Francisco en St. Marta: ¿eres capaz de gritar por un gol y no de cantar alabanzas al Señor?

El Santo Padre en la misa de Santa Marta de hoy martes ha hablado sobre la fecundidad de la oración de alabanza. Al comentar la danza alegre de David al Señor de la que habla la primera lectura, ha subrayado que si nos cerramos en la formalidad, nuestra oración se convierte en fría y estéril.

El papa Francisco ha hablado en su homilía sobre David que “danzaba con todas las fuerzas delante del Señor” y sobre esta imagen alegre de la que se habla en el Segundo Libro de Samuel. Todo el Pueblo de Dios estaba en fiesta porque el Arca de la Alianza volvía a casa. La oración de alabanza de David, ha explicado, “le llevó a salir de cualquier compostura y a bailar delante del Señor” con “todas las fuerzas”. ¡Esto era precisamente la oración de alabanza! – ha exclamado el Papa. Además, ha indicado que leyendo este pasaje, “he pensado enseguida” en Sara, después de haber dado a luz a Isaac. “¡El Señor me ha hecho bailar de alegría!”, dijo la anciana. Por esto, Francisco ha señalado que “para nosotros es fácil de entender la oración para pedir algo al Señor, también para dar gracias al Señor” o la “oración de adoración”. Pero la oración de alabanza “la dejamos de lado, no nos viene espontánea”, ha precisado.

Y de este modo lo ha explicado: “‘¡Pero, padre, esto es para los de la Renovación Carismática, no para todos los cristianos!’ No, ¡la oración de alabanza es una oración cristiana para todos nosotros! En la misa, todos los días, cuando cantamos el Santo… Esta es una oración de alabanza: alabamos a Dios por su grandeza, ¡porque es grande! Y le decimos cosas bonitas, porque a nosotros nos gusta que sea así. ‘Pero, padre, yo no soy capaz… Yo debo…’ ¿Pero eres capaz de gritar cuando tu equipo marca un gol y no eres capaz de cantar alabanzas al Señor? ¿De salir un poco de tu compostura para cantar esto? ¡Alabar a Dios es totalmente gratuito! No pedimos, no damos las gracias: ¡alabamos!”

Debemos rezar “con todo el corazón”. Ha continuado matizando que “es un acto de justicia, ¡porque Él es grande! ¡Es nuestro Dios!” David, ha recordado el Santo Padre, “era muy feliz, porque volvía con el Arca, volvía con el Señor: también su cuerpo rezaba con esa danza”.

Francisco ha continuado lanzando “una buena pregunta que podemos hacernos hoy: ‘Pero ¿cómo va mi oración de alabanza? ¿Sé alabar al Señor? ¿Sé alabar al Señor o cuando rezo el Gloria o rezo el Sanctus lo hago solamente con la boca y no con todo el corazón?’ ¿Qué me dice David, danzando aquí? Y Sara ¿bailando de alegría? Cuando David entra en la ciudad comienza otra cosa: ¡una fiesta!”

“La alegría de la alabanza – ha explicado – nos lleva a la alegría de la fiesta. La fiesta de la familia”. De este modo el Papa ha recordado que cuando David entra en el palacio, la hija del rey Saúl, Mikal, le reprende y le pregunta si no le da vergüenza haber bailado de esa forma delante de todos, él que es el rey. Mikal, “despreció a David”.

De este modo, Francisco ha proseguido: “yo me pregunto ¿cuántas veces nosotros despreciamos en nuestro corazón a personas buenas, gente buena que alaba al Señor como le viene, así espontáneamente, porque no son cultos, no siguen las actitudes formales? ¡Pero, desprecio! ¡Y dice la Biblia que Mikal quedó estéril durante toda la vida por esto! ¿Qué quiere decir la Palabra de Dios aquí? ¡Que la alegría, que la oración de alabanza nos hace fecundos! Sara bailaba en el momento grande de su fecundidad, a los noventa años! La fecundidad que nos da la alabanza al Señor, la gratuidad de alabar al Señor. Ese hombre o esa mujer que alaba al Señor, que reza alabando al Señor, que cuando reza el Gloria se alegra de decirlo, cuando canta el Sanctus en la misa se alegra de cantarlo, es un hombre o una mujer fecunda”.

El Pontífice, para finalizar, ha advertido que “aquellos que se cierran en la formalidad de una oración fría, medida, quizá terminan como Mikal: en la esterilidad de su formalidad”. Por ello, el Papa ha invitado a imaginar a David que danza “con todas las fuerzas delante del Señor y pensemos que bello es hacer la oración de alabanza”. Además, ha afirmado que nos hará bien repetir las palabras del Salmo 23 que hemos rezado hoy: “Puertas, levanten sus dinteles, levántense, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria! ¿Y quién es ese Rey de la gloria? Es el Señor, el fuerte, el poderoso, el Señor poderoso en los combates!”

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Vísperas – Martes III Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MARTES, III SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Oración de la tarde

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

 

HIMNO

 

Estoy, Señor, en la ribera sola

del infinito afán. Un niño grita

entre las olas, contra el viento yermo:

 

A través de la nada,

van mis caminos

hacia el dolor más alto,

pidiendo asilo.

 

La espuma me sostiene,

y el verde frío

de las olas me lleva,

pidiendo asilo.

 

Hacia el amor más alto

que hay en mí mismo,

la esperanza me arrastra,

pidiendo asilo.

 

Gloria al Padre, y al Hijo,

y al Espíritu Santo. Amén.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. El Señor rodea a su pueblo.

 

Salmo 124

 

Los que confían en el Señor son como el monte Sión:

no tiemblan, está asentado para siempre.

 

Jerusalén está rodeada de montañas,

y el Señor rodea a su pueblo

ahora y por siempre.

 

No pesará el cetro de los malvados

sobre el lote de los justos,

no sea que los justos extiendan

su mano a la maldad.

 

Señor, concede bienes a los buenos,

a los sinceros de corazón;

y a los que se desvían por sendas tortuosas,

que los rechace el Señor con los malhechores.

¡Paz a Israel!

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. El Señor rodea a su pueblo.

 

 

Ant. 2. Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

 

Salmo 130

 

Señor, mi corazón no es ambicioso,

ni mis ojos altaneros;

no pretendo grandezas

que superan mi capacidad;

sino que acallo y modero mis deseos,

como un niño en brazos de su madre.

 

Espere Israel en el Señor

ahora y por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

 

 

Ant. 3. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios

 

Cántico: Ap 4, 11; 5, 9. 10.12

 

Eres digno, Señor Dios nuestro,

de recibir la gloria, el honor y el poder,

porque tú has creado el universo;

porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

 

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,

porque fuiste degollado

y por tu sangre compraste para Dios

hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;

y has hecho de ellos para nuestro Dios

un reino de sacerdotes

y reinan sobre la tierra.

 

Digno es el Cordero degollado

de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,

la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

 

 

LECTURA BREVE           Rm 12, 9-12

 

Que vuestra caridad no sea una farsa; aborreced lo malo y apegaos a lo bueno. Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo. En la actividad, no seáis descuidados; en el espíritu, manteneos ardientes. Servid constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga alegres; estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

R. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

 

V. Tu fidelidad de generación en generación.

R. Más estable que el cielo.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Dios le concedió una sabiduría extraordinaria; él la aprendió sin malicia y la repartió sin envidia.

 

Cántico de María. Lc 1, 46-55

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Dios le concedió una sabiduría extraordinaria; él la aprendió sin malicia y la repartió sin envidia.

 

 

PRECES

 

Invoquemos a Dios, que ha infundido la esperanza en nuestros corazones, y digámosle:

Tú eres la esperanza de tu pueblo, Señor.

 

Te damos gracias, Señor, porque, en Cristo, tu Hijo, hemos sido enriquecidos en todo:

— en el hablar y en el saber.

 

En tus manos, Señor, están el corazón y la mente de los que gobiernan;

— dales, pues, acierto en sus decisiones, para que te sean gratos en su pensar y obrar.

 

Tú que concedes a los artistas inspiración para plasmar la belleza que de ti procede,

— haz que con sus obras aumente el gozo y la esperanza de los hombres.

 

Tú que no permites que la prueba supere nuestras fuerzas,

— da fortaleza a los débiles, levanta a los caídos.

 

Tú que, por boca de tu Hijo, nos has prometido la resurrección en el último día,

— no te olvides para siempre de los que ya han sido despojados de su cuerpo mortal.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Oh Dios, que hiciste de santo Tomás de Aquino un varón preclaro por su anhelo de santidad y por su dedicación a las ciencias sagradas, concédenos entender lo que él enseñó e imitar el ejemplo que nos dejó en su vida. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

1Cor 1, 26-31

La situación social de la ciudad de Corintio en tiempos de Pablo nos es bastante bien conocida. Ciudad grande para la época, con una notable actividad comercial; la gran parte de sus habitantes, dos tercios o más, eran trabajadores humildísimos o esclavos. Había una pequeña clase media de artesanos. Pero era la élite económica y social la que ordenaba la vida ciudadana. Parece que el cristianismo primitivo es un fenómeno urbano que se nutre de las clases bajas y, todo lo más, acoge a algunos de los artesanos entre sus filas, en cuyas casas se reúnen. El funcionamiento de estos grupos es doméstico, se propaga de boca a boca, y no es relevante en la sociología ciudadana.

Con este trasfondo es como se entiende que argumente Pablo para tratar de erradicar la lacra comunitaria de las divisiones, los liderazgos y las preeminencias. Al hacer la radiografía social de la comunidad (“ni sabios…ni poderosos…ni aristócratas”) está poniendo ese punto de realismo que propiciará el principio espiritual que quiere proponer a las comunidades de Corinto: “lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios”. La paradoja deja ver que esa “humillación” no consiste en ningún tipo de sonrojo, sino en la evidencia de la alegría que dimana del Evangelio aceptado. Así es, los sabios quedan “humillados” cuando se muestra, por la alegría de los “necios”, que su persecución de riqueza y placer es una vaciedad. Esta fuerza de lo humilde, la convicción de que más-es-abajo, es lo que han de apreciar los cristianos de Corinto. Con ello sanarán de su “dolencia” de afán de primeros puestos.

El punto que verifica este planteamiento es, según Pablo dónde pone uno “la gloria”. Esto es: dónde pone el sentido, la razón de ser, el apoyo vital último, el valor definitivo. La vida humilde y gozosa de los cristianos es la que ha de desbaratar el afán del poder que se quiere presentar como paradigma del sentido. “En presencia del Señor” esta artimaña queda desbaratada, ya que Dios dice que el sentido máximo lo tiene quien es rico de bienes humanos, aunque sea sencillo poseedor de pobres bienes materiales.

Los bienes que es preciso conseguir, compatibles con una vida económica simple, los describe Pablo de manera profunda y sucinta con cuatro trazos: “sabiduría, justicia, santificación, redención”. Es decir, agudeza para leer la realidad, sentido de la justicia en las relaciones humanas, profundidad en la piedad y certeza del acompañamiento de Dios a nuestra vida. Con esa clase de bienes se puede funcionar y son valores que no engendran ninguna clase de rivalidad.

De ahí que el principio general cae por su peso: “el que se gloríe que se gloríe en el Señor” puesto que de él provienen ese tipo de riquezas tal como lo deja ver claridad el Evangelio, la propuesta de Jesús. Se está proponiendo, en el fondo, un tipo distinto de valoración del camino de la vida: sustituir el arraigado afán de poder por una vida gozosa y servidora, como la de Jesús. Ése es el antídoto contra cualquier división en los grupos humanos.

Fidel Aizpurúa Donázar 

Comentario al evangelio de hoy (28 de enero)

Las palabras de los profetas iban siempre más allá de lo convencional y comúnmente aceptado; frecuentemente desconcertante. Todavía hoy nos siguen desconcertando las palabras del profeta de Nazaret, que rondan la descalificación de sus parientes, incluida su madre. El evangelista Marcos no se ha recatado en presentarnos ese rasgo “escandaloso” de Jesús. ¡Tantas veces nos han exhortado a vivir una sólida espiritualidad mariana con el argumento de que nada sería tan del agrado de Jesús como la alabanza dirigida a su madre, el reconocimiento de la singular grandeza de esa mujer!

Jesús nunca descalificó la familia humana, sino que la enalteció como institución querida por el creador. A quienes le preguntaban por lo que había que practicar “para entrar en la vida”, él les respondía con algunos mandamientos del decálogo, entre ellos el de “honrar padre y madre” (Mc 10,19). A quienes, so pretexto de piedad y de dar limosnas al templo, descuidaban la atención a sus padres necesitados, les reprochó que “sustituían el mandamiento de Dios por tradiciones humanas” (Mc 7,9).

Pero Jesús al mismo tiempo relativizó muchas instituciones humanas ante el valor absoluto del Reino de Dios y la adhesión a su persona. A pesar de entender el matrimonio como algo muy noble, “unido por Dios”, que al hombre no le está permitido “separar”, reconoció también la existencia loable de una vida celibataria, de “eunucos por el Reino de los cielos” (Mt 19,12). Muchos sospechan que, con esa expresión, explica y justifica su propia opción y la de algunos de sus seguidores. También habla de “dejar padre y madre, hermanos y hermanas, hijos e hijas” por él y por el evangelio (Mc 10,29), y a un aspirante al seguimiento no le concede tiempo ni siquiera para ir a dar sepultura a su padre (Lc 9,59).

Jesús practica un cierto distanciamiento de su propia familia, debido seguramente a que varios de sus parientes no lograron entender, al menos inicialmente, su actitud profética. En Jn 7,5 se dice expresamente que “sus hermanos no creían en él”, y en Mc 3,21 se va aún más allá: “los suyos fueron a hacerse cargo de él porque decían: está trastornado”. Ello hace que Jesús relativice la familia carnal; a quienes alaban al vientre que le gestó, responde que son más dignos de alabanza “los que oyen la palabra de Dios y la guardan” (Lc 11,28); este es un pasaje muy cercano al que hemos leído hoy.

Jesús no nos invita a menospreciar ningún valor humano, tampoco el familiar; pero desea que la opción por el Reino, por el proyecto del Padre, sea la nueva óptica con que contemplemos todo, y el único valor absoluto. Por lo que respecta a la familia, Jesús ha elegido poco antes un grupo de seguidores, que son los que le van entendiendo, que constituyen su nueva familia. Su deseo es que la familia carnal se convierta también en la familia de fe; y no todos lo logran con la misma rapidez. De paso afirma algo grave: quienes llevan su misma sangre (nosotros podríamos traducir por tradición, cultura), si no comparten su ardor por los intereses del Padre, siguen estando “fuera”.

Severiano Blanco cmf

Martes III Tiempo Ordinario

Hoy es martes, 28 de enero.

Profundizar en  la oración es entrar en una relación personal con un Dios que nos va resultando más familiar. Con el que crece la confianza a la par que el asombro y la adoración, por quien es el Señor de la vida. Mientras dejo que el silencio se haga en mi interior, me hago consciente de que Dios está aquí, conmigo, guiando mi oración. Para tener un rato de intimidad y comunicación sencilla.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 3, 31-35):

En aquel tiempo, llegaron la madre y los hermanos de Jesús y desde fuera lo mandaron llamar.

La gente que tenía sentada alrededor le dijo: «Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan.»

Les contestó: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?»

Y, paseando la mirada por el corro, dijo: «Éstos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.»

En este fragmento, es la propia familia de Jesús la que intenta frenarlo. Y es que la invitación de Jesús a seguirle, a menudo nos pone ante un conflicto con los más cercanos. Por decisiones que cambian la vida. Por gestos de gratuidad que no tienen sentido. ¿A qué me invita Jesús? ¿Me ha dado miedo alguna vez esa invitación que él me hace?

Jesús al escuchar que lo esperaban fuera, miró a aquellos que le rodeaban: discípulos, hambrientos, pobres, enfermos y buscadores sinceros de Dios. Con gran ternura, Jesús les dijo que sólo por seguirle, por cumplir con la voluntad de Dios, ya se habían convertido en su familia. Me detengo a mirar a los que me rodean, los que comparten conmigo la fe.

Jesús nos invita a vivir en comunidades y familias abiertas, que no se cierren sobre sí mismas en sus propios intereses. De algún modo los excluidos y los marginados y todos aquellos a quienes Jesús invita a seguirle, tienen las puertas abiertas para entrar. Y para mí, ¿cuál es el lugar de ellos en mi vida? ¿Se traduce en tiempo, en compromiso, en presencia, en dedicación?

Vuelvo a leer el texto. Ahora sintiéndome dentro de la escena. Como aquellos que estaban en el corro alrededor de Jesús. Escucho cómo Jesús pasa la mirada por quienes lo rodean. Y cómo se acerca a ellos haciéndoles formar parte de la intimidad de su familia, de su círculo más cercano. Siento la invitación a entrar en esa casa y en esa relación.

Gracias a Jesús sabemos que Dios es Padre y hoy descubrimos también que el mismo Dios se hace nuestro hermano. Puedo tener ahora un momento para dirigirme al Padre y darle gracias por esta oración, por la invitación a seguir a Jesús y por hacerlo con aquellos con los que comparto la fe. Puedo presentarle los nombres que forman parte de mi historia y pedir al Padre por cada uno de ellos.

Dios y Padre nuestro, aquí estamos para hacer tu voluntad.
Acoge nuestro deseo
y sostén con tu Espíritu nuestra oración.

Haz que sea realidad cotidiana
la promesa de nuestro bautismo:
pertenecer a tu familia día tras día,
hasta la consumación de los siglos.

Laudes – Martes III Tiempo Ordinario

MARTES, III SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

Santo Tomás de Aquino, doctor

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

INVITATORIO

 

Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

Señor, el día empieza. Como siempre,

postrados a tus pies, la luz del día

queremos esperar.

Eres la fuerza

que tenemos los débiles, nosotros.

 

Padre nuestro,

que en los cielos estás, haz a los hombres

iguales: que ninguno se avergüence

de los demás; que todos al que gime

den consuelo; que todos, al que sufre

del hambre la tortura, le regalen

en rica mesa de manteles blancos

con blanco pan y generoso vino;

que no luchen jamás; que nunca emerjan,

entre las áureas mieses de la historia,

sangrientas amapolas, las batallas.

 

Luz, Señor, que ilumine las campiñas

y las ciudades; que a los hombres todos,

en sus destellos mágicos, envuelva

luz inmortal; Señor, luz de los cielos,

fuente de amor y causa de la vida.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Amén.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Señor, has sido bueno con tu tierra, has perdonado la culpa de tu pueblo.

 

Salmo 84

 

Señor, has sido bueno con tu tierra,

has restaurado la suerte de Jacob,

has perdonado la culpa de tu pueblo,

has reprimido tu cólera,

has frenado el incendio de tu ira.

 

Restáuranos, Dios, salvador nuestro;

cesa en tu rencor contra nosotros.

¿Vas ha estar siempre enojado,

o a prolongar tu ira de edad en edad?

 

¿No vas a devolvernos la vida,

para que tu pueblo se alegre contigo?.

Muéstranos, Señor, tu misericordia

y danos tu salvación.

 

Voy a escuchar lo que dice el Señor:

“Dios anuncia la paz

a su pueblo y a sus amigos

y a los que se convierten de corazón.”

 

La salvación está ya cerca de sus fieles,

y la gloria habitará en nuestra tierra;

la misericordia y la fidelidad se encuentran,

la justicia y la paz se besan;

 

la fidelidad brota de la tierra,

y la justicia mira desde el cielo;

el Señor dará la lluvia

y nuestra tierra dará su fruto.

 

La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. Señor, has sido bueno con tu tierra, has perdonado la culpa de tu pueblo.

 

 

Ant. 2. Mi alma te ansía de noche, Señor; mi espíritu madruga por ti.

 

Cántico: Is 26, 1-4. 7-9. 12

 

Tenemos una ciudad fuerte,

ha puesto para salvarla murallas y baluartes:

Abrid las puertas para que entre un pueblo justo,

que observa la lealtad;

su ánimo está firme y mantiene la paz, porque confía en ti.

 

Confiad siempre en el Señor,

porque el Señor es la Roca perpetua:

 

La senda del justo es recta.

Tú allanas el sendero del justo;

en la senda de tus juicios, Señor,

te esperamos, ansiando tu nombre y tu recuerdo.

 

Mi alma te ansía de noche,

mi espíritu en mi interior madruga por ti,

porque tus juicios son luz de la tierra,

y aprenden justicia los habitantes del orbe.

 

Señor, tú nos darás la paz,

porque todas nuestras empresas nos las realizas tú.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. Mi alma te ansía de noche, Señor; mi espíritu madruga por ti.

 

 

Ant. 3. Ilumina, Señor, tu rostro sobre nosotros.

 

Salmo 66

 

El Señor tenga piedad y nos bendiga,

ilumine su rostro sobre nosotros;

conozca la tierra tus caminos,

todos los pueblos tu salvación.

 

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,

que todos los pueblos te alaben.

 

Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia,

riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra.

 

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

 

La tierra ha dado su fruto, nos bendice el Señor, nuestro Dios.

Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. Ilumina, Señor, tu rostro sobre nosotros.

 

 

LECTURA BREVE           1Jn 4, 14-15

 

Nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Dios mío, peña mía, refugio mío, Dios mío.

R. Dios mío, peña mía, refugio mío, Dios mío.

 

 

V. Mi alcázar, mi libertador.

R. Refugio mío, Dios mío.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Dios mío, peña mía, refugio mío, Dios mío.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Bendito sea el Señor, por cuyo amor santo Tomás estudió, oró asiduamente y trabajó.

 

Cántico de Zacarías: Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Bendito sea el Señor, por cuyo amor santo Tomás estudió, oró asiduamente y trabajó.

 

 

PRECES

 

Adoremos a Cristo, que con su sangre ha adquirido el pueblo de la nueva alianza, y digámosle suplicantes:

Acuérdate, Señor, de tu pueblo

 

Rey y redentor nuestro, escucha la alabanza que te dirige tu Iglesia en el comienzo de este día,

— y haz que no deje nunca de glorificar tu majestad.

 

Que nunca, Señor, quedemos confundidos

— los que en ti ponemos nuestra fe y nuestra esperanza.

 

Mira compasivo nuestra debilidad y ven en ayuda nuestra,

— ya que sin ti no podemos hacer nada.

 

Acuérdate de los pobres y desvalidos;

— que el día que hoy empieza les traiga solaz y alegría.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Ya que deseamos que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres, pidamos al Padre que a todos llegue el reino de su Hijo:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Oh Dios, que hiciste de santo Tomás de Aquino un varón preclaro por su anhelo de santidad y por su dedicación a las ciencias sagradas, concédenos entender lo que él enseñó e imitar el ejemplo que nos dejó en su vida. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Oficio de lecturas – Martes III Tiempo Ordinario

MARTES DE LA SEMANA III
Del común de doctores de la Iglesia. Salterio III

28 de enero

SANTO TOMÁS DE AQUINO, presbítero y doctor de la Iglesia. (MEMORIA)

Nació alrededor del año 1225, de la familia de los condes de Aquino. Estudió primero en el monasterio de Montecasino, luego en Nápoles; más tarde ingresó en la Orden de Predicadores, y completó sus estudios en París y en Colonia, donde tuvo por maestro a san Alberto Magno. Escribió muchas obras llenas de erudición y ejerció también el profesorado, contribuyendo en gran manera al incremento de la filosofía y de la teología. Murió cerca de Terracina el día 7 de marzo de 1274. Su memoria se celebra el día 28 de enero, por razón de que en esa fecha tuvo lugar, el año 1369, el traslado de su cuerpo a Tolosa.

OFICIO DE LECTURA 

Si el Oficio de Lectura es la primera oración del día:

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:
 
Ant. Venid, adoremos al Señor, fuente de la sabiduría.


Si antes del Oficio de lectura se ha rezado ya alguna otra Hora:
 
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.



Himno: HONDO SABER DE DIOS FUE VUESTRA CIENCIA

Hondo saber de Dios fue vuestra ciencia.
su espíritu de verdad os dio a beberla
en la Revelación, que es su presencia
en velos de palabra siempre nueva.

Abristeis el camino para hallarla
a todo el que de Dios hambre tenía,
palabra del Señor que, al contemplarla,
enciende nuestras luces que iluminan.

Saber de Dios en vida convertido
es la virtud del justo, que, a su tiempo,
si Dios le dio la luz, fue lo debido
que fuera su verdad, su pensamiento.

Demos gracias a Dios humildemente,
y al Hijo, su verdad que a todos guía,
dejemos que su Luz, faro esplendente,
nos guíe por el mar de nuestra vida. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Se levanta Dios y huyen de su presencia los que lo odian.

Salmo 67 I – ENTRADA TRIUNFAL DEL SEÑOR

Se levanta Dios y se dispersan sus enemigos,
huyen de su presencia los que lo odian;

como el humo se disipa, se disipan ellos;
como se derrite la cera ante el fuego,
así perecen los impíos ante Dios.

En cambio, los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.

Cantad a Dios, tocad en su honor,
alfombrad el camino del que avanza por el desierto;
su nombre es el Señor:
alegraos en su presencia.

Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.

Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece;
sólo los rebeldes
se quedan en la tierra abrasada.

¡Oh Dios!, cuando salías al frente de tu pueblo
y avanzabas por el desierto,
la tierra tembló, el cielo destiló
ante Dios, el Dios del Sinaí;
ante Dios, el Dios de Israel.

Derramaste en tu heredad, ¡oh Dios!, una lluvia copiosa,
aliviaste la tierra extenuada;
y tu rebaño habitó en la tierra
que tu bondad, ¡oh Dios!, preparó para los pobres.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Se levanta Dios y huyen de su presencia los que lo odian.

Ant 2. Nuestro Dios es un Dios que salva, el Señor Dios nos hace escapar de la muerte.

Salmo 67 II

El Señor pronuncia un oráculo,
millares pregonan la alegre noticia:
«Los reyes, los ejércitos van huyendo, van huyendo;
las mujeres reparten el botín.

Mientras reposabais en los apriscos,
las alas de la paloma se cubrieron de plata,
el oro destellaba en su plumaje.
Mientras el Todopoderoso dispersaba a los reyes,
la nieve bajaba sobre el Monte Umbrío.»

Las montañas de Basán son altísimas,
las montañas de Basán son escarpadas;
¿por qué tenéis envidia, montañas escarpadas,
del monte escogido por Dios para habitar,
morada perpetua del Señor?

Los carros de Dios son miles y miles:
Dios marcha del Sinaí al santuario.
Subiste a la cumbre llevando cautivos,
te dieron tributo de hombres:
incluso los que se resistían
a que el Señor Dios tuviera una morada.

Bendito el Señor cada día,
Dios lleva nuestras cargas, es nuestra salvación.
Nuestro Dios es un Dios que salva,
el Señor Dios nos hace escapar de la muerte.

Dios aplasta las cabezas de sus enemigos,
los cráneos de los malvados contumaces.
Dice el Señor: «Los traeré desde Basán,
los traeré desde el fondo del mar;
teñirás tus pies en la sangre del enemigo,
y los perros la lamerán con sus lenguas.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Nuestro Dios es un Dios que salva, el Señor Dios nos hace escapar de la muerte.

Ant 3. Reyes de la tierra, cantad a Dios, tocad para el Señor.

Salmo 67 III

Aparece tu cortejo, ¡oh Dios!,
el cortejo de mi Dios, de mi Rey,
hacia el santuario.

Al frente marchan los cantores;
los últimos, los tocadores de arpa;
en medio las muchachas van tocando panderos.

«En el bullicio de la fiesta bendecid a Dios,
al Señor, estirpe de Israel.»

Va delante Benjamín, el más pequeño;
los príncipes de Judá con sus tropeles;
los príncipes de Zabulón,
los príncipes de Neftalí.

¡Oh Dios!, despliega tu poder,
tu poder, ¡oh Dios!, que actúa en favor nuestro.
A tu templo de Jerusalén
traigan los reyes su tributo.

Reprime a la Fiera del Cañaveral,
al tropel de los toros,
a los Novillos de los pueblos.

Que se te rindan con lingotes de plata:
dispersa las naciones belicosas.
Lleguen los magnates de Egipto,
Etiopía extienda sus manos a Dios.

Reyes de la tierra, cantad a Dios,
tocad para el Señor,
que avanza por los cielos,
los cielos antiquísimos,
que lanza su voz, su voz poderosa:
«Reconoced el poder de Dios.»

Sobre Israel resplandece su majestad,
y su poder sobre las nubes.
Desde el santuario Dios impone reverencia:
es el Dios de Israel
quien da fuerza y poder a su pueblo.

¡Dios sea bendito!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Reyes de la tierra, cantad a Dios, tocad para el Señor.

V. Voy a escuchar lo que dice el Señor.
R. Dios anuncia la paz a su pueblo. 

PRIMERA LECTURA

Del libro del Génesis 21, 1-21

NACIMIENTO DE ISAAC

En aquellos días, el Señor se fijó en Sara, como lo había dicho; el Señor cumplió a Sara lo que le había prometido. Ella concibió y dio a luz un hijo a Abraham, ya viejo, en el tiempo que había dicho Dios. Abraham llamó al hijo que le había nacido, que le había dado Sara, Isaac. Abraham circuncidó a Isaac, su hijo, el octavo día, como lo había mandado Dios. Abraham tenía cien años, cuando le nació su hijo Isaac. Sara dijo:

«Dios me ha hecho bailar de alegría, y el que se entere se alegrará conmigo.»

Y añadió:

«¡Quién le hubiera dicho a Abraham que Sara iba a criar hijos!, pues le ha dado un hijo en su vejez.»

El chico creció y lo destetaron. Y Abraham dio un gran banquete el día que destetaron a Isaac. Pero Sara vio que el hijo de Hagar, la egipcia, y de Abraham jugaba con Isaac; y dijo a Abraham:

«Expulsa a esa criada y a su hijo; porque el hijo de esa criada no va a repartirse la herencia con mi hijo Isaac.»

Abraham se llevó un disgusto, pues era hijo suyo. Pero Dios dijo a Abraham:
«No te aflijas por el muchacho y la criada; haz todo lo que dice Sara, porque Isaac es quien continúa tu descendencia. También al hijo de la criada lo convertiré en un gran pueblo, pues es descendiente tuyo.»

Abraham madrugó, tomó pan y un odre de agua, se lo cargó a hombros de Hagar y la despidió con el muchacho. Ella marchó y fue vagando por el desierto de Berseba. Cuando se le acabó el agua del odre, colocó al niño debajo de unas matas, se apartó y se sentó a solas, a la distancia de un tiro de arco. Pues se decía:

«No puedo ver morir a mi hijo.»

Y se sentó a distancia. El niño rompió a llorar; Dios oyó la voz del niño, y el ángel de Dios llamó a Hagar desde el cielo, y le dijo:

«¿Qué te pasa, Hagar? No temas; porque Dios ha oído la voz del chico, allí donde está. Levántate, toma al niño y cógelo fuerte de la mano, porque haré que sea un pueblo grande.»

Dios le abrió los ojos, y divisó un pozo de agua; fue allá, llenó el odre y dio de beber al muchacho.

Dios estaba con el muchacho, que creció, habitó en el desierto y se hizo un experto arquero; vivió en el desierto de Farán, y su madre le buscó una mujer egipcia.

RESPONSORIO    Cf. Ga 4, 22. 31. 28

R. Abraham tuvo dos hijos, uno de la esclava y otro de la que era libre. * Para que seamos libres, nos ha liberado Cristo.
V. Nosotros somos hijos de la promesa, figurados en Isaac.
R. Para que seamos libres, nos ha liberado Cristo.

SEGUNDA LECTURA

De las Conferencias de santo Tomás de Aquino, presbítero
(Conferencia 6 sobre el Credo) 

EN LA CRUZ HALLAMOS EL EJEMPLO DE TODAS LAS VIRTUDES

¿Era necesario que el Hijo de Dios padeciera por nosotros? Lo era, ciertamente, y por dos razones fáciles de deducir: la una, para remediar nuestros pecados; la otra, para darnos ejemplo de cómo hemos de obrar.

Para remediar nuestros pecados, en efecto, porque en la pasión de Cristo encontramos el remedio contra todos los males que nos sobrevienen a causa del pecado. 

La segunda razón tiene también su importancia, ya que la pasión de Cristo basta para servir de guía y modelo a toda nuestra vida. Pues todo aquel que quiera llevar una vida perfecta no necesita hacer otra cosa que despreciar lo que Cristo despreció en la cruz y apetecer lo que Cristo apeteció. En la cruz hallamos el ejemplo de todas las virtudes.

Si buscas un ejemplo de amor: Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos. Esto es lo que hizo Cristo en la cruz. Y por esto, si él entregó su vida por nosotros, no debemos considerar gravoso cualquier mal que tengamos que sufrir por él. 

Si buscas un ejemplo de paciencia, encontrarás el mejor de ellos en la cruz. Dos cosas son las que nos dan la medida de la paciencia: sufrir pacientemente grandes males, o sufrir, sin rehuirlos, unos males que podrían evitarse. Ahora bien, Cristo, en la cruz, sufrió grandes males y los soportó pacientemente, ya que en su pasión no profería amenazas; como cordero llevado al matadero, enmudecía y no abría la boca. Grande fue la paciencia de Cristo en la cruz: corramos también nosotros con firmeza y constancia la carrera para nosotros preparada. Llevemos los ojos fijos en Jesús, caudillo y consumador de la fe, quien, para ganar el gozo que se le ofrecía, sufrió con toda constancia la cruz, pasando por encima de su ignominia.

Si buscas un ejemplo de humildad, mira al crucificado: él, que era Dios, quiso ser juzgado bajo el poder de Poncio Pilato y morir.

Si buscas un ejemplo de obediencia, imita a aquel que se hizo obediente al Padre hasta la muerte: Como por la desobediencia de un solo hombre -es decir, de Adán- todos los demás quedaron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos quedarán constituidos justos.

Si buscas un ejemplo de desprecio de las cosas terrenales, imita a aquel que es Rey de reyes y Señor de señores, en el cual están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, desnudo en la cruz, burlado, escupido, flagelado, coronado de espinas, a quien, finalmente, dieron a beber hiel y vinagre. 

No te aficiones a los vestidos y riquezas, ya que se reparten mi ropa; ni a los honores, ya que él experimentó las burlas y azotes; ni a las dignidades, ya que, entretejiendo una corona de espinas, la pusieron sobre mi cabeza; ni a los placeres, ya que para mi sed me dieron vinagre.

RESPONSORIO    Sb 7, 7-8; 9, 17

R. Supliqué y se me concedió la prudencia, invoqué y vino a mi un espíritu de sabiduría. * La preferí a los cetros y a los tronos, y en su comparación tuve en nada la riqueza. 
V. Señor, ¿quién hubiera conocido tu voluntad, si tú no le hubieses dado la sabiduría y no le hubieses enviado de lo alto tu Espíritu Santo? 
R. La preferí a los cetros y a los tronos, y en su comparación tuve en nada la riqueza.

ORACIÓN.

OREMOS,
Señor Dios nuestro, que hiciste admirable a santo Tomás de Aquino por su sed de santidad y por su amor a las ciencias sagradas, te pedimos que nos des su luz para entender sus enseñanzas y fuerza para imitar su vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.