Vísperas – Martes XXX Tiempo Ordinario

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: COLUMNAS DE LA IGLESIA, PIEDRAS VIVAS.

¡Columnas de la Iglesia, piedras vivas!
¡Apóstoles de Dios, grito del Verbo!
Benditos vuestros pies, porque han llegado
para anunciar la paz al mundo entero.

De pie en la encrucijada de la vida,
del hombre peregrino y de los pueblos,
lleváis agua de Dios a los cansados,
hambre de Dios lleváis a los hambrientos.

De puerta en puerta va vuestro mensaje,
que es verdad y es amor y es Evangelio.
no temáis, pecadores, que sus manos
son caricias de paz y de consuelo.

Gracias, Señor, que el pan de tu palabra
nos llega por tu amor, pan verdadero;
gracias, Señor, que el pan de vida nueva
nos llega por tu amor, partido y tierno. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas.

Salmo 115 – ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas.

Ant 2. Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve.

Salmo 125 – DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve.

Ant 3. Ya no os llamo siervos, a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN – Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ya no os llamo siervos, a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

LECTURA BREVE   Ef 4, 11-13

Cristo ha constituido a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los fieles, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.

RESPONSORIO BREVE

V. Contad a los pueblos la gloria del Señor.
R. Contad a los pueblos la gloria del Señor.

V. Sus maravillas a todas las naciones.
R. Contad a los pueblos la gloria del Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Contad a los pueblos la gloria del Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel.

PRECES

Hermanos: Edificados sobre el cimiento de los apóstoles, oremos al Padre por su pueblo santo, diciendo:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.

Padre santo, que quisiste que tu Hijo resucitado de entre los muertos se manifestara en primer lugar a los apóstoles,
haz que también nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo.

Padre santo, tú que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Noticia a los pobres,
haz que el Evangelio sea proclamado a toda la creación.

Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la palabra,
haz que, sembrando también tu palabra con nuestro esfuerzo, recojamos sus frutos con alegría.

Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el mundo contigo,
haz que también nosotros cooperemos a la reconciliación de los hombres.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que quisiste que tu Hijo resucitara el primero de entre los muertos,
concede a todos los que son de Cristo resucitar con él, el día de su venida.

Oremos ahora al Padre, como Jesús enseñó a los apóstoles:

Padre nuestro…

ORACION

Dios nuestro, que quisiste que te conociéramos por la predicación de los apóstoles, concédenos, por la intercesión de los santos Simón y Judas, que tu Iglesia siga creciendo en el mundo, acogiendo continuamente en su seno a nuevos pueblos que vengan a la fe en ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Misa de la familia

Domingo 31º Tiempo Ordinario

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS Y CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS

1 y 2 de Noviembre de 2014

 

Para preparar: cintas y coronas de santo; barra adhesiva para pegar las cintas y las coronas; tantas flores de regalo como se vayan a utilizar; una esquela.

1.- Monición de entrada:

Hoy es un día muy especial. Las tiendas de flores lo saben muy bien, pues muchos necesitan expresar su cariño depositando un ramo sobre la lápida de los seres queridos que nos dejaron. Ayer, “Todos los santos del cielo”, hoy “Todos los difuntos”, dos fiestas que en realidad son una sola, pues unos y otros viven con Dios en el cielo. Con nuestro recuerdo cariñoso, les dedicamos este día de fiesta y celebramos junto con ellos su día. Podríamos decir el día de su “cumple-eternidad” con El Padre. Comenzamos puestos en pie con un canto al Señor de todos.

2.- Saludo del sacerdote

Buenos días niños, familiares y amigos. ¿Qué día es hoy y que se suele hacer? (Ir al cementerio,…). Ser santo es tener un corazón bueno con Dios y con los demás. Vamos a pedir en silencio que queremos ser santos y buenos. Y también le pedimos perdón en silencio por las veces que no lo somos

3.- Peticiones de perdón

  • Porque tendríamos que ser mejores contigo. Señor, ten piedad.
  • 
 Porque tendríamos que ser mejores con los demás. Cristo, ten piedad.
  • Porque no te agradecemos suficientemente la vida. Señor, ten piedad.

4.- Monición al Evangelio 


Jesús nos vino a enseñar muchas cosas. Entre ellas, vino a decirnos que nuestro Padre Dios tiene preparada muchas habitaciones en el cielo para nosotros. Es una forma de hablar, pero significa que nos espera para llenarnos de felicidad de una forma misteriosa que no podemos entender bien, pero que supera lo que podamos pensar. Escuchemos las palabras de Jesús.

5.- Evangelio: Jn 14, 1-6

Narrador: Lectura del santo Evangelio según Juan. En aquel tiempo dijo Jesús a los apóstoles:

Jesús: Que no se quede vuestro corazón despistado por la duda: creed en Dios y creed también en Mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones; de lo contrario ya os lo habría dicho, puesto que voy a preparar lugar para vosotros. Cuando me haya ido y os haya preparado el lugar, vendré otra vez y os llevaré junto a Mí, para que donde Yo estoy, estéis vosotros también. Vosotros sabéis ya el camino a donde Yo voy.

Narrador: Tomás le dijo:

Tomás: Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo, pues, podemos saber el camino?

Narrador: Jesús le respondió:

Jesús: Soy Yo el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por Mí.

Narrador: ¡Palabra del Señor!

6.- A los niños:

  • ¿Qué día celebramos Ayer?… ¿Y hoy? 

  • ¿Y qué es ser santo?… (Subrayar el “ser hijo de Dios”, “vivir como hijo de Dios”, “estar lleno de Dios”) 

  • Según eso, ¿se puede ser santo en la tierra?… (Sí cuando vivo como hijo suyo, lleno de Él y de su amor) 

  • ¡Santos somos todos los que vivimos unidos a Dios en familia, como hijos! 

  • ¿Y qué diferencia entre el día de los santos y el de los difuntos?… (Prácticamente es lo mismo. Solamente, que aquí en la tierra podemos alejarnos de Dios como se alejó el Hijo Pródigo) 

  • ¿Cuántos santos hay en esta iglesia?… (Fijarse en las estatuas y en todos los que estamos en la iglesia, que hemos venido como hijos suyos) 

  • A los santos del cielo, les vamos a regalar hoy una flor para felicitarles en su día. (Salen varios niños a colocar las flores) 

  • A los de la tierra, como no hay flores para todos, vamos a felicitar sólo a unos poquitos, en 
representación de todos. Un mayor, uno más joven y unos cuantos pequeñitos. (Se acercan al presbiterio y regalan también una flor) 

  • Pero falta que digáis, qué se les pone a los santos del cielo en la 
cabeza?… (Una corona, que significa que Dios los ha coronado para siempre) 

  • Todos los niños que quieren ser buenos hijos de Dios, podéis 
venir para que os coloquemos una corona. (Se acercan al presbiterio y se les coloca una corona de papel a cada uno) 

  • Nos falta una cosa muy importante. ¿Qué día hemos dicho que 
es hoy? (Todos los difuntos) 

  • Y no les hemos regalado nada. Ellos también están en el cielo 
con Dios y son santos para siempre. Por eso, en su día, les regalamos un fuerte aplauso (Aplauden) 

  • Y también vamos a dar gracias a Dios por ellos, por sus vidas, porque están con Él. 


7.- Oración en silencio

Cerrad los ojos y dadle gracias en silencio… Y ahora, pedidle que un día estemos todos reunidos en el cielo con ellos y con Él. 


8.- A los padres:

No es fácil educar bien a un niño para que asimile la idea de la muerte. La fe nos dice que Jesús nos tiene preparado un sitio, que siempre seremos familia con Él aquí en la tierra como en el cielo. Son ideas importantes que nos deberían ayudar y que tendríamos que saber transmitir. Pero nos cuesta aceptar el mal y la muerte. Un reto para nuestra fe y nuestra vida de relación con Dios… 


9. Ofertorio Una esquela y una corona


Señor: te presentamos esta esquela en representación de todos nuestros seres queridos del cielo. Y una corona, porque representa que están contigo para siempre en el cielo. 


 

10. Peticiones

  • Para que nuestra fe nos ayude a sentir a nuestros seres queridos del cielo, como parte de nuestra familia de la tierra. Roguemos al Señor. 

  • Para que nos ayude Jesús a vivir en familia tanto en la tierra como en el cielo. Roguemos al Señor. 

  • Por todos los que viven y mueren en el abandono, para que Jesús los acoja con todo su amor. Roguemos al Señor. 

  • Para que Jesús nos ayude a aceptar los males. Roguemos al Señor. 

  • Para que siempre seamos buenos hijos de Dios y buenos hermanos. Roguemos al Señor. 


11.- Oración final

Jesús, tú nos enseñas

que para seguir tus pasos

hay que servir a los demás.
Ayúdanos a ser serviciales,

a preocuparnos por los demás,
a vivir pensando en ellos.
Enséñanos a ayudar,

a ser generosos y abiertos,

a estar siempre dispuestos
para echar una mano.
Queremos dar muchos frutos
de buenas acciones.
Queremos ser solidarios

y querer a los demás

con gestos, hechos y actitudes,
no sólo con palabras.
Ayúdanos para que nuestra semilla pueda dar
muchos frutos de cosas buenas.
_______
Padre Bueno, que siempre
escuchas nuestras palabras,
que nos cuidas desde niños
y nos acompañas
a lo largo de nuestra vida,

te pedimos por todos los difuntos.
Acuérdate de ellos en tu Reino,
recíbelos en tus brazos,

muéstrales tu rostro cercano,
condúcelos a la vida que no cesa,

y ayúdales a ser felices en tu presencia.

Flp 3, 20-21

Pablo ha vivido con la comunidad de Filipos un verdadero “idilio” porque, desde el principio, lo acogieron bien y le socorrieron en sus duras necesidades sin hacerle nunca ningún reproche. Pablo contó siempre con la fidelidad de aquella comunidad sencilla, que no tenía ni lugar para reunirse, pero que tenía un gran corazón y una notable generosidad. Pero era, también, una comunidad humana, con sus fallos propios de humanos. Y en ella había gente partidaria de volver a la Ley, cosa que amenazaba con dar al traste con la novedad del mensaje cristiano. Por eso Pablo reaccionará con una dureza que aun hoy nos sorprende: volver a la Ley es volver a la ruina del principio pero en peor situación, una vez experimentada la novedad del Evangelio.

Pablo opone en este texto dos mentalidades: los que andan en la vida “centrados en lo terreno” y quienes son “ciudadanos del cielo”. No alude este “cielo” a un más allá, sino a una espiritualidad, la del Evangelio, que concuerda con el cielo y quien lo habita, Dios que nos ama. Por eso una Ley que alimenta el egoísmo (el “estómago… las vergüenzas”) no es una Ley del cielo, sino de lo más inhumano de la tierra. Ser ciudadano del cielo es funcionar con los criterios y modos de comportamiento de Jesús.

Desde ahí se puede aspirar a una formidable transformación hasta reproducir en la persona “el esplendor de la suya”. Es decir, la persona, más allá de su debilidad, puede llegar a reproducir, mediante el seguimiento del Evangelio, el rostro mismo de Jesús. Esto sobrepasa los límites estrechos de la historia y aspira a una “reproducción” total, en ese ámbito que llamamos bienaventuranza, o cielo.

Y esto es así porque Jesús posee una “energía que le permite incluso someterse el universo”. El principio de amor de Jesús es tan activo que ejerce una transformación social en todo el cosmos. El que nosotros no lo percibamos así no desdibuja el argumento, sino que evidencia nuestra fragilidad creyente, nuestra miopía en la comprensión profunda de la historia.

Así, la “bajeza” de la historia deja de ser tal bajeza, la limitación de las personas pasa más allá sus límites, el cosmos de origen y final marcado tiene voca- ción de plenitud. Mantener viva la utopía de esta plenitud no es un sueño huero, sino que pertenece al núcleo del anhelo cristiano.

Fidel Aizpurúa Donázar

Sab 4, 7-15

El texto en su contexto

El libro de la Sabiduría, en su conjunto, es una reacción desde la fe judía a las propuestas filosóficas de los siglos anteriores al cristianismo. Alejandro Magno había extendido el pensamiento griego a las tierras que conquistaba, de forma que tampoco el judaísmo se libró de su influencia, en muchos corazones perturbadora. El libro de la sabiduría es un libro «judío» y es cristiano, es «canónico» para la Iglesia; pero a su vez recoge el movimiento del pensamiento convulso de aquellos años: ¿cuál es la suerte del «justo» que muere? ¿Cómo responder desde la fe en el Dios creador de nuestros antepasados, a las propuestas de un «alma inmortal» que anuncian los filósofos paganos? Tiempos de creatividad, de diálogo, y a la vez de fidelidad a la fe.

El texto en la historia de la salvación

El libro de la Sabiduría aún no puede hablar de «resurrección»; ni tal como la entendían los fariseos (probablemente este libro nace en torno a Alejandría), ni mucho menos en el sentido cristiano. Sin embargo, el texto argumenta a favor de la acción salvadora de Dios con la persona justa. Con los paganos puede compartir que una persona que muere tempranamente se libra de una vida entendida como «sufrimiento» y «combate»; con algunos filósofos puede compartir que la muerte joven del justo le libra de la seducción del mal; quizá el argumento más cercano a la fe cristiana sea el final del poema: Dios quiere a sus elegidos, que van con él, aunque la gente no lo entienda.

Palabra de Dios para nosotros: sentido y celebración litúrgica

La muerte es el límite más crudo, más universal y más inexplicable; también para los creyentes. El Antiguo Testamento se contenta con apuntar a razones de tipo humano; será necesario el anuncio de la resurrección de Cristo para afianzar la fe en la vida eterna.

Pedro Fraile Yécora

1Jn 3, 1-3

1Jn tiene un problema concreto como telón de fondo: un grupo de notables de la comunidad, gente espiritual, posiblemente relacionada con círculos gnósticos, ha abandonado al grupo porque aspiran a un conocimiento de Dios más sublime que el que viene del pobre camino histórico. Para el autor de esta carta, abandonar esta senda, la historia, es dejar por innecesaria e insensata la muerte de Jesús y empobrecer el horizonte humano. De ahí que anime a pasar por el cauce de la historia como totalmente necesario para lle- gar a la experiencia cristiana.

Para ello emplea en este texto de manera contundente el argumento de la semejanza. Para esos gnósticos, decir que los humanos somos semejantes a Dios es una vulgaridad inaceptable que produce arcadas. Dios es lo sublime, lo otro, lo intocable, lo distinto. Decir en formas tan contundentes que somos hijos (“¡lo somos!) y que lo somos por amor (“qué amor nos ha tenido el Padre”) es algo inaceptable para esos sedicentes espirituales. Y sin embargo, para 1Jn, ahí está el núcleo de lo cristiano: el Padre nos ha hecho hijos por amor y, por ello, al mismo nivel que el Hijo.

El “mundo”, el mecanismo de lo inhumano, lo oscuro del fondo del ser, aquello que resiste al amor, no puede entender esto como tampoco puede entender la maravilla del Evangelio, la entrega de Jesús, su amor ofrecido (“no le conoció a él”). Si no fuera porque se sabe de Jesús, se podría pensar que este argumento de la semejanza es una banalidad del mal gusto. Pero no es así: es, como decimos, el núcleo de la experiencia cristiana, lo que vivimos y lo que esperamos.

Y todo esto a pesar de que la persona está en este lado del decorado, en el camino de la historia. Pero la utopía cristiana olfatea, intuye y formula el anhelo de algo que se manifestará en plenitud en su momento (“aún no se ha manifestado lo que seremos”). Hay otra fase de la vida cristiana, fase de hermosa plenitud, que sabemos que está ahí y que alimenta la certeza de la plenitud. La dureza del camino histórico y el desgarrón de la muerte no son fuerzas suficientes para apear al creyente de esta esperanza.

Este argumento de la seme- janza que lleva a alimentar la esperanza hace la vida del cristiano “pura” (“se hace puro como puro es él”). No hace referencia a purezas rituales o morales sino a la integridad de lo humano en el marco de la limitación histórica. Es decir, las utopías finales de la fe (como la de la semejanza y la plenitud) llevan a acrecentar el caudal de integridad humana y, en definitiva, de amor.

Fidel Aizpurúa Donázar

Comentario al evangelio de hoy (28 de octubre)

      Jesús y Pablo sueñan el mismo sueño. No podía ser de otra manera. Pasa que cada uno lo expresa a su manera. 

      Jesús se siente enviado por Dios, se siente Hijo. Tienen una relación especial con el Padre y entiende que todos, hombres y mujeres de todo el mundo y de todos los tiempos, estamos llamados a formar una sola familia, un sólo reino, una sola nación. Todos en torno a la mesa del Padre. La imagen de las doce tribus de Israel ronda por la cabeza de Jesús. Por eso escoge a doce apóstoles. Son los signos de ese nuevo Israel en el que todos los pueblos tendrán acogida. Son los cimientos del nuevo reino, de la nueva ciudad, de la nueva fundación  por encima de odios y violencias, conformada por la fraternidad, el amor y la justicia para todos, un lugar donde nadie puede estar excluido porque el amor de Dios es para todos. 

      Su sueño se constituye en su misión. Por eso, Jesús no se queda en la contemplación, en el monte, envuelto en su hermoso sueño. Jesús baja al llano, acompañado de sus doce apóstoles y se encuentra con la gente real. Están enfermos. Son pobres, Sufren la injusticia, la violencia gratuita. Necesitan reconciliación, curación, salvación. Jesús se acerca a ellos, los toca, habla con ellos. Su presencia es sanadora, salvadora. Crea esperanza. Da nueva vida en medio del reino de la muerte. Sus apóstoles le siguen. No entienden del todo pero intuyen que en Jesús hay una fuerza misteriosa que no hace daño, que no es terrible, sino que está hecha de amor y ternura. Casi seguro no le han puesto nombre todavía pero están experimentado el amor de Dios hecho humanidad en Jesús. 

      Pablo tiene el mismo sueño. Se ha encontrado con Jesús y siente como él y con él. Su sueño no está poblado de fantasmas. No es una pesadilla. Es el mismo sueño de Dios. Sueña con un mundo sin fronteras en el que nadie es extranjero. Todos son miembros de la familia de Dios y Cristo es la piedra angular. Ahí estamos todos –o deberíamos estar–, colaborando en la construcción de la nueva ciudad, morada de Dios y morada nuestra. 

Fernando Torres Pérez, cmf

Martes XXX del Tiempo Ordinario

Hoy es 28 de octubre, martes de la XXX semana de Tiempo Ordinario, festividad de San Simón y San Judas.

Es el momento de mi encuentro diario contigo, Señor que ves en lo escondido del corazón. Para ello me dispongo y preparo por dentro y por fuera. Busco el silencio. Me pongo cómodo. Echo el freno a las preocupaciones y las prisas de la agenda y de la vida. Ahora te regalo toda mi atención y abro mi ser a tu presencia fiel y gratuita. El Reino de Dios es justicia y paz y alegría en el espíritu.

La lectura de hoy es el evangelio de Lucas (Lc 6, 12-19):

En aquel tiempo, subió Jesús a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles: Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago Alfeo, Simón, apodado el Celotes, Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor. Bajó del monte con ellos y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos.

“Subió Jesús a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios.” Jesús aparece en los evangelios –sobre todo en el de Lucas- orando con frecuencia. Hoy nos dice que pasó la noche orando. Se preparaba así para la importante decisión de elegir a los Doce que le acompañarían y formarían la primera comunidad. Seguramente Jesús pediría al Padre por cada uno de aque­llos que iba a llamar, para que fueran fieles. Y no dedicó sólo un rato para orar, dedicó toda la noche…Y nosotros, ¿con qué frecuencia oramos? ¿Cuánto tiempo dedicamos a orar? Desgraciadamente hay muchos cristianos que no han descubierto el valor de la oración y no sienten necesidad de orar. Y así pasan días y días sin ponerse cara a Dios. Tal vez sólo se acuerdan de Dios en algún momento de apuro. Señor, que descubra el valor de la oración, que para mí sea algo importante. Y que no me escude en que tengo muchas cosas que hacer. Tú estabas muy ocupado, pero para estar con el Padre siempre sacabas tiempo. Y es que cuando uno ama, para estar con el Amado siempre encuentra tiempo.

Hoy celebramos la fiesta de dos de aquellos Doce que eligió el Señor, después de orar: Simón y Judas Tadeo. Además del nombre, poco sabemos de ellos. Pero sí sabemos que –como los demás- escucharon la llamada del Señor a irse con él y estar con él y aprender de él a vivir obrando en todo la voluntad del Padre y el modo de realizar la obra que el Padre le había encomendado. Los Evangelios cuentan que la respuesta de los Apóstoles a la llamada de Jesús fue siempre pronta, y sabemos que le fueron fieles hasta morir por confesar su fe. Y ¿por qué los elegiste, Señor? Sencillamente, porque así te pareció bien. Como todas tus elecciones, fue un acto de amor tuyo no merecido. Ninguno mereció ser elegido. Eran gente sencilla del pueblo. Muchos, pescadores de oficio, de escasa cultura y sin relaciones especiales con personas influyentes. Tampoco en sus virtudes sobresalían. No eran ningunos santos, sino judíos normales, con sus virtudes y sus defectos. De hecho, en el evangelio aparecen con los defectos que cualquiera de nosotros puede tener: cobardes y miedosos en los momentos de peligro, envidiosos a veces, discutiendo entre ellos por ocupar puestos más importantes que los otros… Y siendo así, los llamaste, Señor. Y esos hombres, humanamente muy limitados, después de Pentecostés, empujados por la fuerza del Espíritu Santo, se dieron a recorrer los caminos del mundo para anunciar el Evangelio a todos los hombres… Y es que quien se encuentra contigo y te ama de verdad no puede callar, se siente urgido a proclamar la fe que llena su vida de sentido y felicidad. Señor, ¿por qué muchos cristianos no sienten esa urgencia? Y yo, ¿siento la necesidad de proclamar a todos tu amor?

El recuerdo litúrgico de un apóstol, debe ser motivo de reflexión sobre nuestra fe y una llamada a seguir a Jesús con fidelidad, como lo siguieron los Apóstoles, hasta morir por Cristo y su evangelio. El Señor también nos ha llamado a nosotros para ser de los suyos y continuar su obra salvadora. Señor, gracias, porque gratuitamente me has llamado a formar parte de tu Iglesia; gracias por la fe que recibí de mis mayores a través de una larga cadena de testigos y creyentes. Concédeme la gracia de seguirte con el entusiasmo y la fidelidad de tus apóstoles Simón y Judas. No permitas, Señor, que la antorcha de la fe, que a través de ellos y de tantos otros creyentes ha llagado hasta mí. Que no deje, Señor, que esta antorcha se apague en mis manos, que la pase generosamente a las nuevas generaciones. Y te ruego también por la Iglesia. Que sea un hogar de amor y alegría para este mundo que camina en tinieblas buscando la luz. Que todos encuentren en ella un motivo de esperanza.

La hora de despedirse se acerca. Es el momento de dialogar contigo, confiadamente. Te escucho desde mi corazón sencillo y te presento mis inquietudes e intuiciones. A la luz de lo rezado en estos minutos te dedico la palabra que viene a mis labios. Te la ofrezco Señor.

Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres,
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

Laudes – Martes XXX Tiempo Ordinario

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Ant. Venid, adoremos al Señor, rey de los apóstoles. 

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Himno: VOSOTROS QUE ESCUCHASTEIS LA LLAMADA.

Vosotros, que escuchasteis la llamada
de viva voz que Cristo os dirigía,
abrid nuestro vivir y nuestra alma
al mensaje de amor que él nos envía.

Vosotros, que invitados al banquete
gustasteis el sabor del nuevo vino,
llenad el vaso, del amor que ofrece,
al sediento de Dios en su camino.

Vosotros, que tuvisteis tan gran suerte
de verle dar a muertos nueva vida,
no dejéis que el pecado y que la muerte
nos priven de la vida recibida.

Vosotros, que lo visteis ya glorioso,
hecho Señor de gloria sempiterna,
haced que nuestro amor conozca el gozo
de vivir junto a él la vida eterna. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.

SALMO 62, 2-9 – EL ALMA SEDIENTA DE DIOS

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré de manjares exquisitos,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.

Ant 2. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.

Cántico: TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR – Dn 3, 57-88. 56

Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

No se dice Gloria al Padre.

Ant. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.

Ant 3. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.

Salmo 149 – ALEGRÍA DE LOS SANTOS

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.

LECTURA BREVE   Ef 2, 19-22

Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos del pueblo de Dios y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios por el Espíritu.

RESPONSORIO BREVE

V. Los nombrarás príncipes sobre toda la tierra.
R. Los nombrarás príncipes sobre toda la tierra.

V. Harán memorable tu nombre, Señor.
R. Sobre toda la tierra.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
R. Los nombrarás príncipes sobre toda la tierra.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El muro de la ciudad tenía doce cimientos que llevaban doce nombres: los nombres de los apóstoles del Cordero y su lámpara es el Cordero.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR      Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El muro de la ciudad tenía doce cimientos que llevaban doce nombres: los nombres de los apóstoles del Cordero y su lámpara es el Cordero.

PRECES

Demos gracias a nuestro Padre que está en los cielos, porque por medio de los apóstoles nos ha dado parte en la herencia de los elegidos, y aclamémosle diciendo:

El coro de los apóstoles te alaba, Señor.

Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has dado la mesa de tu cuerpo y de tu sangre:
en ella encontramos nuestra fuerza y nuestra vida.

Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has preparado la mesa de tu palabra:
por ella crecemos en el conocimiento de la verdad y se acrecienta nuestro gozo.

Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles has fundado tu Iglesia:
por ella nos edificas en la unidad de tu pueblo.

Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has dado el bautismo y la penitencia:
por ellos nos purificas de todas nuestras culpas.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Concluyamos nuestra oración con la plegaria que Jesús enseñó a los apóstoles:

Padre nuestro…

ORACION

Dios nuestro, que quisiste que te conociéramos por la predicación de los apóstoles, concédenos, por la intercesión de los santos Simón y Judas, que tu Iglesia siga creciendo en el mundo, acogiendo continuamente en su seno a nuevos pueblos que vengan a la fe en ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Oficio de lecturas – Martes XXX Tiempo Ordinario

SANTOS SIMÓN Y JUDAS, apóstoles. (FIESTA)

El nombre de Simón figura en undécimo lugar en la lista de los apóstoles. Lo único que sabemos de él es que nació en Caná y que se le daba el apodo de «Zelotes». Judas, por sobrenombre Tadeo, es aquel apóstol que en la última cena preguntó al Señor por qué se manifestaba a sus discípulos y no al mundo (Jn 14, 22).

 

OFICIO DE LECTURA 

Si el Oficio de Lectura es la primera oración del día:

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:

Ant. Venid, adoremos al Señor, rey de los apóstoles.


Si antes del Oficio de lectura se ha rezado ya alguna otra Hora:

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.



Himno: MENSAJEROS DE DIOS

Mensajeros de Dios
dadnos la Nueva:
mensajeros de paz,
sea paz nuestra.

Mensajeros de luz,
sea luz nuestra;
mensajeros de fe,
sea fe nuestra.

Mensajeros del Rey,
sea rey nuestro;
mensajeros de amor,
sea amor nuestro. Amén.

SALMODIA

Ant 1. A toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje.

SALMO 18 A – ALABANZA AL DIOS CREADOR DEL UNIVERSO.

El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo murmura.

Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje.

Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale como el esposo de su alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su camino.

Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita llega al otro extremo:
nada se libra de su calor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. A toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje.

Ant 2. Proclamaron la obra de Dios y meditaron sus acciones.

Salmo 63 – SÚPLICA CONTRA LOS ENEMIGOS

Escucha, ¡oh Dios!, la voz de mi lamento,
protege mi vida del terrible enemigo;
escóndeme de la conjura de los perversos
y del motín de los malhechores:

afilan sus lenguas como espadas
y disparan como flechas palabras venenosas,
para herir a escondidas al inocente,
para herirlo por sorpresa y sin riesgo.

Se animan al delito,
calculan cómo esconder trampas,
y dicen: «¿Quién lo descubrirá?»
Inventan maldades y ocultan sus invenciones,
porque su mente y su corazón no tienen fondo.

Pero Dios los acribilla a flechazos,
por sorpresa los cubre de heridas;
su misma lengua los lleva a la ruina,
y los que lo ven menean la cabeza.

Todo el mundo se atemoriza,
proclama la obra de Dios
y medita sus acciones.

El justo se alegra con el Señor,
se refugia en él,
y se felicitan los rectos de corazón.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Proclamaron la obra de Dios y meditaron sus acciones.

Ant 3. Pregonaron su justicia y todos los pueblos contemplaron su gloria.

Salmo 96 – EL SEÑOR ES UN REY MAYOR QUE TODOS LOS DIOSES.

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono.

Delante de él avanza fuego
abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,
y, viéndolos, la tierra se estremece.

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria.

Los que adoran estatuas se sonrojan,
los que ponen su orgullo en los ídolos;
ante él se postran todos los dioses.

Lo oye Sión, y se alegra,
se regocijan las ciudades de Judá
por tus sentencias, Señor;

porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses.

El Señor ama al que aborrece el mal,
protege la vida de sus fieles
y los libra de los malvados.

Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo nombre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Pregonaron su justicia y todos los pueblos contemplaron su gloria.

V. Contaron las alabanzas del Señor y su poder.
R. Y las maravillas que realizó. 

PRIMERA LECTURA

De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4,1-16

SEAMOS IMITADORES DEL APÓSTOL, COMO ÉL IMITA A CRISTO

Hermanos: Que la gente sólo vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora, en un administrador lo que se busca es que sea fiel. Por lo que a mí se refiere, me importa muy poco ser juzgado por vosotros o por cualquier tribunal humano. Ni siquiera yo mismo juzgo mi actuación. Cierto que mi conciencia nada me reprocha, mas no por eso me creo justificado. Mi juez será el Señor. No juzguéis antes de tiempo; dejad que venga el Señor. Él sacará a la luz lo que está oculto en las tinieblas y pondrá al descubierto las intenciones del corazón. Entonces vendrá a cada uno su alabanza de parte de Dios.

Estas verdades, hermanos, las he expuesto por vuestro provecho, aplicándolas a mi persona y a Apolo. Así, por esta aplicación, aprenderéis aquello de: «No más de lo que está escrito», a fin de que nadie se enorgullezca de un apóstol y desprecie a otro. Porque, ¿quién es el que te distingue? ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y, si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido? ¡Ya estáis satisfechos! ¡Os habéis hecho ya ricos! ¡Habéis ganado un reino sin ayuda nuestra! ¡Ya lo podíais haber ganado! ¡Así tendríamos nosotros parte en vuestro reino!

Por lo que veo, Dios nos ha asignado a los apóstoles el último lugar, como a condenados a muerte; porque hemos venido a ser el espectáculo del mundo, de los ángeles y de los hombres. Nosotros somos insensatos por Cristo, vosotros sensatos en Cristo; nosotros débiles, vosotros fuertes; vosotros estimados, nosotros despreciados. Todavía ahora pasamos hambre, sed y desnudez. Somos maltratados y arrojados de una parte a otra, y nos fatigamos trabajando con nuestras manos. Cuando nos maldicen, bendecimos; cuando nos persiguen, soportamos; cuando nos injurian, respondemos con dulzura. Hemos venido a ser hasta ahora como basura del mundo, como el desecho de la humanidad.

No os escribo esto para confundiros, sino para amonestaros como a hijos míos carísimos. Aunque tengáis, en efecto, diez mil maestros que os lleven a Cristo, de hecho sólo tenéis un padre. Yo os engendré para Cristo por la predicación del evangelio.

Os exhorto, pues, a que seáis mis imitadores, como yo imito a Cristo.

RESPONSORIO    Jn 15, 15; Mt 13, 11. 16

R. Ya no os llamaré siervos; os he llamado amigos, * porque todo cuanto me ha comunicado el Padre os lo he dado a conocer.
V. A vosotros ha concedido Dios conocer los misterios del reino de los cielos; dichosos vuestros ojos porque ven, y vuestros oídos porque oyen.
R. Porque todo cuanto me ha comunicado el Padre os lo he dado a conocer.

SEGUNDA LECTURA

Del comentario de san Cirilo de Alejandría, obispo, sobre el evangelio de san Juan
(Libro 12, 1: PG 74, 707-710)

COMO ME ENVIÓ MI PADRE, ASÍ OS ENVÍO YO

Nuestro Señor Jesucristo instituyó a aquellos que habían de ser guías y maestros de todo el mundo y administradores de sus divinos misterios, y les mandó que fueran como astros que iluminaran con su luz no sólo el país de los judíos, sino también a todos los países que hay bajo el sol, a todos los hombres que habitan la tierra entera. Es verdad lo que afirma la Escritura: Nadie se arroga este honor; sólo lo toma aquel que es llamado por Dios. Fue, en efecto, nuestro Señor Jesucristo el que llamó a sus discípulos a la gloria del apostolado, con preferencia a todos los demás.

Aquellos bienaventurados discípulos fueron columnas y fundamento de la verdad; de ellos afirma el Señor que los envía como el Padre lo ha enviado a él, con las cuales palabras, al mismo tiempo que muestra la dignidad del apostolado y la gloria incomparable de la potestad que les ha sido conferida, insinúa también, según parece, cuál ha de ser su estilo de obrar.

En efecto, si el Señor tenía la convicción de que había de enviar a sus discípulos como el Padre lo había enviado a él, era necesario que ellos, que habían de ser imitadores de uno y otro, supieran con qué finalidad el Padre había enviado al Hijo. Por esto, Cristo, exponiendo en diversas ocasiones las características de su propia misión, decía: No he venido a invitar a los justos a que se arrepientan, sino a los pecadores. Y también: He bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino para cumplir la voluntad de aquel que me ha enviado. Dios no ha enviado su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él.

De este modo resume en pocas palabras la regla de conducta de los apóstoles, ya que, al afirmar que los envía como el Padre lo ha enviado a él, les da a entender que su misión consiste en invitar a los pecadores a que se arrepientan y curar a los enfermos de cuerpo y de alma, y que en el ejercicio de su ministerio no han de buscar su voluntad, sino la de aquel que los ha enviado, y que han de salvar al mundo con la doctrina que de él han recibido. Leyendo los Hechos de los apóstoles o los escritos de san Pablo, nos damos cuenta fácilmente del empeño que pusieron los apóstoles en obrar según estas consignas recibidas.

RESPONSORIO    Jn 15, 16. 8

R. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, * un fruto que sea permanente.
V. Mi Padre queda glorificado si dais mucho fruto.
R. Un fruto que sea permanente.

Himno: SEÑOR, DIOS ETERNO

Señor, Dios eterno, alegres te cantamos,
a ti nuestra alabanza,
a ti, Padre del cielo, te aclama la creación.

Postrados ante ti, los ángeles te adoran
y cantan sin cesar:

Santo, santo, santo es el Señor,
Dios del universo;
llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.

A ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles,
la multitud de los profetas te enaltece,
y el ejército glorioso de los mártires te aclama.

A ti la Iglesia santa,
por todos los confines extendida,
con júbilo te adora y canta tu grandeza:

Padre, infinitamente santo,
Hijo eterno, unigénito de Dios,
santo Espíritu de amor y de consuelo.

Oh Cristo, tú eres el Rey de la gloria,
tú el Hijo y Palabra del Padre,
tú el Rey de toda la creación.

Tú, para salvar al hombre,
tomaste la condición de esclavo
en el seno de una virgen.

Tú destruiste la muerte
y abriste a los creyentes las puertas de la gloria.

Tú vives ahora,
inmortal y glorioso, en el reino del Padre.

Tú vendrás algún día,
como juez universal.

Muéstrate, pues, amigo y defensor
de los hombres que salvaste.

Y recíbelos por siempre allá en tu reino,
con tus santos y elegidos.

La parte que sigue puede omitirse, si se cree oportuno.

Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice a tu heredad.

Sé su pastor,
y guíalos por siempre.

Día tras día te bendeciremos
y alabaremos tu nombre por siempre jamás.

Dígnate, Señor,
guardarnos de pecado en este día.

Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.

A ti, Señor, me acojo,
no quede yo nunca defraudado. 

ORACIÓN.

OREMOS,
Dios nuestro, que quisiste que te conociéramos por la predicación de los apóstoles, concédenos, por la intercesión de los santos Simón y Judas, que tu Iglesia siga creciendo en el mundo, acogiendo continuamente en su seno a nuevos pueblos que vengan a la fe en ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.