Homilía fiesta de la Virgen del Pilar

Homilía de la fiesta de la Virgen del Pilar

Homilía de la fiesta de la Virgen del Pilar

HOMILÍA FIESTA DEL PILAR

Empezamos la semana con una fiesta mariana (Nuestra Señora del Rosario) y la terminamos con otra (la Virgen del Pilar). De las muchas advocaciones marianas, ésta, la del Pilar, me resulta particularmente querida. Ya sé que el pilar de nuestra fe, la roca angular, es Cristo Jesús, a pesar de esa canción mariana que habla de la Virgen como la mujer que “es el pilar de nuestra historia, la roca de la fe”. Pero María, con el Espíritu, representa el principio de cohesión de la Iglesia. Os propongo que contemplemos la escena que nos propone la primera lectura de hoy. Según los Hechos de los Apóstoles (1,13-14), la primitiva comunidad cristiana estaba formada por los once apóstoles (Judas se había suicidado), por algunas mujeres que habían seguido al Maestro desde el comienzo, por varios parientes de Jesús y por María, su madre. No se puede decir que fuera un grupo homogéneo. Había hombres y mujeres, personas vinculadas a Jesús por vínculos de sangre y personas invitadas por él a ser sus discípulos. No es fácil dar cohesión a un grupo como ese teniendo en cuenta que Jesús ya no estaba físicamente presente. Y, sin embargo, “todos perseveraban unánimes en la oración”, todos recibieron juntos la efusión del Espíritu.

Está claro que en el grupo hay un jefe. De hecho, es Pedro quien toma la iniciativa de elegir a uno que ocupe el puesto dejado por Judas Iscariote. Con todo, no parece que ese espíritu de cohesión que muestra la comunidad se deba a la autoridad de Pedro sino a la presencia de María. No es la cohesión de un ejército a base de disciplina, sino la unanimidad de una familia en la que la madre es capaz de unir a todos con los lazos del amor. Hay en la primitiva comunidad una presencia mariana sin la cual hubiera sido imposible mantener la unión hasta la venida del Espíritu.

¿Os habéis preguntado por qué en muchos de nuestros pueblos la patrona es lo único indiscutible entre sus habitantes? Cuando se trata de la Virgen María (bajo cualquiera de sus múltiples advocaciones) parece que pasa a un segundo plano ser de derechas o de izquierdas, joven o viejo, incluso creyente o no creyente. María sigue ejerciendo hoy entre nosotros una enorme fuerza de atracción y de cohesión. Es como un imán. Ella es capaz de unir a los que están separados. Es, sencillamente, la madre de la familia. En toda familia, la madre entrega su vida para que todos puedan sentirse en casa. En este sentido, ella es “el pilar”.

Muchas felicidades a las que lleváis este hermoso nombre. Y también a los que vivís en Zaragoza, en Aragón, en España y en todo el mundo hispánico. Disfrutemos cantando juntos a la Madre que nos hace perseverar en la fe.

Gonzalo

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