Vísperas – Lunes I de Navidad

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: ENTONAD UN CANTO

Entonad un canto
con voz celestial:
«Dios niño ha nacido
pobre en un portal.»

Anúnciale el ángel
la nueva al pastor,
que niño ha nacido
nuestro Salvador.

Adoran pastores
en sombras al Sol,
que niño ha nacido,
de una Virgen, Dios.

Haciéndose hombre,
al hombre salvó;
un niño ha nacido,
ha nacido Dios. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Eres príncipe desde el día de tu nacimiento, entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora.

Salmo 109 – EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Eres príncipe desde el día de tu nacimiento, entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora.

Ant 2. Del Señor viene la misericordia y la redención copiosa.

Salmo 129 – DESDE LO HONDO A TI GRITO, SEÑOR.

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Del Señor viene la misericordia y la redención copiosa.

Ant 3. En el principio, antes de los siglos, la Palabra era Dios, y hoy esta Palabra ha nacido como Salvador del mundo.

Cántico: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS. Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él,
Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. En el principio, antes de los siglos, la Palabra era Dios, y hoy esta Palabra ha nacido como Salvador del mundo.

LECTURA BREVE   2Pe 1, 3-4

Cristo, con su divino poder, nos ha concedido todo lo referente a la vida eterna y a la verdadera religión, mediante el perfecto conocimiento del que nos convocó por su propia gloria y virtud. Por ellas nos ha hecho merced de las preciosas y magníficas promesas, para que así seáis partícipes de la naturaleza divina, escapando de la corrupción existente en el mundo por causa de la concupiscencia.

RESPONSORIO BREVE

V. La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.
R. La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.

V. Y puso su morada entre nosotros.
R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre. y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Te glorificamos, santa Madre de Dios, porque de ti ha nacido Cristo; oh María, salva a todos los que te enaltecen.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Te glorificamos, santa Madre de Dios, porque de ti ha nacido Cristo; oh María, salva a todos los que te enaltecen.

PRECES

Aclamemos a Cristo, el jefe salido de Belén, tierra de Judá, para ser el pastor del pueblo de Israel, y digámosle:

Que tu gracia, Señor, nos acompañe siempre.

Cristo salvador, deseado de todos los pueblos, haz que tu Evangelio llegue a aquellos que aún no han oído la palabra de vida
y atrae a ti a todos los hombres.

Cristo Señor, haz que tu Iglesia se dilate por el mundo y arraigue en los pueblos,
para que en ella se congreguen los hombres de toda lengua y nación.

Rey de reyes, dirige la mente y la voluntad de los que gobiernan,
para que procuren la justicia y trabajen por la libertad y la paz de las naciones.

Señor todopoderoso, tú que eres la fortaleza de los frágiles, ayuda a los que están tentados, levanta a los decaídos, protege a los que están en peligro,
consuela a los que se sienten decepcionados o desesperados y robustece la confianza de los perseguidos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que eres el consuelo de los tristes, conforta a los agonizantes
y llévalos a los goces de tu paraíso.

Alegres porque Jesucristo nos ha hecho hijos de Dios, digamos:

Padre nuestro…

ORACION

Concédenos, Dios todopoderoso, que el nacimiento de tu Hijo en nuestra carne mortal nos libre de la antigua servidumbre del pecado que pesa aún sobre nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén. 

Para la celebración

MONICIÓN DE ENTRADA

Feliz año nuevo. En esta Eucaristía primera del año ponemos, en su primera página el nombre de María, madre de Dios, cuya fiesta celebramos en este día. Todo el día de hoy la liturgia se llena con palabras de bendición y de buenos deseos. Estrenamos una vez más la vida, y queremos también hacerlo con palabras de paz, escuchando la voz del papa Francisco en la Jornada Mundial por la paz. En nombre de Jesús, que inicia también nuestro año nuevo, comenzamos esta Eucaristía de primero de año pidiéndole al Señor que nos ayude a superar los grandes problemas que nos acucian en nuestros días. Queremos sentirnos solidarios de quienes sufren las carencias de un mundo en crisis, y pedimos a Dios que cambie el corazón de quienes se responsabilizan de la economía y la política de nuestro país y del mundo, para que este año nuevo sea un año de verdad y de justicia.

ACTO PENITENCIAL

Echando todavía la mirada atrás, del año que pasó, reconocemos ante Dios Padre, Hijo y Espíritu, todo lo dolorosa que tal vez hayamos hecho la vida a los demás.

* Se nos va el tiempo, Señor. Hubiéramos querido hacer tantas cosas…, pero no lo hemos conseguido. SEÑOR, TEN PIEDAD.

* Se nos va el tiempo, Señor. Pudimos apoyar con más fuerza la paz y la justicia, pero nos hemos quedado cortos. CRISTO, EN PIEDAD.

* Se nos va el tiempo, Señor. Pudimos amar más y mejor, pero hemos sido mezquinos y egoístas. SEÑOR, TEN PIEDAD.

Al decir esto, Señor, sabemos que nos tiendes una mano para que no abandonemos los buenos deseos ya que Tú siempre nos perdonas.

OFRENDAS

Podríamos presentar, extendidas por el altar una serie de tarjetas con los nombres de todas las personas, instituciones y acontecimientos que, a lo largo del año han ido construyendo semillas de paz y sueños de justicia en todo el mundo, en nuestro país, en nuestros pueblos, barrios y ciudades.

Estos mismos nombres pueden añadirse a toda la acción de gracias de la Eucaristía, como paso previo al prefacio o en el momento de la acción de gracias.

UNA ORACIÓN FINAL POR LA PAZ

Haznos, Señor, centinelas de la paz para anunciar
a los hombres y mujeres de la tierra

que salgan de los subterráneos
de la muerte
y salgan a la calle y a las plazas
porque la vida empieza.
Haznos, Señor, centinelas de la paz
para anunciar a los grandes de la tierra
que ha concluido el tiempo
de las falsas promesas
y ha comenzado el tiempo del compromiso concreto
por la causa de la paz y la justicia.
Haznos, Señor, centinelas de la paz
para anunciar a todas las naciones
que nadie nace malo sino que llega a serlo
si alimenta en su alma
la lógica de la violencia.
Haznos, Señor, centinelas de la paz
para anunciar al extranjero
que no es mercado de fábricas y empresas
sino personas libres,
todos los hombres y mujeres.
de todos los países, religiones y culturas.
Haznos, Señor, centinelas de la paz
para anunciar a los jóvenes
que no tengan miedo del futuro
sino que lo construyan salvajemente,
día a día,
sembrando en todas partes sus sueños y utopías.
Haznos, Señor, centinelas de la paz
para anunciar a nuestra Iglesia
que Cristo resucitado
nos ha librado a todos
de la tentación del poder, de la del miedo.
Haznos, Señor, centinelas de la paz para anunciar
a todas las ciudades y países
que derriben barreras,
que abran las fronteras
que dejan fuera de sus muros
a los extraños, los débiles y diferentes.
Haznos, Señor, centinelas de la paz
para anunciar el Evangelio
en todos los rincones,
que es palabra de vida,
de perdón y solidaridad.
¿Cuánto queda de noche, centinela?
“Pueblo mío, te anuncio
que está para acabar la noche
y la aurora ya brilla:
Cristo resucitado
es nombre de paz y de justicia,
es el nombre de Dios, un Dios de paz
en todo el universo. Amén.

Oración de los fieles (Solemnidad de Santa María, Madre de Dios)

Al comenzar el año, te pedimos, Señor, que nos bendigas a nosotros, a nuestras familias, a la Iglesia y al mundo que tú amas.

* Para que la Iglesia, junto con nuestro papa Francisco, sea bendición y buena noticia de esperanza en este año que ahora comienza para todos los hombres y mujeres en todos los lugares de la tierra.

* Para que quienes dirigen la política y la economía del mundo, sean capaces, este año, de dar una respuesta solidaria y eficaz a los inmensos problemas de la pobreza, del hambre y de las guerras.

* Para que todas las personas que comienzan este año con sufrimiento por su situación personal o familiar, experimenten en su corazón y en su vida la cercanía misericordiosa de Dios.

* Para que en este año que comienza nos sea concedida la gracia del encuentro con Dios en las circunstancias cotidianas de nuestra vida y en las personas que se acerquen a nosotros.

* Para que seamos constructores de justicia y de paz en un mundo roto y dolorido.

Que tu Palabra se vuelque sobre nosotros para que construyamos, entre todos, un año en paz y justicia en nuestra sociedad, en nuestras casas, y en el mundo entero. Por Jesucristo, Nuestro Señor. 

Para la homilía

Hace pocas horas, y ahora, en este mismo momento, según los diversos lugares del mundo, millones de personas hemos comenzado un Año Nuevo expresándonos los mejores deseos unos a otros, en las más diversas lenguas, según las más diversas tradiciones y costumbres. El Año Nuevo comienza con una expresión universal de buenos deseos.

La liturgia que estamos celebrando se suma a esta expresión de buenos deseos con las lecturas que acabamos de proclamar. Y lo hace con una palabra que repite varias veces: BENDICIÓN. ¡Que el Señor te bendiga! ¡Que el Señor os llene de sus bendiciones a lo largo de este nuevo año!

La primera lectura del libro de los Números expresa de una manera concisa en qué consiste esa bendición de Dios, cuáles son los dones de esa bendición. Estos son, pues, los dones que la Iglesia nos desea para este año nuevo. Son tres. Que veas el rostro de Dios, que te encuentres personalmente con El. Que experimentes su misericordia, que es la forma cotidiana del amor de Dios a nosotros que somos pecadores. Que vivas en su paz; esa paz que se encuentra y de la que se disfruta cuando alguien se entrega de verdad a los demás.

Pero el Salmo y la lectura de Pablo a los Gálatas dan un paso más allá del libro de loa Números: afirman que esa bendición de Dios no es sólo una promesa, sino que ya se ha dado en la historia. La bendición de Dios hecha ya realidad en la historia humana es la persona de Jesús: el rostro visible del Dios invisible; el corazón compasivo de Dios para con los pobres y los pecadores; el Príncipe de la Paz. Encontrarse con Jesús es disfrutar de la bendición de Dios: a eso nos invita esta liturgia de comienzo de año.

Todos en la vida nos hemos encontrado, y nos seguimos encontrando, con personas que son una bendición de Dios para quienes conviven con ellos: por su bondad, por su capacidad de ternura y acogida, por su entrega y su servicio. Los contemporáneos de María y Jesús expresaron muchas veces ese sentimiento de bendición al encontrarse con ellos: “Bendita tú entre las mujeres” (Lc 1, 42) dijo Isabel: o esos pastores que se vuelven bendiciendo a Dios porque han visto a María y al niño, como acabamos de escuchar en el evangelio (Lc 2, 20).

En esta eucaristía de comienzo de años se nos hace, pues, una doble invitación. La invitación a encontrarnos con Jesús y María, en los que encontraremos para cada uno de nosotros la bendición de Dios: su rostro, su ternura, su paz. Y también la invitación a ser nosotros bendición de Dios para aquellos que se nos acercan, para todo este mundo tan necesitado de misericordia, de paz y de bendición.

Darío Mollá Llácer 

Comentario al evangelio de hoy (30 de diciembre)

Hoy la liturgia nos invita a contemplar a Ana. La podemos imaginar como una anciana arrugada, parecida a algunas de las ancianas que también hoy están siempre en nuestros templos, como si fueran velas encendidas que se consumen lentamente ante el Señor. Ana, además de ser anciana, era viuda; es decir, pertenecía, junto con los huérfanos, a la categoría de los más pobres del pueblo, de los que no cuentan.

¿Qué sucede cuando se “encuentra” con el Niño?

El evangelio de Lucas va describiendo las respuestas de los distintos personajes. Los pastores, por ejemplo, pasaron por diversas etapas: temor, alegría, anuncio. Pues bien, la vieja Ana reacciona de dos maneras: dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel. Merece la pena que nos entretengamos en estas dos actitudes y en otra previa: la actitud de paciente espera.
Ana, en primer lugar, es una mujer que, como los pobres de Yahvé, sabe esperar activamente: No se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones.

¿No os parece que a menudo deseamos encontrarnos con Jesús sin apartarnos … de nuestros intereses, sin purificar nuestras expectativas en una oración confiada? Es muy fácil decir “Yo no veo a Jesús por ninguna parte”, cuando esas partes en las que no lo vemos son el territorio diminuto de nuestro pequeño mundo de intereses, preocupaciones. La oración paciente, día y noche, es como un colirio que limpia nuestros ojos para ver al Niño donde muchos sólo ven a un bebé como otro cualquiera.

Cuando Ana lo reconoce, da gracias a Dios. Todo regalo libera nuestra capacidad de agradecimiento. Hoy es uno de esos días en los que también nosotros podemos dar gracias a Dios por todos los signos visibles de su amor, por todos los Cristos que ha ido colocando en el camino de nuestra vida. Nuestra fe de hoy es, en buena medida, el fruto de estos regalos.

Ana, finalmente, habla del Niño. Lucas siempre acentúa este aspecto confesante de sus personajes. A mí no me gusta nada el testimonio cuando se convierte en una especie de “género literario”. Frases como “Y ahora fulano de tal va a dar testimonio” me producen sarpullido espiritual. Hablar del niño no es pasarse todo el día contando eso de “Yo era un sinvergüenza, alejado de la religión, pero cuando Cristo entró en mi vida, todo cambió”. Hay personas a las que estos relatos les emocionan. Es respetable. A mí me parecen casi siempre hinchados y huecos. Hablar del niño significa, sobre todo, hacer visible el gozo, la esperanza, el coraje, que todo encuentro con Jesús produce en el entramado de la vida cotidiana.

Fernando González, cmf

Lunes de II Navidad

Hoy es lunes, 30 de diciembre, tiempo de Navidad

Poder frenar un poco y hacer silencio en estos días, me ayuda a estar más cerca de todo lo que es verdaderamente importante. Más allá de todas las prisas, sonidos, luces. Me ayuda a darme cuenta de los momentos en que siento a Dios con más fuerza. Sé que es él quien me lanza a caminar siempre a su lado. Señor, enséñame el valor de la espera, de la confianza, de la entrega de cada día. Despiértame si me duermo, si no te espero, si no te veo. Para que aprenda a confiar y a velar.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 2, 36-40):

En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Hoy, la historia de Ana, la profetisa que aparece en el evangelio, hace que me fije en mi propia historia. Si hago una pequeña lectura de mi vida, descubro que yo también tengo límites, arrugas, heridas, dudas. Son cosas que en ocasiones siento como obstáculos para mi fe que forman parte de mi realidad de lo que yo soy. Me detengo un momento y traigo a la memoria algunos de ellos.

Qué cuesta arriba se hace la espera y la confianza cuando sólo pongo la mirada en los puntos más oscuros. Sin embargo el evangelio habla de un encuentro y de una acción de gracias. Mi vida también la forman aquellas cosas por las que doy gracias una y otra vez. Ya sean del pasado, del presente o del futuro. Escojo esos momentos y dejo que brote, una vez más, el agradecimiento concreto y profundo.

La espera de Ana cobra sentido. Sabe en quien ha puesto su confianza y que Dios no defrauda. al dar gracias siento que me pongo en camino y crecen en mí los deseos de hacer que otros puedan participar de esta alegría, de la esperanza que trae este niño. Quizás así entienda un poco mejor todo lo que ocurre. A los que esperaban la liberación de Jerusalén, ella les hablaba de un niño. ¿A quienes quiero llevar yo esa esperanza que siento al encontrarme con Jesús?

Me adentro en la lectura al volver a leer este pasaje. Quizás esta vez me es más fácil acercarme a esta mujer, o ponerme directamente en su lugar, en el momento del encuentro con el niño. La vida ahora es más palpable. La acción de gracias ya tiene palabras y pongo cara a aquellos a los que va dirigido el mensaje de esperanza.

Esperaré

Esperaré a que crezca el árbol
y me dé sombra.
Pero abonaré la espera con mis hojas secas.
Esperaré a que brote el manantial
y me dé agua.
Pero despejaré mi cauce
de memorias enlodadas.
Esperaré a que apunte
la aurora y me ilumine.
Pero sacudiré mi noche
de postraciones y sudarios.
Esperaré a que llegue
lo que no sé y me sorprenda.
Pero vaciaré mi casa de todo lo enquistado.
Y al abonar el árbol,
despejar el cauce,
sacudir la noche
y vaciar la casa,
la tierra y el lamento se abrirán a la esperanza.

Benjamín González Buelta, sj

Para ir cerrando este tiempo de oración, hablo con el Niño Dios de lo que ha brotado en este rato, de la dificultad de los momentos oscuros, de la gratitud de los momentos buenos, de la confianza, de la esperanza o de las ganas de compartirlo con otro. De todo lo que tengo dentro le hablo al ir despidiéndome.

Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Laudes – Lunes I de Navidad

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Ant. A Cristo, que por nosotros ha nacido, venid, adorémosle. 

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Himno: NIÑO, QUE POR DARME VIDA

Niño, que por darme vida
te pusiste mi vestido,
bien que te viene nacido,
mas no es hecho a tu medida.

Aunque eres, si bien se apura,
tan grande como tu Padre,
hoy te da señora Madre
un vestido de criatura.

Traerásle toda la vida,
sin mudar otro vestido,
mas andarás encogido,
por ser hecho a mi medida.

No te vendrá nada holgado;
que, aunque paño baladí,
primero que dé de sí
le tendrás todo rasgado.

Y aun te costará la vida
el habértele vestido,
porque te traerá molido
el ser hecho a mi medida.

Al Mesías tributad,
que nos trajo salvación,
honor, gloria y bendición
por toda la eternidad. Amén.

SALMODIA

Ant 1. «¿A quién habéis visto, pastores? Hablad, contádnoslo, ¿quién se ha aparecido en la tierra?» «Hemos visto al recién nacido y a los coros de ángeles alabando al Señor.» Aleluya.

SALMO 62, 2-9 – EL ALMA SEDIENTA DE DIOS

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré de manjares exquisitos,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. «¿A quién habéis visto, pastores? Hablad, contádnoslo, ¿quién se ha aparecido en la tierra?» «Hemos visto al recién nacido y a los coros de ángeles alabando al Señor.» Aleluya.

Ant 2. El ángel dijo a los pastores: «Os anuncio una gran alegría: hoy os ha nacido el Salvador del mundo.» Aleluya.

Cántico: TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR – Dn 3,57-88.56

Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

No se dice Gloria al Padre.

Ant. El ángel dijo a los pastores: «Os anuncio una gran alegría: hoy os ha nacido el Salvador del mundo.» Aleluya.

Ant 3. Hoy nos ha nacido un niño que se llamará Dios poderoso. Aleluya.

Salmo 149 – ALEGRÍA DE LOS SANTOS

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Hoy nos ha nacido un niño que se llamará Dios poderoso. Aleluya.

LECTURA BREVE   Is 9, 6

Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; lleva sobre sus hombros el señorío y será llamado: «Consejero admirable», «Dios poderoso», «Padre sempiterno» y «Príncipe de la paz».

RESPONSORIO BREVE

V. El Señor revela su salvación. Aleluya, aleluya.
R. El Señor revela su salvación. Aleluya, aleluya.

V. Los confines de la tierra la han contemplado.
R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. El Señor revela su salvación. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Al nacer el Señor, los ángeles cantaban, diciendo: «La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero».

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR      Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Al nacer el Señor, los ángeles cantaban, diciendo: «La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero».

PRECES

Oremos a Cristo, el Señor, en quien el Padre ha querido renovar todas las cosas, y digámosle:

Hijo amado de Dios, escucha nuestra oración.

Hijo de Dios, que en el principio estabas junto al Padre y, al llegar el tiempo señalado por él, quisiste nacer como hombre,
haz que todos nos amemos como hermanos.

Tú que te has hecho pobre para que, con tu pobreza, nosotros nos hagamos ricos y te anonadaste para que, con tu humillación, nosotros resucitáramos y llegáramos a participar de tu gloria,
haz que seamos anunciadores fieles de tu Evangelio.

Tú que nos has iluminado cuando vivíamos aún en tinieblas y en sombra de muerte,
concédenos también la santidad, la justicia y la paz.

Otórganos un corazón recto y sincero, que atienda siempre a tu palabra
y lleve a plenitud en nosotros y en todos los hombres tu plan de salvación.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Con el deseo de que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres y que su amor se extienda por toda la tierra, pidamos al Padre que su reino venga a nosotros:

Padre nuestro…

ORACION

Concédenos, Dios todopoderoso, que el nacimiento de tu Hijo en nuestra carne mortal nos libre de la antigua servidumbre del pecado que pesa aún sobre nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén. 

Oficio de lecturas – Lunes I de Navidad

OFICIO DE LECTURA 

Si el Oficio de Lectura es la primera oración del día:

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:

Ant. A Cristo, que por nosotros ha nacido, venid, adorémosle.


Si antes del Oficio de lectura se ha rezado ya alguna otra Hora:

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.



Himno: LA NOCHE ESTABA DEL SILENCIO EN MEDIO

La noche estaba del silencio en medio,
y las cosas suspensas, aguardando
de la dichosa hora el punto, cuando
reciba el mundo sin igual remedio.

Puso entre el hombre y Dios la Virgen medio,
su consentir humilde al ángel dando,
y el resplandor del Padre, así encarnando,
ya vecino al nacer confirma el medio.

María, de extremado gozo llena
y en vehemente ardor toda encendida,
pide que salga el Sol que la enamora.

Vistióse de blancura y luz serena,
y, sobre humanas fuerzas conmovida,
virgen y madre se mostró a la hora.

Gloria y loores por la eternidad
tribútense a la Santa Trinidad. Amén.

SALMODIA

Ant 1. La fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo.

Salmo 84 – NUESTRA SALVACIÓN ESTÁ CERCA.

Señor, has sido bueno con tu tierra,
has restaurado la suerte de Jacob,
has perdonado la culpa de tu pueblo,
has sepultado todos sus pecados,
has reprimido tu cólera,
has frenado el incendio de tu ira.

Restáuranos, Dios salvador nuestro;
cesa en tu rencor contra nosotros.
¿Vas a estar siempre enojado,
o a prolongar tu ira de edad en edad?

¿No vas a devolvernos la vida,
para que tu pueblo se alegre contigo?
Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu salvación.

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos
y a los que se convierten de corazón.»

La salvación está ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará en nuestra tierra;
la misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;

la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo;
el Señor dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.

La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. La fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo.

Ant 2. La misericordia y la fidelidad te preceden, Señor.

Salmo 88, 2-30 – I

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Pues dijiste: «Cimentado está por siempre mi amor,
asentada más que el cielo mi lealtad.»

Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
«Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades.»

El cielo proclama tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién como el Señor entre los seres divinos?

Dios es temible en el consejo de los ángeles,
es grande y terrible para toda su corte.
Señor de los ejércitos, ¿quién como tú?
El poder y la fidelidad te rodean.

Tú domeñas la soberbia del mar
y amansas la hinchazón del oleaje;
tú traspasaste y destrozaste a Rahab,
tu brazo potente desbarató al enemigo.

Tuyo es el cielo, tuya es la tierra;
tú cimentaste el orbe y cuanto contiene;
tú has creado el norte y el sur,
el Tabor y el Hermón aclaman tu nombre.

Tienes un brazo poderoso:
fuerte es tu izquierda y alta tu derecha.
Justicia y derecho sostienen tu trono,
misericordia y fidelidad te preceden.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, ¡oh Señor!, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo.

Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. La misericordia y la fidelidad te preceden, Señor.

Ant 3. Él me invocará: «Tú eres mi padre.» Aleluya.

Salmo 88, 2-30 – II

Un día hablaste en visión a tus amigos:
«He ceñido la corona a un héroe,
he levantado a un soldado sobre el pueblo.»

Encontré a David, mi siervo,
y lo he ungido con óleo sagrado;
para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga valeroso;

no lo engañará el enemigo
ni los malvados lo humillarán;
ante él desharé a sus adversarios
y heriré a los que lo odian.

Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán,
por mi nombre crecerá su poder:
extenderé su izquierda hasta el mar,
y su derecha hasta el Gran Río.

Él me invocará: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora»;
y yo lo nombraré mi primogénito,
excelso entre los reyes de la tierra.

Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable;
le daré una posteridad perpetua
y un trono duradero como el cielo.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Él me invocará: «Tú eres mi padre.» Aleluya.

V. El Señor. Aleluya.
R. Revela su salvación. Aleluya. 

PRIMERA LECTURA

Del libro del Cantar de los cantares 1, 11–2, 7

>DIALOGO ENTRE EL ESPOSO Y LA ESPOSA: ENTRE CRISTO Y LA IGLESIA

Mientras el rey estaba en su diván, mi nardo despedía su perfume. Mi amado es para mí una bolsa de mirra que descansa en mis pechos; mi amado es para mí como un ramo florido de ciprés de los jardines de Engadí.

¡Qué hermosa eres, mi amada, qué hermosa eres! Tus ojos son de paloma.

¡Qué hermoso eres, mi amado, qué dulzura y qué hechizo! Nuestra cama es de frondas, y las vigas de casa son de cedro, y el techo de cipreses.

Soy un narciso de Sarón, una azucena de las vegas.

Azucena entre espinas es mi amada entre las muchachas.

Manzano entre los árboles silvestres, mi amado entre los jóvenes: a su sombra quisiera sentarme y comer de sus frutos sabrosos. Me ha llevado a su bodega y contra mí enarbola su bandera de amor. Dadme fuerzas con pasas y vigor con manzanas: ¡Desfallezco de amor! Pone la mano izquierda bajo mi cabeza y me abraza con la derecha.

¡Muchachas de Jerusalén, por las ciervas y las gacelas de los campos, os conjuro que no vayáis a molestar, que no despertéis al amor, hasta que él quiera!

RESPONSORIO    Ct 2, 3; Sal 15, 11

R. A la sombra de mi amado quisiera sentarme * y comer de sus frutos sabrosos.
V. Me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha.
R. y comer de sus frutos sabrosos.

SEGUNDA LECTURA

Del Tratado de san Hipólito, presbítero, Refutación de todas las herejías
(Cap. 10, 33-34: PG 16, 3452-3453)

>EL VERBO HECHO CARNE NOS DEIFICA

No fundamentamos nuestra fe en palabras vanas ni nos dejamos arrastrar por los impulsos del corazón ni nos seduce la suavidad de palabras persuasivas, sino que nuestra fe se apoya en las palabras pronunciadas por el poder divino.

Dios confió estas palabras al Verbo, y el Verbo las profirió para apartar al hombre de la desobediencia, no coaccionándolo por fuerza como si se tratara de un esclavo,

sino llamándolo para que lo siguiera libre y voluntariamente.

Al fin de los tiempos el Padre envió al Verbo -pues ya no quería hablar por medio de los profetas ni ser anunciado en figuras-, ordenándole que se manifestara en forma visible, para que el mundo al verlo pudiera ser salvado.

Sabemos que este Verbo tomó un cuerpo de la Virgen y que hizo del hombre viejo una nueva creación. Sabemos que fue plasmado de nuestra misma substancia; porque si hubiera obrado de otro modo en vano nos mandaría que lo imitáramos como a un maestro.

En efecto, si este hombre hubiera sido formado de una substancia distinta de la nuestra, ¿cómo podría mandarme tales cosas a mí, que nací débil? ¿Cómo podríamos, en tal caso, decir que él es bueno y justo?

Para que no lo creyéramos diferente de nosotros, soportó fatigas, quiso tener hambre y no rehusó tener sed, tuvo necesidad de descanso, no rechazó los sufrimientos de la pasión, se sometió a la muerte y quiso manifestarnos su resurrección. En todo esto ofreció su humanidad como primicias, para que tú, en medio de los sufrimientos, no te desanimes, sino que, recordando tu condición de hombre, esperes recibir, también tú, lo que Dios quiso darle a él.

Cuando ya contemples a Dios tal cual es, tendrás un cuerpo inmortal e incorruptible, como el alma, y poseerás el reino de los cielos, tú, que, viviendo en la tierra, conociste al Rey celestial; participarás de la felicidad de Dios, serás coheredero de Cristo y ya no estarás sujeto a las pasiones ni a las enfermedades, porque habrás sido hecho semejante a Dios.

Todos los males que soportaste en cuanto hombre, Dios te los envió precisamente porque eres hombre; en cambio, todo aquello que es propio de Dios, él prometió dártelo cuando seas divinizado y alcances la inmortalidad. Conócete, pues, a ti mismo, reconociendo al Dios que te hizo; pues conocer a Dios y ser conocido por él corresponde a aquel que ha sido llamado por Dios.

Por tanto no discutáis entre vosotros ni dudéis en volver a él. Cristo es Dios por encima de todas las cosas; él quiso borrar el pecado de los hombres renovando al hombre viejo, que él había creado a su imagen desde el comienzo, manifestándote, de este modo, el amor que tiene por ti. Si obedeces sus mandatos y, por tu bondad, imitas al que es bueno, llegarás a ser semejante a él, y él te honrará; pues no es mezquino el Dios que te ha hecho dios para su gloria.

RESPONSORIO    1Jn 1, 14; Ba 3, 38

R. La Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros; * y hemos visto su gloria, gloria que recibe del Padre, como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.
V. Apareció en la tierra y convivió entre los hombres.
R. y hemos visto su gloria, gloria que recibe del Padre, como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.

Himno: SEÑOR, DIOS ETERNO

Señor, Dios eterno, alegres te cantamos,
a ti nuestra alabanza,
a ti, Padre del cielo, te aclama la creación.

Postrados ante ti, los ángeles te adoran
y cantan sin cesar:

Santo, santo, santo es el Señor,
Dios del universo;
llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.

A ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles,
la multitud de los profetas te enaltece,
y el ejército glorioso de los mártires te aclama.

A ti la Iglesia santa,
por todos los confines extendida,
con júbilo te adora y canta tu grandeza:

Padre, infinitamente santo,
Hijo eterno, unigénito de Dios,
santo Espíritu de amor y de consuelo.

Oh Cristo, tú eres el Rey de la gloria,
tú el Hijo y Palabra del Padre,
tú el Rey de toda la creación.

Tú, para salvar al hombre,
tomaste la condición de esclavo
en el seno de una virgen.

Tú destruiste la muerte
y abriste a los creyentes las puertas de la gloria.

Tú vives ahora,
inmortal y glorioso, en el reino del Padre.

Tú vendrás algún día,
como juez universal.

Muéstrate, pues, amigo y defensor
de los hombres que salvaste.

Y recíbelos por siempre allá en tu reino,
con tus santos y elegidos.

La parte que sigue puede omitirse, si se cree oportuno.

Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice a tu heredad.

Sé su pastor,
y guíalos por siempre.

Día tras día te bendeciremos
y alabaremos tu nombre por siempre jamás.

Dígnate, Señor,
guardarnos de pecado en este día.

Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.

A ti, Señor, me acojo,
no quede yo nunca defraudado. 

ORACIÓN.

OREMOS,
Concédenos, Dios todopoderoso, que el nacimiento de tu Hijo en nuestra carne mortal nos libre de la antigua servidumbre del pecado que pesa aún sobre nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.