Vísperas – 30 de abril

VÍSPERAS

LUNES, IV SEMANA DE PASCUA

 

Oración de la tarde

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

 

HIMNO

 

Quédate con nosotros,

la tarde está cayendo; quédate.

 

¿Cómo te encontraremos al declinar el día,

si tu camino no es nuestro camino?

Detente con nosotros; la mesa está servida,

caliente el pan, y envejecido el vino.

 

¿Cómo sabremos que eres

un hombre entre los hombres

si no compartes nuestra mesa humilde?

Repártenos tu Cuerpo,

y el gozo irá alejando

la oscuridad que pesa sobre el hombre.

 

Vimos romper el día

sobre tu hermoso rostro

y al sol abrirse paso por tu frente.

Que el viento de la noche

no apague el fuego vivo

que nos dejó tu paso en la mañana.

 

Arroja en nuestras manos,

tendidas en tu busca,

las aguas encendidas del Espíritu;

Y limpia, en lo más hondo

del corazón del hombre

tu imagen empañada por la culpa.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. El que es de Cristo es una criatura nueva. Aleluya.

 

Salmo 135 (I)

 

Dad gracias al Señor porque es bueno:

porque es eterna su misericordia.

 

Dad gracias al Dios de los dioses:

porque es eterna su misericordia.

 

Dad gracias al Señor de los señores:

porque es eterna su misericordia.

 

Sólo él hizo grandes maravillas:

porque es eterna su misericordia.

 

Él hizo sabiamente los cielos:

porque es eterna su misericordia.

 

El afianzó sobre las aguas la tierra:

porque es eterna su misericordia.

 

Él hizo lumbreras gigantes:

porque es eterna su misericordia.

 

El sol que gobierna el día:

porque es eterna su misericordia.

 

La luna que gobierna la noche:

porque es eterna su misericordia.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. El que es de Cristo es una criatura nueva. Aleluya.

 

 

Ant. 2. Amemos a Dios, porque él nos amó primero. Aleluya.

 

Salmo 135 (II)

 

El hirió a Egipto en sus primogénitos:

porque es eterna su misericordia.

 

Y sacó a Israel de aquel país:

porque es eterna su misericordia.

 

Con mano poderosa, con brazo extendido:

porque es eterna su misericordia.

 

Él dividió en dos partes el mar Rojo:

porque es eterna su misericordia.

 

Y condujo por en medio a Israel:

porque es eterna su misericordia.

 

Arrojó en el mar Rojo al Faraón:

porque es eterna su misericordia.

 

Guió por el desierto a su pueblo:

porque es eterna su misericordia.

 

Él hirió a reyes famosos:

porque es eterna su misericordia.

 

Dio muerte a reyes poderosos:

porque es eterna su misericordia.

 

A Sijón, rey de los amorreos:

porque es eterna su misericordia.

 

Y a Hog, rey de Basán:

porque es eterna su misericordia.

 

Les dio su tierra en heredad:

porque es eterna su misericordia.

 

En heredad a Israel, su siervo:

porque es eterna su misericordia.

 

En nuestra humillación se acordó de nosotros:

porque es eterna su misericordia.

 

Y nos libró de nuestros opresores:

porque es eterna su misericordia.

 

Él da alimento a todo viviente:

porque es eterna su misericordia.

 

Dad gracias al Dios del cielo:

porque es eterna su misericordia.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. Amemos a Dios, porque él nos amó primero. Aleluya.

 

 

Ant. 3. Amemos a Dios, porque él nos amó primero. Aleluya.

 

Cántico: Ef 1, 3-10

 

Bendito sea Dios,

Padre de Nuestro Señor Jesucristo,

que nos ha bendecido en la persona de Cristo

con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

 

Él nos eligió en la persona de Cristo,

antes de crear el mundo,

para que fuésemos consagrados

e irreprochables ante él por el amor.

 

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,

por pura iniciativa suya,

a ser sus hijos,

para que la gloria de su gracia,

que tan generosamente nos ha concedido

en su querido Hijo,

redunde en alabanza suya.

 

Por este Hijo, por su sangre,

hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia

ha sido un derroche para con nosotros,

dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

 

Este es el plan

que había proyectado realizar por Cristo

cuando llegase el momento culminante:

hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,

las del cielo y las de la tierra.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. Amemos a Dios, porque él nos amó primero. Aleluya.

 

 

LECTURA BREVE         Hb 8, 1b-3a

 

Tenemos un sumo sacerdote tal, que está sentado a la derecha del trono de la Majestad en los cielos y es ministro del santuario y de la tienda verdadera, construida por el Señor y no por hombre. En efecto, todo sumo sacerdote está puesto para ofrecer dones y sacrificios.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

 

V. Al ver al Señor.

R. Aleluya, aleluya.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO                             

 

Ant. Tengo otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor. Aleluya.

 

Cántico de María. Lc 1, 46-55

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Tengo otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor. Aleluya.

 

 

PRECES

 

Llenos de gozo, oremos a Cristo, el Señor, que con su resurrección ha iluminado el mundo entero, y digámosle:

Cristo, vida nuestra, escúchanos.

 

Señor Jesús, que te hiciste compañero de camino de los discípulos que dudaban de ti,

— acompaña también a tu Iglesia peregrina entre las dificultades e incertidumbres de esta vida.

 

No permitas que tus fieles sean torpes y necios para creer,

— aumenta su fe, para que te proclamen vencedor de la muerte.

 

Mira, Señor, con bondad a cuantos no te reconocieron en su camino,

— y manifiéstate a ellos, para que te confiesen como a su salvador.

 

Tú que por la cruz reconciliaste a todos los hombres uniéndolos en tu cuerpo,

— concede la paz y la unidad a las naciones.

 

Tú que eres el juez de vivos y muertos,

— otorga a los difuntos que creyeron en ti la remisión de todas sus culpas.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Unidos a Jesucristo, supliquemos ahora al Padre con la oración de los hijos de Dios:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Señor, tú que has suscitado providencialmente en la Iglesia al papa san Pío V, para proteger la fe y dignificar el culto, concédenos, por su intercesión, participar con fe viva y con amor fecundo en tus santos misterios. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Hch 9, 26-31

El texto de hoy nos relata el primer viaje que hizo Pablo (o Saulo, que con los dos nombres se le menciona en este pasaje), ya como cristiano, a Jerusalén. Habiendo madurado en su conversión en Damasco, Pablo comienza allí mismo a predicar el mensaje de Jesús en las sinagogas. Cuantos le escuchan se sienten desconcertados, dado que tenían noticias de él y de su encargo de perseguir a los cristianos. Su celo en la predicación y sus argumentos provocaron el rechazo de los judíos, que deciden acabar con él.

No fue así porque la comunidad cristiana tuvo conocimiento de ello y ayudaron al apóstol a escapar de la ciudad, salvando la muralla, descolgándolo durante la noche en una estera. A quienes le ayudaron se les denomina “sus discípulos”, por lo que es probable que Pablo consiguiera ya en Damasco algunas conversiones; quizá esto fuera lo que provocase las iras de los judíos que buscaban su vida. Así llegó a Jerusalén, donde, lógicamente, intentó en primer lugar ponerse en contacto con los discípulos de Jesús que allí había. Estos son los antecedentes de nuestro texto, que se inicia señalándonos las reticencias de los discípulos para acogerlo entre ellos como uno más. Quizá acudía a su presencia como lobo vestido con piel de cordero, para poder hacer mayores estragos entre los hermanos.

* Aquí aparece Bernabé (apóstol, ciertamente no del grupo de los Doce) que hace de intermediario entre el recién llegado y, lo que podríamos llamar, el colegio apostólico. Su nombre significa, según Hch 4,36, “hijo de la consolación” (en griego barnabasy en arameo barnabú). Este nombre fue el que los apóstoles pusieron a José, levita de origen chipriota, miembro de la comunidad de Jerusalén que destacaba por su generosidad. Fue más tarde enviado por los apóstoles a Antioquía, donde ayudó a los diáconos en la labor evangelizadora a los paganos. En este viaje llevó a Pablo, compartiendo la misión durante un año. Más tarde sería él el acompañante de Pablo en su primer viaje misionero.

Aunque en un principio parecían entenderse bien en la actividad evangelizadora, lo cierto es que después discutieron; tenían visiones distintas sobre la relación entre los cristianos de origen judío y los de origen pagano (cf. Gál 2,13). Bernabé se alineó en este debate con Pedro. Como consecuencia de estas desavenencias Bernabé cambió de rumbo y se fue con Juan Marcos hacia Chipre. Allí le perdemos la pista.

* Saulo, el nuevo hermano, se incorpora definitivamente a la comunidad de Jerusalén, participando también en sus actividades misioneras. Sus discusiones con los judíos le acarrearán de nuevo peligrosas persecuciones; por lo que sus compañeros lo sacan de allí, encaminándolo hacia Cesarea en dirección a Tarso.

La lectura termina mostrándonos un marco de paz para la comunidad cristiana, en la zona propia del territorio israelita: Judea, Galilea y Samaría. Fruto de esta paz era la consolidación de la comunidad, que, fiel al Señor y fortalecida por el Espíritu Santo, iba creciendo en número.

Comentario al evangelio de hoy (30 de abril)

Algunas voces cotidianas nos recuerdan que en este mundo nuestro plural y globalizado vivimos tiempos de crisis: económicas, políticas, ecológicas, espirituales, profesionales, vocacionales… e incluso crisis de identidad. Sociedades marcadas por la prisa, la “cultura del kleenex” (usar y tirar), la eficacia, la utilidad, la relatividad implícita en los cambios vertiginosos… en la cultura del “todo vale” parece que no todos caben…

Las preguntas más hondas del ser humano tienen el peligro de encontrarse con respuestas inmediatas, vacías, insatisfechas; la eterna dialéctica ser-hacer. ¿Quién soy? ¿soy lo que soy? ¿soy lo que hago? ¿soy lo que valgo?. Respuestas sin arraigo. Crisis de identidad. Frecuentemente derivan en una pérdida de sentido, del sentido de la vida. Como anhela la cierva corrientes de agua, te anhela mi ser. Mi ser tiene sed de Dios, del Dios vivo (Sal 42, 1-2).

Hoy el evangelio alza la voz, una proclama de identidad es la buena noticia: Yo soy la puerta ¡Qué ocurrente, Jesús! Dársenos a conocer en su identidad y su misión a través de la riqueza de matices que podemos descubrir en un elemento cotidiano e invitarnos a crecer en identidad para que nuestro ser y horizonte de sentido, nuestra misión, se identifiquen, sean lo mismo.

Una puerta es acceso, medio, posibilidad. Abre y cierra espacios; acoge y recibe, también despide. Crea intimidad, construye hogar, cuida la calidez. Abierta da holgura y crea alternativas. Ni con violencia se traspasa; por medio de ella se pasa. Mirando a nuestro alrededor puede ser la puerta expresión y reflejo de Hospitalidad, virtud necesaria para que otro mundo sea posible, derecho y deber de todos como propone Leonardo Boff.

Jesús es el acceso para entender la entraña y el corazón misericordioso del Padre. Mirando la vida de Jesús y su proyecto entendemos e intuimos por dónde hay que pasar, se van perfilando criterios de fidelidad. La hospitalidad de Jesús es inclusiva, Dios les ha dado a ellos el mismo don que a nosotros. Respeta y comprende, nunca condena; los partidarios de la circuncisión les reprocharon… jamás ha entrado en mi boca nada profano. Es voz atenta y clara, diálogo franco, palabra verdadera; atienden su voz… porque conocen su voz. Es responsabilidad consciente de hacer de la vida camino acompañado; camina delante de ellos… a un extraño no lo seguirán… camino acompañado en el que los distintos lleguen a no ser extraños sino hermanos.

Volver al corazón de Dios. ¿Estamos dispuestos? El que no entra por la puerta es ladrón y bandido. Pasar nuestros criterios por los suyos, por la persona de Jesús y experimentar en la opción, salvación, libertad, plenitud que alimenta y hace feliz. Quien entre por mí, se salvará, y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.

Jesús es la posibilidad y el acceso a la Vida y no a cualquier vida sino a la abundante. Es la misión de Jesús, su horizonte de sentido: Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.

Continuamos en tiempo de Pascua y el espíritu del Resucitado nos llama a VIVIR en abundancia. A implicarnos trabajando por dignificar la vida de las personas. A creer que desde Él no hay nada ni nadie definitivamente perdido o agotado. A generar tiempos y espacios, plataformas de acogida generosa donde nadie es “sobrante humano”, donde todos cabemos. A seguir empujando la vida y la historia desde dentro, todo lo que posibilita, todo lo que hace crecer, todo lo bueno y lo positivo que hay en cada persona, en cada pueblo. A acompañar y compartir la suerte de los más desfavorecidos, de los débiles y vulnerables, de los excluidos recreando en la tierra la ilusión, realizando la Esperanza.

Que su luz y su verdad nos guíen y nos conduzcan a entrar por la Puerta hasta morar en Él (cfr. Sal 43,3) y que podamos ser para otros puerta de acceso a la Vida, a Dios.

Mª José Inúñez, hcsa

Lunes IV Semana de Pascua

Hoy es 30 de abril, lunes de la IV semana de Pascua.

Señor, aquí estoy, en disposición de dejarme encontrar por ti. Hoy no soy yo quien hace un esfuerzo titánico por reconocerte. Hoy me dejo encontrar por ti. Hoy me rindo en medio de mi rutina y confío en que tú vienes a buscarme una vez más.

La lectura de hoy es del evangelio del Juan (Jn 10, 11-18):

En aquel tiempo, dijo Jesús: «Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre.»

Tú llamas por el nombre a cada una de tus ovejas. Me llamas por mi nombre, cargado de noticias y de historia. Necesito oír mi nombre de tus labios una vez más.

Tu caminas delante de nosotros, nos marcas un sendero pero no nos dejas solos. Vas delante de mí y me precedes en cada experiencia de la vida. Caminas conmigo, en medio de las tormentas, de las noches oscuras y de los días radiantes. Es ahí, en medio de mi realidad, donde puedo encontrarte.

Tú eres puerta por la que se puede entrar y salir. No encierras en un cuarto oscuro. No cierras posesivamente con llave. Eres puerta abierta. Seguirte es vivir con confianza de entrar y salir, sin preguntas incómodas, sin miradas desconfiadas. Señor, ayúdame a vivir esa libertad en tu seguimiento.

Hoy escucho tu evangelio y siento que la propia inseguridad me pide entregarme a él. Quiero reposar en tu mensaje. Quiero sentir la seguridad, la confianza, la libertad de tus palabras. Vuelvo a leer el texto y dejo que tu voz ahonde en mí.

Delante del pastor bueno me dejo conocer. Me dejo cuidar. Experimento la seguridad que nadie me puede arrebatar. Y deseo y pido que esa seguridad sea para cada persona de este mundo. Los de cerca y los de lejos. Te lo pido, Señor.

Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

Amén

Laudes – 30 de abril

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LITURGIA DE LAS HORAS

LUNES, IV SEMANA DE PASCUA

SAN PÍO V, PAPA

 

30 de abril

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Salmo 94

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

¡Alegría!, ¡Alegría!, ¡Alegría!

La muerte, en huida,

ya va malherida.

Los sepulcros se quedan desiertos.

Decid a los muertos:

“¡Renace la Vida,

y la muerte ya va de vencida!”

Quien le lloró muerto

lo encontró en el huerto,

hortelano de rosas y olivos.

Decid a los vivos:

“¡Viole jardinero

quien le viera colgar del madero!”

Las puertas selladas

hoy son derribadas.

En el cielo se canta victoria.

Gritadle a la gloria

que hoy son asaltadas

por el hombre sus “muchas moradas”.

 

 

SALMODIA

Ant. 1. Baje a nosotros la bondad del Señor. Aleluya.

Salmo 89

Señor, tú has sido nuestro refugio

de generación en generación.

Antes que naciesen los montes

o fuera engendrado el orbe de la tierra,

desde siempre y por siempre tú eres Dios.

Tú reduces el hombre a polvo,

diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»

Mil años en tu presencia

son un ayer, que pasó;

una vigilia nocturna.

Los siembras año por año,

como hierba que se renueva:

que florece y se renueva por la mañana,

y por la tarde la siegan y se seca.

¡Cómo nos ha consumido tu cólera

y nos ha trastornado tu indignación!

Pusiste nuestras culpas ante ti,

nuestros secretos ante la luz de tu mirada:

y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera,

y nuestros años se acabaron como un suspiro.

Aunque uno viva setenta años,

y el más robusto hasta ochenta,

la mayor parte son fatiga inútil,

porque pasan aprisa y vuelan.

¿Quién conoce la vehemencia de tu ira,

quién ha sentido el peso de tu cólera?

Enséñanos a calcular nuestros años,

para que adquiramos un corazón sensato.

Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?

Ten compasión de tus siervos;

por la mañana sácianos de tu misericordia,

y toda nuestra vida será alegría y júbilo.

Danos alegría, por los días en que nos afligiste,

por los años en que sufrimos desdichas.

Que tus siervos vean tu acción,

y sus hijos tu gloria.

Baje a nosotros la bondad del Señor

y haga prósperas las obras de nuestras manos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1. Baje a nosotros la bondad del Señor. Aleluya.

 

 

Ant. 2. Convertiré ante ellos la tiniebla en luz. Aleluya.

Cántico: Is 42, 10-16

Cantad al Señor un cántico nuevo,

llegue su alabanza hasta el confín de la tierra;

muja el mar y lo que contiene,

las islas y sus habitantes;

alégrese el desierto con sus tiendas,

los cercados que habita Cadar;

exulten los habitantes de Petra,

clamen desde la cumbre de las montañas;

den gloria al Señor,

anuncien su alabanza en las islas.

El Señor sale como un héroe,

excita su ardor como un guerrero,

lanza el alarido,

mostrándose valiente frente al enemigo.

«Desde antiguo guardé silencio,

me callaba y aguantaba;

mas ahora grito como la mujer cuando da a luz,

jadeo y resuello.

Agostaré montes y collados,

secaré toda su hierba,

convertiré los ríos en yermo,

desecaré los estanques;

conduciré a los ciegos

por el camino que no conocen,

los guiaré por senderos que ignoran.

Ante ellos convertiré la tiniebla en luz,

lo escabroso en llano.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2. Convertiré ante ellos la tiniebla en luz. Aleluya.

Ant. 3. El Señor todo lo que quiere lo hace. Aleluya.

Salmo 134, 1-12

Alabad el nombre del Señor,

alabadlo, siervos del Señor,

que estáis en la casa del Señor,

en los atrios de la casa de nuestro Dios.

Alabad al Señor porque es bueno,

tañed para su nombre, que es amable.

Porque él se escogió a Jacob,

a Israel en posesión suya.

Yo sé que el Señor es grande,

nuestro dueño más que todos los dioses.

El Señor todo lo que quiere lo hace:

en el cielo y en la tierra,

en los mares y en los océanos.

Hace subir las nubes desde el horizonte,

con los relámpagos desata la lluvia,

suelta a los vientos de sus silos.

Él hirió a los primogénitos de Egipto,

desde los hombres hasta los animales.

Envió signos y prodigios

-en medio de ti, Egipto-

contra el Faraón y sus ministros.

Hirió de muerte a pueblos numerosos,

mató a reyes poderosos:

a Sijón, rey de los amorreos;

a Hog, rey de Basán,

y a todos los reyes de Canaán.

Y dio su tierra en heredad,

en heredad a Israel, su pueblo.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3. El Señor todo lo que quiere lo hace. Aleluya.

LECTURA BREVE         Rm 10, 8b-10

La palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón. Se refiere a la palabra de la fe que os anunciamos. Porque, si tus labios profesan que Jesús es el Señor y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás. Por la fe del corazón llegamos a la justificación, y por la profesión de los labios, a la salvación.

RESPONSORIO BREVE

V. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

V. El que por nosotros colgó del madero.

R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Yo soy el buen Pastor, que apaciento mis ovejas y doy mi vida por las ovejas. Aleluya.

Cántico de Zacarías: Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo soy el buen Pastor, que apaciento mis ovejas y doy mi vida por las ovejas. Aleluya.

PRECES

Oremos a Dios Padre todopoderoso, que ha sido glorificado en la muerte y resurrección de su Hijo, y digámosle confiados:

Ilumina, Señor, nuestras mentes.

Dios, Padre de los astros, que has querido iluminar el mundo con la gloria de Cristo resucitado,

— ilumina, desde el principio de este día, nuestras almas con la luz de la fe.

Tú que por medio de tu Hijo resucitado de entre los muertos has abierto a los hombres las puertas de la salvación,

— haz que a través de t los trabajos de este día se acreciente nuestra esperanza.

Tú que por medio de tu Hijo resucitado has derramado sobre el mundo el Espíritu Santo,

— enciende nuestros corazones con el fuego de este mismo Espíritu.

Que Cristo, el Señor, clavado en la cruz para librarnos,

— sea hoy para nosotros salvación y redención.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Acudamos a Dios Padre, tal como nos enseñó Jesucristo:

 

Padre nuestro…

ORACIÓN

Señor, tú que has suscitado providencialmente en la Iglesia al papa san Pío V, para proteger la fe y dignificar el culto, concédenos, por su intercesión, participar con fe viva y con amor fecundo en tus santos misterios. Por nuestro Señor Jesucristo.

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.