Vísperas – 26 de abril

VÍSPERAS

MIÉRCOLES, III SEMANA DE PASCUA

 

Oración de la tarde

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

Padre y maestro espiritual, pastor

de la mirada que penetra en Dios,

salva mi mente en tu hontanar de luz.

 

Padre de España, fortifícame

en la sabiduría del Señor;

dame la ciencia de la eternidad.

 

Abre, Isidoro, la prisión mortal

de las tinieblas; resucítame

en el deslumbramiento del amor.

 

Hazme palabra y resplandor en ti;

salva mi lengua y mi ceguera en ti;

hazme vivir y comprender en Dios.

 

Por Jesucristo, que reposa en ti,

enarbolado en Sacramento: Dios,

pan y alegría de mi juventud. Amén.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. En caso de que alguno de vosotros se vea falto de sabiduría, que se la pida a Dios, que da generosamente. Aleluya.

 

Salmo 14

 

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda

y habitar en tu monte santo?

 

El que procede honradamente

y practica la justicia,

el que tiene intenciones leales

y no calumnia con su lengua,

 

el que no hace mal a su prójimo

ni difama al vecino,

el que considera despreciable al impío

y honra a los que temen al Señor,

 

el que no retracta lo que juró

aun en daño propio,

el que no presta dinero a usura

ni acepta soborno contra el inocente.

 

El que así obra nunca fallará.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. En caso de que alguno de vosotros se vea falto de sabiduría, que se la pida a Dios, que da generosamente. Aleluya.

 

 

Ant. 2. Mi señor es prudente como el ángel de Dios, y sabe todo cuanto sucede en la tierra. Aleluya.

 

Salmo 111

 

Dichoso quien teme al Señor

y ama de corazón sus mandatos.

Su linaje será poderoso en la tierra,

la descendencia del justo será bendita.

 

En su casa habrá riquezas y abundancia,

su caridad es constante, sin falta.

En las tinieblas brilla como una luz

el que es justo, clemente y compasivo.

 

Dichoso el que se apiada y presta,

y administra rectamente sus asuntos.

El justo jamás vacilará,

su recuerdo será perpetuo.

 

No temerá las malas noticias,

su corazón está firme en el Señor.

Su corazón está seguro, sin temor,

hasta que vea derrotados a sus enemigos.

 

Reparte limosna a los pobres;

su caridad es constante, sin falta,

y alzará la frente con dignidad.

 

El malvado, al verlo, se irritará,

rechinará los dientes hasta consumirse.

La ambición del malvado fracasará.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 2. Mi señor es prudente como el ángel de Dios, y sabe todo cuanto sucede en la tierra. Aleluya.

 

 

Ant. 3. Los pueblos proclaman su sabiduría, y la asamblea pregona su alabanza. Aleluya.

 

Cántico: Ap 15, 3-4

 

Grandes y maravillosas son tus obras,

Señor, Dios omnipotente,

justos y verdaderos tus caminos,

¡oh Rey de los siglos!

 

¿Quién no temerá, Señor,

y glorificará tu nombre?

Porque tú solo eres santo,

porque vendrán todas las naciones

y se postrarán en tu acatamiento,

porque tus juicios se hicieron manifiestos.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. Los pueblos proclaman su sabiduría, y la asamblea pregona su alabanza. Aleluya.

 

 

LECTURA BREVE           St 3, 17-18

 

La sabiduría viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. La asamblea le da la palabra. Aleluya, aleluya.

R. La asamblea le da la palabra. Aleluya, aleluya.

 

V. Lo llena de espíritu, sabiduría e inteligencia.

R. Aleluya, aleluya.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. La asamblea le da la palabra. Aleluya, aleluya.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. El Señor dio a Isidoro sabiduría y ciencia y el poder de discernir, y le reveló honduras y secretos. Aleluya.

 

Cántico de María. Lc 1, 46-55

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. El Señor dio a Isidoro sabiduría y ciencia y el poder de discernir, y le reveló honduras y secretos. Aleluya.

 

 

PRECES

 

Glorifiquemos a Cristo, enviado a los hombres como luz del mundo, y supliquémosle, diciendo:

Ilumina a tu pueblo, Señor.

 

Tú que por medio de san Isidoro iluminaste a la iglesia de España,

— haz que los cristianos de nuestra patria resplandezcan por su virtud.

 

Tú que por medio de san Isidoro nos has llamado a vivir de una manera digna, buscando siempre tu beneplácito,

— ayúdanos a dar fruto de buenas obras.

 

Tú que llenaste de espíritu de sabiduría e inteligencia a san Isidoro,

— haz que los hombres de ciencia, exploradores del universo y de la historia, caminen hacia la verdad, hasta llegar a ti.

 

Tú que fuiste el lote y la heredad de san Isidoro,

— no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre esté alejado de ti

 

Tú que hiciste de san Isidoro ministro de reconciliación,

— perdona a los pecadores sus delitos y admite a los difuntos en tu reino, para que puedan contemplar tu rostro.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Señor, Dios todopoderoso, tú elegiste a san Isidoro, obispo y doctor de la Iglesia, para que fuese testimonio y fuente del humano saber; concédenos, por su intercesión, una búsqueda atenta y una aceptación generosa de tu eterna verdad. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Domingo IV de Pascua – Ciclo B

1. Poder y autoridad

En los grupos y sociedades que se constituyen y organizan libremente, se marcan objetivos, se dan normas y medios para alcanzarlos y perdurar en el tiempo. Al frente se coloca un jefe, director o presidente, y se le otorgan unos poderes. No es raro escuchar a los elegidos o designados, afirmar, en los discursos de toma de posesión, que asumen el poder para “servir”, para servir a todos, o incluso para estar al servicio de los más desfavorecidos; no está mal como declaración de intenciones.

No siempre las personas elegidas tienen el carisma o la autoridad necesaria para liderar a la comunidad. La tentación es abusar

del poder, o convertirse en funcionario, o aprovecharse del cargo para medrar y enriquecerse. La comunidad humana o eclesial siempre estará necesitada de personas que le sirvan y ayuden, que la alienten y animen; lo que no es tan claro es que necesiten jefes que las dominen.

– En el tiempo pascual contemplamos los primeros pasos de la iglesia naciente. Los discípulos han experimentado en comunidad que Jesús vive, y han recibido la misión: “sois mis testigos”. Pero él no estará presente físicamente. Como todo grupo humano tendrán que organizarse, distribuir funciones, establecer criterios y normas de acción, sabiendo que son los otros, no ellos, el polo de referencia de la misión.

Jesús quiere definir la función y el modo de ejercer la autoridad en la iglesia. En una ocasión, justo en el momento en que acababa de anunciar su muerte, “se suscitó una discusión -entre los discípulos- sobre quién de ellos sería el mayor” (Lc 9,46). A la petición de dos de ellos -con indignación de los demás- de ocupar en el reino los puestos de máximo poder, “sentarse a su derecha y a su izquierda”, Jesús hace un diagnóstico certero y deja bien clara la misión: “Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el quiera ser grande entre vosotros será vuestro servidor… de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y dar su vida como rescate por muchos” (Mt 20,25-28).

2. Pastor

La mayoría de los pueblos del Próximo Oriente se dedica a la crianza y al pastoreo del ganado y conocen bien la profesión del pastor; requiere valor, dedicación, vigilancia y celo en el cuidado del rebaño. Teniendo en cuenta estas cualidades, la imagen del pastor ha servido para ilustrar la función de deidades y personajes importantes que están al frente de una colectividad. La literatura griega y egipcia otorgaban el atributo de “buen pastor” a los reyes y a las deidades. Amón, dios de la ciudad de Tebas, es el “buen pastor”; en el A.T. Dios es quien reúne y custodia “como un pastor el rebaño desvalido”. El profeta Isaías dirá que “en su pradera serán apacentados los primogénitos de los pobres, y los menesterosos se acostarán seguramente” (Is 14-30). En los salmos y los textos proféticos se ha preparado adecuadamente el camino para la definición que ofrece Jesús de sí mismo cuando dice que es “el buen pastor que da la vida por sus ovejas”.

En un contexto de confrontación y polémica con los fariseos y quienes se consideraban “pastores de Israel” Jesús recurre a la imagen del pastor, tan familiar en la tradición y cercana en la experiencia cotidiana del pueblo. En el capítulo anterior, el evangelio de Juan nos narra la escena de la curación del ciego de nacimiento y su enfrentamiento y discusión con los fariseos, que, ante la impertinencia del ciego, “le expulsaron”,le echaron fuera. Jesús, en cambio, aparece ahora en la alegoría como el buen pastor que “tiene otras ovejas que no están en el redil”; “también a éstas tengo que atraerlas para que escuchen mi voz”.

“Ellos no comprendieron lo que les hablaba” (Jn 10,6). Por eso, les dijo de nuevo: “Yo soy el buen pastor”. Como trasfondo la profecía de Ez 34 en que se critica a los pastores de Israel y se les comunica que Dios mismo sería el pastor de su pueblo: “Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel, profetiza… ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos!” (v.2); “No habéis fortalecido a las ovejas débiles, no habéis cuidado a las enfermas, ni curado a la que estaba herida. No habéis tornado a la descarriada, ni buscado a la perdida sino que las habéis dominado con violencia y dureza” (v.4); “Pastores, escuchad…” (vv 7.9). “Yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por él (v.11). “Yo suscitaré un solo pastor que las apacentará, mi siervo David” (v.23). Yo soy el pastor bueno. En Jesús se cumple esa promesa.

El recuerdo de la imagen es una seria advertencia no sólo a los que entonces se consideraban pastores sino a quienes en adelante van a estar al servicio de las comunidades, llamados “pastores”.

Jesús asume el término pero lo aclara y corrige con tres características:

– “Yo soy”, asumiendo la cualidad de protector y guía salvífico que era Yahvé (“El Señor es mi pastor”) y encarnando la figura del mesías-pastor de Ezequiel “Yo mismo apacentaré a mis ovejas” que finalmente se entrega por ellas.

– “Yo soy el buen pastor”, porque “doy mi vida por las ovejas”. “Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente”; tengo libertad para entregarla y poder para recuperarla de nuevo. Dar la vida gratuitamente y dar vida, porque para esto he venido, éste es el mandato que he recibido de mi Padre”; entregarse, desvivirse y poner en juego la vida.

– “Yo soy el buen pastor”, porque “conozco a las mías, y las mías me conocen”. Se trata del conocer “por comunión”: “igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre”.

3. Ocúpate de mis hermanos

En realidad todos estamos llamados a ser “pastores” que se ocupan de los hermanos. Pero no valen etiquetas si no llevan el sello de garantía del único buen pastor. Para que no quede duda Jesús lo contrapone al pastor asalariado que trabaja por la retribución que percibe. En la alegoría el término de la comparación no es pastor/ovejas sino pastor bueno/pastor asalariado.

La función de pastor, hacerse responsable de los otros, ha sido sugestiva y ha tenido éxito en el campo de acción de la Iglesia. Ser pastores, hacer “pastoral” y programar acciones pastorales en todos los sectores posibles.

– La comparación entre el pastor bueno y el asalariado toca el mundo de nuestras intenciones, de los intereses más hondos que nos mueven en la vida. Jesús señala que el pastor que es asalariado trabaja únicamente por la paga y no le preocupan las ovejas. No se siente vinculado a ellas. Sólo le interesan en la medida en que le benefician.

Nosotros, ¿nos movemos también por la “paga”?, ¿queremos ser asalariados o queremos ser hijos? Creo que sí esperamos cobrar algo; cada uno sabe por qué se anda vendiendo. Nos hace bien poner nombre a esto y sentir cierto descontento; eso quiere decir que el Señor tira de nuestra vida hacia el otro lado, que no nos quiere trabajando a jornal, sino que nos quiere con la iniciativa y la disposición de los hijos, preocupados por lo del Padre, interesados por lo que le interesa; afectados por la vida de aquellos hermanos que no pueden tenerla.

Él sabe quiénes somos. Necesitamos buenos pastores; podemos serlo siguiendo los pasos del único buen pastor.

La alegoría del Buen Pastor, es una verdadera síntesis del misterio de la salvación. En ella descubrimos el verdadero amor que el Padre nos tiene, cuando contemplamos a Jesús, el buen pastor, que nos conoce, nos valora y entrega su vida por nosotros.

– ¿Me ocupo y preocupo de los otros? ¿Qué función desempeño en la iglesia, en la sociedad? ¿Se trata realmente de un servicio?

– ¿Qué significa hoy para mí escuchar a Jesús diciendo: Yo soy el buen pastor?

– ¿Cuál debiera ser la misión de los “pastores”?

J. Francisco Herrero

Comentario al evangelio de hoy (26 de abril)

En un día como éste creo que debemos hace un homenaje a todos los catequistas, ellos y ellas –tengo la impresión de que son más ellas que ellos– que se dedican a acompañar a los que son nuevos en la fe. Digo expresamente acompañar porque no se trata de enseñar ni de educar. Por esos caminos la persona tiene que llegar sola a encontrarse con la experiencia de Dios, con Jesús vivo, y dejar que la esperanza y el gozo de la fe llenen su corazón.

Todo esto viene porque la primera lectura, como siempre en la pascua de los Hechos de los apóstoles nos trae aquella historia del diácono Felipe. Había tenido que salir de Jerusalén por la persecución de los judíos. Se dirigió al sur. Camino de Gaza. Allí le alcanzó un extranjero, un etíope, que iba en su carroza. Comenzaron a hablar. Podemos suponer que comenzarían hablando del tiempo, de cosas banales. Pero Felipe se dejaba guiar por el Espíritu y era éste el que le había indicado que se acercase a aquel personaje, que iba leyendo un libro del profeta Isaías. Enseguida intervino: “¿Entiendes lo que lees?”

La respuesta del eunuco deberíamos reproducirla en carteles, en estampas, en muchos sitios porque nos recuerda a los seguidores de Jesús nuestra misión de evangelizar siempre y en todo tiempo: “¿Cómo voy a entenderlo si nadie me guía?”
Hoy sigue siendo necesaria esa función de los que guían, de los que acompañan y van descubriendo juntos el camino. Los catequistas son hermanos mayores que llevan de la mano pero sin imponer. Acompañan, explicando, iluminando, mostrando. Van haciendo el mismo camino, se saben igual de limitados que sus “guiados”. Se gozan en su servicio.

Pero siempre han de ser conscientes –estoy seguro de que ya lo son– de que ellos no son los protagonistas de la historia. El “guiado” no tiene que tener como finalidad seguir al “guiador” sino encontrarse con Jesús. Al final tendrá que hacer su propio camino para dar el último paso. Y ahí deberá caminar solo.

El etíope al final pidió el bautismo. Creía que Jesús es el Hijo de Dios. Fue el final de un proceso pero el comienzo de otra historia, la del etíope con Jesús. Quizás otros hagan otros procesos. Quizá no siempre terminen todos necesariamente en el bautismo. Los caminos de Dios son misteriosos y él sabe como hacerse el encontradizo con cada persona.

Pero siempre harán falta “guiadores” que se dejen llevar por el Espíritu y que acompañen a otros, que les comuniquen su esperanza, que den testimonio de su fe. Por eso, porque hay muchos de esos en nuestra Iglesia, hoy quiero dar gracias a Dios. Sobre todo por tantos que lo hacen de forma anónima, sin darse importancia, sin títulos, en la sencillez de tantas y tantas parroquias, colegios, etc. a lo largo y ancho de todo el mundo.

Fernando Torres Pérez, cmf

Jueves III Semana de Pascua

Hoy es 26 de abril, jueves de la III semana de Pascua.

Este jueves quiero encontrarme contigo, Señor. Tú me conoces y sabes cuántas veces me fatigo por causas que quitan vida y restan ánimo. Cuando me encuentro contigo, todo cambia. Siento tu paz  y tu misericordia, que son bálsamo para las heridas. Hoy siento que tú me llamas a remansarme en tus brazos. A acoger tu palabra y abrir mi interior para que aprenda a amar más allá de mis límites. Señor, quiero estar contigo.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 6, 44-51):

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios.” Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Creer en Jesús no es tan fácil. Al menos creer hasta las últimas consecuencias. Jesús notó esas resistencias en los discípulos. Y en mucha gente que le seguía con inquietud. En el evangelio, Jesús me invita a responder desde mi interior. Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre. ¿Qué me atrae de tu vida y de tu palabra, Jesús? ¿Qué me mueve a creer en ti?

Desde la sinceridad de mi existencia reconozco y vivo situaciones donde no penetra con facilidad tu evangelio. Hoy te las quiero presentar para que tú me enseñes un modo diferente de vivir.

Quizás quiera pedir por algún niño o para algún difunto esa vida eterna que promete el Señor. O pido por mí porque reconozco zonas de mi vida muertas, sin vitalidad y sin esperanza.

Leo de nuevo el evangelio, como si me encontrara en la sinagoga de Cafarnaúm. Como un discípulo más entre la gente. Jesús me dice: yo soy el pan de vida. ¿Qué resonancias tiene en mí esta palabra?

Me despido de ti Jesús. Quisiera siempre comer de tu pan, vivir tu vida. Sé que tú nunca me dejas a solas. Y eso me da una profunda confianza y agradecimiento.

Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Laudes – 26 de abril

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LITURGIA DE LAS HORAS

JUEVES, III SEMANA DE PASCUA

SAN ISIDORO, OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA

 

26 de abril

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Venid adoremos al Dios de toda sabiduría, al Señor de toda verdad. Aleluya.

Salmo 94

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Padre y maestro espiritual, pastor

de la mirada que penetra en Dios,

salva mi mente en tu hontanar de luz.

Padre de España, fortifícame

en la sabiduría del Señor;

dame la ciencia de la eternidad.

Abre, Isidoro, la prisión mortal

de las tinieblas; resucítame

en el deslumbramiento del amor.

Hazme palabra y resplandor en ti;

salva mi lengua y mi ceguera en ti;

hazme vivir y comprender en Dios.

Por Jesucristo, que reposa en ti,

enarbolado en Sacramento: Dios,

pan y alegría de mi juventud. Amén.

 

SALMODIA

Ant. 1. La plenitud de la sabiduría es temer al Señor. Aleluya.

Salmo 62

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,

mi alma está sedienta de ti;

mi carne tiene ansia de ti,

como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario

viendo tu fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida,

te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré

y alzaré las manos invocándote.

Me saciaré de manjares exquisitos,

y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti

y velando medito en ti,

porque fuiste mi auxilio,

y a la sombra de tus alas canto con júbilo;

mi alma está unida a ti,

y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1. La plenitud de la sabiduría es temer al Señor. Aleluya.

 

 

Ant. 2. No has pedido riquezas, ni bienes, sino sabiduría e inteligencia. Aleluya.

Cántico: Dn 3, 57-88. 56

Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;

cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;

ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;

astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;

vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;

fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;

témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;

noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;

rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,

ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;

cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;

mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;

aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;

bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;

siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;

santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,

ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,

alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

No se dice Gloria al Padre.

Ant. 2. No has pedido riquezas, ni bienes, sino sabiduría e inteligencia. Aleluya.

Ant. 3.  Dios concedió al hombre inteligencia para que se gloríe y no cese su actividad. Aleluya.

Salmo 149

Cantad al Señor un cántico nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;

que se alegre Israel por su Creador,

los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,

cantadle con tambores y cítaras;

porque el Señor ama a su pueblo

y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria

y canten jubilosos en filas:

con vítores a Dios en la boca

y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos

y aplicar el castigo a las naciones,

sujetando a los reyes con argollas,

a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada

es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3.  Dios concedió al hombre inteligencia para que se gloríe y no cese su actividad. Aleluya.

LECTURA BREVE           Si 47, 14-17

¡Qué sabio eras en tu juventud, rebosando doctrina como el Nilo! Tu saber llenaba la tierra, cubriéndola con cánticos sublimes; tu fama llegaba hasta las costas, que deseaban escucharte. De tus cantos, proverbios, enigmas y sentencias los pueblos quedaban pasmados.

RESPONSORIO BREVE

V. Labios sacerdotales han de guardar el saber. Aleluya, aleluya.

R. Labios sacerdotales han de guardar el saber. Aleluya, aleluya.

V. Y en su boca se busca la doctrina.

R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Labios sacerdotales han de guardar el saber. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Dios le concedió una sabiduría e inteligencia extraordinarias, y una mente abierta como las playas junto al mar. Aleluya.

Cántico de Zacarías: Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dios le concedió una sabiduría e inteligencia extraordinarias, y una mente abierta como las playas junto al mar. Aleluya.

PRECES

Aclamemos a Cristo, Palabra de Dios y Verdad eterna, que reveló a Isidoro los arcanos del saber, y supliquémosle, diciendo:

Luz de luz, ilumínanos.

Señor Jesucristo, que a través de san Isidoro fuiste el único pastor de tu pueblo,

— no dejes de guiarnos siempre por medio de su doctrina.

Señor Jesucristo, que por medio de los santos pastores sigues iluminando a tu pueblo con tu sabiduría divina,

— no permitas que falten nunca pastores que nos enseñen el conocimiento de la verdad.

Señor Jesucristo, que por medio de san Isidoro hiciste crecer a tu Iglesia en la ciencia de los santos,

— haz que avancemos siempre por las sendas de la santidad.

Señor Jesús, reflejo de la gloria del Padre e impronta de su ser,

— haz que un día contemplemos la claridad de tu gloria.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Ya que deseamos que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres, pidamos al Padre que a todos llegue el reino de su Hijo:

 

Padre nuestro…

ORACIÓN

Señor, Dios todopoderoso, tú elegiste a san Isidoro, obispo y doctor de la Iglesia, para que fuese testimonio y fuente del humano saber; concédenos, por su intercesión, una búsqueda atenta y una aceptación generosa de tu eterna verdad. Por nuestro Señor Jesucristo.

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.