Vísperas – 17 de abril

VÍSPERAS

MARTES, II SEMANA DE PASCUA

 

Oración de la tarde

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

Porque anochece ya,

porque es tarde, Dios mío,

porque temo perder

las huellas del camino,

no me dejes tan solo

y quédate conmigo.

 

Porque he sido rebelde

y he buscado el peligro

y escudriñé curioso

las cumbres y el abismo,

perdóname, Señor,

y quédate conmigo.

 

Porque ardo en sed de ti

y en hambre de tu trigo,

ven, siéntate a mi mesa,

bendice el pan y el vino.

¡Qué aprisa cae la tarde!

¡Quédate al fin conmigo! Amén.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Buscad los bienes de allá arriba, no los de la tierra. Aleluya.

 

Salmo 48 (I)

 

Oíd esto, todas las naciones,

escuchadlo, habitantes del orbe:

plebeyos y nobles, ricos y pobres;

 

mi boca hablará sabiamente,

y serán muy sensatas mis reflexiones;

prestaré oído al proverbio

y propondré mi problema al son de la cítara.

 

¿Por qué habré de temer los días aciagos,

cuando me cerquen y me acechen los malvados,

que confían en su opulencia

y se jactan de sus inmensas riquezas,

si nadie puede salvarse

ni dar a Dios un rescate?

 

Es tan caro el rescate de la vida,

que nunca les bastará

para vivir perpetuamente

sin bajar a la fosa.

 

Mira: los sabios mueren,

lo mismo que perecen los ignorantes y necios,

y legan sus riquezas a extraños.

 

El sepulcro es su morada perpetua

y su casa de edad en edad,

aunque hayan dado nombre a países.

 

El hombre no perdura en la opulencia,

sino que perece como los animales.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. Buscad los bienes de allá arriba, no los de la tierra. Aleluya.

 

 

Ant. 2. El Señor me salva de las garras del abismo. Aleluya.

 

Salmo 48 (II)

 

Este es el camino de los confiados,

el destino de los hombres satisfechos:

 

son un rebaño para el abismo,

la muerte es su pastor,

y bajan derechos a la tumba;

se desvanece su figura

y el abismo es su casa.

 

Pero a mí, Dios me salva,

me saca de las garras del abismo

y me lleva consigo.

 

No te preocupes si se enriquece un hombre

y aumenta el fasto de su casa:

cuando muera, no se llevará nada,

su fasto no bajará con él.

 

Aunque en vida se felicitaba:

“Ponderan lo bien que los pasas”,

irá a reunirse con sus antepasados,

que no verán nunca la luz.

 

El hombre rico e inconsciente

es como un animal que perece.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. El Señor me salva de las garras del abismo. Aleluya.

 

 

Ant. 3. Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, la gloria y el esplendor. Aleluya.

 

Cántico: Ap 4, 11; 5, 9-10. 12

 

Eres digno, Señor Dios nuestro,

de recibir la gloria,

el honor y el poder,

porque tú has creado el universo;

porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

 

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,

porque fuiste degollado

y por tu sangre compraste para Dios

hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;

y has hecho de ellos para nuestro Dios

un reino de sacerdotes

y reinan sobre la tierra.

 

Digno es el Cordero degollado

de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,

la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, la gloria y el esplendor. Aleluya.

 

 

LECTURA BREVE           1P 2, 4-5

 

Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

 

V. Al ver al Señor

R. Aleluya, aleluya.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. ¿No ardía nuestro corazón mientras Jesús nos hablaba por el camino? Aleluya.

 

Cántico de María. Lc 1, 46-55

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. ¿No ardía nuestro corazón mientras Jesús nos hablaba por el camino? Aleluya.

 

 

PRECES

 

Invoquemos a Cristo que con su resurrección ha reanimado la esperanza de su pueblo y digámosle:

Señor Jesús, tú que siempre vives para interceder por nosotros, escúchanos.

 

Señor Jesús, de cuyo costado traspasado salió sangre y agua,

— haz de la Iglesia tu Esposa inmaculada.

 

Pastor supremo de la Iglesia, que después de tu resurrección encomendaste a Pedro, que te profesó su amor, el cuidado de tus ovejas,

— concede a nuestro papa un amor ardiente y celo apostólico.

 

Tú que concediste a los discípulos que pescaban en el mar una pesca abundante,

— envía operarios que continúen su trabajo apostólico.

 

Tú que preparaste a la orilla del mar pan y pescado para los discípulos,

— no permitas que nuestros hermanos mueran de hambre por culpa nuestra.

 

Señor Jesús, nuevo Adán que nos das la vida, transforma a nuestros difuntos a imagen tuya.

— para que compartan contigo la alegría de tu reino.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Alegres porque Jesucristo nos ha hecho hijos de Dios, digamos:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Te pedimos, Señor, que nos hagas capaces de anunciar la victoria de Cristo resucitado, y pues en ella nos has dado la prenda de los dones futuros, haz que un día los poseamos en plenitud. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

1 Jn 2, 1-5a

Se recogen en esta lectura litúrgica dos temas muy diferentes que la 1Jn desarrolla en dos unidades literarias sucesivas: la primera (1,5-2,2) considera el tema del pecado en la vida del creyente; la segunda (2,3-11), en la necesidad de que la fe se traduzca en su existencia.

* En las afirmaciones incluidas al principio de nuestro pasaje, que de hecho concluyen el tratamiento del primero de los tema indicados, se afronta antes que nada una posible interpretación inadecuada de lo que se había dicho anteriormente, a saber: que el cristiano pueda pecar no significa que tenga que hacerlo o que el pecado sea algo inevitable. El primer paso para evitar el pecado es tener conciencia clara de la propia condición de pecadores; y eso es precisamente lo que el autor ha pretendido con sus indicaciones sobre el tema (“os he escrito esto para que no pequéis”). El cristiano debe mantener siempre en el horizonte de su existencia la posibilidad, que es de hecho una exigencia, de no pecar.

Aclaradas así las cosas, el discurso vuelve a plantear otra posibilidad, tristemente más habitual: que el cristiano peque realmente. Frente a ella invoca la mediación de Jesucristo ante el Padre, traducida en el título “paráclito” y en el adjetivo “justo” que le aplica. El título, tomado del lenguaje de las cortes reales, se predicaba de suyo de alguien que, por tener acceso al soberano, podía hablarle en nombre de quien no podía hacerlo directamente; en nuestro contexto, debe entenderse en el sentido de “abogado defensor”. Por lo que respecta al adjetivo “justo”, parece tomado de las prácticas sacrificiales del AT y de la exigencia de que las víctimas ofrecidas no tuvieran defecto alguno. De hecho a Jesús se le presenta inmediatamente como víctima de propiciación por los pecados, suponiendo de forma indirecta que la eficacia de su sacrificio, que se ofrece permanentemente, tiene que ver con su condición de Justo.

* El resto del pasaje constituye el comienzo del tratamiento del segundo de los temas a que nos hemos referido más arriba: la fe debe traducirse en un comportamiento adecuado. A la fe se alude en términos de “conocimiento”, una de las grandes aspiraciones religiosas de la época, que el autor de la 1Jn considera lograda por los creyentes gracias a su adhesión de fe a Jesucristo y que, sobre todo, debe impregnar la existencia y expresarse en el cumplimiento de los mandamientos; o lo que es lo mismo: debe expresarse en el estilo de vida propuesto por Jesús (“guardar su palabra”) y que tiene en el mandamiento del amor su máxima expresión. “Guardar sus mandamientos”, vivir en el amor, se convierte así en la piedra de toque de la verdad del “conocimiento” del creyente, que de otro modo sería pura teoría/palabrería y lo situaría, consecuentemente, en el mundo de la mentira.

Comentario al evangelio de hoy (17 de abril)

Nicodemo es un hombre envuelto en dudas, perdido en medio de las incertezas de la noche (viene de noche), pero buscador de la verdad, esperando tal vez una luz para llegar más rápido al Reino. No pide explicaciones; simplemente capta los signos y reconoce la autoridad de Jesús basado en las obras que hace. Para él Jesús es un gran hombre de Dios.

A lo largo de los cincuenta días de la Pascua leemos en la liturgia el libro de los Hechos de los Apóstoles. Y hoy la primera lectura nos trae una referencia muy concreta a la vida de las primeras comunidades cristianas de Jerusalén.

«Tenían una sola alma y un solo corazón. Nadie consideraba sus bienes como propios»  y «no había entre ellos ningún necesitado». ¿Se puede ser más utópico e idealista?

Sin embargo, Lucas era un hombre realista y con los pies en la tierra. Él mismo recoge en su evangelio las palabras de Jesús de que los pobres estarán siempre con nosotros. Lucas no pretende ofrecernos un sistema evangélico de reforma social; presenta el Evangelio como una exigencia radical. Exigencia que comenzó a hacerse realidad entre los primeros cristianos aunque fuera de un modo limitado, tímido, que no funcionaría por mucho tiempo y quizás no muy de acuerdo con las leyes de la economía.

Como nos sucede hoy día con la enorme crisis económica, también entonces  había en la comunidad cristiana un problema serio de pobreza y la comunidad respondió a las necesidades de los pobres de un modo heroico. Su ejemplo está ahí cuestionando a los cristianos de hoy para que construyamos otro tipo de sociedad más justa y equitativa.

Hoy la caridad de los cristianos es algo más que un dinero; se concreta en la oferta de un trabajo a quien no lo tiene, aunque sólo sea por unas horas.

Carlos Latorre, cmf

Martes II Semana de Pascua

Hoy es 17 de abril, martes de la II semana de Pascua.

Me acerco al Señor en este día buscando su consuelo, su gracia, su fuerza. Me conecto con mis búsquedas más profundas, hago silencio, aquieto las agitadas aguas de mi corazón. Señor te ofrezco esta oración. Me pongo en tus manos porque estoy necesitado de ti. Abro mis oídos a tu palabra. Habla Señor, que quiero escucharte.

La lectura de hoy es de los Hechos de los Apóstoles (Hch 4, 32-37):

En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y Dios los miraba a todos con mucho agrado. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles; luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno. José, a quien los apóstoles apellidaron Bernabé, que significa Consolado, que era levita y natural de Chipre, tenía un campo y lo vendió; llevó el dinero y lo puso a disposición de los apóstoles.

La resurrección del Señor hace nueva nuestra realidad. Vuelve del revés nuestros valores y nos hace mirar en una dirección distinta. Todo es nuevo a la luz de Jesús resucitado. Sus criterios, rehacen nuestra vida personal y comunitaria. Nos reforman, nos resitúan, nos renuevan.

Dejo de pensar en el qué dirán, en mantener una correcta imagen personal ante los demás. Y me dispongo a dar testimonio y ser testigo de la justicia cueste lo que me cueste.

Dejo de gastar mi energía en atesorar seguridades y me pongo a disposición del reino, distribuyendo lo que es mío y quedando a la intemperie confiado únicamente, en que el Señor me dará lo que necesito. Nada me impide darme al Señor, nada me amarra.

Leo de nuevo el texto y dejo que lo novedoso y radical del resucitado desmonte mis antiguos valores y criterios.

Cristo,
Viniste a glorificar las lágrimas…
no a enjugarlas…
Viniste a abrir las heridas…
no a cerrarlas.
Viniste a encender las hogueras…
no a apagarlas…
Viniste a decir:
¡Que corran el llanto,
la sangre
y el fuego…
como el agua!

León Felipe

Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Laudes – 17 de abril

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LITURGIA DE LAS HORAS

MARTES, II SEMANA DE PASCUA

 

17 de marzo

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Salmo 94

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Cristo,

alegría del mundo,

resplandor de la gloria del Padre.

¡Bendita la mañana

que anuncia tu esplendor al universo!

En el día primero,

tu resurrección alegraba

el corazón del Padre.

En el día primero,

vio que todas las cosas eran buenas

porque participaban de tu gloria.

La mañana celebra

tu resurrección y se alegra

con claridad de Pascua.

Se levanta la tierra

como un joven discípulo en tu busca,

sabiendo que el sepulcro está vacío.

En la clara mañana,

tu sagrada luz se difunde

como una gracia nueva.

Que nosotros vivamos

como hijos de luz y no pequemos

contra la claridad de tu presencia.

 

SALMODIA

Ant. 1. Os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo. Aleluya.

Salmo 42

Hazme justicia, ¡oh Dios!,

defiende mi causa

contra gente sin piedad,

sálvame del hombre traidor y malvado.

Tú eres mi Dios y protector,

¿Por qué me rechazas?

¿por que voy andando sombrío,

hostigado por mi enemigo?

Envía tu luz y tu verdad:

que ellas me guíen

y me conduzcan

hasta tu monte santo,

hasta tu morada.

Que yo me acerque al altar de Dios,

al Dios de mi alegría;

que té de gracias al son de la cítara, Señor, Dios mío.

¿Por que te acongojas, alma mía,

por que te me turbas?

Espera en Dios, que volverás a alabarlo,

“salud de mi rostro, Dios mío”.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1. Os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo. Aleluya.

 

 

Ant. 2. Tú, Señor, detuviste mi alma ante la tumba vacía. Aleluya.

Cántico: Is 38, 10-14. 17-20

Yo pensé: “En medio de mis días

tengo que marchar hacia las puertas del abismo;

me privan del resto de mis años.”

Yo pensé: “Ya no veré más al Señor

en la tierra de los vivos,

ya no miraré a los hombres

entre los habitantes del mundo.

Levantan y enrollan mi vida,

como una tienda de pastores

devanaba yo mi vida

y me cortan la trama.”

Día y noche me estas acabando,

sollozo hasta el amanecer.

Me quiebras los huesos como un león,

día y noche me estas acabando.

Estoy piando como una golondrina,

gimo como una paloma.

Mis ojos mirando al cielo se consumen:

Señor, que me oprimen, sal fiador por mí.

Me has curado, me has hecho revivir,

la amargura se me volvió paz

cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía

y volviste la espalda a todos mis pecados.

El abismo no te da gracias,

ni la muerte te alaba,

ni esperan en tu fidelidad

los que bajan a la fosa.

Los vivos, los vivos son quienes te alaban: como yo ahora.

El Padre enseña a sus hijos tu fidelidad.

Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas

todos nuestros días en la casa del Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2. Tú, Señor, detuviste mi alma ante la tumba vacía. Aleluya.

Ant. 3. Tú has cuidado de nuestra tierra y la has enriquecido sin medida. Aleluya.

Salmo 64

¡Oh Dios!, tu mereces un himno en Sión,

y a ti se te cumplen los votos,

porque tú escuchas las suplicas.

A ti acude todo mortal

a causa de sus culpas;

nuestros delitos nos abruman,

pero tú los perdonas.

Dichoso el que tu eliges y aceptas

para que viva en tus atrios:

que nos saciemos de los bienes de tu casa,

de los dones sagrados de tu templo.

Con portentos de justicia nos respondes,

Dios, salvador nuestro;

tú, esperanza del confín de la tierra

y del océano remoto;

tú, que afianzas los montes con tu fuerza, ceñido de poder;

tú, que reprimes el estruendo del mar,

el estruendo de las olas

y el tumulto de los pueblos.

Los habitantes del extremo del orbe se sobrecogen ante tus signos,

y a las puertas de la aurora y del ocaso

los llenas de jubilo.

Tú cuidas de la tierra, la riegas

y la enriqueces sin medida;

la acequia de Dios va llena de agua

preparas los trigales;

riega los surcos, iguala los terrones.

Tu llovizna los deja mullidos,

bendices sus brotes;

coronas el año con tus bienes,

las rodadas de tu carro rezuman abundancia;

rezuman los pastos del páramo,

y las colinas se orlan de alegría;

y las praderas se cubren de rebaños,

que claman y cantan.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3. Tú has cuidado de nuestra tierra y la has enriquecido sin medida. Aleluya.

LECTURA BREVE           Hch 13, 30-33

Dios resucitó a Jesús de entre los muertos. Durante muchos días, se apareció a los que lo habían acompañado de Galilea a Jerusalén, y ellos son ahora sus testigos ante el pueblo. Nosotros os anunciamos que la promesa que Dios hizo a nuestros padres, nos la ha cumplido a los hijos resucitando a Jesús. Así está escrito en el salmo segundo: “Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy.”

RESPONSORIO BREVE

V. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

V. El que por nosotros colgó del madero.

R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último; yo soy el retoño y el vástago de David, la estrella luciente de la mañana. Aleluya.

Cántico de Zacarías. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último; yo soy el retoño y el vástago de David, la estrella luciente de la mañana. Aleluya.

PRECES

Oremos agradecidos a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, el Cordero inmaculado que quita el pecado del mundo y nos comunica su vida nueva, y digámosle:

Autor de la vida, vivifícanos.

Dios, autor de la vida, acuérdate de la muerte y resurrección del Cordero inmolado en la cruz,

— y atiende su continua intercesión por nosotros.

Haz, Señor, que quitemos la levadura vieja de la corrupción y de la maldad,

— para que vivamos la Pascua de Cristo con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad.

Que sepamos rechazar hoy el pecado de discordia y de envidia,

— y seamos más sensibles a las necesidades de nuestros hermanos.

Concédenos vivir auténticamente el espíritu evangélico,

— para que hoy y siempre sigamos el camino de tus mandamientos.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Alegres porque Jesucristo nos ha hecho hijos de Dios, digámosle:

 

Padre nuestro…

ORACIÓN

Te pedimos, Señor, que nos hagas capaces de anunciar la victoria de Cristo resucitado, y pues en ella nos has dado la prenda de los dones futuros, haz que un día los poseamos en plenitud. Por nuestro Señor Jesucristo.

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.