Vísperas – 21 de abril

I VÍSPERAS

DOMINGO, III SEMANA DE PASCUA

 

Oración de la tarde

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

Nuestra Pascua inmolada, aleluya,

Es Cristo el Señor, aleluya, aleluya.

 

Pascua sagrada, ¡oh fiesta de la luz!,

despierta, tú que duermes,

y el Señor te alumbrará.

 

Pascua sagrada, ¡oh fiesta universal!,

el mundo renovado

canta un himno a su Señor.

 

Pascua sagrada, ¡victoria de la cruz!

La muerte, derrotada,

ha perdido su aguijón.

 

Pascua sagrada, ¡oh noche bautismal!

Del seno de las aguas

renacemos al Señor.

 

Pascua sagrada, ¡eterna novedad!

Dejad al hombre viejo,

revestíos del Señor.

 

Pascua sagrada. La sala del festín

se llena de invitados

que celebran al Señor.

 

Pascua sagrada. ¡Cantemos al Señor!

Vivamos la alegría

dada a luz en el dolor.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. El Señor se eleva sobre los cielos y levanta del polvo al desvalido. Aleluya.

 

Salmo 112

 

Alabad, siervos del Señor,

alabad el nombre del Señor.

Bendito sea el nombre del Señor,

ahora y por siempre:

de la salida del sol hasta su ocaso,

alabado sea el nombre del Señor.

 

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,

su gloria sobre los cielos.

¿Quién como el Señor, Dios nuestro,

que se eleva en su trono

y se abaja para mirar

al cielo y a la tierra?

 

Levanta del polvo al desvalido,

alza de la basura al pobre,

para sentarlo con los príncipes,

los príncipes de su pueblo;

a la estéril le da un puesto en la casa,

como madre feliz de hijos.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. El Señor se eleva sobre los cielos y levanta del polvo al desvalido. Aleluya.

 

 

Ant. 2. Rompiste mis cadenas, Señor, te ofreceré un sacrificio de alabanza. Aleluya.

 

Salmo 115

 

Tenía fe, aun cuando dije:

«¡Qué desgraciado soy!»

Yo decía en mi apuro:

«Los hombres son unos mentirosos.»

 

¿Cómo pagaré al Señor

todo el bien que me ha hecho?

Alzaré la copa de la salvación,

invocando su nombre.

Cumpliré al Señor mis votos

en presencia de todo el pueblo.

 

Vale mucho a los ojos del Señor

la vida de sus fieles.

Señor, yo soy tu siervo,

siervo tuyo, hijo de tu esclava:

rompiste mis cadenas.

 

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,

invocando tu nombre, Señor.

Cumpliré al Señor mis votos

en presencia de todo el pueblo,

en el atrio de la casa del Señor,

en medio de ti, Jerusalén.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 2. Rompiste mis cadenas, Señor, te ofreceré un sacrificio de alabanza. Aleluya.

 

 

Ant. 3. El Hijo de Dios, aprendió, sufriendo, a obedecer, y se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna. Aleluya.

 

Cántico: Flp 2, 6-11

 

Cristo, a pesar de su condición divina,

no hizo alarde de su categoría de Dios,

al contrario, se anonadó a sí mismo,

y tomó la condición de esclavo,

pasando por uno de tantos.

 

Y así, actuando como un hombre cualquiera,

se rebajó hasta someterse incluso a la muerte

y una muerte de cruz.

 

Por eso Dios lo levantó sobre todo

y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;

de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble

en el cielo, en la tierra, en el abismo

y toda lengua proclame:

Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. El Hijo de Dios, aprendió, sufriendo, a obedecer, y se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna. Aleluya.

 

 

LECTURA BREVE           1P 2, 9-10

 

Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa. Antes erais “no pueblo”, ahora sois “pueblo de Dios”; antes erais “no compadecidos”, ahora sois “compadecidos”.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

 

V. Al ver al Señor.

R. Aleluya, aleluya.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. En Cristo se ha cumplido todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos. Aleluya.

 

Cántico de María. Lc 1, 46-55

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. En Cristo se ha cumplido todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos. Aleluya.

 

 

PRECES

 

Oremos a Cristo, vida y resurrección de todos los hombres, y digámosle con fe:

Hijo del Dios vivo, protege a tu pueblo.

 

Te rogamos, Señor, por tu Iglesia extendida por todo el mundo:

— santifícala y haz que cumpla su misión de llevar tu reino a  todos los hombres.

 

Te pedimos por los hambrientos y por los que están tristes, por los enfermos, los oprimidos y los desterrados:

— dales, Señor, ayuda y consuelo

 

Te pedimos por los que se han apartado de ti por el error o por el pecado:

— que obtengan la gracia de tu perdón y el don de una vida nueva.

 

Salvador del mundo, tú que fuiste crucificado, resucitaste, y has de venir a juzgar al mundo,

— ten piedad de nosotros, pecadores.

 

Te rogamos, Señor, por los que viven en el mundo

— y por los que han salido ya de él, con la esperanza de la resurrección.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Que tu pueblo, Señor, exulte siempre al verse renovado y rejuvenecido en el espíritu, y que la alegría de haber recobrado la adopción filial afiance su esperanza de resucitar gloriosamente. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Somos hijos de Dios (1Jn 3, 1-2)

ORACIÓN:

Jesús, Hijo de Dios, lleno de Espíritu Santo.
Oímos hoy la invitación del evangelista Juan a contemplar el amor que nos habita:
mirad qué clase de amor nos ha dado el Padre,
para que hayamos sido llamados hijos de Dios, y [lo] somos.

Ese “amor” viene del Espírituque nos hace hijos y que nos permite gritar: ¡Abba! ¡Padre!;
ese Espíritu le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios;
gracias a la fe en ti, accedemos a esta situación de gracia en que estamos.

Nuestra fe nos dice que el Padre nos ama desde siempre:
antes de la creación nos eligió para que fuéramos santos e inmaculados por el amor;
destinándonos a ser adoptados por hijos suyos por medio de ti, Jesús Mesías…;

El amor tan singular del Padre lo hemos conocido en tu vida, Jesús de todos:
en esto hemos conocido el amor: en que tú diste la vida por nosotros;
y en esto conocerán los demás nuestro amor: si crea vida, renueva, cura…

Hoy, Jesús del amor sin medida, somos invitados a mirar nuestro amor:
el mundo no nos conoce, porque tampoco le conoció a él, a ti, Jesús;
el mundo, enraizado en la codicia, desconoce la gratuidad del amor divino;
el mundo reconoce a los poderosos sin mirar a los súbditos que aplauden o callan;
el mundo reconoce el dinero ocultando la injusticia por donde vino;
el mundo reconoce el brillo de la cultura y el arte disimulando la opresión

Mirad qué clase de amor nos ha dado el Padre:
un amor universal, que busca el bien de todos;
un amor que hace salir el sol y bajar la lluvia sobre justos e injustos;
un amor que no divide ni separa, no margina ni excluye a nadie;
un amor opuesto a la avaricia que siembra tiranía y muerte;
un amor que abre la puerta a cualquiera que llame…

Este amor gratuito y universal en personas, tiempo y lugar, es tu amor:
un amor que, efectivamente, no merecemos;
ha sido y sigue siendo el regalo del Padre dador de vida;
ha sido la acción del Espíritu divino desde siempre;
ese amor te ha enviado a Ti, testigo y portador del mismo Espíritu;
ese amor lo has ido sembrando con palabras y obras;
ese amor lo has ido entregando hasta darnos su misma fuente:
recibid el Espíritu Santo.

Este es el regalo pascual por excelencia:
con él los discípulos se sintieron perdonados sin merecerlo:
ni un reproche, ni una explicación de su abandono…;
con él les vino tu paz, tu perdón, tu alegría, tu esperanza;
con él supieron que serían semejantes a Dios porque le verían como es.

En esta misma fe hemos sido injertados nosotros, discípulos tuyos ahora:
la fe en ti, Jesús resucitado, nos ha introducido en la misma gracia:
habita en nosotros tu mismo Espíritu;
sentimos tu misma pasión por la fraternidad y la vida de todos;
el amor gratuito y universal es nuestro camino, nuestra verdad, nuestra vida.

Este amor es la única estrategia, “sin trampas ni cartón”, nuestra:
vivir con las entrañas empapadas por este amor divino;
organizar nuestra vida desde estas entrañas conmovidas;
elegir las prioridades que estas entrañas ven más necesarias y urgentes;
denunciar la ausencia de estas entrañas,
especialmente en quienes presumen o abusan de ellas;
desechar la venganza, la imposición, la marginación, exclusión…;
remover de nuestra vida todo lo que pueda alejar a los necesitados;
identificarnos contigo, Jesús pobre, humilde, marginado hasta el final…
releyendo tu memoria,
celebrando en nuestras reuniones tu vida entregada,
poniendo nuestras entrañas en las manos del Padre que nos las dio.

Rufo González

Comentario al evangelio de hoy (21 de abril)

Las primeras comunidades cristianas vivieron momentos de mucha turbación. Recordaban el episodio de peligro y miedo que experimentaron durante la tempestad en el lago. Lo que sucedió aquella noche  les servía a ellos y nos sirve a nosotros para saber cómo salir airosos de las situaciones más difíciles. Jesús les quita los miedos con su palabra divina: “Soy yo, no temáis”. Tempestades y peligros parecidos nos asaltan cada vez que por nuestra increencia nos alejamos de él.

Por otra parte, las desavenencias en los grupos humanos son el pan de cada día. Y cuando se trata de nuestra comunidad cristiana, se pueden convertir en verdaderas pruebas de fe. En lugar de ver fantasmas, tenemos que afinar nuestra mirada y agudizar nuestro oído para ver y escuchar a nuestro único Señor y Maestro. Sólo él con su presencia puede hacer florecer en el corazón de la comunidad, de cada discípulo, la armonía y la paz.

Hoy en la liturgia recordamos a San Anselmo. Vivió hace casi mil años, pero su búsqueda de Dios tiene máxima actualidad. No me resisto a recordar estas famosas palabras del santo:

“Sal un momento de tus ocupaciones habituales; ensimísmate un instante en ti mismo, lejos del tumulto de tus pensamientos; arroja lejos de ti las preocupaciones agobiadoras, aparta de ti tus trabajosas inquietudes. Busca a Dios un momento, sí, descansa siquiera un momento en su seno. ¡Oh corazón mío!, di con todas tus fuerzas, di a Dios: Busco tu rostro, busco tu rostro, ¡oh Señor!

Y ahora, ¡oh Señor, Dios mío! , enseña a mi corazón dónde y cómo te encontrará, dónde y cómo tiene que buscarte. Si no estás en mí, ¡oh Señor!, si estás ausente, ¿dónde te encontraré?

Nunca te he visto, Señor Dios mío; no conozco tu rostro. ¿Qué hará, Señor omnipotente, este tu desterrado tan lejos de ti?…”

Son estos testigos de la fe de todos los tiempos quienes nos ayudan con su testimonio y con su palabra a enfrentar momentos de oscuridad y de tormenta en la vida personal y en la vida de la comunidad.

Carlos Latorre, cmf

Laudes – 21 de abril

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LITURGIA DE LAS HORAS

SÁBADO, II SEMANA DE PASCUA

SAN ANSELMO, OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA

 

21 de abril

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Salmo 94

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Ofrezcan los cristianos

ofrendas de alabanza

a gloria de la Víctima

propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado

que a las ovejas salva,

a Dios y a los culpables

unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte

en singular batalla,

y, muerto el que es la Vida,

triunfante se levanta.

“¿Qué has visto de camino,

María, en la mañana?”

“A mi Señor glorioso,

la tumba abandonada,

los ángeles testigos,

sudarios y mortaja.

¡Resucitó de veras

mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,

allí el Señor aguarda;

allí veréis los suyos

la gloria de la Pascua.”

Primicia de los muertos,

sabemos por tu gracia

que estás resucitado;

la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate

de la miseria humana

y da a tus fieles parte

en tu victoria santa. Amén. Aleluya.

 

SALMODIA

Ant. 1. Tus acciones, Señor, son mi alegría, y mi júbilo, las obras de tus manos. Aleluya.

Salmo 91

Es bueno dar gracias al Señor

y tocar para tu nombre, oh Altísimo,

proclamar por la mañana tu misericordia

y de noche tu fidelidad,

con arpas de diez cuerdas y laúdes

sobre arpegios de cítaras.

Tus acciones, Señor, son mi alegría,

y mi júbilo, las obras de tus manos.

¡Qué magníficas son tus obras, Señor,

qué profundos tus designios!

El ignorante no los entiende

ni el necio se da cuenta.

Aunque germinen como hierba los malvados

y florezcan los malhechores,

serán destruidos para siempre.

Tú, en cambio, Señor,

eres excelso por los siglos.

Porque tus enemigos, Señor, perecerán,

los malhechores serán dispersados;

pero a mí me das la fuerza de un búfalo

y me unges con aceite nuevo.

Mis ojos no temerán a mis enemigos,

mis oídos escucharán su derrota.

El justo crecerá como una palmera

y se alzará como un cedro del Líbano:

plantado en la casa del Señor,

crecerá en los atrios de nuestro Dios;

en la vejez seguirá dando fruto

y estará lozano y frondoso,

para proclamar que el Señor es justo,

que en mi roca no existe la maldad.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1. Tus acciones, Señor, son mi alegría, y mi júbilo, las obras de tus manos. Aleluya.

 

 

Ant. 2. Yo doy la muerte y la vida, yo desgarro y yo curo. Aleluya.

Cántico: Dt 32, 1-12

Escuchad, cielos, y hablaré;

oye, tierra, los dichos de mi boca;

descienda como lluvia mi doctrina,

destile como rocío mi palabra;

como llovizna sobre la hierba,

como sereno sobre el césped;

voy a proclamar el nombre del Señor:

dad gloria a nuestro Dios.

Él es la Roca, sus obras son perfectas,

sus caminos son justos,

es un Dios fiel, sin maldad;

es justo y recto.

Hijos degenerados,

se portaron mal con él, generación malvada y pervertida.

¿Así le pagas al Señor,

pueblo necio e insensato?

¿no es él tu padre y tu creador,

el que te hizo y te constituyó?

Acuérdate de los días remotos,

considera las edades pretéritas,

pregunta a tu padre y te lo contará,

a tus ancianos y te lo dirán:

Cuando el Altísimo daba a cada pueblo su heredad,

y distribuía a los hijos de Adán,

trazando las fronteras de las naciones,

según el número de los hijos de Dios,

la porción del Señor fue su pueblo,

Jacob fue la parte de su heredad.

Lo encontró en una tierra desierta,

en una soledad poblada de aullidos:

lo rodeó cuidando de él,

lo guardó como a las niñas de sus ojos.

Como el águila incita a su nidada,

revolando sobre los polluelos,

así extendió sus alas, los tomó

y los llevó sobre sus plumas.

El Señor solo los condujo no hubo dioses extraños con él.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2. Yo doy la muerte y la vida, yo desgarro y yo curo. Aleluya.

Ant. 3. Coronaste de gloria y dignidad a tu Cristo. Aleluya.

Salmo 8

Señor, dueño nuestro,

¡qué admirable es tu nombre

en toda la tierra!

Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.

De la boca de los niños de pecho

has sacado una alabanza contra tus enemigos,

para reprimir al adversario y al rebelde.

Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos;

la luna y las estrellas que has creado,

¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él?

¿el ser humano, para darle poder?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,

lo coronaste de gloria y dignidad,

le diste el mando sobre las obras de tus manos,

todo lo sometiste bajo sus pies:

rebaños de ovejas y toros,

y hasta las bestias del campo,

las aves del cielo, los peces del mar,

que trazan sendas por las aguas.

Señor, dueño nuestro,

¡qué admirable es tu nombre,

Señor, en toda la tierra!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3. Coronaste de gloria y dignidad a tu Cristo. Aleluya.

LECTURA BREVE           Rm 14, 7-9

Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor, en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos.

RESPONSORIO BREVE

V. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

V. El que por nosotros colgó del madero.

R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Paz a vosotros, soy yo, aleluya, no temáis. Aleluya.

Cántico de Zacarías. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Paz a vosotros, soy yo, aleluya, no temáis. Aleluya.

PRECES

Oremos a Cristo, que nos ha manifestado la vida eterna, y digámosle confiados:

Que tu resurrección, Señor, nos haga crecer en gracia.

Pastor eterno, contempla con amor a tu pueblo que se levanta ahora del descanso,

— y aliméntalo durante este día con el pan de tu palabra y tu eucaristía.

No permitas que el lobo o el pastor asalariado hagan estrago en nosotros,

— sino haznos escuchar siempre tu voz de buen pastor.

Tú que cooperas siempre con los pregoneros de tu Evangelio y confirmas su palabra con tu gracia,

— haz que durante este día proclamemos tu resurrección con nuestras palabras y con nuestra vida.           

Sé tu mismo, Señor, nuestra alegría, la que nadie puede quitarnos,

— y haz que, alejados de toda tristeza, fruto del pecado, tengamos hambre de poseer tu vida eterna.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Con la confianza que nos da nuestra fe, acudamos ahora al Padre, diciendo, como nos enseñó Cristo:

 

Padre nuestro…

ORACIÓN

Señor Dios, que has concedido a tu obispo san Anselmo el don de investigar y enseñar las profundidades de tu sabiduría, haz que nuestra fe ayude de tal modo a nuestro entendimiento, que lleguen a ser dulces a nuestro corazón las cosas que nos mandas creer. Por nuestro Señor Jesucristo.

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.