Vísperas – Viernes XX de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: ERES LA LUZ Y SIEMBRAS CLARIDADES.

Eres la luz y siembras claridades,
eres amor y siembras armonía
desde tu eternidad de eternidades.

Por tu roja frescura de alegría,
la tierra se estremece de rocío,
Hijo eterno del Padre y de María.

En el cielo del hombre, oscuro y frío,
eres la luz total, fuego del fuego,
que aplaca las pasiones y el hastío.

Entro en tus esplendores, Cristo, ciego;
mientras corre la vida paso a paso,
pongo mis horas grises en tu brazo,
y a ti, Señor, mi corazón entrego. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Día tras día te bendeciré, Señor, y explicaré tus proezas.

Salmo 144 I – HIMNO A LA GRANDEZA DE DIOS.

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.

Día tras día te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.

Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza;
una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.

Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas;
encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus victorias.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus creaturas.

Que todas tus creaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas;

explicando tus proezas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Día tras día te bendeciré, Señor, y explicaré tus proezas.

Ant 2. Los ojos de todos te están aguardando, Señor, tú estás cerca de los que te invocan.

Salmo 144 II

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan.

Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente.

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente.

Satisface los deseos de sus fieles,
escucha sus gritos, y los salva.
El Señor guarda a los que lo aman,
pero destruye a los malvados.

Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga su santo nombre
por siempre jamás.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Los ojos de todos te están aguardando, Señor, tú estás cerca de los que te invocan.

Ant 3. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

Cántico: CANTO DE LOS VENCEDORES Ap 15, 3-4

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

LECTURA BREVE Rm 8, 1-2

No hay ya condenación alguna para los que están en Cristo Jesús, porque la ley del espíritu de vida en Cristo Jesús me libró de la ley del pecado y de la muerte.

RESPONSORIO BREVE

V. Cristo murió por nuestros pecados, para llevarnos a Dios.
R. Cristo murió por nuestros pecados, para llevarnos a Dios.

V. Muerto en la carne, pero vivificado en el espíritu.
R. Para llevarnos a Dios.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cristo murió por nuestros pecados, para llevarnos a Dios.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Acuérdate, Señor, de tu misericordia como lo habías prometido a nuestros padres.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Acuérdate, Señor, de tu misericordia como lo habías prometido a nuestros padres.

PRECES

Invoquemos a Cristo, en quien confían los que conocen su nombre, diciendo:

Confirma, Señor, lo que has realizado en nosotros.

Señor Jesucristo, consuelo de los humildes,
dígnate sostener con tu gracia nuestra fragilidad, siempre inclinada al pecado.

Que los que por nuestra debilidad estamos inclinados al mal,
por tu misericordia obtengamos el perdón.

Señor, a quien ofende el pecado y aplaca la penitencia,
aparta de nosotros el castigo merecido por nuestros pecados.

Tú que perdonaste a la mujer arrepentida y cargaste sobre los hombros la oveja descarriada,
no apartes de nosotros tu misericordia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que por nosotros aceptaste el suplicio de la cruz,
abre las puertas del cielo a todos los difuntos que en ti confiaron.

Siguiendo las enseñanzas de Jesucristo, digamos al Padre celestial:

Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que tu Hijo sufriese por la salvación de todos, haz que, inflamados en tu amor, sepamos ofrecernos a ti como víctima viva. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio Divina – 19 de agosto

Lectio: Viernes, 19 Agosto, 2016
Tiempo Ordinario
  
1) Oración inicial
¡Oh Dios!, que has preparado bienes inefables para los que te aman; infunde tu amor en nuestros corazones, para que, amándote en todo y sobre todas las cosas, consigamos alcanzar tus promesas, que superan todo deseo. Por nuestro Señor.
 
2) Lectura
Del santo Evangelio según Mateo 22,34-40

Mas los fariseos, al enterarse de que había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?» Él le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas.»
 
3) Reflexión
• El texto se ilumina. Jesús se encuentra en Jerusalén, precisamente en el Templo, donde se inicia un debate entre él y sus adversarios, sumos sacerdotes y escribas (20,28; 21,15), entre los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo (21,23) y entre los sumos sacerdotes y los fariseos (21,45). El punto de controversia del debate es: la identidad de Jesús o del hijo de David, el origen de su identidad, y por tanto, la cuestión acerca del reino de Dios. El evangelista presenta esta trama de debates con una secuencia de controversias de ritmo creciente: el tributo a pagar al Cesar (22,15-22), la resurrección de los muertos (22,23-33), el mandamiento más grande (22,34-40), el mesías, hijo y Señor de David (22,41-46). Los protagonistas de las tres primeras discusiones son exponentes del judaísmo oficial que intentan poner en dificultad a Jesús en cuestiones cruciales. Estas disputas son planteadas a Jesús en calidad de “Maestro” (rabbí), título que manifiesta al lector la comprensión que los interlocutores tienen de Jesús. Pero Jesús aprovecha la ocasión para conducirlos a plantearse una cuestión aún más crucial: la toma de posición definitiva sobre su identidad (22,41-46).
• El mandamiento más grande. Siguiendo los pasos de los saduceos que les han precedido, los fariseos plantean de nuevo a Jesús una de las cuestiones más candentes: el mandamiento más grande. Puesto que los rabinos siempre evidenciaban la multiplicidad de las prescripciones (248 mandamientos), plantean a Jesús la cuestión de cuál es el mandamiento fundamental, aunque los mismos rabinos habían inventado una verdadera casuística para reducirlos lo más posible: David cuenta once (Sal 15,2-5), Isaías 6 seis (Is 33,15), Miqueas tres (Mi 6,8), Amós dos (Am 5,4) y Abacuc sólo uno (Ab 2,4). Pero en la intención de los fariseos, la cuestión va más allá de la pura casuística, pues se trata de la misma existencia de las prescripciones. Jesús, al contestar, ata juntos el amor de Dios y el amor del prójimo, hasta fusionarlos en uno solo, pero sin renunciar a dar la prioridad al primero, al cual subordina estrechamente el segundo. Es más, todas las prescripciones de la ley, llegaban a 613, están en relación con este único mandamiento: toda la ley encuentra su significado y fundamento en el mandamiento del amor. Jesús lleva a cabo un proceso de simplificación de todos los preceptos de la ley: el que pone en práctica el único mandamiento del amor no sólo está en sintonía con la ley, sino también con los profetas (v.40). Sin embargo, la novedad de la respuesta no está tanto en el contenido material como en su realización: el amor a Dios y al prójimo hallan su propio contexto y solidez definitiva en Jesús. Hay que decir que el amor a Dios y al prójimo, mostrado y realizado de cualquier modo en su persona, pone al hombre en una situación de amor ante Dios y ante los demás. El doble único mandamiento, el amor a Dios y al prójimo, se convierte en columnas de soporte, no sólo de las Escrituras, sino también de la vida del cristiano.
 
4) Para la reflexión personal
• El amor a Dios y al prójimo ¿es para ti sólo un vago sentimiento, una emoción, un movimiento pasajero, o es una realidad que invade toda tu persona: corazón, voluntad, inteligencia y trato humano?
• Tú has sido creado para amar. ¿Eres consciente de que tu realización consiste en amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente? Este amor ha de verificarse en la caridad hacia los hermanos y en sus situaciones existenciales. ¿Vives esto en la práctica diaria?
 
5) Oración final
¡Den gracias a Yahvé por su amor,

por sus prodigios en favor de los hombres!
Pues calmó la garganta sedienta,
y a los hambrientos colmó de bienes. (Sal 107,8-9)

¿Por qué tiene que darse clase de religión en la escuela?

La formación religiosa católica es fundamental para la formación integral.
Los padres tienen derecho a que sus hijos sean formados religiosa y moralmente según sus convicciones.

LA FORMACIÓN PLENA E INTEGRAL

– La enseñanza religiosa y moral transmite conocimientos razonables y necesarios para comprender la cultura.
– Hace posible que la cultura no sólo sea comprendida sino también críticamente asimilada.
– La enseñanza religiosa es fundamental en el desarrollo integral de todas las capacidades del alumno.
– Especialmente desarrolla la capacidad trascendente, religiosa, y da respuesta al sentido último de la vida, la salvación que Jesucristo nos otorga.

EL DERECHO DE LOS PADRES

– La enseñanza religiosa escolar es equiparable a cualquier asignatura fundamental.
– Debe estar en la escuela como el resto de las áreas.
– Se presenta siempre respetando la libertad de los padres para escogerla.
– El profesor de religión católica no evalúa la fe de los alumnos; evalúa lo que el alumno va aprendiendo.
– La clase de religión católica es distinta de la catequesis. Ésta evalúa la fe de los catecúmenos, necesaria para ser miembro de la Iglesia y recibir los sacramentos.

LA RAZONES DE LA ENSEÑANZA RELIGIOSA EN LA ESCUELA

– Esta enseñanza descubre al alumno su propia identidad: su origen y su destino último, sus ansias de infinito, su capacidad de amar, su dignidad de hijo de Dios, el sentido de su vida.
– Ayuda al alumno a valorar la auténtica libertad que se adquiere en el camino hacia el Bien y la Verdad.
– Dios es quien nos garantiza la opción por el bien y la verdad.
– La enseñanza religiosa católica responde con la luz del evangelio a las grandes preguntas del ser humano.
– Los alumnos encuentran en Jesucristo la grandeza de su vocación.

Amoris Laetitia – Francisco I

85. La Iglesia está llamada a colaborar, con una acción pastoral adecuada, para que los propios padres puedan cumplir con su misión educativa. Siempre debe hacerlo ayudándoles a valorar su propia función, y a reconocer que quienes han recibido el sacramento del matrimonio se convierten en verdaderos ministros educativos, porque cuando forman a sus hijos edifican la Iglesia[99], y al hacerlo aceptan una vocación que Dios les propone[100].


[99] Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. Familiaris consortio (22 noviembre 1981), 38: AAS 74 (1982), 129.
[100] Cf. Discurso a la Asamblea diocesana de Roma (14 junio 2015): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española, 19 de junio de 2015, p. 6.

Precaución

1.- A veces caemos, mis queridos jóvenes lectores, en el error de creer que porque una cosa resulta bonita, ya es válida. Estoy pensando en las “misas bonitas”. Me propongo siempre que presido celebraciones, que, además del fruto sagrado de la Gracia, resulten interesantes, provechosas para el espíritu, que no sean aburridas. Sin pretender que se conviertan en misas divertidas. Porque de serlo puede uno vanagloriarse y creerse importante, además de pensar que Dios le debe a uno agradecer lo bien que lo ha hecho. Sin importarle, sin preguntarle si se ha obrado su buen querer.

2.- Me temo que un día, al presentarme ante Dios y contarle mi vida, me responda: en realidad no te conozco, deja pasar a los que dedicaron su vida a hacer el bien, sin sentirse famosos, sin estar satisfechos del todo, ni creerse buenos por adelantado.

3.- No busquéis misas bonitas y dejéis de asistir a la Eucaristía cuando no las encontréis. Acudid en busca de enseñanza, del alimento espiritual de la Palabra proclamada, exigencia de conversión o mejoramiento, que corresponde a la oración y el silencio aceptado y el contacto íntimo con el Señor, al recibir su Cuerpo y Sangre.

4.- Muchos desconocidos hay por el mundo que no saben cantar, ni tocar la guitarra, pero que acuden al servicio de los pobres, donde sea y mediante la organización que sea. Hay practicantes no creyentes, que valen más que los creyentes no practicantes.

Por Pedrojosé Ynaraja

La misa del domingo

Primera lectura: (Isaías 66,18-21)

Marco: El contexto es la reunión de todos los pueblos que llegarán a formar con Israel –en la época escatológica– una sola comunidad. Son convocados todos los hombres a la unidad, pero alrededor de Israel. Israel sigue siendo el pueblo privilegiado y depositario de las promesas.

Reflexiones

1ª) ¡Dios proyecta y prepara una salvación universal para todas las naciones!

Para la interpretación de esta lectura hay que dirigir la mirada a los orígenes (Gn 2) y a la promesa hecha a Abrahán: Por ti serán benditas todas las naciones de la tierra (Gn 12,2-3). Esta promesa universal estará presente en todo el itinerario salvífico. La lectura que proclamamos hoy enlaza con esta promesa patriarcal. Entre los dos textos han ocurrido muchos acontecimientos. La humanidad no es una comunidad unida, sino un conjunto de naciones frecuentemente enfrentadas y odiadas entre sí. La reunión de todos los pueblos y naciones es obra del amor gratuito y misericordioso de Dios que así lo ha proyectado desde los orígenes. Aquellos pueblos todavía no conocen ni el nombre ni la gloria del Señor, es decir, no conocen su identidad. Pero todos los pueblos están convocados a participar de los bienes de la salvación. Es necesario proclamar que Dios bendice todos los proyectos conducentes a garantizar la paz, la justicia y el equilibrio solidario entre los pueblos. Y los creyentes deben enrolarse generosa y gustosamente en todos esos proyectos, aunque no estén inspirados explícitamente por el Evangelio. En la solidaridad universal habla Dios, porque tiene un proyecto universal de salvación y este no es posible sin la paz, la justicia y la solidaridad humana.

Segunda lectura: (Hebreos 12,5-7.11-13)

Marco: La perícopa que proclamamos tiene como tema central que Dios nos corrige como a hijos. Esta exhortación sale al paso de aquellos hermanos, perseguidos a muerte, que corren el peligro de sentirse abandonados por un Dios que permite el sufrimiento y la persecución a muerte. Este autor extrae las consecuencias y reflexiona sobre el tema proyectando una luz nueva, aunque el pensamiento sapiencial aparece ya en el Antiguo Testamento.

Reflexiones

1ª) ¡La corrección de Dios, signo de su solicitud paternal y pedagógica!

Desde la perspectiva teológica es evidente que el hombre frente a Dios necesita una rectificación diaria. La corrección es una pedagogía que pretende eliminar los elementos que obstaculizan el crecimiento y la maduración. El autor juega con dos planos diferentes y complementarios. De hecho, recurre al ejemplo de una familia en la que el padre, solícito del crecimiento y maduración de sus hijos, se ocupa de corregirlos para que lleguen a la madurez humana. El autor de la carta piensa en los creyentes que sufren la persecución sangrienta, el despojo violento de sus bienes y el rechazo social que eso conlleva. En ese plano, insiste que la corrección y la prueba que Dios permite tienen un valor pedagógico para conseguir la salvación y la maduración en la fe. El sufrimiento curte los espíritus. De tal manera que el sufrimiento y el amor son dos valores correlativos: la capacidad para amar está en relación con la capacidad para sufrir y a la inversa. ¿Por qué el sufrimiento? ¿Por qué los acontecimientos trágicos que no comprendemos? ¿Por qué los desastres naturales que arrastran tantas vidas y dejan tras de sí tanta angustia, sufrimiento y desesperación?… El autor de la carta a los Hebreos responde que es una pedagogía utilizada por el mejor de los Padres con sus hijos a los que ama. Esta actitud del Padre posibilita y anima una actitud coherente en sus hijos para con sus hermanos a fin de ayudarles a llevar sus cargas.

Evangelio: (Lucas 13,22-30)

Marco: Proseguimos el viaje hacia Jerusalén. El interés central de esta sección es describir los rasgos del verdadero discípulo y, posteriormente, de la verdadera comunidad cristiana.

Reflexiones

1ª) ¡Siempre en camino hacia Jerusalén y hacia el mundo para invitarlo a la salvación!

Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Es una de las siete veces que el autor recuerda al lector que Jesús va hacia Jerusalén. Tiene especial interés en que el lector no pierda de vista este telón de fondo que colorea sus enseñanzas. Y en ese camino ascendente, Jesús sigue realizando su misión, que es enseñar y proclamar el Reino de Dios, y lo hace en todas las ciudades y aldeas por las que atraviesa en su itinerario. Jesús invita y, en cierto modo, urge a que todos puedan participar de la salvación que se va a consumar en Jerusalén. Lucas quiere mantener un clima de tensión hacia el centro de la salvación. Es una de sus ideas preferidas y que jalonan y estructuran su relato. Ya desde el comienzo aparece esta visión universal: en la dramatización* cristológica que realiza de la obra de Jesús ( (Lc 2,30-32). De forma proléptica* pero muy sugerente, Lucas quiere que sus lectores de siempre lean su obra en esta clave que ilumina el conjunto.

2ª) ¡La oferta de Dios es sinceramente universal y para todos!

Señor, ¿serán pocos los que se salven? Esta pregunta dirigida a Jesús por un oyente anónimo, expresa y recoge una de las más frecuentes inquietudes que ha experimentado la Iglesia a lo largo de su historia (e indirectamente la humanidad entera). El Evangelio de Jesús se presenta como una oferta exigente para todos. Los hombres, en su experiencia humana, parecen encontrarse ante la imposibilidad de alcanzar la salvación. Para conseguir una respuesta lo más acertada posible es necesario tener en cuenta algunos elementos importantes. Por una parte, el Nuevo Testamento afirma que Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1Tm 2,1-8). Por otra parte, en la predicación de Jesús encontramos un dicho que ha sido objeto de distintas interpretaciones. Se trata de la frase final con que termina la parábola de los invitados a las bodas: Porque muchos son llamados, pero pocos escogidos (Mt 22,14). En la lengua hebrea y aramea no existe el comparativo y la relación más… menos y muchos… menos. Para expresar estas ideas lo hacen con los absolutos: muchos… pocos. Este sería el sentido: todos son invitados a participar de la salvación pero no todos responden. En la Institución de la Eucaristía, Jesús afirma, también en su lengua materna, que su sangre será derramada por la multitud o totalidad de los hombres. Todos estos testimonios abogan a favor de la convicción de que Dios quiere realmente la salvación de todos. ¿Qué impide la salvación? La repuesta libre del hombre que puede elegir. Lo que se nos ha dado gratuitamente hemos de conquistarlo para poseerlo. He ahí el secreto de la salvación. Todos pueden realmente participar en la salvación definitiva. Es necesario proclamar este mensaje a los hombres de nuestro tiempo.

3ª) ¡Hay que acertar con el camino y con la puerta!

Mirad: hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos. Jesús ofrece una última recomendación. Lucas, que es el evangelista que más subraya la misericordia, la bondad y el amor de Dios, insiste, a la vez, en las exigencias prácticas y concretas del Evangelio para que se pueda conseguir lo que promete. Es necesario acertar con el camino que es Él mismo (Jn 14,1-6; Jn 10,1ss). Aunque pertenece a otra tradición evangélica y estos textos necesiten su propia interpretación, la referencia completa el pensamiento expresado por Lucas y enriquece la perspectiva: sólo por medio de Cristo Jesús, el Señor, se consigue la salvación. Ciertamente, el conocimiento expreso de Jesús puede darse o no, pero todos entran en la vida definitiva por Él. Esto quiere decir que Dios tiene muchos medios de conducir a los hombres, sus hijos, hacia el encuentro con su Hijo, Salvador universal, y hacia la salvación que a través de Él concede al mundo. Jesús, el Logos encarnado, alcanza a todos los hombres, y todos, a su manera, habrán de responder libremente para entrar en la salvación. Esta perspectiva es firme y segura. Es necesario acertar con la puerta. Los que tienen el privilegio de conocer el Evangelio, y a Jesús a través de él, son invitados a conocer siempre mejor a Jesús, su persona, sus gestos y sus palabras, y a tomar en serio su salvación.

Fr. Gerardo Sánchez Mielgo 

Comentario al evangelio (19 de agosto)

      De la teoría a la práctica hay siempre una distancia considerable. Una cosa es decir que queremos seguir a Jesús, que queremos ser como él, imitarle en sus actitudes y estilo de vida y otra ponernos realmente en camino, andar cada paso, subir las cuestas y sudar cuando el sol está alto o cuando la lluvia arrecia y el viento dificulta caminar. 

      En el Evangelio de hoy aparecen los fariseos. Se oponen a Jesús. Imagino que sentirían que les quitaba la parroquia de seguidores. Y le tratan de vencer a través de las ideas. Por eso, sacan a su Goliat particular: uno de ellos que era más experto que los demás en la Ley, que sabía más que todos, que tenía buena lengua, que era más listo. Estarían convencidos de que Jesús no sabría responder a su pregunta: “¿Cuál es el mandamiento principal de la Ley?”

      No era una cuestión baladí. Entre las normas que hay en los libros del Antiguo Testamento y los comentarios que se habían ido haciendo, las normas se habían multiplicado y ser un judío devoto era más una cuestión de manual, de cumplir fielmente una multitud de normas que de corazón. De tanto fijarse en las normas, en las leyes, en las reglas, en lo que no se podía hacer y en lo que había que hacer, se habían olvidado el por qué de todas esas normas y leyes. Y estaban cayendo en el peligro de cumplir por cumplir. Son poner el corazón en ello. 

      A nosotros los cristianos nos puede pasar algo parecido cuando, por ejemplo, vamos a misa los domingos porque es obligatorio. Y terminamos estando allí como palos de escoba. Porque hay que estar. Y se nos olvida que la eucaristía es la fiesta de la comunidad que escucha la Palabra, que comparte el Pan, que celebra su fe y su fraternidad abierta a todos. Y que sin esto, lo de estar presente como un pasmarote no vale para mucho.

      Pero Jesús no era hombre que se callase. Además, tenía las ideas muy claras. Sabía que mandamiento no hay más que uno. Lo demás son todo comentarios accidentales. El gran mandamiento es el amor. No hay más. Dios es amor. Y, si nos queremos parecer a él, ser como él, cumplir su ley, lo que tenemos que hacer es amar. En todo momento. En todo lugar. A todos. Sin dejar a nadie fuera. Lo demás, ya digo, son corolarios. Están bien pero nunca pueden hacer que se nos olvide lo fundamental: amar.

      Claro que amar no es esa especie de cuestión romántica, de sentimiento. Amar es el compromiso real y concreto por el bien de los hermanos. Amar es dar la vida. Se concreta de muchas maneras: desde preparar la comida a la familia con cuidado y cariño hasta sacar la basura cuando toca, pasando por ayudar al hermano necesitado o participar en la vida pública promoviendo la justicia para todos. Todo esto es amar. Y es lo único que tenemos que hacer.

Fernando Torres, cmf