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Archive for 27/01/14

La Iglesia no se puede entender como una simple organización humana, la diferencia la hace la unción que el Espíritu da a los obispos y sacerdotes para servir al pueblo de Dios. Lo ha afirmado el papa Francisco en la misa de hoy lunes en Santa Marta. Por ello el Pontífice ha dado las gracias a tantos sacerdotes santos que dan la vida en el anonimato del servicio cotidiano.

Al comentar la primera lectura de la liturgia de hoy, que habla de las tribus de Israel que ungen a David como su rey, el Papa ha explicado el significado espiritual de esta unción: “Sin esta unción David habría sido solamente el jefe” de “una empresa”, de una “sociedad política, que era el Reino de Israel”, habría sido solamente un “organizador político”. Sin embargo -ha indicado Francisco- “después de la unción, el Espíritu del Señor” desciende sobre él y permanece con él. Y la Escritura dice, ha recordado el Papa: “David iba creciendo cada vez más en el poder y el Señor Dios de los ejércitos estaba con él”. Y ha subrayado que “ésta es precisamente la diferencia de la unción”. El ungido es una persona elegida por el Señor. Así es en la Iglesia para los obispos y los sacerdotes.
Y el Papa ha explicado: “los obispos no son elegidos solamente para llevar adelante una organización, que se llama Iglesia particular, son ungidos, tienen la unción y el Espíritu del Señor está con ellos. ¡Pero todos los obispos, todos somos pecadores, todos! Pero somos ungidos. Y todos queremos ser más santos cada día, más fieles a esta unción. Y eso es lo que hace la Iglesia precisamente, eso que da la unidad a la Iglesia, es la persona del obispo, en nombre de Jesucristo, porque es ungido, no porque ha sido votado por la mayoría. Porque es ungido. Y en esta unción una Iglesia particular tiene su fuerza. Y por participación también los sacerdotes son ungidos”.

El Pontífice ha continuado señalando gracias a la unción, nace en los obispos y los sacerdotes esa alegría y fuerza que permite “llevar adelante a un pueblo, ayudar a un pueblo, vivir al servicio de un pueblo”. Dona la alegría de sentirse “elegidos por el Señor, mirados por el Señor, con ese amor con el que el Señor nos mira, a todos nosotros”. Así, “cuando pensamos en los obispos y en los sacerdotes, debemos pensarlos así: ungidos”.

A continuación el Papa ha observado que “al contrario no se entiende la Iglesia, pero no solo no se entiende, no se puede explicar cómo la Iglesia va adelante solamente con las fuerzas humanas. Esta diócesis va adelante porque tiene un pueblo santo, muchas cosas, y también un ungido que la lleva, que la ayuda a crecer. Esta parroquia va adelante porque tiene muchas organizaciones, muchas cosas, pero también tiene un sacerdote, un ungido que la lleva adelante. Y nosotros en la historia conocemos una mínima parte, pero cuántos obispos santos, cuántos sacerdotes, cuántos sacerdotes santos que han dejado su vida al servicio de las diócesis, de la parroquia; cuánta gente ha recibido la fuerza de la fe, la fuerza del amor, la esperanza de estos párrocos anónimos, que nosotros no conocemos. ¡Hay muchos!”

De hecho, Francisco ha recordado que son muchos “los párrocos de campo o párrocos de ciudad que con su unción han dado fuerza al pueblo, han transmitido la doctrina, han dado los sacramentos, es decir, la santidad”.

Finalmente, el Santo Padre ha añadido: “‘¡Pero, padre, yo he leído en un periódico que un obispo ha hecho tal cosa o que un sacerdote ha hecho tal cosa!’ Eh, sí, también yo lo he leído, pero, dime, ¿en los periódicos vienen las noticias de eso que hacen muchos sacerdotes, muchos sacerdotes en tantas parroquias de ciudad y del campo, tanta caridad que hacen, tanto trabajo que hacen para llevar adelante a su pueblo?’ ¡Ah, no! Esto no es noticia. Eh, lo de siempre: hace más ruido un árbol que cae, que un bosque que crece. Hoy pensemos en esta unción de David, nos hará bien pensar en nuestros obispos y en nuestros sacerdotes valientes, santos, buenos, fieles y rezar por ellos. ¡Gracias a ellos estamos aquí!”.

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VÍSPERAS

LUNES, III SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Oración de la tarde

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

 

HIMNO

 

Muchas veces, Señor, a la hora décima

—   sobremesa en sosiego—,

recuerdo que, a esa hora, a Juan y a Andrés

les saliste al encuentro.

Ansiosos caminaron tras de ti…

“¿Qué buscáis…?” Les miraste. Hubo silencio.

 

El cielo de las cuatro de la tarde

halló en las aguas del Jordán su espejo,

y el río se hizo más azul de pronto,

¡el río se hizo cielo!

“Rabí —hablaron los dos—, ¿en dónde moras?”

“Venid, y lo veréis”. Fueron, y vieron…

 

“Señor, ¿en dónde vives?”

“Ven y verás”. Y yo te sigo y siento

que estás… ¡en todas partes!,

¡y que es tan fácil ser tu compañero!

 

Al sol de la hora décima, lo mismo

que a Juan y a Andrés

—   es Juan quien da fe de ello—,

lo mismo, cada vez que yo te busque,

Señor, ¡sal a mi encuentro!

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Amén.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Nuestros ojos están fijos en el Señor, esperando su misericordia.

 

Salmo 122

 

A ti levanto mis ojos,

a ti que habitas en el cielo.

Como están los ojos de los esclavos

fijos en las manos de sus señores,

 

como están los ojos de la esclava

fijos en las manos de su señora,

así están nuestros ojos

en el Señor, Dios nuestro,

esperando su misericordia.

 

Misericordia, Señor, misericordia,

que estamos saciados de desprecios;

nuestra alma está saciada

del sarcasmo de los satisfechos,

del desprecio de los orgullosos.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. Nuestros ojos están fijos en el Señor, esperando su misericordia.

 

 

Ant. 2. Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

 

Salmo 123

 

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte

-que lo diga Israel-,

si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,

cuando nos asaltaban los hombres,

nos habrían tragado vivos:

tanto ardía su ira contra nosotros.

 

Nos habrán arrollado las aguas,

llegándonos el torrente hasta el cuello;

nos habrían llegado hasta el cuello

las aguas espumantes.

 

Bendito el Señor, que no nos entregó

como presa a sus dientes;

hemos salvado la vida como un pájaro

de la trampa del cazador:

la trampa se rompió y escapamos.

 

Nuestro auxilio es el nombre del Señor,

que hizo cielo y la tierra.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

 

 

Ant. 3. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

 

Cántico: Ef 1, 3-10

 

Bendito sea Dios,

Padre de nuestro Señor Jesucristo,

que nos ha bendecido en la persona de Cristo

con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

 

Él nos eligió en la persona de Cristo,

antes de crear el mundo,

para que fuésemos consagrados

e irreprochables ante él por el amor.

 

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,

por pura iniciativa suya, 
a ser sus hijos,

para que la gloria de su gracia,

que tan generosamente nos ha concedido

en su querido Hijo, 
redunde en alabanza suya.

 

Por este Hijo, por su sangre,

hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia

ha sido un derroche para con nosotros,

dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

 

Este es el plan 
que había proyectado realizar por Cristo

cuando llegase el momento culminante:

recapitular en Cristo todas las cosas,

las del cielo y las de la tierra.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

 

 

LECTURA BREVE           St 4, 11-12

 

Dejad de denigraros unos a otros, hermanos. Quien denigra a su hermano o juzga a su hermano denigra a la ley y juzga a la ley; y, si juzgas a la ley, ya no la estás cumpliendo, eres su juez. Uno solo es legislador y juez: el que puede salvar y destruir. ¿Quién eres tú para juzgar al prójimo?

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

R. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

 

V. Yo dije: Señor, ten misericordia.

R. Porque he pecado contra ti.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque Dios ha mirado mi humillación.

 

Cántico de María. Lc 1, 46-55

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque Dios ha mirado mi humillación.

 

 

PRECES

 

Ya que Cristo quiere que todos los hombres se salven, pidamos confiadamente por toda la humanidad, diciendo:

Atrae a todos hacia ti, Señor.

 

Te bendecimos, Señor, a ti que, por tu sangre preciosa, nos has redimido de la esclavitud;

— haz que participemos en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

 

Ayuda con tu gracia a nuestro obispo y a todos los obispos de la Iglesia,

— para que, con gozo y fervor, administren tus misterios.

 

Que todos los que consagran su vida a la investigación de la verdad la hallen

— y, hallándola, se esfuercen en buscarla con mayor plenitud.

 

Atiende, Señor, a los huérfanos, a las viudas, a los que viven abandonados,

— para que te sientan cercano y se entreguen más a ti.

 

Acoge a nuestros hermanos difuntos en la ciudad santa de la Jerusalén celestial,

— donde tú, con el Padre y el Espíritu Santo, lo verás todo para todos.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Adoctrinados por el mismo Señor, nos atrevemos a decir:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Señor, tú que con razón eres llamado luz indeficiente, ilumina nuestro espíritu, en esta hora vespertina, y dígnate perdonar benignamente nuestras faltas. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

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Sof 2, 3; 3, 12-13

El texto en su contexto.

Sofonías pasa por ser un profeta «menor» por su libro, pero no por su teología. Con probabilidad fue contemporáneo del rey Josías, en su primera etapa; con Josías se dio un tiempo de piedad, pero luego los reyes siguientes volvieron a abandonar la fe en Yahveh. La política internacional sigue dominada por los asirios, déspotas e intransigentes, que introducen los cultos a sus dioses allí donde dominan. Sofonías denuncia las injusticias de los poderosos y el sincretismo religioso en el que cae con facilidad el pueblo judío al dejarse llevar por las influencias extranjeras. Denuncia con fuerza los pecados que hacen la situación insostenible y van a provocar el «día del Señor», en el que Dios intervendrá y se hará justicia en la tierra. Sofonías no cree en las masas. De este día sólo escaparán los humildes que han sido fieles a la alianza; son «el resto» de Israel en el que se hará presente el mismo Señor.

El texto en la historia de la salvación.

Israel ya conocía por medio de Isaías la teología del «resto de Israel» que tras el exilio, vuelve a tomar carta de ciudadanía. Los humildes, los «anawim», los «pobres de Yahveh», no son sólo los agricultores empobrecidos, ni los emigrantes, huérfanos y viudas. El libro del Deuteronomio dice, de parte de Dios, que no sólo no se puede explotar a estos pobres, sino que Dios mismo es su «rescatador», su «defensor», su «go’el». Ahora bien, se dice que Dios los cuida y los defiende, pero no se dice de ellos que sean «justos». Los «humildes» de los que nos habla Sofonías, este pequeño «resto», está formado por aquellos que «confían en el nombre del Señor». El pueblo de Israel no aprende a pesar del exilio. Por eso nace la profecía del «resto». La salvación no viene por los ejércitos imperiales, ni por las normas de los legisladores, ni por los sacrificios que se vuelven a inaugurar en el Templo. La salvación viene por un «resto» que busca la justicia y la verdad.

Palabra de Dios para nosotros: sentido y celebración litúrgica.

¿Dónde están, quién es hoy ese «resto de Israel»? El evangelio de hoy recoge las bienaventuranzas de Jesús ¿podemos establecer un paralelo entre el «resto» que anuncia Sofonías y los destinatarios de las bienaventuranzas que escuchamos? Cuando parece que no hay salida, Dios anuncia la salvación no por las mayorías que se imponen, sino por el «resto» y por la debilidad de los humildes. Debemos recuperar estos textos proféticos para ver por dónde está la voluntad de Dios.

Pedro Fraile Yécora 

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En un libro religioso judío del siglo IV o V, llamado Talmud (palabra que significa poco más o menos “enciclopedia”), se ha conservado una curiosa tradición sobre Jesús que corrobora lo que leemos en el evangelio de hoy; dice literalmente: “la víspera de la pascua fue colgado Jesús por haber practicado la hechicería y haber seducido a Israel”. La acusación contra Jesús de practicar la hechicería es de gran valor: significa que los enemigos no pudieron negar los portentos que realizaba y no les quedó otra salida que interpretarlos como magia o como uso de poderes que le prestaba el mismísimo Satanás.

Tal actitud ante la presencia del poder salvífico de Jesús, por muy extraña que nos pueda parecer, quizá, si la consideramos a fondo, puede resultarnos hasta familiar. Los escribas no hacen otra cosa que “protegerse” frente a la llamada de Jesús. Todo cambio religioso lleva consigo algo de incomodidad: nos “descoloca”, nos desinstala. Y lo mejor es acallar o desautorizar al profeta que lo propone. La palabra de Jesús era ratificada por sus acciones; descalificando tales acciones, quedaba descalificada ella también, y todos muy cómodos, tranquilos, descansados. ¿No tenemos algo de experiencia de esto?

Jesús reduce al absurdo el razonamiento de los enemigos y explica su proceder con una breve parábola. Empalmando con la mentalidad de la época, él considera que toda manifestación del mal es obra directa de Satanás, el “fuerte”; y él, que va eliminando el mal e implantando el bien, eliminando el dolor e implantando la salud, explica que puede hacerlo porque es “más fuerte” y ha encadenado al “fuerte”.

Es toda una lección de esperanza. La palabra del bien es más fuerte que la del mal; la última palabra la tiene el bien, el poder de Dios, que es poder de vida; Dios es el Dios de salvación, y Jesús, con la fuerza del Espíritu, va ofreciendo anticipos que hay que percibir, agradecer y celebrar.

La conclusión de nuestra pequeña narración es sobrecogedora: existe un pecado imperdonable, la blasfemia contra el Espíritu Santo. Pero, ¿en qué consiste ésta? Probablemente en negar la presencia del Espíritu y su poder salvífico, o en sustraerse obstinadamente a su poder salvífico. No se trata entonces de que el amor de Dios no dé de sí para perdonar toda culpa, sino de que el pecador se niega a situarse en el radio de acción del amor de Dios. El Padre nunca le cerrará la puerta, pero tampoco le aplastará con una acción amorosa que él rechaza.

Severiano Blanco cmf

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Hoy es lunes, 27 de enero.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 3, 22-30):

En aquel tiempo, los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios.»

Él los invitó a acercarse y les puso estas parábolas: «¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino en guerra civil no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa. Creedme, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre.»

Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.

Jesús sigue haciendo el bien, haciendo avanzar el reino del amor. Pero los letrados, los “buenos”, los “entendidos” y maestros en materia de religión se niegan a creer. Para desacreditar a Jesús ante la gente que le sigue, comienzan a sembrar la sospecha sobre él: “Tiene dentro a Belcebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios”. ¡Qué ceguera y qué malicia! La Bondad y el Amor de Dios están ahí, obrando en Jesús, y ellos negándose a ver, resistiéndose a aceptar que la fuerza de Dios actúa en él.

Señor, quiero detenerme en este misterio de obstinación que me estremece: tú llamando a la puerta, y ellos no te abren, tú ofreciendo la salvación, y ellos rechazándola  y no escuchándote… ¡Qué duro y entristecedor debió resultarte ver que tus llamadas insistentes no lograban romper la dureza de aquellos corazones! Pero… ¿no es lo que yo he hecho y hago tantas veces? ¿No rechazo tu gracia muchas veces? Señor, ten misericordia de mí.

En otra ocasión veíamos que sus familiares decían de Jesús que estaba loco; ahora estos letrados le acusan de “endemoniado”, de enemigo de Dios. Ellos, en su orgullo, sí que han perdido el seso para decir lo que dicen. Y –cobardes- lo dicen a espalda de Jesús, sin atreverse a enfrentarse directamente con él. Por eso, Jesús les dice que se acerquen, y, de un manotazo y con aguda ironía, tira por tierra su absurda acusación, mostrando lo contradictorio que es querer subsistir y a la vez luchar contra uno mismo. Por eso les dice: “si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido”. Son ellos –no él- los que está contra  los planes de Dios, al oponerse a su mensaje y a sus acciones liberadoras a favor del hombre… Y es que, cuando hay mala fe, al querer justificar actitudes no justificables, fácilmente se cae en el absurdo o el ridículo en los argumentos. ¿Con qué argumentos defiendo yo, Señor, mi mediocridad cristiana, mi miedo a comprometerme más contigo y tu evangelio, mi mezquindad en el servicio a los demás, mi dejar en un rincón la oración…? Señor, desenmascara hoy mis falsos argumentos para defender mi tibieza en seguirte, y hazme ver claramente mi mentira.

Finalmente, sorprende oír a Jesús hablar de no perdón, él que es el perdón y la misericordia infinita: “Creedme, todo se les podrá perdonar a los hombres…; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás”, dice. Y es que Dios está siempre dispuesto a perdonar; pero ¿cómo perdonará al que no quiere ser perdonado, al que no se abre a su perdón sino que lo rechaza? Era lo que les pasaba a aquellos letrados de Jerusalén: obstinados, habían endurecido su corazón hasta el punto de rechazar conscientemente la invitación a la conversión que les hacía Jesús. Tú, Señor, quieres perdonarles, pero ellos se cierran a tu perdón, y esa actitud hace ineficaz tu misericordia. Yo, Señor, sí quiero aceptar tu perdón. Soy débil, soy pecador, te traiciono y me alejo de tus caminos muchas veces; pero tú sabes que te quiero, perdóname; hazme experimentar el gozo de sentirme tan amado por ti que me perdonas.

Vuelve a leer el texto y acoge la seriedad y dramatismo con que se describe la lucha por la conquista del espacio, guerra, división, fuerza, revelarse, estar perdido, atar, arramblar, son términos que transmiten la convicción de que la vida del discípulo de Jesús implica lucha, energía, esfuerzo, decisión, estado de alerta.

Quiero aceptar tu invitación a estar cerca de ti, Señor. Gracias por darme la seguridad de que mi espacio interior está habitado por tu espíritu. Tu fuerza me sostenga en la lucha contra ese egoísmo que es enemigo de mi libertad y pretende atarme.

Dios y Padre nuestro,
infúndenos tu Espíritu
y haz que la palabra de tu Hijo sea la elección de nuestra vida.

Así haremos tu voluntad
hoy y por siempre.

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LUNES, III SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

INVITATORIO

 

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

Llenando el mundo, el sol abre

la mañana más y más.

La luz que transcurre ahora

aún más pura volverá.

Descansa el peso del mundo

en alada suavidad,

teje la santa armonía

del tiempo en a eternidad.

 

Vivir, vivir como siempre;

vivir en siempre, y amar,

traspasado por el tiempo,

las cosas en su verdad.

Una luz única fluye,

siempre esta luz fluirá

desde el aroma y el árbol

de la encendida bondad.

 

Todo en rotación diurna

descansa en su más allá,

espera, susurra, tiembla,

duerme y parece velar,

mientras el peso del mundo

tira del cuerpo y lo va

enterrando dulcemente

entre un después y un jamás.

 

Gloria al Padre omnipotente,

gloria al Hijo, que él nos da,

gloria al Espíritu Santo,

en tiempo y eternidad. Amén.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Dichosos los que viven en tu casa, Señor.

 

Salmo 83

 

¡Qué deseables son tus moradas,

Señor de los ejércitos!

Mi alma se consume y anhela

los atrios del Señor,

mi corazón y mi carne

se alegran por el Dios vivo.

 

Hasta el gorrión ha encontrado una casa;

la golondrina, un nido

donde colocar sus polluelos:

tus altares, Señor de los ejércitos,

Rey mío y Dios mío.

 

Dichosos los que viven en tu casa

alabándote siempre.

Dichosos los que encuentran en ti su fuerza

al preparar su peregrinación:

 

cuando atraviesan áridos valles,

los convierten en oasis,

como si la lluvia temprana

los cubriera de bendiciones,

caminan de altura en altura

hasta ver a Dios en Sión.

 

Señor de los ejércitos, escucha mi súplica;

atiéndeme, Dios de Jacob.

Fíjate, ¡oh Dios!, en nuestro Escudo,

mira el rostro de tu Ungido.

 

Un sólo día en tu casa

vales más que otros mil,

y prefiero el umbral de la casa de Dios

a vivir con los malvados.

 

Porque el Señor es sol y escudo,

él da la gracia y la gloria,

el Señor no niega sus bienes

a los de conducta intachable.

 

¡Señor de los ejércitos, dichoso el hombre

que confía en ti!

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. Dichosos los que viven en tu casa, Señor.

 

 

Ant. 2. Venid, subamos al monte del Señor.

 

Cántico: Is 2, 2-5

 

Al final de los días estará firme

el monte de la casa del Señor,

en la cima de los montes,

encumbrado sobre las montañas.

 

Hacia él confluirán los gentiles,

caminarán pueblos numerosos.

Dirán: “Venid, subamos al monte del Señor,

a la casa del Dios de Jacob:

 

Él nos instruirá en sus caminos,

y marcharemos por sus sendas;

porque de Sión saldrá la Ley,

de Jerusalén la palabra del Señor.”

 

Será el árbitro de las naciones,

el juez de los pueblos numerosos.

 

De las espadas forjarán arados,

de las lanzas, podaderas.

No alzará la espada pueblo contra pueblo,

No se adiestrarán para la guerra.

 

Casa de Jacob, ven:

caminemos a la luz del Señor.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. Venid, subamos al monte del Señor.

 

 

Ant. 3. Cantad al Señor, bendecid su nombre.

 

Salmo 95

 

Cantad al Señor un cántico nuevo,

cantad al Señor, toda la tierra;

cantad al Señor, bendecid su nombre,

proclamad día tras días su victoria.

 

Contad a los pueblos su gloria,

sus maravillas a todas las naciones;

porque es grande el Señor,

y muy digno de alabanza

más temible que todo los dioses.

 

Pues los dioses de los gentiles son apariencia,

mientras que el Señor ha hecho el cielo;

honor y majestad lo preceden,

fuerza y esplendor están en su templo.

 

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,

aclamad la gloria y el poder del Señor,

aclamad la gloria del nombre del Señor,

entrad en sus atrios trayéndole ofrendas.

 

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,

tiemble en su presencia la tierra toda;

decid a los pueblos: “El Señor es rey,

él afianzó el orbe, y no se moverá;

él gobierna a los pueblos rectamente.”

 

Alégrense el cielo, goce la tierra,

retumbe el mar y cuanto lo llena;

vitoreen los campos y cuanto hay y en ellos,

aclamen los árboles del bosque,

 

delante del Señor, que ya llega,

ya llega a regir la tierra:

regirá el orbe con justicia

y los pueblos con fidelidad.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. Cantad al Señor, bendecid su nombre.

 

 

LECTURA BREVE           St 2, 12-13

 

Hablad y actuad como quienes van a ser juzgados por una ley de libertad, porque el juicio será sin misericordia para el que no practicó la misericordia. La misericordia se ríe del juicio.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Bendito el Señor ahora y por siempre.

R. Bendito el Señor ahora y por siempre.

 

V. El único que hace maravillas

R. Ahora y por siempre.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Bendito el Señor ahora y por siempre.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Bendito sea el Señor, Dios nuestro.

 

Cántico de Zacarías: Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Bendito sea el Señor, Dios nuestro.

 

 

PRECES

 

Invoquemos a Dios, que puso en el mundo a los hombres para que trabajasen concordes para su gloria, y pidamos con insistencia:

Haz que te glorifiquemos, Señor.

 

Ten bendecimos, Señor, creador del universo

— porque has conservado nuestra vida hasta el día de hoy.

 

Míranos benigno, Señor, ahora que vamos a comenzar nuestra labor cotidiana;

— haz que, obrando conforme a tu voluntad, cooperemos en tu obra.

 

Que nuestro trabajo de hoy sea provechoso para nuestros hermanos,

— y así todos juntos edifiquemos un mundo grato a tus ojos.

 

A nosotros y a todos los que hoy entrarán en contacto con nosotros,

— concédenos el gozo y la paz.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Llenos de alegría por nuestra condición de hijos de Dios, digamos confiadamente:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Señor Dios, rey de cielos y tierra, dirige y santifica en este día nuestros cuerpos y nuestro corazones, nuestros sentidos, palabras y acciones, según tu ley y tus mandamientos; para que, con tu auxilio, alcancemos la salvación ahora y por siempre. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

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OFICIO DE LECTURA 

Si el Oficio de Lectura es la primera oración del día:

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:

Ant. Entremos a la presencia del Señor dándole gracias.


Si antes del Oficio de lectura se ha rezado ya alguna otra Hora:

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.



Himno: DIOS DE LA TIERRA Y DEL CIELO

Dios de la tierra y del cielo,
que, por dejarlas más claras,
las grandes aguas separas,
pones un límite al cielo.

Tú que das cauce al riachuelo
y alzas la nube a la altura,
tú que, en cristal de frescura,
sueltas las aguas del río
sobre las tierras de estío,
sanando su quemadura,

danos tu gracia, piadoso,
para que el viejo pecado
no lleve al hombre engañado
a sucumbir a su acoso.

Hazlo en la fe luminoso,
alegre en la austeridad,
y hágalo tu claridad
salir de sus vanidades;
dale, Verdad de verdades,
el amor a tu verdad. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Vendrá el Señor y no callará.

Salmo 49 I – LA VERDADERA RELIGIOSIDAD

El Dios de los dioses, el Señor, habla:
convoca la tierra de oriente a occidente.
Desde Sión, la hermosa, Dios resplandece:
viene nuestro Dios, y no callará.

Lo precede fuego voraz,
lo rodea tempestad violenta.
Desde lo alto convoca cielo y tierra,
para juzgar a su pueblo:

«Congregadme a mis fieles,
que sellaron mi pacto con un sacrificio.»
Proclame el cielo su justicia;
Dios en persona va a juzgar.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Vendrá el Señor y no callará.

Ant 2. Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.

Salmo 49 II

«Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte;
Israel, voy a dar testimonio contra ti;
-yo, el Señor, tu Dios-.

No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito de tus rebaños;

pues las fieras de la selva son mías,
y hay miles de bestias en mis montes;
conozco todos los pájaros del cielo,
tengo a mano cuanto se agita en los campos.

Si tuviera hambre, no te lo diría;
pues el orbe y cuanto lo llena es mío.
¿Comeré yo carne de toros,
beberé sangre de cabritos?

Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,
cumple tus votos al Altísimo
e invócame el día del peligro:
yo te libraré, y tú me darás gloria.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.

Ant 3. Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.

Salmo 49 III

Dios dice al pecador:
«¿Por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos?

Cuando ves un ladrón, corres con él;
te mezclas con los adúlteros;
sueltas tu lengua para el mal,
tu boca urde el engaño;

te sientas a hablar contra tu hermano,
deshonras al hijo de tu madre;
esto haces, ¿y me voy a callar?
¿Crees que soy como tú?
Te acusaré, te lo echaré en cara.»

Atención los que olvidáis a Dios,
no sea que os destroce sin remedio.

El que me ofrece acción de gracias,
ése me honra;
al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.

V. Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte.
R. Yo, el Señor, tu Dios. 

PRIMERA LECTURA

Del libro del Génesis 19, 1.17. 23-29

LA DESTRUCCIÓN DE SODOMA

En aquellos días, los dos ángeles llegaron a Sodoma por la tarde. Lot, que estaba sentado a la puerta de la ciudad, al verlos, se levantó a recibirlos y se prosternó rostro en tierra. Y dijo:
«Señores míos, pasad a casa de vuestro siervo, para hospedaros; os lavaréis los pies y, por la mañana, seguiréis vuestro camino.»
Contestaron:
«No; pasaremos la noche en la plaza.»
Pero él insistió tanto, que pasaron y entraron en su casa. Les preparó comida, coció panes, y ellos comieron. Aún no se habían acostado, cuando los hombres de la ciudad rodearon la casa: jóvenes y viejos, toda la población hasta el último. Y le gritaban a Lot:
«¿Dónde están los hombres que han entrado en tu casa esta noche? Sácalos para que abusemos de ellos.»
Lot se asomó a la entrada, cerrando la puerta al salir, y les dijo:
«Hermanos míos, no seáis malvados. Mirad, tengo dos hijas que no han tenido que ver con hombres; os las sacaré para que las tratéis como queráis; pero no hagáis nada a estos hombres que se han cobijado bajo mi techo.»
Contestaron:
«¡Atrás!, este hombre ha venido como inmigrante y pretende ser juez. Pues ahora te trataremos a ti peor que a ellos.»
Y se agolpaban contra Lot, acercándose a forzar la puerta. Pero los visitantes alargaron el brazo, metieron a Lot en casa y cerraron la puerta. Y a los que estaban a la puerta, pequeños y grandes, los deslumbraron con su brillo, de modo que no daban con la puerta. Los visitantes dijeron a Lot:
«¿Quién es de los tuyos? A tus yernos, hijos, hijas, a todos los tuyos de la ciudad, sácalos de este lugar. Pues vamos a destruir este lugar, porque las acusaciones contra él crecen delante del Señor; y el Señor nos ha enviado para destruirla.»
Lot salió a decirles a sus yernos (prometidos de sus hijas):
«Vamos, salid de este lugar; porque el Señor va a destruir la ciudad.»
Pero ellos lo tomaron a broma. Cuando amanecía, los ángeles urgieron a Lot:
«Vamos, toma a tu mujer y a tus dos hijas que están aquí, para que no perezcan por culpa de la ciudad.»
Y, como no se decidía, los cogieron de la mano, a él, a su mujer y a las dos hijas, pues el Señor los perdonaba; los sacaron y los guiaron fuera de la ciudad. Y, cuando los sacaron fuera, le dijeron:
«Ponte a salvo; no mires atrás. No te detengas en la vega; ponte a salvo en los montes, para no perecer.»
Salía el sol cuando Lot llegó a Soar. El Señor hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego desde el cielo. Arrasó aquellas ciudades y toda la vega; los habitantes de las ciudades y la hierba del campo. La mujer de Lot miró atrás, y se convirtió en estatua de sal.
Abraham madrugó y se dirigió al sitio donde había estado delante del Señor. Miró en dirección de Sodoma y Gomorra, toda la extensión de la vega, y vio humo que subía del suelo, como humo de horno.
Cuando el Señor destruyó las ciudades de la vega, se acordó de Abraham y sacó a Lot de la catástrofe, al arrasar las ciudades en que había vivido Lot.

RESPONSORIO    Lc 17, 29. 30. 33

R. En cuanto salió Lot de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, que abrasó a todos. * Lo mismo sucederá el día en que tenga lugar la manifestación del Hijo del hombre.
V. El que pretenda poner a salvo su vida la perderá, y el que la pierda la conservará.
R. Lo mismo sucederá el día en que tenga lugar la manifestación del Hijo del hombre.

SEGUNDA LECTURA

De la Constitución pastoral Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, del Concilio Vaticano segundo
(Núm. 48)

SANTIDAD DEL MATRIMONIO Y DE LA FAMILIA

El hombre y la mujer, que por el pacto conyugal no son dos, sino una sola carne, con la íntima unión c personas y de obras se ofrecen mutuamente ayuda y se vicio, experimentando así y logrando más plenamente cada día el sentido de su propia unidad.

Esta íntima unión, por ser una donación mutua d dos personas, y el mismo bien de los hijos exigen la plena fidelidad de los esposos y urgen su indisoluble unidad.

Cristo el Señor bendijo abundantemente este amor multiforme que brota del divino manantial del amor de Dios y que se constituye según el modelo de su unió con la Iglesia.

Pues así como Dios en otro tiempo buscó a su pueblo con un pacto de amor y de fidelidad, así ahora el Salvador de los hombres y Esposo de la Iglesia sale al encuentro de los esposos cristianos por el sacramento d matrimonio. Permanece además con ellos para que a: como él amó a su Iglesia y se entregó por ella, del mismo modo los esposos, por la mutua entrega,. se amen mutuamente con perpetua fidelidad.

El auténtico amor conyugal es asumido por el ame divino y se rige y enriquece por la obra redentora d Cristo y por la acción salvífica de la Iglesia, para que le esposos sean eficazmente conducidos hacia Dios y se vea ayudados y confortados en su sublime papel de padre madre. Por eso los esposos cristianos son robustecido y como consagrados para los deberes y dignidad de s estado, gracias a este sacramento particular; en virtud del cual, cumpliendo su deber conyugal y familiar, in buidos por el espíritu de Cristo, con el que toda su vid queda impregnada de fe, esperanza y caridad, se van acercando cada vez más hacia su propia perfección y mutua santificación, y así contribuyen conjuntamente a la glorificación de Dios. De ahí que, cuando los padres preceden con su ejemplo y oración familiar, los hijos, e incluso cuantos conviven en la misma familia, encuentra más fácilmente el camino de la bondad, de la salvación y de la santidad. Los esposos, adornados de la dignidad del deber de la paternidad y maternidad, habrán de cumplir entonces con diligencia su deber de educadores, sobre todo en el campo religioso, deber que les incumbe a ellos principalmente. Los hijos, como miembros vivos de la familia, contribuyen a su manera a la santificación de sus padres, pues, con el sentimiento de su gratitud, con su amor filial y con su confianza, corresponderán a los beneficios recibidos de sus padres y, como buenos hijos, los asistirán en las adversidades y en la soledad de la vejez.

RESPONSORIO    Ef 5, 32. 25. 33

R. ¡Gran misterio es éste! Y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia. * Cristo amó a su Iglesia y se entregó a la muerte por ella.
V. Ame cada uno a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.
R. Cristo amó a su Iglesia y se entregó a la muerte por ella.

ORACIÓN.

OREMOS,
Dios todopoderoso y eterno, dirige nuestras acciones según tu voluntad, para que, invocando el nombre de tu Hijo, abundemos en buenas obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios. 

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