Angelus Domingo del Bautismo del Señor

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

hoy es la fiesta del Bautismo del Señor y esta mañana he bautizado a treinta y dos niños.

Doy gracias con vosotros al Señor por estas criaturas y por cada vida nueva. ¡Cuánto me gusta bautizar niños! ¡Me gusta mucho! Cada niño que nace es un don de alegría y de esperanza, y cada niño que es bautizado es un prodigio de la fe y una fiesta para la familia de Dios.

El Evangelio de hoy subraya que, cuando Jesús recibió el bautismo de Juan en el río Jordán «se abrieron a él los cielos». Esta cumple las profecías. De hecho, hay una invocación que la liturgia nos hace repetir en el tiempo de Adviento: » Si rasgaras el cielo y descendieras». Si los cielos permanecen cerrados, nuestro horizonte en esta vida terrena está oscuro, sin esperanza. Sin embargo, celebrando la Navidad, la fe una vez más nos ha dado la certeza de que los cielos se han desgarrado con la venida de Jesús. Y en el día del bautismo de Cristo todavía contemplamos los cielos abiertos. La manifestación del Hijo de Dios sobre la tierra marca el inicio del gran tiempo de la misericordia, después que el pecado había cerrado los cielos, elevando como una barrera entre el ser humano y su Creador. ¡Con el nacimiento de Jesús los cielos se abren! Dios nos da en Cristo la garantía de una amor indestructible. Desde que el Verbo se ha hecho carne y es por tanto posible ver los cielos abiertos. Fue posible para los pastores de Belén, para los Magos de Oriente, para el Bautista, para los Apóstoles de Jesús, para san Esteban, el primer mártir, que exclamó: «¡Contemplo los cielos abiertos!». Y es posible también para cada uno de nosotros, si nos dejamos invadir por el amor de Dios, que nos es donado la primera vez en el Bautismo por medio del Espíritu Santo. Dejémonos inundar por el amor de Dios. Este es el gran tiempo de la misericordia.No lo olvidéis. Este es el gran tiempo de la misericordia. Cuando Jesús recibió el bautismo de penitencia de Juan Bautista, solidarizando con el pueblo penitente – Él sin pecado y no necesitado de conversión -, Dios Padre hizo escuchar su voz desde el cielo: «Este es mi Hijo amado: en Él me complazco». Jesús recibe la aprobación del Padre celeste, que lo ha enviado precisamente para que acepte compartir nuestra condición, nuestra pobreza. Compartir es la verdadera forma de amar. Jesús no se disocia de nosotros, nos considera hermanos y comparte con nosotros. Y así nos hace hijos, junto a Él, de Dios Padre. Esta es la revelación y la fuente del verdadero amor. Y este es el gran tiempo de la misericordia. ¿No os parece que en nuestro tiempo haya necesidad de un suplemento de compartir fraterno y de amor? ¿No os parece que todos tengamos la necesidad de un suplemento de caridad? No esa que se conforma con la ayuda improvisada que no implica, que no pone en juego, sino esa caridad que comparte, que se hace cargo del malestar y del sufrimiento del hermano. ¡Ese sabor adquiere la vida cuando nos dejamos inundar por el amor de Dios! Pidamos a la Virgen Santa que nos apoye con su intercesión en nuestro compromiso de seguir a Cristo sobre el camino de la fe y de la caridad, la vida trazada por nuestro Bautismo.

Al finalizar estas palabras, se ha realizado la oración del Ángelus. A continuación, Francisco ha proseguido:

Queridos hermanos y hermanas,

dirijo a todos vosotros mi saludo cordial, en particular a las familias y a los fieles venidos de diversas parroquias de Italia y de otros países, como también a las asociaciones y a los diferentes grupos.

Hoy quisiera dirigir un pensamiento especial a los padres que han llevado a sus hijos al bautismo y a aquellos que están preparando el bautismo de un hijo. Me uno a la alegría de estas familias, doy gracias con ellos al Señor, y rezo para que el bautismo de los niños ayude a los mismos padres a redescubrir la belleza de la fe y a volver de una forma nueva a los sacramentos y a la comunidad.

A todos os deseo un feliz domingo y una buena comida. ¡Hasta pronto!

II Vísperas – Bautismo del Señor

II VÍSPERAS

BAUTISMO DEL SEÑOR

 

Oración de la tarde

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

 

HIMNO

 

Mas ¿por qué se ha de lavar

el Autor de la limpieza?

Porque el bautismo hoy empieza,

y él lo quiere inaugurar.

 

Juan es gracia y tiene tantas,

que confiesa el mundo de él

que hombre no nació mayor

ni delante, ni después.

 

Y, para que hubiera alguno

mayor que él, fue menester

que viniera a hacerse hombre

la Palabra que Dios es.

 

Esta Palabra hecha carne

que ahora Juan tiene a sus pies,

esperando que la lave

sin haber hecho por qué.

 

Y se rompe todo el cielo,

y entre las nubes se ve

una paloma que viene

a posarse sobre él.

 

Y se oye la voz del Padre

que grita: “Tratadlo bien;

escuchadle, es el Maestro,

mi hijo querido es.”

 

Y así Juan, al mismo tiempo,

vio a Dios en personas tres,

voz y paloma en los cielos,

y al Verbo eterno a sus pies. Amén.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Vino una voz del cielo y se oyó la voz del Padre: “Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto; escuchadlo”.

 

Salmo 109, 1-5. 7

 

Oráculo del Señor a mi Señor:

«Siéntate a mi derecha,

y haré de tus enemigos

estrado de tus pies.»

 

Desde Sión extenderá el Señor

el poder de tu cetro:

somete en la batalla a tus enemigos.

 

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,

entre esplendores sagrados;

yo mismo te engendré, como rocío,

antes de la aurora.»

 

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:

«Tú eres sacerdote eterno

según el rito de Melquisedec.»

 

El Señor a tu derecha, el día de su ira,

quebrantará a los reyes.

 

En su camino beberá del torrente,

por eso levantará la cabeza.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. Vino una voz del cielo y se oyó la voz del Padre: “Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto; escuchadlo”.

 

 

Ant. 2. En el río Jordán aplastó nuestro Salvador la cabeza del antiguo dragón y nos libró a todos de su esclavitud.

 

Salmo 111

 

Dichoso quien teme al Señor

y ama de corazón sus mandatos.

Su linaje será poderoso en la tierra,

la descendencia del justo será bendita.

 

En su casa habrá riquezas y abundancia,

su caridad es constante, sin falta.

En las tinieblas brilla como una luz

el que es justo, clemente y compasivo.

 

Dichoso el que se apiada y presta,

y administra rectamente sus asuntos.

El justo jamás vacilará,

su recuerdo será perpetuo.

 

No temerá las malas noticias,

su corazón está firme en el Señor.

Su corazón está seguro, sin temor,

hasta que vea derrotados a sus enemigos.

 

Reparte limosna a los pobres;

su caridad es constante, sin falta,

y alzará la frente con dignidad.

 

El malvado, al verlo, se irritará,

rechinará los dientes hasta consumirse.

La ambición del malvado fracasará.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 2. En el río Jordán aplastó nuestro Salvador la cabeza del antiguo dragón y nos libró a todos de su esclavitud.

 

 

Ant. 3. Hoy se nos revela un gran misterio, porque el Creador de los hombres purifica en el Jordán nuestros pecados.

 

Cántico: Ap 15, 3-4

 

Grandes y maravillosas son tus obras,

Señor, Dios omnipotente,

justos y verdaderos tus caminos,

¡oh Rey de los siglos!

 

¿Quién no temerá, Señor,

y glorificará tu nombre?

Porque tú solo eres santo,

porque vendrán todas las naciones

y se postrarán en tu acatamiento,

porque tus juicios se hicieron manifiestos.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. Hoy se nos revela un gran misterio, porque el Creador de los hombres purifica en el Jordán nuestros pecados.

 

 

LECTURA BREVE           Hch 10, 37-38

 

Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Este es el que vino con agua y con sangre.

R. Este es el que vino con agua y con sangre.

 

V. Jesucristo, nuestro Señor.

R. Con agua y con sangre.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Este es el que vino con agua y con sangre.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Cristo Jesús nos amó, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos.

 

Cántico de María Lc 1, 46-55

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Cristo Jesús nos amó, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos.

 

PRECES

 

Roguemos a nuestro Redentor, bautizado por Juan en el Jordán, y supliquémosle, diciendo:

Envía, Señor, tu Espíritu sobre nosotros.

 

Oh Cristo, servidor de Dios, en quien el Padre tiene todo su gozo,

— envía tu Espíritu sobre nosotros.

 

Oh Cristo, elegido de Dios, tú que no quebraste la caña cascada ni apagaste el pábilo vacilante,

— compadécete de cuantos te buscan con sinceridad.

 

Oh Cristo, Hijo de Dios, a quien el Padre ha elegido como alianza del pueblo y luz de las naciones,

— abre por el bautismo los ojos de los que no ven.

 

Oh Cristo, salvador de los hombres, a quien el Padre ungió con el Espíritu Santo y envió para salvación del mundo,

— haz que todos los hombres te conozcan y crean en ti para que así obtengan la vida eterna.

 

Oh Cristo, esperanza nuestra, que llevas la luz de la salvación a los pueblos que yacen en las tinieblas de la ignorancia,

— recibe junto a ti, en tu reino, a nuestros difuntos.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Alegres porque Jesucristo nos ha hecho hijos de Dios, digamos:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Dios todopoderoso y eterno, que en el bautismo de Cristo, en el Jordán, quisiste revelar solemnemente que él era tu Hijo amado enviándole tu Espíritu Santo, concede a tus hijos de adopción, renacidos del agua y del Espíritu Santo, perseverar siempre en tu benevolencia. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Una nueva etapa

Antes de narrar su actividad profética, los evangelistas nos hablan de una experiencia que va a transformar radicalmente la vida de Jesús. Después de ser bautizado por Juan, Jesús se siente el Hijo querido de Dios, habitado plenamente por su Espíritu. Alentado por ese Espíritu, Jesús se pone en marcha para anunciar a todos, con su vida y su mensaje, la Buena Noticia de un Dios amigo y salvador del ser humano.

No es extraño que, al invitarnos a vivir en los próximos años “una nueva etapa evangelizadora”, el Papa nos recuerde que la Iglesia necesita más que nunca “evangelizadores con Espíritu”. Sabe muy bien que solo el Espíritu de Jesús nos puede infundir fuerza para poner en marcha la conversión radical que necesita la Iglesia. ¿Por qué caminos?

Esta renovación de la Iglesia solo puede nacer de la novedad del Evangelio. El Papa quiere que la gente de hoy escuche el mismo mensaje que Jesús proclamaba por los caminos de Galilea, no otro diferente. Hemos de “volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio”. Solo de esta manera, “podremos romper esquemas aburridos en los que pretendemos encerrar a Jesucristo”.

El Papa está pensando en una renovación radical, “que no puede dejar las cosas como están; ya no sirve una simple administración”. Por eso, nos pide “abandonar el cómodo criterio pastoral del siempre se ha hecho así” e insiste una y otra vez: “Invito a todos a ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades”.

Francisco busca una Iglesia en la que solo nos preocupe comunicar la Buena Noticia de Jesús al mundo actual. “Más que el temor a no equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: Dadles vosotros de comer”.

El Papa quiere que construyamos “una Iglesia con las puertas abiertas”, pues la alegría del Evangelio es para todos y no se debe excluir a nadie. ¡Qué alegría poder escuchar de sus labios una visión de Iglesia que recupera el Espíritu más genuino de Jesús rompiendo actitudes muy arraigadas durante siglos! “A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadotes. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa del Padre donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas”.

José Antonio Pagola

Te has transformado en una nueva criatura

Seguramente habremos estado presentes en varias celebraciones del Sacramento del Bautismo, ya sea participando directamente porque somos los padres o los padrinos, o bien como invitados a la celebración. La celebración del Sacramento del Bautismo contiene diferentes momentos, ritos y símbolos, que en el caso de la Iniciación Cristiana de Adultos son más numerosos que en el bautismo de niños, y si no hemos recibido una correcta formación previa, corremos el peligro de no entenderlos y por tanto no interiorizar el profundo sentido que encierran.Hoy, como colofón al tiempo litúrgico de Navidad, celebramos la fiesta del Bautismo del Señor. Y, puesto que Jesús recibió el Bautismo siendo adulto, vamos a fijarnos en uno de los momentos de la Forma simplificada de la iniciación de un adulto: la imposición de la vestidura blanca, símbolo de su nueva dignidad. En ese momento el celebrante dice: N., te has transformado en nueva criatura.

Transformar puede significar hacer cambiar de forma a alguien o algo, y se quedaría en un cambio exterior; pero también significa convertir algo en otra cosa, y esto ya es algo más profundo, es un cambio radical. Precisamente en la oración colecta de hoy hemos pedido: concédenos poder transformarnos interiormente a imagen de Aquel que hemos conocido semejante a nosotros en su humanidad. Después de todo lo que hemos estado contemplando, orando y reflexionando durante el tiempo de Navidad, no debemos contentarnos con un “cambio exterior”: debemos querer transformarnos interiormente, y de acuerdo con nuestro modelo: Cristo. Y podemos hacerlo.

En primer lugar porque para eso Él se hizo semejante a nosotros en su humanidad, que como ha dicho en el Evangelio, está bien que cumplamos todo lo que Dios quiere. Y por Cristo podemos cumplirlo.

En segundo lugar, porque como hemos escuchado en la 2ª lectura, Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea, y por tanto, nadie debe sentirse excluido.

Y en tercer lugar porque en el Bautismo hemos recibido su mismo Espíritu. Como indican las Observaciones generales del Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos (2): incorporados a Cristo por el Bautismo… pasan de la condición humana en que nacen… al estado de hijos adoptivos, convertidos en una nueva criatura por el agua y por el Espíritu Santo. Por esto se llaman y son hijos de Dios. Tenemos todo lo necesario para transformarnos interiormente, no necesitamos más.

Hoy, celebrando la fiesta del Bautismo del Señor, y recordando nuestro propio Bautismo, debemos tener presente que “ya” nos hemos transformado en una nueva criatura; que “ya” tenemos una nueva dignidad, porque “ya” nos llamamos y somos hijos de Dios. Pero somos conscientes de que esa transformación “todavía no” surte plenos efectos en nosotros; para ello el Bautismo recibido tiene que afectarnos en lo más profundo de nuestro ser.Y por eso hoy vamos a renovar las promesas bautismales. Ahora lo haremos juntos, como Iglesia, como comunidad parroquial, pero cada uno debemos hacer nuestra reflexión sobre el sentido de las preguntas, tanto las referentes a la “Renuncia” como las de la “Profesión de Fe”: ¿Estoy dispuesto a renunciar al pecado para vivir como hijo de Dios que soy? ¿A qué me cuesta más renunciar? ¿Creo en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo? ¿Creo en la santa Iglesia católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de los muertos y en la vida eterna? ¿En qué me cuesta más afirmar mi fe? ¿Por qué?

Seguramente encontraremos dudas, preguntas, pecado… que dificultan que esa nueva criatura en que “ya” nos hemos transformado desde el Bautismo surta mejores efectos en nosotros y sea más patente para los demás. Tenemos un nuevo año por delante para aprovechar las oportunidades que se nos ofrecen desde la parroquia y desde la diócesis para formarnos, para celebrar conscientemente nuestra fe, para llevar esa fe formada y celebrada a la vida… Pongamos en activo el Bautismo recibido, deseando que se cumpla lo que pediremos en la última ora-ción: que escuchemos con fe la Palabra de tu Hijo para que podamos llamarnos, y ser en verdad, hijos tuyos.

Comentario al evangelio de hoy (12 de enero)

Éste es mi Hijo amado

Los acontecimientos se precipitan. La liturgia nos mete prisa. O, como solemos decir, “el tiempo pasa volando”. Hace tan sólo unos días contemplábamos el misterio de Dios encarnado en un niño recién nacido, al que fuimos a adorar, junto con los pastores y los Magos de Oriente, y hoy nos encontramos ya con Jesús adulto y preparado para iniciar su ministerio público.

En una semana la liturgia da un salto de treinta años. De hecho, apenas tenemos datos de la infancia y juventud de Jesús, más que vivió “sometido a la tutela de sus padres” y que “crecía en sabiduría, estatura y aprecio ante Dios y ante los hombres” (cf. Lc 2, 51-52). Es decir, que se fue desarrollando con normalidad, incluyendo en ella, los inevitables conflictos que conlleva el crecimiento personal y el descubrimiento de la propia autonomía (cf. Lc 2, 41-49). Podemos decir que, en ese largo período, Jesús aprendió a ser hombre, a vivir según las leyes de la humanidad, a discernir el bien del mal, al experimentar que en este mundo bueno creado por Dios existe también el mal, el conflicto, el sufrimiento, la injusticia en todas sus formas. Hoy podemos ver el resultado de este proceso de maduración. La liturgia nos presenta en este día a Jesús adulto y dispuesto a comenzar su actividad pública, que tiene lugar en el Jordán, donde Juan el Bautista se encontraba bautizando.

La aparición del Bautista fue un acontecimiento muy notable en la convulsa vida del Israel de aquel tiempo. El profetismo es uno de los fenómenos religiosos más significativos de la fe de Israel. Por el profetismo Israel escucha una Palabra de Dios viva y ligada a los acontecimientos de su historia. Pero el profetismo acabó desapareciendo tras el destierro. Desde hacía siglos Israel leía, recordaba, interpretaba la Palabra de Dios, pero ya no podía escucharla en la inquietante y actual voz de los profetas. Y he aquí que aparece Juan, que en su vida y en su modo de acción restablece el ministerio profético. Es lógico que algunos se preguntaran (y le preguntaran) si no era él el Mesías prometido.

Pero no, él no era el Mesías, sino aquel que debía preparar el camino de su aparición. De ahí su llamada a volver a la antigua fidelidad, al momento fundacional del pueblo que debía ser reconstituido, su exigencia de conversión y purificación de los pecados, significado por el rito bautismal en el Jordán; de ahí, también, que eligiera el desierto como su lugar de morada.

No conocemos con detalle qué relación existió entre Juan y Jesús. Lucas los presenta lejanamente emparentados. En el otro extremo, el Evangelio de Juan informa de que no se conocían (cf. Jn 1, 31). Otra hipótesis dice que Jesús empezó siendo discípulo del Bautista, o, al menos, que ambos estaban ligados por la espiritualidad del movimiento esenio… Parece que a los Evangelistas nos les interesó aclarar estos extremos, porque lo sí que era claro es que Juan acabó reconociendo en Jesús al Mesías esperado, y que Jesús tenía a Juan en una altísima estima (el mayor entre los nacidos de mujer). Entre ellos y sus respectivos grupos hubo ciertamente contactos. Jesús mismo durante su vida realizó prácticas de bautismo penitencial similares a las de Juan (cf. Jn 3, 22) y es seguro que algunos de los discípulos de Jesús lo habían sido del Bautista (cf. Jn 1, 35-37).

Tanto los evangelios sinópticos como el de Juan coinciden en situar el bautismo de Jesús al comienzo de su ministerio público. Huelga decir que el bautismo de Jesús no es el sacramento del bautismo que nosotros hemos recibido (no es infrecuente que los niños, pero también ciertos cristianos, deliciosamente ingenuos, pregunten por qué Jesús no se bautizó de pequeño y cuándo entonces hizo la primera comunión). Aunque entre el bautismo de Juan y el de Jesús existe un vínculo estrecho, precisamente gracias a que Cristo quiso ser bautizado por Juan.

¿Por qué se bautiza Jesús? Se trataba de un rito de purificación, pero Jesús no tenía pecados de los que purificarse. No obstante, Jesús se une a su pueblo, que acudía en masa a bautizarse (cf. Mc 1,5), y participa de la tensión mesiánica de su pueblo, a la que Él mismo iba a dar definitiva respuesta. Ilumina el sentido de este bautismo la pugna entre Juan y Jesús. Juan se resiste a bautizar a Jesús, reconoce su papel mediador del que ha de crecer mientras él mengua, protesta que es él quien necesita ser bautizado por Jesús (lo sería ciertamente en su martirio). Cede sólo ante las palabras algo enigmáticas de Jesús: “déjalo ahora; conviene que cumplamos toda justicia”. El ahora indica la provisionalidad del bautismo de Juan, que había de ser sustituido por el auténtico y definitivo bautismo cristiano. La justicia que se ha de cumplir es “la respuesta del hombre a la Torá, la aceptación plena de la voluntad de Dios, la aceptación del «yugo del Reino de Dios», según la formulación judía” (J. Ratzinger). Y aunque el bautismo de Juan no está previsto en la Torá –continúa Ratzinger– Jesús, con su respuesta, lo reconoce como expresión de un sí incondicional a la voluntad de Dios, como obediente aceptación de su yugo.

Es decir, Jesús, como hombre, se somete por entero a Dios su Padre, que le reconoce como su Hijo. De esta forma se prefigura el futuro camino de Jesús. Al participar en el bautismo de purificación, Jesús está realizando de manera simbólica lo que será el sentido y la realidad de su misión: toma sobre sí los pecados de su pueblo, los pecados del mundo.

El pecado es el rechazo de Dios, la rebelión contra Él, la voluntad de no someterse directa o indirectamente a su designio. Todo acto de injusticia, de mentira, de odio y violencia, de egoísmo y negación del otro implica alejarse de Dios, cerrar el camino de acceso a Él. Cuando Jesús “cumple toda justicia” se somete como hombre al designio de Dios, elimina la causa que cierra la posibilidad de reconocer a Dios y de ser reconocido por Él, y así “toma sobre sí el pecado del mundo”. Por eso, tras su bautismo, los cielos se abren y se produce una teofanía trinitaria. Dios, eliminado el obstáculo que le impedía acercarse al hombre, muestra inmediatamente su rostro. Se restablecen los vínculos entre Dios y la humanidad. El Dios trinidad, Padre que ama (Espíritu Santo) a su Hijo, lo reconoce en el hombre Jesús. En Él se ha producido el reencuentro pleno entre Dios y el hombre. Ahora, en Cristo, es posible escuchar de nuevo la voz de Dios que suena no para condenar y reprochar, sino para reconocer y acoger.

En el bautismo, además, Jesús está anticipando su muerte en la cruz, el momento culminante en el que Jesús toma sobre sí los pecados del mundo y padece sus consecuencias, ofreciendo su vida a Dios, sometiéndose hasta el extremo a la voluntad del Padre. De hecho, Jesús habla de su muerte en Cruz como del bautismo en el que tiene que ser bautizado.  (cf. Mc 10, 38; Lc 12, 20). Queda así prefigurado todo el misterio de la salvación: el bautismo es sinónimo de la muerte en la cruz y la purificación de todos los pecados; en esto estriba la posibilidad de que el hombre se reconcilie con Dios, consigo mismo y con los demás. De hecho, las palabras de la voz que desciende del cielo, “Este es mi hijo amado”, podemos entenderlas como dirigidas a cada uno de nosotros. En Cristo, con el que nos unimos en el misterio de la muerte y la resurrección por medio del bautismo, todos somos hijos de Dios.

Hace pocos días, en la celebración de la Navidad, contemplábamos al niño Jesús, el hijo de María y en la fe reconocíamos en Él al Hijo de Dios. Hoy descubrimos a ese niño ya adulto y sabemos que en Él también nosotros somos “niños”, hijos del Padre bueno que por amor ha entregado la vida de su Hijo para la salvación de todos.
Así, también nosotros estamos llamados, como Jesús, a “tomar los pecados del mundo”. ¿Cómo? En primer lugar, reconociendo los propios pecados con humildad y sin miedos: Dios los toma sobre sí al perdonarlos; además, perdonando nosotros las ofensas que otros nos puedan infligir: no devolver mal por mal, sino bien por mal; y haciendo el bien que podamos, para, por decirlo así, aumentar el capital de bien que hay en el mundo y colaborar a que se abran los cielos sobre nosotros. Es una forma de “dar la vida” como lo hizo Cristo. También confesando sin miedos y sin complejos al Cristo en el que hemos sido bautizados. Por fin, tratando de mirar a nuestro mundo con ojos positivos: es cierto que existe mal y mucho mal. Pero también existe el bien, y mucho bien, y además el bien está llamado a vencer, y ya ha vencido en la muerte y resurrección de Cristo. Que nuestra mirada no sea catastrofista y sombría sin dejar de ser realista y crítica: que sea esperanzada, como lo es la mirada de Dios. En cada ser humano hay alguien llamado a ser hijo de Dios, a escuchar la palabra que define el sentido de nuestra dignidad, de nuestra vida y también de nuestra muerte: “tú eres mi hijo amado, mi hija amada”.

José María Vegas, cmf

Bautismo del Señor

Hoy es domingo, 12 de enero. Celebramos el Bautismo del Señor.

Con las palabras de San Agustín, te expreso mi deseo. Nos has creado para ti y nuestro corazón no descansará hasta que descanse en ti. Así te busco y así quiero descansar ahora en ti, Señor.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 3, 13-17):

En aquel tiempo, fue Jesús de Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disuadirlo, diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?»

Jesús le contestó: «Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere.» Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. y vino una voz del cielo que decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto.»

Esta escena inaugura la visión de Jesús en su vida pública y sus primeras palabras son: está bien que cumpla lo que Dios quiere. La voluntad de Dios movió a Jesús toda su vida. También para mí es importante hallar la voluntad de Dios. Me pregunto a qué me llama Dios hoy.

Jesús se mezcla en la fila con los pecadores que acuden al bautismo de Juan. Jesús ha venido a salvar a los pecadores. Me imagino que estoy en esa fila. Tal vez, siento necesidad de esa salvación de Jesús. Y le hablo mientras, juntos esperamos a que llegue nuestro turno.

Cuando Jesús sale del agua, Dios mismo revela que es su hijo amado. Jesús es más que un buen hombre, más que un profeta, más que uno que hace milagros. Jesús viene para revelarnos quién es Dios. Es Dios mismo, que se hace hombre para mostrarnos su rostro.

De nuevo me sumerjo en el pasaje de Mateo. Entre la multitud que acude a Juan, me fijo en Jesús, en sus gestos, sus palabras. Me dijo sorprender por él y lo que Dios nos revela de él.

Te sumerges con nosotros
en las aguas del pecado,
compartiendo nuestra muerte
y manchándote de barro.
Cuando resurges del río
el Jordán se ha transformado,
toda la creación se asombra
tu Reino ya está llegando.
Caminas junto a nosotros,
Estás siempre a nuestro lado,
eres el rostro de Dios,
Jesús, amigo, hermano.
 
Javi Montes, sj

Jesús quiere venir conmigo. Quiere estar a mi lado, en mi vida cotidiana. Se ha hecho uno de nosotros, por eso me entiende y así puedo compartir con él lo que siento. Mis penas y mis ilusiones. Aquello que no me atrevo a contarle a nadie, lo pongo en sus manos. Con confianza y fe. Que esta oración te pueda acompañar a lo largo de la semana, repitiendo en tu interior, una y otra vez esa petición: Señor, ayúdame a cumplir tu voluntad… Señor, ayúdame a cumplir tu voluntad…

Laudes – Bautismo del Señor

BAUTISMO DEL SEÑOR

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

INVITATORIO

 

Ant. A Cristo, el Hijo amado, en quien el Padre se ha complacido, venid, adorémosle.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

A la orilla del Jordán,

descalza el alma y los pies,

bajan buscando pureza

doce tribus de Israel.

 

Piensan que a la puerta está

el Mesías del Señor

y que, para recibirlo,

gran limpieza es menester.

 

Bajan hombres y mujeres,

pobres y ricos también,

y Juan sobre todos ellos

derrama el agua y la fe.

 

Mas ¿por qué se ha de lavar

el Autor de la limpieza?

porque el bautismo hoy empieza,

y él lo quiere inaugurar. Amén.

 

SALMODIA

 

Ant. 1. El soldado bautiza a su Rey, el siervo a su Señor, Juan al Salvador; el agua del Jordán se estremece, la Paloma da testimonio, la voz del Padre declara: “Éste es mi Hijo”.

 

Salmo 62

 

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,

mi alma está sedienta de ti;

mi carne tiene ansia de ti,

como tierra reseca, agostada, sin agua.

 

¡Cómo te contemplaba en el santuario

viendo tu fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida,

te alabarán mis labios.

 

Toda mi vida te bendeciré

y alzaré las manos invocándote.

Me saciaré de manjares exquisitos,

y mis labios te alabarán jubilosos.

 

En el lecho me acuerdo de ti

y velando medito en ti,

porque fuiste mi auxilio,

y a la sombra de tus alas canto con júbilo;

mi alma está unida a ti,

y tu diestra me sostiene.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. El soldado bautiza a su Rey, el siervo a su Señor, Juan al Salvador; el agua del Jordán se estremece, la Paloma da testimonio, la voz del Padre declara: “Éste es mi Hijo”.

 

 

Ant. 2. Al manifestarse al mundo la gloria de Cristo, las aguas del Jordán son santificadas: sacad aguas con gozo de las fuentes del Salvador; Cristo, el Señor, ha santificado la creación entera.

 

Cántico: Dn 3, 57-88. 56

 

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;

cielos, bendecid al Señor.

 

Aguas del espacio, bendecid al Señor;

ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

 

Sol y luna, bendecid al Señor;

astros del cielo, bendecid al Señor.

 

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;

vientos todos, bendecid al Señor.

 

Fuego y calor, bendecid al Señor;

fríos y heladas, bendecid al Señor.

 

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;

témpanos y hielos, bendecid al Señor.

 

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;

noche y día, bendecid al Señor.

 

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;

rayos y nubes, bendecid al Señor.

 

Bendiga la tierra al Señor,

ensálcelo con himnos por los siglos.

 

Montes y cumbres, bendecid al Señor;

cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

 

Manantiales, bendecid al Señor;

mares y ríos, bendecid al Señor.

 

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;

aves del cielo, bendecid al Señor.

 

Fieras y ganados, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;

bendiga Israel al Señor.

 

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;

siervos del Señor, bendecid al Señor.

 

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;

santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

 

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,

ensalcémoslo con himnos por los siglos.

 

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,

alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

 

No se dice Gloria al Padre.

 

Ant. 2. Al manifestarse al mundo la gloria de Cristo, las aguas del Jordán son santificadas: sacad aguas con gozo de las fuentes del Salvador; Cristo, el Señor, ha santificado la creación entera.

 

 

Ant. 3. Te glorificamos, Señor, Dios y redentor, a ti que con el Espíritu y el fuego purificas el pecado de los hombres.

 

Salmo 149

 

Cantad al Señor un cántico nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;

que se alegre Israel por su Creador,

los hijos de Sión por su Rey.

 

Alabad su nombre con danzas,

cantadle con tambores y cítaras;

porque el Señor ama a su pueblo

y adorna con la victoria a los humildes.

 

Que los fieles festejen su gloria

y canten jubilosos en filas:

con vítores a Dios en la boca

y espadas de dos filos en las manos:

 

para tomar venganza de los pueblos

y aplicar el castigo a las naciones,

sujetando a los reyes con argollas,

a los nobles con esposas de hierro.

 

Ejecutar la sentencia dictada

es un honor para todos sus fieles.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. Te glorificamos, Señor, Dios y redentor, a ti que con el Espíritu y el fuego purificas el pecado de los hombres.

 

 

LECTURA BREVE           Is 61, 1-2a

 

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Cristo, Hijo de Dios vivo, Ten piedad de nosotros.

R. Cristo, Hijo de Dios vivo, Ten piedad de nosotros.

 

V. Tú que te has manifestado hoy.

R. Ten piedad de nosotros.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Cristo, Hijo de Dios vivo, Ten piedad de nosotros.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Cristo es bautizado y el universo entero se purifica; el Señor nos obtiene el perdón de los pecados: limpiémonos todos por el agua y el Espíritu.

 

Cántico de Zacarías: Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Cristo es bautizado y el universo entero se purifica; el Señor nos obtiene el perdón de los pecados: limpiémonos todos por el agua y el Espíritu.

 

 

PRECES

 

Roguemos a nuestro Redentor, bautizado por Juan en el Jordán, y digámosle:

Señor, ten piedad

 

Oh Cristo que, al manifestarte al mundo, has iluminado a todos los hombres,

— concede luz abundante a cuantos hoy se relacionen con nosotros.

 

Oh Cristo, que para enseñarnos un camino de humildad te bajaste recibiendo el bautismo de Juan,

— danos un espíritu de humilde servicio a todos los hombres.

 

Oh Cristo, que por tu bautismo nos purificaste de todo pecado y nos hiciste hijos del Padre,

— concede el espíritu de adopción a todos los que buscan a Dios con sinceridad.

 

Oh Cristo, que en tu bautismo abriste una puerta de salvación para los cristianos y santificaste la creación entera,

— haz de todos nosotros ministros de tu Evangelio en el mundo.

 

Oh Cristo, que en tu bautismo nos revelaste a la Trinidad,

— renueva el espíritu de adopción y el sacerdocio real de los bautizados.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Alegres porque Jesucristo nos ha hecho hijos de Dios, digámosle:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Dios todopoderoso y eterno, que en el bautismo de Cristo, en el Jordán, quisiste revelar solemnemente que él era tu Hijo amado enviándole tu Espíritu Santo, concede a tus hijos de adopción, renacidos del agua y del Espíritu Santo, perseverar siempre en tu benevolencia. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Oficio de lecturas – Bautismo del Señor

OFICIO DE LECTURA 

Si el Oficio de Lectura es la primera oración del día:

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:

Ant. Venid, adoremos a Cristo, el Hijo amado, en quien el Padre tiene sus complacencias.


Si antes del Oficio de lectura se ha rezado ya alguna otra Hora:

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.



Himno: HOY DOS EXTREMOS SE HAN VISTO

Hoy dos extremos se han visto,
cuales nunca se verán:
Cristo arrodillado a Juan,
y Juan bautizando a Cristo.

El mar y abismo profundo
de la pureza infinita,
que las inmundicias quita
y los pecados del mundo,

hoy del Bautista se ha visto
ser lavado en el Jordán;
Cristo arrodillado a Juan,
y Juan bautizando a Cristo.

Bautiza la voz al Verbo,
el criado al Criador;
ved qué humildad de Señor
y qué autoridad de siervo.

Favor otra vez no visto
entre los hijos de Adán,
Cristo arrodillado a Juan,
y Juan bautizando a Cristo.

Los cielos se abren,
y allí la voz del Padre ha entonado:
«Aqueste es mi Hijo amado,
en el cual me complací.»

Y el Paracleto se ha visto,
testificando que están
Cristo arrodillado a Juan,
y Juan bautizando a Cristo.

Qué grande misterio encierra
el Jordán; cantad, criaturas:
«Gloria a Dios en las alturas
y paz al hombre en la tierra.» Amén.

SALMODIA

Ant 1. La voz del Señor sobre las aguas, el Dios de la gloria hace oír su trueno.

Salmo 28 – MANIFESTACIÓN DE DIOS EN LA TEMPESTAD

Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

La voz del Señor sobre las aguas,
el Dios de la gloria hace oír su trueno,
el Señor sobre las aguas torrenciales.

La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica,
la voz del Señor descuaja los cedros,
el Señor descuaja los cedros del Líbano.

Hace brincar al Líbano como a un novillo,
al Sarión como a una cría de búfalo.

La voz del Señor lanza llamas de fuego,
la voz del Señor sacude el desierto,
el Señor sacude el desierto de Cadés.

La voz del Señor retuerce los robles,
el Señor descorteza las selvas.
En su templo un grito unánime: ¡Gloria!

El trono del Señor está encima de la tempestad,
el Señor se sienta como rey eterno.
El Señor da fuerza a su pueblo,
el Señor bendice a su pueblo con la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. La voz del Señor sobre las aguas, el Dios de la gloria hace oír su trueno.

Ant 2. Que se postre ante ti, Señor, la tierra entera, y se alegre porque has venido como luz de todos los siglos.

Salmo 65 I – HIMNO PARA UN SACRIFICO DE ACCIÓN DE GRACIAS

Aclama al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.

Decid a Dios: «¡Qué terribles son tus obras,
por tu inmenso poder tus enemigos se rinden!»

Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.

Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres:
transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.

Alegrémonos con Dios,
que con su poder gobierna eternamente;
sus ojos vigilan a las naciones,
para que no se subleven los rebeldes.

Bendecid, pueblos, a nuestro Dios,
haced resonar sus alabanzas,
porque él nos ha devuelto la vida
y no dejó que tropezaran nuestros pies.

¡Oh Dios!, nos pusiste a prueba,
nos refinaste como refinan la plata;
nos empujaste a la trampa,
nos echaste a cuestas un fardo:

sobre nuestro cuello cabalgaban,
pasamos por fuego y por agua,
pero nos has dado respiro.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Que se postre ante ti, Señor, la tierra entera, y se alegre porque has venido como luz de todos los siglos.

Ant 3. Bendito sea Dios, que nos ha devuelto la vida y nos ha dado respiro.

Salmo 65 II

Entraré en tu casa con víctimas,
para cumplirte mis votos:
los que pronunciaron mis labios
y prometió mi boca en el peligro.

Te ofreceré víctimas cebadas,
te quemaré carneros,
inmolaré bueyes y cabras.

Fieles de Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo:
a él gritó mi boca
y lo ensalzó mi lengua.

Si hubiera tenido yo mala intención,
el Señor no me habría escuchado;
pero Dios me escuchó,
y atendió a mi voz suplicante.

Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica
ni me retiró su favor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Bendito sea Dios, que nos ha devuelto la vida y nos ha dado respiro.

V. Éste es mi Hijo amado.
R. Escuchadlo. 

PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Isaías 42, 1-9; 49, 1-9

EL SIERVO HUMILDE DEL SEÑOR ES LA LUZ DE LAS NACIONES

Mirad a mi siervo, a quien sostengo; a mi elegido, en quien tengo mis complacencias. En él he puesto mi espíritu, para que haga brillar la justicia en las naciones.

No gritará, no clamará, no voceará por las calles. No romperá la caña resquebrajada, no apagará la mecha aún humeante. Promoverá con firmeza la justicia, no titubeará ni se doblegará hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas.

Así dice el Señor Dios, que creó y desplegó los cielos, que consolidó la tierra y todo lo que en ella brota, que dio el respiro al pueblo que la habita y el aliento a los que se mueven en ella:

«Yo, el Señor, fiel a mi designio de salvación, te he llamado en la justicia, te he tomado de la mano, te he formado y te he puesto como alianza del pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas. Yo soy el Señor, éste es mi nombre, no cedo mi gloria a ningún otro ni mi honor a los ídolos. Lo antiguo ya ha sucedido y algo nuevo yo anuncio, antes de que brote os lo hago oír.»

Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: el Señor me llamó desde el vientre de mi madre, cuando aún estaba yo en el seno materno pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: «Tú eres mi siervo, en ti manifestaré mi gloria.» Mientras yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas», en realidad el Señor se ocupaba de mi causa, Dios tenía en sus manos mi recompensa; yo era glorificado ante sus ojos, mi Dios era mi fortaleza.

Y ahora habla el Señor, que desde el seno materno me hizo su siervo para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel en torno suyo:

«Es poco que seas mi siervo para restablecer a las tribus de Jacob y hacer volver a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.»

Así dice el Señor, el redentor y Santo de Israel, al despreciado y aborrecido de las naciones, al esclavo de los tiranos:

«Te verán los reyes y se pondrán de pie, te verán los príncipes y se postrarán; porque el Señor es fiel, porque el Santo de Israel te ha elegido.»

Así dice el Señor:

«En el tiempo de gracia te he respondido, en el día de salvación te he auxiliado; te he defendido y te he constituido como alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir las heredades desoladas, para decir a los cautivos: «Salid», y a los que están en tinieblas: «Venid a la luz»; aun por los caminos pastarán, tendrán praderas en todas las dunas.»

RESPONSORIO    Cf. Mt 3, 16. 17; Lc 3, 22

R. Hoy se abrieron los cielos cuando fue bautizado el Señor en el Jordán, y el Espíritu de Dios bajó sobre él en forma de paloma, y se oyó la voz del Padre que decía: * «Éste es mi Hijo amado, en quien tengo mis complacencias.»
V. El Espíritu Santo descendió sobre él en forma visible, como una paloma, y se dejó oír una voz del cielo:
R. Éste es mi Hijo amado, en quien tengo mis complacencias.

SEGUNDA LECTURA

De las Disertaciones de san Gregorio de Nacianzo, obispo
(Disertación 39, En las santas Luminarias, 14-16. 20: PG 36, 350-351. 354. 358-359)

EL BAUTISMO DE CRISTO

Cristo es hoy iluminado, dejemos que esta luz divina nos penetre también a nosotros; Cristo es bautizado, bajemos con él al agua, para luego subir también con él.

Juan está bautizando, y Jesús acude a él; posiblemente para santificar al mismo que lo bautiza; con toda seguridad para sepultar en el agua a todo el viejo Adán; antes de nosotros y por nosotros, el que era espíritu y carne santifica el Jordán, para así iniciarnos por el Espíritu y el agua en los sagrados misterios.

El Bautista se resiste, Jesús insiste. Soy yo quien debo ser bautizado por ti, le dice la lámpara al Sol, la voz a la Palabra, el amigo al Esposo, el más grande entre los nacidos de mujer al Primogénito de toda creatura, el que había saltado de gozo ya en el seno materno al que había sido adorado también en el seno de su madre, el que lo había precedido y lo precederá al que se había manifestado y se manifestará. Soy yo quien debo ser bautizado por ti; podía haber añadido: «Y por causa de ti.» Él, en efecto, sabía con certeza que recibiría más tarde el bautismo del martirio y que, como a Pedro, le serían lavados no sólo los pies, sino todo su cuerpo.

Pero, además, Jesús sube del agua; lo cual nos recuerda que hizo subir al mundo con él hacia lo alto, porque en aquel momento ve también cómo el cielo se rasga y se abre, aquel cielo que Adán había cerrado para sí y para su posteridad, como había hecho que se le cerrase la entrada al paraíso con una espada de fuego.

El Espíritu atestigua la divinidad de Cristo, acudiendo a él como a su igual; y una voz bajó del cielo, ya que del cielo procedía aquel de quien testificaba esta voz; y el Espíritu se apareció en forma corporal de una paloma, para honrar así el cuerpo de Cristo, que es también divino por su excepcional unión con Dios. Muchos siglos atrás fue asimismo una paloma la que anunció el fin del diluvio.

Honremos hoy, pues, el bautismo de Cristo y celebremos como es debido esta festividad.

Procurad una limpieza de espíritu siempre en aumento. Nada agrada tanto a Dios como la conversión y salvación del hombre, ya que para él tienen lugar todas estas palabras y misterios; sed como lumbreras en medio del mundo, como una fuerza vital para los demás hombres; si así lo hacéis, llegaréis a ser luces perfectas en la presencia de aquella gran luz, impregnados de sus resplandores celestiales, iluminados de un modo más claro y puro por la Trinidad, de la cual habéis recibido ahora, con menos plenitud, un único rayo proveniente de la única Divinidad, en Cristo Jesús, nuestro Señor, a quien sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

RESPONSORIO

R. Hoy se han abierto los cielos y el mar se dulcificó, la tierra canta de alegría y los montes y colinas se llenan de júbilo: * porque Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán.
V. ¿Qué te pasa, mar, por qué huyes? Y tú, Jordán, ¿por qué te echas atrás?
R. Porque Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán.

Himno: SEÑOR, DIOS ETERNO

Señor, Dios eterno, alegres te cantamos,
a ti nuestra alabanza,
a ti, Padre del cielo, te aclama la creación.

Postrados ante ti, los ángeles te adoran
y cantan sin cesar:

Santo, santo, santo es el Señor,
Dios del universo;
llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.

A ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles,
la multitud de los profetas te enaltece,
y el ejército glorioso de los mártires te aclama.

A ti la Iglesia santa,
por todos los confines extendida,
con júbilo te adora y canta tu grandeza:

Padre, infinitamente santo,
Hijo eterno, unigénito de Dios,
santo Espíritu de amor y de consuelo.

Oh Cristo, tú eres el Rey de la gloria,
tú el Hijo y Palabra del Padre,
tú el Rey de toda la creación.

Tú, para salvar al hombre,
tomaste la condición de esclavo
en el seno de una virgen.

Tú destruiste la muerte
y abriste a los creyentes las puertas de la gloria.

Tú vives ahora,
inmortal y glorioso, en el reino del Padre.

Tú vendrás algún día,
como juez universal.

Muéstrate, pues, amigo y defensor
de los hombres que salvaste.

Y recíbelos por siempre allá en tu reino,
con tus santos y elegidos.

La parte que sigue puede omitirse, si se cree oportuno.

Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice a tu heredad.

Sé su pastor,
y guíalos por siempre.

Día tras día te bendeciremos
y alabaremos tu nombre por siempre jamás.

Dígnate, Señor,
guardarnos de pecado en este día.

Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.

A ti, Señor, me acojo,
no quede yo nunca defraudado. 

ORACIÓN.

OREMOS,
Dios todopoderoso y eterno, que proclamaste solemnemente a Cristo como tu Hijo amado, cuando era bautizado en el Jordán y descendía el Espíritu Santo sobre él, concede a tus hijos de adopción, renacidos del agua y del Espíritu Santo, que se conserven siempre dignos de tu complacencia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.