Reflexión para el día de la Virgen del Carmen

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p style=”text-align:justify;”>Una vez más, saludamos hoy a nuestra Señora, la Virgen del Carmen:



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p style=”text-align:justify;”>Salve, mujer y madre, a Dios rendida.
Salve, dolorosa, ante la cruz postrada.
Hoy te vemos en los cielos ensalzada,
y en la tierra te decimos ‘preferida’.
Hermosa, de gracia llena, de sol vestida,
tu frente está de estrellas coronada.

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p style=”text-align:justify;”>Desciende hasta nosotros, guarnecida
de luz y amor, perlas de la agraciada.
Sea en este día nuestra alborada
un canto de gratitud: ‘Ave, María’

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La luz de Dios y su mensaje en la Biblia


Profeta Zacarías 2, 14-17:

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“Alégrate y salta de júbilo, hija de Sión, que yo vengo a habitar en ti —oráculo del Señor- . Aquel día se incorporarán al Señor muchos pueblos y todos serán pueblo mío, habitaré en medio de ti, y sabrás que el Señor de los ejércitos me ha enviado a ti 
.

El Señor tomará a Judá como lote suyo en la tierra santa y volverá a escoger a Jerusalén.

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p style=”text-align:justify;”>¡Haced todos silencio ante el Señor, que se levanta en su santa morada!”



Evangelio según san Mateo 12, 46-50:

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“Un día, mientras Jesús hablaba a la muchedumbre, su madre y sus hermanos estaban fuera y pretendían hablarle. Alguien le dijo: Tu madre y tus hermanos están fuera y desean hablarte.

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Él, respondiendo, dijo al que le hablaba: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Y, extendiendo su mano sobre sus discípulos, dijo: He aquí a mi madre y mis hermanos. Porque quienquiera que hiciere la voluntad de mi Padre, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre”.




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p style=”text-align:justify;”>Reflexión para este día


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p style=”text-align:justify;”>Júbilo de Jerusalén y del Carmelo. 


¿Qué canta y a quién canta el profeta Zacarías, en el siglo VI antes de Cristo? Canta, de entrada, la gloria de la ciudad de Jerusalén cuyo templo se afana en restaurar.

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Él se imagina que, bajo la mano protectora de Yhavé, los israelitas y otros pueblos se llenarán de júbilo al poder celebrar nuevamente días de culto y fiesta. Para ello se prepara la que es amada y mimada de Yhavé, la ciudad de Jerusalén. 



Pues bien, nosotros, por similitud con la alegría de la Ciudad, cuando celebramos la fiesta de María, Madre de Dios, bajo cualquier advocación, cantamos salmos de júbilo y alabanza porque, en nuestra historia, una mujer, tomada de entre nosotros, se engalanó para recibir el gran misterio de la Encarnación del Hijo de Dios.

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El Carmelo que se cubre de flores el símbolo de esa realidad. María es la gloria de la humanidad. Sólo ella es Madre de Dios. Al recordarlo humildemente, con júbilo, escuchamos las palabras de Jesús que enaltece la fe de cuantos espiritualmente se hacen un poco madres y hermanas de todos los redimidos. María, dicen los santos Padres, concibió a Jesús antes con la fe que en su seno. María creyó y luego fue madre.

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