Vísperas – Miércoles XXVII Tiempo Ordinario

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: SEÑOR, TÚ ERES MI PAZ Y MI CONSUELO.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo
al acabar el día su jornada,
y, libres ya mis manos del trabajo,
a hacerte ofrenda del trabajo vengo.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo
cuando las luces de este día acaban,
y, ante las sombras de la noche oscura,
mirarte a ti, mi luz, mirarte puedo.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo,
y aunque me abruma el peso del pecado,
movido por tu amor y por tu gracia,
mi salvación ponerla en ti yo quiero.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo,
muy dentro de mi alma tu esperanza
sostenga mi vivir de cada día,
mi lucha por el bien que tanto espero.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo;
por el amor de tu Hijo, tan amado,
por el Espíritu de ambos espirado,
conduce nuestra senda hacia tu encuentro. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

Salmo 125 – DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

Ant 2. Que el Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

Salmo 126 – EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
una recompensa es el fruto de las entrañas:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Que el Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

Ant 3. Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.

Cántico: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS. Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.

LECTURA BREVE   Ef 3, 20-21

A aquel que tiene sumo poder para hacer muchísimo más de lo que pedimos o pensamos, con la energía que obra en nosotros, a él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús, en todas las generaciones por los siglos de los siglos. Amén.

RESPONSORIO BREVE

V. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
R. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

V. No arrebates mi alma con los pecadores.
R. Ten misericordia de mí.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

PRECES

Invoquemos a Dios, que envió a su Hijo como salvador y modelo supremo de su pueblo, diciendo:

Que tu pueblo, Señor, te alabe.

Te damos gracias, Señor, porque nos has escogido como primicias para la salvación;
haz que sepamos corresponder y así logremos la gloria de nuestro Señor Jesucristo.

Haz que todos los que confiesan tu santo nombre sean concordes en la verdad
y vivan unidos por la caridad.

Creador del universo, cuyo Hijo, al venir a este mundo, quiso trabajar con sus propias manos:
acuérdate de los trabajadores que ganan el pan con el sudor de su rostro.

Acuérdate también de todos los que viven entregados al servicio de los demás;
que no se dejen vencer por el desaliento ante la incomprensión de los hombres.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Ten piedad de nuestros hermanos difuntos
y líbralos del poder del Maligno.

Llenos de fe invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Llegue a tus oídos, Señor, la voz suplicante de tu Iglesia a fin de que, conseguido el perdón de nuestros pecados, con tu ayuda podamos dedicarnos a tu servicio y vivamos confiados en tu protección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Misa de la familia

Domingo 28º Tiempo Ordinario

FIESTA DE LA VIRGEN DEL PILAR

12 de Octubre de 2014

 

Para preparar: columna o caja de cartón; flores de papel; barra adhesiva.

1.- Monición de entrada:

Hoy es la Virgen del Pilar. Una vieja tradición dice que se apareció al apóstol Santiago el Mayor en la actual Zaragoza a orillas del Ebro, sobre un pilar de mármol que le ha dado el nombre y que cuentan que nunca cambio de lugar desde sus orígenes. La estatua actual es del siglo XV y representa a María con el Niño sobre su mano izquierda. Son muchas las generaciones que han venerado su imagen a lo largo de los siglos. Su basílica sigue siendo visitada todos los días del año por infinidad de gentes de todas las nacionalidades. La fiesta de la Virgen del Pilar nos brinda la ocasión de afirmar nuestra devoción a María, como madre nuestra y madre de la Iglesia. Comenzamos puestos en pie con un canto de saludo.

2.- Saludo del sacerdote

Buenos días niños, familiares y amigos. ¿Conocéis alguna persona que se llame Pilar?… ¿Cuántos conocéis?… Pilar es un nombre más de los infinitos nombres que le hemos dado a la Virgen. Detrás de cada nombre se encierra mucho cariño a la Virgen. Hoy nos unimos a todos aquellos que le rezarán en muchos rincones del mundo. Pero antes, le pedimos perdón al Señor, porque no somos siempre unos buenos hijos suyos.

3.- Peticiones de perdón

  • Perdón, Señor, porque no siempre somos unos buenos hijos tuyos, Señor, ten piedad.

  • Perdón, Señor, por las veces que nos portamos mal con nuestras madres. Cristo, ten piedad.

  • Perdón, Señor, porque nos olvidamos a veces de rezarte a Ti y a nuestra madre María. Señor, ten piedad.

4.- Monición al Evangelio

El Evangelio dedica pocas líneas a María. Es natural. Pero siempre que lo hace refleja unas actitudes y unas cualidades muy notables. Aquella mujer sencilla elegida para ser madre de Dios, merece ser ensalzada, para hacer evidente la frase evangélica que san Lucas pone en su boca: “los poderosos serán derribados de sus tronos y los humildes serán encumbrados”. Hoy, a través de la lectura del evangelio, nos unimos a la alabanza que escuchó su Hijo refiriéndose a Ella.

5.- Evangelio: Lc 11, 27-28

Lectura del santo evangelio según san Lucas: En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron. Pero él repuso: «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. ¡Palabra del Señor!

6.- A los niños:

  • ¿Habéis escuchado lo que gritó una mujer a Jesús? Le echó un piropo muy grande. Un piropo que era también para su madre María: ¡Dichosa la madre que te trajo al mundo y que te alimentó con sus pechos!
  • ¿Sabéis cómo celebran en Zaragoza el día de la Virgen del Pilar? ¿Qué ponen en la plaza y que lleva la gente?…Nosotros vamos a hacer hoy algo parecido. Ponemos una columna con la Virgen (Sacan una columna o caja de cartón y colocan sobre ella la imagen de la Virgen). Pero como no hemos traído flores, vamos a hacer lo que hizo la mujer del Evangelio: echarle piropos. Y por cada piropo pegaremos una flor de papel al pie de la Virgen. Y cuando terminemos, le cantamos /rezamos juntos alrededor de la imagen. 


7.- A los padres:

  • Si no tenemos una imagen de la Virgen en nuestra casa, es una buena ocasión para dedicarle una pared o un rincón de nuestros muebles, rezando una oración en familia.
  • La devoción a María se hereda en familia: ¿la estamos transmitiendo a nuestros hijos?

8.- Oración en silencio: Rezan en silencio, ayudados con palabras del sacerdote

 


9. Peticiones

  • Gracias, Señor, por compartir a tu madre con nosotros. Te pedimos que siempre seamos unos buenos hijos suyos. Roguemos al Señor.
  • Señor Jesús: el día de la Virgen del Pilar, te pedimos por todas las madres del mundo. Roguemos al Señor
  • Señor Jesús: María supo educarte muy bien cuando eras niño. Te pedimos que ella también nos ayude a crecer como buenos hijos. Roguemos al Señor.
  • María, ayúdanos a ser tan serviciales como Tú y que sepamos vivir tan unidos a Dios como Tú. Roguemos al Señor.
  • María, Tú que eres Madre de la Iglesia, ayuda a la Iglesia a que sea fiel a Jesús. Roguemos al Señor.

 

10.- Ofertorio: Un ave María


María: todos los niños de la Parroquia, queremos regalarte los piropos tan bonitos que te decimos cuando rezamos el Ave maría. (Se invita a todos los niños a que salgan para rezarle un avemaría ante su imagen).

Mt 22, 1-14

Con la “parábola de los invitados a la boda” concluye el ciclo de tres parábolas que Jesús pronuncia, dentro del enfrentamiento y controversia con las autoridades judías. De nuevo recuerda la invitación que Dios hace para acoger su reino y, una vez más, presentará ante los oyentes la posibilidad de acoger o rechazar esta invitación.

Utiliza otra imagen anclada en la tradición ju- día: el banquete, metáfora del reino escatológico de Dios. Se trata, una vez más, de una parábola del reino: «El reino de los cielos se parece a un rey…». Podemos hablar de una parábola en dos partes o de dos parábolas, conectadas por la imagen del banquete.

La primera parábola (22,2-10) está marcada por un triple movimiento: invitación del rey y reacción de los invitados. Todo está preparado para el banquete. Solo faltan los comensales. La primera invitación es rechazada. Los invitados se auto-excluyen del banquete. La forma verbal utilizada por el evangelista implica rechazo y desinterés por la invitación.

El rey vuelve a enviar a sus criados para renovar la invitación. En este caso, se describe con detalle el banquete preparado. El verbo en imperativo («venid a la boda») urge a todos (a los invitados, a la comunidad mateana, a nosotros) a tomar una decisión.

La respuesta vuelve a ser negativa. En este momento descrita con detalle: prefieren ir a otras ocupaciones, diríamos que secundarias. Algunos, como los viñadores homicidas, maltratan y asesinan a los enviados. El desprecio y desinterés es evidente: no quieren participar de la alegría del banquete. La brutal respuesta del rey pone fin al segundo movimiento.

Por tercera vez, el rey envía criados a invitar a la boda. Aunque los primeros invitados no quisieron participar, la fiesta está preparada. El rey no cierra las puertas. Que vayan e inviten a todos los que encuentren por los caminos: a todos, «buenos y malos». No hay límites. El banquete es para todos. Y, finalmente, la sala del banquete se llena.

Dios (el rey) invita a la fiesta de su reino (banquete de bodas). Hay quienes no quieren acoger la invitación. Pero Dios no cierra las puertas a nadie y su invitación sigue abierta. Cualquiera puede entrar y gozar de esta fiesta.

Ante la pregunta del rey, aquel invitado no tiene excusa. Ha acudido a la fiesta pero no muestra verdadero interés y consideración por lo que se celebra. Los demás han respondido a la invitación como se esperaba. Éste, no. Por eso, será expulsado del banquete: él mismo se ha excluido. La fiesta es para quienes quieren participar realmente de la alegría de la boda.

Ahora podemos leer las tres parábolas seguidas. En las tres el centro es la invitación a acoger el reino. Es necesario obedecer a la voluntad de Dios (“los dos hijos”), dar frutos de buenas obras a su debido nunca se acaba.

La segunda parábola (22,11-13) se desarrolla en la sala del banquete. El rey sale a saludar amistosamente, como buen anfitrión, a los comensales. Hay un invitado que no se ha preparado para la ocasión. Al fijar la mirada sólo en él, muestra que el resto sí han acudido con el traje de fiesta.

Ante la pregunta del rey, aquel invitado no tiene excusa. Ha acudido a la fiesta pero no muestra verdadero interés y consideración por lo que se celebra. Los demás han respondido a la invitación como se esperaba. Éste, no. Por eso, será expulsado del banquete: él mismo se ha excluido. La fiesta es para quienes quieren participar realmente de la alegría de la boda.

Ahora podemos leer las tres parábolas seguidas. En las tres el centro es la invitación a acoger el reino. Es necesario obedecer a la voluntad de Dios (“los dos hijos”), dar frutos de buenas obras a su debido tiempo (“los viñadores”), y, definitivamente, estar dispuesto a acoger la invitación y participar de la alegría del reino. Por eso, «muchos son/somos llamados, y pocos son/somos elegidos», los que realmente acogen la invitación. Hay quien decide quedarse fuera de la fiesta. La oferta de Dios, pese al rechazo, sigue abierta. Y nadie es excluido.

Óscar de la Fuente de la Fuente

Comentario al evangelio de hoy (8 de octubre)

El Padrenuestro es la oración de la fraternidad por excelencia. Nos centra en lo que es la vida cristiana en su esencia: somos hermanos porque somos hijos. Ahí no hay diferencia ninguna. Todas esas diferencias a las que damos tanta importancia de vez en cuando (raza, lengua, cultura, sexo, política, y todas las que podamos imaginar, son puramente accidentales frente a la realidad más profunda que nos une: somos hijos del Padre. 

      Pero, aún siendo la fraternidad/filiación nuestra realidad más profunda, lo que define nuestro ser, eso no significa que sea ya un hecho. Desgraciadamente sigue siendo un proyecto, un sueño, un deseo, una esperanza. Supone un compromiso real por llegar a ella, siendo muy conscientes de dónde estamos. Todavía queda mucho por hacer que esa realidad profunda aflore a la superficie de nuestras vidas y sea la que realmente marque y define nuestras relaciones con los demás, en la comunidad cristiana, en la familia, en el trabajo, en la política, en el concierto de las naciones. 

      Ahí es donde tiene que estar el cristiano. Ahí es donde tiene que dar testimonio. Lo de ser cristiano no se ve por el número de rosarios o por las hora pasadas de rodillas ante el sagrario ni por las celebraciones más o menos floreadas y cantadas. Se ve en la realidad cotidiana, en la forma de relacionarse con los demás, en el modo y manera como está comprometido en construir esa fraternidad que es nuestra vocación y realidad más profunda. Por eso rezamos el Padrenuestro tantas veces. Nos sirve de recordatorio de lo que somos. Nos recuerda nuestro compromiso con el Reino. Nos hace mirar a los otros de una manera nueva. 

      Y también nos hace valientes para denunciar lo que no está bien, lo que no rima con fraternidad. Vayan a leer de nuevo la primera lectura. Pablo no dudó en llamar la atención públicamente a Pedro (al primer Papa) cuando entendió que éste no estaba comportándose como cristiano y que con su forma de actuar no favorecía la fraternidad del Reino, al imponer a los paganos unas obligaciones sólo para hacer felices a los cristianos de origen judío. Es decir, construir la fraternidad no significa decir a todo que sí. En ocasiones, pasa por el conflicto y la denuncia. En ocasiones, pasa por luchar por los derechos de los oprimidos, por hacer que nadie quede fuera o excluido. En ocasiones, pasa por dejarse la vida en el intento. Como Jesús. 

Fernando Torres Pérez, cmf

Miércoles XXVII Tiempo Ordinario

Hoy es 8 de octubre, miércoles de la XXVII semana de Tiempo Ordinario.

Confiando en tu fidelidad, aquí vengo, mi Señor. Aguardando tu presencia, aquí espero, mi Señor. Deseando acoger a cualquiera, aquí estoy, mi Señor. Así comienzo hoy este rato de oración. Me sitúo en el espacio y tiempo que le reservo exclusivamente a él y lo hago activamente, confiando. Aguardando y deseando. Es la actitud de los que buscan al Señor, como yo lo hago hoy, una vez más. A ti te busco, Señor.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 11, 1-4):

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.»

Él les dijo: «Cuando oréis decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.»»

Hoy vemos que los discípulos piden a Jesús que les enseñe a orar. Ellos le han visto retirarse frecuentemente, apartarse de los demás, para estar a solas con el Padre y orar. Y quieren hacer lo mismo. Pero ¿cómo hacerlo: cómo orar,  qué pedir a Dios  y cómo pedirlo?  Y el Señor les  enseñó cómo dirigirse al Padre: «»Cuando oréis decid: Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día el pan que nos corresponde, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.”

“Padre”, “Abbá.” Este Abbá era la palabra que usaban los niños judíos para dirigirse a su padre, cuando  empezaban a balbucear.  Y es la primera palabra que decimos nosotros cuando oramos,  y constituye ya toda una oración. Padre, Abbá, papaíto. Una palabra para decirla y decirla, y quedar arrobados. Pero ocurre que estamos tan acostumbrados que la decimos y nos quedamos como si nada. Es lo que lamenta José Mª Cabodevilla: “Digo: ‘Dios es mi padre’ y no experimento emoción alguna… Ni ternura, ni agradecimiento, ni alegría, ni orgullo. Y, bien mirado, habría razón sobrada para morir, en ese momento, de ternura, de agradecimiento,  de alegría, y también de terror, de orgullo, y también de vergüenza.” Lo que hace la rutina, Señor…. Por otra parte, decimos “Padre” y añadimos enseguida “nuestro”. Con lo que confesamos la fraternidad de todos los humanos. Por eso, ¿cómo rezar el Padre nuestro con sinceridad, teniendo el corazón lleno de egoísmo y marginando al hermano? San Juan Crisóstomo dice: “No podéis llamar Padre nuestro al Dios de toda bondad, si conserváis un corazón duro y poco humano, pues, en tal caso, ya no tenéis en vosotros la marca de bondad del Padre celestial”…  Señor, líbrame de “acostumbrarme” a rezar el Padre nuestro. Que lo rece siempre como si fuera la primera vez, como si lo estrenara cada mañana, saboreándolo como lo han saboreado tantos cristianos. Y que lo rece con sinceridad.

«Señor, enséñanos a orar”, pidieron los discípulos, y lo hemos de pedir nosotros constantemente. Porque necesitamos orar y no sabemos hacerlo. ¿Cuántas veces vamos al Señor pero pretendiendo convencerle de que haga lo que nosotros deseamos? Y olvidamos lo que dice san Agustín: «El hombre ora no para orientar a Dios, sino para orientarse a sí mismo». Y Julien Green escribió: «El objetivo de la oración no es conseguir lo que hemos pedido,  sino  hacernos  distintos”.  Y para L. Evely  “orar es ponerse a disposición de Dios para que haga en nosotros finalmente lo que desde siempre ha querido hacer, y para lo que nunca le hemos dado ni tiempo, ni ocasión, ni posibilidad…”  Y lo que Dios quiere hacer es hacernos hijos suyos, transformarnos en Cristo, conducirnos a tener los mismos sentimientos que el Hijo. Señor, que cada día sienta necesidad de venir a ti para ponerme a tu disposición para que hagas lo que tanto deseas hacer en mí.

Acércate un poco más a Jesús. Él está orando contigo al Padre, en actitud humilde de hijo. Repite serenamente con él cada palabra de esta oración, dejando que vaya surgiendo un compartir entre amigo y amigo, en la inmensidad de cada palabra.

Padre nuestro,

que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.
Amén. 

Laudes – Miércoles XXVII Tiempo Ordinario

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Ant. Adoremos a Dios, porque él nos ha creado. 

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Himno: DETENTE, AURORA DE ESTE NUEVO DÍA.

¡Detente, aurora de este nuevo día,
refleja en mis pupilas tu paisaje!
Mensajera de amor, es tu equipaje
la hermosura hecha luz y profecía.

¡Detente, aurora, dulce epifanía,
rostro de Dios, qué bello es tu mensaje!
Queme tu amor mi amor que va de viaje
en lucha, y en trabajo y alegría.

Avanzamos, corremos fatigados,
mañana tras mañana enfebrecidos
por la carga de todos los pecados.

Arrópanos, Señor, con la esperanza;
endereza, Señor, los pies perdidos,
y recibe esta aurora de alabanza. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti, Señor.

Salmo 85 – ORACIÓN DE UN POBRE ANTE LAS DIFICULTADES.

Inclina tu oído, Señor; escúchame,
que soy un pobre desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva a tu siervo, que confía en ti.

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti;

porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica.

En el día del peligro te llamo,
y tú me escuchas.
No tienes igual entre los dioses, Señor,
ni hay obras como las tuyas.

Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre:
«Grande eres tú, y haces maravillas;
tú eres el único Dios.»

Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu verdad;
mantén mi corazón entero
en el temor de tu nombre.

Te alabaré de todo corazón, Dios mío;
daré gloria a tu nombre por siempre,
por tu grande piedad para conmigo,
porque me salvaste del abismo profundo.

Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí,
una banda de insolentes atenta contra mi vida,
sin tenerte en cuenta a ti.

Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad y leal,
mírame, ten compasión de mí.

Da fuerza a tu siervo,
salva al hijo de tu esclava;
dame una señal propicia,
que la vean mis adversarios y se avergüencen,
porque tú, Señor, me ayudas y consuelas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti, Señor.

Ant 2. Dichoso el hombre que procede con justicia y habla con rectitud.

Cántico: DIOS JUZGARÁ CON JUSTICIA Is 33,13-16

Los lejanos, escuchad lo que he hecho;
los cercanos, reconoced mi fuerza.

Temen en Sión los pecadores,
y un temblor se apodera de los perversos:
«¿Quién de nosotros habitará un fuego devorador,
quién de nosotros habitará una hoguera perpetua?».

El que procede con justicia y habla con rectitud
y rehúsa el lucro de la opresión;
el que sacude la mano rechazando el soborno
y tapa su oído a propuestas sanguinarias,
el que cierra los ojos para no ver la maldad:
ése habitará en lo alto,
tendrá su alcázar en un picacho rocoso,
con abasto de pan y provisión de agua.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dichoso el hombre que procede con justicia y habla con rectitud.

Ant 3. Aclamad al Rey y Señor.

Salmo 97 – EL SEÑOR, JUEZ VENCEDOR

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad:

tocad la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas
aclamad al Rey y Señor.

Retumbe el mar y cuanto contiene,
la tierra y cuantos la habitan;
aplaudan los ríos, aclamen los montes
al Señor, que llega para regir la tierra.

Regirá el orbe con justicia
y los pueblos con rectitud.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Aclamad al Rey y Señor.

LECTURA BREVE   Jb 1, 21; 2, 10b

Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré a él. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor. Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?

RESPONSORIO BREVE

V. Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.
R. Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.

V. Dame vida con tu palabra.
R. Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Realiza, Señor, con nosotros la misericordia y recuerda tu santa alianza.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR      Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Realiza, Señor, con nosotros la misericordia y recuerda tu santa alianza.

PRECES

Invoquemos a Cristo, que se entregó a sí mismo por la Iglesia, y le da alimento y calor, diciendo:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.

Bendito seas, Señor, Pastor de la Iglesia, que nos vuelves a dar hoy la luz y la vida;
haz que sepamos agradecerte este magnífico don.

Mira con amor a tu grey, que has congregado en tu nombre;
haz que no se pierda ni uno solo de los que el Padre te ha dado.

Guía a tu Iglesia por el camino de tus mandatos,
y haz que el Espíritu Santo la conserve en la fidelidad.

Que tus fieles, Señor, cobren nueva vida participando en la mesa de tu pan y de tu palabra,
para que, con la fuerza de este alimento, te sigan con alegría.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Concluyamos nuestra oración diciendo juntos las palabras de Jesús, nuestro Maestro:

Padre nuestro…

ORACION

Señor Dios, que nos has creado con tu sabiduría y nos gobiernas con tu providencia, infunde en nuestras almas la claridad de tu luz, y haz que nuestra vida y nuestras acciones estén del todo consagradas a ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Oficio de lecturas – Miércoles XXVII Tiempo Ordinario

OFICIO DE LECTURA 

Si el Oficio de Lectura es la primera oración del día:

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:

Ant. Adoremos a Dios, porque él nos ha creado.


Si antes del Oficio de lectura se ha rezado ya alguna otra Hora:

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.



Himno: CON ENTREGA, SEÑOR, A TI VENIMOS

Con entrega, Señor, a ti venimos,
escuchar tu palabra deseamos;
que el Espíritu ponga en nuestros labios
la alabanza al Padre de los cielos.

Se convierta en nosotros la palabra
en la luz que a los hombres ilumina,
en la fuente que salta hasta la vida,
en el pan que repara nuestras fuerzas;

en el himno de amor y de alabanza
que se canta en el cielo eternamente,
y en la carne de Cristo se hizo canto
de la tierra y del cielo juntamente.

Gloria a ti, Padre nuestro, y a tu Hijo,
el Señor Jesucristo, nuestro hermano,
y al Espíritu Santo, que, en nosotros,
glorifica tu nombre por los siglos. Amén.

SALMODIA

Ant 1. La misericordia y la fidelidad te preceden, Señor.

Salmo 88, 2-38 I – HIMNO AL DIOS FIEL A LAS PROMESAS HECHAS A DAVID

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Pues dijiste: «Cimentado está por siempre mi amor,
asentada más que el cielo mi lealtad.»

Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
«Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades.»

El cielo proclama tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién como el Señor entre los seres divinos?

Dios es temible en el consejo de los ángeles,
es grande y terrible para toda su corte.
Señor de los ejércitos, ¿quién como tú?
El poder y la fidelidad te rodean.

Tú domeñas la soberbia del mar
y amansas la hinchazón del oleaje;
tú traspasaste y destrozaste a Rahab,
tu brazo potente desbarató al enemigo.

Tuyo es el cielo, tuya es la tierra;
tú cimentaste el orbe y cuanto contiene;
tú has creado el norte y el sur,
el Tabor y el Hermón aclaman tu nombre.

Tienes un brazo poderoso:
fuerte es tu izquierda y alta tu derecha.
Justicia y derecho sostienen tu trono,
misericordia y fidelidad te preceden.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, ¡oh Señor!, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo.

Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. La misericordia y la fidelidad te preceden, Señor.

Ant 2. El Hijo de Dios nació según la carne de la estirpe de David.

Salmo 88, 2-38 II

Un día hablaste en visión a tus amigos:
«He ceñido la corona a un héroe,
he levantado a un soldado sobre el pueblo.»

Encontré a David, mi siervo,
y lo he ungido con óleo sagrado;
para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga valeroso;

no lo engañará el enemigo
ni los malvados lo humillarán;
ante él desharé a sus adversarios
y heriré a los que lo odian.

Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán,
por mi nombre crecerá su poder:
extenderé su izquierda hasta el mar,
y su derecha hasta el Gran Río.

Él me invocará: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora»;
y yo lo nombraré mi primogénito,
excelso entre los reyes de la tierra.

Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable;
le daré una posteridad perpetua
y un trono duradero como el cielo.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Hijo de Dios nació según la carne de la estirpe de David.

Ant 3. Juré una vez a David, mi siervo: «Tu linaje será perpetuo.»

Salmo 88, 2-38 III

Si sus hijos abandonan mi ley
y no siguen mis mandamientos,
si profanan mis preceptos
y no guardan mis mandatos,
castigaré con la vara sus pecados
y a latigazos sus culpas;

pero no les retiraré mi favor
ni desmentiré mi fidelidad,
no violaré mi alianza
ni cambiaré mis promesas.

Una vez juré por mi santidad
no faltar a mi palabra con David:
«Su linaje será perpetuo,
y su trono como el sol en mi presencia,
como la luna, que siempre permanece:
su solio será más firme que el cielo.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Juré una vez a David, mi siervo: «Tu linaje será perpetuo.»

V. La explicación de tus palabras ilumina.
R. Da inteligencia a los ignorantes. 

PRIMERA LECTURA

Del libro de Ben Sirá 3, 19–4, 11

HUMILDAD Y SOBERBIA

Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te querrán más que al hombre generoso. Hazte pequeño en las grandezas humanas, y alcanzarás el favor de Dios; porque es grande la misericordia de Dios, y revela sus secretos a los humildes. No pretendas lo que te sobrepasa ni escudriñes lo que se te esconde; atiende a lo que te han encomendado, pues no te importa lo profundo y escondido; no te preocupes por lo que te excede, aunque te enseñen cosas que te desbordan, son tan numerosas las opiniones de los hombres, y sus locas fantasías los extravían!

El terco saldrá malparado, el que ama lo bueno lo conseguirá; el terco se acarrea desgracias, el cobarde añade pecado a pecado. Donde faltan los ojos, falta la luz, donde falta inteligencia, no hay sabiduría. No corras a curar la herida del cínico, pues no tiene cura, es brote de mala planta. El sabio aprecia las sentencias de los sabios, el oído atento a la sabiduría se alegrará.

El agua apaga el fuego ardiente y la limosna expía el pecado. Al bienhechor lo recuerdan más tarde, cuando resbale encontrará apoyo. Hijo mío, no te burles de la vida del afligido, no deprimas al que sufre amargamente; no le gruñas al necesitado ni te cierres al ánimo abatido; no exasperes al que se siente abatido ni aflijas al pobre que acude a ti, ni niegues limosna al indigente; no rechaces la súplica del pobre, no le des ocasión de maldecirte: si en la amargura de su dolor clama contra ti, su Hacedor escuchará su clamor.

Hazte simpático a la asamblea, inclina la cabeza al que manda; haz caso del pobre y responde a su saludo con llaneza; libra al oprimido del opresor y no te repugne hacer justicia. Sé padre para los huérfanos y marido para las viudas, y Dios te llamará hijo y su favor te librará de la desgracia.

RESPONSORIO    Cf. Sir 3, 31. 32

R. El sabio aprecia las sentencias de los sabios, * el oído atento a la sabiduría se alegrará.
V. El corazón sabio y prudente se guardará de pecar, y por las obras buenas prosperará.
R. El oído atento a la sabiduría se alegrará.

SEGUNDA LECTURA

De la carta de san Ignacio de Antioquía, obispo y mártir, a los Tralianos
(Cap. 8, 1-9, 2; 11, 1-13, 3: Funk 1, 209-211)

CONVERTÍOS EN CREATURAS NUEVAS POR MEDIO DE LA FE, QUE ES COMO LA CARNE DEL SEÑOR, Y POR MEDIO DE LA CARIDAD, QUE ES COMO SU SANGRE

Revestíos de mansedumbre y convertíos en creaturas nuevas por medio de la fe, que es como la carne del Señor, y por medio de la caridad, que es como su sangre. Que ninguno de vosotros tenga nada contra su hermano. No deis pretexto con ello a los paganos, no sea que, ante la conducta insensata de algunos de vosotros, los gentiles blasfemen de la comunidad que ha sido congregada por el mismo Dios, porque ¡ay de aquel por cuya ligereza ultrajan mi nombre!

Tapaos, pues, los oídos cuando oigáis hablar de cualquier cosa que no tenga como fundamento a Cristo Jesús, descendiente del linaje de David, hijo de María, que nació verdaderamente, que comió y bebió como hombre, que fue perseguido verdaderamente bajo Poncio Pilato y verdaderamente también fue crucificado y murió, en presencia de los moradores del cielo, de la tierra y del abismo y que resucitó verdaderamente de entre los muertos por el poder del Padre. Este mismo Dios Padre nos resucitará también a nosotros, que amamos a Jesucristo, a semejanza del mismo Jesucristo, sin el cual no tenemos la vida verdadera.

Huid de los malos retoños: llevan un fruto mortífero y si alguien gusta de él muere al momento. Estos retoños no son plantación del Padre. Si lo fueran aparecerían como ramas de la cruz y su fruto sería incorruptible; por esta cruz Cristo os invita, como miembros suyos que sois, a participar en su pasión. La cabeza, en efecto, no puede nacer separada de los miembros, y Dios, que es la unidad, promete darnos parte en su misma unidad.

Os saludo desde Esmirna, juntamente con las Iglesias de Asia, que están aquí conmigo y que me han confortado, tanto en la carne como en el espíritu. Mis cadenas, que llevo por doquier a causa de Cristo mientras no ceso de orar para ser digno de Dios, ellas mismas os exhortan: perseverad en la concordia y en la oración de unos por otros. Conviene que cada uno de vosotros, y en particular los presbíteros, reconfortéis al obispo, honrando así a Dios Padre, a Jesucristo y a los apóstoles.

Deseo que escuchéis con amor mis palabras, no sea que esta carta se convierta en testimonio contra vosotros. No dejéis de orar por mí, pues necesito de vuestro amor ante la misericordia de Dios para ser digno de alcanzar aquella herencia a la que ya me acerco, no sea caso que me consideren indigno de ella.

Os saluda la caridad de los esmirniotas y de los efesios. Acordaos en vuestras oraciones de la Iglesia de Siria, de la que no soy digno de llamarme miembro, porque soy el último de toda la comunidad. Os doy mi adiós en Jesucristo a todos vosotros, los que estáis sumisos a vuestro obispo, según el querer de Dios; someteos también, de manera semejante, al colegio de los presbíteros. Y amaos todos, unos a otros, con un corazón unánime.

Mi espíritu se ofrece como víctima por todos vosotros, y no sólo ahora, sino que se ofrecerá también cuando llegue a la presencia de Dios. Aún estoy expuesto al peligro, pero el Padre es fiel y cumplirá, en Cristo Jesús, mi deseo y el vuestro. Deseo que también vosotros seáis hallados en él sin defecto ni pecado.

RESPONSORIO    2Ts 2, 14-15; Sir 15, 13

R. Dios os convocó por medio del Evangelio para daros la posesión de la gloria de nuestro Señor Jesucristo. * Así pues, manteneos firmes y guardad las enseñanzas que aprendisteis.
V. El Señor odia toda abominación, y también es ésta odiosa para los que lo temen a él.
R. Así pues, manteneos firmes y guardad las enseñanzas que aprendisteis.

ORACIÓN.

OREMOS,
Dios todopoderoso y eterno, que con la magnificencia de tu amor sobrepasas los méritos y aun los deseos de los que te suplican, derrama sobre nosotros tu misericordia, para que libres nuestra conciencia de toda inquietud y nos concedas aun aquello que no nos atrevemos a pedir. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.