Lunes II Semana de Pascua

Hoy es 16 de abril, lunes de la II semana de Pascua.

Ponte en presencia de Dios, siente como él te mira. Trata de disponer el corazón para dejarte invitar por él en la oración de hoy. Puedes pedir al Espíritu que te de la gracia de ver y dejarte guiar.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 3, 1-8):

Había un fariseo llamado Nicodemo, jefe judío.

Éste fue a ver a Jesús de noche y le dijo: «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él.»

Jesús le contestó: «Te lo aseguro, el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios.»

Nicodemo le pregunta: «¿Cómo puede nacer un hombre, siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?»

Jesús le contestó: «Te lo aseguro, el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que nacer de nuevo”; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu.»

Nicodemo va a ver a Jesús, era de noche. Jesús le invita a nacer de nuevo para poder ver. ¿Cuáles son hoy tus noches, tus miedos, tus momentos de dificultad, tus oscuridades? Preséntaselas a Jesús.

Como Nicodemo, trata de escuchar de Jesús la invitación a nacer de nuevo, para poder ver, para que se haga la luz. La invitación a volver a empezar para acabar con tu noche. Trata de percibir ahí los efectos del resucitado.

Vuelve a leer el texto dejándote guiar por el Espíritu. Ese Espíritu que es como el viento que sopla. Que oyes su ruido pero que no sabes de donde viene ni a donde va. Ese Espíritu que puede llevarte donde ni siquiera imaginas.

Con un poema imaginamos y evocamos la búsqueda de Nicodemo, que desde su noche presiente que Dios está más cerca de lo que parece.

Estoy contra de ti, que no te encuentro,
que no te sé buscar, que busco fuera,
y estás veraz, tan hondo en mi ceguera,
tan cerca estás de mí, Señor, tan dentro.

Te busco desde aquí, desde mi centro,
porque no sé buscar de otra manera,
herido, a dentelladas, como fiera
que soy, hasta llegar a tu epicentro.

Mas llegarás un día, liberado
de este vivir de hombre tan concreto;
mi mundo, mi demonio encadenado.

Perdóname mi falta de respeto,
que estás lejos de mí, tan a mi lado,
tan evidente al fin y tan secreto.

Jacinto Mañas

Habla con Jesús sobre este rato de oración. Puedes contarle lo que has sentido al ver noches. O al saberte invitado al nacer de nuevo o al dejarte enviar por el Espíritu. Háblale como un amigo a otro amigo y déjate decir por él.

Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

Amén