Lc 21, 5-19

La última predicación pública de Jesús, antes de los acontecimientos de la Pasión, se recoge en el llamado discurso escatológico (Lc 21,5-36; en esto coincide con los otros Sinópticos: Mc 13; Mt 24-25). Sobre la base de Mc 13, construye un relato en el que el tono apocalíptico cede paso a un discurso “cristianizado” de carácter parenético. Algunos de los temas que se recogen en este discurso han aparecido ya en el evangelio, especialmente en lo que se ha llamado “pequeño apocalipsis” (Lc 17,20-37).

Que el discurso se proclame en el Temployanteelpueblo,ynoenprivado y para los discípulos (como en Mt y Mc), pone de manifiesto que no estamos ante una enseñanza de carácter esotérico, para un grupo de privilegiados, típico de la literatura apocalíptica, sino ante unas palabras dirigidas a todos los creyentes, invitando a prestar atención al presente.

Cuando se pone por escrito el evangelio de Lucas, los trágicos acontecimientos de la destrucción de Jerusalén y su Templo por parte de las legiones romanas de Tito (h. 70 d.C.), ya se habían producido. Estos sucesos están probablemente en el trasfondo de este discurso. Así, parece que Lucas lo compone en dos partes: subraya los eventos profetizados por Jesús, y ya sucedidos, que preceden al final de la ciudad (vv. 8-24); y llama la atención sobre las profecías de Jesús que aún están por cumplirse al final de los tiempos (la parusía: vv. 25-36).

Laadmiraciónporlabellezay riquezas del Templo (vv. 5-6) sirve de introducción al conjunto de la predicación. Se destaca el carácter profético de las palabras de Jesús: «los días»alosquesereferíayahansido conocidos por los lectores del evangelio (destrucción de Jerusalén y del Templo). La profecía se ha cumplido. A partir de estos acontecimientos exhorta a los discípulos en una doble dirección:

– No dejarse arrastrar por falsos predicadores. En el interior de las comunidades, probablemente habían surgido personas o grupos que predicaban la inminencia de la parusía. La advertencia de Jesús es clara: la llegada del final de los tiempos se cumplirá según el designio de Dios. Los acontecimientos a los que están asistiendo (guerras, destrucción de la ciudad, falsos testigos…) no tienen un carácter apocalíptico. Se refieren a situaciones históricas concretas, que tienen su sentido dentro del plan de Dios, pero que no están avisando del final de los tiempos.

– Esta exhortación abre a la segunda idea. A través del lenguaje de carácter apocalíptico, se hace una invitación a la perseverancia en medio de las dificultades. Las pruebas, persecuciones, problemas, que están viviendo las comunidades primitivas no deben causar el abandono del seguimiento. La fidelidad y el testimonio de Jesús trae consigo división, enfrentamientos… Pero hay una garantía que no faltará. El Señor estará siempre presente y será su defensa: la protección de Dios está garantizada. Jesús mismo será quien hable en su nombre.

Óscar de la Fuente