Vísperas – 31 de mayo

VÍSPERAS

JUEVES VIII de TIEMPO ORDINARIO

LA VISITACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

 

Oración de la tarde

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

 

HIMNO

 

Y salta el pequeño Juan

en el seno de Isabel.

Duerme en el tuyo Jesús.

Todos se salvan por él.

 

Cuando el ángel se alejó,

María salió al camino.

Dios ya estaba entre los hombres.

¿Cómo tenerle escondido?

 

Ya la semilla de Dios

crecía en su blando seno.

Y un apóstol no es apóstol

si no es también mensajero.

 

Llevaba a Dios en su entraña

como una preeucaristía.

¡Ah, qué procesión del Corpus

la que se inició aquel día!

 

Y, al saludar a su prima,

Juan en el seno saltó.

Que Jesús tenía prisa

de empezar su salvación.

 

Desde entonces, quien te mira

siente el corazón saltar.

Sigue salvando, Señora,

a quien te logre encontrar.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. María entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

 

Salmo 121

 

¡Qué alegría cuando me dijeron:

«Vamos a la casa del Señor»!

Ya están pisando nuestros pies

tus umbrales, Jerusalén.

 

Jerusalén está fundada

como ciudad bien compacta.

Allá suben las tribus,

las tribus del Señor,

 

según la costumbre de Israel,

a celebrar el nombre del Señor;

en ella están los tribunales de justicia

en el palacio de David.

 

Desead la paz a Jerusalén:

«Vivan seguros los que te aman,

haya paz dentro de tus muros,

seguridad en tus palacios.»

 

Por mis hermanos y compañeros,

voy a decir:. «La paz contigo.»

Por la casa del Señor, nuestro Dios,

te deseo todo bien.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. María entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

 

 

Salmo 126

 

Si el Señor no construye la casa,

en vano se cansan los albañiles;

si el Señor no guarda la ciudad,

en vano vigilan los centinelas.

 

Es inútil que madruguéis,

que veléis hasta muy tarde,

los que coméis el pan de vuestros sudores:

¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

 

La herencia que da el Señor son los hijos;

una recompensa es el fruto de las entrañas;

son saetas en mano de un guerrero

los hijos de la juventud.

 

Dichoso el hombre que llena

con ellas su aljaba:

no quedará derrotado cuando litigue

con su adversario en la plaza.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.

 

 

Ant. 3. Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.

 

Cántico: Ef 1, 3-10

 

Bendito sea Dios,

Padre de Nuestro Señor Jesucristo,

que nos ha bendecido en la persona de Cristo

con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

 

Él nos eligió en la persona de Cristo,

antes de crear el mundo,

para que fuésemos consagrados

e irreprochables ante él por el amor.

 

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,

por pura iniciativa suya,

a ser sus hijos,

para que la gloria de su gracia,

que tan generosamente nos ha concedido

en su querido Hijo,

redunde en alabanza suya.

 

Por este Hijo, por su sangre,

hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia

ha sido un derroche para con nosotros,

dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

 

Este es el plan

que había proyectado realizar por Cristo

cuando llegase el momento culminante:

hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,

las del cielo y las de la tierra.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.

 

 

LECTURA BREVE           1P 5, 5b-7

 

Tened sentimientos de humildad unos con otros, porque Dios resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes. Inclinaos, pues, bajo la mano poderosa de Dios, para que, a su tiempo, os ensalce. Descargad en él todo vuestro agobio, que él se interesa por vosotros.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.

R. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.

 

V. Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.

R. El Señor está contigo.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Me facilitarán todas las generaciones, porque Dios ha mirado la humillación de su esclava.

 

Cántico de María. Lc 1, 46-55

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Ant. Me facilitarán todas las generaciones, porque Dios ha mirado la humillación de su esclava.

 

 

PRECES

 

Proclamemos las grandezas de Dios Padre todopoderoso, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y supliquémosle, diciendo:

Que la llena de gracia interceda por nosotros.

 

Tú que nos diste a María por madre, concede, por su mediación, salud a los enfermos, consuelo a los tristes, perdón a los pecadores,

— y a todos abundancia de salud y de paz.

 

Haz, Señor, que tu Iglesia tenga un solo corazón y una sola alma por el amor,

— y que todos los fieles perseveren unánimes en la oración con María, la madre de Jesús.

 

Tú que hiciste de María la madre de misericordia,

— haz que los que viven en peligro o están tentados sientan su protección maternal.

 

Tú que encomendaste a María la misión de madre de familia en el hogar de Jesús y de José.

— haz que, por su intercesión, todas las madres fomenten en sus hogares el amor y la santidad.

 

Tú que coronaste a María como reina del cielo,

— haz que los difuntos puedan alcanzar, con todos los santos, la felicidad de tu reino.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Dios todopoderoso, tú que inspiraste a la Virgen María, cuando llevaba en su seno a tu Hijo, el deseo de visitar a su prima Isabel, concédenos, te rogamos, que, dóciles al soplo del Espíritu, podamos, con María, cantar tus maravillas durante toda nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Santísima Trinidad

Acabado el tiempo pascual celebramos el misterio del Dios Trinidad bajo cuyo nombre hemos sido bautizados y en cuya memoria empezamos toda reunión cristiana. La fiesta de la Trinidad nos ayuda a contemplar el misterio pascual en la totalidad del Dios único, o en la acción del Padre, del Hijo y del Espíritu.

1. Más que un nombre

Dios es un misterio, “siempre mayor” que nuestros conceptos, un mar que no cabe en la vasija que fabrica nuestra imaginación. “Si comprendes…ya no es Dios”. Desde siempre se ha calificado a la Trinidad como “el misterio de los misterios” del cristianismo. Aunque el término no se encuentre en el Nuevo Testamento.

Para abordar y delimitar el misterio de Dios, especialmente en torno a la persona de Cristo, la teología cristiana recurrió a los esquemas filosóficos de la razón griega, dejando al margen otras dimensiones de la persona (la afectividad, la sensibilidad…) que son también cauces de aproximación a la verdad. La cultura de hoy, prisionera de la razón y de los sentidos, apenas puede dar cabida al misterio; lo considera casi un insulto o un reto a una razón que puede llegar a ser capaz de conocer todo. Sin embargo, estamos envueltos en el misterio: también la condición humana lo es, porque la vida es un misterio, la muerte es un misterio, el amor y la libertad son un misterio, el origen del universo es un misterio.

2. Modelo de amores

Los textos de la liturgia de hoy hablan del amor de Dios, del Dios del amor.  Hablar de Dios es subrayar que Dios es amor; hablar de la Trinidad es hablar de la realización total del amor perfecto, es hablar del modelo de nuestros amores. El misterio más profundo de Dios es como un gran hogar, que se expresa (mejor, se balbucea) con palabras como dar, acoger, intercambiar vida y amor. “En su misterio más íntimo no es soledad sino una familia que incluye en sí mismo la paternidad, la filiación y la esencia de la familia que es el amor. Este amor en la familia divina es el Espíritu Santo”. Dios no es un ser solitario, sino familia y comunidad de amor, la comunidad perfecta, porque siendo personas distintas todo es común; es un amor que se da dentro de sí, vida que se comparte, amor y vida que se acogen. Nos aproximaremos a él, cuando balbuceamos palabras como vida, amor, donación, acogida, y sobre todo cuando tenemos la experiencia del amor gratuito y universal.

Celebramos que Jesús nos ha revelado que el Dios creador es Abba, Padre, el Dios en cuyas manos está nuestra vida y se preocupa con cariño de cada ser humano, el Dios que ha salido al encuentro de los hombres de muchas formas y por muchos caminos y que, definitivamente ha hablado a través del Hijo. Celebramos que Jesús, al que los testigos habían experimentado como hermano y compañero es al mismo tiempo el mediador, la Palabra de Dios que estaba al principio junto a Dios y en la que todo fue creado, el Hijo que nos constituye en hermanos y se queda con nosotros. Celebramos que el Espíritu, que experimentaban como protagonista en la iglesia primera es el Dios que se derrama sobre nosotros y nos llena de su fuerza, el Dios que nos habita y dirige nuestras vidas.

3. A imagen de Dios

La fiesta de la Trinidad nos revela el ser del cristiano, imagen y semejanza de un Dios comunión de personas. Podemos hablar de Dios, pero confesar la Trinidad es recibir la vocación a vivir trinitariamente: como hijos, en confianza y docilidad; como hermanos, en amistad y servicio; en el Espíritu, haciendo posible el entendimiento y la comunión. “Entiendes la Trinidad si vives la caridad”. Hechos “a imagen y semejanza de Dios”, estamos llamados a ser iconos e imagen de la Trinidad.

La eucaristía es el sacramento de la comunión con Dios y con los hermanos. Partimos el pan, comemos el mismo pan, nos comprometemos a hacernos pan.

Santiago Rz Delgado

Comentario al evangelio de hoy (31 de mayo)

Dice la Conferencia Episcopal que este año se suprime la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno sacerdote, propia de España, por coincidir con la fiesta de la Visitación de María, propia del Calendario general. LAS LECTURAS QUE VOY A COMENTAR SON: Sof 3, 14-18 y Lc 1, 39-56

Hoy celebra la Iglesia la fiesta de la Visitación de María a su prima Isabel. Una fiesta universal que en España coincide este año con Jesucristo Sumo y Eterno sacerdote y, por tanto, queda esta última suprimida, según el calendario de la Conferencia Episcopal. En todo caso, ciertamente, toda fiesta mariana celebra en el fondo, el misterio de Cristo.

Algunos Padres en los primeros siglos, ya vieron en este camino de María hacia Ain Karem, una primera peregrinación eucarística. María como primer Sagrario, como primera Custodia, si quiere decirse así, porta en sus entrañas a Cristo, sumo y eterno sacerdote, Pan de Vida, Hombre bueno, Hijo de Dios vivo.  Y esta presencia íntima no es indiferente al mundo ni se guarda María sus efectos transformadores sólo para ella. ¡Al contrario!

La alegría de María en el magníficat es contagiosa, da vida, es fecunda. Es una alegría que hace saltar a la criatura en el vientre de Isabel: nace la vida donde sólo había esterilidad. ¿Quién de nosotros no vive alguna faceta de su vida o de gente cercana en pura aridez y esterilidad? ¿a quién de nosotros no hay algo o alguien que le preocupa enormemente y que siente que no será capaz de generar vida y alegría por nada? Esa era la situación de Isabel. Esa situación es la que María visita y bendice y acompaña y canta. Poco tiene que ver esta Mujer Inmaculada con estampas de una humildad sumisa y bobalicona o de una alegría espiritualoide ensimismada en ella misma y en el Hijo de sus entrañas. María, en el Evangelio no es así. La mujer que Dios ensalza en el evangelio no es así. No creo que la Iglesia quiera mujeres así.

Puede ser también este un bonito día para contemplar en el abrazo de estas dos mujeres santas, la llamada de Dios a dejar que la vida salte de gozo en todos los lugares y personas que visitamos cada uno de nosotros. Pero si me permitís, una oración especial para que todas las mujeres del mundo y las que formamos parte de la Iglesia, seamos capaces de seguir bendiciendo tanta esterilidad y de dar vida también allí donde aparentemente y, en nombre de una imagen manipulada de María, se nos piden actitudes que poco tienen que ver con esta esclava sencilla, valiente y alegre: la Madre de Jesús.

Rosa Ruiz, misionera Claretiana 

Jueves VIII Semana de Tiempo Ordinario

Hoy es 31 de mayo, jueves de la VIII semana de Tiempo Ordinario. Festividad de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote.

Aquí estoy de nuevo, haciendo un paréntesis en el ritmo de mi vida. He buscado este espacio para hacer silencio y mirar mi vida desde los ojos de Dios. Un tiempo para descubrir su presencia en mi vida. El tiempo que ahora comienzo quiere ser un tiempo de intimidad y de silencio exterior. Pero también me preparo para llenar mi oración de otros rostros, de otras vidas y de otras necesidades desde las que también me habla Dios.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 9, 10-17):

Vueltos los apóstoles, le contaron todo lo que habían hecho. Y tomándolos, se retiró aparte, a un lugar desierto de la ciudad llamada Betsaida.
 Y cuando la gente lo supo, le siguió; y él les recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba a los que necesitaban ser curados.  Pero el día comenzaba a declinar; y acercándose los doce, le dijeron: Despide a la gente, para que vayan a las aldeas y campos de alrededor, y se alojen y encuentren alimentos; porque aquí estamos en lugar desierto.  El les dijo: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta multitud. 
 Y eran como cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: Hacedlos sentar en grupos, de cincuenta en cincuenta.  Así lo hicieron, haciéndolos sentar a todos.  Y tomando los cinco panes y los dos pescados, levantando los ojos al cielo, los bendijo, y los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante de la gente. Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que les sobró, doce cestas de pedazos.

Jesús está rodeado de gente que le busca. Gente a la que cuida con su palabra o cura de sus dolencias. Son muchos los que encuentran junto a él sanación para sus vidas. Una nueva manera de relacionarse con Dios, con la esperanza de un mundo diferente. Imagínate allí junto a él. Siéntate entre la muchedumbre. ¿Qué vienes tú a buscar de Jesús? ¿Qué es lo que encuentras en él?

Llega la hora de cenar y los doce se sienten desbordados. Se preocupan por toda esta muchedumbre, pero no saben qué hacer. Contémplales desde tu sitio en la multitud. ¿Cómo buscar pan para todos? ¿Dónde enviarles a buscarlo? Mira cómo actúan y cómo se sienten.

Contempla ahora a Jesús. Contempla cómo parte y reparte el pan. Para él el Reino de Dios es esto. Nadie queda excluido. Todos participan con lo que tienen en una única comida igual para todos. Contempla a Jesús y participa tú mismo en esta comida compartida con los que te rodean. Déjate llenar por los sentimientos que se despiertan en ti.

En esta actitud de contemplación, lee de nuevo el texto. Observa a Jesús partiendo el pan como lo hará de nuevo en la última cena y como lo hace cada día en la eucaristía. Para él, la única forma de atender nuestras necesidades es implicando su vida por completo, haciéndose uno con nosotros. Contempla en el texto esos gestos concretos de invitación de Jesús a compartir el pan con él y con todos.

En este tiempo final de la oración, ponte de nuevo delante de Jesús y ábrele tu corazón. cuéntale lo que significa para ti compartir tu vida con otros. Puedes hablarle de los sentimientos que te ha despertado contemplar este texto o de lo que sientes al ver tanta gente en el mundo necesitada de pan. Puedes pedirle que te ayude a entender y vivir este Reino de Dios que ayuda con su palabra y sus acciones. Este reino donde todos tenemos un lugar.

Tomad, Señor y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento, y toda mi voluntad. Todo mi haber y poseer. Vos me lo disteis, a vos, Señor, lo torno. Todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia, que esta me basta.

Laudes – 31 de mayo

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LITURGIA DE LAS HORAS

JUEVES VIII de TIEMPO ORDINARIO

LA VISITACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

 

31 de mayo

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Aclamemos al Señor, al celebrar la visitación de santa María Virgen.

Salmo 94

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Y salta el pequeño Juan

en el seno de Isabel.

Duerme en el tuyo Jesús.

Todos se salvan por él.

Cuando el ángel se alejó,

María salió al camino.

Dios ya estaba entre los hombres.

¿Cómo tenerle escondido?

Ya la semilla de Dios

crecía en su blando seno.

Y un apóstol no es apóstol

si no es también mensajero.

Llevaba a Dios en su entraña

como una preeucaristía.

¡Ah, qué procesión del Corpus

la que se inició aquel día!

Y, al saludar a su prima,

Juan en el seno saltó.

Que Jesús tenía prisa

de empezar su salvación.

Desde entonces, quien te mira

siente el corazón saltar.

Sigue salvando, Señora,

a quien te logre encontrar.

 

SALMODIA

Ant. 1. María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá.

Salmo 62

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,

mi alma está sedienta de ti;

mi carne tiene ansia de ti,

como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario

viendo tu fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida,

te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré

y alzaré las manos invocándote.

Me saciaré de manjares exquisitos,

y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti

y velando medito en ti,

porque fuiste mi auxilio,

y a la sombra de tus alas canto con júbilo;

mi alma está unida a ti,

y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1. María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá.

 

 

Ant. 2. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, salió la criatura en su vientre y se llenó Isabel del Espíritu Santo.

Cántico: Dn 3, 57-88. 56

Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;

cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;

ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;

astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;

vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;

fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;

témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;

noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;

rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,

ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;

cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;

mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;

aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;

bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;

siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;

santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,

ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,

alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

No se dice Gloria al Padre.

Ant. 2. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, salió la criatura en su vientre y se llenó Isabel del Espíritu Santo.

Ant. 3. Dichosa tú, María, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

Salmo 149

Cantad al Señor un cántico nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;

que se alegre Israel por su Creador,

los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,

cantadle con tambores y cítaras;

porque el Señor ama a su pueblo

y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria

y canten jubilosos en filas:

con vítores a Dios en la boca

y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos

y aplicar el castigo a las naciones,

sujetando a los reyes con argollas,

a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada

es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3. Dichosa tú, María, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

LECTURA BREVE           Jl 2, 27-3, 1

Sabréis que yo estoy en medio de Israel, el Señor, vuestro Dios, el Único, y mi pueblo no será confundido jamás. Después de eso, derramaré mi Espíritu sobre toda carne: profetizarán vuestros hijos e hijas.

RESPONSORIO BREVE

V. El Señor la eligió y la predestinó.

R. El Señor la eligió y la predestinó.

V. La hizo morar en su templo santo.

R. Y la predestinó.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. El Señor la eligió y la predestinó.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Cuando Isabel oyó el saludo de María, dijo a voz en grito: “¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?”

Cántico de Zacarías. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cuando Isabel oyó el saludo de María, dijo a voz en grito: “¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?”

PRECES

Elevemos nuestras súplicas al Salvador, que quiso nacer de María Virgen y digámosle:

Que tu Madre, Señor, interceda por nosotros.

Oh Sol de justicia, a quien la Virgen inmaculada precedía cual aurora luciente,

— haz que vivamos siempre iluminados por la claridad de tu presencia.

Concédenos, Señor, imitar a María, tu madre, que escogió la mejor parte,

— buscando el alimento que perdura hasta la vida eterna.

Salvador del mundo, que, con la eficacia de tu redención, preservaste a tu Madre de toda mancha de pecado,

— líbranos a nosotros de toda culpa.

Redentor nuestro, que hiciste de la Virgen María tabernáculo purísimo de tu presencia y sagrario del Espíritu Santo,

— haz también de nosotros templos de tu Espíritu.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Con la confianza que nos da nuestra fe, acudamos ahora al Padre, diciendo, como nos enseñó Cristo:

 

Padre nuestro…

ORACIÓN

Dios todopoderoso, tú que inspiraste a la Virgen María, cuando llevaba en su seno a tu Hijo, el deseo de visitar a su prima Isabel, concédenos, te rogamos, que, dóciles al soplo del Espíritu, podamos, con María, cantar tus maravillas durante toda nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo.

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Vísperas – 30 de mayo

VÍSPERAS

MIÉRCOLES, VIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Oración de la tarde

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

 

HIMNO

 

Todo en estado de oración parece.

La santidad, que empapa todo el aire,

rebosa de los cielos como de ánfora,

y se filtra en las venas del deseo.

 

Todo sube en afán contemplativo,

como a través de transparencia angélica,

y lo más puro que hay en mí despierta,

sorbido por vorágine de altura.

 

Tiene alas la tarde, unción y llama.

todo yo en la plegaria he naufragado;

se levantan mis manos como lámparas;

por el silencio, el corazón respira.

 

Se ha encendido el crepúsculo en mi frente,

y la lumbre de Dios transe mi carne.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Señor, tu saber me sobrepasa.

 

Salmo 138, 1-18.23-24 (I)

 

Señor, tú me sondeas y me conoces;

me conoces cuando me siento o me levanto,

de lejos penetras mis pensamientos;

distingues mi camino y mi descanso,

todas mis sendas te son familiares.

 

No ha llegado la palabra a mi lengua,

y ya, señor, te la sabes toda.

Me envuelves por doquier,

me cubres con tu mano.

Tanto saber me sobrepasa,

es sublime, y no lo abarco.

 

¿A dónde iré lejos de tu aliento,

adónde escaparé de tu mirada?

Si escalo el cielo, allí estás tú;

si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

 

si vuelo hasta el margen de la aurora,

si emigro hasta el confín del mar,

allí me alcanzará tu izquierda,

tu diestra llegará hasta mi.

 

Si digo: “Que al menos la tiniebla me encubra,

que la luz se haga noche en torno a mí”,

ni la tiniebla es oscura para ti,

la noche es clara como el día.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 1. Señor, tu saber me sobrepasa.

 

 

Ant. 2. Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta.

 

Salmo 138, 1-18.23-24 (II)

 

Tú has creado mis entrañas,

me has tejido en el seno materno.

Te doy gracias,

porque me has formado portentosamente,

porque son admirables tus obras;

conocías hasta el fondo de mi alma,

no desconocías mis huesos.

 

Cuando, en lo oculto, me iba formando,

y entretejiendo en lo profundo de la tierra,

tus ojos veían mis acciones,

se escribían todas en tu libro,

calculados estaban mis días

antes que llegase el primero.

 

¡Qué incomparables encuentro tus designios,

Dios mío, qué inmenso es su conjunto!

Si me pongo a contarlos, son más que arena;

si los doy por terminados, aún me quedas tú.

 

Señor, sondéame y conoce mi corazón,

ponme a prueba y conoce mis sentimientos,

mira si mi camino se desvía,

guíame por el camino eterno.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 2. Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta.

 

 

Ant. 3. Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

 

Cántico: Col 1, 12-20

 

Damos gracias a Dios Padre,

que nos ha hecho capaces de compartir

la herencia del pueblo santo en la luz.

 

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,

y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,

por cuya sangre hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

 

Él es imagen de Dios invisible,

primogénito de toda creatura;

pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:

celestes y terrestres, visibles e invisibles,

Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;

todo fue creado por él y para él.

 

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.

Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.

Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,

y así es el primero en todo.

 

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.

Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:

haciendo la paz por la sangre de su cruz

con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

 

 

LECTURA BREVE           1 Jn 2, 3-6

 

En esto sabemos que conocemos a Cristo: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: “Yo le conozco”, y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. En esto conocemos que estamos en él. Quien dice que permanece en él debe vivir como vivió él.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.

R. Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.

 

V. A la sombra de tus alas escóndenos.

R. Como a las niñas de tus ojos.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO                             

 

Ant. Haz, Señor, proezas con tu brazo: dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.

 

Cántico de María. Lc 1, 46-55

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Haz, Señor, proezas con tu brazo: dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.

 

 

PRECES

 

Aclamemos, alegres, al Padre, cuya bondad para con su pueblo es más grande que los cielos, y digámosle:

Alégrense todos los que esperan en ti, Señor.

 

Acuérdate, Señor, que enviaste tu Hijo al mundo, no para condenarlo, sino para salvarlo;

— haz que su muerte gloriosa nos traiga la salvación.

 

Tú que hiciste a tus sacerdotes ministros de Cristo y dispensadores de tus misterios,

— concédeles un corazón leal, ciencia y caridad.

 

Haz que los que has llamado a la castidad perfecta por el reino de los cielos

— sigan con fidelidad a tu Hijo.

 

Tú que, en el principio, creaste hombre y mujer,

— guarda a todas las familias unidas en el verdadero amor.

 

Tú que enviaste a Jesucristo al mundo para salvar a los pecadores,

— concede a todos los difuntos el perdón de sus faltas.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Movidos por el Espíritu Santo y llenos de su amor, dirijamos al Padre nuestra oración:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Acuérdate, Señor, de tu misericordia y, ya que a los hambrientos los colmas de bienes celestiales, socorre nuestra indigencia con la abundancia de tus riquezas. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Mt 28, 16-20

La conclusión del evangelio de Mateo es solemne como escena última que compendia toda una obra. Inmediatamente después de la escena del sepulcro vacío, Mateo nos traslada a Galilea, donde el ministerio público de Jesús se ofreció a Israel a través de sus enseñanzas (cc.5-7) y de su obra, (cc.8-9) para hallarnos de nuevo en un monte que es, en la tradición bíblica, el lugar por excelencia de revelación. En un monte se promulgó la nueva ley (las bienaventuranzas, c.5) y en un monte alto se anticipó algo de la gloria de Jesús, en el camino de hacia Jerusalén (la transfiguración, c.17); de igual modo que en el Sinaí se promulgó la ley antigua (Ex 19) y desde allí, el pueblo vio la teofanía de Yahvé (Ex 19,3). Precisamente en una altura, Mateo sitúa la cima de su revelación.

* El gesto de los discípulos ante su presencia es revelador. En el evangelio de Mateo hay una progresión en el uso del verbo proskyneo (adorar, postrarse). Referido a Jesús, da a entender que Jesús es, progresivamente, Rey (Mt 2,2), Señor (8,2), Hijo de Dios (14,33).

Ahora, ante el Señor glorificado, postrarse cobra su valor original de adoración a solo Dios debida. Con ello ya se proclama la parte que Jesús tiene en la intimidad de Dios.

* Mateo, cuyo texto se resiente de no pocos semitismos, vuelve al circunloquio que evita el nombre de Yahvé; “se me ha dado todo poder” no quiere decir sino que Dios mismo le ha otorgado su poder. El uso que realiza el Nuevo Testamento del concepto “poder” (exousía) rebasa con mucho su uso profano: la libérrima autoridad para hacer algo. Referido aquí al acontecimiento de Cristo, exousía es el dominio que Jesús ejerce sobre el nuevo orden cósmico, expresado éste último con el binomio “cielo y tierra”.

* Es lógico que un Señor así presentado, con un grado tal de pertenencia a Dios mismo y con una potestad que alcanza la totalidad del cosmos, no puede limitar al pueblo de Israel la misión que encomienda a los discípulos. El Mesías rechazado por el pueblo de Dios, tema propio mateano, llama ahora a todas las gentes a la fe…; el privilegio de Israel sucumbe ante el universalismo cristiano.

Este momento, el de la convocatoria a todas las gentes a formar la unidad del nuevo pueblo de Dios, es la ocasión propicia para finalizar incluyendo una confesión de fe: la Trinidad de Dios, o el Dios-familia, Dios-diversidad.

Posiblemente tomado de la liturgia de Antioquía, donde “se hace” este evangelio, el rito bautismal concluye el libro.

Dios acaba de descubrir su rostro más íntimo; ya no dirá más… hemos conocido su intimidad; ya podemos dirigirnos hacia “el fin del mundo”.

Comentario al evangelio de hoy (30 de mayo)

Vamos a empezar el día con un poco de música: Tú vales mucho más que todo el oro, canta Ixcis. A veces, me gusta orar con este canto y sentir que también el mismo Jesús me lo dice a mí:

Rosa (¡pon aquí tu nombre!), tú vales mucho más que todo el oro…  No tienes precio porque te he rescatado a precio de mi propia vida

Y, a veces, ocurre que no sabemos dejarnos mirar así. No sabemos recibir de alguien tanto cariño, tanta valoración, sin creernos que eso nos hace mejores que el que tenemos al lado.

No sabemos pedir lo que nos conviene. Y desde luego, tampoco sabemos amar como Él nos ama, como nos conviene. ¡Es difícil! Entramos enseguida en disputas por los primeros lugares, por ser más o menos que los demás, por sentarnos a la derecha o a la izquierda de quien manda. Peor aún: a la izquierda o la derecha del mismo Dios.

También cada uno de nosotros llevamos dentro un Zebedeo. Confundimos el precio inigualable de nuestra vida, el valor total que Dios nos da, la confianza que nos tiene ­-¡no nos cambiaría por nada a ninguno de nosotros, somos suyos!- con adelantar puestos hacia arriba. El orden es justamente inverso:

No sea así entre vosotros, de más precio que el oro para mí. Valéis tanto, que os quiero conmigo, junto a mí, como Yo: servidores de todos, los más pequeños siempre.

Ojalá, Señor. Pero ayúdanos, porque no sabemos… seguimos sin aprender a ser pequeños.

Rosa Ruiz, misionera Claretiana 

Miércoles VIII Semana de Pascua

Hoy es 30 de mayo, miércoles de la VIII semana de Tiempo Ordinario.

Señor, quiero detenerme en este momento del día y estar en oración contigo, como uno de tus amigos, como aquellos doce que hicieron contigo el camino hacia Jerusalén. Deseo escuchar y acoger tu palabra, quiero pedirte lo que necesito, busco la paz que me da sentirte a mi lado.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 10, 32-45):

En aquel tiempo, los discípulos iban subiendo camino de Jerusalén, y Jesús se les adelantaba; los discípulos se extrañaban, y los que seguían iban asustados.

Él tomó aparte otra vez a los Doce y se puso a decirles lo que le iba a suceder: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán; y a los tres días resucitará.»

Se le acercaron los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.»

Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?»

Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.»

Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?»

Contestaron: «Lo somos.»

Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado.»

Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.

Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.»

Dos discípulos amados, muy amados, Santiago y Juan plantean a Jesús una petición que les inquieta. Jesús escucha y no se lo concede. ¿Siento, Señor, que tú en ocasiones no me concedes lo que te pido? ¿Cuáles son mis peticiones desoídas?

Jesús da un paso más. Les invita a beber el cáliz. A no detenerse en el camino. A no aferrarse a los momentos  de gloria. Hoy Jesús me pregunta a mí como a sus discípulos. ¿Eres capaz de beber el cáliz que yo he de beber?

Sólo hay un camino, abajarse, dar la vida, servir. Al leer de nuevo el evangelio de Marcos, fíjate en cómo Jesús reúne a los suyos para explicarles que Dios no nos quiere señores, nos quiere dispuestos a servir. No es una enseñanza moral más. Es ser como Jesús, porque el Hijo del Hombre es quien da la vida para rescatar a todos.

Al finalizar la oración, Señor, quiero decir cómo me siento. Es duro seguirte. Hoy entiendo mejor tu evangelio, tu vida, tu oración. Tú siempre nos invitas a pedir al Padre que se cumpla su voluntad, no la nuestra. Señor, dame la confianza necesaria para que el padre nuestro sea siempre mi oración.

Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Amén.

Laudes – 30 de mayo

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LITURGIA DE LAS HORAS

MIÉRCOLES, VIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 

30 de mayo

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría.

Salmo 94

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Omnipotente, altísimo, bondadoso, Señor,

tuyas son la alabanza, la gloria y el honor;

tan sólo tú eres digno de toda bendición,

y nunca es digno el hombre de hacer de ti mención.

Loado seas por toda criatura, mi Señor,

y en especial loado por el hermano sol,

que alumbra, y abre el día, y es bello en su esplendor,

y lleva por los cielos noticia de su autor.

Y por la hermana luna, de blanca luz menor,

y las estrellas claras, que tu poder creó,

tan limpias, tan hermosas, tan vivas como son,

y brillan en los cielos: ¡loado, mi Señor!

Y por la hermana agua, preciosa en su candor,

que es útil, casta, humilde: ¡load, mi Señor!

por el hermano fuego, que alumbra al irse el sol,

y es fuerte, hermoso, alegre: ¡loado, mi Señor!

Y por la hermana tierra, que es toda bendición,

la hermana madre tierra, que da en toda ocasión

las hierbas y los frutos y flores de color,

y nos sustenta y rige: ¡loado, mi Señor!

Y por los que perdonan y aguantan por tu amor

los males corporales y la tribulación:

¡felices los que sufren en paz con el dolor,

porque les llega el tiempo de la consolación!

Y por la hermana muerte: ¡loado, mi Señor!

Ningún viviente escapa de su persecución;

¡Ay si en pecado grave sorprende al pecador!

¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!

¡No probarán la muerte de la condenación!

servidle con ternura y humilde corazón.

Agradeced sus dones, cantad su creación.

las criaturas todas, load a mi Señor. Amén.

 

 

SALMODIA

Ant. 1. Dios mío, mi corazón está firme.

Salmo 107

Dios mío, mi corazón está firme,

para ti cantaré y tocaré, gloria mía.

Despertad cítara y arpa,

despertaré a la aurora.

Te daré gracias ante los pueblos, Señor,

tocaré para ti ante las naciones.

Por tu bondad, que es más grande que los cielos;

por tu fidelidad, que alcanza a las nubes.

Elévate sobre el cielo, Dios mío,

y llene la tierra tu gloria;

para que se salven tus predilectos,

que tu mano salvadora nos responda.

Dios habló en su santuario:

“Triunfante ocuparé Siquén,

parcelaré el valle de Sucot;

mío es Galaad, mío Manasés,

Efraím es yelmo de mi cabeza,

Judá es mi cetro;

Moab, una jofaina para lavarme,

sobre Edom echo mi sandalia,

sobre Filistea canto victoria”.

Pero ¿quién me guiará a la plaza fuerte,

quién me conducirá a Edom,

su tú, ¡oh Dios!, nos has rechazado

y no sales ya con nuestras tropas?

Auxílianos contra el enemigo

que la ayuda del hombre es inútil;

con Dios haremos proezas,

él pisoteará a nuestros enemigos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

Ant. 1. Dios mío, mi corazón está firme.

 

 

Ant. 2. El Señor me ha vestido un traje de gala y de triunfo.

Cántico: Is 61, 10-62, 5

Desbordo de gozo en el Señor,

y me alegro con mi Dios:

porque me ha vestido un traje de gala

y me ha envuelto en un manto de triunfo,

como a un novio que se pone la corona,

o a una novia que se adorna con sus joyas.

Como el suelo echa sus brotes,

como un jardín hace brotar sus semillas,

así el Señor hará justicia

ante todos los pueblos.

Por amor de Sión no callaré,

por amor de Jerusalén no descansaré,

hasta que despunte la aurora de su justicia

y su salvación llamee cono antorcha.

Los pueblos verán tu justicia,

y los reyes, tu gloria;

te pondrán un nombre nuevo

pronunciado por la boca del Señor.

Serás corona fúlgida en la mano del Señor

y diadema real en la palma de tu Dios.

Ya no te llamarán “abandonada”;

ni a tu tierra, “Devastada”;

a ti te llamarán “Mi favorita”,

y a tu tierra, “Desposada”,

porque el Señor te prefiere a ti,

y tu tierra tendrá marido.

Como un joven se casa con su novia,

así te desposa el que te construyó;

la alegría que encuentra el marido con su esposa,

la encontrará tu Dios contigo.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2. El Señor me ha vestido un traje de gala y de triunfo.

Ant. 3. Alabaré al Señor mientras viva.

Salmo 145

Alaba, alma mía, al Señor:

alabaré al Señor mientras viva,

tañeré para mi Dios mientras exista.

No confiéis en los príncipes,

seres de polvo que no pueden salvar;

exhalan el espíritu y vuelven al polvo,

ese día perecen sus planes.

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,

el que espera en el Señor, su Dios,

que hizo el cielo y la tierra,

el mar y cuanto hay en él;

que mantiene su fidelidad perpetuamente,

que hace justicia a los oprimidos,

que da pan a los hambrientos.

El Señor liberta a los cautivos,

el Señor abre los ojos al ciego,

el Señor endereza a los que ya se doblan,

el Señor ama a los justos,

el Señor guarda a los peregrinos;

sustenta al huérfano y a la viuda

y trastorna el camino de los malvados.

El Señor reina eternamente,

tu Dios, Sión, de edad en edad.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3. Alabaré al Señor mientras viva.

LECTURA BREVE           Dt 4, 39-40s

Reconoce hoy y medita en tu corazón que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo.

RESPONSORIO BREVE

V. Bendigo al Señor en todo momento.

R. Bendigo al Señor en todo momento.

V. Su alabanza está siempre en mi boca.

R. En todo momento.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Bendigo al Señor en todo momento.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sirvamos con santidad al Señor, todos nuestros días.

Cántico de Zacarías: Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sirvamos con santidad al Señor, todos nuestros días.

PRECES

Cristo, reflejo de la gloria del Padre, nos ilumina con su palabra; acudamos, pues, a él, diciendo:

Rey de la gloria, escúchanos.

Bendito seas, Señor, que iniciaste y completas nuestra fe,

— porque nos llamaste a salir de la tiniebla y a entrar en tu luz maravillosa.

Tú que abriste los ojos de los ciegos y diste oído a los sordos,

— ayuda también nuestra falta de fe.

Haz, Señor, que permanezcamos siempre en tu amor,

— y que este amor nos guarde fraternalmente unidos.

Ayúdanos para que resistamos en la tentación, aguantemos en la tribulación,

— y te demos gracias en la prosperidad.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Dejemos que el Espíritu de Dios, que ha sido derramado en nuestros corazones, se una a nuestro espíritu, para clamar:

 

Padre nuestro…

ORACIÓN

Recuerda, Señor, tu santa alianza, consagrada con el nuevo sacramento de la sangre del Cordero, para que tu pueblo obtenga el perdón de sus pecados y un aumento constante de salvación. Por nuestro Señor Jesucristo.

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.