El Papa en Santa Marta: acojamos las sorpresas de Dios

El papa Francisco ha indicado en la homilía de este lunes en Santa Marta que la libertad cristiana está en la “docilidad a la Palabra de Dios”. Por ello, el Santo Padre ha subrayado que debemos estar siempre preparados a acoger la “novedad” del Evangelio y las “sorpresas de Dios”. Francisco ha hablado durante la homilía sobre la Palabra de Dios que es viva y eficaz, discierne los sentimientos y los pensamientos del corazón. Y para acoger verdaderamente la Palabra de Dios, el Papa ha exhortado a tener una actitud de “docilidad”. La Palabra de Dios – ha insistido – es viva y por eso viene y dice lo que quiere decir: no lo que yo espero que diga o lo que me gustaría que dijera. Asimismo ha observado que es una Palabra libre y también un sorpresa porque “nuestro Dios es un Dios de las sorpresas”.

Así lo ha explicado el Papa: “el Evangelio es novedad. La Revelación es novedad. Nuestro Dios es un Dios que siempre hace las cosas nuevas y nos pide esta docilidad a su novedad. En el Evangelio Jesús es claro en esto, es muy claro: vino nuevo en odres nuevos. El vino lo lleva Dios, pero debe ser recibido con esta apertura a la novedad. Y esto se llama docilidad. Nosotros podemos preguntarnos: ¿yo soy una persona dócil a la Palabra de Dios? ¿Hago pasar la Palabra de Dios por un alambique y al final es otra cosa respecto a lo que Dios quiere hacer”. Si hago esto – ha proseguido – “termino como el trozo de tela nuevo en un vestido viejo, y deja el roto peor”.
El Santo Padre ha explicado a continuación que “cuando yo quiero coger electricidad de la fuente eléctrica, si el aparato que tengo no funciona, busco un adaptador. Nosotros debemos buscar siempre adaptarnos, adecuarnos a esta novedad de la Palabra de Dios, estar abiertos a la novedad. Saúl, elegido de Dios, ungido por Dios, había olvidado que Dios es sorpresa y novedad. Se había olvidado, se había cerrado en sus pensamientos, en sus esquemas, y así ha razonado humanamente”.

El Pontífice se ha detenido en la Primera Lectura para comentar que en tiempos de Saúl, cuando uno ganaba una batalla se llevaba el botín y con parte de esto realizaba el sacrificio. “Estos animales tan bellos serán para el Señor”, ha comentado. También ha explicado que Saúl “ha razonado con su pensamiento, con su corazón, cerrado en las costumbres, mientras que “nuestros Dios, no es un Dios de costumbres: es un Dios de sorpresas”.

Francisco ha recordado que Saúl “no ha obedecido a la Palabra de Dios, no ha sido dócil a la Palabra de Dios”. Y Samuel le reprochaba por esto, “le dice que no ha obedecido, que no ha sido siervo, ha sido señor, él. Se ha adueñado de la Palabra de Dios”. Por esta razón, “la rebelión, no obedecer la Palabra de Dios es pecado de divinización”, ha señalado el Papa. A su vez, ha añadido que “la obstinación, la no docilidad para hacer lo que tú quieres y no lo que quiere Dios, es pecado de idolatría”. Esto – ha proseguido el papa Francisco – “nos hace pensar” sobre que “qué es la libertad cristiana, qué es la obediencia cristiana”.

Para finalizar el Pontífice argentino ha recordado que “la libertad cristiana y la obediencia cristiana son docilidad a la Palabra de Dios, y tener esa valentía de convertirse en odres nuevos, para este vino nuevo que viene continuamente. Esta valentía de discernir siempre: discernir, digo, no relativizar. Discernir siempre qué hace el Espíritu en mi corazón, qué quiere el Espíritu en mi corazón, dónde me lleva el Espíritu en mi corazón. Y obedecer. Discernir y obedecer. Pidamos hoy la gracia de la docilidad a la Palabra de Dios, a esta Palabra de Dios, y esta Palabra que es viva y eficaz, que discierne los sentimientos y los pensamientos del corazón”.

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Vísperas – Lunes II Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

II SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

Memoria de San Sebastián, mártir

 

Oración de la tarde

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

 

HIMNO

 

El dolor extendido por tu cuerpo,

sometida tu alma como un lago,

vas a morir y mueres por nosotros

ante el padre que acepta perdonándonos.

 

Cristo, gracias aún, gracias, que aún duele

tu agonía en el mundo, en tus hermanos.

Que hay hambre, ese resumen de injusticias;

que hay hombre en el que estás crucificado.

 

Gracias por tu palabra que está viva,

y aquí la van diciendo nuestros labios;

gracias porque eres Dios y hablas a Dios

de nuestras soledades, nuestros bandos.

 

Que no existan verdugos, que no insistan;

rezas hoy con nosotros que rezamos.

Porque existen las víctimas, el llanto. Amén.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Eres el más bello de los hombres, en tus labios se derrama la gracia.

 

 

Salmo 44 (I)

 

Me brota del corazón un poema bello,

recito mis versos a un rey;

mi lengua es ágil pluma de escribano.

 

Eres el más bello de los hombres,

en tus labios se derrama la gracia,

el Señor te bendice eternamente.

 

Cíñete al flanco la espada, valiente:

es tu gala y tu orgullo;

cabalga victorioso por la verdad y la justicia,

tu diestra te enseñe a realizar proezas.

Tus flechas son agudas, los pueblos se te rinden,

se acobardan los enemigos del rey.

 

Tu trono ¡oh Dios! Permanece para siempre;

cetro de rectitud es tu cetro real;

has amado la justicia y odiado la impiedad:

por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido

con aceite de júbilo entre todos tus compañeros.

 

A mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos,

desde los palacios de marfiles te deleitan las arpas.

Hijas de reyes salen a tu encuentro,

de pie a tu derecha está la reina

enjoyada con oro de Ofir.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. Eres el más bello de los hombres, en tus labios se derrama la gracia.

 

 

Ant. 2. ¡Que llega el Esposo, salid a recibirlo!

 

 

Salmo 44 (II)

 

Escucha, hija, mira: inclina el oído,

olvida tu pueblo y la casa paterna:

prendado está el rey de tu belleza,

póstrate ante él, que él es tu Señor.

La ciudad de Tiro viene con regalos,

los pueblos más ricos buscan tu favor.

 

Ya entra la princesa, bellísima,

vestida de perlas y brocados;

la llevan ante el rey, con séquitos de vírgenes,

la siguen sus compañeras:

las traen entre alegría y algazara,

van entrando en el palacio real.

 

“A cambio de tus padres tendrás hijos,

que nombrarás príncipes de toda la tierra,”

 

Quiero hacer memorable tu nombre

por generaciones y generaciones,

y los pueblos te alabarán

por los siglos de los siglos.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. ¡Que llega el Esposo, salid a recibirlo!

 

 

Ant. 3. Cuando llegó el momento culminante, Dios recapituló todas las cosas en Cristo.

 

Cántico: Ef 1, 3-10

 

Bendito sea Dios,

Padre de Nuestro Señor Jesucristo,

que nos ha bendecido en la persona de Cristo

con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

 

Él nos eligió en la persona de Cristo,

antes de crear el mundo,

para que fuésemos consagrados

e irreprochables ante él por el amor.

 

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,

por pura iniciativa suya,

a ser sus hijos,

para que la gloria de su gracia,

que tan generosamente nos ha concedido

en su querido Hijo,

redunde en alabanza suya.

 

Por este Hijo, por su sangre,

hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia

ha sido un derroche para con nosotros,

dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

 

Este es el plan

que había proyectado realizar por Cristo

cuando llegase el momento culminante:

hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,

las del cielo y las de la tierra.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. Cuando llegó el momento culminante, Dios recapituló todas las cosas en Cristo.

 

 

LECTURA BREVE           1 Ts 2, 13

 

No cesamos de dar gracias a Dios, porque al recibir la palabra de Dios, que os predicamos, la acogisteis no como palabra de hombre, sino, cual es en verdad, como palabra de Dios, que permanece operante en vosotros los creyentes.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Suba mi oración, hasta ti, Señor.

R. Suba mi oración, hasta ti, Señor.

 

V. Como incienso en tu presencia.

R. Hasta ti, Señor.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Suba mi oración, hasta ti, Señor.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Proclame siempre mi alma tu grandeza, oh Dios mío.

 

Cántico de María. Lc 1, 46-55

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Proclame siempre mi alma tu grandeza, oh Dios mío.

 

 

PRECES

 

Glorifiquemos a Cristo, que ama a la Iglesia y le da alimento y calor, y digámosle suplicantes:

Atiende, Señor, los deseos de tu pueblo.

 

Señor Jesús, haz que todos los hombres se salven

— y lleguen al conocimiento de la verdad.

 

Guarda con tu protección al papa y a nuestro obispo,

— ayúdalos con el poder de tu brazo.

 

Ten compasión de los que buscan trabajo,

— y haz que consigan un empleo digno y estable.

 

Sé, Señor, refugio del oprimido

— y su ayuda en los momentos de peligro.

 

Te pedimos por el eterno descanso de los que durante su vida ejercieron el ministerio para bien de tu Iglesia:

— que también te celebren eternamente en tu reino.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Fieles a la recomendación del Salvador, nos atrevemos a decir:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Te rogamos, Señor, nos concedas el espíritu de fortaleza para que, alentados por el ejemplo glorioso de tu mártir san Sebastián, aprendamos a someternos a ti antes que a los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Is 8, 23b-9,3

El texto en su contexto.

Isaías presenta en este texto un oráculo de salvación con sabor mesiánico. El autor se dirige a una tierra que ha sufrido continuas violencias y humillaciones; la última ha sido la conquista del país por el rey asirio Teglatfalasar III en el año 733. A esta tierra devastada y siempre puesta en entredicho se le anuncia que será ensalzada. El pueblo de Israel estaba formado por dos grupos de tribus de ‘primera categoría’: las del Norte, en torno a Sikém, que englobaban las de Efraín, Manasés y Benjamín (lo que se conoce como ‘Casa de José’), y las tribus del Sur, en torno a Jerusalén y al Templo, que englobaba las tribus de Judá, Simeón, Rubén y Leví (conocida como ‘Casa de Judá’). El resto de las tribus también formaban parte de Israel, pero su protagonismo en la historia es escaso. Zabulón y Neftalí son dos tribus que habían ocupado la baja Galilea, que en la tradición bíblica es una «tierra de gentiles». Ellas mismas saben que no son bien vistas por las otras; son como ‘un pueblo que camina en tinieblas’, pues no tienen ni grandes gestas, ni grandes profetas ni grandes santuarios. Sin embargo, Isaías pronuncia un oráculo que rompe esta especie de maldición: a este pueblo se le anunciará una gran luz. Dejará de maldecir su suerte, porque él será protagonista de la historia de la salvación de Dios.

El texto en la historia de la salvación.

La Iglesia siempre ha leído de forma unitaria la Sagrada Escritura, de forma que no hay contradicción entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. La profecía que se anuncia oscura en Isaías alcanza su luz en el evangelio. San Mateo escribe su evangelio pensando en los judíos que ven con simpatía a Jesús pero que se hacen esta pregunta: ¿la vida de Jesús ha sido anunciada en las escrituras? El Dios de los padres no hace nada al azar: se comunica en la historia, anticipa por medio de los profetas su voluntad, anuncia sus intervenciones. Dios mismo ya había anunciado por medio de Isaías, profeta de total garantía para un buen judío, que la salvación vendría de Galilea.

Palabra de Dios para nosotros: sentido y celebración litúrgica. La llamada a los discípulos que leemos en el evangelio de hoy resuena de forma distinta. Si en el Antiguo Testamento los llamados eran del Reino del Norte y del Reino del Sur, de las casas de José y de Judá, ahora Jesús irrumpe en la historia llamando a unos galileos. ¿Se puede alcanzar mayor provocación? Jesús tiene una misión que supera los ‘clichés’ para inaugurar una nueva forma de entender la relación con Dios. La salvación alcanza las tierras que oficialmente no eran dignas de ser tenidas en cuenta por las personas religiosas. Los límites que ponemos las personas no son los límites de Dios.

Pedro Fraile Yécora 

Comentario al evangelio de hoy (20 de enero)

Comenzamos la semana con una invitación a la novedad. El vino nuevo se echa en odres nuevos. ¿Por qué tanto miedo a la novedad? ¿Por qué virgencita, virgencita, que me quede como estoy?

Lo nuevo tira de lo viejo… Somos hijos del Dios que “hace nuevas todas las cosas”. Y sin embargo nos aferramos a nuestras viejas certidumbres. ¿Será que nos fiamos más de nuestras comodidades-seguridades que de la novedad de nuestro Dios? ¿Por qué no dejamos que lo nuevo arrastre todo lo caduco de nuestra vida?

Nuestro Dios permanentemente nos pone en movimiento, nos saca de nuestra rutina. Pero a nosotros nos gusta tenerlo todo controlado. Sabemos que si siempre hacemos lo mismo vamos a obtener siempre los mismos resultados, si siempre buscamos en los mismos lugares encontraremos las mismas cosas. El futuro, en manos de Dios, se convierte en promesa y esperanza.

Una semana por delante para echar el vino nuevo en odres nuevos. ¿Qué vino queremos guardar estos días en el sitio que se merece?

En este octavario de oración por la unidad de los cristianos, acudimos a nuestro Dios: Que podamos, Dios bendito, caminar por caminos buenos, viviendo en esta tierra como hermanos y hermanas, gozando de las bendiciones de los demás y haciendo nuestro su dolor, unidos contigo, en el nombre de Jesús, y con el aliento vivificador del Espíritu que renueva la faz de la tierra. Amén.

Óscar Romano, cmf

Lunes II Tiempo Ordinario

Hoy es domingo, 19 de enero.

Busco silencio en mi interior y a mi alrededor para encontrarme con el Señor un día más. Me detengo en medio del ritmo de cada día. Me hago especialmente consciente de que Dios está cerca. Me dispongo a escuchar su palabra. A dejar que resuene en mi interior e ilumine mi vida.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 2, 18-22):

En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno. Vinieron unos y le preguntaron a Jesús: “Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?” Jesús les contestó: “¿Es que pueden ayunar los amigos del novio mientras está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar. Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán”. Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado, porque la pieza tira del manto -lo nuevo de lo viejo- y deja un roto peor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos”.

De nuevo Jesús se enfrenta con los fariseos. En esta ocasión es por la cuestión del ayuno y que ellos hacían y los discípulos de Jesús no. Le preguntan a Jesús por qué no ayunan sus discípulos. El ayuno era una práctica penitencial frecuente en el pueblo judío en el tiempo de la espera del Mesías. En tiempos de Jesús, los judíos piadosos y los fariseos, además del ayuno mandado, ayunaban dos veces por semana para expiar sus pecados y acelerar la venida del Mesías. Pero ahora, el Mesías, Jesús, está en medio de ellos. Él es el novio, el esposo esperado.

Por eso Jesús les responde que los amigos del niovio no pueden ayunar mientras está con ellos el novio. Es decir, ¿cómo van a estar tristes y ayunando, si está con ellos. Ésta no es la hora del llanto, del lamento y de la penitencia, sino de la fiesta, de la alegría y del júbilo. ¿Siento yo al Señor conmigo, invitándome a estar feliz porque él está a mi lado?

La gente notaba la diferencia entre la religiosidad de los fariseos y la de Jesús y los suyos. Los primeros eran rígidos, obsesionados por las leyes y los ayunos. Jesús y los suyos no tienen inconveniente en participar en fiestas y celebraciones. A veces los cristianos, ¿no parece que estemos tristes y abatidos? No reflejamos ni mucho menos la alegrái de la fiesta que vivimos en y con Cristo.

Da la sensación de que los cristianos tenemos una pesada carga que nos ahoga la alegría. Como si a Dios sólo le agradara lo que nos hace sufrir. Hazme, Señor, experimentar el júbilo de la salvación, la alegría de vivir contigo. Y que sea testigo alegre de tu Reino.

A veces se ha acusado al cristianismo de religión triste y de los tristes. Cuando nadie tiene más motivos para la alegría que nosotros. De hecho, los mártires iban al martirio cantando; y los santos, aún en la enfermedad, la calumnia o los contratiempos, conservaban la paz y la alegría. Señor, si estamos contentos de ser de los tuyos y de estar contigo, ¡que lo mostremos!

Jesús no ha venido a poner un remiendo a la religión antigua, estableciendo unos ritos o prácticas más o menos renovadas. En Cristo comienza algo nuevo, una nueva era, el reino de Dios, la nueva alianza, cuya ley es el amor. Para Cristo la religión no puede reducirse a las meras prácticas externas y a ritos. De nada sirven éstos si no están cargadas de amor. ¿Están mis prácticas religiosas impregnadas del nuevo espíritu del amor, o me limito a cumplir, a hacer simplemente lo mandado? ¿Con qué espíritu lo hago? ¿Hay amor, o mera rutina, o hasta orgullo y ostentación de lo bueno que soy? Señor, dame tu Espíritu, para que todo lo realice con amor y por amor.

Mientras lees de nuevo el Evangelio, escucha a Jesús que te invita a ti, personalmente, a vivir este momento de alegría. Y fíjate si alguna frase, alguna palabra, alguna invitación, te llega con más fuerza.

Imagínate en la presencia de Jesús y cuéntale cómo te sientes ante su invitación. Háblale de tus sentimientos y de tus deseos al comenzar este día.

Laudes – Lunes II Tiempo Ordinario

II SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

Memoria de San Sebastián, mártir

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

INVITATORIO

 

Ant. Aclamemos al Señor con cantos.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

Por el dolor creyente que brota del pecado;

por haberte querido de todo corazón;

por haberte, Dios mío, tantas veces negado,

tantas veces pedido, de rodillas, perdón.

 

Por haberte perdido; por haberte encontrado.

Porque es como un desierto nevado mi oración;

porque es como la hiedra sobre un árbol cortado

el recuerdo que brota cargado de ilusión.

 

Porque es como la hiedra, déjame que te abrace,

primero amargamente, lleno de flor después,

y que a mi viejo tronco poco a poco me enlace,

y que mi sombra se derrame a tus pies.

 

¡Porque es como la rama donde la savia nace,

mi corazón, Dios mío, sueña que tú lo ves! Amén.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

 

Salmo 41

 

Como busca la sierva

corrientes de agua,

así mi alma te busca

a ti, Dios mío;

 

tiene sed de Dios,

del Dios vivo:

¿cuándo entraré a ver

el rostro de mi Dios?

 

Las lágrimas son mi pan

de noche y día,

mientras todo el día me repiten

“¿donde está tu Dios?”

 

Recuerdo otros tiempos,

mi alma desfallece de tristeza:

como marchaba a la cabeza del grupo,

hacia la casa de Dios,

entre cantos de júbilos y alabanzas,

en el bullicio de la fiesta.

 

¿Porque te acongojas, alma mía,

porque te me turbas?

Espera en Dios que volverás a alabarlo:

“salud de mi rostro, Dios mío”.

 

Cuando mi alma se acongoja,

te recuerdo,

desde el Jordán y el Hermón

y el monte Menor.

 

Una sima grita a otra sima

con voz de cascadas:

tus torrentes y tus olas

me han arrollado.

 

De día el Señor

me hará misericordia,

de noche cantaré la alabanza

del Dios de mi vida.

 

Diré a Dios: Roca mía

¿por qué me olvidas?

¿por que voy andando sombrío,

hostigado por mi enemigo?

 

Se me rompen los huesos

por las burlas del adversario;

todo el día me preguntan

“¿donde está tu Dios?”

 

¿Por que te acongojas, alma mía,

por que te me turbas?

Espera en Dios, que volverás a alabarlo:

“salud de mi rostro Dios mío”.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

 

 

Ant. 2. Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.

 

Cántico: Si 36, 1-7. 13-16

 

Sálvanos, Dios del universo,

infunde tu terror a todas las naciones;

amenaza con tu mano al pueblo extranjero,

para que se sienta tu poder.

 

Como les mostraste tu santidad al castigarnos,

muéstranos así tu gloria castigándolos a ellos:

para que sepan, como nosotros lo sabemos,

que no hay Dios fuera de ti.

 

Renueva los prodigios, repite los portentos,

exalta tu mano, robustece tu brazo.

Reúne a todas las tribus de Jacob

y dales su heredad como antiguamente.

 

Ten compasión del pueblo que lleva tu nombre,

de Israel, a quien nombraste tu primogénito.

Ten compasión de tu ciudad santa,

de Jerusalén, lugar de tu reposo.

 

Llena a Sión de tu majestad y al templo de tu gloria.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.

 

 

Ant. 3. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

 

Salmo 18 A

 

En cielo proclama la gloria de Dios,

el firmamento pregona la obra de sus manos:

el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo murmura.

 

Sin que hablen, sin que pronuncien,

sin que resuene su voz,

a toda la tierra alcanza su pregón

y hasta los límites del orbe su lenguaje.

 

Allí le a puesto su tienda al sol:

él sale como el esposo de su alcoba,

contento como un héroe, a recorrer su camino.

 

Asoma por un extremo del cielo,

y su órbita llega al otro extremo:

nada se libra de su calor.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

 

 

LECTURA BREVE           Jr 15, 16

 

Cuando encontraba palabras tuyas las devoraba; tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón, porque tu nombre fue pronunciado sobre mí, Señor, Dios de los ejércitos.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos.

R. Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos.

 

V. Cantadle un cántico nuevo.

R. Que merece la alabanza de los buenos.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Bendito sea el Señor, porque nos ha visitado y redimido.

 

Cántico de Zacarías. Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Bendito sea el Señor, porque nos ha visitado y redimido.

 

 

PRECES

 

Nuestro Salvador ha hecho de nosotros un pueblo de reyes y sacerdotes para que ofrezcamos sacrificios que Dios acepta. Invoquémosle, pues, diciendo:

Consérvanos en tu servicio, Señor.

 

Señor Jesús, sacerdote eterno, que has querido que tu pueblo participara de tu sacerdocio,

— haz que ofrezcamos siempre sacrificios espirituales, agradables al Padre


 

Danos, Señor, la abundancia de los frutos del Espíritu Santo:

— la comprensión, bondad, amabilidad
 


 

Haz que aprendamos a amarte y lleguemos a poseerte a ti, que eres el mismo amor,

— y que sepamos obrar siempre lo recto, para que también nuestras acciones te glorifiquen.

 

Haz que busquemos siempre el bien de nuestros hermanos

— y les ayudemos a progresar en su salvación.


 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Con el gozo que nos da el sabernos hijos de Dios, digamos con confianza:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Te rogamos, Señor, nos concedas el espíritu de fortaleza para que, alentados por el ejemplo glorioso de tu mártir san Sebastián, aprendamos a someternos a ti antes que a los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Oficio de lecturas – Lunes II Tiempo Ordinario

OFICIO DE LECTURA 

Si el Oficio de Lectura es la primera oración del día:

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:

Ant. Demos vítores al Señor, aclamándolo con cantos.


Si antes del Oficio de lectura se ha rezado ya alguna otra Hora:

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.



Himno: EN EL PRINCIPIO, TU PALABRA

En el principio, tu Palabra.
Antes que el sol ardiera,
antes del mar y las montañas,
antes de las constelaciones,
nos amó tu Palabra.

Desde tu seno, Padre,
era sonrisa su mirada,
era ternura su sonrisa,
era calor de brasa.
En el principio, tu Palabra.

Todo se hizo de nuevo,
todo salió sin mancha,
desde el arrullo del río
hasta el rocío y la escarcha;
nuevo el canto de los pájaros,
porque habló tu Palabra.

Y nos sigues hablando todo el día,
aunque matemos la mañana
y desperdiciemos la tarde,
y asesinemos la alborada.
Como una espada de fuego,
en el principio, tu Palabra.

Llénanos de tu presencia, Padre;
Espíritu, satúranos de tu fragancia;
danos palabras para responderte,
Hijo, eterna Palabra. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Inclina, Señor, tu oído hacia mí; ven a librarme.

Salmo 30 I – SÚPLICA CONFIADA Y ACCIÓN DE GRACIAS.

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme a salvo,
inclina tu oído hacia mí;

ven aprisa a librarme,
sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;

por tu nombre dirígeme y guíame:
sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi amparo.

En tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás;
tú aborreces a los que veneran ídolos inertes,
pero yo confío en el Señor;
tu misericordia sea mi gozo y mi alegría.

Te has fijado en mi aflicción,
velas por mi vida en peligro;
no me has entregado en manos del enemigo,
has puesto mis pies en un camino ancho.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Inclina, Señor, tu oído hacia mí; ven a librarme.

Ant 2. Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo.

Salmo 30 II

Piedad, Señor, que estoy en peligro:
se consumen de dolor mis ojos,
mi garganta y mis entrañas.

Mi vida se gasta en el dolor;
mis años, en los gemidos;
mi vigor decae con las penas,
mis huesos se consumen.

Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis vecinos,
el espanto de mis conocidos:
me ven por la calle y escapan de mí.
Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cacharro inútil.

Oigo las burlas de la gente,
y todo me da miedo;
se conjuran contra mí
y traman quitarme la vida.

Pero yo confío en ti, Señor,
te digo: «Tú eres mi Dios.»
En tu mano está mi destino:
líbrame de los enemigos que me persiguen;
haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo.

Ant 3. Bendito sea el Señor, que ha hecho por mí prodigios de misericordia.

Salmo 30 III

¡Qué bondad tan grande, Señor,
reservas para tus fieles,
y concedes a los que a ti se acogen
a la vista de todos!

En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras humanas;
los ocultas en tu tabernáculo,
frente a las lenguas pendencieras.

Bendito el Señor, que ha hecho por mí
prodigios de misericordia
en la ciudad amurallada.

Yo decía en mi ansiedad:
«Me has arrojado de tu vista»;
pero tú escuchaste mi voz suplicante
cuando yo te gritaba.

Amad al Señor, fieles suyos;
el Señor guarda a sus leales,
y a los soberbios les paga con creces.

Sed fuertes y valientes de corazón
los que esperáis en el Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Bendito sea el Señor, que ha hecho por mí prodigios de misericordia.

V. Enséñame, Señor, a caminar con lealtad.
R. Porque tú eres mi Dios y Salvador. 

PRIMERA LECTURA

Del libro del Génesis 11, 1-26

LA DISPERSIÓN DEL GÉNERO HUMANO

El mundo entero hablaba la misma lengua con las mismas palabras. Al emigrar de oriente, los hombres encontraron una llanura en el país de Senaar, y se establecieron allí. Y se dijeron unos a otros:

«Vamos a preparar ladrillos y a cocerlos.»

Empleando ladrillos, en vez de piedras, y alquitrán, en vez de cemento. Y dijeron:

«Vamos a construir una ciudad y una torre que alcance al cielo, para hacernos famosos y para no dispersarnos por la superficie de la tierra.»

El Señor bajó a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo los hombres; y se dijo:

«Son un solo pueblo con una sola lengua. Si esto no es más que el comienzo de su actividad, nada de lo que decidan hacer les resultará imposible. Vamos a bajar y a confundir su lengua, de modo que uno no entienda la lengua del prójimo.»

El Señor los dispersó por la superficie de la tierra y dejaron de construir la ciudad. Por eso se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra, y desde allí los dispersó por la superficie de la tierra.

Descendientes de Sem:

Tenía Sem cien años, cuando engendró a Arfaxad dos años después del diluvio; después vivió quinientos años, y engendró hijos e hijas.

Tenía Arfaxad treinta y cinco años, cuando engendró a Sela; después vivió cuatrocientos tres años, y engendró hijos e hijas.

Tenía Sela treinta años, cuando engendró a Heber; después vivió cuatrocientos tres años, y engendró hijos e hijas.

Tenía Heber treinta y cuatro año, cuando engendró a Peleg; después vivió cuatrocientos treinta años, y engendró hijos e hijas.

Tenía Peleg treinta años, cuando engendró a Reu; después vivió doscientos nueve años, y engendró hijos e hijas.

Tenía Reu treinta y dos años, cuando engendró a Sarug; después vivió doscientos siete años, y engendró hijos e hijas.

Tenía Sarug treinta años, cuando engendró a Najor; después vivió doscientos años, y engendró hijos e hijas.

Tenía Najor veintinueve años, cuando engendró a Teraj; después vivió ciento diez y nueve años, y engendró hijos e hijas.

Tenía Teraj setenta años, cuando engendró a Abram, Najor y Harán.

RESPONSORIO    Is 66, 18; cf. Mc 13, 27

R. Yo vendré para reunir a los pueblos de toda lengua: * acudirán para ver mi gloria.
V. Entonces enviaré a mis ángeles para que reúnan a mis elegidos de los cuatro puntos cardinales.
R. Acudirán para ver mi gloria.

SEGUNDA LECTURA

De la carta de san Ignacio de Antioquía, obispo y mártir, a los Efesios
(Cap. 13–18, 1: Funk 1, 183-187)

TENED FE Y CARIDAD PARA CON CRISTO

Procurad reuniros con más frecuencia para celebrar la acción de gracias y la alabanza divina. Cuando os reunís con frecuencia en un mismo lugar, se debilita el poder de Satanás, y la concordia de vuestra fe le impide causaros mal alguno. Nada mejor que la paz, que pone fin a toda discordia en el cielo y en la tierra.

Nada de esto os es desconocido si mantenéis de un modo perfecto, en Jesucristo, la fe y la caridad, que son el principio y el fin de la vida: el principio es la fe, el fin la caridad. Cuando ambas virtudes van a la par se identifican con el mismo Dios, y todo lo demás que contribuye al bien obrar se deriva de ellas. El que profesa la fe no peca, y el que posee la caridad no odia. Por el fruto se conoce el árbol; del mismo modo, los que hacen profesión de pertenecer a Cristo se distinguen por sus obras. Lo que nos interesa ahora, más que hacer una profesión de fe, es mantenernos firmes en esa fe hasta el fin.

Es mejor callar y obrar que hablar y no obrar. Buena cosa es enseñar, si el que enseña también obra. Uno solo es el maestro, que lo dijo, y existió; pero también es digno del Padre lo que enseñó sin palabras. El que posee la palabra de Jesús es capaz de entender lo que él enseñó sin palabras y llegar así a la perfección, obrando según lo que habla y dándose a conocer por lo que hace sin hablar. Nada hay escondido para el Señor, sino que aun nuestros secretos más íntimos no escapan a su presencia. Obremos, pues, siempre conscientes de que él habita en nosotros, para que seamos templos suyos y él sea nuestro Dios en nosotros, tal como es en realidad y tal como se manifestará ante nuestra faz; por esto tenemos motivo más que suficiente para amarlo.

No os engañéis, hermanos míos. Los que perturban las familias no poseerán el reino de Dios. Ahora bien, si los que así perturban el orden material son reos de muerte, ¿cuánto más los que corrompen con sus falsas enseñanzas la fe que proviene de Dios, por la cual fue crucificado Jesucristo? Estos tales, manchados por su iniquidad, irán al fuego inextinguible, como también los que les hacen caso. Para esto el Señor recibió el ungüento en su cabeza, para infundir en la Iglesia la incorrupción. No os unjáis con el repugnante olor de las enseñanzas del príncipe de este mundo, no seaa que os lleve cautivos y os aparte de la vida que tenemos prometida. ¿Por qué no somos todos prudentes, si hemos recibido el conocimiento de Dios, que es Jesucristo? ¿Por qué nos perdemos neciamente, no reconociendo el don que en verdad nos ha enviado el Señor?

Mi espíritu es el sacrificio expiatorio de la cruz, la cual para los incrédulos es motivo de escándalo, mas para nosotros es la salvación y la vida eterna.

RESPONSORIO    Col 3, 17; 1Co 10, 31

R. Todo lo que de palabra o de obra realicéis, * sea todo en nombre de Jesús, ofreciendo la Acción de Gracias a Dios Padre por medio de él.
V. Haced todas las cosas a gloria de Dios.
R. Sea todo en nombre de Jesús, ofreciendo la Acción de Gracias a Dios Padre por medio de él.

ORACIÓN.

OREMOS,
Dios todopoderoso y eterno, que gobiernas a un tiempo cielo y tierra, escucha paternalmente las súplicas de tu pueblo y haz que los días de nuestra vida transcurran en tu paz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.