Vísperas – 25 de abril

VÍSPERAS

MIÉRCOLES, III SEMANA DE PASCUA

 

Oración de la tarde

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

Voceros de Dios,

heraldos de amor,

apóstoles santos.

 

Locura de cruz,

de Dios es la luz,

apóstoles santos.

 

Mensaje del Rey,

de amor es la ley,

apóstoles santos.

 

De Cristo solaz,

sois cristos de paz,

apóstoles santos.

 

Sois piedra frontal

del reino final,

apóstoles santos. Amén.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Soy ministro del Evangelio por la gracia que Dios me dio. Aleluya.

 

Salmo 115

 

Tenía fe, aun cuando dije:

«¡Qué desgraciado soy!»

Yo decía en mi apuro:

«Los hombres son unos mentirosos.»

 

¿Cómo pagaré al Señor

todo el bien que me ha hecho?

Alzaré la copa de la salvación,

invocando su nombre.

Cumpliré al Señor mis votos

en presencia de todo el pueblo.

 

Vale mucho a los ojos del Señor

la vida de sus fieles.

Señor, yo soy tu siervo,

siervo tuyo, hijo de tu esclava:

rompiste mis cadenas.

 

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,

invocando tu nombre, Señor.

Cumpliré al Señor mis votos

en presencia de todo el pueblo,

en el atrio de la casa del Señor,

en medio de ti, Jerusalén.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 1. Soy ministro del Evangelio por la gracia que Dios me dio. Aleluya.

 

 

Ant. 2. Todo lo hago por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes. Aleluya.

 

Salmo 125

 

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,

nos parecía soñar:

la boca se nos llenaba de risas,

la lengua de cantares.

 

Hasta los gentiles decían:

«El Señor ha estado grande con ellos.»

El Señor ha estado grande con nosotros,

y estamos alegres.

 

Que el Señor cambie nuestra suerte

como los torrentes del Negueb.

Los que sembraban con lágrimas

cosechan entre cantares.

 

Al ir, iban llorando,

llevando la semilla;

al volver, vuelven cantando,

trayendo sus gavillas.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. Todo lo hago por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes. Aleluya.

 

 

Ant. 3. A mí se me ha dado esta gracia: anunciar a los gentiles la riqueza insondable que es Cristo. Aleluya.

 

Cántico: Ef 1, 3-10

 

Bendito sea Dios,

Padre de Nuestro Señor Jesucristo,

que nos ha bendecido en la persona de Cristo

con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

 

Él nos eligió en la persona de Cristo,

antes de crear el mundo,

para que fuésemos consagrados

e irreprochables ante él por el amor.

 

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,

por pura iniciativa suya,

a ser sus hijos,

para que la gloria de su gracia,

que tan generosamente nos ha concedido

en su querido Hijo,

redunde en alabanza suya.

 

Por este Hijo, por su sangre,

hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia

ha sido un derroche para con nosotros,

dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

 

Este es el plan

que había proyectado realizar por Cristo

cuando llegase el momento culminante:

hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,

las del cielo y las de la tierra.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. A mí se me ha dado esta gracia: anunciar a los gentiles la riqueza insondable que es Cristo. Aleluya.

 

 

LECTURA BREVE         Col 1, 3-6a

 

En nuestras oraciones damos siempre gracias por vosotros a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, desde que nos enteramos de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis a todos los santos. Os anima a esto la esperanza de lo que Dios os tiene reservado en los cielos, que ya conocisteis cuando llegó hasta vosotros por primera vez el Evangelio, la palabra, el mensaje de la verdad. Éste se sigue propagando y va dando fruto en el mundo entero.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Contad a los pueblos la gloria del Señor. Aleluya, aleluya.

R. Contad a los pueblos la gloria del Señor. Aleluya, aleluya.

 

V. Sus maravillas a todas las naciones.

R. Aleluya, aleluya.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Contad a los pueblos la gloria del Señor. Aleluya, aleluya.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. La palabra del Señor permanece para siempre. Y esa palabra es el Evangelio que os anunciamos. Aleluya.

 

Cántico de María. Lc 1, 46-55

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. La palabra del Señor permanece para siempre. Y esa palabra es el Evangelio que os anunciamos. Aleluya.

 

 

PRECES

 

Invoquemos a Dios, Padre de los astros, que nos ha llamado a la fe verdadera por medio del Evangelio de su Hijo, y oremos por su pueblo santo, diciendo:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.

 

Padre santo, que resucitaste de entre los muertos a tu Hijo, el gran pastor de las ovejas,

— haz que nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo.

 

Padre santo, que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Noticia a los pobres,

— haz que sepamos proclamar el Evangelio a todas las criaturas.

 

Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la palabra,

— danos también a nosotros sembrar tu semilla con nuestro trabajo, para que, alegres, demos fruto con nuestra perseverancia.

 

Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el mundo contigo,

— haz que también nosotros cooperemos a la reconciliación de los hombres.

 

Tú que has sentado a tu Hijo a tu derecha, en el cielo,

— admite a los difuntos en tu reino de felicidad.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Señor, Dios nuestro, que enalteciste a tu evangelista san Marcos con el ministerio de la predicación evangélica, concédenos aprovechar de tal modo sus enseñanzas que sigamos siempre fielmente las huellas de Cristo. Que vive y reina contigo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Jn 10, 11-18

* El discurso sobre el Buen Pastor se enmarca en el cuadro de la gran polémica que el evangelio de Juan reserva a Jesús frente a los dirigentes judíos. Un denominador común se halla en las acusaciones contra éstos: mientras que los dirigentes buscan sus propios intereses, destruyendo al pueblo, Jesús se presenta como quien entrega la vida para salvarlo. El contraste es radical: unos se buscan a sí mismos y pierden al pueblo; el Otro, se entrega y salva al pueblo y a los que incluso no pertenecen a él. Nada mejor para expresar esta vocación, que la proverbial imagen del pastor.

Las palabras de Jesús han sufrido el enriquecimiento y la elaboración de la densa teología joánica, pero podemos reconocer en su fondo la referencia que Jesús hizo a la categoría de pastor para expresar con ella su talante de acogida y solidaridad salvífica para con el pueblo: los pobres y los ricos, los pecadores y los piadosos, desheredados y agraciados, todos ellos amados de Dios, y miembros sin desigual de una misma familia.

* “Yo soy el Buen Pastor”. La construcción griega es de excelencia, no hay otro fuera de él. El término kalós significa “bello” en sentido de ideal o modelo de perfección, al igual que el vino mesiánico de Caná era un vino kalós (noble); por ello hay que entender al Buen Pastor como “el excelente”, el modelo… a seguir.

La calidad de un pastor así reside en su cualidad de dar la vida. En contraste con Marcos (10,45), la profunda y madura teología de Juan usa un verbo que supera el mero acto de “dar”: “se desprende de la vida en favor (uper) de las ovejas”. Despojarse de la vida es una expresión inusual en el griego popular, por lo que parece Juan usaría giros lingüísticos de origen arameo. Y cuando nos acercamos al mundo semita que esconde el Nuevo Testamento, nos hallamos en las fuentes mismas de la originalidad cristiana.

* No se puede pasar por alto el círculo de relaciones que se describen entre el Padre, Jesús y las ovejas. Por medio de los verbos de sabor tan juaneo, “conocer” y “amar”, que expresan la íntima comunión interpersonal de Dios con Jesús, resulta que las ovejas se ven incluidas en la intimidad existente entre el Dueño del rebaño y el Pastor.

Las solemnes afirmaciones cristológicas del final descubren que el título de Pastor que recibía Dios en el Antiguo Testamento (Sal 23:1) se ve trasladado a la persona de Jesús. En la nueva economía, Jesús será el protector y guía salvífico de un pueblo que ve ensanchadas sus fronteras y aumentado el número de sus miembros. El Dios-pastor de Israel se presenta ahora en Jesús con unas pretensiones mayores en cuanto al objeto de su pastoreo, pues todos los hombres toman parte de su rebaño, y con un talante pastoril tanto más superior cuanto está dispuesto a desprenderse de la vida en favor de todos los hombres. Tanto amor al rebaño no puede llevar sino a la identificación con él; no en vano llegará a ofrecerse como Cordero en sacrificio… ¡es la suerte de un pastor tan noble y excelente: convertir el cayado en patíbulo!

Comentario al evangelio de hoy (25 de abril)

La letra de una de las canciones de la ópera rock “Jesucristo Superstar” dice: “Siempre deseé ser un apóstol / y contar al mundo mi verdad. /Escribirla en los Evangelios / para así pasar a la posteridad.” Hoy celebramos la fiesta de san Marcos. Según la tradición, él fue el escritor del evangelio que se conoce por su nombre. Dice la tradición también que fue uno de los acompañantes fieles de Pedro, que le ayudaba en las catequesis y que su evangelio, de alguna manera, no es más que la puesta en escrito de la predicación oral de Pedro.

Pero lo que es seguro es que Marcos o el que escribiera el Evangelio no lo hizo para pasar a la posteridad. Su objetivo no fue hacerse él grande (por eso no es especialmente importante si lo escribió él u otro) sino dar testimonio de Jesús. Su objetivo fue llevar a todo el mundo, a todos, la buena nueva de Jesús. Así lo pone en boca del mismo Jesús, resumiendo lo más central de su mensaje: “Se ha cumplido el plazo, ya llega el Reino de Dios. Convertíos y creed la buena noticia.”

A partir de ese mensaje inicial, tan increíblemente lleno de fuerza y potenciador de la esperanza de sus lectores /oyentes, el autor del evangelio va presentando la historia de Jesús intercalando sus enseñanzas. Todo para llegar al momento final, la entrega definitiva, la Pascua de Muerte y Vida que es el culmen del Evangelio y de la misma enseñanza de Jesús. Porque todo lo dicho se refrenda con la entrega confiada de su vida al Padre cuando los hombres se la quitan. Así la buena nueva del reinado de Dios se hace carne y sangre de nuestra misma historia y nos abre a una nueva esperanza: la resurrección. La buena nueva de Jesús rompe con este laberinto de muerte, dolor y violencia en el que estamos encerrados para abrirnos a la esperanza en el Dios de la Vida. Jesús es su testigo.

Seguro que Marcos no escribió el evangelio para hacerse famoso. Tampoco lo pretendió ninguno de los apóstoles. Ellos vivieron deslumbrados por la presencia de aquel Jesús. Aún sin entenderle del todo, veían en él algo diferente, algo por lo que valía la pena dejarlo todo y seguirle. La Buena Nueva tenía una fuerza de atracción mayor que la de mil planetas y constelaciones juntas. Lo dejaron todo y lo siguieron. Y cuando llegó el momento no pensaron más que en compartir ese mensaje con todos los que les rodeaban y en llevarlo hasta los más lejanos extremos del planeta. Eran portadores de una buena nueva, de la esperanza, no de amenazas de castigos eternos ni de cataclismos planetarios.

Es tiempo de tomar nosotros la antorcha de la fe, de hacernos portadores de la buena nueva y de la esperanza. Como Marcos, como tantos y tantas desde hace dos mil años.

Fernando Torres Pérez, cmf

Miércoles III Semana de Pascua

Hoy es 25 de abril, miércoles de la III semana de Pascua.

Cada día nos disponemos al encuentro con el Dios de Jesús. Respirando hondo, dejando que el aire del Espíritu entre hasta lo más profundo e inunde nuestro propio espacio, temporal, físico y espiritual. Deseamos ese abrazo transformante, que desde dentro, y desde fuera, nos abre al misterio. Aquí estoy Señor, quiero sentarme a tu lado, ¿puedo? Claro que puedo. Tú lo deseas tanto o más que yo. Y ahí estás esperándome.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 16, 15-20):

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.»

Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

¿He pensado alguna vez que el Señor me quiere Buena Noticia para los demás? Y sorprendentemente no tengo nada que hacer para ello. ¿Soy capaz de creerlo?

Algo tan sencillo como esto se encuentra tras la invitación y mandato de Jesús. Id al mundo entero y proclamad el evangelio a toda la creación. Sólo tengo que creer, confiar, y dejarme hacer por su misericordia. Fijar los ojos en él para mirar donde él mira y aprender a mirar como él. Todo lo  demás vendrá por añadidura. A él le corresponde actuar, a mí quitar estorbos y dejarme disponer por él.

Vuelve a leer estas palabras de Jesús que hoy se dirigen a ti personalmente. Y a todos los buscadores de Dios. Deja brotar el agradecimiento resucitado al reconocer todo lo que Dios hace en ti y a través de ti. Eres Buena Noticia. El abrazo del Dios de Jesús te transforma en Buena Noticia para los otros. Y así eres capaz de llegar a toda la creación.

Hazte consciente de nuevo de dónde y con quién estás. Jesús se sienta a la derecha de Dios. Y tú le acompañas. Es un lugar privilegiado. Ahí Dios saca lo mejor de ti. Te convierte en evangelio vivo. Háblale de tus sentimientos y emociones en este rato. Pídele que aumente tu fe para ver que eres Buena Noticia, porque así lo quiere Dios.

Termina en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu, sintiéndote abrazado por los tres.

Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Laudes – 25 de abril

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LITURGIA DE LAS HORAS

MIÉRCOLES, III SEMANA DE PASCUA

SAN MARCOS EVANGELISTA

 

25 de abril

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Venid aclamemos al Señor, que nos habla por medio del Evangelio. Aleluya.

Salmo 94

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Vosotros que escuchasteis la llamada

de vida voz que Cristo os dirigía,

abrid nuestro vivir y nuestra alma

al mensaje de amor que él nos envía.

Vosotros que invitados al banquete

gustasteis el sabor del nuevo vino,

llenad el vaso, del amor que ofrece,

al sediento de Dios en su camino.

Vosotros que tuvisteis tan gran suerte

de verle dar a muertos nueva vida,

no dejéis que el pecado y que la muerte

nos priven de la vida recibida.

Vosotros que lo visteis ya glorioso,

hecho Señor de gloria sempiterna,

haced que nuestro amor conozca el gozo

de vivir junto a él la vida eterna. Amén.

 

SALMODIA

Ant. 1. Los santos evangelistas indagaron la sabiduría de sus predecesores y confirmaron su relato con oráculos de los profetas. Aleluya.

Salmo 62

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,

mi alma está sedienta de ti;

mi carne tiene ansia de ti,

como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario

viendo tu fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida,

te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré

y alzaré las manos invocándote.

Me saciaré de manjares exquisitos,

y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti

y velando medito en ti,

porque fuiste mi auxilio,

y a la sombra de tus alas canto con júbilo;

mi alma está unida a ti,

y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1. Los santos evangelistas indagaron la sabiduría de sus predecesores y confirmaron su relato con oráculos de los profetas. Aleluya.

 

 

Ant. 2. Por la fe en la verdad, Dios nos llamó por medio del Evangelio, para que sea nuestra la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Aleluya.

Cántico: Dn 3, 57-88. 56

Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;

cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;

ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;

astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;

vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;

fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;

témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;

noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;

rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,

ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;

cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;

mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;

aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;

bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;

siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;

santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,

ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,

alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

No se dice Gloria al Padre.

Ant. 2. Por la fe en la verdad, Dios nos llamó por medio del Evangelio, para que sea nuestra la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Aleluya.

Ant. 3.  Muchos alabarán su inteligencia, que no perecerá jamás. Aleluya.

Salmo 149

Cantad al Señor un cántico nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;

que se alegre Israel por su Creador,

los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,

cantadle con tambores y cítaras;

porque el Señor ama a su pueblo

y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria

y canten jubilosos en filas:

con vítores a Dios en la boca

y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos

y aplicar el castigo a las naciones,

sujetando a los reyes con argollas,

a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada

es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3.  Muchos alabarán su inteligencia, que no perecerá jamás. Aleluya.

LECTURA BREVE         1Co 15, 1-2a. 3-4

Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando. Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras.

RESPONSORIO BREVE

V. Contaron las alabanzas del Señor y su poder. Aleluya, aleluya.

R. Contaron las alabanzas del Señor y su poder. Aleluya, aleluya.

V. Y las maravillas que realizó.

R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Contaron las alabanzas del Señor y su poder. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. La gracia de Cristo ha constituido, a unos, evangelistas y, a otros, doctores, y los ha enviado al pueblo creyente como ministros de la fe. Aleluya.

Cántico de Zacarías: Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. La gracia de Cristo ha constituido, a unos, evangelistas y, a otros, doctores, y los ha enviado al pueblo creyente como ministros de la fe. Aleluya.

PRECES

Invoquemos a nuestro Salvador, que, al destruir la muerte, iluminó la vida por medio del Evangelio, y digámosle humildemente:

Confirma a tu Iglesia en al fe y en la caridad.

Tú que, por medio de doctores santos y eximios, has hecho resplandecer de modo admirable a tu Iglesia,

— haz que los cristianos se alegren siempre de ese resplandor.

Tú que, cuando los santos pastores te suplicaban, como Moisés, perdonaste los pecados del pueblo,

— santifica, por su intercesión, a tu Iglesia con una purificación continua.

Tú que, en medio de los fieles, consagraste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los dirigiste,

— llena del Espíritu Santo a todos los que rigen a tu pueblo.

Tú que fuiste el lote y la heredad de los santos pastores,

— no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre esté alejado de ti.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Ya que deseamos que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres, pidamos al Padre que a todos llegue el reino de su Hijo:

 

Padre nuestro…

ORACIÓN

Señor, Dios nuestro, que enalteciste a tu evangelista san Marcos con el ministerio de la predicación evangélica, concédenos aprovechar de tal modo sus enseñanzas que sigamos siempre fielmente las huellas de Cristo. Que vive y reina contigo.

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.