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Archive for 24/01/14

VÍSPERAS

VIERNES, II SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Oración de la tarde

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

 

HIMNO

 

El dolor extendido por tu cuerpo,

sometida tu alma como un lago,

vas a morir y mueres por nosotros

ante el padre que acepta perdonándonos.

 

Cristo, gracias aún, gracias, que aún duele

tu agonía en el mundo, en tus hermanos.

Que hay hambre, ese resumen de injusticias;

que hay hombre en el que estás crucificado.

 

Gracias por tu palabra que está viva,

y aquí la van diciendo nuestros labios;

gracias porque eres Dios y hablas a Dios

de nuestras soledades, nuestros bandos.

 

Que no existan verdugos, que no insistan;

rezas hoy con nosotros que rezamos.

Porque existen las víctimas, el llanto. Amén.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Arranca, Señor, mi alma de la muerte, mis pies de la caída.

 

Salmo 114

 

Amo al Señor, porque escucha

mi voz suplicante,

porque inclina su oído hacia mí

el día que lo invoco.

 

Me envolvían redes de muerte,

me alcanzaron los lazos del abismo,

caí en tristeza y angustia.

Invoqué el nombre del Señor:

«Señor salva mi vida.»

 

El Señor es benigno y justo,

nuestro Dios es compasivo;

el Señor guarda a los sencillos:

estando yo sin fuerzas me salvó.

 

Alma mía, recobra tu calma,

que el Señor fue bueno contigo:

arrancó mi vida de la muerte,

mis ojos de las lágrimas,

mis pies de la caída.

 

Caminaré en presencia del Señor

en el país de la vida.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 1. Arranca, Señor, mi alma de la muerte, mis pies de la caída.

 

 

Ant. 2. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

 

Salmo 120

 

Levanto mis ojos a los montes:

¿de dónde me vendrá el auxilio?

El auxilio me viene del Señor,

que hizo el cielo y la tierra.

 

No permitirá que resbale tu pie,

tu guardián no duerme;

no duerme ni reposa

el guardián de Israel.

 

El Señor te guarda a su sombra,

está a tu derecha;

de día el sol no te hará daño,

ni la luna de noche.

 

El Señor te guarda de todo mal,

él guarda tu alma;

el Señor guarda tus entradas y salidas,

ahora y por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

 

 

Ant. 3. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

 

Cántico: Ap 15, 3-4

 

Grandes y maravillosas son tus obras,

Señor, Dios omnipotente,

justos y verdaderos tus caminos,

¡oh Rey de los siglos!

 

¿Quién no temerá, Señor,

y glorificará tu nombre?

Porque tú solo eres santo,

porque vendrán todas las naciones

y se postrarán en tu acatamiento,

porque tus juicios se hicieron manifiestos.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

 

 

LECTURA BREVE           1Co 2, 7-10a

 

Enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido; pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria. Sino, como está escrito: “Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman.” Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Cristo murió por los pecados, para conducirnos a Dios.

R. Cristo murió por los pecados, para conducirnos a Dios.

 

V. Como era hombre, lo maratón; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida.

R. Para conducirnos a Dios.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Cristo murió por los pecados, para conducirnos a Dios.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Acuérdate de tu misericordia, Señor, como lo habías prometido a nuestros padres.

 

Cántico de María. Lc 1, 46-55

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Acuérdate de tu misericordia, Señor, como lo habías prometido a nuestros padres.

 

 

PRECES

 

Bendigamos ahora al Señor Jesús, que en su vida mortal escuchó siempre con bondad las súplicas de los que acudían a él y con amor secaba las lágrimas de los que lloraban, y digámosle también nosotros.

Señor, ten piedad de tu pueblo.

 

Señor Jesucristo, tú que consolaste a los tristes y deprimidos,

— pon ahora tus ojos en las lágrimas de los pobres.

 

Escucha los gemidos de los agonizantes

— y envíales tus ángeles para que los alivien y conforten.

 

Que los emigrantes sienten tu providencia en su destierro,

— que puedan regresar a su patria y que un día alcancen también la eterna.

 

Que los pecadores se ablanden a tu amor

— y se reconcilien contigo y con tu Iglesia.

 

Perdona las faltas de los que han muerto

— y dales la plenitud de tu salvación.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Señor, Dios nuestro, tú has querido que el santo obispo Francisco de Sales se entregara a todos generosamente para la salvación de los hombres; concédenos, a ejemplo suyo, manifestar la dulzura de tu amor en el servicio a nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

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Guión litúrgico para el Domingo III de Tiempo Ordinario del Ciclo CA, 26 de enero de 2014.

Descargar Guión Litúrgico Domingo III

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Con el bautismo hemos recibido el Espíritu, que es, desde ese momento, la fuente de nuestro vivir, del estilo de vida que nos compromete. Como decía Jesús, es un espíritu de “conversión”. Pero no es una conversión “en vacío”, sino una conversión para el Reino. Desde Jesús se abre una realidad nueva para llevarla dentro de nosotros y para anunciarla y hacerla en el mundo y la sociedad en la que estamos y vivimos. Abrir los surcos del Reino en esta sociedad es aquello a lo que estamos convocados. Pero no es algo que se realiza de un día para otro, sino un largo camino a seguir a lo largo de los días, el camino de Jesús, para nosotros y para nuestra Iglesia, que es germen y semilla del Reino en nuestro mundo.

UN TEXTO

“Según Mateo, Jesús comienza su predicación con un grito: “Convertíos”. Esta es su primera palabra. Es la hora de la conversión. Hay que abrirse al reino de Dios. No quedarse “sentados en las tinieblas”, sino “caminar en la luz”.

Por eso también hoy esa es la primera palabra que tenemos que escuchar: “Convertíos”; recuperad vuestra identidad cristiana; volved a vuestras raíces; ayudad a la Iglesia a pasar a una nueva etapa de cristianismo más fiel a Jesús; vivid con nueva conciencia de seguidores; poneos al servicio del reino de Dios” (J. A. Pagola, El camino abierto por Jesús. Mateo, Ed. PPC, Madrid 2010, pág. 49).

UNA ORACIÓN

RENUEVA, SEÑOR, EL ROSTRO DE TU IGLESIA


Hazla discípula:
Iglesia de la escucha, capaz de contemplación y gratuidad,
comunidad viva que se alimenta de la Palabra y el Pan,
Iglesia del domingo que brilla en los rostros de la gente.
Envía tu Espíritu sobre nosotros para nos transformemos
en una comunidad de discípulos del Evangelio.
Hazla sinodal:
Iglesia hecha de relaciones, rica en carismas y ministerios.
Perdónala si se deja desgarrar por divisiones y envidias,
si no sabe comunicarse con el lenguaje del amor.
Envía tu Espíritu sobre nosotros
para que nos hagamos signo
del Dios de la comunión y del compartir.
Hazla compañera de viaje:
Iglesia que vive dentro de nuestro tiempo.
Iglesia que comparte las alegrías y las esperanzas,
las tristezas y las angustias del hombre.
Haz que no escuchemos a los “profetas de calamidades”,
que ven por todas partes signos de muerte.
Que sea, por el contrario, intérprete de los signos de vida y de gracia
que el Espíritu no dejará de existir a lo largo del camino.
Envía tu Espíritu sobre nosotros
para que nuestra comunidad se hacerse
compañera de camino
de los hombres y las mujeres de hoy.
Hazla testigo extrovertido y solidario:
Iglesia que anuncia sin miedo que Cristo ha resucitado.
Iglesia abierta, que vive relaciones gozosas
con otras iglesias y culturas.
Perdónala, Señor, cuando se olvida de que Tú la sostienes.
Haz que anuncie el Evangelio de la esperanza
con dulzura, respeto y libertad.
Envía tu Espíritu, Señor, sobre nosotros
para que sepamos siempre conjugar
el Evangelio de la Palabra y el de la caridad.
Haz posible, Señor, este “sueño” de Iglesia
dentro de nuestras asambleas festivas,
cuando escuchamos la Palabra
y partimos el Pan de la resurrección.
Haz que todas las comunidades sean signo del rostro de Cristo.
Envía tu Espíritu sobre nosotros
para que nos convirtamos en una Iglesia que escucha,
que ora, que canta y que camina. Amén.

UN SÍMBOLO

Pueden llevarse, en el momento del Ofertorio, distintos tipos de bastones, como símbolo del camino y de los diferentes caminos que cada uno va haciendo, según sus posibilidades, su edad, sus circunstancias, etc. para construir el Reino desde el Espíritu de Jesús que a todos nos habita.

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Mientras subía a la montaña… El lugar no es accidental. Jesús elige a los suyos mientras iba de camino, será porque toda su vida fue un camino, será porque siempre nos quiere caminando. Siempre hacia delante y siempre hacia arriba.

Llamó a los que quiso… Querer: amar y parecerle bien. Parece que ambas cosas se dan la mano: llamó a los que amó; llamó a los que creyó conveniente. En Jesús el amor precede a cualquier elección.

A doce los hizo sus compañeros…Para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, con poder para expulsar demonios. El encuentro y la misión, la mística y la acción. La tarea: llevar la Buena Noticia lanzando fuera todo lo que se opone a ella.

Grupo de los doce… Vistas las cosas en la distancia, la elección no estuvo mal. No eran los más listos, ni los que mejores cualidades tenían, ni siquiera los más santos… Era su grupo: y consuela pensar que entre ellos pudiéramos estar cada uno de nosotros.

Una vez más repetimos sus nombres (y nos paramos en cada uno de ellos): Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges –Los Truenos–, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Celotes y Judas Iscariote, que lo entregó.

Óscar Romano, cmf.

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Hoy es viernes, 24 de enero.

Jesús siempre en compañía. El Hijo de Dios, el Todopoderoso y sin embargo, siempre rodeado de colaboradores. En una sociedad como la suya, tan distinta y tan semejante a la nuestra, no era fácil encontrar iguales. Sin embargo, a Jesús no parece contarle mucho reunirlos. Quizá porque no busca el amigo perfecto, sino que necesita lo bueno que cada uno tenemos. El grupo de Jesús parece sugerir movimiento. Desde luego búsqueda, apertura, renovación. No pretende conservar. Descubren que el camino no se hace con una mochila cargada. Que hay que saber dejar atrás algo para embarcarse en lo que de verdad importa.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 3, 13-19):

En aquel tiempo, Jesús, mientras subía a la montaña, fue llamando a los que él quiso, y se fueron con él. A doce los hizo sus compañeros, para enviarlos a predicar, con poder para expulsar demonios. Así constituyó el grupo de los Doce: Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges –Los Truenos–, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Celotes y Judas Iscariote, que lo entregó.

El evangelio nos presenta hoy la elección de los 12 apóstoles. Lo primero que vemos es que “Jesús subió a la montaña”. La montaña, es el lugar privilegiado de la manifestación de Dios, de encuentro con él. Jesús, pues, se retirar para buscar a Dios. Con frecuencia los evangelios nos hablan de que Jesús ser retiraba para orar, para buscar en la soledad el trato íntimo con el Padre. Sobre todo, cuando tenía que tomar una decisión importante, como ésta de elegir a los Doce. ¿No debería también yo dedicar más tiempo para retirarme del bullicio diario y buscar, en el trato con Dios, la luz que necesito para no equivocar el camino? Jesús andaba muy ocupado predicando y atendiendo a la gente que le buscaba. Tanto que, a veces, ni tiempo para comer le quedaba, como dice el evangelio. Pero para este encuentro con el Padre siempre encontraba tiempo. Y es que para Cristo el trato con el Padre sí era importante.

Después añade: “llamó a los que quiso y se fueron con él”. Es Jesús el que toma la iniciativa, el que llama y elige. ¿Los elige porque eran hombres extraordinarios, de grandes cualidades y méritos? No parece. Eran gente muy normalita del pueblo. Con defectos. Débiles como todos. Pero Cristo los miró con la mirada de predilección y los eligió. Como a mí. ¿Por qué me eligió? No, por mis méritos, ni por ser más sabio y más santo. Sino porque él ha sido bueno conmigo. Qué bien entendió esto Sta. Teresa de Lisieux cuando escribió: “He aquí el misterio de mi vocación, de mi vida entera y, sobre todo, el misterio de los privilegios que Jesús ha dispensado a mi alma… Él no llama a los que son dignos, sino a los que quiere”. Gracias, Señor, por haberme elegido gratuitamente, porque me quieres. Gracias porque, aunque te he traicionado muchas veces, me sigues mirando con mirada de predilección y me sigues queriendo. ¡Qué fiel eres, Señor, en el querer, qué fiel!

“ A los doce los hizo sus compañeros, para enviarlos a predicar, con poder para expulsar demonios”. El número preciso de doce es simbólico: doce fueron las tribus del viejo Israel, y doce apóstoles serán los pilares del Israel mesiánico, del pueblo de la alianza nueva. Y a ellos les encarga que le ayuden en su misión de proclamar su mensaje de salvación a todos y hacer avanzar el Reino de amor que ha inaugurado, liberando de toda esclavitud al hombre: del pecado y de todos los “demonios” que lo tienen poseído y le hacen sufrir. Esta será la misión de la comunidad de Jesús. Pero para continuar la misión de Cristo es necesario hacerse “compañero” de Cristo, estar estrechamente unido a él, vivir en gozosa intimidad con él y escucharle. Sólo así podré hablar de Cristo convincentemente y hacer sus obras. ¿Cómo hablaré de ti, Señor, si no te he tratado, ni escuchado, ni gustado tu amistad?; ¿cómo haré tus obras de amor, si no me he dejado poseer por tu Espíritu de Amor?

Toca terminar. Quizá puedas preguntarle a Jesús por tu nueva identidad. Aquella que te define, que te hace sentirte verdadero y pedirle que te hable de tu misión. De aquello para lo que él cuenta contigo, porque sabe que tú puedes hacerlo. ¿Qué hay en ti de especial para otros?

Tomad, Señor y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer. Vos me lo disteis, a vos Señor lo torno. Todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esta me basta.

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VIERNES, II SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

San Francisco de Sales

Obispo y doctor (Memoria)

 

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

INVITATORIO

 

Ant. El Señor es bueno, bendecid su nombre.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

La noche, el caos, el terror,

cuanto a las sombras pertenece

siente que el alba de oro crece

y anda ya próximo el Señor.

 

El sol, con lanza luminosa,

rompe la noche y abre el día;

bajo su alegre travesía,

vuelve el color a cada cosa.

 

El hombre estrena claridad

de corazón, cada mañana;

se hace la gracia más cercana

y es más sencilla la verdad.

 

¡Puro milagro de la aurora!

Tiempo de gozo y eficacia:

Dios con el hombre, todo gracia

bajo la luz madrugadora.

 

¡Oh la conciencia sin malicia!

¡La carne, al fin, gloriosa y fuerte!

Cristo de pie sobre la muerte,

y el sol gritando la noticia.

 

Guárdanos tú, Señor del alba,

puros, austeros, entregados;

hijos de luz resucitados

en la Palabra que nos salva.

 

Nuestros sentidos, nuestra vida,

cuanto oscurece la conciencia

vuelva a ser pura transparencia

bajo la luz recién nacida. Amén.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias, Señor

 

Salmo 50

 

Misericordia, Dios mío por tu bondad;

por tu inmensa compasión borra mi culpa;

lava del todo mi delito,

limpia mi pecado.

 

Pues yo reconozco mi culpa,

tengo siempre presente mi pecado:

contra ti, contra ti solo pequé,

cometí la maldad que aborreces.

 

En la sentencia tendrás razón,

en el juicio brillará tu rectitud.

Mira, que en la culpa nací,

pecador me concibió mi madre.

 

Te gusta un corazón sincero,

y en mi interior me inculcas sabiduría.

Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;

lávame: quedaré más blanco que la nieve.

 

Hazme oír el gozo y la alegría,

que se alegren los huesos quebrantados.

Aparta de mi pecado tu vista,

borra en mí toda culpa.

 

¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,

renuévame por dentro con espíritu firme;

no me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu.

 

Devuélveme la alegría de tu salvación,

afiánzame con espíritu generoso:

enseñaré a los malvados tus caminos,

los pecadores volverán a ti.

 

Líbrame de la sangre ¡oh Dios,

Dios, Salvador mío!,

y cantará mi lengua tu justicia.

Señor, me abrirás los labios,

y mi boca proclamará tu alabanza.

 

Los sacrificios no te satisfacen;

si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.

Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:

un corazón quebrantado y humillado

tú no lo desprecias.

 

Señor, por tu bondad,

favorece a Sión

reconstruye las murallas de Jerusalén:

entonces aceptarás los sacrificios rituales,

ofrendas y holocaustos,

sobre tu altar se inmolarán novillos.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 1. Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias, Señor

 

 

Ant. 2. En tu juicio, Señor, acuérdate de la misericordia.

 

Cántico: Ha 3, 2-4. 13a. 15-19

 

¡Señor, he oído tu fama,

me ha impresionado tu obra!

En medio de los años, realízala;

en medio de los años, manifiéstala;

en el terremoto acuérdate de la misericordia.

 

El Señor viene de Temán;

el Santo, del monte Farán:

su resplandor eclipsa el cielo,

la tierra se llena de su alabanza;

su brillo es como el día,

su mano destella velando su poder.

 

Sales a salvar a tu pueblo,

a salvar a tu ungido;

pisas el mar con tus caballos,

revolviendo las aguas del océano.

 

Lo escuché y temblaron mis entrañas,

al oírlo se estremecieron mis labios;

me entró un escalofrío por los huesos,

vacilaban mis piernas al andar.

Tranquilo espero el día de la angustia

que sobreviene al pueblo que nos oprime.

 

Aunque la higuera no echa yemas

y las viñas no tienen fruto,

aunque el olivo olvida su aceituna

y los campos no dan cosechas,

aunque se acaban las ovejas del redil

y no quedan vacas en el establo,

yo exultaré con el Señor,

me gloriaré en Dios mi salvador.

 

El Señor soberano es mi fuerza,

él me da piernas de gacela

y me hace caminar por las alturas.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. En tu juicio, Señor, acuérdate de la misericordia.

 

 

Ant. 3. Glorifica al Señor, Jerusalén.

 

Salmo 147

 

Glorifica al Señor, Jerusalén;

alaba a tu Dios, Sión:

que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,

y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;

ha puesto paz en tus fronteras,

te sacia con flor de harina.

 

Él envía su mensaje a la tierra,

y su palabra corre veloz;

manda la nieve como lana,

esparce la escarcha como ceniza;

 

hace car el hielo como migajas

y con el río congela las aguas;

envía una orden, y se derriten;

sopla su aliento, y corren.

 

Anuncia su palabra a Jacob,

sus decretos y mandatos a Israel;

Con ninguna nación obró así,

Ni les dio a conocer sus mandatos.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. Glorifica al Señor, Jerusalén.

 

 

LECTURA BREVE           Ef 2, 13-16

 

Ahora estáis en Cristo Jesús. Ahora, por la sangre de Cristo, estáis cerca los que antes estabais lejos. Él es nuestra paz. Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, derribando con su carne el muro que los separaba: el odio. Él ha abolido la ley con sus mandamientos y reglas, haciendo las paces, para crear con los dos, en él, un solo hombre nuevo. Reconcilió con Dios a los dos pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte, en él, al odio.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Invoco al Dios Altísimo, al Dios que hace tanto por mí.

R. Invoco al Dios Altísimo, al Dios que hace tanto por mí.

 

V. Desde el cielo me enviará la salvación.

R. Al Dios que hace tanto por mí.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Invoco al Dios Altísimo, al Dios que hace tanto por mí.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el Sol que nace de lo alto.

 

Cántico de Zacarías. Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el Sol que nace de lo alto.

 

PRECES

 

Adoremos a Cristo que, en virtud del Espíritu eterno, se ofreció a Dios como sacrificio sin mancha, para purificar nuestra conciencia de las obras muertas, y digámosle con fe:

Nuestra paz, Señor, es cumplir tu voluntad.

 

Tú que nos has dado la luz del nuevo día,

— concédenos también caminar por sendas de vida nueva.

 

Tú que todo lo has creado con tu poder, y con tu providencia lo conservas todo,

— ayúdanos a descubrirte presente en todas tus criaturas.

 

Tú que has sellado en tu sangre un pacto nuevo y eterno,

— haz que, obedeciendo siempre tus mandatos, permanezcamos fieles a esta alianza.

 

Tú que, colgado en la cruz, quisiste que de tu costado manara agua con la sangre,

— purifica con esta agua nuestros pecados y alegra con este manantial a la ciudad de Dios.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Dirijamos ahora, todos juntos, nuestra oración al Padre, y digámosle:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Señor, Dios nuestro, tú has querido que el santo obispo Francisco de Sales se entregara a todos generosamente para la salvación de los hombres; concédenos, a ejemplo suyo, manifestar la dulzura de tu amor en el servicio a nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

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TIEMPO ORDINARIO
VIERNES DE LA SEMANA II
24 de enero

SAN FRANCISCO DE SALES, obispo y doctor de la Iglesia. (MEMORIA)

Nació en Saboya el año 1567. Una vez ordenado sacerdote, trabajó intensamente por la restauración católica en su patria. Nombrado obispo de Ginebra, actuó como un verdadero pastor para con los clérigos y fieles, adoctrinándolos en la fe con sus escritos y con sus obras, convirtiéndose en un ejemplo para todos. Murió en Lyon el 28 de Diciembre de 1622, pero fue el día 24 de enero del año siguiente cuando se realizó su sepultura definitiva en Annecy.

 
OFICIO DE LECTURA 

Si el Oficio de Lectura es la primera oración del día:

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:

Ant. Venid, adoremos al Señor, fuente de la sabiduría.


Si antes del Oficio de lectura se ha rezado ya alguna otra Hora:

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.



Himno: HONDO SABER DE DIOS FUE VUESTRA CIENCIA

Hondo saber de Dios fue vuestra ciencia.
su espíritu de verdad os dio a beberla
en la Revelación, que es su presencia
en velos de palabra siempre nueva.

Abristeis el camino para hallarla
a todo el que de Dios hambre tenía,
palabra del Señor que, al contemplarla,
enciende nuestras luces que iluminan.

Saber de Dios en vida convertido
es la virtud del justo, que, a su tiempo,
si Dios le dio la luz, fue lo debido
que fuera su verdad, su pensamiento.

Demos gracias a Dios humildemente,
y al Hijo, su verdad que a todos guía,
dejemos que su Luz, faro esplendente,
nos guíe por el mar de nuestra vida. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Señor, no me castigues con cólera.

Salmo 37 I – ORACIÓN DE UN PECADOR EN PELIGRO DE MUERTE

Señor, no me corrijas con ira,
no me castigues con cólera;
tus flechas se me han clavado,
tu mano pesa sobre mí;

no hay parte ilesa en mi carne
a causa de tu furor,
no tienen descanso mis huesos
a causa de mis pecados;

mis culpas sobrepasan mi cabeza,
son un peso superior a mis fuerzas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Señor, no me castigues con cólera.

Ant 2. Señor, todas mis ansias están en tu presencia.

Salmo 37 II

Mis llagas están podridas y supuran
por causa de mi insensatez;
voy encorvado y encogido,
todo el día camino sombrío;

tengo las espaldas ardiendo,
no hay parte ilesa en mi carne;
estoy agotado, deshecho del todo;
rujo con más fuerza que un león.

Señor mío, todas mis ansias están en tu presencia,
no se te ocultan mis gemidos;
siento palpitar mi corazón,
me abandonan las fuerzas,
y me falta hasta la luz de los ojos.

Mis amigos y compañeros se alejan de mí,
mis parientes se quedan a distancia;
me tienden lazos los que atentan contra mí,
los que desean mi daño me amenazan de muerte,
todo el día murmuran traiciones.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Señor, todas mis ansias están en tu presencia.

Ant 3. Yo te confieso mi culpa, no me abandones, Señor, Dios mío.

Salmo 37 III

Pero yo, como un sordo, no oigo;
como un mudo, no abro la boca;
soy como uno que no oye
y no puede replicar.

En ti, Señor, espero,
y tú me escucharás, Señor, Dios mío;
esto pido: que no se alegren por mi causa,
que, cuando resbale mi pie, no canten triunfo.

Porque yo estoy a punto de caer,
y mi pena no se aparta de mí:
yo confieso mi culpa,
me aflige mi pecado.

Mis enemigos mortales son poderosos,
son muchos los que me aborrecen sin razón,
los que me pagan males por bienes,
los que me atacan cuando procuro el bien.

No me abandones, Señor,
Dios mío, no te quedes lejos;
ven aprisa a socorrerme,
Señor mío, mi salvación.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo te confieso mi culpa, no me abandones, Señor, Dios mío.

V. Mis ojos se consumen aguardando tu salvación.
R. Y tu promesa de justicia. 

PRIMERA LECTURA

Del libro del Génesis 16, 1-16

NACIMIENTO DE ISMAEL

En aquellos días, Saray, la mujer de Abram, no le daba hijos; pero tenía una sierva egipcia, llamada Hagar. Y Saray dijo a Abram:

«El Señor no me deja tener hijos, llégate a mi sierva a ver si por ella tengo hijos.»

Abram aceptó la propuesta. A los diez años de habitar Abram en Canaán, Saray, la mujer de Abram, tomó a Hagar, la esclava egipcia, y se la dio a Abram, su marido, como esposa. Él se llegó a Hagar, y ella concibió. Y, al verse encinta, le perdió el respeto a su señora. Entonces Saray dijo a Abram:

«Tú eres responsable de esta injusticia; yo he puesto en tus brazos a mi esclava, y ella, al verse encinta, me desprecia. El Señor juzgue entre nosotros dos.»

Abram dijo a Saray:

«En tu poder está tu esclava, trátala como te parezca.» Saray la maltrató, y ella se escapó. El ángel del Señor la encontró junto a la fuente del desierto, la fuente del camino de Sur, y le dijo:

«Hagar, esclava de Saray, ¿de dónde vienes y a dónde vas?»

Ella respondió:

«Vengo huyendo de mi señora.» El ángel del Señor le dijo:

«Vuelve a tu señora y sométete a su poder.» Y el ángel del Señor añadió:

«Haré tan numerosa tu descendencia, que no se podrá contar.»

Y el ángel del Señor concluyó:

«Mira, estás encinta y darás a luz un hijo y lo llamarás Ismael, porque el Señor ha escuchado tu aflicción. Será un potro salvaje: su mano irá contra todos, y la de todos contra él; vivirá separado de sus hermanos.»

Hagar invocó el nombre del Señor, que le había hablado:

«Tú eres Dios que me ve.» Pues decía:

«¿No he visto aquí al que me ve?»

Por eso, aquel pozo se llama «Pozo del que vive y me ve» y está entre Cadés y Bared.

Hagar dio un hijo a Abram, y Abram llamó Ismael al hijo que le había dado Hagar. Abram tenía ochenta y seis años cuando Hagar le engendró a Ismael

RESPONSORIO    Cf. Gn 17, 20. 21; 21, 13

R. El Señor dijo a Abraham: «Bendeciré a Ismael, lo haré fecundo, lo haré crecer en extremo; * pero mi pacto lo establezco con Isaac, el hijo que te dará Sara.»
V. También al hijo de la criada lo convertiré en un gran pueblo, pues es descendiente tuyo.
R. Pero mi pacto lo establezco con Isaac, el hijo que te dará Sara.

SEGUNDA LECTURA

De la introducción a la vida devota, de san Francisco de Sales, obispo
(Parte 1, cap. 3)

LA DEVOCIÓN SE HA DE EJERCITAR DE DIVERSAS MANERAS

En la misma creación, Dios creador mandó a las plantas que diera cada una fruto según su propia especie: así también mandó a los cristianos, que son como las plantas de su Iglesia viva, que cada uno diera un fruto de devoción conforme a su calidad, estado y vocación.

La devoción, insisto, se ha de ejercitar de diversas maneras, según que se trate de una persona noble o de un obrero, de un criado o de un príncipe, de una viuda o de una joven soltera, o bien de una mujer casada. Más aún: la devoción se ha de practicar de un modo acomodado a las fuerzas, negocios y ocupaciones particulares de cada uno.

Dime, te ruego, mi Filotea, si sería lógico que los obispos quisieran vivir entregados a la soledad, al modo de los cartujos; que los casados no se preocuparan de aumentar su peculio más que los religiosos capuchinos; que un obrero se pasara el día en la iglesia, como un religioso; o que un religioso, por el contrario, estuviera continuamente absorbido, a la manera de un obispo, por todas las circunstancias que atañen a las necesidades del prójimo. Una tal devoción ¿por ventura no sería algo ridículo, desordenado o inadmisible?

Y, con todo, esta equivocación absurda es de lo más frecuente. No ha de ser así; la devoción, en efecto, mientras sea auténtica y sincera, nada destruye, sino que todo lo perfecciona y completa, y, si alguna vez resulta de verdad contraria a la vocación o estado de alguien, sin duda es porque se trata de una falsa devoción.

La abeja saca miel de las flores sin dañarlas ni destruirlas, dejándolas tan íntegras, incontaminadas y frescas como las ha encontrado. Lo mismo, y mejor aún, hace la verdadera devoción: ella no destruye ninguna clase de vocación o de ocupaciones, sino que las adorna y embellece.

Del mismo modo que algunas piedras preciosas bañadas en miel se vuelven más fúlgidas y brillantes, sin perder su propio color, así también el que a su propia vocación junta la devoción se hace más agradable a Dios y más perfecto. Esta devoción hace que sea mucho más apacible el cuidado de la familia, que el amor mutuo entre marido y mujer sea más sincero, que la sumisión debida a los gobernantes sea más leal, y que todas las ocupaciones, de cualquier clase que sean, resulten más llevaderas y hechas con más perfección.

Es, por tanto, un error, por no decir una herejía, el pretender excluir la devoción de los regimientos militares, del taller de los obreros, del palacio de los príncipes, de los hogares y familias; hay que admitir, amadísima Filotea, que la devoción puramente contemplativa, monástica y religiosa no puede ser ejercida en estos oficios y estados; pero, además de este triple género de devoción, existen también otros muchos y muy acomodados a las diversas situaciones de la vida seglar.

Así pues, en cualquier situación en que nos hallemos, debemos y podemos aspirar a la vida de perfección.

RESPONSORIO    Ef 4, 32-5, 1; Mt 11, 29

R. Sed bondadosos y compasivos unos con otros, y perdonaos mutuamente como también Dios os ha perdonado en Cristo; * sed imitadores de Dios, como hijos amados que sois.
V. Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón.
R. Sed imitadores de Dios, como hijos amados que sois.

ORACIÓN.

OREMOS,
Señor Dios nuestro, que quisiste que el obispo san Francisco de Sales se hiciera todo para todos, para ganarlos a todos, haz que, iluminados por su ejemplo, también nosotros sepamos manifestar la dulzura de tu amor en el servicio de nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios. 

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