Cuaresma 2013

Introducción, por José Antonio Pagola 

La Cuaresma no ha de ser un residuo de prácticas acéticas de otros tiempos, sino una experiencia que hemos de actualizar de manera creativa en nuestras comunidades respondiendo a las llamadas de Dios en nuestros días. Ofrecemos algunas claves para reavivar tres líneas de fuerza del ejercicio cuaresmal.

Llamada a la conversión 

La Cuaresma es, antes que nada, una llamada a la conversión. Según el nuevo ritual, así dice el sacerdote a quienes se acercan a recibir la ceniza al comenzar el tiempo cuaresmal: “Conviértete y cree en el Evangelio”. En nuestras comunidades ha de ir resonando a lo largo de todo el recorrido cuaresmal esa llamada de Jesús: “El tiempo se ha cumplido. El reino de Dios está cerca. Convertíos y creed esa Buena Noticia” (Marcos 11,15).

 Muchos cristianos viven hoy su fe ignorando ese gran proyecto que tiene Dios de ir cambiando el mundo para hacer posible una vida más humana. No saben que ese proyecto que Jesús llama el “reino de Dios” es la pasión que animó toda su vida, el objetivo de todos sus esfuerzos y también la razón de su condena.

 Ha llegado el momento de recuperar ese proyecto del reino de Dios en nuestras comunidades. La Cuaresma nos ha de ayudar a entrar en la dinámica del reino trabajando por construir un mundo más sano, más digno y más dichoso para todos, empezando por los últimos. Esta es la primera tarea que Jesús confió a sus seguidores.

Volver a Jesucristo 

El ejercicio cuaresmal está orientado a la renovación del compromiso bautismal en la celebración de la Vigilia Pascual. Este compromiso adquiere, en este Año de la Fe, un relieve especial. Hemos de bautizarnos con el espíritu de Jesús, el “Autor de nuestra fe”, el único que puede regenerar nuestra fe débil y vacilante de nuestras comunidades.

 Lo primero y más decisivo es volver a Jesucristo. Todo lo demás viene después. Ya no basta cualquier reforma o “aggiornamento”. Necesitamos volver al que es la fuente y el origen de la Iglesia: el único que justifica su presencia en el mundo. Enraizar nuestra fe en Jesucristo como la única verdad de la que nos está permitido vivir y caminar de manera creativa hacia el futuro.

El gran riesgo de los cristianos ha sido siempre pretender serlo sin seguir a Jesús. El ejercicio cuaresmal nos ha de ayudar a dar contenido concreto a  ese seguimiento. Hemos de aprender a creer en lo que Jesús creyó, defender la causa que él defendió, acercarnos a los que sufren como se acercaba él, confiar en el Padre como él confiaba, contagiar esperanza como la contagiaba él. 

La práctica del amor solidario 

En el ejercicio de la cuaresma se ha insistido a lo largo de los siglos en la oración, el ayuno y la limosna. Pero nunca se ha olvidado que esa ascética alcanza su verdadero sentido en la práctica del amor solidario al que sufre. ¿Cómo entender y vivir la Cuaresma en medio de la grave crisis económica que estamos sufriendo?

No es suficiente despertar en nosotros sentimientos de generosidad. Hemos de desplazarnos hacia una vida más sobria para poder compartir lo que tenemos y sencillamente no necesitamos con aquellos que lo necesitan. Renunciar poco a poco a nuestro nivel actual de bienestar para poder orientar nuestros recursos hacia los más golpeados por la crisis.

 La Cuaresma nos ha de ayudar a encontrar nuestro lugar cristiano junto a las víctimas más débiles de la crisis, conociendo mejor su situación, estableciendo con ellos lazos de amistad solidaria y ofreciéndoles nuestro apoyo y ayuda para aliviar su situación.

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