Lunes VI Semana de Pascua

Hoy es 14 de mayo, lunes de la VI semana de Pascua, San Matías apóstol

Al empezar este rato de oración, caigo en la cuenta de tu presencia. Tu presencia que inunda las cosas que me rodean en este momento, la semana que se abre, las personas. Acontecimiento o tareas que ahora circulan y se suceden por mi mente. Tú estás en ese torbellino y quieres que por un momento lo aparque y te mire sólo a ti, piense sólo en ti. Así me lo pides y así lo quiero. La liturgia de hoy nos invita, por tercer día, a escuchar el texto de Juan sobre el amor. Es la misma palabra con la que rezábamos el viernes y el domingo. Una invitación al amor que quiere ser como la lluvia una y otra vez sobre la misma tierra para darle vida.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 15, 9-17):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.»

De cuántas maneras perdemos el amor que nos tienes Señor, ese que un día y otro nos regalas. Se lo damos a las cosas en vez de a las personas. Se extravía entre las preocupaciones, le dejamos olvidado con las prisas. Nos da vergüenza hablar de él a los demás. Y mucho más expresarlo en gestos verdaderos de compasión, de servicio, de caricia y de ternura. Me pregunto por qué no nos desheredas nunca de él, siendo tan malos administradores.

¿Y si el amor no fuera un trabajo, una carga, un mandamiento, sino una alegría como nos dices en el evangelio? Porque si hay algo que no puede imponerse es el amor. Sólo nace y crece en el ámbito  de la libertad y de la gratuidad. Y que alegría más grande sentimos cuando lo damos y lo recibimos así.

Al leer el evangelio otra vez Señor, reparo en esa frase de un amor más grande y pienso en cómo hacer crecer alguno de los míos. Y es que los amores son como la ropa. Los hay que con el tiempo, de pequeños que se nos quedan, ya no nos valen, ni le valen a otro. Seguro que algún amor de los que tengo, puedo hacerlo más grande esta semana.

No siento pena al terminar esta oración, sino fuego. Un fuego que me quema y que me empuja a salir de mí día a día, haciendo del amor la señal de mi vida como tú la hiciste la tuya.

La señal del amor


Y salió el amor, a recorrer nuestros caminos,
a visitar ciudades, a mezclarse entre la gente.
Un extraño viento lo llevaba y lo traía, y con él
iba su voz, su alegría y su mensaje:
¡Hagamos del amor nuestra señal!
¡Dichosos aquellos que renuevan el amor gastado!
¡Dichosos aquellos que curan el amor herido!
¡Dichosos aquellos que encienden el amor apagado!
¡Dichosos aquellos que levantan el amor caído!
¡Dichosos aquellos que perdonan el amor equivocado!
¡Dichosos aquellos que enderezan el amor torcido!
¡Dichosos aquellos que liberan el amor atado!
¡Dichosos aquellos que entregan el amor recibido!
¡Dichosos aquellos que resucitan el amor muerto!

Seve Lázaro, sj

Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres,
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.