Jueves XVI Semana de Tiempo Ordinario

Hoy es 26 de julio, jueves de la XVI semana de Tiempo Ordinario.

Al comenzar este tiempo de encuentro y oración, contacta con tu cuerpo con lo que te rodea, con los sonidos que te llegan del exterior. Con los sentimientos que te invaden en este  momento. Respira profundamente y acoge todo ello en ese lugar profundo e íntimo, donde Dios habita en ti. Experimenta cómo Dios te da la bienvenida y te acoge con todo lo que eres.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 13, 10-17):

Los discípulos se acercaron a Jesús, y le preguntaron por qué hablaba a la gente por medio de parábolas. Jesús les contestó: “A vosotros, Dios os da a conocer los secretos de su reino; pero a ellos no. Pues al que tiene, se le dará más y tendrá de sobra; pero al que no tiene, hasta lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo por medio de parábolas; porque ellos miran, pero no ven; escuchan, pero no oyen ni entienden. En ellos se cumple lo que dijo el profeta Isaías:

‘Por mucho que escuchéis, no entenderéis;

por mucho que miréis, no veréis.

Pues la mente de este pueblo está embotada:

son duros de oído

y han cerrado sus ojos,

para no ver ni oí.

para no entender ni volverse a mí

y que yo los sane.

«¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.»

A Jesús, le duele percibir cerrazón a una vida, la suya, que se da de una forma tan gratuita y transparente. Escuchar, abrir los ojos y el corazón. Siempre les instala y pone en camino de conversión y tal vez sus oyentes se resisten a ello. Y tú, cuando te llega su palabra, ¿cómo la recibes, cómo te dejas interpelar?

Jesús invita a poner los sentidos al servicio del reino. No sólo oír, sino escuchar. No sólo mirar sino ver en profundidad, para dejarse tocar en lo hondo, en el corazón. ¿Cómo experimentas que la realidad cotidiana, los acontecimientos de cada día, trocan tu vida? ¿En qué te es más difícil descubrir la presencia de Dios? Déjate tocar.

Hoy se te llama dichoso porque has conocido a Jesús, porque has visto y has oído. Al acoger de nuevo la buena noticia, recibe esta bienaventuranza. Cae en la cuenta de que puede ser partícipe de una alegría grande al descubrir a Jesús y abrirte a su evangelio.

Tras este rato de encuentro, el Espíritu te devuelve a la vida con los ojos abiertos, con los oídos atentos y con el corazón despierto. Permite que tus sentidos sean hoy la puerta por donde Dios se cuela en tu vida. Deja que tus sentidos descubran hoy la huella de Dios encarnada en la realidad y en todas las personas.

Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.