Vísperas – Lunes IV de Adviento

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: ESCUCHA, CASA DE DAVID

Escucha, casa de David:
La Virgen pura se halla encinta;
Dios la acaricia y la fecunda
y la hace Madre de la vida.

La Virgen grávida nos lleva
en el secreto de su dicha;
la Virgen fiel nos abre ruta
por su obediencia de discípula.

Espera en calma la agraciada,
con ella el mundo se arrodilla;
levanta el pobre la mirada,
con ella pide la venida.

Nacido en tiempos sin aurora,
el Hijo espera con María.
¡Oh Dios de amor, nuestra esperanza,
cambia tu espera en parusía!

¡A ti, Jesús, Hijo esperado,
aparecido en nuestros días,
con santo júbilo cantamos!
¡Ven en tu reino, ven de prisa! Amén.

SALMODIA

Ant 1. Mirad, vendrá el Señor, príncipe de los reyes de la tierra; ¡dichosos los que están preparados para salir a su encuentro!

Salmo 135 I – HIMNO A DIOS POR LAS MARAVILLAS DE LA CREACIÓN Y DEL ÉXODO.

Dad gracias al Señor porque es bueno:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios de los dioses:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Señor de los señores:
porque es eterna su misericordia.

Sólo él hizo grandes maravillas:
porque es eterna su misericordia.

Él hizo sabiamente los cielos:
porque es eterna su misericordia.

El afianzó sobre las aguas la tierra:
porque es eterna su misericordia.

Él hizo lumbreras gigantes:
porque es eterna su misericordia.

El sol que gobierna el día:
porque es eterna su misericordia.

La luna que gobierna la noche:
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mirad, vendrá el Señor, príncipe de los reyes de la tierra; ¡dichosos los que están preparados para salir a su encuentro!

Ant 2. Cantad al Señor un cántico nuevo, llegue su alabanza hasta el confín de la tierra.

Salmo 135 II

El hirió a Egipto en sus primogénitos:
porque es eterna su misericordia.

Y sacó a Israel de aquel país:
porque es eterna su misericordia.

Con mano poderosa, con brazo extendido:
porque es eterna su misericordia.

Él dividió en dos partes el mar Rojo:
porque es eterna su misericordia.

Y condujo por en medio a Israel:
porque es eterna su misericordia.

Arrojó en el mar Rojo al Faraón:
porque es eterna su misericordia.

Guió por el desierto a su pueblo:
porque es eterna su misericordia.

Él hirió a reyes famosos:
porque es eterna su misericordia.

Dio muerte a reyes poderosos:
porque es eterna su misericordia.

A Sijón, rey de los amorreos:
porque es eterna su misericordia.

Y a Hog, rey de Basán:
porque es eterna su misericordia.

Les dio su tierra en heredad:
porque es eterna su misericordia.

En heredad a Israel, su siervo:
porque es eterna su misericordia.

En nuestra humillación se acordó de nosotros:
porque es eterna su misericordia.

Y nos libró de nuestros opresores:
porque es eterna su misericordia.

Él da alimento a todo viviente:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios del cielo:
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cantad al Señor un cántico nuevo, llegue su alabanza hasta el confín de la tierra.

Ant 3. Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?

Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN – Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?

LECTURA BREVE   2Pe 3,8b-9

Para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. No es tardo el Señor en el cumplimiento de sus promesas, como algunos piensan. Lo que hace es aguardaros pacientemente, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos vengáis a arrepentiros.

RESPONSORIO BREVE

V. Ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.
R. Ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

V. Que brille tu rostro y nos salve.
R. Señor Dios de los ejércitos.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Oh Emmanuel, rey y legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, ven a salvarnos, Señor, Dios nuestro.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Oh Emmanuel, rey y legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, ven a salvarnos, Señor, Dios nuestro.

PRECES

Roguemos a nuestro Redentor, que viene a dar la Buena Noticia a los pobres, y digámosle:

Manifiesta, Señor, tu gloria a los hombres.

Manifiéstate, Señor, a todos los que no te conocen, 
para que también ellos vean tu salvación.

Que tu nombre, Señor, se anuncie hasta los confines de la tierra
y que todos los hombres descubran el camino que conduce a ti.

Tú que viniste la vez primera para salvar al mundo, 
ven de nuevo para salvar a los que en ti creen.

Aquella libertad que tu venida dio a los redimidos 
consérvala y defiéndela siempre con tu poder.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que ya viniste en la carne y vendrás de nuevo a juzgar al mundo,
da en tu venida el premio eterno a los difuntos.

Llenos del Espíritu de Jesucristo, nos atrevemos a decir:

Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, estando ya próximo el aniversario del nacimiento de tu Hijo en carne mortal, te pedimos nos hagas sentir la abundancia de su amor, que lo hizo encarnarse en el seno de la Virgen María y habitar entre nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén. 

Jn 1, 1-18

El prólogo del Evangelio de san Juan es uno de los pasajes más densos del NT. Ciertamente Juan quiere que el Evangelio se lea a la luz de estos versículos iniciales. Puede plantearse una estructura tripartita:

a) La Palabra que está en Dios se convierte en la luz del mundo (vv. 1- 5): “Al principio” evoca Gn 1,1 y los comienzos de la historia humana. Se sitúa a la Palabra fuera de los límites del espacio y del tiempo que no existían al principio. La Palabra preexiste, pero no por sí misma sino en relación con Dios. El término “Palabra” nos remite al hecho de la revelación, uno de los temas del cuarto evangelio, mientras que la expresión “y la Palabra era Dios”, dado que Dios no lleva artículo en griego, indica que no son la misma cosa, sino que lo que Dios era, también lo era la Palabra. La Palabra preexistente se manifiesta en la creación y en la vida, como luz para la humanidad. El v. 5 trae el verbo en presente: la luz brilla y sigue estando presente pese a la hostilidad. Las tinieblas no han sofocado la luz.

b) La encarnación de la Palabra (vv. 6-14): Juan ha sido enviado por Dios, el único además de Jesús. Juan es muy importante, es testigo, pero no es la luz. A continuación se afirma la encarnación, ante la que existe una respuesta, negativa o positiva, que el evangelio expresa con el verbo recibir. “Recibir la Palabra” significa creer en su nombre (v. 12), lo que da poder para ser hijos de Dios. No hay que esperar al final para ser hijos de Dios pues en el cuarto evangelio los dones se anticipan (escatología realizada). Llegar a ser hijo de Dios no es resultado de la iniciativa humana, sino divina. El v. 14 trae la proclamación clara de la encarnación: la Palabra irrumpe en la historia y habita en la situación humana. El verbo griego “acampar” puede relacionarse con la tienda de la Sabiduría (Eclo 24,8) y la del encuentro, en la que Dios se hace presente y acompaña a Israel durante el Éxodo. Contemplar la encarnación de la Palabra era ver la revelación de la divinidad. Si antes se hablaba de Palabra y Dios, ahora se habla de Hijo y Padre.

c) El revelador es el Hijo único vuelto hacia el Padre (vv. 15-18): “El que viene” sigue a Juan en secuencia temporal pero existía antes que él. El Hijo nos hace participar de su propia plenitud. Recibir “gracia tras gracia” no habría que entenderlo desde una clave acumulativa, sinoalaluzdeloquesigue–la contraposición entre Moisés y Jesús – desde una clave de culminación, en el sentido de una gracia en lugar de otra gracia, un don en lugar de otro don. El don recibido por medio de Moisés, la ley, ha sido perfeccionado: el Hijo único es aquél que nos ha dado a conocer a Dios, nos lo ha explicado totalmente. Ésa es la gracia y la verdad, el don que es verdad.

Pablo Alonso Vicente 

Heb 1, 1-6

Leer textos de Hebreos desde la óptica del sacerdocio tal como lo conocemos vulgarmente es distorsionarlos. El sacerdocio que propone la carta es, justamente, un anti- sacerdocio: no pertenece a una casta, pues Jesús era un laico; no se basa en ritos, sino en la entrega de Jesús en bien de la humanidad; no le exige separarse de lo humano, sino que lo acerca más a los hombres. Es preciso mantener esta perspectiva de lectura.

Además, la consagración sacerdotal de Cristo es la transformación de su propia humanidad que alcanza la perfección al aceptarla como es, con su dolor y su tragedia, y ofrecerla a Dios haciendo que esa humanidad sea una ofrenda que Dios acoge y plenifica. La encarnación de Jesús es eso: una vida ofrecida que termina por ser acogida en el regazo del Padre liberada de sus más duras constricciones.

Es justamente este exordio (1,1-4) donde se quiere establecer la diferencia entre los viejos sacerdocios y este sacerdocio histórico de Jesús. Si se nos habla por el Hijo, “a quien se ha nombrado heredero de todo” quiere decir que su palabra, por pobre y humilde que se quiera, es de más calidad que la de los viejos profetas, más digna de fe y de aceptación. La palabra encarnada de Jesús tiene el respaldo del que nombra a Jesús “heredero de todo”.

Esta palabra es “reflejo de su gloria e impronta de su ser”. O sea: por Jesús sabemos realmente cómo es Dios. Por su perdón, sabemos que Dios perdona; por su acogida, sabemos que Dios acoge; por su amor al débil, estamos ciertos de que Dios está de parte del débil; por su servicio sin condiciones, tenemos la seguridad de que el mismo Dios nos sirve; por su entrega generosa y total, llegamos a concluir que el Padre se nos entrega por amor.

Este camino encarnacional es el que ha reportado a Jesús el enorme beneficio de “estar sentado por encima de los ángeles”, es decir, de adquirir un rango divino. La encarnación que se entrega es el camino para superar a los ángeles, para ser como Dios, plenos en su plenitud. La encarnación que se entrega tiene abierto el horizonte al máximo. Jesús es divino por su honda humanidad.

La relación paterno-filial de Jesús es la razón última de este sacerdocio de nueva encarnación que plantea Hebreos. Dios ha sido para Jesús un Padre y él ha sido para Dios un hijo. Es preciso llenar estas expresiones de la mayor calidez, alejándolas de una dogmática que las enfría y las vacía de contenido real. La encarnación de Jesús se resuelve en el diálogo cálido de Jesús con su Padre, como se muestra por muchos vestigios del Evangelio y por la misma oración de Jesús, el Padrenuestro.

Si los ángeles adoran a Jesús, es que su pobre encarnación entregada que el Padre respalda tiene más valor que los más próximos a Dios. Es la paradoja del hecho encarnacional: su pobreza no solamente no anula su contenido salvífico, sino que lo encumbra más. Una encarnación, una Navidad, pobre y entregada, desvela mejor que ninguna otra el amor de Dios a la historia que late en su fondo.

Fidel Aizpurúa Donázar 

Is 52, 7-10

El texto en su contexto.

Este oráculo de Isaías se sitúa en la promesa de la restauración de Jerusalén. El contexto histórico no es ya la amenaza de destrucción del reino del Sur (Isaías del siglo VIII) sino el pueblo esclavo y deportado en Babilonia. El profeta tiene una difícil misión: por una parte animarles a que regresen (algunos habían conseguido establecerse), por otra anunciar que es posible la restauración de la ciudad, del Templo y del Reino. El profeta ve al mensajero que anuncia el regreso a la ciudad santa. Las ruinas de Jerusalén deben alegrarse porque está cerca el día de su restauración. El poder no pertenece a los dioses de Babilonia, sino al Señor.

El texto en la historia de la salvación.

La palabra profética que en otros momentos ha sido de denuncia del pecado, palabra dura y tajante, que ha costado incluso la muerte violenta del profeta, se transforma ahora en grito de júbilo. La Escritura tiene la capacidad de poner al ser humano frente a su historia personal y la historia de la humanidad. A pesar del fracaso aparente por las estructuras violentas e injustas, fruto del pecado, siempre hay un atisbo de esperanza. La buena noticia no se ha acabado. Jerusalén será reconstruida, y de nuevo Dios dará su voto de confianza al pueblo: la victoria no pertenece a las fuerzas de la injusticia, sino que la victoria pertenece a Dios.

Palabra de Dios para nosotros: sentido y celebración litúrgica.

Palabras de contemplación y de escucha. Ver con esperanza la intervención de Dios; escuchar sus palabras de consuelo, su anuncio de victoria y de paz. Ni la última palabra la tiene el poder sanguinario de los ejércitos de este mundo, ni el que domina el mundo es el gobierno de los hombres que se creen divinos y se ríen de Dios. La buena noticia de la salvación va ‘por otros caminos’. Hay que ponerse en actitud de escuchar las otras voces, las que vienen de los profetas, y no las que vienen de los augures de derrotismo y de sumisión al poder reinante. Dios salva; aunque todo parezca oscuro, el futuro es de Dios. Ésa es, sin duda, la gran noticia. La Buena Noticia de la Salvación tiene un nombre propio: Jesús.

Pedro Fraile Yécora 

Oración de los fieles (Misa de medianoche

Al llegar este momento, Padre, te pedimos tu luz y tu fuerza para vivir honrada e intensamente la fiesta que celebramos esta noche:

Esta noche, (hoy navidad), nos reunimos la gente para celebrar el cumpleaños de tu nacimiento hace ya 21 siglos. Ya sabes que lo más grande es tener una casa, una familia, unos padres, abuelos y hermanos. Estos días saboreamos que nos queremos, que nos necesitamos, que estamos muy pegados las personas. Pon a nuestro lado, personas que nos quieran mucho y bien. Bendice nuestras casas y familias y ayúdanos a querernos. Oremos.

Esta noche, (hoy navidad), se nos ablanda el corazón y la piel a todos. Tu cumpleaños nos hace tocar el cielo. El corazón se nos pone como una esponja y la lengua se nos llena de palabras mágicas como amor, paz, cariño, convivencia, perdón, amistad. Ayúdanos a que estas palabras las convirtamos en experiencia y en vida. Oremos.

Tú, que nos conoces y nos quieres, ayúdanos a vivir el lenguaje de la navidad todos los días del año. Que nunca nos cansemos de soñar y desear. Vuelve tierno nuestro corazón. Márcanos la sonrisa en el rostro. Abre nuestras cerrazones. Suaviza nuestras palabras duras. Haznos sensibles y tiernos. Oremos.

Enséñanos a ser una comunidad “buenanoticia”, abierta, confiada, fraterna, invadida por el gozo del espíritu. Concédenos la sabiduría de aprender siempre, de contarte, de renovar y renovarnos, de vivir estos tiempos de cambios como oportunidad para escribir letras abiertas al futuro. Oremos.

Reunidos en la fiesta de tu cumpleaños, mira a toda la comunidad parroquial, pueblo y barrio, a cada una de nuestras casas, a cada una de las mesas reunidas. Mira a cada abuelo, a los padres, a cada joven, a cada niño. Apunta en tu agenda todos nuestros nombres y regálanos el amor, como un arte de vivir. Oremos.

Danos siempre, Señor, tu luz y tu gracia. 

Para la homilía

Otra vez la Nochebuena rompió la noche oscura

Hace XXI siglos, y en una nochebuena, ocurrió el milagro: la luz rompió la noche oscura. La noche empezó a parir luces, señales y dones, dentro de una cueva de Belén, en medio de la intemperie. Ocurrió el milagro de tocar a Dios con los dedos y de percibirle como uno de los nuestros. Aquella noche mágica se estrenó el villancico: “¡cantemos todos la navidad!. Dios ha nacido, ¡Aleluya!. Su luz venció la oscuridad, Dios se hace hombre, ¡Aleluya!”

Y esta nochebuena, se vuelve a reproducir el milagro: se nos pone el corazón como una esponja, se nos caen las barreras de las lógicas, se ablandan nuestras corazas y certezas, se nos desarman las defensas, y la noche se rompe con la luz, igual que hace XXI siglos.

Un año más nos sentimos identificados con los personajes-testigos de esa noche: nos reconocemos en los pastores que pasan la noche al raso, a la

orilla de tantas cosas. Nos vemos en los reyes buscadores magos-sabios, con más preguntas que respuestas, y que siguen los rastros de una estrella que ilumine y dé gusto y sentido a sus vidas. Nos llegan los ruidos y las tensiones del Templo, del Palacio, del Dinero, de los choques entre los poderes del centro de la ciudad. Nos vemos en el asombro de José y María, atrapados por el misterio de Dios que les ha puesto en camino al otro lado de las fronteras. Nos sentimos espectadores, como los ángeles, que aplauden, cantan y celebran la buena noticia.

Un año más se produce el milagro. Otra vez se renuevan las señales de Dios entre nosotros y se repiten y se encarnan en el siglo XXI. Otra vez se rompe la noche y la luz alumbra el camino a seguir. Otra vez se desvela el rostro de Dios entre los pliegues de la crisis, a las afueras, en la zona de tierra de nadie, al otro lado de la frontera de nuestras seguridades, a la vuelta de la esquina de nuestra religiosidad dormida, en los pisos donde falta el empleo digno y no se ha podido pagar la factura del calor y se escribe con dolor la vida.

Y por unos días, nos damos la tregua de saborear a Dios, que huele a recién nacido, a ternura desmedida, a gusto por la vida, a sentido para vivir, a mesas reunidas, a esfuerzos colectivos, a perfume de atrevernos a ser inventores y artesanos por senderos menos trillados.

Un año más somos afortunados. La noche ha parido la luz. La alegría nos ha desbordado de nuevo. La vida es más saludable y llevadera. El dolor se escribe con la ternura. Las lágrimas son menos saladas. La pobreza siente la mano amiga con pan para compartir. Las derrotas desvelan la sabiduría y los aprendizajes del camino. En la Navidad, los gritos son escuchados, las quejas tienen oídos, la vida es más luminosa, aceptada y enérgica. Las señales lo vuelven a mostrar: Dios con nosotros y entre nosotros

Ricardo Fernández Ibáñez 

Comentario al evangelio de hoy (23 de diciembre)

Quien no cree… ¡pierde!

La falta de fe no queda impune. Lleva en sí misma el castigo. Quien no confía, pierde hasta lo suyo, hasta su propia identidad. Sobre esto habla el evangelio de este día, centrado en la figura de un viejo e incrédulo sacerdote judío, Zacarías.

El evangelista Lucas inicia su libro con una historia de incredulidad. Un viejo y honrado sacerdote no cree en los signos de Dios. Es capaz de oponerse a la revelación. En su obstinación incrédula recibe la pena: ¡pierde la capacidad de hablar! San Pablo, en su carta segunda a los Corintios, dice –sin embargo- una expresión del todo diferente: “Creí, por eso, hablé”. La falta de fe nos quita hasta la palabra. Por eso, en la escena evangélica que hemos escuchado adquiere un rango protagonista la esposa de Zacarías, Isabel. Es a ella sola a quien la gente felicita por la gran misericordia que Dios le ha hecho. Es ella la que decide ponerle a su hijo un nombre que lo desconecta de su padre Zacarías y hasta de su familia. Por eso, le reprochan: ¡ninguno de tus parientes se llama así! Pero Isabel no cede. Juan es un nombre compuesto. Ju o Jo o Yo es abreviatura del nombre de Yahweh, y hen o hanna es un término que significa gracia. Johannes es aquel a quien Yahweh ha demostrado su gracia.

Las mujeres que han creído, María e Isabel, hablan, actúan. El varón incrédulo, Zacarías, está mudo. Si María es bienaventurada porque creyó, Zacarías se ha cerrado a la bienaventuranza con su incredulidad. Sin embargo, en este momento se rehace. Se adhiere a la propuesta de su mujer Isabel y escribe en una tabilla: Juan es su nombre. Renuncia a imponer el suyo… como indicando que en esa concepción de Juan él poco había intervenido a causa de su incredulidad y como reconociendo que era más hijo de Dios que suyo. Pero ese gesto de adhesión curó a Zacarías de todos sus males. Y renació en él la fe. Y toda la gente comenzó a sentir una profunda inquietud religiosa.

La incredulidad disminuye al ser humano. Le cierra puertas, lo deshereda, lo vuelve extraño y aislado. La fe nos hace pertenecer a un fantástico mundo de relaciones, donde todo va cobrando sentido poco a poco. Cuando nosotros, como el viejo sacerdote Zacarías, no dejamos lugar al Espíritu Santo, entonces quedamos poseídos por un espíritu mudo, que nos aísla. Cuando, en cambio, nos abrimos al Espíritu, todo renace en nosotros.

Pero ¡no entendamos las cosas de forma excesivamente espiritualista! Quien cree es creador. Y se abre a la capacidad creadora. Quien cree y confía en todo y más allá de todo, está abierto al Espíritu. Lo que más hemos de pedir a Dios es el don de la fe, de la confianza. Esa es una de las súplicas más importantes en la oración.

Lunes IV de Adviento

Hoy es lunes, 23 de diciembre.

En el Señor nosotros esperamos. Él nuestra defensa y nuestro escudo, pues nuestro corazón se alegra en él y confiamos en su sagrado nombre. Venga Señor tu amor por nosotros. Como hemos puesto en ti nuestra confianza.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 1, 57-66):

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan.»

Le replicaron: «Ninguno de tus parientes se llama así.»

Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.»

Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: «¿Qué va a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él.

Isabel y su esposo Zacarías, que había enmudecido cuando el ángel le anunció su paternidad, están de acuerdo en algo muy importante, el nombre de su hijo. Se va a llamar Juan, como había dicho el ángel. Cinco letras que en su lengua significaban, el Señor es favorable. Ese favor del Señor, le acompañaría toda su vida en su misión de preparar el camino a Jesús. De alguna manera, también Juan es mi nombre. Yo estoy llamado a preparar el camino del Señor.

Zacarías recupera el habla y lo primero que hace es bendecir al Señor, darle gracias porque les ha sido favorable, a su mujer y a él. Y en definitiva a todo el pueblo de Israel. Hablar para bendecir al Señor. también yo, consciente de todo el bien que he recibido del Señor en mi vida, quiero, bendecirte y darte las gracias.

¿Qué va a ser este niño? Porque la mano del Señor le acompañaba. Toda su vida, todo su futuro en manos del Señor. también yo, después de reconocer que el Señor me ha acompañado a lo largo de mi vida, quiero y deseo dejar todo mi futuro en sus manos.

Ni la historia ni mi historia van a la deriva porque el Señor anda metido en ella. El nacimiento de un niño, una nueva vida, es un signo claro de esa fidelidad del Señor para con nosotros. Al leer de nuevo el texto, me fijo en esa nueva noticia. Se llamará Juan, porque el Señor nos es favorable. También hoy el Señor está de nuestra parte.

A pesar de tantas zonas oscuras en mi vida, quiero darte gracias por tu presencia en mi historia pasada. Tú me amaste ya desde antes de mi nacimiento. Tú me has sido siempre favorable. Señor, con plena confianza dejo todo mi futuro en tus manos. Sólo tú eres la razón de mi esperanza. Ven Señor Jesús.

Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres,
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

Laudes – Lunes IV de Adviento

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Ant. El Señor está cerca, venid adorémosle. 

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Himno: LA PENA QUE LA TIERRA SOPORTABA

La pena que la tierra soportaba,
a causa del pecado, se ha trocado
en canto que brota jubiloso
en labios de María pronunciado.

El sí de las promesas ha llegado,
la alianza se cumple, poderosa,
el Verbo eterno de los cielos
con nuestra débil carne se desposa.

Misterio que sólo la fe alcanza,
María es nuevo templo de la gloria,
rocío matinal, nube que pasa,
luz nueva en presencia misteriosa.

A Dios sea la gloria eternamente,
al Hijo suyo amado Jesucristo,
que quiso nacer para nosotros
y darnos su Espíritu divino. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Mirad, vendrá el Señor, príncipe de los reyes de la tierra; ¡dichosos los que están preparados para salir a su encuentro!

Salmo 89 – BAJE A NOSOTROS LA BONDAD DEL SEÑOR

Señor, tú has sido nuestro refugio
de generación en generación.

Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vigilia nocturna.

Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca.

¡Cómo nos ha consumido tu cólera
y nos ha trastornado tu indignación!
Pusiste nuestras culpas ante ti,
nuestros secretos ante la luz de tu mirada:
y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera,
y nuestros años se acabaron como un suspiro.

Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y vuelan.

¿Quién conoce la vehemencia de tu ira,
quién ha sentido el peso de tu cólera?
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.

Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos;
por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.

Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años en que sufrimos desdichas.
Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu gloria.

Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mirad, vendrá el Señor, príncipe de los reyes de la tierra; ¡dichosos los que están preparados para salir a su encuentro!

Ant 2. Cantad al Señor un cántico nuevo, llegue su alabanza hasta el confín de la tierra.

Cántico: CANTICO NUEVO AL DIOS VENCEDOR Y SALVADOR Is 42, 10-16

Cantad al Señor un cántico nuevo,
llegue su alabanza hasta el confín de la tierra;
muja el mar y lo que contiene,
las islas y sus habitantes;

alégrese el desierto con sus tiendas,
los cercados que habita Cadar;
exulten los habitantes de Petra,
clamen desde la cumbre de las montañas;
den gloria al Señor,
anuncien su alabanza en las islas.

El Señor sale como un héroe,
excita su ardor como un guerrero,
lanza el alarido,
mostrándose valiente frente al enemigo.

«Desde antiguo guardé silencio,
me callaba y aguantaba;
mas ahora grito como la mujer cuando da a luz,
jadeo y resuello.

Agostaré montes y collados,
secaré toda su hierba,
convertiré los ríos en yermo,
desecaré los estanques;
conduciré a los ciegos
por el camino que no conocen,
los guiaré por senderos que ignoran.
Ante ellos convertiré la tiniebla en luz,
lo escabroso en llano.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cantad al Señor un cántico nuevo, llegue su alabanza hasta el confín de la tierra.

Ant 3. Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?

Salmo 134 1-12 – HIMNO A DIOS POR SUS MARAVILLAS

Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios.

Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión suya.

Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la tierra,
en los mares y en los océanos.

Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.

Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta los animales.
Envió signos y prodigios
-en medio de ti, Egipto-
contra el Faraón y sus ministros.

Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos;
a Hog, rey de Basán,
y a todos los reyes de Canaán.
Y dio su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su pueblo.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?

LECTURA BREVE   Jr 30,21-22

Esto dice el Señor: «Saldrá de Jacob un príncipe, su señor saldrá de en medio de él; me lo acercaré y se llegará a mi. Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios.»

RESPONSORIO BREVE

V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

V. Su gloria aparecerá sobre ti.
R. Amanecerá el Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Se ha cumplido ya todo lo que el ángel dijo de la Virgen María.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR      Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Se ha cumplido ya todo lo que el ángel dijo de la Virgen María.

PRECES

Oremos, hermanos, a Cristo, nuestro redentor, que ha venido para darnos la justificación, y digámosle con júbilo:

Ven, Señor Jesús.

Señor, cuya venida en la carne anunciaron antiguamente los profetas,
haz germinar en nosotros la semilla de las virtudes.

Concede a los que anunciamos al mundo tu salvación
que encontremos también en ti nuestra salvación.

Tú que viniste a librar a los oprimidos,
cura las dolencias de los que sufren.

Tú que reconciliaste al mundo con Dios en tu primera venida,
absuélvenos de toda condenación cuando vengas como juez.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Repitamos las palabras de Jesús, pidiendo al Padre que venga su reino:

Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, estando ya próximo el aniversario del nacimiento de tu Hijo en carne mortal, te pedimos nos hagas sentir la abundancia de su amor, que lo hizo encarnarse en el seno de la Virgen María y habitar entre nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.