Vísperas – Lunes XVIII de Tiempo Ordinario

SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO, obispo y doctor de la Iglesia. (MEMORIA)

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: VERBO DE DIOS, ETERNA LUZ DIVINA.

Verbo de Dios, eterna luz divina,
fuente eternal de toda verdad pura,
gloria de Dios, que el cosmos ilumina,
antorcha toda luz en noche oscura.

Palabra eternamente pronunciada
en la mente del Padre, ¡oh regocijo!,
que en el tiempo a los hombres nos fue dada
en el seno de Virgen, hecha Hijo.

Las tinieblas de muerte y de pecado,
en que yacía el hombre, así vencido,
su verdad y su luz han disipado,
con su vida y su muerte ha redimido.

Con destellos de luz que Dios envía,
no dejéis de brillar, faros divinos;
de los hombres y pueblos sed su guía,
proclamad la verdad en los caminos. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Eres el más bello de los hombres, en tus labios se derrama la gracia.

Salmo 44 I – LAS NUPCIAS DEL REY.

Me brota del corazón un poema bello,
recito mis versos a un rey;
mi lengua es ágil pluma de escribano.

Eres el más bello de los hombres,
en tus labios se derrama la gracia,
el Señor te bendice eternamente.

Cíñete al flanco la espada, valiente:
es tu gala y tu orgullo;
cabalga victorioso por la verdad y la justicia,
tu diestra te enseñe a realizar proezas.
Tus flechas son agudas, los pueblos se te rinden,
se acobardan los enemigos del rey.

Tu trono, ¡oh Dios!, permanece para siempre;
cetro de rectitud es tu cetro real;
has amado la justicia y odiado la impiedad:
por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido
con aceite de júbilo entre todos tus compañeros.

A mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos,
desde los palacios de marfiles te deleitan las arpas.
Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina
enjoyada con oro de Ofir.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Eres el más bello de los hombres, en tus labios se derrama la gracia.

Ant 2. Llega el esposo, salid a recibirlo.

Salmo 44 II

Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna:
prendado está el rey de tu belleza,
póstrate ante él, que él es tu señor.
La ciudad de Tiro viene con regalos,
los pueblos más ricos buscan tu favor.

Ya entra la princesa, bellísima,
vestida de perlas y brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,
la siguen sus compañeras:
las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real.

«A cambio de tus padres tendrás hijos,
que nombrarás príncipes por toda la tierra.»

Quiero hacer memorable tu nombre
por generaciones y generaciones,
y los pueblos te alabarán
por los siglos de los siglos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Llega el esposo, salid a recibirlo.

Ant 3. Dios proyectó hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, cuando llegase el momento culminante.

Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN – Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dios proyectó hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, cuando llegase el momento culminante.

LECTURA BREVE St 3, 17-18

La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz; y su fruto es la justicia.

RESPONSORIO BREVE

V. En la asamblea le da la palabra.
R. En la asamblea le da la palabra.

V. Lo llena de espíritu, sabiduría e inteligencia.
R. Le da la palabra.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En la asamblea le da la palabra.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Oh doctor admirable, luz de la Iglesia santa, san Antonio de Padua, fiel cumplidor de la ley, ruega por nosotros al Hijo de Dios.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Oh doctor admirable, luz de la Iglesia santa, san Antonio de Padua, fiel cumplidor de la ley, ruega por nosotros al Hijo de Dios.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo:

Salva a tu pueblo, Señor.

Tú que por medio de pastores santos y eximios has glorificado a tu Iglesia,
haz que todos los cristianos resplandezcan por su virtud.

Tú que por la oración de los santos pastores, que a semejanza de Moisés oraban por el pueblo, perdonaste los pecados de tus fieles,
purifica y santifica también ahora a la santa Iglesia por la intercesión de los santos.

Tú que de entre los fieles elegiste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los consagraste como ministros en bien de sus hermanos,
llena también de tu Espíritu a todos los pastores del pueblo de Dios.

Tú que fuiste la heredad de los santos pastores,
no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre viva alejado de ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que por medio de los pastores de la Iglesia das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano,
salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.

Digamos juntos la oración que Cristo nos enseñó como modelo de toda oración:

Padre nuestro…

ORACION

Dios nuestro, que propones constantemente a tu Iglesia nuevos modelos de vida cristiana, apropiados a todas las circunstancias en que puedan vivir tus hijos, concédenos imitar el celo apostólico que desplegó el santo obispo Alfonso María de Ligorio por la salvación de sus hermanos, para que, como él, lleguemos también a recibir el premio reservado a tus servidores fieles. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio Divina – 1 de agosto

Lectio: Lunes, 1 Agosto, 2016
Tiempo Ordinario
 
1) Oración inicial
Ven, Señor, en ayuda de tus hijos; derrama tu bondad inagotable sobre los que te suplican, y renueva y protege la obra de tus manos en favor de los que te alaban como creador y como guía. Por nuestro Señor.
 
2) Lectura
Del santo Evangelio según Mateo 14,13-21

Al oírlo Jesús, se retiró de allí en una barca, aparte, a un lugar solitario. En cuanto lo supieron las gentes, le siguieron a pie de las ciudades. Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos.
Al atardecer se le acercaron los discípulos diciendo: «El lugar está deshabitado, y la hora es ya pasada. Despide, pues, a la gente, para que vayan a los pueblos y se compren comida.» Mas Jesús les dijo: «No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer.» Dícenle ellos: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces.» Él dijo: «Traédmelos acá.» Y ordenó a la gente reclinarse sobre la hierba; tomó luego los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiéndolos, dio los panes a los discípulos y los discípulos a la gente. Comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos. Y los que habían comido eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.
3) Reflexión
• El cap. 14 de Mateo, que incluye el relato de la multiplicación de los panes, propone un itinerario que conduce al lector al descubrimiento progresivo de la fe en Jesús: va desde la falta de fe por parte de los paisanos de Jesús al reconocimiento del Hijo de Dios pasando por el don del pan. Los conciudadanos de Jesús están maravillados por su sabiduría, pero no comprenden que ésta actúa a través de sus obras. Teniendo incluso un conocimiento directo de la familia de Jesús, de su madre, hermanos y hermanas, no acaban de aceptar en Jesús sino su condición humana solamente: es el hijo del carpintero. Incomprendido en su patria, de ahora en adelante Jesús vivirá en medio de su pueblo al que dedicará toda su atención y solidaridad, curando y alimentando a las multitudes.

• Dinámica de la narración. Mateo narra acuradamente el episodio de la multiplicación del pan. El episodio está recluido entre dos expresiones de transición en las que se dice que Jesús se retira “aparte” de las muchedumbres, de los discípulos, de la barca (vv.13-14; vv.22-23). El v.13 no sólo sirve como transición sino que ofrece el motivo por el que Jesús se halla en un lugar desierto. Esta estrategia sirve para concretar el ambiente en el que tiene lugar el milagro. El evangelista centra el relato en la muchedumbre y en la actitud de Jesús respecto a la misma.
• Jesús se conmueve en su interior. En el momento en que llega, Jesús se encuentra con una muchedumbre que lo espera; al ver a las muchedumbres se conmueve y cura a sus enfermos. Es una muchedumbre “cansaba y abatida como ovejas sin pastor” (9,36; 20,34) El verbo que expresa la compasión de Jesús es verdaderamente expresivo: a Jesús “se le hace pedazos el corazón”; corresponde al verbo hebreo que expresa el amor visceral de la madre. Es el mismo sentimiento que tuvo Jesús ante la tumba de Lázaro (Jn 11,38). La compasión es el aspecto subjetivo de la experiencia de Jesús, que se hace efectiva con el don del pan.
• El don del pan. El relato de la multiplicación de los panes se abre con una expresión, “al atardecer” (v.15) que también introduce el relato de la última cena (Mt 26,20) y el de la sepultura de Jesús (Mt 27,57). Por la tarde, pues, invita Jesús a los apóstoles a dar de comer a la multitud. En medio del desierto lejano de las aldeas y de las ciudades. Jesús y los discípulos se hallan ante un problema humano muy fuerte: dar de comer a la numerosa multitud que sigue a Jesús. Pero ellos no pueden abastecer las necesidades materiales de la muchedumbre sin el poder de Jesús. Su inmediata respuesta es mandarlos a casa. Ante los límites humanos, Jesús interviene y realiza el milagro saciando a todos los que lo siguen. Dar de comer es aquí la respuesta de Jesús, de su corazón que se hace pedazos ante una necesidad humana muy concreta. El don del pan no sólo es suficiente para saciar a la multitud, sino que es tan abundante que hay que recoger las sobras. En el v.19b aparece que Mateo dio un significado eucarístico al episodio de la multiplicación de los panes: “y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiendo los panes, se los dio a los discípulos”; el papel de los discípulos también queda muy evidente en la función de mediación entre Jesús y la multitud: “y los discípulos lo distribuyeron a la gente” (v.19c). Los gestos que acompañan al milagro son idénticos a los que Jesús adoptará más tarde en la “noche en que fue entregado”: levanta los ojos, bendice el pan, lo parte. De aquí se deduce el valor simbólico del milagro: puede considerarse una anticipación de la eucaristía. Además, dar de comer a la multitud por parte de Jesús es un “signo” de que él es el mesías y de que prepara un banquete de fiesta para toda la humanidad. De Jesús, que distribuye los panes, aprenden los discípulos el valor del compartir. Es un gesto simbólico que contiene un hecho real que va más allá del episodio mismo y se proyecta hacia el futuro: el don de nuestra eucaristía diaria, en la que revivimos aquel gesto del pan partido, es necesario que sea reiterado a lo largo de la jornada.
 
4) Para la reflexión personal
• ¿Te esfuerzas por realizar gestos de solidaridad hacia los que están cerca de tí compartiendo el camino de la vida? Ante los problemas concretos de tus amigos o parientes, ¿sabes ofrecer tu ayuda y tu disponibilidad a colaborar para encontrar vías de solución?

• Jesús, antes de partir el pan, eleva los ojos al cielo: ¿sabes tú dar gracias al Señor por el don diario del pan? ¿Sabes compartir tus bienes con los demás, especialmente con los pobres?
 
5) Oración final
Aléjame del camino de la mentira

y dame la gracia de tu ley.
No apartes de mi boca la palabra veraz,
pues tengo esperanza en tus mandamientos. (Sal 119,29.43)

¿Quién es más raro?

El Ojo dijo un día: -Más allá de estos valles, veo una gran montaña velada por la niebla azul ¿no es hermosa? 

Y el Oído se puso a escuchar atentamente y dijo: -¿Dónde está esa montaña? ¡Yo no la oigo! La Mano dijo entonces: -En vano trato de tocarla o palparla y no encuentro montaña alguna. La Nariz dijo: -¡No hay ninguna montaña, yo no puedo olerla! 

Y cuando el Ojo se cerró a descansar todos murmuraban preocupados: -A este ojo debe pasarle algo raro…

¿Quién es más raro en la vida? ¿El que ve más allá de lo que la masa ve? ¿El que capta con más profundidad la vida? ¿O el que sólo siente, capta y ve lo superficial? ¿Quién es más raro y debe preocupar más? 

El campamento: una ocasión privilegiada para captar, sentir y ver la creación con mirada más profunda.

El joven rico en clave veraniega

Si quieres ser feliz durante una hora, haz la siesta;
durante un día, vete a pescar; durante un mes, cásate;
durante un año, recibe una herencia; durante toda la vida, ayuda a alguien.
…Ah, y durante este verano, lee con atención el siguiente texto:

Un joven, con la mochila a cuestas y con la felicidad estampada en su rostro (señal inequívoca de final de curso y comienzo de las vacaciones), se encontró con Jesús, y le preguntó:

–Maestro, ¿qué debo hacer para pasar un verano inolvidable, unas vacaciones de ensueño?

Jesús le contestó:

–Bueno, ya sabes, saca el bono de la piscina, apúntate a la autoescuela, programa un fin de semana en alguna casa rural con los amigos, busca en Internet alguna ganga para conocer mundo, manda el currículum a algún chiringuito de la costa, y así “matas dos pájaros de un tiro”: de día te sacas  un dinero y el resto, playa y fiesta…

El joven, atentísimo a los consejos del Señor, no pudo dejarle terminar y…

–Maestro, todo eso lo tengo.

Y nuestro protagonista empezó a sacar de la mochila papeles de propaganda y páginas de Internet que, con toda seguridad, había estado recopilando durante los últimos días de curso… Una vez que el joven había mostrado «con pelos y señales” su programación veraniega, volvió al ataque, y está vez dijo al Señor:

–Es verdad que todo eso que me dices lo tengo… Sin embargo, también el año pasado y el anterior y hace tres lo tuve y…

El Señor lo miró fijamente con cariño y le dijo:

–Y no fuiste muy feliz, ¿verdad?

Y agarrándole del hombro se volvió a dirigir al joven con estas palabras:

–Una cosa te falta: si quieres pasar unas vacaciones que no podrás olvidar jamás, olvídate de la piscina, de la casa rural, de la playa, de la montaña… Luego ven y sígueme… ¡Atrévete a veranear a mi lado! ¡No te arrepentirás!

Ante estas palabras, el joven… 

[Amiga, amigo, te toca a ti ponerle un final. Marca la X en el lugar que desees, sin olvidar que de tu elección dependerá el grado de felicidad que alcances durante este verano:]

• El joven se fue muy triste y, aunque se lo pensó dos veces, al final, “qué dirían mis colegas,” se decidió por un verano similar al anterior: piscina, sol, rolletes de fin de semana, fiestas hasta la madrugada y resacas hasta el atardecer.

• El joven se quedó al lado del Señor y, en no más de diez minutos (es el momento, sí tú quieres, de programar tus vacaciones al lado del Señor) idearon la forma de pasar unas vacaciones de ensueño: una experiencia de ayuda desinteresada, unas clases particulares gratis (dad gratis lo que habéis recibido gratis), un campamento para pasarlo bien y conocer más a Jesús, unos días en un monasterio para descansar, orar y “recargar las pilas,” hacer de monitor para chicos más pequeños…

José María Escudero

Amoris laetitia – Francisco I

69. «San Juan Pablo II dedicó especial atención a la familia mediante sus catequesis sobre el amor humano, la Carta a las familias Gratissimam sane y sobre todo con la Exhortación apostólica Familiaris consortio. En esos documentos, el Pontífice definió a la familia “vía de la Iglesia”; ofreció una visión de conjunto sobre la vocación al amor del hombre y la mujer; propuso las líneas fundamentales para la pastoral de la familia y para la presencia de la familia en la sociedad. En particular, tratando de la caridad conyugal (cf. Familiaris consortio, 13), describió el modo cómo los cónyuges, en su mutuo amor, reciben el don del Espíritu de Cristo y viven su llamada a la santidad»[61].


[61] Relatio synodi 2014, 18.

Homilía – Domingo XIX de Tiempo Ordinario

Vivimos en un mundo con adelantos maravillosos y con conquistas notables en valores humanos. Demos gracias. ¿Por qué andar siempre llorando y lamentándose? Pero también es un mundo que nos aturde con ruidos e interferencias, discursos vacíos y mensajes contradictorios. Este ambiente tan cargado arroja a veces a las personas a una especie de somnolencia, modorra o embotamiento de la mente. Nos falta lucidez, pista, horizonte, orientación…para situarnos en medio de un ambiente enrarecido y a veces confuso. Es muy pertinente el consejo bíblico: “Es hora de despertar del sueño”. 

Los estudiosos de la Biblia hablan de tres grupos de parábolas en los evangelios. El primero, como la del grano de mostaza, habla de los orígenes humildes del Reino de Dios. Cómo Dios va haciendo su obra en nuestra vida incluso sin que nos demos cuenta. El segundo, como la parábola llamada del “hijo pródigo”, nos habla de la gratuidad del Reino de Dios, de cómo la salvación es don y gracia, cosa que no soporta el hijo mayor, pegado a los méritos y a los derechos. Y el tercero, como la parábola de los talentos o de las diez vírgenes, o el texto del ladrón que atraca de improviso, constituye una invitación a la vigilancia y la responsabilidad, para que nadie abuse de la gratuidad o la bondad de Dios. El texto evangélico de hoy invita a la vigilancia y la responsabilidad en el servicio. 

La llegada fulgurante del Señor en nuestra vida se ha asociado con frecuencia en la catequesis y en la espiritualidad con la muerte que en cualquier momento nos puede sorprender. Por eso nuestros mayores insistían tanto en estar preparados para una buena muerte. No es consejo desdeñable. Pero la venida y la intervención del Señor en nuestra vida no acontece solo ni principalmente en el momento de la muerte. Acontece constantemente en la vida de las personas y de la comunidad. Es importante sobre todo estar vigilantes y preparados para llevar una “vida buena”, responsable y servicial, acorde con los dones y talentos que hemos recibido, acorde con la fe y el evangelio que profesamos. Dios no cesa de ofrecernos gracia y salvación. Pero la verdadera gracia es una gracia “cara”, exige respuesta, exige responsabilidad. Esta es la invitación a la que apunta el texto evangélico de este domingo. 

¿Cómo ejercitarse en la vigilancia y la responsabilidad? Hay tres ejercitaciones que los cristianos hemos de cultivar para mantenernos lúcidos, responsables, colaboradores en la obra de Dios en este mundo. En primer lugar, es preciso ejercitarse en la oración y en la dimensión contemplativa, para indagar lo que Dios quiere de nosotros. En segundo lugar, es preciso hacer una lectura creyente de los signos de los tiempos o de los acontecimientos. A esto se ha llamado “mística de ojos abiertos” o ver la mano de Dios en todo lo que acontece. En tercer lugar, es preciso hacerse ayudar de la comunidad. No somos tan lúcidos como para bastarnos a nosotros mismos. Hay que contar con el discernimiento comunitario. 

Felicísimo Martínez Díez, O.P. 

Lc 12, 32-48 (Evangelio Domingo XIX de Tiempo Ordinario)

Un conjunto de enseñanzas procedentes de diversas tradiciones, sin una aparente conexión, desarrollan una serie de exhortaciones dirigidas a los discípulos, en medio de la gente. Son indicaciones de carácter ético y didáctico, teniendo en el horizonte a la comunidad post-pascual. 

Los primeros versículos del texto de este domingo son una invitación a la confianza en Dios, liberándose de las preocupaciones materiales, y una llamada a poner en el centro la preocupación por el Reino. La imagen del «pequeño rebaño» evoca la figura de Dios en medio de su pueblo. El consuelo que ofrece se muestra en forma de promesa salvífica: Dios les ha hecho destinatarios del bien más preciado: su Reino. 

En esta perspectiva, concluye con unas palabras en torno a la riqueza. El verdadero tesoro es el Reino de Dios. De ahí la preocupación auténtica del discípulo: hacerse rico en buenas obras para tener un gran “capital” atesorado junto a Dios. Se trata de renunciar a las riquezas, para centrar la propia existencia (dónde ponemos el corazón) en la órbita del amor fraterno vivido en comunidad. 

La segunda parte del texto cambia de argumento. Con la mirada puesta en la venida definitiva del Hijo del hombre, se ofrece una exhortación a la vigilancia en la espera: «Estad preparados porque a la hora que menos penséis vendrá el Hijo del hombre». Varias parábolas, distribuidas en dos secciones, más una conclusión, conforman esta unidad. 

Las dos primeras parábolas invitan a la vigilancia: los criados que esperan el regreso de su amo ante la incerteza del momento; el señor de la casa que desconoce cuándo vendrá el ladrón. En el centro un doble “macarismo” («bienaventurados…»), que anuncia una sorprendente recompensa: el señor de la casa se pondrá a servir a los criados. 

«Tener ceñida la cintura y encendida la lámpara» es una invitación a una vigilancia activa. No basta con esperar en la noche: es preciso prepararse para lo que está por llegar. El peso, en la primera parábola, recae sobre el criado, con el que se identifican los oyentes («vosotros», enfatizado): si el señor le encuentra vigilante, recibirá su recompensa. La fuerza del argumento está en la promesa de felicidad: el señor que llega en la noche se pondrá a servirles. 

La parábola del ladrón incide en el tema de la incerteza del momento: estar vigilantes ante un evento imprevisto; vigilar para estar preparados ante lo inesperado de la venida del Hijo del hombre. La imagen cambia, pero la enseñanza es la misma. Ante este evento se impone una actitud en el creyente: la vigilancia condiciona toda su existencia y unifica todos los actos de la vida. 

Una pregunta de Pedro interrumpe el discurso. Ahora los destinatarios preferentes de las palabras de Jesús son los responsables de la comunidad. En el mismo contexto de la espera, ante la llegada imprevista del Hijo del hombre, les exhorta a ser responsables con la tarea recibida: servir a la comunidad. Quien actúa así será considerado dichoso; quien, ante la tardanza, traiciona el encargo, será castigado. 

Finaliza el texto con un logion de carácter sapiencial, a modo de conclusión general a la sección sobre la vigilancia. Dios pedirá mucho a quien ha recibido mucho. Hasta la venida del Hijo del hombre, la vigilancia exige estar atentos, sensibles, disponibles a cumplir la voluntad de Dios, en el momento presente; poner los dones recibidos al servicio de la comunidad eclesial. 

Óscar de la Fuente de la Fuente

Heb 11, 1-2. 8-19 (2ª lectura Domingo XIX de Tiempo Ordinario

El enorme esfuerzo de reinterpretación que hace Hebreos del sacerdocio existencial de Jesús apunta a la revitalización de una comunidad, ya en tan tempranos inicios, cansada y amenazada de rutina. Da la impresión de que nada resulta evocador para ella y se ha llegado a un evidente empobrecimiento y desesperanza. Quiere el autor ofrecer una clave de lectura de los acontecimientos desde una perspectiva alternativa a la rutina.

Para ello hará una relectura de una serie de personajes del AT desde la certeza de que el motor de su vida y el sostén de su caminar ha sido la fe en la promesa de Dios de una nueva ciudad (11,10). No puede situarse tal ciudad en lo extrahistórico porque eso difícilmente ayudaría a reavivar el camino de hoy. Esa “ciudad” es la vida entendida desde el Evangelio, la “ciudad de los seres humanos” de la que hablarán luego los monjes del desierto, la nueva sociedad, la de las relaciones humanizadoras, la fase de ahora del reinado de Dios. Esa es “la fe de los antiguos” quienes, a su manera, establecieron un tipo de vida de calidad relacional, más allá de sus limitaciones. 

Así se entiende la trayectoria de Abrahán, su salida, su llamada, su peregrinar mientras esperaba “la ciudad de sólidos cimientos” que él mismo empezó a construir con su propio clan tratando de conformarlo al deseo salvador de Dios. Una ciudad cuyo “arquitecto era Dios”, pero que se hacía palpable en la colaboración creyente del patriarca. Construir con Dios porque, como decía el Evangelio “con Dios todo es posible” (Lc 1,37). 

Lo mismo dirá más delante de la fe que subyace al mítico relato de la ofrenda de Isaac: si hizo la ofrenda es porque sabía que Dios puede “resucitar muertos”, que hay caminos de vida en lo que nos parece muerte. De ahí que entendiera lo de su hijo como un camino de descubrimiento de vida, no como un camino de muerte. Tan seguro estaba de que Dios amaba su vida y la de su hijo. 

Por su parte, y por encima de cualquier limitación física, Sara «fundó un linaje…del que nacieron hijos numerosos como las estrellas del cielo». La fecundidad ha sido posible porque «juzgó digno de fe al que se lo prometía». Y ella colaboró activamente con esa empresa. Y la cosa resultó. Una fe activa es la que puede llevar a planteamientos nuevos. La desidia, la rutina, el refugio en lo establecido son realidades que llevan al empobrecimiento por más que se los disfrace a estos de fidelidad. 

El logro pleno no acompañó a estos caminos de historia y de fe. Solamente «lo saludaron de lejos». Pero, en parte, lo vivieron y disfrutaron por lo que creyeron que ese camino podía arribar a la meta. Eso fue lo que dio alegría y sentido a su vida. Y mal que bien, llenaron su medida de dicha, y su “peregrinaje” en la tierra fue lenguaje de que aquella era la casa que Dios les daba, aunque ahora vivieran en ella en modos limitados y en el anhelo soñara la posibilidad de vivirla en modos plenos. 

Por eso, la patria que buscaban era ciertamente “la del cielo”, la de la plenitud. Pero ellos entendieron a su manera que la construcción de la patria de aquí, limitada, tenía que ver con la de allí, ilimitada. Su imaginario religioso no les permitía fundir ambas patrias. Pero la espiritualidad del reino que Jesús vive y propone sí permite esa fusión. De ahí que la construcción de la ciudad del ahora, camino de la de después, es la gran tarea de la fe que puede revitalizar un cristianismo excesivamente volcado al fuera de las realidades históricas. 

Fidel Aizpurúa Donázar

San 18, 6-9 (1ª lectura Domingo XIX de Tiempo Ordinario)

El libro de la Sabiduría (último de los escritos del Antiguo Testamento, y contemporáneo quizás de algunos escritos del Nuevo), está compuesto por tres partes bien diferenciadas. En la primera reflexiona sobre las relaciones entre la «sabiduría» y la «justicia»; en la segunda encontramos un «elogio de la sabiduría», y en la tercera un amplio desarrollo sobre el éxodo, en el que Dios manifiesta así no solo su poder, sino también su sabiduría. 

Los tiempos en que el autor escribe son muy difíciles, pues el judaísmo tradicional lucha por hacerse un hueco con identidad propia ante el potencial del helenismo, la filosofía griega que ha irrumpido y amenaza con reducir el judaísmo a su mínima expresión. Son tiempos de creación en la fidelidad; de mantener la identidad judía sin dejarse absorber ni por los tradicionalistas de su mismo credo ni por la relajación que se abandona en manos de los griegos. Por otra parte aún no se ha solucionado de forma satisfactoria ni la suerte de los inocentes ante la victoria de los culpables, ni la suerte de los difuntos. 

En un repaso de la historia de Israel, recordando las gestas de YHWH, el autor se detiene en la liberación de Egipto. Para los egipcios, idólatras, noche trágica. Para los israelitas, hombres piadosos, que pertenecen a un «pueblo justo», noche en que se revela que Dios está con ellos. Es el triunfo de la libertad sobre la esclavitud; de la solidaridad sobre el individualismo, de la fe en Dios sobre los ídolos. Recuerda la noche histórica de la Pascua, cuando Dios intervino por medio del ángel («con una misma acción»), lo que supuso castigo para los egipcios («perdición de los culpables») y resultó ser liberación para los israelitas («salvación para los inocentes»). En esta relectura de la historia, el pueblo escucha cómo Dios nunca les ha abandonado; pero a su vez insisten en las prácticas piadosas y esperanzadas de quienes aún seguían esclavos esperando la liberación. 

Esta noche de salvación no vino de improviso sino que se les anunció de antemano para que mantuviesen firme la confianza en las promesas. La fe judía, como la cristiana, se fundamenta en que Dios promete y actúa. La salvación de Dios se realiza en la historia, se cumple; pero no es «mecánica», no sigue leyes humanas de «acción-reacción». Hay que esperar, hay que estar abiertos al futuro, hay que poner los ojos en Dios. 

Pedro Fraile Yécora 

Comentario al evangelio (1 de agosto)

      Tengo la sensación de que me repito en estos comentarios. Pero es que el Evangelio está ahí y no es posible hablar de otra cosa sino de lo que hace y dice Jesús. En el texto de este día aparece esta frase que nos dice muchísimo de quién era Jesús y de cómo sentía y actuaba: “vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos.”

      Es así de sencillo. A Jesús no le van las disquisiciones doctrinales. O le van muy poco. O no le van nada. A Jesús lo que le importa es la gente. Son las personas. No pone condiciones. No pide certificados. No les hace pasar por un proceso de catequesis. No les exige un determinado comportamiento. Nada de eso. 

      Simplemente, Jesús levanta los ojos y ve delante de él personas que sufren. Nada más. Eso es suficiente. No hace más título que el del sufrimiento para merecer la atención de Jesús. 

      Quizá se nos haya ocurrido pensar que todos aquellos que buscaban a Jesús lo hacían por puro interés. Habían oído que curaba a la gente, que hacía milagros. No estaban pensando en convertirse de su mala vida. No pensaban e seguirle al estilo de los discípulos. Si me apuran, su mensaje del reino de Dios les daba lo mismo. Ellos sólo sentían el dolor que padecían, el sufrimiento que les atenazaba, la soledad que inundaba sus vidas. Y veían que Jesús les podía solucionar esos problemas. Su interés, podemos decirlo, era muy egoísta. 

      Pero nada de eso hacía que Jesús los rechazase. Bastaba con ver su dolor, su soledad, su sufrimiento, para que sintiese lástima de ellos. 

      Jesús se siente de tal modo solidario con esa multitud que termina dándoles de comer. Desde un cierto punto de vista el suyo no fue un milagro muy productivo. ¡Sólo les solucionó la comida de un día! Pero Jesús no pretendía solucionar los problemas de sus vidas para siempre. Simplemente, veía la necesidad delante y trataba de poner remedio. Sin condiciones. 

      Ahí vemos lo que siente Dios por nosotros. Porque Jesús es el primer testigo de Dios. Dios es el que nos ama sin condiciones. Da lo mismo lo que hayamos hecho. Dios se siente tocado por nuestro dolor. Y un Padre no quiere que sus hijos sufran. De ninguna manera. Por ninguna razón. Y sufre cuando los ve sufriendo. 

      Ojalá tuviésemos nosotros los mismos sentimientos que tenía Jesús, que tiene Dios. Ojalá que, cuando pase frente a nosotros un hermano o hermana que sufren, pensemos inmediatamente en qué podemos hacer. Sin ponerle condiciones, sin que tenga que ser necesariamente de los nuestros, sin pedirle que antes se convierta. Simplemente porque es hermano nuestro.  Entonces empezaríamos a ser mejores discípulos de Jesús. Mejores hijos del Padre.

Fernando Torres, cmf