Vísperas – 9 de abril

VÍSPERAS

LUNES DENTRO DE LA OCTAVA

 

Oración de la tarde

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

 

HIMNO

 

Quédate con nosotros,

la tarde está cayendo; quédate.

 

¿Cómo te encontraremos al declinar el día,

si tu camino no es nuestro camino?

Detente con nosotros; la mesa está servida,

caliente el pan, y envejecido el vino.

 

¿Cómo sabremos que eres

un hombre entre los hombres

si no compartes nuestra mesa humilde?

Repártenos tu Cuerpo,

y el gozo irá alejando

la oscuridad que pesa sobre el hombre.

 

Vimos romper el día

sobre tu hermoso rostro

y al sol abrirse paso por tu frente.

Que el viento de la noche

no apague el fuego vivo

que nos dejó tu paso en la mañana.

 

Arroja en nuestras manos,

tendidas en tu busca,

las aguas encendidas del Espíritu;

Y limpia, en lo más hondo

del corazón del hombre

tu imagen empañada por la culpa.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. Aleluya.

 

Salmo 109, 1-5. 7

 

Oráculo del Señor a mi Señor:

«Siéntate a mi derecha,

y haré de tus enemigos

estrado de tus pies.»

 

Desde Sión extenderá el Señor

el poder de tu cetro:

somete en la batalla a tus enemigos.

 

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,

entre esplendores sagrados;

yo mismo te engendré, como rocío,

antes de la aurora.»

 

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:

«Tú eres sacerdote eterno

según el rito de Melquisedec.»

 

El Señor a tu derecha, el día de su ira,

quebrantará a los reyes.

 

En su camino beberá del torrente,

por eso levantará la cabeza.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. Aleluya.

 

 

Ant. 2. Venid a ver el sitio donde yacía el Señor. Aleluya.

 

Salmo 113 A

 

Cuando Israel salió de Egipto,

los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,

Judá fue su santuario,

Israel fue su dominio.

 

El mar, al verlos, huyó,

el Jordán se echó atrás;

los montes saltaron como carneros;

las colinas, como corderos.

 

¿Qué te pasa, mar, que huyes,

y a ti, Jordán, que te echas atrás?

¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;

colinas, que saltáis como corderos?

 

En presencia del Señor se estremece la tierra,

en presencia del Dios de Jacob;

que transforma las peñas en estanques,

el pedernal en manantiales de agua.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 2. Venid a ver el sitio donde yacía el Señor. Aleluya.

 

 

Ant. 3. Jesús dijo: “No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me veréis”. Aleluya.

 

Cántico: Ap 19, 1-7

 

Aleluya.

La salvación, y la gloria, y el poder son de nuestro Dios.

Aleluya.

Porque sus juicios son verdaderos y justos.

Aleluya.

 

Aleluya.

Alabad al Señor sus siervos todos.

Aleluya.

Los que le teméis pequeños y grandes.

Aleluya.

 

Aleluya.

Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.

Aleluya.

Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.

Aleluya.

 

Aleluya.

Llegó la boda del cordero.

Aleluya.

Su esposa se ha embellecido.

Aleluya.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. Jesús dijo: “No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me veréis”. Aleluya.

 

 

LECTURA BREVE           Hb 8, 1b-3a

 

Tenemos un sumo sacerdote tal, que está sentado a la derecha del trono de la Majestad en los cielos y es ministro del santuario y de la tienda verdadera, construida por el Señor y no por hombre. En efecto, todo sumo sacerdote está puesto para ofrecer dones y sacrificios.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

Éste es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo. Aleluya.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Jesús salió al encuentro de las mujeres y les dijo: “Alegraos”. Ellas se acercaron y le abrazaron los pies. Aleluya.

 

Cántico de María. Lc 1, 46-55

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Jesús salió al encuentro de las mujeres y les dijo: “Alegraos”. Ellas se acercaron y le abrazaron los pies. Aleluya.

 

 

PRECES

 

Con espíritu gozoso, invoquemos a Cristo a cuya humanidad dio vida el Espíritu Santo, haciéndolo fuente de vida para los hombres, y digámosle:

Renueva y da vida a todas las cosas, Señor.

 

Cristo, salvador del mundo y rey de la nueva creación, haz que ya desde ahora, con el espíritu, vivamos en tu reino,

— donde estás sentado a la derecha del Padre.

 

Señor, tú que vives en tu Iglesia hasta el fin de los tiempos,

— condúcela por el Espíritu Santo al conocimiento de la verdad plena.

 

Que los enfermos, los moribundos y todos los que sufren encuentren luz en tu victoria,

— y que tu gloriosa resurrección los consuele y los conforte.

 

Al terminar este día, te ofrecemos nuestro homenaje, oh Cristo, luz imperecedera,

— y te pedimos que con la gloria de tu resurrección ilumines a los que han muerto.

 

Concluyamos nuestra súplica con la oración que el mismo Señor nos enseñó:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Señor Dios, que por medio del bautismo haces crecer a tu Iglesia, dándole siempre nuevos hijos, concede a cuantos han renacido en la fuente bautismal vivir siempre de acuerdo con la fe que profesaron. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. Podéis ir en paz. Aleluya, aleluya.

R. Demos gracias a Dios. Aleluya, aleluya.

Hch 4, 32-35

Los cinco primeros capítulos del libro de los Hechos de los Apóstoles se centran en la vida de la comunidad de Jerusalén. Al ser esta la primera Iglesia que se forma, se convierte en el modelo de todas las demás y de la Iglesia universal. En estos capítulos el autor ha introducido tres resúmenes mayores en que sintetiza e incide en los aspectos fundamentales de la primera Iglesia, presentándola como la comunidad ideal. El texto de hoy es el segundo de estos resúmenes, los otros dos (que conviene leer para comparar) son 2,42-47 y 5,12-16.

* Lo que más se desarrolla en este resumen es la unión que había entre los integrantes de la comunidad; tanto en el sentido espiritual como en el material. Se nos dice que “todos pensaban y sentían lo mismo”. Esta unidad no procede de la imposición jerarquizada de unos principios que uniforman el pensamiento y los sentimientos de los primeros cristianos, sino del don del Espíritu Santo que permite el buen entendimiento entre todos y la capacidad de escucha y acomodación a las necesidades de los demás. Es una comunidad en la que no existía la soberbia, ni el orgullo, ni el egoísmo, ni otros defectos que deterioran la vida de nuestras comunidades.

Si entendemos esto de un modo literal, llegaremos a la conclusión de que la vida de la Iglesia se ha ido corrompiendo en el transcurso de los siglos; que, en un principio, todo funcionaba perfectamente; que era una situación idílica, como la de Adán y Eva en el paraíso… Pero basta hacer un pequeño recorrido por los primeros escritos cristianos para darse cuenta de que las cosas no eran tal como aquí se muestra. No hay tan buen entendimiento entre unos y otros. Recordemos, por ejemplo, cómo surgen los primeros diáconos: para atender a las viudas de origen helenista ante las quejas de que no las cuidaban igual que a las de origen judío; o cómo Pablo tiene que enfrentarse a Pedro porque éste discriminaba en su trato a los de origen helenista cuando estaba en presencia de cristianos de raíces judías. Véanse también otros ejemplos en 2Jn 7-11 ó 3 Jn 9-11. Son más los testimonios de desencuentro que de armonía, pues las dificultades en la perfección del seguimiento cristiano son las mismas ahora que entonces. El autor de Hechos no quiere ocultarlos. Pero este pasaje nos señala un horizonte ideal. Casos como éste son muy frecuentes en los escritos bíblicos. Por ello decimos que estos resúmenes nos hablan de un “ideal”, y no tanto de la situación real de la comunidad.

* Los apóstoles eran los testigos autorizados para anunciar el kerigma cristiano. Ellos eran entonces los que habían comido y bebido con Jesús, los que le habían acompañado por los caminos, los que habían escuchado de viva voz sus enseñanzas…, y los que lo habían visto resucitado. Así, de sus bocas había de salir el anuncio a los cuatro vientos. Y de su anuncio la comunidad iba creciendo. Y la transformación de la comunidad por la gracia del Resucitado hacía que toda ella se convirtiera en testigo, en la medida en que su vida, coherente con las enseñanzas de Jesús, proclamaba con sus actos la verdad de cuanto anunciaban los apóstoles. Una vez más, en esta clave idealizada que venimos señalando.

Aun así, a pesar y gracias a esta idealización, este y otros textos similares nos marcan la pauta de cómo deben vivir nuestras comunidades. Bien está saber que también en aquella primera Iglesia había deficiencias; pero mejor está reconocer que tanto aquellos primeros cristianos como nosotros nos identificamos con un ideal de comunión perfecta, porque así lo quiso Jesús y a ello nos impulsa la fuerza del Espíritu Santo.

Iglesia de la Pascua

El tiempo pascual constituye una unidad durante la cual los discípulos asimilan el acontecimiento central de la resurrección y se configuran como iglesia. Como si se tratase de una nueva creación, la Iglesia se gesta y constituye durante siete semanas, siete periodos de tiempo, hasta el día en que es enviada a evangelizar. Los discípulos necesitaron un tiempo prolongado para asumir la ausencia de su Señor y disponerse a recibir su Espíritu. “Recibiréis una fuerza, cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros” (Hch 1, 8).

* “Id por el mundo entero pregonando la buena noticia a toda la humanidad” (Mc 16,15). Con estas palabras, Jesucristo, antes de subir al cielo y sentarse a la derecha de Dios Padre (Ascensión), envió a los Once a proclamar la Buena Noticia. Ellos representaban un pequeño grupo de testigos de Jesús de Nazaret, de su vida terrena, de su enseñanza, de su muerte y sobre todo de su resurrección. Después del acontecimiento de Pentecostés, cuando el fuego del amor de Dios se posó sobre los apóstoles (cf. Hch 2, 3) unidos en oración, el mandato del Señor Jesús comenzó a realizarse. El Espíritu Santo, que Jesucristo da en abundancia (cf. Jn 3, 34), está en el origen de la Iglesia, que es por naturaleza misionera. Transformados por el don del Espíritu, los discípulos se dispersaron por el mundo entonces conocido y difundieron el “evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios” (Mc 1, 1).

* La iglesia existe para evangelizar; ha sido y es su deber y razón de ser. En este “año de la fe” el Papa Benedicto XVI ha convocado un Sínodo para abordar el tema de “la nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”. La expresión recoge la consigna que Juan Pablo II lanzó a la iglesia de cara a los quinientos años de evangelización de América, primero, y al tercer milenio del cristianismo, después.  “Nueva” no porque haya cambiado el evangelio ni haya nuevas verdades que anunciar sino porque los evangelizadores, conscientes del momento histórico que vivimos y de la gran evolución del mundo, han de anunciar hoy el evangelio con nuevo “ardor”, con nuevos “métodos”, con nuevas “expresiones”.

“Nueva evangelización no significa un “nuevo Evangelio”, porque “Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y por los siglos” (Hb 13, 8). Nueva evangelización quiere decir: una respuesta adecuada a los signos de los tiempos, a las necesidades de los hombres y de los pueblos de hoy, a los nuevos escenarios que diseñan la cultura a través de la cual contamos nuestras identidades y buscamos el sentido de nuestras existencias. Nueva evangelización significa, por lo tanto, promover una cultura más profundamente enraizada en el evangelio; quiere decir descubrir al hombre nuevo que existe en nosotros gracias al Espíritu que nos ha dado Jesucristo y el Padre”.

“Hoy la iglesia debe afrontar otros desafíos, proyectándose hacia nuevas fronteras, tanto en la primera misión ad gentes, como en la nueva evangelización de pueblos que han recibido ya el anuncio de Cristo. Hoy se pide a todos los cristianos, a las Iglesias particulares y a la Iglesia universal la misma valentía que movió a los misioneros del pasado y la misma disponibilidad para escuchar la voz del Espíritu”: la nueva evangelización es una acción sobre todo espiritual, es la capacidad de hacer nuestros, en el presente, el coraje y la fuerza de los primeros cristianos, de los primeros misioneros”.

Podemos centrar el tiempo de Pascua en clave de evangelización. La liturgia irá desglosando cada domingo los elementos necesarios del evangelizador y el testimonio de los primeros evangelizadores.

Domingo 2º: Jesús resucitado es el centro.

Vida de la Iglesia (Hechos): “Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor”.

“El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan,  o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio” (Pablo VI).

“Ninguno pasaba necesidad”.

Signo: Crucifijo y vestidura blanca.

Domingo 3º: Las heridas le identifican. “Mirad mis manos y mis pies”.

Vida de la Iglesia (Hechos):

Signo: Las llagas cubiertas de rosas rojas.

Domingo 4º: Pastores de los hermanos.

Vida de la Iglesia (Hechos): Libertad y valentía de Pedro.

Signo: Cayado y pellico.

Domingo 5º: Unidos a la vid verdadera

Vida de la Iglesia (Hechos): El evangelio se abre a nuevas culturas.

Signo: Esqueje y tijeras de podar.

Domingo 6º: Amor mutuo.  

Vida de la Iglesia (Hechos): Reconocer la presencia del Espíritu fuera de las propias fronteras.

Signo: Medicinas y cartel del día del enfermo.

Ascensión: La “nueva evangelización”

Vida de la Iglesia: “El Señor actuaba con ellos y confirmaba la palabra con los signos que los acompañaban”.

Pentecostés: Agentes de paz y reconciliación.

Vida de la Iglesia: Inculturación y diálogo. “cada uno les oía hablar en su propio idioma”.

Cronológicamente, la primera evangelización comenzó el día de Pentecostés, cuando los Apóstoles, reunidos todos juntos en el mismo lugar en oración con la Madre de Cristo, recibieron el Espíritu Santo. Aquella, que según las palabras del Arcángel, es la “llena de gracia”, se encuentra así en la vía de la predicación apostólica, y en todos los caminos en los cuales los sucesores de los Apóstoles se ha movido para anunciar el Evangelio.

Comentario al evangelio de hoy (9 de abril)

El acontecimiento de la resurrección de Jesús crucificado es inagotable. Constituye la gran buena noticia de nuestra historia. El descubrimiento del sepulcro vacío de Jesús  pone en  movimiento a los personajes protagonistas. Suscita la búsqueda; hace preguntarse por la presencia de crucificado. Se da a conocer en contra de las dudas y el escepticismo. Y Jesús mismo les sale al encuentro y les saluda: alegraos. Jesús les dice también: no tengáis miedo. El resucitado Mesías se hace encontradizo con las mujeres que han ido a visitar el sepulcro. El  resucitado sigue presente y se hace visible; se da a conocer con una invitación a la alegría. Ha vencido a la muerte y está plenamente vivo.

El anuncio de la  resurrección se hace mediante la contraposición entre la acción de los líderes judíos por manos de los paganos y la acción de Dios mismo. “Vosotros lo entregasteis, por manos de los paganos, lo matasteis en la cruz. Pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte, no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio” (Hech 2, 23-24). Este texto constituye el corazón del discurso que resume el kérigma primitivo trasmitido por Lucas. La resurrección de Jesús es obra de Dios mismo. Obra significativa y decisiva; está en continuidad con la historia de la salvación de Dios.

La resurrección de crucificado es la gran noticia. Hay que celebrarla. Hay que hacer fiesta larga. Una octava para paladear y disfrutar la gran noticia: está vivo, resucitó…!Amén! ¡Aleluya! Y una cuarentena pascual para hacerse cargo del significado del acontecimiento.

Y nosotros hoy, ¿tenemos ganas de resurrección? ¿En qué situación personal me llega la gran noticia de la resurrección de Jesús de entre los muertos por obra de Dios? ¿Estoy envuelto en la suspicacia con respecto al después de la muerte.

Bonifacio Fernández, cmf

Lunes I Semana de Pascua

Hoy es 9 de abril, lunes de la I semana de Pascua.

Jesús ha resucitado. Aquel al que vimos clavado y muerto en la cruz, ha vencido a la muerte. El sepulcro vacío nos anuncia que un tiempo nuevo es posible para el mundo y para nuestra vida. Porque hoy descubrimos que las esperanzas que ponemos en Cristo nunca van a ser vencidas. Hoy descubrimos que apostar nuestra vida por Cristo, siempre va a dar fruto. Que la última palabra de una vida plena, es semilla que cae en tierra fértil.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 28, 8-15):

En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos.

De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos.»

Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies.

Jesús les dijo: «No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»

Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido.

Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: «Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros.»

Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

¡Alegraos! Dice Jesús a las mujeres. Alégrate, me dice también Jesús, hoy a mí. Desde hoy, puedes mirar la vida con los ojos con los que Dios te contempla. Una mirada que siempre ve las posibilidades que hay en ti y en el mundo. Que nunca se deja vencer por la dificultad y la desesperanza. ¿Quieres compartir esa mirada que anuncia la resurrección?

Las mujeres que estuvieron junto a la cruz, descubren de pronto que aquella no era la última palabra de Jesús en sus vidas. Llenas de esperanza corren a anunciar que todo lo que han vivido con Jesús tiene sentido. Que todos los sueños que Jesús puso en sus corazones han renacido de nuevo. También en mi corazón ha puesto sueños que están vivos.

La alegría de las mujeres contrasta con el miedo del que no necesita de un Jesús resucitado. Prefieren anunciar una mentira que abrirse a la novedad de Dios. Prefieren vivir encerrados en su mundo, en sus creencias y en sus seguridades. Jesús resucitado renueva la vida. Abre tu corazón a la vida.

Puedes leer de nuevo el texto y ver de qué distinta manera acogen la resurrección de Jesús, las mujeres y los sumos sacerdotes. La diferencia entre quienes viven encerrados en sus miedos y quien apuesta por seguirá  Jesús y vivir la vida a fondo.

Hoy, como las mujeres, puedes lanzarte a abrazar a Jesús. Dile en ese abrazo lo que sientes por él. Háblale de los deseos y proyectos en los que quieres que te acompañe. Háblale de cómo quieres vivir la vida con él a tu lado. Y déjate llenar de esperanza por su abrazo.

Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Laudes – 9 de abril

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LITURGIA DE LAS HORAS

LUNES DENTRO DE LA OCTAVA

 

8 de abril

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Salmo 94

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

¡Alegría!, ¡Alegría!, ¡Alegría!

La muerte, en huida,

ya va malherida.

Los sepulcros se quedan desiertos.

Decid a los muertos:

“¡Renace la Vida,

y la muerte ya va de vencida!”

Quien le lloró muerto

lo encontró en el huerto,

hortelano de rosas y olivos.

Decid a los vivos:

“¡Viole jardinero

quien le viera colgar del madero!”

Las puertas selladas

hoy son derribadas.

En el cielo se canta victoria.

Gritadle a la gloria

que hoy son asaltadas

por el hombre sus “muchas moradas”.

 

SALMODIA

Ant. 1. Cristo ha resucitado y con su claridad ilumina al pueblo rescatado con su sangre. Aleluya.

Salmo 62

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,

mi alma está sedienta de ti;

mi carne tiene ansia de ti,

como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario

viendo tu fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida,

te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré

y alzaré las manos invocándote.

Me saciaré de manjares exquisitos,

y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti

y velando medito en ti,

porque fuiste mi auxilio,

y a la sombra de tus alas canto con júbilo;

mi alma está unida a ti,

y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1. Cristo ha resucitado y con su claridad ilumina al pueblo rescatado con su sangre. Aleluya.

 

 

Ant. 2. Ha resucitado del sepulcro nuestro Redentor; cantemos un himno al Señor, nuestro Dios. Aleluya.

Cántico: Dn 3, 57-88. 56

Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;

cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;

ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;

astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;

vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;

fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;

témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;

noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;

rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,

ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;

cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;

mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;

aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;

bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;

siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;

santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,

ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,

alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

No se dice Gloria al Padre.

Ant. 2. Ha resucitado del sepulcro nuestro Redentor; cantemos un himno al Señor, nuestro Dios. Aleluya.

Ant. 3. Aleluya. Ha resucitado el Señor, tal como lo había anunciado. Aleluya.

Salmo 149

Cantad al Señor un cántico nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;

que se alegre Israel por su Creador,

los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,

cantadle con tambores y cítaras;

porque el Señor ama a su pueblo

y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria

y canten jubilosos en filas:

con vítores a Dios en la boca

y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos

y aplicar el castigo a las naciones,

sujetando a los reyes con argollas,

a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada

es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3. Aleluya. Ha resucitado el Señor, tal como lo había anunciado. Aleluya.

LECTURA BREVE           Rm 10, 8b-10

La palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón. Se refiere a la palabra de la fe que os anunciamos. Porque, si tus labios profesan que Jesús es el Señor y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás. Por la fe del corazón llegamos a la justificación, y por la profesión de los labios, a la salvación.

RESPONSORIO BREVE

Éste es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Id aprisa a decir a los discípulos: “Ha resucitado el Señor”. Aleluya.

Cántico de Zacarías: Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Id aprisa a decir a los discípulos: “Ha resucitado el Señor”. Aleluya.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, a quien el Padre ha enaltecido dándole en herencia todas las naciones, y digámosle suplicantes:

Por tu victoria, sálvanos, Señor.

Oh Cristo, que en tu victoria destruiste el poder del abismo, borrando el pecado y la muerte.

— haz que también nosotros venzamos hoy el pecado.

Tú que alejaste de nosotros la muerte y nos has dado nueva vida,

— concédenos andar hoy por la senda de tu vida nueva.

Tú que diste vida a los muertos, haciendo pasar a la humanidad entera de muerte a vida,

— concede a cuantos se relacionen hoy con nosotros el don de la vida eterna.

Tú que llenaste de confusión a los que custodiaban tu sepulcro y alegraste a los discípulos con tus apariciones,

— llena de gozo a cuantos te sirven.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Por Jesús hemos sido hechos hijos de Dios; por esto, nos atrevemos a decir:

 

Padre nuestro…

ORACIÓN

Señor Dios, que por medio del bautismo haces crecer a tu Iglesia, dándole siempre nuevos hijos, concede a cuantos han renacido en la fuente bautismal vivir siempre de acuerdo con la fe que profesaron. Por nuestro Señor Jesucristo.

CONCLUSIÓN

 

V. Podéis ir en paz. Aleluya, aleluya.

R. Demos gracias a Dios. Aleluya, aleluya.