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Archive for 21/01/14

El Santo Padre ha afirmado que “protegemos nuestra pequeñez para dialogar con la grandeza del Señor”. En la homilía de hoy martes en Santa Marta, Francisco ha subrayado que el Señor tiene una relación personal con nosotros, no es un diálogo con la masa. Asimismo, ha recordado que el Señor elige siempre a los pequeños, quien tiene menos poder porque mira nuestra humildad.

Francisco ha centrado su homilía en la idea de “el Señor y los pequeños” afirmando que “la relación del Señor con su pueblo es una relación personal” es “siempre de tú a tú”.
Por ello ha explicado que “en un pueblo, cada uno tiene su sitio. Pero el Señor habla a la gente así, a la masa, nunca. Siempre habla personalmente, con los nombres. Y elige personalmente. El pasaje de la creación es una figura que hace ver esto: es el mismo Señor que con sus manos artesanalmente hace al hombre y le da nombre: ‘tú te llamas Adán’. Y así comienza esa relación entre Dios y la persona. Y hay otra cosa, hay una relación entre Dios y nosotros pequeños: Dios, el grande y nosotros pequeños. Dios, cuando debe elegir a las personas, también a su pueblo, siempre elige a los pequeños”. Dios, ha continuado Francisco en su homilía, elige a su pueblo porque es “el más pequeño”, tiene “menos poder” que los otros pueblos. Hay un “diálogo entre Dios y la pequeñaza humana”. También la Virgen María dijo: “El Señor ha mirado la humillación de su sierva”. El Señor “ha elegido a los pequeños”.

El Papa se ha detenido en la Primera Lectura de hoy para reflexionar sobre esta actitud del Señor, que “se ve claramente”. El papa Francisco ha explicado que el profeta Samuel está delante del más grande de los hijos de Jesé y pensó que era “su consagrado, porque era un hombre alto, grande”. Pero el Señor le dice que “no mire su aspecto ni su estatura” y añade: “yo lo he descartado, porque no cuenta lo que ve el hombre”. De hecho, ha proseguido el Pontífice: “el hombre ve la apariencia, pero el Señor ve el corazón. El Señor elige según sus criterios”. Y elige a “los débiles y los humildes, para confundir a los poderosos de la tierra”. Así como “el Señor elige a David, el más pequeño” que “no contaba para su padre”, el que no estaba en casa porque cuidaba a las ovejas, ha recordado Francisco. Y David fue elegido.

El Santo Padre ha afirmado que “todos nosotros con el bautismo somos elegidos por el Señor. Todos somos elegidos. Nos ha elegido uno a uno. Nos ha dado un nombre y nos mira. Hay un diálogo, porque así ama el Señor. También David después se convirtió en rey y se equivocó. Quizá ha hecho muchos, pero la Biblia cuenta dos errores grandes, dos errores de esos importantes. ¿Qué hizo David? Se ha humillado. Ha vuelto a su pequeñez y ha dicho: ‘Soy un pecador’. Y ha pedido perdón y ha hecho penitencia”.

Y continúa el Santo Padre señalando que después llega el segundo pecado, David dijo al Señor: “Castígame, no al pueblo. El pueblo no tiene la culpa, yo soy culpable”. David, ha reflexionado el Papa, ” ha guardado su pequeñez, con arrepentimiento, con oración, con llanto”. Prosigue el Santo Padre: “pensando en estas cosas, en este diálogo entre el Señor y nuestra pequeñez me pregunto donde está la fidelidad cristiana”.

Y así ha finalizado el Pontífice: “la fidelidad cristiana, nuestra fidelidad, es simplemente mantener nuestra pequeñez, para poder dialogar con el Señor. Mantener nuestra pequeñez. Por esto la humildad, la mansedumbre son tan importantes en la vida del cristiano, porque guarda la pequeñez, a la que le gusta mirar al Señor. Y será siempre el diálogo entre nuestra pequeñez y la grandeza del Señor. Nos dé el Señor, por intercesión de san David – también por intercesión de la Virgen que cantaba gozosa al Dios, porque había mirado su humildad – nos dé el Señor la gracia de mantener nuestra pequeñez delante de Él”.

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I VÍSPERAS

MARTES, II SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

Santa Inés, virgen y mártir

 

Oración de la tarde

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

 

HIMNO

 

Palabra del Señor ya rubricada

es la vida del mártir ofrecida

como una prueba fiel de que la espada

no puede ya truncar la fe vivida.

 

Fuente de fe y de luz es su memoria,

coraje para el justo en la batalla

del bien, de la verdad, siempre victoria

que, en vida y muerte, el justo en Cristo halla.

 

Martirio es el dolor de cada día,

si en Cristo y con amor es aceptado,

fuego lento de amor que, en la alegría

de servir al Señor, es consumado.

 

Concédenos, oh Padre, sin medida,

y tú, Señor Jesús crucificado,

el fuego del Espíritu de vida

para vivir el don que nos has dado. Amén.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Esta virgen cristiana no temió las amenazas ni se dejó seducir con halagos.

 

Salmo 114

 

Amo al Señor, porque escucha

mi voz suplicante,

porque inclina su oído hacia mí

el día que lo invoco.

 

Me envolvían redes de muerte,

me alcanzaron los lazos del abismo,

caí en tristeza y angustia.

Invoqué el nombre del Señor:

«Señor salva mi vida.»

 

El Señor es benigno y justo,

nuestro Dios es compasivo;

el Señor guarda a los sencillos:

estando yo sin fuerzas me salvó.

 

Alma mía, recobra tu calma,

que el Señor fue bueno contigo:

arrancó mi vida de la muerte,

mis ojos de las lágrimas,

mis pies de la caída.

 

Caminaré en presencia del Señor

en el país de la vida.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 1. Esta virgen cristiana no temió las amenazas ni se dejó seducir con halagos.

 

 

Ant. 2. A él solo guardo fidelidad; a él solo me entrego con todo mi ser.

 

Salmo 115

 

Tenía fe, aun cuando dije:

«¡Qué desgraciado soy!»

Yo decía en mi apuro:

«Los hombres son unos mentirosos.»

 

¿Cómo pagaré al Señor

todo el bien que me ha hecho?

Alzaré la copa de la salvación,

invocando su nombre.

Cumpliré al Señor mis votos

en presencia de todo el pueblo.

 

Vale mucho a los ojos del Señor

la vida de sus fieles.

Señor, yo soy tu siervo,

siervo tuyo, hijo de tu esclava:

rompiste mis cadenas.

 

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,

invocando tu nombre, Señor.

Cumpliré al Señor mis votos

en presencia de todo el pueblo,

en el atrio de la casa del Señor,

en medio de ti, Jerusalén.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 2. A él solo guardo fidelidad; a él solo me entrego con todo mi ser.

 

 

Ant. 3. Te bendigo, Padre de mi Señor Jesucristo, porque has dado a tu sierva la victoria por medio de tu Hijo.

 

Cántico: Ap 4, 11; 5, 9-10.12

 

Eres digno, Señor Dios nuestro,

de recibir la gloria,

el honor y el poder,

porque tú has creado el universo;

porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

 

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,

porque fuiste degollado

y por tu sangre compraste para Dios

hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;

y has hecho de ellos para nuestro Dios

un reino de sacerdotes

y reinan sobre la tierra.

 

Digno es el Cordero degollado

de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,

la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. Te bendigo, Padre de mi Señor Jesucristo, porque has dado a tu sierva la victoria por medio de tu Hijo.

 

 

LECTURA BREVE           1P 4, 13-14

 

Queridos hermanos, estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo. Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros, porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Dios la eligió, y la predestinó.

R. Dios la eligió, y la predestinó.

 

V. La hizo morar en su templo santo.

R. Y la predestinó.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Dios la eligió, y la predestinó.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Santa Inés, con las manos extendidas, oraba: “Padre santo, imploro tu ayuda; siempre te he amado, te he buscado, te he deseado y ahora vengo a ti”.

 

Cántico de María. Lc 1, 46-55

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Santa Inés, con las manos extendidas, oraba: “Padre santo, imploro tu ayuda; siempre te he amado, te he buscado, te he deseado y ahora vengo a ti”.

 

 

PRECES

 

A la misma hora en que el Rey de los mártires ofreció su vida, en la última cena, y la entregó en la cruz, démosle gracias, diciendo:

Te glorificamos, Señor.

 

Porque nos amaste hasta el extremo, Salvador nuestro, principio y origen de todo martirio:

Te glorificamos, Señor.

 

Porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos para los premios de tu reino:

Te glorificamos, Señor.

 

Porque has dado a la Iglesia, como sacrificio, la sangre de la alianza nueva y eterna, derramada para el perdón de los pecados:

Te glorificamos, Señor.

 

Porque, con tu gracia, nos has dado perseverancia en la fe durante el día que ahora termina:

Te glorificamos, Señor.

 

Porque has asociado a tu muerte a nuestros hermanos difuntos:

Te glorificamos, Señor.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Dios todopoderoso y eterno, que eliges a los débiles para confundir a los fuertes de este mundo, concédenos a cuantos celebramos el triunfo de tu mártir santa Inés imitar la firmeza de su fe. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

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1Cor 1, 10-13.7

No ha sido fácil el proceso ni la relación de Pablo con las comunidades de Corinto. Pero quizá ahí aprendió algo de lo que hizo el centro de su vida, de lo que nunca se apeó: que la experiencia cristiana se vive en el marco de la comunidad, que fuera de ella la fe se agosta y pierde su sentido. Y por ello, todo lo que atenta contra la comunidad es un peligro que hay que sortear. Los liderazgos deben quedar en muy segundo plano.

No cabe duda de que las comunidades de Corinto fueron pujantes, vivas, dinámicas. Pero, como en toda realidad histórica, en todo proceso de vida, el lado débil fue compañero evidente. Es amplio el elenco de situaciones que la carta recoge en las que se evidencian las debilidades de las comunidades corintias. Quizá la más lacerante sea las profundas divisiones que afligían y debilitaban a la comunidad. Es el viejo problema de la relación entre liderazgo y animación. Cuando Pablo dice “no andéis divididos” está queriendo decir: la división es el cáncer de la comunidad. Ojo con ella.

Y, más al fondo, la búsqueda de avales, amparos y garantías fuera de la misma comunidad. Cuando Pablo sale de Corinto, un tal Apolo, judío alejandrino, muy versado en la Escritura, ha predicado en la comunidad con gran éxito y elocuencia, siempre en la línea de Pablo. Quizá el mismo Pedro visitara la comunidad, o judíos creyentes que se escudaban en la figura de Pedro. El resultado fue que la comunidad se dividió en bandos, convirtiendo a los predicadores en jefes de facción, en contra, naturalmente, de su voluntad. El argumento de Pablo es imbatible: “¿Está el Mesías dado en exclusiva?, ¿acaso crucificaron a Pablo por vosotros?, o ¿es que os bautizaron para vincularos a Pablo?” La insensatez de liderazgos que llevan a crear facciones en la comunidad queda de manifiesto. Donde el creyente tiene que cerrar filas es en torno a la confesión de la centralidad de la cruz en la experiencia cristiana. Ahí es donde no tiene haber división alguna porque de eso depende el sentido de la comunidad creyente. El principio paulino de “un mismo pensar y sentir” no implica la uniformidad, sino que anima a incorporar la variedad de las personas que componen la comunidad en el criterio único de amor que dimana del Evangelio. Pensar como el Evangelio, sentir como el Evangelio: eso es lo que ha de aglutinar a la comunidad.

Y desde ahí podrá hacer la comunidad un anuncio del Evangelio “no con sabiduría de palabras”, sino con la sabiduría de una vida entregada, ofrecida, servida a la sociedad. Porque el Evangelio que la sociedad entiende y espera es el de una ciudadanía fraterna que lleve a pensar en el amor del Padre de todos. Si ese amor no llega a aparecer, se ha hecho “ineficaz la cruz de Cristo” ya que tal cruz lo que quiso manifestar era justamente eso: que el amor del Padre acompaña indefectiblemente la existencia humana.

Fidel Aizpurúa Donázar 

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Cito a Severiano Blanco: “Por lo que se refiere al sábado, «el decreto del Éxodo (34,21) buscaba al mismo tiempo el respeto a Dios y el descanso del hombre, no una nueva forma de esclavitud. Era el día de la asamblea comunitaria, apto para consultar a los profetas, para reunir amistosamente a todos los miembros de la familia, para ofrecer a Dios sacrificios especiales, para recordar la alianza que Dios ha hecho con el hombre (Is 56,4-6).Pero toda esta zona de gozo, descanso, amistad y servicio, se había sumergido, por obra y gracia de los fariseos, en un complejo tal de preceptos que la alegría había quedado aprisionada entre tan espesa red. Existían dos libros enteros (Shabbath y Erubin) dedicados a recopilar todas las prescripciones referentes al sábado, con nada menos que 39 grupos de actos prohibidos en ese día». La originalidad profética de Jesús, su apuesta por Dios y por el hombre, no le permite contemplar con indiferencia la gran aberración de dar culto a los instrumentos de culto, el engaño de quienes creen haber alcanzado a Dios porque han vislumbrado una zona de su morada.

El Hijo del Hombre es también Señor del Sábado… Cuando el sabio señala la luna, el ignorante se queda mirando el dedo. Buena ocasión para revisar en este día dónde ponemos nuestra mirada. Si en Dios o si en las mediaciones. Pararnos para distinguir las voces de los ecos. Dios de lo que no es Dios.

Óscar Romano, cmf

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Hoy es martes, 21 de enero

Hoy es un día más, uno de tantos. Un martes cualquiera para casi todos. Y por ello es lugar de encuentro privilegiado con el Señor de la vida, de la historia. Señor del devenir cotidiano de las horas, las semanas, los meses. Desde su encarnación, recientemente celebrada, lo ordinario adquiere un sentido extraordinario. Comienza este espacio de oración dispuesto a encontrarte con la novedad y sorpresa de Dios en tu vida cotidiana. Que hoy te invita a adentrarte en el sentido del descanso. Sí, hoy martes.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (2, 23-28):

Un sábado, atravesaba el Señor un sembrado; mientras andaban, los discípulos iban arrancando espigas.

Los fariseos le dijeron: «Oye, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?»

Él les respondió: «¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre? Entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros.»

Y añadió: «El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sábado.»

Otra vez los fariseos contra Jesús. Hoy el motivo es el descanso del sábado. Los fariseos se escandalizan, porque los discípulos, arrancan espigas y las estrujan para comerlas. Los fariseos piensan que ésa es una actividad no permitida en sábado, porque la equiparaban a la siega, que estaba prohibida. Jesús vuelve a salir en defensa de los suyos y les recuerda el caso de David que dio a los soldados hambrientos los panes consagrados del templo que sólo podían comer los sacerdotes, donde queda claro que cualquier ley ha de estar al servicio del hombre y no al revés: “El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado”. Por eso Jesús cumple con el descanso del sábado, pero, cuando es preciso, en sábado hace obras a favor de los  necesitados: sana enfermos, expulsa demonios, predica. Es lógico: Dios, que es amor, pone siempre a la persona en primer lugar… Es lo que hacías tú, Señor. Y yo, por el contrario, ¡qué fácilmente encuentro excusas para no atender al hermano necesitado! Y no precisamente por cumplir la ley, sino por comodidad, por pereza… o por no sé qué.

Dice también Jesús de él mismo: “el Hijo del hombre es señor también del sábado”. Como se muestra señor de la enfermedad, y sana, y señor del pecado, y perdona, y de los espíritus inmundos, y los expulsa, así también es señor del sábado y lo puede interpretar. Con ello declara que él es el Hijo de Dios, que conoce la voluntad del Padre, para quien lo primero es el hombre necesitado… Señor, que aprenda de ti a poner al hermano necesitado por delante de todo. Que no me contente con cumplir la ley. Normalmente me siento con la conciencia tranquila, porque pienso: he cumplido lo mandado, no he quebrantado ningún mandamiento ni ninguna otra norma. Bien, Pero ¿he ayudado al hermano necesitado, o lo he dejado con la mano tendida, esperando mi ayuda y que lo alivie en su necesidad? Señor, menos ley y más amor es lo que nos hace falta a muchos cristianos. Ilumíname para que lo comprenda.

Los fariseos se mostraban tan celosos cumplidores de la ley que andaban por la vida escandalizándose cuando otros no la cumplían, y los juzgaban y condenaban. Diríamos que cumplían la ley, pero “fusilaban” la caridad, que era lo más importante. ¿No caigo yo a veces en ese pecado? Juzgo y condeno con demasiada facilidad a los demás, porque no cumplen alguna norma, es decir, defiendo la ley, pero haciendo añicos la caridad. Señor, hazme menos legalista, menos “juez” y más hermano; dame un corazón más misericordioso con los demás: que me importe más la caridad que la ley.

En este momento se me invita a volver a leer el texto del evangelio. Contemplando a Jesús. Él sabe colocar y ubicar las cosas, las personas y los acontecimientos en su justo lugar y desde ahí, atenderlo. El sábado es día de descanso para estar más  sereno, más cerca, más accesible a los que me necesitan.

Termino este rato de oración dando gracias al Señor por el don de la vida, de la historia. Por el trabajo y el descanso merecido y necesario para situarme en la vida. Doy gracias porque cada día puedo apoyarme en él descansadamente, recobrar una mirada de esperanza. Esa vida que nos hace próximos y compasivos, accesibles y hermanos. Y agradezco caminar con los pies en la tierra, pero danzando la vida cotidiana desde el Señor, con el Señor y en el Señor.

¡Oh Dios, cuya fidelidad no se desdice,
bendito sea tu nombre!
Tú llevas a término tu proyecto de alianza,
y se anuncian ya para nosotros los últimos tiempos.
Santifica nuestra vida de cada día,
y haz que sea para nosotros primicia de la vida eterna.

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MARTES, II SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

Santa Inés, Virgen y mártir

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

INVITATORIO

 

Ant. Venid adoremos al Señor, rey de los mártires.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

“Quien entrega su vida por amor

la gana para siempre”,

dice el Señor.

 

Aquí el bautismo proclama

su voz de gloria y de muerte.

Aquí la unción se hace fuerte

contra el cuchillo y la llama.

Mirad cómo se derrama

mi sangre por cada herida.

Si Cristo fue mi comida,

dejadme ser pan y vino

en el lagar y el molino

donde me arrancan la vida.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Mi Señor Jesucristo ha puesto en mi dedo el anillo nupcial y ha colocado sobre mi cabeza la corona de esposa.

 

Salmo 62

 

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,

mi alma está sedienta de ti;

mi carne tiene ansia de ti,

como tierra reseca, agostada, sin agua.

 

¡Cómo te contemplaba en el santuario

viendo tu fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida,

te alabarán mis labios.

 

Toda mi vida te bendeciré

y alzaré las manos invocándote.

Me saciaré de manjares exquisitos,

y mis labios te alabarán jubilosos.

 

En el lecho me acuerdo de ti

y velando medito en ti,

porque fuiste mi auxilio,

y a la sombra de tus alas canto con júbilo;

mi alma está unida a ti,

y tu diestra me sostiene.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. Mi Señor Jesucristo ha puesto en mi dedo el anillo nupcial y ha colocado sobre mi cabeza la corona de esposa.

 

 

Ant. 2. Estoy desposada con aquel a quien sirven los ángeles y cuya belleza admiran el sol y la luna.

 

Cántico: Dn 3, 57-88. 56

 

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;

cielos, bendecid al Señor.

 

Aguas del espacio, bendecid al Señor;

ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

 

Sol y luna, bendecid al Señor;

astros del cielo, bendecid al Señor.

 

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;

vientos todos, bendecid al Señor.

 

Fuego y calor, bendecid al Señor;

fríos y heladas, bendecid al Señor.

 

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;

témpanos y hielos, bendecid al Señor.

 

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;

noche y día, bendecid al Señor.

 

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;

rayos y nubes, bendecid al Señor.

 

Bendiga la tierra al Señor,

ensálcelo con himnos por los siglos.

 

Montes y cumbres, bendecid al Señor;

cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

 

Manantiales, bendecid al Señor;

mares y ríos, bendecid al Señor.

 

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;

aves del cielo, bendecid al Señor.

 

Fieras y ganados, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;

bendiga Israel al Señor.

 

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;

siervos del Señor, bendecid al Señor.

 

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;

santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

 

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,

ensalcémoslo con himnos por los siglos.

 

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,

alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

 

No se dice Gloria al Padre.

 

Ant. 2. Estoy desposada con aquel a quien sirven los ángeles y cuya belleza admiran el sol y la luna.

 

 

Ant. 3. Alegraos conmigo y felicitadme, porque he obtenido un trono resplandeciente en la asamblea de los santos.

 

Salmo 149

 

Cantad al Señor un cántico nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;

que se alegre Israel por su Creador,

los hijos de Sión por su Rey.

 

Alabad su nombre con danzas,

cantadle con tambores y cítaras;

porque el Señor ama a su pueblo

y adorna con la victoria a los humildes.

 

Que los fieles festejen su gloria

y canten jubilosos en filas:

con vítores a Dios en la boca

y espadas de dos filos en las manos:

 

para tomar venganza de los pueblos

y aplicar el castigo a las naciones,

sujetando a los reyes con argollas,

a los nobles con esposas de hierro.

 

Ejecutar la sentencia dictada

es un honor para todos sus fieles.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. Alegraos conmigo y felicitadme, porque he obtenido un trono resplandeciente en la asamblea de los santos.

 

 

LECTURA BREVE           2 Co 1, 3-5

 

¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios del consuelo! Él nos alienta en nuestras luchas hasta el punto de poder nosotros alentar a los demás en cualquier lucha, repartiendo con ellos el ánimo que nosotros recibimos de Dios. Si los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, gracias a Cristo rebosa en proporción nuestro ánimo.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Dios la socorre al despuntar la aurora.

R. Dios la socorre al despuntar la aurora.

 

V. Teniendo a Dios en medio, no vacila.

R. Al despuntar la aurora.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Dios la socorre al despuntar la aurora.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Al que deseé, ya lo veo; al que esperaba, ya lo poseo; estoy unida en el cielo con aquel que amé ardientemente en la tierra.

 

Cántico de Zacarías: Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Al que deseé, ya lo veo; al que esperaba, ya lo poseo; estoy unida en el cielo con aquel que amé ardientemente en la tierra.

 

 

PRECES

 

Celebremos, amados hermanos, a nuestro Salvador, el testigo fiel, y, al recordar hoy a los santos mártires que murieron a causa de la palabra de Dios, aclamémoslo, diciendo:

Nos has comprado, Señor, con tu sangre.

 

Por la intercesión de los santos mártires, que entregaron libremente su vida como testimonio de la fe,

— concédenos, Señor, la verdadera libertad de espíritu.

 

Por la intercesión de los santos mártires, que proclamaron la fe hasta derramar su sangre,

— concédenos, Señor, la integridad y la constancia de la fe.

 

Por la intercesión de los santos mártires, que, soportando la cruz, siguieron tus pasos,

— concédenos, Señor, soportar con generosidad las contrariedades de la vida.

 

Por la intercesión de los santos mártires, que lavaron su manto en la sangre del Cordero,

— concédenos, Señor, vencer las obras del mundo y de la carne.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Terminemos nuestra oración con las palabras que nos enseñó el Señor:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Dios todopoderoso y eterno, que eliges a los débiles para confundir a los fuertes  de este mundo, concédenos a cuantos celebramos el triunfo de tu mártir santa Inés imitar la firmeza de su fe. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.


I VÍSPERAS

MARTES, II SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Oración de la tarde

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

 

HIMNO

 

Acuérdate de Jesucristo,

resucitado de entre los muertos.

Él es nuestra salvación,

nuestra gloria para siempre.

 

Si con él morimos, viviremos con él;

si con él sufrimos, reinaremos con él.

 

En el nuestras penas, en él nuestro gozo;

en él la esperanza, en él nuestro amor.

 

En él toda gracia, en él nuestra paz;

en él nuestra gloria, en él la salvación.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. De la salida del sol hasta su ocaso alabado sea el nombre del Señor.

 

Salmo 112

 

Alabad, siervos del Señor,

alabad el nombre del Señor.

Bendito sea el nombre del Señor,

ahora y por siempre:

de la salida del sol hasta su ocaso,

alabado sea el nombre del Señor.

 

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,

su gloria sobre los cielos.

¿Quién como el Señor, Dios nuestro,

que se eleva en su trono

y se abaja para mirar

al cielo y a la tierra?

 

Levanta del polvo al desvalido,

alza de la basura al pobre,

para sentarlo con los príncipes,

los príncipes de su pueblo;

a la estéril le da un puesto en la casa,

como madre feliz de hijos.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. De la salida del sol hasta su ocaso alabado sea el nombre del Señor.

 

 

Ant. 2. Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.

 

Salmo 115

 

Tenía fe, aun cuando dije:

«¡Qué desgraciado soy!»

Yo decía en mi apuro:

«Los hombres son unos mentirosos.»

 

¿Cómo pagaré al Señor

todo el bien que me ha hecho?

Alzaré la copa de la salvación,

invocando su nombre.

Cumpliré al Señor mis votos

en presencia de todo el pueblo.

 

Vale mucho a los ojos del Señor

la vida de sus fieles.

Señor, yo soy tu siervo,

siervo tuyo, hijo de tu esclava:

rompiste mis cadenas.

 

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,

invocando tu nombre, Señor.

Cumpliré al Señor mis votos

en presencia de todo el pueblo,

en el atrio de la casa del Señor,

en medio de ti, Jerusalén.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 2. Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.

 

 

Ant. 3. El Señor Jesús se rebajó, y por eso Dios lo levantó por los siglos de los siglos.

 

Cántico: Flp 2, 6-11

 

Cristo, a pesar de su condición divina,

no hizo alarde de su categoría de Dios,

al contrario, se anonadó a sí mismo,

y tomó la condición de esclavo,

pasando por uno de tantos.

 

Y así, actuando como un hombre cualquiera,

se rebajó hasta someterse incluso a la muerte

y una muerte de cruz.

 

Por eso Dios lo levantó sobre todo

y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;

de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble

en el cielo, en la tierra, en el abismo

y toda lengua proclame:

Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. El Señor Jesús se rebajó, y por eso Dios lo levantó por los siglos de los siglos.

 

 

LECTURA BREVE           Hb 13, 20-21

 

Que el Dios de la paz, que hizo subir de entre los muertos al gran Pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesús, en virtud de la sangre de la alianza eterna, os ponga a punto en todo bien, para que cumpláis su voluntad. Él realizará en nosotros lo que es de su agrado, por medio de Jesucristo; a él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Cuántas son tus obras, Señor.

R. Cuántas son tus obras, Señor.

 

V. Y todas las hiciste con sabiduría.

R. Tus obras, Señor.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Cuántas son tus obras, Señor.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. “Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios”, dice el Señor.

 

Cántico de María. Lc 1, 46-55

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. “Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios”, dice el Señor.

 

 

PRECES

 

Recordando la bondad de Cristo, que se compadeció del pueblo hambriento y obró en favor suyo los prodigios de su amor, digámosle con fe:

Muéstranos, Señor, tu amor.

 

Reconocemos, Señor, que todos los beneficios que hoy hemos recibido proceden de tu bondad;

— haz que no tornen a ti vacíos, sino que den fruto, con un corazón noble de nuestra parte.

 

Oh Cristo, luz y salvación de todos los pueblos, protege a los que dan testimonio de ti en el mundo,

— y enciende en ellos el fuego de tu Espíritu.

 

Haz, Señor, que todos los hombres respeten la dignidad de sus hermanos,

— y que todos juntos edifiquemos un mundo cada vez más humano.

 

A ti, que eres el médico de las almas y de los cuerpos,

— te pedimos que alivies a los enfermos y des la paz a los agonizantes, visitándolos con tu bondad.

 

Dígnate agregar a los difuntos al número de tus escogidos,

— cuyos nombres están escritos en el libro de la vida.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Dios todopoderoso y eterno, ayúdanos a llevar una vida según tu voluntad, para que podamos dar en abundancia frutos de buenas obras en nombre de tu Hijo predilecto. Que vive y reina contigo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

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MARTES DE LA SEMANA II
Del común de vírgenes. Salterio II

21 de enero

SANTA INÉS, virgen y mártir. (MEMORIA)

Murió mártir en Roma en la segunda mitad del siglo III o, más probablemente, a principios del IV. El papa Dámaso honró su sepulcro con un poema, y muchos Padres de la Iglesia, a partir de san Ambrosio, le dedicaron alabanzas.

OFICIO DE LECTURA 

Si el Oficio de Lectura es la primera oración del día:

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:

Ant. Venid, adoremos al Señor, rey de las vírgenes.


Si antes del Oficio de lectura se ha rezado ya alguna otra Hora:

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.



Himno: ESTA MUJER NO QUISO

Esta mujer no quiso
tomar varón ni darle su ternura,
selló su compromiso
con otro amor que dura
sobre el amor de toda criatura.

Y tanto se apresura
a zaga de la huella del Amado,
que en él se transfigura,
y el cuerpo anonadado
ya está por el amor resucitado.

Aquí la Iglesia canta
la condición futura de la historia,
y el cuerpo se adelanta
en esta humilde gloria
a la consumación de su victoria.

Mirad los regocijos
de la que por estéril sollozaba
y se llenó de hijos,
porque el Señor miraba
la pequeñez humilde de su esclava. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.

Salmo 36 I – LA VERDADERA Y LA FALSA FELICIDAD

No te exasperes por los malvados,
no envidies a los que obran el mal:
se secarán pronto, como la hierba,
como el césped verde se agostarán.

Confía en el Señor y haz el bien,
habita tu tierra y practica la lealtad;
sea el Señor tu delicia,
y él te dará lo que pide tu corazón.

Encomienda tu camino al Señor,
confía en él, y él actuará:
hará brillar tu justicia como el amanecer;
tu derecho, como el mediodía.

Descansa en el Señor y espera en él,
no te exasperes por el hombre que triunfa
empleando la intriga:

cohíbe la ira, reprime el coraje,
no te exasperes, no sea que obres mal;
porque los que obran mal son excluidos,
pero los que esperan en el Señor poseerán la tierra.

Aguarda un momento: desapareció el malvado,
fíjate en su sitio: ya no está;
en cambio, los sufridos poseen la tierra
y disfrutan de paz abundante.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.

Ant 2. Apártate del mal y haz el bien; al honrado lo sostiene el Señor.

Salmo 36 II

El malvado intriga contra el justo,
rechina sus dientes contra él;
pero el Señor se ríe de él,
porque ve que le llega su hora.

Los malvados desenvainan la espada,
asestan el arco,
para abatir a pobres y humildes,
para asesinar a los honrados;
pero su espada les atravesará el corazón,
sus arcos se romperán.

Mejor es ser honrado con poco
que ser malvado en la opulencia;
pues al malvado se le romperán los brazos,
pero al honrado lo sostiene el Señor.

El Señor vela por los días de los buenos,
y su herencia durará siempre;
no se agostarán en tiempo de sequía,
en tiempo de hambre se saciarán;

pero los malvados perecerán,
los enemigos del Señor
se marchitarán como la belleza de un prado,
en humo se disiparán.

El malvado pide prestado y no devuelve,
el justo se compadece y perdona.
Los que el Señor bendice poseen la tierra,
los que él maldice son excluidos.

El Señor asegura los pasos del hombre,
se complace en sus caminos;
si tropieza, no caerá,
porque el Señor lo tiene de la mano.

Fui joven, ya soy viejo:
nunca he visto a un justo abandonado,
ni a su linaje mendigando el pan.
A diario se compadece y da prestado;
bendita será su descendencia.

Apártate del mal y haz el bien,
y siempre tendrás una casa;
porque el Señor ama la justicia
y no abandona a sus fieles.

Los inicuos son exterminados,
la estirpe de los malvados se extinguirá;
pero los justos poseen la tierra,
la habitarán por siempre jamás.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Apártate del mal y haz el bien; al honrado lo sostiene el Señor.

Ant 3. Confía en el Señor y sigue su camino.

Salmo 36 III

La boca del justo expone la sabiduría,
su lengua explica el derecho;
porque lleva en el corazón la ley de su Dios,
y sus pasos no vacilan.

El malvado espía al justo
e intenta darle muerte;
pero el Señor no lo entrega en sus manos,
no deja que lo condenen en el juicio.

Confía en el Señor, sigue su camino;
él te levantará a poseer la tierra,
y verás la expulsión de los malvados.

Vi a un malvado que se jactaba,
que prosperaba como un cedro frondoso;
volví a pasar, y ya no estaba;
lo busqué, y no lo encontré.

Observa al honrado, fíjate en el bueno:
su porvenir es la paz;
los impíos serán totalmente aniquilados,
el porvenir de los malvados quedará truncado.

El Señor es quien salva a los justos,
él es su alcázar en el peligro;
el Señor los protege y los libra,
los libra de los malvados y los salva,
porque se acogen a él.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Confía en el Señor y sigue su camino.

V. Enséñame Señor, a gustar y a comprender.
R. Porque me fío de tus mandatos. 

PRIMERA LECTURA

Del libro del Génesis 12, 1-9; 13, 2-18

VOCACIÓN Y BENDICIÓN DE ABRAM

En aquellos días, el Señor dijo a Abram:

«Sal de tu tierra y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre y será una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. Con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo.»

Abram marchó, como le había dicho el Señor, y con él marchó Lot. Abram tenía setenta y cinco años cuando salió de Harán. Abram llevó consigo a Saray, su mujer, a Lot, su sobrino, todo lo que había adquirido y todos los esclavos que había ganado en Harán. Salieron en dirección de Canaán y llegaron a la tierra de Canaán. Abram atravesó el país hacia la región de Siquem, hasta la encina de Moré (en aquel tiempo habitaban allí los cananeos). El Señor se apareció a Abram y le dijo:

«A tu descendencia le daré esta tierra.»

El construyó allí un altar en honor del Señor que se le había aparecido. Desde allí, continuó hacia las montañas, al este de Betel, y plantó allí su tienda, con Betel a poniente y Ay a levante; construyó allí un altar al Señor e invocó el nombre del Señor. Abram se trasladó por etapas al Negueb.

Abram era muy rico en ganado, plata y oro. Desde el Negueb se trasladó por etapas a Betel, al sitio donde había fijado en otro tiempo su tienda, entre Betel y Ay, donde había construido un altar; y allí invocó el nombre del Señor.

También Lot, que acompañaba a Abram, poseía ovejas, vacas y tiendas; de modo que ya no podían vivir juntos en el país, porque sus posesiones eran inmensas y ya no cabían juntos. Por ello surgieron disputas entre los pastores de Abram y los de Lot. (En aquel tiempo, cananeos y fereceos ocupaban el país.) Abram dijo a Lot:

«No haya disputas entre nosotros dos, ni entre nuestros pastores, pues somos hermanos. Tienes delante todo el país, sepárate de mí: si vas a la izquierda, yo iré a la derecha; si vas a la derecha, yo iré a la izquierda.»

Lot echó una mirada y vio que toda la vega del Jordán, hasta la entrada de Soar, era de regadío (esto era antes de que el Señor destruyera a Sodoma y Gomorra); parecía un jardín del Señor, o como Egipto. Lot se escogió la vega del Jordán y marchó hacia levante; y así se separaron los dos hermanos.

Abram habitó en Canaán, Lot en las ciudades de la vega, plantando las tiendas hasta Sodoma. Los habitantes de Sodoma eran malvados y pecaban gravemente contra el Señor. El Señor habló a Abram, después que Lot se había separado de él:

«Desde tu puesto dirige la mirada hacia el norte, mediodía, levante y poniente. Toda la tierra que abarques te la daré a ti y a tus descendientes para siempre. Haré a tus descendientes como el polvo: el que pueda contar el polvo podrá contar a tus descendientes. Anda, recorre el país a lo largo y a lo ancho, pues te lo voy a dar.»

Abram alzó la tienda y fue a establecerse junto a la encina de Mambré, en Hebrón, donde construyó un altar en honor del Señor.

RESPONSORIO    Hb 11, 8; Is 51, 2

R. Por la fe obedeció Abraham al ser llamado por Dios, saliendo hacia la tierra que había de recibir en herencia, * y salió sin saber a dónde iba.
V. Mirad a Abraham, vuestro padre, y a Sara, que os dio a luz; cuando lo llamé, era uno, pero lo bendije y lo multipliqué.
R. Y salió sin saber a dónde iba.

SEGUNDA LECTURA

Del tratado de san Ambrosio, obispo, sobre las vírgenes
(Libro 1, cap. 2. 5. 7-9: PL 16 [edición 1845], 189-191)

NO TENÍA AÚN EDAD DE SER CONDENADA, PERO ESTABA YA MADURA PARA LA VICTORIA

Celebramos hoy el nacimiento para el cielo de una virgen, imitemos su integridad; se trata también de una mártir, ofrezcamos el sacrificio. Es el día natalicio de santa Inés. Sabemos por tradición que murió mártir a los doce años de edad. Destaca en su martirio, por una parte, la crueldad que no se detuvo ni ante una edad tan tierna; por otra, la fortaleza que infunde la fe, capaz de dar testimonio en la persona de una jovencita.

¿Es que en aquel cuerpo tan pequeño cabía herida alguna? Y, con todo, aunque en ella no encontraba la espada donde descargar su golpe, fue ella capaz de vencer a la espada. Y eso que a esta edad las niñas no pueden soportar ni la severidad del rostro de sus padres, y si distraídamente se pican con una aguja, se ponen a llorar como si se tratara de una herida.

Pero ella, impávida entre las sangrientas manos del verdugo, inalterable al ser arrastrada por pesadas y chirriantes cadenas, ofrece todo su cuerpo a la espada del enfurecido soldado, ignorante aún de lo que es la muerte, pero dispuesta a sufrirla; al ser arrastrada por la fuerza al altar idolátrico, entre las llamas tendía hacia Cristo sus manos, y así, en medio de la sacrílega hoguera, significaba con esta posición el estandarte triunfal de la victoria del Señor; intentaban aherrojar su cuello y sus manos con grilletes de hierro, pero sus miembros resultaban demasiado pequeños para quedar encerrados en ellos.

¿Una nueva clase de martirio? No tenía aún edad de ser condenada, pero estaba ya madura para la victoria; la lucha se presentaba difícil, la corona fácil; lo que parecía imposible por su poca edad lo hizo posible su virtud consumada. Una recién casada no iría al tálamo nupcial con la alegría con que iba esta doncella al lugar del suplicio, con prisa y contenta de su suerte, adornada su cabeza no con rizos, sino con el mismo Cristo, coronada no de flores, sino de virtudes.

Todos lloraban, menos ella. Todos se admiraban de que con tanta generosidad entregara una vida de la que aún no había comenzado a gozar, como si ya la hubiese vivido plenamente. Todos se asombraban de que fuera ya testigo de Cristo una niña que, por su edad, no podía aún dar testimonio de sí misma. Resultó así que fue capaz de dar fe de las cosas de Dios una niña que era incapaz legalmente de dar fe de las cosas humanas, porque el Autor de la naturaleza puede hacer que sean superadas las leyes naturales.

El verdugo hizo lo posible para aterrorizarla, para atraerla con halagos, muchos desearon casarse con ella. Pero ella dijo:

«Sería una injuria para mi Esposo esperar a ver si me gusta otro; él me ha elegido primero, él me tendrá. ¿A qué esperas, verdugo, para asestar el golpe? Perezca el cuerpo que puede ser amado con unos ojos a los que yo no quiero».

Se detuvo, oró, doblegó la cerviz. Hubieras visto cómo temblaba el verdugo, como si fuese él el condenado; como temblaba su diestra al ir a dar el golpe, cómo palidecían los rostros al ver lo que le iba a suceder a la niña, mientras ella se mantenía serena. En una sola víctima tuvo lugar un doble martirio: el de la castidad y el de la fe. Permaneció virgen y obtuvo la gloria del martirio.

RESPONSORIO

R. Celebremos la festividad de santa Inés, recordemos su glorioso martirio: * en su juventud afrontó la muerte y encontró la vida.
V. Pues amó unicamente al Autor de la vida.
R. En su juventud afrontó la muerte y encontró la vida.

ORACIÓN.

OREMOS,
Dios todopoderoso y eterno, que te has complacido en elegir lo débil a los ojos del mundo para confundir a los que se creían fuertes, concéde a quienes estamos celebrando el martirio de santa Inés imitar la heroica firmeza de su fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios. 

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