultan muy luminosas las palabras de Juan que leemos hoy en el relato de la pasión y que tantas veces han sido musicalizadas: “Stabat mater iuxta crucem”. La madre de Jesús permanecía en pie junto a la cruz.

¿Cómo se percibe el misterio de la muerte de Jesús estando de pie al lado de la madre? Esta perspectiva mariana del Viernes Santo es “otra cosa”. Dediquémosle tiempo, mucho tiempo. Y pocas palabras. Ojos abiertos y corazón sencillo. Entonces el misterio entrará en nuestra casa.

Jesús Losada

Viernes Santo

Hoy es 6 de abril, Viernes Santo.

¿Por qué sufren los inocentes? ¿Tiene algún sentido el dolor? ¿Dónde está Dios cuando ocurre todo eso? ¿Por qué se queda callado? Si es bueno, ¿porque no interviene? Si existe algo que nos es común a todos los humanos de cualquier época, cultura o situación, son esas preguntas acuciantes ante el sufrimiento. Su experiencia nos desestabiliza y nos enfrenta a todos con la necesidad de tomar postura ante él. Temor, perplejidad, angustia, ansiedad, crisis, desmoronamiento, resignación o rebeldía. Las reacciones pueden ser múltiples. Pero hay una raíz común de protesta ante aquello que nos resulta siempre incomprensible y desconcertante. Haz tuyos los sentimientos que se esconden bajo esas preguntas y abre bien tus oídos para escuchar la respuesta que nos da el texto de Isaías que sigue.

La lectura de hoy es del profeta Isaías (Is 52, 13–53, 12):

Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito. ¿Quién creyó nuestro anuncio? ¿A quién se reveló el brazo del Señor. Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los malvados, y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca. El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación; verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre. Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores.

Date cuenta de lo que se nos dice de ese personaje misterioso que la tradición bíblica posterior va a asociar con Jesús en su pasión. Carece de aspecto humano, de figura, de belleza, de aprecio y estima, de defensa y de justicia. Provoca reacciones de rechazo, muchos se espantaron. Ante él se ocultan los rostros.

Fíjate en las imágenes que se usan para hablar de él. Raíz, brote de tierra árida, leproso, cordero llevado al matadero, oveja que enmudece ante el esquilador. Pero lo que va a conseguir es esto, verá su descendencia, prolongará sus años. Lo que el Señor quiere prosperará en sus manos. Verá la luz, se saciará de conocimiento, justificará a muchos. Dios le dará una multitud como parte.

Ábrete a la llamada que hoy recibes de ser compañero, compañera del siervo. Si la aceptas, tendrás que aprender a mirar junto a él y desde él la realidad. Y reconocer su rostro en tantos rostros desfigurados. Su entrega hasta la muerte en tantas vidas entregadas. Su capacidad de cargar con lo de otros en tantos hombros que aún resisten.

Al leer de nuevo el texto, sitúate delante del Señor crucificado. Es de él de quien se nos habla ahora. Lo que asombra y convence de alguien es su disposición a vincular su vida a la de los otros. A cargar con lo que les agobia y les pesa y les impide ser libres y felices. Eso vemos en este siervo de Yavé. Agradece al Padre que siga viendo en su hijo siervo la belleza de todos los que se le parecen y que son los que nos siguen curando con sus heridas.

Señor Jesús, quiero dedicar todas mis energías y recursos a la misma causa a las que tú las dedicaste. Pero quiero aprender también, junto a ti que eres el Hijo y también el siervo a encajar los tiempos de fracaso y de pérdida. Dame fuerza para aguantar y permanecer fiel, más allá de los resultados que puedes tocar. Recuérdame que lo que tú me enseñas desde la cruz, no es a tener éxito, sino a dar la vida amando hasta el fin.

Tomad, Señor y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento, y toda mi voluntad. Todo mi haber y poseer. Vos me lo disteis, a vos, Señor, lo torno. Todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia, que esta me basta.

Laudes – 6 de abril

Descargar en word

LITURGIA DE LAS HORAS

VIERNES SANTO

 

6 de abril

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Venid, adoremos a Cristo, Hijo de Dios, que nos redimió con su sangre.

Salmo 94

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!

Jamás el bosque dio mejor tributo

En hoja, en flor y en fruto.

¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza!

Cantemos la nobleza de esta guerra,

El triunfo de la sangre y del madero;

Y un Redentor, que en trance de Cordero,

Sacrificado en cruz, salvo la tierra.

Dolido mi Señor por el fracaso

De Adán, que mordió muerte en la manzana,

Otro árbol señaló, de flor humana,

Que reparase el daño paso a paso.

Y así dijo el Señor: «¡Vuelva la Vida,

y que el Amor redima la condena!»

La gracia está en el fondo de la pena,

y la salud naciendo de la herida.

¡Oh plenitud del tiempo consumado!

Del seno de Dios Padre en que vivía,

ved la Palabra entrando por María

en el misterio mismo del pecado.

¿Quién vio en más estrechez gloria más plena,

y a Dios como el menor de los humanos?

Llorando en el pesebre, pies y manos

le faja una doncella nazarena.

En plenitud de vida y de sendero,

dio el paso hacia la muerte porque él quiso.

Mirad de par en par el paraíso

abierto por la fuerza de un Cordero.

Vinagre y sed la boca, apenas gime;

y, al golpe de los clavos y la lanza,

un mar de sangre fluye, inunda, avanza

por tierra, mar y cielo, y los redime.

Ablándate, madero, tronco abrupto

de duro corazón y fibra inerte;

doblégate a este peso y esta muerte

que cuelga de tus ramas como un fruto.

Tú, solo entre los árboles, crecido

para tender a Cristo en tu regazo;

tú, el arca que nos salva; tú, el abrazo

de Dios con los verdugos del Ungido.

Al Dios de los designios de la historia,

que es Padre, Hijo y Espíritu, alabanza;

al que en la cruz devuelve la esperanza

de toda salvación, honor y gloria. Amén.

 

SALMODIA

Ant. 1. Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros.

Salmo 50

Misericordia, Dios mío, por tu bondad;

por tu inmensa compasión borra mi culpa;

lava del todo mi delito,

limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,

tengo siempre presente mi pecado:

contra ti, contra ti solo pequé,

cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,

en el juicio brillará tu rectitud.

Mira, que en la culpa nací,

pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,

y en mi interior me inculcas sabiduría.

Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;

lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,

que se alegren los huesos quebrantados.

Aparta de mi pecado tu vista,

borra en mí toda culpa.

¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,

renuévame por dentro con espíritu firme;

no me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,

afiánzame con espíritu generoso:

enseñaré a los malvados tus caminos,

los pecadores volverán a ti.

Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,

Dios, Salvador mío!,

y cantará mi lengua tu justicia.

Señor, me abrirás los labios,

y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen;

si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.

Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:

un corazón quebrantado y humillado

tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,

reconstruye las murallas de Jerusalén:

entonces aceptarás los sacrificios rituales,

ofrendas y holocaustos,

sobre tu altar se inmolarán novillos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1. Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros.

 

 

Ant. 2. Jesucristo nos amó y nos ha librado de nuestros pecados por su sangre.

Cántico: Ha 3, 2-4. 13a. 15-19

¡Señor, he oído tu fama,

me ha impresionado tu obra!

En medio de los años, realízala;

en medio de los años, manifiéstala;

en el terremoto acuérdate de la misericordia.

El Señor viene de Temán;

el Santo, del monte Farán:

su resplandor eclipsa el cielo,

la tierra se llena de su alabanza;

su brillo es como el día,

su mano destella velando su poder.

Sales a salvar a tu pueblo,

a salvar a tu ungido;

pisas el mar con tus caballos,

revolviendo las aguas del océano.

Lo escuché y temblaron mis entrañas,

al oírlo se estremecieron mis labios;

me entró un escalofrío por los huesos,

vacilaban mis piernas al andar.

Tranquilo espero el día de la angustia

que sobreviene al pueblo que nos oprime.

Aunque la higuera no echa yemas

y las viñas no tienen fruto,

aunque el olivo olvida su aceituna

y los campos no dan cosechas,

aunque se acaban las ovejas del redil

y no quedan vacas en el establo,

yo exultaré con el Señor,

me gloriaré en Dios mi salvador.

El Señor soberano es mi fuerza,

él me da piernas de gacela

y me hace caminar por las alturas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2. Jesucristo nos amó y nos ha librado de nuestros pecados por su sangre.

Ant. 3. Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección alabamos y glorificamos; por el madero ha venido la alegría al mundo entero.

Salmo 147

Glorifica al Señor, Jerusalén;

alaba a tu Dios, Sión:

que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,

y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;

ha puesto paz en tus fronteras,

te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,

y su palabra corre veloz;

manda la nieve como lana,

esparce la escarcha como ceniza;

hace car el hielo como migajas

y con el río congela las aguas;

envía una orden, y se derriten;

sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob,

sus decretos y mandatos a Israel;

Con ninguna nación obró así,

Ni les dio a conocer sus mandatos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3. Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección alabamos y glorificamos; por el madero ha venido la alegría al mundo entero.

LECTURA BREVE           Is 52, 13-15

Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito.

RESPONSORIO BREVE

Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Encima de su cabeza colocaron un letrero con la acusación: “Jesús el Nazareno, el rey de los judíos”.

Cántico de Zacarías: Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Encima de su cabeza colocaron un letrero con la acusación: “Jesús el Nazareno, el rey de los judíos”.

PRECES

Adoremos a nuestro Redentor, que por nosotros y por todos los hombres quiso morir y ser sepultado para resucitar de entre los muertos, y supliquémosle, diciendo:

Señor, ten piedad de nosotros.

Señor y Maestro nuestro que por nosotros te sometiste incluso a la muerte,

— enséñanos a someternos siempre a la voluntad del Padre.

Tú que, siendo nuestra vida, quisiste morir en la cruz para destruir la muerte y todo su poder,

— haz que contigo sepamos morir también al pecado y resucitemos contigo a una vida nueva.

Rey nuestro, que como un gusano fuiste el desprecio del pueblo y la vergüenza de la gente,

— haz que tu Iglesia no se acobarde ante la humillación, sino que, como tú, proclame en toda circunstancia el honor del Padre.

Salvador de todos los hombres, que diste tu vida por los hermanos,

— enséñanos a amarnos mutuamente con un amor semejante al tuyo.

 

Tú que al ser elevado en la cruz atrajiste hacia ti a todos los hombres,

— reúne en tu reino a todos los hijos de Dios dispersos por el mundo.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Por Jesús hemos sido hechos hijos de Dios; por esto, nos atrevemos a decir:

 

Padre nuestro…

ORACIÓN

Mira, Señor de bondad, a tu familia santa, por la cual Jesucristo, nuestro Señor, aceptó el tormento de la cruz, entregándose a sus propios enemigos. Por nuestro Señor Jesucristo.

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.