Carta de catequista a catequista

Querida Teresa: 

Recuerdo nuestra conversación del pasado fin de semana; he estado dando mil vueltas a los temas que salieron y muchos recuerdos saltan a mi memoria. Sé que resultó demasiado rica para el tiempo que tuvimos. Por eso me tienes aquí para retomar contigo algunas ideas por si pueden ser útiles para tu trabajo. Pero sobre todo quiero que te llegue mi cercanía y colaboración. .. Sé que a menudo una lucecita de aquí y de allí permiten ir tejiendo ese Reino invisible todavía. Mi carta es también prueba de lo que siento porque creo en esa realidad de la presencia que nos hace más vivos y cercanos unos a otros a través de no sé qué lazos fraternos que nos fortalecen e iluminan en el caminar. 

Estamos terminando el curso; no te preocupes si no has llegado a plasmar todos tus objetivos, si tienes la impresión de no haber rematado todo lo que te proponías hace unos meses. Es verdad que la gente se dispersa; hasta puede que algún día sientas su vacío y tu soledad. Esto es así; muchas veces lo he vivido en propia carne. Cuando se ha puesto tanto esfuerzo e ilusión es normal que se eche de menos a la gente, e incluso esa misma tensión de animar, preparar, realizar… 

Las vacaciones son tan necesarias y útiles como el curso y, por eso, durante estos meses, seguimos siendo catequistas; lo que ocurre es que la metodología es distinta… Recuerdo a tu grupo hace unos años. ¡Os ibais como un estallido de alegría, como los fuegos artificiales! Se había roto la rutina, la obligación, estabais libres. Y me preguntaba desde dónde llegar a vosotros, cómo sosteneros en vuestro crecimiento, en vuestras ilusiones, en vuestra fe… como tú te planteas ahora. 

Teresa, una de las cosas que te salen muy bien son las cartas; tú tienes una manera de escribir ágil y cercana; realmente sabes comunicarte por escrito: cuentas muchas cosas y les das una vida fuerte; evocas recuerdos de momentos vividos que hacen profundizar en el pasado, dándoles más fuerza de la que tuvieron en su presente, y además van envueltos en una presencia profunda y personal. 

Sí, todos necesitamos sentirnos apoyados por los demás; no quiero decirte la importancia que esto reviste para los jóvenes. Una carta en vacaciones transforma al catequista en un amigo y con él los recuerdos se hacen vida. Créeme, escríbeles, que sepan que son alguien importante para ti. Ábreles al secreto del ocio compartido, a la alegría del descubrimiento de las personas, al gozo de la contemplación de la. naturaleza, a la satisfacción de ir viviendo desde ellos mismos, superando los altibajos del humor y del vacío del capricho conseguido. Tu carta puede ser también un aliciente para leer algún libro, para asistir a algún cursillo, para buscar algún rato de soledad y rezar… Si todos somos sensibles a la gratitud, ¡cuánto más ellos! 

Recuerdo que a veces os mandábamos una fotografía, una fotocopia de algún texto sorprendente… cualquier detalle toma proporciones de acontecimiento durante las vacaciones y luego permite conversar con otra hondura, personalizando mucho más. 

He constatado también que es muy útil comentar algo de lo pasado, de lo vivido juntos a lo largo del curso, tratando de subrayar todo lo positivo, y lanzar algunas pistas de cara al nuevo curso, invitándoles a participar en alguna actividad, ofreciéndoles alguna responsabilidad a su nivel… Esto les hace crecer mucho y dinamiza el nuevo encuentro. 

Gracias por todo el trabajo y el entusiasmo que has puesto en las reuniones este año; gracias por comprometerte tanto en las celebraciones finales. Aprovecha algunos días para el relax, la familia y los amigos, te lo mereces. ¡Suerte en los campamentos! 

Un fuerte abrazo, Mercedes

Josefina Iglesias

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