Sant 5, 7-10

La carta de Santiago es una llamada a la participación social y aun política, ya que desvincular a la experiencia creyente de este componente no solamente es debilitarla, sino ponerla en cuestión. El compromiso con la realidad es una exigencia cristiana. Y casi podemos decir que es la exigencia cristiana, ya que es una exigencia que nace del Dios cristiano y su revelación “según la cual el mismo Dios se ha hecho presente y se ha atado definitivamente a lo material de la carne de Jesús y a lo material de la historia y de sus hijos privilegiados, los pobres” (Jon Sobrino). Con Dios nos encontramos en el mundo, a Dios lo encontramos en el empobrecido.

Aunque a veces parezca que el tono de Santiago es condenatorio, en realidad él quiere persuadir, motivar la adhesión del corazón, empujar a una vivencia gozosa y satisfactoria de la espiritualidad cristiana. Por eso, como las otras cartas “Católicas”, su texto está sembrado de exhortaciones que tratan de animar la fe del seguidor/a. Una de las principales exhortaciones es a la paciencia: “Tened paciencia”. Trata de contener la impaciencia por el día del Señor que quiere ir por el atajo, el afán de una escatología que no cuenta con lo duro y sudoroso del camino histórico.

Con la evangélica imagen del labrador que espera paciente la cosecha, anima a una espera paciente y activa. Esa paciencia ha de estar marcada por la fraternidad vivida con intensidad: “No os quejéis, hermanos, unos de otros, para que no ser condenados. Mirad que el juez está ya a la puerta”. La espera ha de activar la fraternidad; ésa será la manera de esperar con sentido.

La amenaza del “juez a la puerta” es más pedagógica que real. Quiere instar de manera fuerte y rotunda a que la paciencia que engendra la fraternidad se aplique con decisión a los ámbitos sociales. De ahí que la espera de la venida del Señor ha de tener como requisito esta acción social inundada de fraternidad de la que habla el texto.

Además, la paciencia ha de llevar a la resistencia, porque en la resistencia habita la esperanza. El sufrimiento de los profetas ha de ser acicate para el seguidor/a, porque ahora se cosecha el fruto de su penar: “Tomad como ejemplo de paciencia y de sufrimiento a los profetas”. El logro de una sociedad nueva, fraterna, el gran sueño de Jesús, demanda el precio histórico de la resistencia. El Adviento es el tiempo de hacerse consciente de que la fe ha de ocupar un lugar en la construcción de la sociedad fraterna. Trabajadores infatigables de la nueva sociedad.

Fidel Aizpurúa Donázar