Viernes XXXII Tiempo Ordinario

Hoy es viernes, 15 de noviembre.

Jesús sale al encuentro. Es verdad que no sé cómo y cuándo lo hará. Pero me invita a estar preparado, atento al presente, a los demás, a cada circunstancia. La oración forma parte de esa preparación. Porque todo puede convertirse en una invitación o llamada del Señor que me premia. Así, la venida de aquel con que estoy en continua relación no podrá sorprenderme. Estoy seguro de que veré la bondad del Señor en esta tierra de vivos. Y porque estoy seguro, quiero estar alerta para que no me pase desapercibido.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 17, 26-37):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos. Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del hombre. Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa, que no baje por ellas; si uno está en el campo, que no vuelva. Acordaos de la mujer de Lot. El que pretenda guardarse su vida la perderá; y el que la pierda la recobrará. Os digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán.»

Ellos le preguntaron: «¿Dónde, Señor?»

Él contestó: «Donde se reúnen los buitres, allí está el cuerpo.»

¿Qué es lo que más entretiene mi vida? ¿Qué polariza mi atención? Son preguntas que el Señor me hace en el evangelio de hoy. Porque es cierto que comer, plantar, edificar, comprar y vender son parte de lo cotidiano, pero Jesús me pone sobre aviso para no quedar atrapado por las cosas y la libertad del desprendimiento. ¿Qué ocupa mi vida?

Si vivo solo pendiente de salvar lo que tengo, antes o después, terminaré perdiéndolo. Pero si todo lo vivo como don, acabaré yo mismo siendo regalo para los demás. ¿Me siento libre de esa manera?

Jesús invita a estar preparados y atentos, porque allí donde despliego la vida, allí me visitará el Señor. ¿Es posible que él pase por mi vida? Le pido que me ayude a prestar atención a su paso inesperado.

Vuelvo a leer la palabra de Jesús que me dice que volverá, aunque la pregunta que me brota sea, ¿dónde Señor? Lo único que ha de importarme sin embargo, es estar alerta.

Dame tu espíritu, Señor, para que sepa descubrirte en tu escritura, en la creación entera. Que sepa escrutar tu paso y estar atento al murmullo con que hablas desde las plantas, los animales, los seres humanos y las cosas. Que la belleza sea camino hacia ti y la fealdad la experimente como llamada que tú me haces hacia su transformación. Son los deseos hondos que brotan, Señor, en mi oración.

Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.