Eclo 3, 2-6

El texto en su contexto.

El libro del Eclesiástico, o Ben Sira, pertenece de pleno derecho a la mejor tradición del judaísmo. Es verdad que ha sido tachado de representar el pensamiento ‘tradicional’ frente al más ‘aperturista’ del libro de la Sabiduría, que reflejaría los intentos de aproximación del judaísmo al pensamiento helenista. Fiel a esta raíz judía, el libro del Ben Sira recoge la tradición del Sinaí: ‘honra a tu padre y a tu madre para que se prolonguen tus días sobre la tierra’ (Éx 20,12). Ahora bien, no se trata sólo de un sentimiento piadoso o de justicia, sino religioso, pues Dios mismo es el garante de este mandamiento. El temor a Dios, entendido como respeto reverencial y amoroso, se manifiesta en la honra necesaria a los padres.

El texto en la historia de la salvación.

En la sociedad patriarcal israelita, la figura de los padres alcanza gran prestigio. El cuarto de los mandamientos insiste en esta misma línea de honrar a los progenitores. A esto debemos unir la importancia que adquieren en las sociedades semíticas antiguas la autoridad de los mayores. La ancianidad no es signo de decrepitud sino de madurez, de sensatez. De los ancianos se escucha el consejo; el sabio llama a su discípulo ‘hijo mío’. Antropológicamente se trata de una sociedad que necesita de la figura de los padres y de la unidad familiar para ser fuertes; teológicamente, aún no se ha llegado a la creencia en una vida más allá de la muerte, pero el pueblo de Israel cree firmemente que Dios premia en vida la bondad del hijo con el padre, de la misma forma que castiga el descuido o la crueldad con los progenitores. Es verdad que la idea que podamos tener de la familia ha cambiado mucho desde entonces, pero sí podemos mantener el consejo bíblico de la honra, del respeto, del amor debido a los progenitores. No sólo como deber moral, sino también como actitud religiosa que reconoce y respeta a quien ha sido puesto por Dios para engendrar y sostener la vida humana.

Palabra de Dios para nosotros: sentido y celebración litúrgica.

El libro del Eclesiástico ha sido muy considerado en la Iglesia desde sus comienzos. De ahí su nombre; Eclesiástico tiene que ver con eclesial, con Iglesia; nada que ver con su nombre hebreo que nos recuerda el apellido del autor: Ben Sira o Sirácide. La Iglesia lo leía con gusto por ver en él los buenos consejos de los sabios de Israel que traspasan fronteras espaciales y temporales. ¿Quién no firmaría estos versos? En el fondo está la sabiduría de todo el próximo oriente que reconoce una autoridad que viene del mismo Dios, y que en la vida familiar se encarna en los padres. No es sólo respeto debido por la edad o por haberlos engendrado, sino aprecio, cariño, reconocimiento. Para el Eclesiástico no hay verdadera sabiduría sin temor/respeto a Dios. Por eso engarza el cuidado de los padres con la vida de piedad. El que es «sabio» hace de la piedad no sólo una virtud espiritual sino práctica, que se hace patente en la vida familiar.

Pedro Fraile Yécora