Vísperas – Miércoles XIX de Tiempo Ordinario

SAN LORENZO, diácono y mártir. (FIESTA).

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL
Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: OH DIOS, QUE ERES EL PREMIO

Oh Dios, que eres el premio, la corona
y la suerte de todos tus soldados,
líbranos de los lazos de las culpas
por este mártir a quien hoy cantamos.

El conoció la hiel que está escondida
en la miel de los goces de este suelo,
y, por no haber cedido a sus encantos,
está gozando los del cielo eterno.

Él afrontó con ánimo seguro
lo que sufrió con varonil coraje,
y consiguió los celestiales dones
al derramar por ti su noble sangre.

Oh piadosísimo Señor de todo,
te suplicamos con humilde ruego
que, en el día del triunfo de este mártir,
perdones los pecados de tus siervos.

Gloria eterna al divino Jesucristo,
que nació de una Virgen impecable,
y gloria eterna al Santo Paracleto,
y gloria eterna al sempiterno Padre. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Lorenzo entró en el combate como un mártir y confesó el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Salmo 114 – ACCIÓN DE GRACIAS

Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.»

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas me salvó.

Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno contigo:
arrancó mi vida de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.

Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Lorenzo entró en el combate como un mártir y confesó el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Ant 2. El bienaventurado Lorenzo exclamó: «Me siento totalmente feliz, porque me he convertido en hostia de Cristo.»

Salmo 115 – ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El bienaventurado Lorenzo exclamó: «Me siento totalmente feliz, porque me he convertido en hostia de Cristo.»

Ant 3. Te doy gracias, Señor, porque he merecido entrar en tu reino.

Cántico: HIMNO A DIOS CREADOR Ap 4, 11; 5, 9-10. 12

Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,
el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Te doy gracias, Señor, porque he merecido entrar en tu reino.

LECTURA BREVE 1Pe 4, 13-14

Queridos hermanos: Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo. Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros: porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.

RESPONSORIO BREVE

V. Oh Dios, nos pusiste a prueba, pero nos has dado respiro.
R. Oh Dios, nos pusiste a prueba, pero nos has dado respiro.

V. Nos refinaste como refinan la plata.
R. Pero nos has dado respiro.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Oh Dios, nos pusiste a prueba, pero nos has dado respiro.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El bienaventurado Lorenzo dijo: «Mi noche no tiene oscuridad alguna, todo en ella está iluminado con una gran luz.»

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El bienaventurado Lorenzo dijo: «Mi noche no tiene oscuridad alguna, todo en ella está iluminado con una gran luz.»

PRECES

En esta hora en la que el Señor, cenando con sus discípulos, presentó al Padre su propia vida que luego entregó en la cruz, aclamemos al Rey de los mártires, diciendo:

Te glorificamos, Señor.

Te damos gracias, Señor, principio, ejemplo y rey de los mártires,
porque nos amaste hasta el extremo.

Te damos gracias, Señor, porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos
y les das parte en los premios de tu reino.

Te damos gracias, Señor, porque hoy hemos ofrecido, como sacrificio para el perdón de los pecados,
la sangre de la alianza nueva y eterna.

Te damos gracias, Señor,
porque con tu gracia nos has dado perseverar en la fe durante el día que ahora termina.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Te damos gracias, Señor,
porque has asociado a nuestros hermanos difuntos a tu muerte.

Dirijamos ahora nuestra oración al Padre que está en los cielos, diciendo:

Padre nuestro…

ORACION

Dios nuestro, que inflamaste con el fuego de tu amor a san Lorenzo, para que brillara por la fidelidad a su servicio diaconal y por la gloria de un heroico martirio, haz que nosotros te amemos siempre como él te amó y practiquemos lo que él enseñó. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio Divina (10 de agosto)

Lectio:  Miércoles, 10 Agosto, 2016
Tiempo Ordinario
 
1) Oración inicial
Dios todopoderoso y eterno, a quien podemos llamar Padre; aumenta en nuestros corazones el espíritu filial, para que merezcamos alcanzar la herencia prometida. Por nuestro Señor.
 
2) Lectura
Del santo Evangelio según Juan 12,24-26

En verdad, en verdad os digo:
si el grano de trigo no cae en tierra y muere,
queda él solo;
pero si muere,
da mucho fruto.
El que ama su vida, la pierde;
y el que odia su vida en este mundo,
la guardará para una vida eterna.
Si alguno me sirve, que me siga,
y donde yo esté, allí estará también mi servidor.
Si alguno me sirve, el Padre le honrará.
 
3) Reflexión
• El pasaje contiene palabras solemnes y cruciales sobre el modo en que la misión de Jesús y de sus discípulos “produce mucho fruto”. Pero esta declaración solemne y central de Jesús, “si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto” (v.24) está incluida en el contexto de 12,12-36 donde se narra el encuentro de Jesús como mesías con Israel y el rechazo de su propuesta mesiánica por parte de éste. ¿Cuáles son los temas principales que describen el mesianismo de Jesús? Los judíos esperaban un mesías bajo la apariencia de un rey poderoso que continuaría el estilo real de David y restituiría a Israel su pasado glorioso. Sin embargo Jesús pone en el centro de su mesianismo la donación de su vida y la posibilidad dada al hombre de poder aceptar el proyecto de Dios sobre la misma.

• Historia de una semilla. Jesús presenta, con una mini-parábola, la donación de su vida, característica crucial de su mesianismo. El acontecimiento central y decisivo de su vida lo describe recurriendo al ambiente, del cual toma las imágines con el fin de que su palabras resulten interesantes y cercanas. Se trata de la historia de una semilla, una pequeña parábola para comunicarse con la gente de manera sencilla y trasparente: la semilla empieza su itinerario en los oscuros meandros de la tierra donde se ahoga y se pudre, pero en primavera se convierte en un tallo verde y en verano en una espiga repleta de granos. La parábola tiene dos puntos focales: producir mucho fruto y encontrar la vida eterna. Los Primeros Padres de la Iglesia han visto en la semilla que se hunde en la oscuridad de la tierra una alusión a la Encarnación del Hijo de Dios. Parecería que la fuerza vital de la semilla está destinada a perderse en la tierra ya que la semilla se pudre y muere. Mas he aquí después la sorpresa de la naturaleza: cuando se doran las espigas en el verano, se revela el secreto profundo de aquella muerte. Jesús sabe que la muerte está a punto de cernerse sobre su persona, pero sin embargo no la ve como una bestia feroz que devora. Es verdad que ella tiene las características de las tinieblas y del desgarramiento, pero Jesús posee la fuerza secreta propia del parto, un misterio de fecundidad y de vida. A la luz de esta visión se comprende otra expresión de Jesús: “El que ama su vida la perderá y el que odia su vida en este mundo la conservará para la vida eterna”. El que considera la propia vida como una posesión fría vivida en el propio egoísmo es como una semilla cerrada en sí misma y sin perspectivas de vida. Sin embargo, el que “odia su vida”, expresión semítica muy incisiva para indicar la renuncia a realizarse únicamente a sí mismo, descentra el eje que mantiene el sentido de la existencia hacia la donación a los demás; sólo así se vuelve creativa la vida y pasa a ser fuente de paz, de felicidad y de vida. Es la realidad de la semilla que germina. Pero el lector podrá extraer de la mini-parábola otra riqueza, la dimensión “pascual”. Jesús es consciente de que para conducir la humanidad a la meta de la vida divina, él debe pasar por la vía estrecha de la muerte en cruz. El discípulo que sigue la estela de esta vía afronta su “hora”, la hora de la muerte, con la seguridad de que ésta lo introducirá en la vida eterna, es decir, a la comunión con Dios.
• Síntesis. La historia de la semilla es morir para multiplicarse; su función es hacer un servicio a la vida. El anonadamiento de Jesús es comparable a la semilla de vida sepultada en la tierra. En la vida de Jesús, amar es servir y servir es perderse en la vida de los demás, morir a sí mismo para dar vida. Jesús, mientras se aproxima su “hora”, el momento decisivo de su misión, promete a los suyos la seguridad de una consolación y de una alegría sin fin, aunque vaya acompañada de todo tipo de perturbación. Él pone el ejemplo de la semilla que se ha de pudrir y el de la mujer que ha de parir con dolor. Cristo ha elegido la cruz para él y para los suyos: el que quiera ser discípulo suyo está llamado a compartir su propio itinerario. Él habló siempre con radicalidad a sus discípulos: “El que quiera salvar la propia vida la perderá. El que la pierda por mí la salvará” (Lc 9,24).
 
4) Para la reflexión personal
• ¿Es tu vida expresión de la donación de ti mismo? ¿Eres una semilla de amor que produce amor? ¿Eres consciente de que para ser semilla de alegría, la alegría de los trigales, es necesario el momento de la siembra?

• ¿Crees poder decir que has elegido seguir al Señor si después no abrazas la cruz con él? Cuando en ti se desencadena la lucha entre el “sí” y el “no”, entre el valor y la duda, entre la fe y la incredulidad, entre el amor y el egoísmo, ¿te sientes turbado pensando que estas tentaciones no son propias del que sigue a Jesús?
 
5) Oración final
Feliz el hombre que se apiada y presta,

y arregla rectamente sus asuntos.
Nunca verá su existencia amenazada,
el justo dejará un recuerdo estable. (Sal 112,5-6)

Música – Festividad de la Asunción de María

«DICHOSA TÚ QUE HAS CREÍDO» 

“Hoy ha sido llevada al cielo la Virgen, Madre de Dios,
ella es figura y primicia de la Iglesia,
que un día será glorificada;
ella es consuelo y esperanza de tu pueblo,
todavía peregrino en la tierra” 

(Prefacio propio).

Ambientación musical: “Fiesta de la Madre” en el CD María en los Tiempos Litúrgicos (San Pablo).

María ha sido una mujer de fe; ha muerto en la fe, ha resucitado y ha sido coronada. Ella es “figura y primicia de la Iglesia que un día será glorificada; Ella es consuelo y esperanza de tu pueblo, todavía peregrino en la tierra” (Prefacio propio).

El canto del Magnificat es la respuesta agradecida por las maravillas que el Señor se ha dignado obrar y es, a la vez, el canto de la misma Iglesia.

Canto de entrada: “Hija del pueblo, María” MD 386; CLN 327; “Estrella y camino” MD 385; CLN 316; “Morada de la luz” CLN 325.

Himno del Gloria: CLN C 3 (Juan-Alfonso).

Salmo Responsorial: “De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro ”.

Aclamación antes del Evangelio: “Aleluya”

Santo : CLN I 13. 

Fracción del pan: “Agnus Dei” CLN N12

Comunión: María es la primera en seguir los pasos de su Hijo. Ella, la nueva arca de la Alianza, engrandece al Señor y todas las generaciones la proclaman bienaventurada. Cantamos: “Magnificat” CLN 326 o con cualquier otra musicalización que se conozca; o bien “Llena de gracia” CLN 335; “Humilde nazarena” MD 384; CLN 306.

Canto Final: Terminamos con el recuerdo a la Madre cantando todos el popular “Salve, Madre” MD 389-2; CLN 309; o bien, “Yo canto al Señor porque es grande” MD 294; CLN 314.

Antonio Alcalde Fernández

Oración de los fieles (Festividad de la Asunción de María)

Presentemos a Dios nuestra oración por intercesión de nuestra Madre María: 

POR LA INTERCESIÓN DE MARÍA, ESCÚCHANOS. 

• Que sea reconocida y respetada la dignidad de todas las mujeres del mundo. Oremos 

• Que las madres sean capaces de transmitir a sus hijos e hijas espíritu de fe, caridad, fortaleza… Oremos 

• Que toda la sociedad sea solidaria con las víctimas de la violencia de género, de la trata de personas, del comercio sexual… Oremos 

• Que María sea modelo evangélico y referente para todas las mujeres cristianas. Oremos 

• Oramos en silencio por nuestros hermanos y hermanas difuntos. 

En tus manos, Padre, ponemos estos nuestros deseos que te hemos presentado de mano de María, nuestra madre. 

Amoris laetitia

79. «Frente a situaciones difíciles y familias heridas, siempre es necesario recordar un principio general: “Los pastores, por amor a la verdad, están obligados a discernir bien las situaciones” (Familiaris consortio, 84). El grado de responsabilidad no es igual en todos los casos, y puede haber factores que limitan la capacidad de decisión. Por lo tanto, al mismo tiempo que la doctrina se expresa con claridad, hay que evitar los juicios que no toman en cuenta la complejidad de las diversas situaciones, y hay que estar atentos al modo en que las personas viven y sufren a causa de su condición»[79].


[79] Ibíd., 51.

Comentario Domingo XX de Tiempo Ordinario

Oración

Del Salmo 28

A ti alzo mi voz, YHWH, roca mía, no enmudezcas; pues si te callas seré igual que los que bajan a la fosa. Oye la voz de mi súplica, cuando te pido socorro, cuando levanto mis manos, hacia tu santo templo.

No me arrastres con los malvados, tampoco con los malhechores, que hablan de paz a su vecino y el mal se oculta en su corazón. YHWH es mi fuerza y mi escudo, en él confía mi corazón: su ayuda me llena de alegría, le doy gracias con mi canto.

 

Lc 12,49-53

«49He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cómo quiero que ya sea prendido! 50Tengo un bautismo para ser bautizado y ¡cómo me angustio hasta que sea cumplido!

51¿Pensáis que estoy aquí para dar paz en la tierra? No, os digo, sino división. 52Porque desde ahora habrá cinco en una casa y divididos; tres contra dos, y dos contra tres; 53estarán divididos padre contra hijo e hijo contra padre; madre contra la hija e hija contra la madre; suegra contra su nuera y nuera contra la suegra».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Después de las palabras sobre la vigilancia fiel y prudente que escuchábamos el pasado domingo, llega este evangelio de hoy, centrado en el propio Jesús, primero ante su destino (vv. 49-50) y luego como causa de división familiar (vv. 51-53). En el contexto de la formación de los discípulos, Jesús es el primer signo que deben reconocer, aun con difíciles peajes como romper con otras fidelidades. A nuestro texto suceden otros signos, los signos de los tiempos, que apremian precisamente a “lo contrario” que el signo de Jesús, a la reconciliación (12,54-59). La fidelidad primera debida a Jesús, que puede causar ruptura frente a quienes también exigen fidelidad, no está reñida con un empeño por la reconciliación.

 

TEXTO

El evangelio se compone de dos pequeñas unidades textuales, dos dichos (logia) de Jesús: a) en la primera, Jesús habla de su misión y destino utilizando un paralelismo, en el que fuego y bautismo son imágenes sinónimas para referirse a la pasión y muerte de Jesús (vv. 49-50); b) en la segunda, la propia persona de Jesús se convierte en signo de discordia y división en la casa, un ámbito tan necesario y apreciado como el familiar (vv. 51-53). Destaca la presencia de los términos de división, y seguramente el texto recoge experiencias históricas de la primera comunidad cristiana: creer en Jesús Mesías e Hijo de Dios rompía la tradición religiosa común de las familias judías de entonces.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• El proyecto y la persona de Jesús quiebra el orden de algunos valores sociales aceptados comúnmente. Jesús es alternativo, su proyecto es alternativo. Nosotros, en cambio, tendemos más bien a ser convencionales. ¿Nuestro seguimiento a Jesús mantiene lo convencional o busca un modo de vida alternativo? ¿Cómo nos suena eso de que “otro mundo es posible”? ¿Qué valores del Reino de Dios exigen romper con nuestro modo de vivir?

• El símbolo del fuego aparece en la Biblia con diversos sentidos (devastación y castigo, purificación e iluminación). Jesús mismo anunció un “bautismo de fuego” (cf. Lc 3,16). Aquí, el fuego puede entenderse como imagen del Espíritu Santo que descendió el día de Pentecostés en lenguas de fuego. Si lo entendemos así, ¿qué aspectos de nuestra vida deberían ser quemados con el fuego del Espíritu?

• La imagen del bautismo parece referirse al destino sufriente de Jesús, como demostración de su fidelidad al encargo encomendado. Jesús es consciente de su destino, pero la angustia no le impide desear llegar hasta el final. Al precio que sea y hasta el final. ¿Qué interpela esta actitud de Jesús a nuestro discipulado acomodado o acomodaticio?

• La sorprendente afirmación de que Jesús viene a traer división debe comprenderse, en primera instancia, en sentido histórico: el Mesías Jesús fue motivo de división entre los judíos y en su seno familiar; Jesús fue, en verdad, una “señal de contradicción” (cf. Lc 2,34). Pero, en un mundo tan convulso y tan injusto como el nuestro, nuestra fidelidad a la persona y proyecto de Jesús también puede (incluso debe) generar esa misma división y contradicción. La exigencia de la justicia y de la vida digna para todos los seres humanos choca (o debería chocar) con todos los intereses egoístas de personas y países que viven a costa de la muerte de otros. Hay poderosas “estructuras de pecado” que no aceptan de buen grado las exigencias del Evangelio. ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar en nuestro empeño por el Reino y su justicia? ¿Hemos pensado que “por la paz, una avemaría” puede ser una expresión de cobardía y de pecado?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo XIX de Tiempo Ordinario

XX Domingo del Tiempo Ordinario
14 de agosto, 2016

Lecturas: Jeremías 38, 4-6. 8-10; Salmo 39; hebreos 12: 1-4; Lucas 12, 49-53

El Fuego del Amor y la Justicia

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y cómo me angustio mientras llega!

¿Piensan acaso que he venido a traer paz a la tierra? De ningún modo. No he venido a traer la paz, sino la división. De aquí en adelante, de cinco que haya en una familia, estarán divididos tres contra dos y dos contra tres. Estará dividido el padre contra el hijo, el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».

Reflexión.

¿Conocen a alguien en su comunidad que defienda la justicia (gente que protesta por malas leyes de inmigración, o problemas de las escuelas).

Háblales de los mártires de todos los tiempos de la iglesia que sufrieron por mantenerse fieles. Comente casos más cercanos, como el sacerdote francés que recientemente fue asesinado mientras celebraba la eucaristía.

Conversen sobre las experiencias de los propios niños si han tenido que defender algo justo.

Actividad

Dejen que los niños busquen en los libros de santos ejemplos de mártires que han dado su vida por defender su fe. Recorten papeles con forma de llama. Los niños pueden escribir por un lado el nombre del santo que han elegido, y por el otro su compromiso para la semana. Al ir poniendo las llamas en un cesto para llevarlas al altar del grupo. Todos responden: Envía tu fuego, Señor”.

Oración

Señor, Jesús ayúdame a saber que hacer a favor del Reino.
Que yo no cause nunca divisiones, que siempre busque la paz.
Dame entendimiento para discernir y valentía para ser un
buen discípulo tuyo y lograr un mundo mejor. Amén

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Jesús nos habla claro: sus enseñanzas nos dividirán. Y así ha sido desde el momento mismo en que inició su vida pública: hubo quienes creyeron en él y quienes lo rechazaron. Éstos últimos inevitablemente acabaron por rechazar y atacar a quienes le siguieron, iniciándose así la persecución de los primeros cristianos.

El día de hoy los católicos no necesariamente somos perseguidos, pero sí atacados. Porque en ocasiones seguir a Cristo, implica ir ten contra de los criterios de la mayoría en el mundo, por ejemplo: perdonar a quien nos ofende en lugar de buscar venganza; atesorar buenas obras en lugar de dinero; decirle sí a la vida de un hijo en lugar de abortar; buscar primero el bien del otro, en lugar del propio; alegrarnos por el bien del otro, en lugar de envidiarle…

Hacer lo que Jesús nos enseña y enseñarlo a otros, puede dividirnos, ganándonos el rechazo y la crítica de quienes no creen en él. Pero el mismo Cristo con su ejemplo, nos enseñó a no temer a este rechazo, pues como dijo en sus bienaventuranzas: «Dichos serán ustedes, cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos».

¿Cuántas veces y en qué ocasiones he preferido seguir los criterios del mundo con tal de no ser rechazado?

Comentario al evangelio (10 de agosto)

      Hoy celebramos la fiesta de san Lorenzo. Vivió en el siglo III en Roma. Allí fue diácono de la Iglesia, especialmente encargado de la administración de los bienes de la Iglesia y de la atención y el servicio a los pobres. Hay una anécdota de su vida que puede que no sea realmente histórica pero que nos viene muy bien para expresar lo que tiene que ser la Iglesia. 

      Dicen las crónicas que el emperador de entonces perseguía a los cristianos pero, necesitado al mismo tiempo de dinero para financiar sus ejércitos, perseguía sobre todo a los cristianos pudientes. De paso que los eliminaba, se quedaba con sus riquezas, que pasaban a pertenecer al erario público. Es decir, al emperador. Por eso, también buscó apoderarse de los bienes de la Iglesia. Enterado de que Lorenzo era su administrador, le hizo llamar y le ordenó que en tres días le entregase todos los bienes que administraba. Lorenzo respondió afirmativamente. Y tres días más tarde se presentó ante el emperador seguido de una comitiva interminable de pobres y enfermos: todos aquellos a los que la Iglesia atendía y ayudaba, al tiempo que le decía que “estos son los tesoros de la Iglesia.”

      La anécdota viene que ni pintada en estos tiempos que corren. Nos señala con claridad dónde tenemos que poner el verdadero tesoro de la Iglesia: cuanto más pobre, cuando más cercana a los pobres y marginados –independientemente de su fe, por supuesto–, cuanto más en actitud de servicio y entrega a los necesitados, más ricos somos, más auténticamente fieles al Evangelio de Jesús. Algo así es lo que quiere decirnos el papa Francisco, cuando nos pide que seamos una Iglesia en salida. No se trata sólo de abrir las puertas. No se trata sólo de acoger al que venga. Se trata de salir a buscar, de hacernos los próximos de los que sufren, de los marginados, de los pobres, de los que carecen de todo, de los que están vencidos por la injusticia. 

      Es lo mismo que expresa el Evangelio al decir que el cristiano tiene que ser como el grano de trigo que tiene que caer en tierra y dejarse morir, porque sólo así podrá dar fruto para la vida del mundo. Eso es lo que tiene que hacer el cristiano, como decía el Concilio Vaticano II: dar frutos en caridad para la vida del mundo. Eso no significa más que entregarse, dar la vida, ponerse al servicio del Reino. Para que todos tengan vida. 

      San Lorenzo entendió perfectamente dónde estaban las verdaderas riquezas de la Iglesia: en la cercanía a los pobres, trabajando codo a codo con ellos en la construcción de una sociedad más justa y más fraterna, en la construcción del Reino. Los bienes materiales no son más que medios para ese fin. Nada más.

Fernando Torres, cmf