El Papa en Sta. Marta: Si el amor de Dios disminuye, se pierde el sentido del pecado

Cuando disminuye la presencia de Dios entre los hombres, “se pierde el sentido del pecado” y así puede suceder que le hagamos pagar a otros el precio de nuestra “mediocridad cristiana”. Lo ha afirmado este viernes el papa Francisco, en la homilía de la misa matutina que ha celebrado en Santa Marta. Pidamos a Dios, ha exhortado el Papa, la gracia de que en nosotros nunca disminuya la presencia de “su reino”.

Un pecado grave, como por ejemplo es el adulterio, disminuido a “un problema para resolver”. La opción que elige el rey David, narrada en la primera lectura de hoy, se vuelve el espejo delante al cual el papa Francisco pone la conciencia de cada cristiano.

David se deslumbra con Betsabé, la esposa de Urías, su general, se la apropia y envía al marido a primera línea de batalla, causándole la muerte y de hecho perpetrando un asesinato. Y a pesar de ello ni el adulterio, ni el homicidio lo afectan. “David se encuentra delante a un enorme pecado, pero el no lo siente como un pecado”, observa el Papa. “No le pasa por su mente pedir perdón. Lo que le viene en mente es: ¿cómo resuelvo ésto?”:

“A todos nosotros nos puede suceder ésto. Todos somos pecadores y todos estamos sujetos a la tentación que es el pan nuestro de cada día. Si alguno de nosotros dijese: “Yo nunca tuve tentaciones”, o eres un querubín o un poco tonto, ¿no? Se entiende… Es normal en la vida la lucha y el diablo nunca se queda tranquilo, él quiere su victoria. Pero el problema más grave -el problema más grave en esta citación- no es tanto la tentación y el pecado contra el noveno mandamiento, sino el modo en el que actúa David. Y David aquí no habla de pecado, habla de un problema que tiene que resolver. ¡Esto es un signo! Cuando el reino de Dios disminuye, uno de los signos es que se pierde el sentido del pecado”.

Cada día, al rezar el “Padrenuestro”, nosotros le pedimos a Dios “Venga a nosotros tu Reino…”, lo que -explica el papa Francisco- quiere decir “crezca Tu Reino”. Cuando se pierde el sentido del pecado, se pierde también “el sentido del Reino de Dios” y en su lugar -subraya el Papa- emerge “una visión antropológica súper potente”, la del “yo lo puedo todo”:

“¡La potencia del hombre en lugar de la gloria de Dios! Este es el pan de cada día. Por esto la oración de todos los días a Dios ‘Venga tu Reino, crezca tu Reino’, porque la salvación no vendrá de nuestras astucias, de nuestra inteligencia al hacer negocios. La salvación vendrá de la gracia de Dios y del entrenamiento cotidiano que nosotros hacemos de esta gracia en la vida cristiana”.

“El pecado más grande de hoy es que los hombres han perdido el sentido del pecado”. El Santo Padre cita esta célebre frase de Pío XII y después centra su atención en Urías, el hombre inocente mandado a la muerte por la culpa de su rey. Urías, dice el Papa, se convierte en el emblema de todas las víctimas de nuestra inconfesada soberbia:

“Yo os confieso, cuando veo estas injusticias, esta soberbia humana, también cuando veo el peligro de que a mí mismo me suceda esto, el peligro de perder el sentido del pecado, me hace bien pensar en los muchos Urías de la historia, en los muchos Urías que también hoy sufren nuestra mediocridad cristiana, cuando nosotros perdemos el sentido del pecado, cuando nosotros dejamos que el Reino de Dios caiga… Estos son los mártires de nuestros pecados no reconocidos. Nos hará bien rezar hoy por nosotros, para que el Señor nos dé siempre la gracia de no perder el sentido del pecado, para que el Reino no disminuya en nosotros. También llevar una flor espiritual a la tumba de estos Urías contemporáneos, que pagan la cuenta del banquete de los seguros, de aquellos cristianos que se sienten seguros”.

Vísperas – Viernes III Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

VIERNES III SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO

 

Oración de la tarde

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

¿Quién es este que viene,

recién atardecido,

cubierto con sangre

como varón que pisa los racimos?

 

Este es Cristo, el Señor,

convocado a la muerte,

glorificado en la resurrección.

 

¿Quién es este que vuelve,

glorioso y malherido,

y, a precio de su muerte,

compra la paz y libra a los cautivos?

 

Este es Cristo, el Señor,

convocado a la muerte,

glorificado en la resurrección.

 

Se durmió con los muertos,

y reina entre los vivos;

no le venció la fosa,

porque el Señor sostuvo a su Elegido.

 

Este es Cristo, el Señor,

convocado a la muerte,

glorificado en la resurrección.

 

Anunciad a los pueblos

qué habéis visto y oído;

aclamad al que viene

como la paz, bajo un clamor de olivos. Amén.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.

 

Salmo 134 (I)

 

Alabad el nombre del Señor,

alabadlo, siervos del Señor,

que estáis en la casa del Señor,

en los atrios de la casa de nuestro Dios.

 

Alabad al Señor porque es bueno,

tañed para su nombre, que es amable.

Porque él se escogió a Jacob,

a Israel en posesión suya.

 

Yo sé que el Señor es grande,

nuestro dueño más que todos los dioses.

El Señor todo lo que quiere lo hace:

en el cielo y en la tierra,

en los mares y en los océanos.

 

Hace subir las nubes desde el horizonte,

con los relámpagos desata la lluvia,

suelta a los vientos de sus silos.

 

Él hirió a los primogénitos de Egipto,

desde los hombres hasta los animales.

Envió signos y prodigios

-en medio de ti, Egipto-

contra el Faraón y sus ministros.

 

Hirió de muerte a pueblos numerosos,

mató a reyes poderosos:

a Sijón, rey de los amorreos;

a Hog, rey de Basán,

y a todos los reyes de Canaán.

Y dio su tierra en heredad,

en heredad a Israel, su pueblo.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.

 

 

Ant. 2. Casa de Israel, bendecid al Señor; tañed para su nombre, que es amable.

 

Salmo 134 (II)

 

Señor, tu nombre es eterno;

Señor, tu recuerdo de edad en edad.

Porque el Señor gobierna a su pueblo

y se compadece de sus siervos.

 

Los ídolos de los gentiles son oro y plata,

hechura de manos humanas:

tienen boca y no hablan,

tienen ojos y no ven,

 

tienen orejas y no oyen,

no hay aliento en sus bocas.

Sean lo mismo los que los hacen,

cuantos confían en ellos.

 

Casa de Israel, bendice al Señor;

casa de Aarón, bendice al Señor;

casa de Leví, bendice al Señor;

fieles del Señor, bendecid al Señor.

 

Bendito en Sión el Señor,

que habita en Jerusalén.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 2. Casa de Israel, bendecid al Señor; tañed para su nombre, que es amable.

 

 

Ant. 3. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

 

Cántico: Ap 15, 3-4

 

Grandes y maravillosas son tus obras,

Señor, Dios omnipotente,

justos y verdaderos tus caminos,

¡oh Rey de los siglos!

 

¿Quién no temerá, Señor

y glorificará tu nombre?

Porque tú solo eres santo,

porque vendrán todas las naciones

y se postrarán en tu acatamiento,

porque tus juicios se hicieron manifiesto.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

 

 

LECTURA BREVE           St 1, 2-4

 

Hermanos míos: Teneos por muy dichosos cuando os veáis asediados por toda clase de pruebas. Sabed que, al ponerse a prueba vuestra fe, os dará constancia. Y si la constancia llega hasta el final, seréis perfectos e íntegros, sin falta alguna.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Cristo nos amó y nos ha librado, por su sangre.

R. Cristo nos amó y nos ha librado, por su sangre.

 

V. Nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios.

R. Por su sangre.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Cristo nos amó y nos ha librado, por su sangre.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. El Señor nos auxilia a nosotros, sus siervos, acordándose de su misericordia.

 

Cántico de María. Lc 1, 46-55

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. El Señor nos auxilia a nosotros, sus siervos, acordándose de su misericordia.

 

 

PRECES

 

Invoquemos al Señor Jesús, a quien el Padre entregó por nuestros pecados y lo resucitó para nuestra justificación, diciendo:

Señor, ten piedad de tu pueblo.

 

Escucha, Señor, nuestras súplicas, perdona los pecados de los que se confiesan culpables,

— y, en tu bondad, otórganos el perdón y la paz.

 

Tú que por el Apóstol nos han enseñado que, si creció el pecado, más desbordante fue la gracia,

— perdona con largueza nuestros muchos pecados.

 

Hemos pecado mucho, Señor, pero confiamos en tu misericordia infinita;

— vuélvete a nosotros, para que podamos convertirnos a ti.

 

Salva a tu pueblo de los pecados, Señor,

— y sé benévolo con nosotros.

 

Tú que abriste las puertas del paraíso al ladrón arrepentido, que te reconoció como salvador,

— ábrelas también para nuestros difuntos.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Reconociendo que nuestra fuerza para no caer en la tentación se halla en Dios, digamos confiadamente:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Señor, tú que has suscitado en san Juan Bosco un padre y un maestro para la juventud, danos también a nosotros un celo infatigable y un amor ardiente, que nos impulse a entregarnos al bien de los hermanos y a servirte a ti en ellos con fidelidad. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

La «Carta Magna» del Reino

Las palabras de Jesús, como las de un nuevo Moisés, son una especie de cuerpo “constitucional” del nuevo Pueblo de Dios. No se trata de una nueva normativa externa, como las tablas de la Ley que nunca se llegaron a cumplir, sino la propuesta de un camino en el marco de una Nueva Alianza, que marca los hitos fundamentales de un nuevo concepto de felicidad. Porque lo que se nos promete es la felicidad que Dios ha querido para la humanidad. Y ése es el verdadero camino.

Lejos de la prepotencia y el ansia de riqueza y de consumo se nos abre el horizonte de un nuevo “decrecimiento” cuyo núcleo lo constituye la opción por el “ser” en vez de por el “tener” y, por tanto la consiguiente opción por la fraternidad y el “nosotros” antes que por el individualismo. El “ser” lleva a la misericordia, la compasión, la solidaridad, la paz y la justicia. Todo otro camino sólo conduce a la desdicha personal y a la de toda la humanidad.

UN TEXTO

“Convertirse a Dios no significa decidirse por una vida más infeliz y fastidiosa, sino orientar la propia libertad hacia una existencia más humana, más sana y, en definitiva, más dichosa, aunque ello exija sacrificios y renuncia. Ser feliz siempre tiene sus exigencias.

Ser cristiano es aprender a “vivir bien” siguiendo el camino abierto por Jesús. Las bienaventuranzas son el núcleo más significativo y “escandaloso” de ese camino. Hacia la felicidad se camina con corazón sencillo y transparente, con hambre y sed de justicia, trabajando por la paz con entrañas de misericordia, soportando el peso del camino con mansedumbre. Este camino diseñado en las bienaventuranzas lleva a conocer ya en esta tierra la felicidad vivida y experimentada por el mismo Jesús” (J. A. Pagola, El camino abierto por Jesús. Mateo, Ed. PPC, Madrid 2010, pág. 61)

UN POEMA

Dichosos vosotros,
que apostáis por lo mágico y lo invisible
y el talante poético.
porque veréis más allá de todo.

Dichosos vosotros,
que tendéis puentes de encuentro
y abrís túneles de comunicación.
Porque facilitáis los abrazos,
y los besos también son vuestros.
Dichosos vosotros,
que escucháis atentamente,
esperáis en silencio,
dáis tiempo y maduráis por dentro.
Porque la impaciencia
no malogrará vuestros impulsos.
Dichosos cuando jugáis
enfrascados, entregados,
despreocupados como niños.
Porque vuestra alma aún confía.
Dichosos cuando arrimáis el hombro
y dais la cara por la solidaridad.
Porque se puede contar con vosotros.
Dichosos cuando lloráis
de pena o de alegría,
o de rabia o de emoción.
Porque todavía tenéis remedio.
Dichosos vosotros
si dais la mano
y con ella os dais a vosotros.
Dichosos vosotros
si anteponéis el bien común
a vuestros intereses particulares.
Dichosos vosotros
si renunciáis al pluriempleo
en favor de los desempleados.
Dichosos,
no los incautos, los ingenuos,
sino los sencillos, los transparentes.
Dichosos
no los empobrecidos, los indigentes,
sino los que eligen vivir austeramente.
Dichosos
no lo de manos limpias,
sino los limpios de corazón y manos sucias.
Joaquín Suárez,
“Los otros Salmos”,
Ed. Sal Terrae, Santander 1992, págs. 192-193 

UN SÍMBOLO / GESTO

Al finalizar la homilía, o durante ella, van subiendo al presbiterio 8 personas que llevan 8 corazones negros por un lado, en los que va escrita una palabra correspondiente a lo contrario de cada bienaventuranza. Por contraste, dan la vuelta al corazón y su color es ahora rojo, con la palabra de la bienaventuranza correspondiente:

RIQUEZA
INDIFERENCIA
SUPERFICIALIDAD
INJUSTICIA
CORRUPCIÓN
VIOLENCIA
CONFORMISTAS
 

DECRECIMIENTO
MISERICORDIA
COMPUNCIÓN
HAMBRE Y SED DE JUSTICIA
LIMPIEZA DE CORAZÓN
PAZ
PERSEGUIDOS

Comentario al evangelio de hoy (31 de enero)

Un grupo notable de enseñanzas de Jesús es designado como “las parábolas del contraste”. En ellas Jesús resalta la sorpresa que causa la aparente contradicción entre el comienzo y el final: un comienzo que en apariencia es nada frente a un final que es plenitud. Lo veíamos hace un par de días con la parábola del sembrador impertérrito: al comienzo sólo había fracasos, sementeras frustradas; al final apareció una cosecha superior a todo lo imaginable.

Hoy se nos ofrecen dos parábolas que tienen ese mismo sentido. No hay proporción entre la semilla pequeñísima que se siembra y el árbol que de ella llega a surgir (observemos de pasada que, aunque nuestras matas de mostaza no pasan de metro y medio y en ellas no pueden anidar los pájaros, junto al lago de Galilea crecen hasta tres metros). Y el paso de semilla a árbol es un proceso misterioso, que se realiza de manera imperceptible, pero de forma continuada e indefectible. La parábola de la semilla que crece por sí misma, sin que el hortelano perciba cómo, puede servir de explicación generalizante o comentario a la del grano de mostaza. Jesús no podía percibir allí sino el actuar sorprendente y admirable del Dios creador.

Este tipo de enseñanza tuvo que ser muy frecuente, ¡y muy necesario!, en el ministerio de Jesús. Él quería transmitir esperanza a unas gentes que se tenían por pueblo elegido pero que, fijándose en tanta tribulación como habían padecido durante los seis últimos siglos, siempre sometidas a imperios fuertes y opresores, se sentían tentadas de pensar que Dios las había dejado de su mano. Por otro lado, Jesús quiere educar también en la esperanza al pequeño grupo de seguidores; éstos debieron de manifestar muchas veces su desencanto, al sentirse perseguidos por la autoridad política (“vete de aquí, que Herodes quiere matarte”: Lc 13,31) y por la religiosa (los escribas le tildan de actuar en connivencia con el diablo: Mc 3,22), y al percibir sus propias limitaciones como grupo, siempre propenso a pretensiones,  (“quién era el mayor”: Mc 9,34), envidias (“los diez se indignaron contra Santiago y Juan”: Mc 10,21), y rencores (“cuántas veces hay que perdonar al hermano”: Mt 18,21). ¡Malos mimbres había elegido el Maestro para tejer su cesto!

A todos estos factores de desilusión Jesús opone la bondad y el poder ilimitado del Padre, de ese Dios que –en frase de San Pablo- es capaz de “vivificar a los muertos y llamar a lo que no existe a la existencia” (Rm 4,17).

Pero Jesús no remitió solamente al principio teológico del poder ilimitado de Dios; invitó a abrir los ojos y percibir cosas que ya estaban sucediendo en presencia de sus oyentes: “dichosos vuestros ojos por lo que ven” (Lc 10,23); “si yo por el dedo de Dios… es que el Reino ha llegado a vosotros” (Lc 11,20). Los discípulos tienen ante sus ojos ejemplos luminosos, como el del convertido Zaqueo, que reparte sus bienes (Lc 19,8), o la viejecita, que da limosna hasta quedarse sin nada (Mc 12,44), y tantos más.

Aprendamos nosotros a percibir los numerosos signos de Reino de Dios que nos rodean, y no tanto los signos del antirreino residual que nos hieren; y, cuando confesemos a Dios como creador y señor del cielo y de la tierra, hagámoslo con convicción y extraigamos las consecuencias inmediatas e ineludibles, aunque no siempre del todo perceptibles.

Severiano Blanco cmf

Viernes III Tiempo Ordinario

Hoy es viernes, 31 de enero.

Jesús vive y habla en el camino y dice palabras sencillas para que todos podamos entenderle. Habla de vida que se siembra, que se cuida con paciencia y florece. De cosas pequeñas que creen hasta poder acoger y cobijar ellas mismas la vida. Habla de cosas sencillas, que encierran en ellas cuanto merece la pena. Jesús nos habla de las cosas que sembramos y que crecen mientras dormimos, sin que sepamos como. Nosotros sembramos quizá y las cosas  creen según él lo determina, sin que comprendamos el misterio que encierra. Como un maestro trata a los niños pequeños, Jesús nos enseña con parábolas y lo que no entendemos nos los explica al oído suavemente.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 4, 26-34):

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.»

Dijo también: «¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.»

Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

Hay un tiempo para sembrar, para germinar. Hay un tiempo  para crecer y un tiempo para dar fruto. Un tiempo para la cosecha. Todos pasamos por estos momentos a lo largo de nuestra vida, una y otra vez. A veces somos una semilla pequeña, a veces echamos ramas en las que se cobijan los pájaros. A la luz del evangelio intentamos reconocer el momento que vivimos. Intentamos saber si somos semillas o para nosotros ya es tiempo de dar fruto.

La vida nos envuelve con su misterio. La semilla se siembra en nosotros y a nuestro alrededor. Y crecen sin saber nosotros cómo. Nosotros mismos somos semillas que crecen y se preparan para dar fruto. Nos alimentamos de nuestras raíces, tenemos nuestras ramas para acoger la vida que nos reclama. Nos fundimos con el misterio del Reino de Dios, mientras Jesús nos explica todo con  palabras que podemos entender, acomodándose a nosotros.

¿Cómo enterrar los sueños, los deseos, las metas, en la tierra de lo concreto, donde acaso nada brote? ¿Cómo  sepultar la voz que lucha por hacerse oír? ¿Cómo encarnar sin sucumbir al miedo? Verbos difíciles que hablan de renuncia, de sacrificio, de entrega. ¿Cómo cargar con la cruz ingrata, austera, desnuda, que a veces te sepulta bajo su peso insoportable? Pero tú vuelves fecundo el suelo antes estéril. Contigo y a tu manera, echan raíz las historias enterradas y brota un árbol frondoso, cuyos frutos saciarán mil hambres. Tu verbo habla de amor, de encuentro, de una alianza indestructible. Y aunque no siempre se vea, los crucificados dejarán las cruces, vencedores, al fin, en esa batalla que es la vida.

Jesús nos busca y se encuentra con nosotros en el camino. Nos habla en el camino con palabras que podemos entender. Y caminamos junto a él, esperando, deseando que llegue para nosotros el tiempo de cosecha.

Tú has abierto nuestra tierra a tu siembra.
Cada uno de nosotros somos el surco
en el que siembras el excelente grano de tu Eucaristía.
Gracias te sean dadas:
¡nace el trigo de tu recolección,
crece tu mies!
¡Serán hermosos tus graneros
en la eternidad!

Laudes – Viernes III Tiempo Ordinario

VIERNES III SEMANA TIEMPO ORDINARIO

San Juan Bosco, presbítero

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

INVITATORIO

 

Ant. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

La noche, el caos, el terror,

cuanto a las sombras pertenece

siente que el alba de oro crece

y anda ya próximo el Señor.

 

El sol, con lanza luminosa,

rompe la noche y abre el día;

bajo su alegre travesía,

vuelve el color a cada cosa.

 

El hombre estrena claridad

de corazón, cada mañana;

se hace la gracia más cercana

y es más sencilla la verdad.

 

¡Puro milagro de la aurora!

Tiempo de gozo y eficacia:

Dios con el hombre, todo gracia

bajo la luz madrugadora.

 

¡Oh la conciencia sin malicia!

¡La carne, al fin, gloriosa y fuerte!

Cristo de pie sobre la muerte,

y el sol gritando la noticia.

 

Guárdanos tú, Señor del alba,

puros, austeros, entregados;

hijos de luz resucitados

en la Palabra que nos salva.

 

Nuestros sentidos, nuestra vida,

cuanto oscurece la conciencia

vuelva a ser pura transparencia

bajo la luz recién nacida. Amén.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Contra ti, contra ti solo pequé, Señor, ten misericordia de mí.

 

Salmo 50

 

Misericordia, Dios mío, por tu bondad;

por tu inmensa compasión borra mi culpa;

lava del todo mi delito,

limpia mi pecado.

 

Pues yo reconozco mi culpa,

tengo siempre presente mi pecado:

contra ti, contra ti solo pequé,

cometí la maldad que aborreces.

 

En la sentencia tendrás razón,

en el juicio brillará tu rectitud.

Mira, que en la culpa nací,

pecador me concibió mi madre.

 

Te gusta un corazón sincero,

y en mi interior me inculcas sabiduría.

Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;

lávame: quedaré más blanco que la nieve.

 

Hazme oír el gozo y la alegría,

que se alegren los huesos quebrantados.

Aparta de mi pecado tu vista,

borra en mí toda culpa.

 

¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,

renuévame por dentro con espíritu firme;

no me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu.

 

Devuélveme la alegría de tu salvación,

afiánzame con espíritu generoso:

enseñaré a los malvados tus caminos,

los pecadores volverán a ti.

 

Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,

Dios, Salvador mío!,

y cantará mi lengua tu justicia.

Señor, me abrirás los labios,

y mi boca proclamará tu alabanza.

 

Los sacrificios no te satisfacen;

si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.

Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:

un corazón quebrantado y humillado

tú no lo desprecias.

 

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,

reconstruye las murallas de Jerusalén:

entonces aceptarás los sacrificios rituales,

ofrendas y holocaustos,

sobre tu altar se inmolarán novillos.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. Contra ti, contra ti solo pequé, Señor, ten misericordia de mí.

 

 

Ant. 2. Reconocemos, Señor, nuestra impiedad; hemos pecado contra ti.

 

Cántico: Jr 14, 17-21

 

Mis ojos se deshacen en lágrimas,

día y noche no cesan:

por la terrible desgracia de la doncella de mi pueblo,

una herida de fuertes dolores.

 

Salgo al campo: muertos a espada;

entro en la ciudad: desfallecidos de hambre;

tanto el profeta como el sacerdote

vagan sin sentido por el país.

 

¿Por qué has rechazado del todo a Judá?

¿Tiene asco tu garganta de Sión?

¿Por qué nos has herido sin remedio?

Se espera la paz, y no hay bienestar,

al tiempo de la cura sucede la turbación.

 

Señor, reconocemos nuestra impiedad,

la culpa de nuestros padres,

porque pecamos contra ti.

 

No nos rechaces, por tu nombre,

no desprestigies tu trono glorioso;

recuerda y no rompas tu alianza con nosotros.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. Reconocemos, Señor, nuestra impiedad; hemos pecado contra ti.

 

 

Ant. 3. El Señor es Dios, y nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

 

Salmo 99

 

Aclama al Señor, tierra entera,

servid al Señor con alegría,

entrad en su presencia con vítores.

 

Sabed que el Señor es Dios:

que él nos hizo y somos suyos,

su pueblo y ovejas de su rebaño.

 

Entrad por sus puertas con acción de gracias,

por sus atrios con himnos,

dándole gracias y bendiciendo su nombre:

 

«El Señor es bueno,

su misericordia es eterna,

su fidelidad por todas las edades.»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. El Señor es Dios, y nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

 

 

LECTURA BREVE           2Co 12, 9b-10

 

Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. Por eso vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. En la mañana, hazme escuchar tu gracia.

R. En la mañana, hazme escuchar tu gracia.

 

 

V. Indícame el camino que he de seguir.

R. Hazme escuchar tu gracia.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. En la mañana, hazme escuchar tu gracia.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. El Señor ha visitado y redimido a su pueblo

 

Cántico de Zacarías: Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. El Señor ha visitado y redimido a su pueblo

 

 

PRECES

 

Elevemos los ojos a Cristo, que nació murió y resucitó por su pueblo, diciendo confiados:

Salva, Señor, a los que redimiste con tu sangre.

 

Te bendecimos, Señor, a ti que por nosotros aceptaste el suplicio de la cruz,

— y nos redimiste con tu preciosa sangre.

 

Tú que prometiste a los que en ti creyeran un agua que salta hasta la vida eterna,

— derrama tu Espíritu sobre todos los hombres.

 

Tú que enviaste a los discípulos a predicar el Evangelio,

— ayúdalos, para que extiendan la victoria de la cruz.

 

A los enfermos y a todos los que has asociado a los sufrimientos de tu pasión,

— concédeles fortaleza y paciencia.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Llenos del Espíritu de Jesucristo, acudamos a nuestro Padre común, diciendo:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Señor, tú que has suscitado en san Juan Bosco un padre y un maestro para la juventud, danos también a nosotros un celo infatigable y un amor ardiente, que nos impulse a entregarnos al bien de los hermanos y a servirte a ti en ellos con fidelidad. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Oficio de lecturas – Viernes III Tiempo Ordinario

VIERNES DE LA SEMANA III
Del Común de santos varones: para los santos educadores. Salterio III

31 de enero

SAN JUAN BOSCO, presbítero. (MEMORIA)

Nació junto a Castelnuovo, diócesis de Turín, el año 1815. Su niñez fue dura. Una vez ordenado sacerdote, empleó todas sus energías en la educación de los jóvenes e instituyó unas Congregaciones destinadas a enseñarles diversos oficios y formarlos en la vida cristiana. Escribió también algunos opúsculos en defensa de la religión. Murió el año 1888.

OFICIO DE LECTURA 

Si el Oficio de Lectura es la primera oración del día:

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:

Ant. Venid, adoremos al Señor, aclamemos al Dios admirable en sus santos.


Si antes del Oficio de lectura se ha rezado ya alguna otra Hora:

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.



Himno: DICHOSOS LOS QUE, OYENDO LA LLAMADA

Dichosos los que, oyendo la llamada
de la fe y del amor en vuestra vida,
creísteis que la vida os era dada
para darla en amor y con fe viva.

Dichosos, si abrazasteis la pobreza
para llenar de Dios vuestras alforjas,
para servirle a él con fortaleza
con gozo y con amor a todas horas.

Dichosos mensajeros de verdades,
que fuisteis por caminos de la tierra,
predicando bondad contra maldades,
pregonando la paz contra las guerras.

Dichosos, del amor dispensadores,
dichosos, de los tristes el consuelo,
dichosos, de los hombres servidores,
dichosos, herederos de los cielos. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios.

Salmo 68, 2-22. 30-37 I – LAMENTACIÓN Y PLEGARIA DE UN FIEL DESOLADO

Dios mío, sálvame,
que me llega el agua al cuello:
me estoy hundiendo en un cieno profundo
y no puedo hacer pie;
he entrado en la hondura del agua,
me arrastra la corriente.

Estoy agotado de gritar,
tengo ronca la garganta;
se me nublan los ojos
de tanto aguardar a mi Dios.

Más que los cabellos de mi cabeza
son los que me odian sin razón;

más duros que mis huesos,
los que me atacan injustamente.
¿Es que voy a devolver
lo que no he robado?

Dios mío, tú conoces mi ignorancia,
no se te ocultan mis delitos.
Que por mi causa no queden defraudados
los que esperan en ti, Señor de los ejércitos.

Que por mi causa no se avergüencen
los que te buscan, Dios de Israel.
Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.

Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre;
porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí.

Cuando me aflijo con ayunos, se burlan de mí;
cuando me visto de saco, se ríen de mí;
sentados a la puerta murmuran,
mientras beben vino me cantan burlas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios.

Ant 2. En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.

Salmo 68, 2-22. 30-37 II

Pero mi oración se dirige a ti,
Dios mío, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude:

arráncame del cieno, que no me hunda;
líbrame de los que me aborrecen,
y de las aguas sin fondo.

Que no me arrastre la corriente,
que no me trague el torbellino,
que no se cierre la poza sobre mí.

Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia,
por tu gran compasión vuélvete hacia mí;
no escondas tu rostro a tu siervo:
estoy en peligro, respóndeme en seguida.

Acércate a mí, rescátame,
líbrame de mis enemigos:
estás viendo mi afrenta,
mi vergüenza y mi deshonra;
a tu vista están los que me acosan.

La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco.
Espero compasión, y no la hay;
consoladores, y no los encuentro.
En mi comida me echaron hiel,
para mi sed me dieron vinagre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.

Ant 3. Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

Salmo 68, 2-22. 30-37 III

Yo soy un pobre malherido;
Dios mío, tu salvación me levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias;
le agradará a Dios más que un toro,
más que un novillo con cuernos y pezuñas.

Miradlo los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos.
Alábenlo el cielo y la tierra,
las aguas y cuanto bulle en ellas.

El Señor salvará a Sión,
reconstruirá las ciudades de Judá,
y las habitarán en posesión.
La estirpe de sus siervos la heredará,
los que aman su nombre vivirán en ella.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

V. El Señor nos instruirá en sus caminos.
R. Y marcharemos por sus sendas. 

PRIMERA LECTURA

Del libro del Génesis 24, 33-41. 49-67

ISAAC TOMA POR ESPOSA A REBECA

En aquellos días, cuando ofrecieron de comer al criado de Abraham, él rehusó:

«No comeré hasta explicar mi asunto.»

Y le dijeron:

«Habla.»

Entonces él comenzó:

«Soy criado de Abraham. El Señor ha bendecido inmensamente a mi amo y lo ha hecho rico; le ha dado ovejas y vacas, oro y plata, siervos y siervas, camellos y asnos; Sara, la mujer de mi amo, siendo ya vieja, le ha dado un hijo, que lo hereda todo. Mi amo me tomó juramento:

«Cuando le busques mujer a mi hijo, no la escogerás de los cananeos, en cuya tierra habito, sino que irás a casa de mi padre y mis parientes, y allí le buscarás mujer a mi hijo.»
Yo le contesté:

«¿Y si la mujer no quiere venir conmigo?»

Él replicó:

«El Señor, en cuya presencia me muevo, enviará su ángel contigo, dará éxito a tu empresa, y encontrarás mujer para mi hijo en la casa de mi padre y mis parientes. Pero quedarás libre del juramento si, llegado a casa de mis parientes, no te la quieren dar; entonces quedarás libre del juramento.»

Por tanto, si queréis ser leales y sinceros con mi amo, decídmelo y, si no, decídmelo también, para actuar en consecuencia.»

Labán y Betuel le contestaron:

«El asunto viene del Señor, nosotros no podemos responderte bien o mal. Ahí tienes a Rebeca, tómala y vete; y sea la mujer del hijo de tu amo, como el Señor ha dicho.»
Cuando el criado de Abraham oyó esto, se postró en tierra ante el Señor. Después, sacó ajuar de plata y oro y vestidos, y se los ofreció a Rebeca; y ofreció regalos al hermano y a la madre. Comieron y bebieron él y sus compañeros, y, a la mañana siguiente, se levantaron y dijeron:

«Dejadme volver a mi amo.»

El hermano y la madre replicaron:

«Deja que la chica se quede con nosotros unos diez días, después se marchará.»

Pero él replicó:

«No me detengáis, después que el Señor ha dado éxito a mi viaje: dejadme volver a mi amo.»

Ellos dijeron:

«Vamos a llamar a la chica y a preguntarle su opinión.»

Llamaron a Rebeca y le preguntaron: «¿Quieres ir con este hombre?»

Ella respondió:

«Sí.»

Entonces, despidieron a Rebeca y a su nodriza, al criado de Abraham y a sus compañeros. Y bendijeron a Rebeca:

«Tú eres nuestra hermana: crece mil y mil veces, y que tu descendencia someta el poder de sus enemigos.»

Rebeca y sus compañeras se levantaron, montaron en los camellos y siguieron al hombre; y así se llevó a Rebeca el criado de Abraham.

Isaac se había trasladado del «Pozo del que vive y ve» al territorio del Negueb. Una tarde salió a pasear por el campo y, alzando la vista, vio acercarse unos camellos. También Rebeca alzó la vista y, al ver a Isaac, bajó del camello y dijo al criado:

«¿Quién es aquel hombre que viene en dirección nuestra por el campo?»

Respondió el criado:

«Es mi amo.»

Y ella tomó el velo y se cubrió. El criado le contó a Isaac todo lo que había hecho. Isaac introdujo a Rebeca en la tienda de Sara, su madre, la tomó por esposa y, con su amor, se consoló de la muerte de su madre.

RESPONSORIO    Ct 2, 13. 14; cf. Gn 24, 67

R. Levántate, amada mía, y ven; déjame escuchar tu voz, * porque es muy dulce tu hablar y gracioso tu semblante.
V. Isaac introdujo a Rebeca en la tienda de su madre, la tomó por esposa y la amó.
R. Porque es muy dulce tu hablar y gracioso tu semblante.

SEGUNDA LECTURA

De las cartas de san Juan Bosco, presbítero
(Epistolario, Turín 1959, 4, 201-203)

TRABAJÉ SIEMPRE CON AMOR

Si de verdad buscamos la auténtica felicidad de nuestros alumnos y queremos inducirlos al cumplimiento de sus obligaciones, conviene ante todo que nunca olvidéis que hacéis las veces de padres de nuestros amados jóvenes, por quienes trabajé siempre con amor, por quienes estudié y ejercí el ministerio sacerdotal, y no sólo yo, sino toda la Congregación salesiana.

¡Cuántas veces, hijos míos, durante mi vida, ya bastante prolongada, he tenido ocasión de convencerme de esta gran verdad! Es más fácil enojarse que aguantar, amenazar al niño que persuadirlo; añadiré incluso que, para nuestra impaciencia y soberbia, resulta más cómodo castigar a los rebeldes que corregirlos, soportándolos con firmeza y suavidad a la vez.

Os recomiendo que imitéis la caridad que usaba Pablo con los neófitos, caridad que con frecuencia los llevaba a derramar lágrimas y a suplicar, cuando los encontraba poco dóciles y rebeldes a su amor.

Guardaos de que nadie pueda pensar que os dejáis llevar por los arranques de vuestro espíritu. Es difícil, al castigar, conservar la debida moderación, la cual es necesaria para que en nadie pueda surgir la duda de que obramos sólo para hacer prevalecer nuestra autoridad o para desahogar nuestro mal humor.

Miremos como a hijos a aquellos sobre los cuales debemos ejercer alguna autoridad. Pongámonos a su servicio, a imitación de Jesús, el cual vino para obedecer y no para mandar, y avergoncémonos de todo lo que pueda tener incluso apariencia de dominio; si algún dominio ejercemos sobre ellos, ha de ser para servirlos mejor.

Éste era el modo de obrar de Jesús con los apóstoles, ya que era paciente con ellos, a pesar de que eran ignorantes y rudos, e incluso poco fieles; también con los pecadores se comportaba con benignidad y con una amigable familiaridad, de tal modo que era motivo de admiración para unos, de escándalo para otros, pero también ocasión de que muchos concibieran la esperanza de alcanzar el perdón de Dios. Por esto nos mandó que fuésemos mansos y humildes de corazón.

Son hijos nuestros, y por esto, cuando corrijamos sus errores, hemos de deponer toda ira o, por lo menos, dominarla de tal manera como si la hubiéramos extinguido totalmente.

Mantengamos sereno nuestro espíritu, evitemos el desprecio en la mirada, las palabras hirientes; tengamos comprensión en el presente y esperanza en el futuro, como conviene a unos padres de verdad, que se preocupan sinceramente de la corrección y enmienda de sus hijos.

En los casos más graves, es mejor rogar a Dios con humildad que arrojar un torrente de palabras, ya que éstas ofenden a los que las escuchan, sin que sirvan de provecho alguno a los culpables.

RESPONSORIO    Mc 10, 13-14; Mt 18, 5

R. Le presentaban a Jesús unos niños para que les impusiera las manos; pero los discípulos trataban de apartarlos. Jesús, al verlo, les dijo: * «Dejad que los niños vengan a mí y no se lo estorbéis, porque el reino de Dios es de los que son como ellos.»
V. El que reciba a un niño como éstos en mi nombre a mí me recibe.
R. Dejad que los niños vengan a mí y no se lo estorbéis, porque el reino de Dios es de los que son como ellos.

ORACIÓN.

OREMOS,
Señor Dios nuestro, que has dado a la Iglesia, en el presbítero san Juan Bosco, un padre y un maestro de la juventud, concédenos que, movidos por un amor semejante al suyo, nos entreguemos a tu servicio, trabajando por la salvación de nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios. 

Vísperas – Jueves III Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

JUEVES III SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO

 

Oración de la tarde

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

Éste es el día del Señor.

Éste es el tiempo de la misericordia.

 

Delante de tus ojos

ya no enrojeceremos

a causa del antiguo

pecado de tu pueblo.

Arrancarás de cuajo

el corazón soberbio

y harás un pueblo humilde

de corazón sincero.

 

En medio de las gentes,

nos guardas como un resto

para cantar tus obras

y adelantar tu reino.

Seremos raza nueva

para los cielos nuevo;

sacerdotal estirpe,

según tu Primogénito.

 

Caerán los opresores

y exultarán los siervos;

los hijos del oprobio

serán tus herederos.

Señalarás entonces

el día del regreso

para los que comían

su pan en el destierro.

 

¡Exulten mis entrañas!

¡Alégrese mi pueblo!

Porque el Señor que es justo

revoca sus decretos:

La salvación se anuncia

donde acechó el infierno,

porque el Señor habita

en medio de su pueblo.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Que tus fieles, Señor vitoreen al entrar en tu morada.

 

Salmo 131 (I)

 

Señor, tenle en cuenta a David

todos sus afanes.

Cómo juró al Señor

e hizo voto al Fuerte de Jacob:

 

«No entraré bajo el techo de mi casa,

no subiré al lecho de mi descanso,

no daré sueño a mis ojos,

ni reposo a mis párpados,

hasta que encuentre un lugar para el Señor,

una morada para el Fuerte de Jacob.»

 

Oímos que estaba en Efrata,

la encontramos en el Soto de Jaar:

entremos en su morada,

postrémonos ante el estrado de sus pies.

 

Levántate, Señor, ven a tu mansión,

ven con el arca de tu poder:

que tus sacerdotes se vistan de gala,

que tus fieles te aclamen.

Por amor a tu siervo David,

no niegues audiencia a tu Ungido.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. Que tus fieles, Señor vitoreen al entrar en tu morada.

 

 

Ant. 2. El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.

 

Salmo 131 (II)

 

El Señor ha jurado a David

una promesa que no retractará:

«A uno de tu linaje

pondré sobre tu trono.

Si tus hijos guardan mi alianza

y los mandatos que les enseño,

también sus hijos, por siempre,

se sentarán sobre tu trono.»

 

Porque el Señor ha elegido a Sión,

ha deseado vivir en ella:

«Ésta es mi mansión por siempre,

aquí viviré, porque la deseo.

 

Bendeciré sus provisiones,

a sus pobres los saciaré de pan;

vestiré a sus sacerdotes de gala,

y sus fieles aclamarán con vítores.

 

Haré germinar el vigor de David,

enciendo una lámpara para mi Ungido.

A sus enemigos los vestiré de ignominia,

sobre él brillará mi diadema.»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.

 

 

Ant. 3. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

 

Cántico: Ap 11, 17-18; 12, 10b-12a

 

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,

el que eres y el que eras,

porque has asumido el gran poder

y comenzaste a reinar.

 

Se encolerizaron las naciones,

llegó tu cólera,

y el tiempo de que sean juzgados los muertos,

y de dar el galardón a tus siervos los profetas,

y a los santos y a los que temen tu nombre,

y a los pequeños y a los grandes,

y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

 

Ahora se estableció la salud y el poderío,

y el reinado de nuestro Dios,

y la potestad de su Cristo;

porque fue precipitado

el acusador de nuestros hermanos,

el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

 

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero

y por la palabra del testimonio que dieron,

y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.

Por esto, estad alegres, cielos,

y los que moráis en sus tiendas.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

 

 

LECTURA BREVE           1P 3, 8-9

 

Procurad todos tener un mismo pensar y un mismo sentir: con afecto fraternal, con ternura, con humildad. No devolváis mal por mal o insulto por insulto; al contrario, responded con una bendición, porque para esto habéis sido llamados: para heredar una bendición.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. El Señor nos alimentó con flor de harina.

R. El Señor nos alimentó con flor de harina.

 

V. Nos sació con miel silvestre.

R. Con flor de harina.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. El Señor nos alimentó con flor de harina.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.

 

Cántico de María. Lc 1, 46-55

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.

 

 

PRECES

 

Invoquemos a Cristo, pastor, protector y ayuda de su pueblo, diciendo:

Señor, refugio nuestro, escúchanos.

 

Bendito seas, Señor, que nos has llamado a tu santa Iglesia;

— consérvanos siempre en ella.

 

Tú que has encomendado al papa la preocupación por todas las Iglesias,

— concédele una fe inquebrantable, una esperanza viva y una caridad solícita.

 

Da a los pecadores la conversión, a los que caen, fortaleza,

— y concede a todos la penitencia y la salvación.

 

Tu que quisiste habitar en un país extranjero,

— acuérdate de los que viven lejos de su familia y de su patria.

 

A todos los difuntos que esperaron en ti,

— concédeles el descanso eterno.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Ya que por Jesucristo somos hijos de Dios, oremos con confianza a Dios, nuestro Padre:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Dios todopoderoso, te damos gracias por el día que termina e imploramos tu clemencia para que nos perdones benignamente todas las faltas que, por la fragilidad de la condición humana, hemos cometido en este día. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Oración de los fieles (Domingo IV Tiempo Ordinario)

Señor Jesús, que conoces nuestras debilidades y lo lejos que estamos de lo que nos dijiste, acoge nuestros deseos, que son mayores que nuestras realidades:

• Señor Jesús: no dejes que proclamemos tus bienaventuranzas como un programa y no como una buena noticia porque no nos atrevemos a creer que pueda ser verdad la felicidad que prometen.

• Señor Jesús: que tu Iglesia sea “pobre y de los pobres”, empezando por nosotros. Que, ante la tragedia del consumismo y el cambio climático, cambiemos nuestro estilo de vida, no por un obligado decrecimiento a causa de la crisis, sino por el convencimiento de nuestra injusticia y por la llamada de tu Espíritu.

• Señor Jesús: que en medio de un mundo lleno de agresividades y violencia en nuestras vidas, que llega hasta los límites de la intransigencia, el fanatismo y la guerra, seamos hacedores de paz y de diálogo, desde nuestras familias y amistades hasta nuestra sociedad, nuestro país y hasta en las relaciones internacionales.

• Señor Jesús, que conoces nuestras obras y nuestro servicio a favor de tu Evangelio. Sabes que luchamos por mantenernos fieles. No permitas que descuidemos la alegría y todo lo que tiene de gozoso tu seguimiento.

• Señor Jesús; ayúdanos a fiarnos de los caminos extraños que, según el evangelio, dan acceso a la felicidad: la puerta estrecha de la sobriedad de vida; el compartir, como proyecto alternativo al poseer; la gratuidad como fuente de tu memoria.

Sabemos que lo tienes difícil con nosotros, pero tu paciencia es infinita y tu amor más grande que nuestra pequeñez. Empújanos siempre en la línea de aquello que deseamos y te hemos expresado en nuestras  peticiones.