Vísperas – 10 de abril

VÍSPERAS

MARTES DENTRO DE LA OCTAVA

 

Oración de la tarde

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

 

HIMNO

 

Porque anochece ya,

porque es tarde, Dios mío,

porque temo perder

las huellas del camino,

no me dejes tan solo

y quédate conmigo.

 

Porque he sido rebelde

y he buscado el peligro

y escudriñé curioso

las cumbres y el abismo,

perdóname, Señor,

y quédate conmigo.

 

Porque ardo en sed de ti

y en hambre de tu trigo,

ven, siéntate a mi mesa,

bendice el pan y el vino.

¡Qué aprisa cae la tarde!

¡Quédate al fin conmigo! Amén.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. Aleluya.

 

Salmo 109, 1-5. 7

 

Oráculo del Señor a mi Señor:

«Siéntate a mi derecha,

y haré de tus enemigos

estrado de tus pies.»

 

Desde Sión extenderá el Señor

el poder de tu cetro:

somete en la batalla a tus enemigos.

 

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,

entre esplendores sagrados;

yo mismo te engendré, como rocío,

antes de la aurora.»

 

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:

«Tú eres sacerdote eterno

según el rito de Melquisedec.»

 

El Señor a tu derecha, el día de su ira,

quebrantará a los reyes.

 

En su camino beberá del torrente,

por eso levantará la cabeza.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. Aleluya.

 

 

Ant. 2. Venid a ver el sitio donde yacía el Señor. Aleluya.

 

Salmo 113 A

 

Cuando Israel salió de Egipto,

los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,

Judá fue su santuario,

Israel fue su dominio.

 

El mar, al verlos, huyó,

el Jordán se echó atrás;

los montes saltaron como carneros;

las colinas, como corderos.

 

¿Qué te pasa, mar, que huyes,

y a ti, Jordán, que te echas atrás?

¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;

colinas, que saltáis como corderos?

 

En presencia del Señor se estremece la tierra,

en presencia del Dios de Jacob;

que transforma las peñas en estanques,

el pedernal en manantiales de agua.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 2. Venid a ver el sitio donde yacía el Señor. Aleluya.

 

 

Ant. 3. Jesús dijo: “No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me veréis”. Aleluya.

 

Cántico: Ap 19, 1-7

 

Aleluya.

La salvación, y la gloria, y el poder son de nuestro Dios.

Aleluya.

Porque sus juicios son verdaderos y justos.

Aleluya.

 

Aleluya.

Alabad al Señor sus siervos todos.

Aleluya.

Los que le teméis pequeños y grandes.

Aleluya.

 

Aleluya.

Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.

Aleluya.

Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.

Aleluya.

 

Aleluya.

Llegó la boda del cordero.

Aleluya.

Su esposa se ha embellecido.

Aleluya.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. Jesús dijo: “No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me veréis”. Aleluya.

 

 

LECTURA BREVE           1P 2, 4-5

 

Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

Éste es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo. Aleluya.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Mientras estaba llorando, vi a mi Señor. Aleluya.

 

Cántico de María. Lc 1, 46-55

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Mientras estaba llorando, vi a mi Señor. Aleluya.

 

 

PRECES

 

Aclamemos alegres a Cristo, que después de ser sepultado en el seno de la tierra resucitó gloriosamente a una vida nueva, y digámosle confiados:

Rey de la gloria, escúchanos.

 

Te rogamos Señor, por los obispos, los presbíteros y los diáconos: que sirvan con celo a tu pueblo

— y lo conduzcan por los caminos del bien.

 

Te rogamos, Señor, por los que sirven a la Iglesia con el estudio de tu palabra:

— que escudriñen tu doctrina con pureza de corazón y deseo de adoctrinar a tu pueblo.

 

Te rogamos, Señor, por todos los fieles de la Iglesia: que combatan bien el combate de la fe,

— y, habiendo corrido hasta la meta, alcancen la corona merecida.

 

Tú que en la cruz clavaste y borraste el protocolo que nos condenaba,

— destruye también en nosotros toda clase de esclavitud y líbranos de toda tiniebla

 

Tú que al bajar al lugar de los muertos abriste las puertas del abismo,

— recibe a nuestros hermanos difuntos en tu reino.

 

Concluyamos nuestra súplica con la oración que el mismo Señor nos enseñó:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Tú, Señor, que nos has salvado por el misterio pascual, continúa favoreciendo con dones celestes a tu pueblo, para que alcance la libertad verdadera y pueda gozar de la alegría del cielo, que ha empezado a gustar en la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. Podéis ir en paz. Aleluya, aleluya.

R. Demos gracias a Dios. Aleluya, aleluya.

1 Jn 5, 1-6

* Parece que en las comunidades joánicas, en cuyo seno se compuso el escrito del que se toman las segundas lecturas pascuales en el ciclo B, la fe se concebía como experiencia marcadamente, y casi exclusivamente, personal; y ello tanto en el acto mismo de creer como en los efectos de la fe. El cuarto evangelio presenta la fe como adhesión al Dios invisible que se ha revelado en Jesucristo; también afirma que el que cree llega a ser “hijo de Dios”.

* El autor de la llamada primera carta de Juan abunda en la misma doctrina y, en relación con el segundo de los aspectos indicados, dice en nuestro pasaje que el que cree ha nacido de Dios, atribuyendo además a la fe el carácter de victoria frente al mundo. Pero, manteniendo esos acentos personales del acto de fe, también se preocupa por señalar los contrapuntos objetivos del mismo: quien se adhiere a Jesucristo debe aceptar y confesar su condición más íntima, el misterio de su persona, es decir, debe creer que Jesús es el Cristo, el Mesías en quien se cumplen las esperanzas de Israel, y, además, que es el Hijo de Dios (cf. Jn 20,31).

Nuestro texto precisa esta última dimensión del ser de Cristo, que supera a todas luces aquellas esperanzas y que es desde todo punto de vista inaudita. Y lo es sobre todo porque el Hijo de Dios manifestado como tal en el Jordán (“con agua”) desveló la plenitud de su misterio muriendo en una cruz (“en mi sangre”). Este es el testimonio del Espíritu, que es la verdad, sobre Jesús.

* Pero en el texto se descubre otra de las grandes preocupaciones del autor de la carta a la que pertenece y del propio cuarto evangelio: la condición de hijo de Dios que se predica del creyente exige entrar en la dinámica del amor de Dios manifestado en Jesucristo; o lo que es lo mismo, debe entrar en la dinámica del Dios del amor que es, él mismo, amor. El que cree debe amar a Dios, de modo que en su amor a Dios se mostrará la verdad del amor del creyente a los hijos de Dios; es decir, en la referencia a Dios el amor a los hermanos se elevará por encima de la mera filantropía. Pero, al propio tiempo, sólo en el que ha nacido de Dios se mostrará la verdad del amor de Dios. Desde esta perspectiva, nuestro pasaje se convierte en traducción adecuada, en clave teológica, del mandamiento nuevo, que en Jesús había formulado en clave cristológica en la última cena: “que os améis los unos a los otros como yo os he amado”.

Comentario al evangelio de hoy (10 de abril)

Esa es la experiencia de María Magdalena. Llevada de su amor se acerca a visitar el sepulcro. Llora. En la narración resuena el eco del Cantar de los Cantares. Jesús resucitado le ha salido al encuentro mediante  los ángeles intérpretes. El punto de partida es el descubrimiento del sepulcro vacío de Jesús. Jesús se hace presente. Pero ella no lo reconoce; lo confunde con el jardinero. El intercambio de monosílabos es la expresión del reconocimiento; Jesús pronuncia su nombre: “María”; María responde: “Raboni, maestro”. Se reconocen por la forma de pronunciar el nombre del amado. Se trata de un encuentro prototípico. Un reconocimiento y un abrazo de fe. Y como toda cristofanía  incluye la misión: anda y dile a mis hermanos…

El Cristo que se sale al encuentro de María Magdalena es el mismo Jesús  constituido por Dios Señor y Cristo: Ha sido rehabilitado y acreditado por  Dios. Lucas insiste en la contraposición entre la acción condenadora de las autoridades judías y el obrar trasformador y legitimador de Dios. Gracias al constituido Mesías y  Señor estamos en una nueva etapa de la historia de la salvación; gracias a eso es posible la conversión y el bautismo. La promesa se universaliza: es para vosotros y vuestros hijos. El don del Espíritu es la síntesis de esa novedad.

Pedro se dirige a la casa de Israel. Entiende su anuncio de Cristo como un fenómeno dentro del pueblo de Israel. Trata de abrir los ojos de los israelitas, que admitan su culpa, que reconozcan la situación creada por la Pascua. Y se conviertan aceptando la palabra de la predicación.

María Magdalena ha encontrado al resucitado Jesús, a quien había encontrado en la historia. Y ese encuentro la ha  vitalizado: le ha abierto a los ojos. “Resucitó de veras mi amor y esperanza”.

Sólo para los que aman de verdad tiene sentido pleno la resurrección. Sólo se resucita en la medida en que se ama. ¿Tengo experiencia de resurrección? ¿Me siento “amenazado” de resurrección”.

Bonifacio Fernández, cmf

Martes I Semana de Pascua

Hoy es 10 de abril, martes de la I semana de Pascua.

Bienvenido a este rato de oración. Hoy se te invita a hacerte consciente de que el Señor siempre te busca, te llama por tu nombre. Eres importante para él. Muchas veces nos desesperamos por encontrarle y está ahí mismo. Haz una pausa, busca su presencia y prepárate para comenzar la oración.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 20, 11-18):

En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.

Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?»

Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»

Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.

Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»

Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.»

Jesús le dice: «¡María!»

Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!»

Jesús le dice: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.”»

María Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto.»

Para María Magdalena, Jesús ha sido muy importante. Ha cambiado su vida, se siente salvada, agradecida. Y en estos momentos en que cree haberlo perdido, probablemente se sienta sola, triste y asustada. Va a visitar el sepulcro. Quiere verle una vez más no lo encuentra. Las cosas extraordinarias que ocurren a su alrededor, ni siquiera le sorprenden. Puedes pensar en qué cosas extraordinarias ocurren en tu vida, que por rutina o por estar pensando en otras cosas pasan desapercibidas.

María Magdalena quiere aferrarse a Jesús, pero él le dice que le suelte. Es muy humano querer aferrarse a las personas o a las situaciones con las que nos hemos sentido cómodos y felices. O que nos han acercado a una forma de vida mejor.  Pero Jesús nos envía a trabajar con y para los otros. A seguir  hacia delante. A no encerrarnos en nuestra burbuja, sino a disfrutar de esas etapas y personas, como fuente que nos dé fuerza para ir hacia los demás y a continuar nuestro camino. Este es el momento para pensar a qué te aferras en tu vida y hacia donde te envía Jesús.

Cómo cambia la actitud de María al oír a Jesús decir su nombre. El ser cercano y molestarse en conocer a las personas que viven cerca de mí, me ayudará a quitar prejuicios y valorar a las personas por lo que realmente son. Al volver a leer el texto, trae a tu pensamiento a esas personas que te cruzas todos los días, que apenas conoces y que podrías empezar a llamar por su nombre.

Dale gracias al Señor por este rato. Ofrécele los nombres y situaciones que han surgido hoy en tu corazón. Pídele la capacidad de sentir su presencia en tu vida. Habla y disfruta de este rato con él, en confianza.

Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres,
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

Laudes – 10 de abril

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LITURGIA DE LAS HORAS

MARTES DENTRO DE LA OCTAVA

 

10 de abril

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Salmo 94

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Cristo,

alegría del mundo,

resplandor de la gloria del Padre.

¡Bendita la mañana

que anuncia tu esplendor al universo!

En el día primero,

tu resurrección alegraba

el corazón del Padre.

En el día primero,

vio que todas las cosas eran buenas

porque participaban de tu gloria.

La mañana celebra

tu resurrección y se alegra

con claridad de Pascua.

Se levanta la tierra

como un joven discípulo en tu busca,

sabiendo que el sepulcro está vacío.

En la clara mañana,

tu sagrada luz se difunde

como una gracia nueva.

Que nosotros vivamos

como hijos de luz y no pequemos

contra la claridad de tu presencia.

 

SALMODIA

Ant. 1. Cristo ha resucitado y con su claridad ilumina al pueblo rescatado con su sangre. Aleluya.

Salmo 62

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,

mi alma está sedienta de ti;

mi carne tiene ansia de ti,

como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario

viendo tu fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida,

te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré

y alzaré las manos invocándote.

Me saciaré de manjares exquisitos,

y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti

y velando medito en ti,

porque fuiste mi auxilio,

y a la sombra de tus alas canto con júbilo;

mi alma está unida a ti,

y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1. Cristo ha resucitado y con su claridad ilumina al pueblo rescatado con su sangre. Aleluya.

 

 

Ant. 2. Ha resucitado del sepulcro nuestro Redentor; cantemos un himno al Señor, nuestro Dios. Aleluya.

Cántico: Dn 3, 57-88. 56

Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;

cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;

ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;

astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;

vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;

fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;

témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;

noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;

rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,

ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;

cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;

mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;

aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;

bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;

siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;

santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,

ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,

alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

No se dice Gloria al Padre.

Ant. 2. Ha resucitado del sepulcro nuestro Redentor; cantemos un himno al Señor, nuestro Dios. Aleluya.

Ant. 3. Aleluya. Ha resucitado el Señor, tal como lo había anunciado. Aleluya.

Salmo 149

Cantad al Señor un cántico nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;

que se alegre Israel por su Creador,

los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,

cantadle con tambores y cítaras;

porque el Señor ama a su pueblo

y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria

y canten jubilosos en filas:

con vítores a Dios en la boca

y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos

y aplicar el castigo a las naciones,

sujetando a los reyes con argollas,

a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada

es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3. Aleluya. Ha resucitado el Señor, tal como lo había anunciado. Aleluya.

LECTURA BREVE           Hch 13, 30-33

Dios resucitó a Jesús de entre los muertos. Durante muchos días, se apareció a los que lo habían acompañado de Galilea a Jerusalén, y ellos son ahora sus testigos ante el pueblo. Nosotros os anunciamos que la promesa que Dios hizo a nuestros padres, nos la ha cumplido a los hijos resucitando a Jesús. Así está escrito en el salmo segundo: “Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy.”

RESPONSORIO BREVE

Éste es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Jesús le dice: “¡María!” Ella se vuelve y le dice: “¡Rabboni!” Jesús le dice: “Suéltame, que todavía no he subido al Padre”. Aleluya.

Cántico de Zacarías: Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Jesús le dice: “¡María!” Ella se vuelve y le dice: “¡Rabboni!” Jesús le dice: “Suéltame, que todavía no he subido al Padre”. Aleluya.

PRECES

Alabemos a Cristo, que con su poder reconstruyó el templo destruido de su cuerpo, y supliquémosle:

Concédenos, Señor, los frutos de tu resurrección.

Oh Cristo Salvador, que en tu resurrección anunciaste la alegría a las mujeres y a los apóstoles y salvaste al universo entero,

— conviértenos en testigos del Dios viviente.

Tú que has prometido la resurrección universal y has anunciado una vida nueva,

— haz de nosotros mensajeros del Evangelio de la vida.

Tú que te apareciste repetidas veces a los apóstoles y les comunicaste el Espíritu Santo,

— renuévanos por el Espíritu Defensor.

Tú que prometiste estar con tus discípulos hasta el fin del mundo,

— quédate hoy con nosotros y sé siempre nuestro compañero.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Por Jesús hemos sido hechos hijos de Dios; por esto, nos atrevemos a decir:

 

Padre nuestro…

ORACIÓN

Tú, Señor, que nos has salvado por el misterio pascual, continúa favoreciendo con dones celestes a tu pueblo, para que alcance la libertad verdadera y pueda gozar de la alegría del cielo, que ha empezado a gustar en la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo.

CONCLUSIÓN

 

V. Podéis ir en paz. Aleluya, aleluya.

R. Demos gracias a Dios. Aleluya, aleluya.