Vísperas – Sábado I de Navidad

I VÍSPERAS

DOMINGO, II SEMANA DEL SALTERIO

 

Oración de la tarde

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

HIMNO

 

Te diré mi amor, Rey mío,

en la quietud de la tarde,

cuando se cierran los ojos

y los corazones se abren.

 

Te diré mi amor, Rey mío,

con una mirada suave,

te lo diré contemplando

tu cuerpo que en pajas yace.

 

Te diré mi amor, Rey mío,

adorándote en la carne,

te lo diré con mis besos,

quizá con gotas de sangre.

 

Te diré mi amor, Rey mío,

con los hombres y los ángeles,

con el aliento del cielo

que espiran los animales.

 

Te diré mi amor, Rey mío,

con el amor de tu Madre,

con los labios de tu Esposa

y con la fe de tus mártires.

 

Te diré mi amor, Rey mío,

¡oh Dios del amor más grande!

¡Bendito en la Trinidad,

que has venido a nuestro valle! Amén.

 

SALMODIA

 

Ant. 1. La Virgen concibió por la palabra de Dios, permaneció virgen, dio a luz al Rey de reyes.

 

Salmo 118, 105-112

 

Lámpara es tu palabra para mis pasos,

luz en mi sendero;

lo juro y lo cumpliré:

guardaré tus justos mandamientos;

¡estoy tan afligido!

Señor, dame vida según tu promesa.

 

Acepta, Señor, los votos que pronuncio,

enséñame tus mandatos;

mi vida está siempre en peligro,

pero no olvido tu voluntad;

los malvados me tendieron un lazo,

pero no me desvié de tus decretos.

 

Tus preceptos son mi herencia perpetua,

la alegría de mi corazón;

inclino mi corazón a cumplir tus leyes,

siempre y cabalmente.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. La Virgen concibió por la palabra de Dios, permaneció virgen, dio a luz al Rey de reyes.

 

 

Ant. 2. Festejad a Jerusalén; el Señor ha derivado hacia ella, como un río, la paz.

 

Salmo 15

 

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;

yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»

Los dioses y señores de la tierra

no me satisfacen.

 

Multiplican las estatuas

de dioses extraños;

no derramaré sus libaciones con mis manos,

ni tomaré sus nombres en mis labios.

 

El Señor es mi heredad y mi copa;

mi suerte está en tu mano:

me ha tocado un lote hermoso,

me encanta mi heredad.

 

Bendeciré al Señor, que me aconseja,

hasta de noche me instruye internamente.

Tengo siempre presente al Señor,

con él a mi derecha no vacilaré.

 

Por eso se me alegra el corazón,

se gozan mis entrañas,

y mi carne descansa serena.

Porque no me entregarás a la muerte,

ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

 

Me enseñarás el sendero de la vida,

me saciarás de gozo en tu presencia,

de alegría perpetua a tu derecha.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. Festejad a Jerusalén; el Señor ha derivado hacia ella, como un río, la paz.

 

 

Ant. 3. Nos ha nacido Cristo, Dios de Dios, Luz de Luz, el que era en el principio.

 

Cántico: Flp 2, 6-11

 

Cristo, a pesar de su condición divina,

no hizo alarde de su categoría de Dios,

al contrario, se anonadó a sí mismo,

y tomó la condición de esclavo,

pasando por uno de tantos.

 

Y así, actuando como un hombre cualquiera,

se rebajó hasta someterse incluso a la muerte

y una muerte de cruz.

 

Por eso Dios lo levantó sobre todo

y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;

de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble

en el cielo, en la tierra, en el abismo

y toda lengua proclame:

Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. Nos ha nacido Cristo, Dios de Dios, Luz de Luz, el que era en el principio.

 

 

LECTURA BREVE           Rm 8, 3-4

 

Dios envió a su Hijo encarnado en una carne pecadora como la nuestra, haciéndolo víctima por el pecado, y en su carne condenó el pecado. Así, la justicia que proponía la ley puede realizarse en nosotros, que ya no procedemos dirigidos por la carne, sino por el Espíritu.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.

R. La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.

 

V. Y acampó entre nosotros.

R. Aleluya, aleluya.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Yo procedo y vengo de Dios, no de mí mismo. Mi Padre es el que me ha enviado.

 

Cántico de María. Lc 1, 46-55

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Yo procedo y vengo de Dios, no de mí mismo. Mi Padre es el que me ha enviado.

 

 

PRECES

 

Cristo vino a nosotros y se entregó por nosotros para prepararse un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras. Invoquémosle con devoción ardiente:

Señor, ten piedad.

 

Por tu santa Iglesia:

— para que todos sus hijos renazcan a una nueva vida.

 

Por los pobres, los cautivos y los exiliados:

— para que a través de nuestra caridad te encuentren a ti, Hijo de Dios hecho hombre.

 

Para que nuestro gozo sea pleno,

— y nos maravillemos ante el don que el Padre nos ha dado en ti.

 

Que tus fieles difuntos, iluminados por la luz de tu Natividad, contemplen tu rostro,

— y las tinieblas se disipen para ellos.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Alegres porque Jesucristo nos ha hecho hijos de Dios, digamos:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Dios todopoderoso, que tu Salvador, luz de redención que surge en el cielo, amanezca también en nuestros corazones y los renueve siempre. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Oración de los fieles (Epifanía del Señor)

Andamos desorientados y confundidos ante tantas “estrellas” que nos seducen, pero sabemos que Dios se manifiesta a los que buscan más allá de las estrellas. En la Epifanía del Señor pidamos que Dios ilumine su rostro sobre nosotros.

MUÉSTRANOS TU ESTRELLA; SEÑOR

Por la Iglesia, llamada a ser luz de las gentes, para que sus actos sean reflejo diáfano del modo de ser de Dios. Oremos:

Para que quienes dirigen la marcha de los pueblos no condicionen sus decisiones a los intereses personales y partidistas sino al bien más universal. Oremos:

Por los que andan perdidos y desorientados para que alcen la vista y descubran la estrella que da sentido a su vida. Oremos:

Para que los niños no sean engañados con regalos materiales que satisfacen su egoísmo sino que reciban antes el regalo del cariño y la atención de cada día.

Para que los adultos recuperen la esperanza de un mundo mejor, reconciliado y fraterno. Oremos:

Por todos nosotros, para que vivamos la alegría de la fe y sepamos contagiarla con nuestro modo de vivir. Oremos:

Señor con el nacimiento de tu Hijo nos has dado a conocer tu salvación, concédenos seguir descubriéndola y comunicarla con verdadero gozo. Danos tu luz. 

Para la homilía

“Epifanía” universal

Como bien sabemos “epifanía” significa “manifestación”. El tiempo de Navidad va jalonado por tres “epifanías”: la de Nochebuena, la de “los magos” y la del Bautismo del Señor. El acento de la “epifanía” de este día de fiesta está puesto en la manifestación de Jesús como luz (1a lectura) para todos los hombres y mujeres de todas las culturas y de todos los tiempos (2a lectura), simbolizados en estos “magos” venidos de “Oriente” (Evangelio).

La Palabra de Dios vuelve –una y otra vez- a “descentrarnos” de nuestro modo de ver las cosas, de nuestra propia religiosidad, para conducirnos a la apertura universal que Dios ha querido en Jesús, frente a la tentación de apropiárnoslo como si Jesús fuese sólo “nuestro”, como pasaba en las primeras comunidades: ¿es necesario ser judío para ser cristiano?, se preguntaban entonces. Y nosotros: ¿es necesario ser “occidental” para ser cristiano?, ¿es necesario ser “de derechas” o “de izquierdas” para ser cristiano?, ¿es necesario saber latín y griego para celebrar la fe como cristianos?

Jesús es luz para todos, cada uno según es cada uno, como en Pentecostés, que cada uno oía hablar la Buena Noticia en su propia lengua, en su propia cultura. Diríamos más: en su propia religiosidad e incluso en su propia religión. Y más cerca: en la manera de ser de cada uno.

Lo nuestro no es que la gente sea “de los nuestros” ni que “se nos añadan” y llenen los bancos de la Iglesia, sino que cada uno reciba la luz que es Jesús para él o para ella: los jóvenes como jóvenes, los mayores como mayores y los niños como niños, los hombres como hombres y las mujeres como mujeres… Es la gratuidad de la “nueva evangelización” que, en realidad, es tan “vieja” como Jesús mismo.

La estrella

Los “magos” fueron guiados por una estrella. El Evangelio de Mateo se vuelve poeta. Porque también nosotros somos como esos magos de Oriente, – nosotros somos parte de los “gentiles” de Pablo- haciendo nuestro camino guiados por una estrella: ¿qué “estrellas” han guiado o iluminado nuestro camino en la vida? ¿Quiénes han sido “estrellas” para mí en este año, en mi vida (personas, personajes, situaciones…?

También ha habido momentos en que la estrella se nos ha escondido. Momentos para madurar en esperanza: “esperanza de lo que se ve no es esperanza… Pero si esperamos lo que no vemos, necesitamos constancia para aguardar (Rom 8,25). O “en tiempo de desolación, no hacer mudanza” (Ignacio de Loyola).

Por eso, hemos de estar atentos, como los magos, a las “estrellas” de nuestra vida actual: ¿por dónde me quiere llevar hoy Dios? ¿Por dónde quiere llevar hoy Dios a la Iglesia? Las “estrellas” de la Iglesia son hoy lo que el Concilio llama “los signos de los tiempos”. Los niños de esta noche “de reyes” (de una noche “de reyes” -¡ojala!- sin necesidad de cabalgatas “de marca” ni “patrocinadores”…) nos enseñan a mirar, abiertos a la sorpresa de lo desconocido. ¿Cuál debe ser nuestra mirada hoy hacia la sociedad en la que vivimos? ¿Debemos seguir siendo “profetas de calamidades o debemos escrutar a fondo las llamadas calladas de Dios para la Iglesia y para nosotros mismos? Convertirnos a este mundo, a esta sociedad, a esta cultura: Dios está hablando en ella con palabras de secularización y de crisis. ¿Cuál es nuestra “estrella”?

¿Adónde nos han llevado las “estrellas” en nuestro caminar? A veces han podido llevarnos también hasta Herodes… Es hora de reconocerlo y aprender. Es hora de caer en la cuenta de que el camino de Belén no es el camino del poder, del prestigio eclesial, del número, del dinero, ni de los “esponsor” económicos, etc No todo es válido ni siquiera para ayudar a “los pobres”.

Por eso es necesario “discernir” las estrellas y los reyes que nos llevan por distintos caminos. Tal vez el camino por el que la estrella quiere guiarnos no es, precisamente, el más nos gusta ni personal, ni comunitaria ni eclesialmente…Belén, como Nazaret, es camino de sencillez, de pobreza, de anonimato, el mundo de las pequeñas cosas y los pequeños gestos: adorar a un niño nacido en un pesebre (¡un mundo del revés!) y llevarle regalos de oro (Jesús es “rey-servidor”), incienso (Jesús es “Dios” –el innombrable y el desconocido-), y mirra (Jesús es un ser humano: “quien me ve a mí, ha visto al Padre”).

Que sepamos todos, a nivel personal, comunitario y eclesial, descubrir la “estrella” de nuestro camino hoy, y seguirla.

José Luis Saborido Cursach 

Mt 2, 1-12

Este pasaje de san Mateo informa del lugar y del tiempo del nacimiento de Jesús: Belén en tiempos de Herodes. Ambos nombres se repiten cuatro veces a lo largo del texto. Además describe la visita de unos magos de Oriente al niño al que denominan “rey de los judíos” que corresponde, como descubrimos a continuación, a la categoría judía de Mesías.

La referencia a la estrella es de alguna manera problemática pues no existe confirmación extrabíblica de tal aparición, pero el tema refleja bien el interés judío y de las culturas de medio oriente por la astrología. La palabra “mago” es de origen persa y el texto deja claro el origen no judío de esos hombres. El modelo de mago no hay que buscarlo en Egipto, cuyos magos son presentados negativamente en Ex 7-8, sino quizás en Balaam que, aunque convocado para maldecir a Israel, acabó bendiciéndolo (Núm 22-24).

Jesús nace en Belén de Judea. La cita del profeta corresponde a Miqueas 5,1 en el texto hebreo o griego sin ser una cita literal. El AT afirma la pequeñez de Belén de la que saldrá para Dios un jefe de Israel. Las citas del AT cumplen la función en el primer evangelio de transmitir que la vida de Jesús es según las Escrituras.

Los magos adoran al niño (2,2.11) en una casa, detalle que aparentemente al menos difiere de la versión lucana. Representan a los gentiles que reconocen a Jesús, dando un horizonte universalista al nacimiento del niño Mesías. Con todo, nos movemos aún en una línea de continuidad con el AT en la que son los gentiles quienes se acercan y falta todavía

el impulso misionero que llegará definitivamente con la resurrección (cf. 28,18-20). El número de tres se sigue de la referencia a los tres dones, pues en el texto evangélico aparece sólo la palabra “magos”. Los dones de oro e incienso evocan Is 60,6 (“todos los de Saba traerán oro e incienso”) y la combinación con el Sal 72,10 (“traigan regalos los reyes de Saba y Seba”), hace que los magos se conviertan en reyes y que se piense en Siria y el desierto de Arabia como el lugar de su origen.

El aviso en sueños (2,12) es similar al que recibirá José en 2,22 y hay que entender, tras la expresión en voz pasiva, la acción de Dios, como explícitamente aparece en 1,20; 2,13.19. Gracias a él los magos evitan a Herodes.

Pablo Alonso Vicente 

Comentario al evangelio de hoy (4 de enero)

El evangelio de hoy está cuajado de títulos aplicados a Jesús. Se le llama Cordero de Dios, Rabí-Maestro y Mesías-Cristo. Cada uno de ellos encierra una pequeña cristología. Pero me vais a permitir que hoy no me centre en los títulos (tendremos ocasión más adelante) sino en un hecho que puede parecer anecdótico, pero que para mí tiene un profundo significado. La primera vez que Jesús «habla» en el evangelio de Juan es para formular una pregunta. Se trata de una pregunta muy breve (sólo dos palabras), muy personal (la dirige a dos discípulos de Juan) y muy profunda (se refiere al sentido de sus vidas). La pregunta es: «¿Qué buscáis?». Tal vez hoy, en estos primeros compases del año 2014, podríamos dejarnos trabajar por esta misma pregunta. En medio de nuestras preocupaciones ante el nuevo año, Jesús se dirige a nosotros para preguntarnos: «¿Qué buscáis?». No es fácil responder. Y, sin saber lo que buscamos, ¿cómo podemos percibir la fuerza del “Venid y ved”?

San Agustín, que fue un discípulo y un maestro en el arte de la búsqueda, nos enseñó que sólo buscamos aquello que previamente nos ha atraído. Toda búsqueda nace de una seducción inicial. Busca quien se siente interiormente llamado. Si hoy nos cuesta buscar con ahínco, tal vez sea porque hemos cerrado las fuentes de la seducción. ¿Dónde experimentamos la seducción de Jesús?

A menudo, en el seno de la iglesia, se oyen voces que hablan de la pérdida de atracción. Se dice que las misas no son “atractivas” para los jóvenes. Muchos piensan que ser religioso o sacerdote ha dejado de atraer. Y así otras muchas cosas. ¿Qué es lo que hace que una realidad sea atractiva o atrayente? ¡Su magnetismo, su fuerza de gravedad! Una realidad es atractiva cuando nos arrastra hacia el fondo de nosotros mismos, no cuando nos aleja de él. Jesús debió de resultar extraordinariamente atractivo porque su sola mirada era una invitación a vivir en verdad. Y, claro, cuando uno se sitúa en ese nivel, inmediatamente comienza a hacer preguntas y a buscar. Creo que sólo así podemos comprender bien por qué las primeras palabras de Jesús son una pregunta.

Fernando González, cmf

Laudes – Sábado I de Navidad

TIEMPO DE NAVIDAD

SÁBADO, I SEMANA DEL SALTERIO

 

4 de enero

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

INVITATORIO

 

Ant. A Cristo, que por nosotros ha nacido, venid, adorémosle.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

HIMNO

 

Entonad los aires

con voz celestial:

“Dios niño ha nacido

pobre en un portal”.

 

Anúnciale el ángel

la nueva al pastor,

que niño ha nacido

nuestro Salvador.

 

Adoran pastores

en sombras al Sol,

que niño ha nacido,

de una Virgen, Dios.

 

Haciéndose hombre,

al hombre salvó.

Un niño ha nacido.

ha nacido Dios. Amén.

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.

 

Salmo 118, 145-152

 

Te invoco de todo corazón;

respóndeme Señor, y guardaré tus leyes;

a ti grito: sálvame,

y cumpliré tus decretos;

me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,

esperando tus palabras.

 

Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,

meditando tu promesa;

escucha mi voz por tu misericordia,

con tus mandamientos dame vida;

ya se acercan mis inicuos perseguidores,

están lejos de tu voluntad.

 

Tú Señor, estás cerca,

y todos tus mandatos son estables;

hace tiempo comprendí que tus preceptos

los fundaste para siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 1. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.

 

 

Ant. 2. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.

 

Cántico: Ex 15, 1-4. 8-13. 17-18

 

Cantaré al Señor, sublime es su victoria,

caballos y carros ha arrojado al mar.

Mi fuerza y mi poder es el Señor,

él fue mi salvación.

 

Él es mi Dios yo lo alabaré;

el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.

El Señor es un guerrero,

su nombre es «El Señor».

 

Los carros del faraón los lanzó al mar,

ahogó en el mar rojo a sus mejores capitanes.

Al soplo de tu ira se amontonaron las aguas,

las corrientes se alzaron como un dique,

las olas se cuajaron en el mar.

 

Decía el enemigo: «Los perseguiré y alcanzaré,

repartiré el botín, se saciará mi codicia,

empuñaré la espada, los agarrará mi mano.»

 

Pero sopló tu aliento y los cubrió el mar,

se hundieron como plomo en las aguas formidables.

¿Quién como tú, Señor, entre los dioses?

¿Quién como tu, terrible entre los santos,

temibles por tus proezas, autor de maravillas?

 

Extendiste tu diestra: se los tragó la tierra;

guiaste con misericordia a tu pueblo rescatado,

lo llevaste con tu poder hasta tu santa morada.

 

Lo introduces y lo plantas en el monte de tu heredad,

lugar del que hiciste tu trono, Señor;

santuario, Señor, que fundaron tus manos.

El Señor reina por siempre jamás.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 2. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.

 

 

Ant. 3. Alabad al Señor, todas las naciones.

 

Salmo 116

 

Alabad al Señor, todas las naciones,

aclamadlo, todos los pueblos.

 

Firme es su misericordia con nosotros,

su fidelidad dura por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. Alabad al Señor, todas las naciones.

 

LECTURA BREVE           Is 45, 22-24

 

Volveos hacia mí para salvaros, confines de la tierra, pues yo soy Dios, y no hay otro. Yo juro por mi nombre, de mi boca sale una sentencia, una palabra irrevocable: “Ante mí se doblará toda rodilla, por mí jurará toda lengua.”

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. El Señor ha revelado, Aleluya, aleluya.

R. El Señor ha revelado, Aleluya, aleluya.

 

V. Su salvación.

R. Aleluya, aleluya.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. El Señor ha revelado, Aleluya, aleluya.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Cristo, nuestro Dios, en quien habita la plenitud de la divinidad, ha tomado nuestra carne y, al nacer como hombre, ha renovado la humanidad, Aleluya.

 

Cántico de Zacarías. Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Cristo, nuestro Dios, en quien habita la plenitud de la divinidad, ha tomado nuestra carne y, al nacer como hombre, ha renovado la humanidad, Aleluya.

 

PRECES

 

Glorifiquemos a Cristo, Palabra eterna del Padre, manifestado en la carne, contemplado por los ángeles y predicado a los paganos, y digámosle devotamente:

 

Te adoramos, Hijo unigénito de Dios.

 

Libertador del género humano, que naciendo de la Virgen has venido a renovar el mundo,

— líbranos por intercesión de María de toda corrupción de la carne.

 

Tú que desde el cielo hiciste brillar en la tierra la justicia increada,

— ilumina con la claridad de tu luz el día que empezamos y toda nuestra vida.

 

Hijo de Dios, que nos has revelado el amor del Padre,

— haz que también nuestra caridad manifieste a los hombres el amor de Dios.

 

Tú que quisiste acampar entre nosotros,

— haznos dignos de morar contigo en tu reino.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Alegres porque Jesucristo nos ha hecho hijos de Dios, digámosle:

 

Padre nuestro…

 

ORACIÓN

 

Dios todopoderoso, que tu Salvador, luz de redención que surge en el cielo, amanezca también en nuestros corazones y los renueve siempre. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Oficio de lecturas – Sábado I de Navidad

OFICIO DE LECTURA 

Si el Oficio de Lectura es la primera oración del día:

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:

Ant. A Cristo, que por nosotros ha nacido, venid, adorémosle.


Si antes del Oficio de lectura se ha rezado ya alguna otra Hora:

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.



Himno: NACISTE DEL PADRE, SIN PRINCIPIO

Naciste del Padre, sin principio,
antes que la luz resplandeciera;
del seno sin mancha de María
surges como luz en las tinieblas.

Los pobres acuden a adorarte,
solos, ellos velan en la noche,
sintiendo admirados en tu llanto
la voz del pastor de los pastores.

El mundo se alegra en este día,
gozan los patriarcas, los profetas;
la flor ha nacido de la rama,
flor que ha perfumado nuestra Iglesia.

Los ángeles cantan hoy tu gloria,
Padre, que enviaste a Jesucristo;
unimos con ellos nuestras voces,
oye, bondadoso, nuestros himnos. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Cantad al Señor y meditad sus maravillas.

Salmo 104 I – LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN REALIZA LAS PROMESAS HECHAS POR DIOS A ABRAHAM

Dad gracias al Señor, invocad su nombre,
dad a conocer sus hazañas a los pueblos.
Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas;
gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor.

Recurrid al Señor y a su poder,
buscad contínuamente su rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra.
Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;

de la alianza sellada con Abrahám,
del juramento hecho a Isaac,
confirmado como ley para Jacob,
como alianza eterna para Israel:
«A ti te daré el país cananeo,
como lote de vuestra heredad.»

Cuando eran unos pocos mortales,
contados, y forasteros en el país,
cuando erraban de pueblo en pueblo,
de un reino a otra nación,
a nadie permitió que los molestase,
y por ellos castigó a reyes:
«No toquéis a mis ungidos,
no hagáis mal a mis profetas.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cantad al Señor y meditad sus maravillas.

Ant 2. No abandonó al justo vendido, sino que lo libró de sus calumniadores.

Salmo 104 II

Llamó al hambre sobre aquella tierra:
cortando el sustento de pan;
por delante había enviado a un hombre,
a José, vendido como esclavo;

le trabaron los pies con grillos,
le metieron el cuello en la argolla,
hasta que se cumplió su predicción,
y la palabra del Señor lo acreditó.

El rey lo mandó desatar,
el Señor de pueblos le abrió la prisión,
lo nombró administrador de su casa,
señor de todas sus posesiones,
para que a su gusto instruyera a los príncipes
y enseñase sabiduría a los ancianos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. No abandonó al justo vendido, sino que lo libró de sus calumniadores.

Ant 3. Se acordó el Señor de su palabra y sacó a su pueblo con alegría.

Salmo 104 III

Entonces Israel entró en Egipto,
Jacob se hospedó en la tierra de Cam.
Dios hizo a su pueblo muy fecundo,
más poderoso que sus enemigos.

A éstos les cambió el corazón
para que odiasen a su pueblo,
y usaran malas artes con sus siervos.
Pero envió a Moisés, su siervo,
y a Aarón, su escogido,
que hicieron contra ellos sus signos,
prodigios en la tierra de Cam.

Envió la oscuridad, y oscureció,
pero ellos resistieron a sus palabras;
convirtió sus aguas en sangre,
y dió muerte a sus peces;
su tierra pululaba de ranas,
hasta en la alcoba del rey.

Ordenó que vinieran tábanos
y mosquitos por todo el territorio;
les dió en vez de lluvia granizo,
llamas de fuego por su tierra;
e hirió higueras y viñas,
tronchó los árboles del país.

Ordenó que viniera la langosta,
saltamontes innumerables,
que roían la hierba de su tierra,
y devoraron los frutos de sus campos.
Hirió de muerte a los primogénitos del país,
primicias de su virilidad.

Sacó a su pueblo cargado de oro y plata,
y entre sus tribus nadie se enfermó;
los Egipcios se alegraban de su marcha,
porque los había sobrecogido el terror.

Tendió una nube que los cubriese,
y un fuego que los alumbrase de noche.
Lo pidieron, y envió codornices,
los sació con pan del cielo;
hendió la peña, y brotaron las aguas,
que corrieron en ríos por el desierto.

Porque se acordaba de la palabra sagrada
que había dado a su siervo Abrahám,
sacó a su pueblo con alegría,
a sus escogidos con gritos de triunfo.

Les asignó las tierras de los gentiles,
y poseyeron las haciendas de las naciones:
para que guarden sus decretos,
y cumplan su ley.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Se acordó el Señor de su palabra y sacó a su pueblo con alegría.

V. Él era la fuente de la vida.
R. Y esta vida era la luz para los hombres. 

PRIMERA LECTURA

Del libro del Cantar de los cantares 6, 3–7, 8

ALABANZA DE LA ESPOSA

Eres bella, amiga mía, como Tirsa, igual que Jerusalén tu hermosura; terrible como escuadrón a banderas desplegadas. ¡Aparta de mí tus ojos, que me turban! Tus cabellos son un rebaño de cabras, descolgándose por las laderas de Galaad. Son tus dientes un rebaño esquilado, recién salido de bañarse, cada oveja tiene mellizos, ninguna hay sin corderos. Tus sienes, entre el velo, son dos mitades de granada.

Si sesenta son las reinas, ochenta las concubinas, sin número las doncellas, una sola es mi paloma, sin defecto, una sola, predilecta de su madre. Al verla, la felicitan las muchachas, y la alaban las reinas y concubinas:

«¿Quién es esa que surge como el alba, hermosa como la luna y límpida como el sol, imponente como escuadrón a banderas desplegadas?»

Bajé a mi nogueral a examinar los brotes de la vega, a ver si ya las vides florecían, a ver si ya se abrían los botones de los granados; y, sin saberlo, me encontré en la carroza con mi príncipe.

Vuélvete, vuélvete, Sulamita, vuélvete, vuélvete, para que te veamos.

¿Qué miráis en la Sulamita cuando danza en medio de dos coros?

Tus pies hermosos en las sandalias, hija de príncipes; esa curva de tus caderas como collares, labor de orfebre; tu ombligo, una copa redonda, rebosando licor; y tu vientre, montón de trigo, rodeado de azucenas; tus pechos, como crías mellizas de gacela; tu cuello es una torre de marfil; tu cabeza se yergue semejante al Carmelo; tus ojos, dos albercas de Jesbón, junto a la Puerta Mayor; es el perfil de tu nariz igual que el saliente del Líbano que mira a Damasco; tus cabellos de púrpura con sus trenzas cautivan a un rey.

¡Qué hermosa estás, qué bella, qué delicia en tu amor! Tu talle es de palmera, tus pechos, los racimos. Yo pensé: «Treparé a la palmera, a coger sus dátiles.» Son para mí tus pechos como racimos de uvas, tu aliento, como aroma de manzanas.

RESPONSORIO    Ct 6, 3. 2; Sal 84, 11

R. Eres bella, amiga mía, igual que Jerusalén tu hermosura; * yo soy para mi amado, y él es para mí.
V. La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan.
R. Yo soy para mi amado, y él es para mí.

SEGUNDA LECTURA

De los Capítulos, distribuidos en cinco centurias, de san Máximo Confesor, abad
(Centuria 1, 8-13: PG 90, 1182-1186)

MISTERIO SIEMPRE NUEVO

El Verbo de Dios nació según la carne una vez por todas, por su bondad y condescendencia para con los hombres, pero continúa naciendo espiritualmente en aquellos que lo desean; en ellos se hace niño y en ellos se va formando a medida que crecen sus virtudes; se da a conocer a sí mismo en proporción a la capacidad de cada uno, capacidad que él conoce; y si no se comunica en toda su dignidad y grandeza no es porque no lo desee, sino porque conoce las limitaciones de la facultad receptiva de cada uno, y por esto nadie puede conocerlo de un modo perfecto.

En este sentido el Apóstol, consciente de toda la virtualidad de este misterio, dice: Jesucristo es el mismo hoy que ayer, y para siempre, es decir, que se trata de un misterio siempre nuevo, que ninguna comprensión humana puede hacer que envejezca.

Cristo, que es Dios, nace y se hace hombre, asumiendo un cuerpo y un alma racional, él, por quien todo lo que existe ha salido de la nada; en el Oriente una estrella brilla en pleno día y guía a los magos hasta el lugar en que yace el Verbo encarnado; con ello se demuestra que el Verbo, contenido en la ley y los profetas, supera místicamente el conocimiento sensible y conduce a los gentiles a la luz de un conocimiento superior.

Es que las enseñanzas de la ley y los profetas, cristianamente entendidas, son como la estrella que conduce al conocimiento del Verbo encarnado a todos aquellos que han sido llamados por designio gratuito de Dios.

Así pues, Dios se hace perfecto hombre, sin que le falte nada de lo que pertenece a la naturaleza humana, excepción hecha del pecado (el cual, por lo demás, no es inherente a la naturaleza humana); de este modo ofrece a la voracidad insaciable del dragón infernal el señuelo de su carne, excitando su avidez; cebo que, al morderlo, se había de convertir para él en veneno mortal y causa de su total ruina, por la fuerza de la divinidad que en su interior llevaba oculta; esta misma fuerza divina serviría, en cambio, de remedio para la naturaleza humana, restituyéndola a su dignidad primitiva.

En efecto, así como el dragón infernal, habiendo inoculado su veneno en el árbol de la ciencia, había corrompido al hombre cuando éste quiso gustar de aquel árbol, así también aquél, cuando pretendió devorar la carne del Señor, sufrió la ruina y la aniquilación, por el poder de la divinidad latente en esta carne.

La encarnación de Dios es un gran misterio, y nunca dejará de serlo. ¿Cómo el Verbo, que existe personal y substancialmente en el Padre, puede al mismo tiempo existir personal y substancialmente en la carne? ¿Cómo, siendo todo él Dios por naturaleza, se hizo hombre todo él por naturaleza, y esto sin mengua alguna ni de la naturaleza divina, según la cual es Dios, ni de la nuestra, según la cual es hombre? únicamente la fe puede captar estos misterios, esta fe que es el fundamento y la base de todo aquello que excede la experiencia y el conocimiento natural.

RESPONSORIO    Jn 1, 14. 1

R. La Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros; * y hemos visto su gloria, gloria que recibe del Padre, como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.
V. Ya al comienzo de las cosas existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios.
R. Y hemos visto su gloria, gloria que recibe del Padre, como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.

ORACIÓN.

OREMOS,
Te pedimos, Dios todopoderoso, que tu Salvador, que has enviado del cielo como una luz nueva para redimir al mundo, nazca también en nuestros corazones y los renueve continuamente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.