Para la homilía

Los que no se enteran

Jesús ha llegado ya a Jerusalén después de un largo camino desde Galilea. Su situación no es cómoda. Tiene todo el poder del Templo y del estamento sacerdotal en contra. Los saduceos han oído hablar a Jesús de la resurrección y eso les da pie para tratar de ridiculizarlo en público. Le proponen una cuestión aparentemente legal pero absurda. Lo que en realidad les interesa es desprestigiar a Jesús frente a todos los que han descubierto en él la clave del sentido de su vida.

Jesús no se rebaja a su nivel, y sin embargo les atiende y les responde. Lo que les dice es que en realidad “no se han enterado”, que ellos, responsables del Templo, andan muy despistados sobre el sentido definitivo de la vida. Hoy diríamos, que se mueven por otra onda…que no sintonizan ni quieren sintonizar.

El sentido de la vida

Los saduceos pensaban que, cuando Jesús anunciaba la resurrección, estaba hablando de un simple volver a la vida, de un revivir. Como si resucitar fuera un volver a poder vivir unos años más para luego volver a morir. Claro está: si Jesús se hubiera referido a eso, lo que los saduceos le planteaban habría tenido incluso cierta lógica: ¡menudo lío! “si hay resurrección de los muertos, ¿de cuál va a ser esposa?”

Pero Jesús no hablaba de un “revivir”, sino de un don de Dios, infinitamente superior al don de la vida en la tierra. De algo inimaginable pero real. La “resurrección” de la que hablaba Jesús se trataba de la obra del Espíritu que transforma y santifica a los que resucita haciéndoles hijos de Dios, su Padre, en plenitud. Jesús hablaba del renacer de Dios y en Dios: una nueva vida en plenitud, que se gesta ya aquí en la tierra. Por eso Jesús habla de “merecer llegar a aquel otro mundo y resucitar”: ese “merecer” se refiere al dejarse llevar y conducir por el Espíritu ya aquí. Y ese dejarse llevar y conducir por el Espíritu es lo que da el sentido profundo de la vida: Ese dejarse llevar por el Espíritu, permite, ya ahora, saborear la eternidad, la vida en plenitud. Sólo ese dejarse llevar por el Espíritu permite caminar como Jesús por esa tierra con una vida llena de sentido. A eso le llamamos “vivir en plenitud”, una plenitud que culminará con el paso de ese mundo a la casa del Padre. Entonces, “serán hijos de Dios porque él les habrá resucitado”

A modo de conclusión
Nada dice el Evangelio sobre si los saduceos le entendieron. ¡Qué difícil es entender desde los prejuicios! Sin embargo deja una puerta abierta a la esperanza. Al fin y al cabo, Jesús vino para salvar a todos: también a los saduceos. Digo una puerta abierta a la esperanza, porque acaba el relato con esa frase: «Algunos maestros de la Ley le dijeron: Maestro hablas bien. Y no se atrevieron a hacerle más preguntas».

Josep Baquer Sistach. S.J.