Miércoles XXXII Tiempo Ordinario

Hoy es miércoles, 13 de noviembre.

En medio de mi rutina diaria, tengo un momento para encontrarme con Jesús, presentarle esa vida de preocupaciones, trabajo, aprendizaje. Despejo mi mente y respiro pausadamente y hago silencio en el corazón. Siento tu presencia que me envuelve y me acompaña. Dispongo todo mi ser, todos mis sentidos y me dejo seducir por tu palabra de hoy.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 17, 11-19):

Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea.

Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.»

Al verlos, les dijo: «ld a presentaros a los sacerdotes.»

Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Éste era un samaritano.

Jesús tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?»

Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado.»

Cuanto se agradece si una persona se detiene en la calle o en el trabajo para ayudarte cuando tienes un problema, o te cede el paso en el transporte público, o te atiende con amabilidad en la farmacia o en el banco. Puede que no le vuelvas a ver y no se le pueda devolver su generosidad de la misma manera y sin embargo, hace brotar gratitud en tu corazón.

A veces las cosas parecen tan naturales que no siempre se te ocurre agradecerlas. Tal vez creas que es lo normal, es lo mínimo, lo das por sentado. Puede ocurrir que vivas tan ensimismado en tu cotidianeidad que no te das cuenta del milagro de la vida y de las bendiciones que recibes. Piensa en si hay algo que tienes que agradecer.

Ocurre a veces, que sólo cuando sientes la amenaza de perder lo que tienes, cuando pasas por una dificultad económica, de salud o emocional, buscas a Dios. ¿Qué pasa cuando mejoran las circunstancias y la vida te sonríe? ¿Eres de los leprosos que una vez curados se olvidan del Señor, como si nunca hubiera pasado nada, como si nunca hubiera actuado, como si todo lo bueno estuviera garantizado?

Me acerco de nuevo a este pasaje, imaginando lo que Jesús podría decirles a los leprosos sanados si volviera a encontrarlos. Me sumerjo en el momento y me identifico con alguno de los diez.

Y les dice Jesús: «Vosotros me buscasteis y me suplicasteis por un milagro. Aquí lo tenéis, no me cuesta. De vosotros diez, sólo uno ha vuelto dando gracias a Dios. Y yo le digo a éste: ‘vete tu fe te ha salvado, tú lo has entendido’.

Y a los otros nueve os digo: ‘habéis sido sanados mas no salvados. Y es que, ¿no os dais cuenta del milagro de la vida y de las bendiciones que habéis recibido? Todo lo que tenéis os ha sido dado por Dios y todo con un propósito, lo descubráis o no. Seáis conscientes de ello o no, la vida y todo lo que habéis recibido tiene un propósito’.

Y yo os digo a cada uno de vosotros nueve: ‘Todo lo que tú eres y tienes, es por algo. Y las bendiciones en tu vida, no son para atesorarlas, ni admirarlas en una vitrina, ni guardarlas bajo llave. Son para agradecerlas, compartirlas y celebrarlas’.

Esa es la mejor forma de agradecer a Dios… Celebrar su presencia en cada vida, y hacerlo al reconocer su fuerza, al luchar por su justicia. Contar su verdad y servir a los demás.»

Nuria Quintanilla, sobre Lc 17, 11-19

Termino este tiempo de oración dando gracias por este momento. Recojo todas aquellas sensaciones y pensamientos que me han resonado con más fuerza en este rato de encuentro contigo y te las ofrezco. Señor, dame la gracia de saber agradecerte todos los dones que me das. Amén.

Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Amén.

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