Vísperas – 19 de abril

VÍSPERAS

JUEVES, II SEMANA DE PASCUA

 

Oración de la tarde

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

 

Nuestra Pascua inmolada, aleluya,

Es Cristo el Señor, aleluya, aleluya.

 

Pascua sagrada, ¡oh fiesta de la luz!,

despierta, tú que duermes,

y el Señor te alumbrará.

 

Pascua sagrada, ¡oh fiesta universal!,

el mundo renovado

canta un himno a su Señor.

 

Pascua sagrada, ¡victoria de la cruz!

La muerte, derrotada,

ha perdido su aguijón.

 

Pascua sagrada, ¡oh noche bautismal!

Del seno de las aguas

renacemos al Señor.

 

Pascua sagrada, ¡eterna novedad!

Dejad al hombre viejo,

revestíos del Señor.

 

Pascua sagrada. La sala del festín

se llena de invitados

que celebran al Señor.

 

Pascua sagrada. ¡Cantemos al Señor!

Vivamos la alegría

dada a luz en el dolor.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. Aleluya.

 

Salmo 71 (I)

 

Dios mío, confía tu juicio al rey,

tu justicia al hijo de reyes,

para que rijas a tu pueblo con justicia,

a tus humildes con rectitud.

 

Que los montes traigan paz,

y los collados justicia;

que él defienda a los humildes del pueblo,

socorra a los hijos del pobre

y quebrante al explotador.

 

Que dure tanto como el sol,

como la luna, de edad en edad;

que baje como lluvia al césped,

como llovizna que empapa la tierra.

 

Que en sus días florezca la justicia

y la paz hasta que falte la luna.

 

Que domine de mar a mar,

del Gran Río hasta el confín de la tierra.

 

Que en su presencia se inclinen sus rivales;

que sus enemigos muerdan el polvo;

que los reyes de Tarsis y de las islas

le paguen tributo.

 

Que los reyes de Saba y Arabia

le ofrezcan sus dones,

que se postren ante él todos los reyes,

y que todos los pueblos le sirvan.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. Aleluya.

 

 

Ant. 2. Él será la bendición de todos los pueblos. Aleluya.

 

Salmo 71 (II)

 

Él librará al pobre que clamaba,

al afligido que no tenía protector;

él se apiadará del pobre y del indigente,

y salvará la vida de los pobres;

 

Él rescatará sus vidas de la violencia,

su sangre será preciosa a sus ojos.

 

Que viva y que le traigan el oro de Saba;

él intercederá por el pobre

y lo bendecirá.

 

Que haya trigo abundante en los campos,

y ondee en lo alto de los montes,

den fruto como el Líbano,

y broten las espigas como

las hierbas del campo.

 

Que su nombre sea eterno,

y su fama como el sol;

que él sea la bendición de todos los pueblos,

y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

el único que hace maravillas;

bendito por siempre su nombre glorioso,

que su gloria llene la tierra.

¡Amén, amén!

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. Él será la bendición de todos los pueblos. Aleluya.

 

 

Ant. 3. Jesucristo es el mismo ayer y hoy, y siempre. Aleluya.

 

Cántico: Ap 11, 17-18; 12, 10b-12a

 

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,

el que eres y el que eras,

porque has asumido el gran poder

y comenzaste a reinar.

 

Se encolerizaron las naciones,

llegó tu cólera,

y el tiempo de que fueran juzgados los muertos

y de dar el galardón a tus siervos los profetas,

y a los santos y a los que temen tu nombre,

pequeños y a los grandes,

y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

 

Ahora se estableció el poderío,

y el reinado de nuestro Dios,

y la potestad de su Cristo;

porque fue precipitado

el acusador de nuestros hermanos,

el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

 

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero

y por las palabras del testimonio que dieron,

y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.

Por esto, estad alegre, cielos,

y los que moráis en sus tiendas.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. Jesucristo es el mismo ayer y hoy, y siempre. Aleluya.

 

 

LECTURA BREVE           1P 3, 18-22

 

Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida. Llegó al cielo, se le sometieron ángeles, autoridades y poderes, y está a la derecha de Dios.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

 

V. Al ver al Señor.

R. Aleluya, aleluya.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. El que cree en el Hijo posee la vida eterna. Aleluya.

 

Cántico de María. Lc 1, 46-55

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. El que cree en el Hijo posee la vida eterna. Aleluya.

 

 

PRECES

 

Alabemos y glorifiquemos a Cristo, a quien Dios Padre constituyó fundamento de nuestra esperanza y garantía de nuestra resurrección, y aclamémosle suplicantes:

Rey de la gloria, escúchanos.

 

Señor Jesús, tú que con tu propia sangre y por tu resurrección entraste en el santuario de Dios,

— llévanos contigo al reino del Padre.

 

Tú que por la resurrección robusteciste la fe de tus discípulos y los enviaste al mundo,

— haz que los obispos y presbíteros sea fieles heraldos de tu Evangelio.

 

Tú que por la resurrección eres nuestra reconciliación y nuestra paz,

— haz que todos los bautizados vivan en la unidad de una sola fe y de un solo amor.

 

Tú que por la resurrección diste la salud al lisiado del templo,

— mira con bondad a los enfermos y manifiesta en ellos tu gloria.

 

Tú que por la resurrección fuiste constituido primogénito de los muertos que resucitan,

— haz que los difuntos que en ti creyeron y esperaron participen de tu gloria.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, acudamos confiadamente a nuestro Padre:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Te pedimos, Señor, que los dones recibidos en esta Pascua den fruto abundante en toda nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Domingo III de Pascua – Ciclo B

El domingo es el día del Señor y el día de la comunidad. Como los discípulos nos reunimos “el primer día de la semana”, el día de la resurrección. Ellos inauguraron la cadena de encuentros dominicales en memoria de Jesús. El evangelio de hoy narra uno de los primeros que nos sirve de espejo en el que mirarnos y, a la vez, de llamada a revisar la actitud con que nos acercamos a celebrar el día del Señor.

1. Comunidad en gestación

Jesús era la referencia central para todos. Habían sido días muy intensos; algunos de los presentes estarían aún confusos y humillados; otros, sorprendidos por lo que Pedro les comunicaba; otros expectantes y abiertos a nuevas revelaciones. En la reunión los discípulos comentan los sucesos de los últimos días, hablan de sus experiencias.

Aunque está ausente, hablan de Jesús. Hablar de Jesús es más que evocar al personaje histórico, estudiar su figura, debatir sobre su doctrina o parangonarla con otras grandes figuras y líderes de la historia. La reunión de los discípulos es de personas implicadas y abiertas a su revelación actual. Dos de aquellos discípulos comparten su experiencia: “Contaban lo que les había acontecido en el camino y cómo lo reconocieron al partir el pan”. Ha sido en el camino, cuando ellos se alejaban de la ciudad; ha sido en la casa cuando ellos le han invitado a compartir su cena; ha sido al verle cómo partía el pan. “Le reconocieron en el partir el pan”.

Jesús se hace presente a pesar de ellos y frente a los bloqueos y resistencias inconfesables de algunos. Y a pesar de que hablan de él, se sobresaltan y asustan creyendo ver un fantasma; a pesar de que sabían cosas de Jesús, a pesar de que han escuchado a testigos, tienen miedo y dudan. “Sabían”, pero el Jesús de la historia al que habían confesado como Cristo es aún un personaje del pasado; no han experimentado que Cristo vive, ni se han abierto a la misión que les espera, ni han dado el salto al Cristo de la fe. Tienen una imagen parcial y reductiva de Jesús.

El evangelista se empeña en dejar asentado que la resurrección no ha sido la invención de gente crédula predispuesta a creer, sino realidad que se impone. Tantos miedos, sobresaltos y dudas reflejan la inesperado e imprevisto de la resurrección y la resistencia a creer en ella. Jesús se hace presente en medio de la comunidad reunida “en su nombre”.

2. Releer la historia

Pero a la vez se nos presenta a Jesús dedicado a purificar su imagen y esclarecer su identidad desde el realismo de la historia. A través de dos caminos:

– “Mirad mis manos y mis pies”; soy yo en persona. Las manos que tocaron y levantaron, que bendijeron, partieron el pan y lavaron los pies a los discípulos, y los pies que anduvieron los caminos de Palestina con las marcas de los clavos se convierten en signo de identidad del Mesías y de su vida servidora.

– “Les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras”. La misma catequesis que emplearía con los discípulos que se alejaban de Jerusalén camino de Emaús: “¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria? Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras”.

Jesús habla de él y de las Escrituras proponiendo las claves para interpretar correctamente el sentido de la muerte y resurrección del Mesías y la extensión universal del perdón. “Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos… y en su nombre se predicará la conversión y el perdón a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén”. Era necesario rehacer los esquemas mentales que tenían los discípulos sobre las expectativas mesiánicas; era necesario confirmar el cumplimiento de la promesa al estilo de Dios, no de los humanos. “Esto era lo que os decía cuando estaba con vosotros”.

Los discípulos cambian de estado de ánimo y de mente: del miedo pasan al asombro, y del asombro a la alegría; la mente se les ilumina para entender lo que antes no entendían respecto a Jesús en la Escritura.

3. Ser testigos

“Vosotros sois testigos de esto”: de que el Mesías vive resucitado, de que en su nombre se anuncia la conversión y el perdón, de que el perdón alcanza a todos. Pueden ser testigos ante otros. Así lo proclama Pedro: “Nosotros somos testigos, de que Dios ha glorificado a su siervo Jesús”.  Son personas resucitadas.

J. Francisco Herrero

Comentario al evangelio de hoy (19 de abril)

El libro de los Hechos de los Apóstoles es el libro del tiempo pascual, de la acción del Espíritu que Jesús ha derramado en el mundo después de su resurrección. Movidos por Él, los discípulos de Jesús  declaran llenos de coraje ante los tribunales: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. Y recorren entusiastas el mundo conocido entonces anunciando la resurrección de Jesús y formando comunidades de nuevos cristianos.

Es la fuerza del testimonio de una fe ardiente y gozosa que se propaga gracias a ese impulso interior que el Espíritu regala a los creyentes. Proclamar que Jesús ha resucitado, que vive, que va a volver y va a juzgar, es tan directo que no deja a nadie indiferente.

El evangelio de hoy recoge la última parte del diálogo de Jesús con Nicodemo.  Una vez más Jesús nos pide la fe, abrir la puerta, dejarnos invadir por la gracia que con Él nos llega desbordante, como manantial que salta hasta la vida eterna: “El que cree en el Hijo posee la vida eterna”.

Nos estamos preparando para dar comienzo al AÑO DE LA FE. El desafío que tenemos por delante los cristianos, sobre todo en el continente europeo,  es de titanes. Se dice que “a grandes males, grandes remedios”. ¿Cómo movilizar esas multitudes de cristianos que viven aletargados en su rutina? Se han bautizado, pero la fe no es más en ellos fuente de alegría que contagia a quienes no creen.

Carlos Latorre, cmf

Jueves II Semana de Pascua

Hoy es 19 de abril, jueves de la II semana de Pascua.

Estamos avanzando en el camino de la Pascua. Esta experiencia central de nuestra vida cristiana. Es buen momento para encontrarnos con el Señor, que siempre nos espera para contagiarnos el gozo de su resurrección. Quiero aprovechar esta oportunidad. En este día deseo dedicar un rato a estar con él, dejando otras ocupaciones y preocupaciones. Me dispongo a hacerlo buscando silencio en mi corazón para poder distinguir su voz. Calmando los ruidos que me llegan de fuera y que pueden distraerme. Háblame Señor, que quiero escucharte.

La lectura de hoy es de los Hechos de los Apóstoles (Hch 5, 27-33):

En aquellos días, los guardias condujeron a los apóstoles a presencia del Sanedrín, y el sumo sacerdote les interrogó: «¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.»

Pedro y los apóstoles replicaron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.»

Esta respuesta los exasperó, y decidieron acabar con ellos.

Una escena así parece despertar el sentimiento de que seguir a Jesús puede complicarme la vida ante los demás. Estoy dispuesto, a pesar de todo, a seguir ese camino.

Puedo preguntarme qué me exige hoy ser cristiano. Cómo responder en mi entorno desde mis creencias. Tal vez me encuentro en esa situación de obedecer a Dios antes que a los hombres.

Si soy testigo del resucitado. Si quiero seguir a este Jesús que muere y resucita, que viene a dar vida abundante para todos. ¿Cómo me preparo para asumir las consecuencias de este compromiso? ¿Por dónde se inclina mi corazón?

Se me invita a leer de nuevo el texto. Fijo mi atención en aquella palabra, idea o sentimiento que más me ha conmovido o que ahora se me hace novedad, porque ahí el Señor quiere decirme algo.

Ya voy terminando mi encuentro con el Señor. Este momento con él me ha dejado su mensaje. Me acompaña en el corazón y en medio de mis actividades puedo seguir pensando en ello. En lo que el Señor me ha dicho hoy aquí. Gracias Señor por hacerte presente en mi vida un día más.

Tomad, Señor y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento, y toda mi voluntad. Todo mi haber y poseer. Vos me lo disteis, a vos, Señor, lo torno. Todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia, que esta me basta.

Laudes – 19 de abril

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LITURGIA DE LAS HORAS

JUEVES, II SEMANA DE PASCUA

 

19 de abril

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Salmo 94

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

La bella flor que en el suelo

plantada se vio marchita

ya torna, ya resucita,

ya su olor inunda el cielo.

De tierra estuvo cubierto,

pero no fructificó

del todo, hasta que quedó

en un árbol seco injerto.

Y, aunque a los ojos del suelo

se puso después marchita,

ya torna, ya resucita,

ya su olor inunda el cielo.

Toda es de flores la fiesta,

flores de finos olores,

más no se irá todo en flores,

porque flor de fruto es ésta.

Y, mientras su Iglesia grita

mendigando algún consuelo,

ya torna, ya resucita,

ya su olor inunda el cielo.

Que nadie se sienta muerto

cuando resucita Dios,

que, si el barco llega al puerto,

llegamos junto con vos.

Hoy la cristiandad se quita

sus vestiduras de duelo.

Ya torna, ya resucita,

ya su olor inunda el cielo.

 

SALMODIA

Ant. 1. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. Aleluya.

Salmo 79

Pastor de Israel, escucha,

tu que guías a José como a un rebaño;

tu que te sientas sobre querubines,

resplandece ante Efraím, Benjamín y Manasés;

despierta tu poder y ven a salvarnos.

¡Oh Dios!,

restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

Señor Dios de los ejércitos,

¿hasta cuando estarás airado

mientras tu pueblo te suplica?

Le diste a comer llanto,

a beber lágrimas a tragos;

nos entregaste a las disputas de nuestros vecinos,

nuestros enemigos se burlan de nosotros.

Dios de los ejércitos, restáuranos,

que brille tu rostro y nos salve.

Sacaste una vid de Egipto,

expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste;

le preparaste el terreno y echó rices

hasta llenar el país;

su sombra cubría las montañas,

y sus pámpanos, los cedros altísimos;

extendió sus sarmientos hasta el mar,

y sus brotes hasta el Gran Río.

¿Por que has derribado su cerca

paras que la saqueen los viandantes,

la pisoteen los jabalíes

y se la coman las alimañas?

Dios de los ejércitos, vuélvete:

mira desde el cielo, fíjate,

ven a visitar tu viña,

la cepa que tu diestra plantó,

y que tu hiciste vigorosa.

La han talado y le han prendido fuego:

con un bramido hazlos perecer.

Que tu mano proteja a tu escogido,

al hombre que tu fortaleciste.

No nos alegaremos de ti:

danos vida, para que invoquemos tu nombre.

Señor Dios de los ejércitos, restáuranos,

que brille tu rostro y nos salve.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. Aleluya.

 

 

Ant. 2. Sacaréis aguas con gozo de las fuentes del Salvador. Aleluya.

Cántico: Is 12, 1-6

Te doy, gracias, Señor,

porque estabas airado contra mí,

pero ha cesado tu ira

y me has consolado.

Él es mí Dios salvador:

confiare y no temeré,

porque mi fuerza y mi poder es el Señor,

él fue mi salvación.

Sacaréis aguas con gozo

de las fuentes de salvación.

Aquel día, diréis:

dad gracias al Señor,

invocad su nombre,

contad a los pueblos sus hazañas,

proclamad que su nombre es excelso.

Tañed para el Señor, que hizo proezas; anunciadlas a toda la tierra;

gritad jubilosos, habitantes de Sión:

“¡Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel!”

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2. Sacaréis aguas con gozo de las fuentes del Salvador. Aleluya.

Ant. 3. El Señor nos alimentó con flor de harina. Aleluya.

Salmo 80

Aclamad a Dios, nuestra fuerza:

dad vítores al Dios de Jacob:

acompañad, tocad los panderos,

las cítaras templadas y las arpas;

tocad las trompetas por la luna nueva,

por la luna llena que es nuestra fiesta;

Porque es una ley de Israel,

un precepto del Dios de Jacob,

una norma establecida para José

al salir de Egipto.

Oigo un lenguaje desconocido:

“retiré los hombros de sus cargas,

y sus manos dejaron la espuerta:

Clamaste en la aflicción, y te libré,

te respondí oculto entre los truenos,

te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.

Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti:

¡ojalá me escuchases, Israel!

No tendrás un Dios extraño,

no adoraras un dios extranjero:

yo soy el Señor Dios tuyo,

que te saqué del país de Egipto:

abre tu boca y yo la saciaré.

Pero mi pueblo no escuchó mi voz,

Israel no quiso obedecer:

los entregué a su corazón obstinados,

para que anduviesen según sus antojos.

¡Ojalá me escuchase mi pueblo

y caminase Israel por mi camino!

En un momento humillaría a sus enemigos

y volvería mi mano contra sus adversarios.

Los que aborrecen al Señor te adularían,

y su suerte quedaría fijada;

te alimentaría con flor de harina,

te saciaría con miel silvestre.”

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3. El Señor nos alimentó con flor de harina. Aleluya.

LECTURA BREVE           Rm 8, 10-11

Si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justificación obtenida. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.

RESPONSORIO BREVE

V. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

V. El que por nosotros colgó del madero.

R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Padre ama la Hijo y todo lo ha puesto en su mano. Aleluya.

Cántico de Zacarías. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Padre ama la Hijo y todo lo ha puesto en su mano. Aleluya.

PRECES

Oremos confiados a Dios Padre, que quiso que Cristo fuera la primicia de la resurrección de los hombres, y aclamémosle, diciendo:

Que el Señor Jesús sea nuestra vida.

Tú que con la columna de fuego iluminaste a tu pueblo en el desierto,

— ilumina hoy con la resurrección de Cristo el día que empezamos.

Tú que por la voz de Moisés adoctrinaste a tu pueblo en el Sinaí,

— por la resurrección de Cristo sé hoy palabra de vida para nosotros.

Tú que con el maná alimentaste a tu pueblo peregrino en el desierto,

—por la resurrección de Cristo danos hoy el pan de vida.

Tú que por el agua que manó de la roca diste de beber a tu pueblo en el desierto.

— por la resurrección de tu Hijo danos hoy parte en tu Espíritu de vida.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Dirijamos ahora, todos juntos, nuestra oración al Padre, y digámosle:

 

Padre nuestro…

ORACIÓN

Te pedimos, Señor, que los dones recibidos en esta Pascua den fruto abundante en toda nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo.

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.