Miércoles XXXI Tiempo Ordinario

Hoy es miércoles, 6 de noviembre.

Aquí estoy Señor. Ante ti me vacío de toda ansia y me pongo en tu presencia sagrada. Delante de ti, mi Dios. Sintiéndome pobre, pequeño, necesitado. Me vacío de toda preocupación y me dispongo a estar. Sólo a estar, contigo, para que me llene tu presencia y me consuele tu amor. Una vez más, aquí estoy, Señor. Tu invitación, hecha canto es una llamada para mí. Quedaos aquí, estad conmigo, velad y orad. Aquí estoy, Señor.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 14, 25-33):

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mi no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: «Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar. ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.»

Son muchos los que quieren seguirle. Jesús es tajante y claro en las condiciones para los que desean hacerlo. La entrega incondicional invita a una respuesta total, a una entrega entera, a un corazón entero. El amor al Padre y al reino pone al discípulo en situación de renunciar a todo para seguirle. ¿Qué lugar ocupa el Señor dentro de las prioridades de mi vida?

El discípulo es el que aprende de su maestro o estilo de vida. Es sentir y hacer como Jesús. Estar dispuesto a anunciar y construir una sociedad nueva. Estar preparado para afrontar contratiempos. Tener el corazón libre de apegos y listo para escuchar la voz de Dios. Es empeñarse en que el bien triunfe sobre el mal. ¿Qué estoy dispuesto a hacer para ser discípulo?

Las exigencias del seguimiento son tan radicales que el Señor invita a pensar si conviene o no ponerse en camino. Ser de los suyos es cosa seria. Es necesario sopesar pros y contras, medir las fuerzas. Antes de seguir adelante hay que reflexionar, adecuar la propia vida a la de Jesús. Me detengo a reflexionar con seriedad sobre lo que implica ser seguidor, discípulo del maestro.

Discípulo es aquella persona que se ha encontrado personalmente con Jesús. Leo de nuevo el evangelio desde mi sentirme discípulo y me pregunto qué compromiso concreto me sugiere su palabra.

Llego al final de la oración. ¿Qué poso deja en mí este rato contigo, Señor? Te cuento, te pido, te agradezco, te sigo, Jesús.

Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.