I Vísperas – Domingo XXI de Tiempo Ordinario

I VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: LOS PUEBLOS QUE MARCHAN Y LUCHAN

Los pueblos que marchan y luchan
con firme tesón
aclamen al Dios de la vida.
Cantemos hosanna que viene el Señor.

Agiten laureles y olivos,
es Pascua de Dios,
mayores y niños repitan:
«Cantemos hosanna que viene el Señor.»

Jesús victorioso y presente
ofrece su don
a todos los justos del mundo.
Cantemos hosanna que viene el Señor.

Resuenen en todo camino
de paz y de amor
alegres canciones que digan:
«Cantemos hosanna que viene el Señor.»

Que Dios, Padre nuestro amoroso,
el Hijo y su Don
a todos protejan y acojan.
Cantemos hosanna que viene el Señor. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Suba mi oración, Señor, como incienso en tu presencia.

Salmo 140, 1-9 – ORACIÓN ANTE EL PELIGRO

Señor, te estoy llamando, ven de prisa,
escucha mi voz cuando te llamo.
Suba mi oración como incienso en tu presencia,
el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.

Coloca, Señor, una guardia en mi boca,
un centinela a la puerta de mis labios;
no dejes inclinarse mi corazón a la maldad,
a cometer crímenes y delitos;
ni que con los hombres malvados
participe en banquetes.

Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda,
pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza;
yo opondré mi oración a su malicia.

Sus jefes cayeron despeñados,
aunque escucharon mis palabras amables;
como una piedra de molino, rota por tierra,
están esparcidos nuestros huesos a la boca de la tumba.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Suba mi oración, Señor, como incienso en tu presencia.

Ant 2. Tú eres mi refugio y mi heredad, Señor, en el país de la vida.

Salmo 141 – ORACIÓN DEL HOMBRE ABANDONADO: TU ERES MI REFUGIO

A voz en grito clamo al Señor,
a voz en grito suplico al Señor;
desahogo ante él mis afanes,
expongo ante él mi angustia,
mientras me va faltando el aliento.

Pero tú conoces mis senderos,
y que en el camino por donde avanzo
me han escondido una trampa.

Me vuelvo a la derecha y miro:
nadie me hace caso;
no tengo adónde huir,
nadie mira por mi vida.

A ti grito, Señor;
te digo: «Tú eres mi refugio
y mi heredad en el país de la vida.»

Atiende a mis clamores,
que estoy agotado;
líbrame de mis perseguidores,
que son más fuertes que yo.

Sácame de la prisión,
y daré gracias a tu nombre:
me rodearán los justos
cuando me devuelvas tu favor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tú eres mi refugio y mi heredad, Señor, en el país de la vida.

Ant 3. El Señor Jesús se rebajó; por eso Dios lo levantó sobre todo, por los siglos de los siglos.

Cántico: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL – Flp 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor Jesús se rebajó; por eso Dios lo levantó sobre todo, por los siglos de los siglos.

LECTURA BREVE Rm 11, 33-36

¡Qué abismo de riqueza es la sabiduría y ciencia de Dios! ¡Qué insondables son sus juicios y qué irrastreables sus caminos! ¿Quién ha conocido jamás la mente del Señor? ¿Quién ha sido su consejero? ¿Quién le ha dado primero, para que él le devuelva? Él es origen, camino y término de todo. A él la gloria por los siglos. Amén.

RESPONSORIO BREVE

V. Cuántas son tus obras, Señor.
R. Cuántas son tus obras, Señor.

V. Y todas las hiciste con sabiduría.
R. Tus obras, Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cuántas son tus obras, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. «Yo vendré para reunir a los pueblos de toda lengua: acudirán para ver mi gloria», dice el Señor.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. «Yo vendré para reunir a los pueblos de toda lengua: acudirán para ver mi gloria», dice el Señor.

PRECES

Glorifiquemos a Dios, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, y supliquémosle diciendo:

Escucha a tu pueblo, Señor.

Padre todopoderoso, haz que abunde en la tierra la justicia
y que tu pueblo se alegre en la paz.

Que todos los pueblos entren a formar parte de tu reino
y que el pueblo judío sea salvado.

Que los esposos cumplan tu voluntad, vivan en concordia
y que sean siempre fieles a su mutuo amor.

Recompensa, Señor, a nuestros bienhechores
y concédeles la vida eterna.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acoge con amor a los que han muerto víctimas del odio, de la violencia o de la guerra
y dales el descanso eterno.

Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Señor Dios, que unes en un mismo sentir los corazones de los que te aman, impulsa a tu pueblo a amar lo que pides y a desear lo que prometes, para que, en medio de la inestabilidad de las cosas humanas, estén firmemente anclados nuestros corazones en el deseo de la verdadera felicidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio Divina – 20 de agosto

Lectio: Sábado, 20 Agosto, 2016
Tiempo Ordinario
  
1) Oración inicial 
¡Oh Dios!, que has preparado bienes inefables para los que te aman; infunde tu amor en nuestros corazones, para que, amándote en todo y sobre todas las cosas, consigamos alcanzar tus promesas, que superan todo deseo. Por nuestro Señor.
 
2) Lectura del Evangelio 
Del Evangelio según Mateo 23,1-12
Entonces Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos y les dijo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; ensanchan las filacterias y alargan las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame `Rabbí’. «Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar `Rabbí’, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie `Padre’ vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar `Instructores’, porque uno solo es vuestro Instructor: el Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.
 
3) Reflexión 
• (Hoy, 23 de agosto, en América Latina, se celebra la fiesta de Santa Rosa de Lima que tiene su propio evangelio: Mateo 13,44-46, cuyo comentario se encuentra en el día 30 de julio).
• El evangelio de hoy forma parte de la larga crítica de Jesús contra los escribas y los fariseos (Mt 23,1-39). Lucas y Marcos tienen apenas unos trozos de esta crítica contra las lideranzas religiosas de la época. Sólo el evangelio de Mateo nos informa sobre el discurso, por entero. Este texto tan severo deja entrever lo enorme que era la polémica de las comunidades de Mateo con las comunidades de los judíos de aquella época en Galilea y en Siria.
• Al leer estos textos fuertemente contrarios a los fariseos debemos tener mucho cuidado para no ser injustos con el pueblo judío. Nosotros los cristianos, durante siglos, tuvimos actitudes anti-judaicas y, por esto mismo, anti-cristianas. Lo que importa al meditar estos textos es descubrir su objetivo: Jesús condena la incoherencia y la falta de sinceridad en la relación con Dios y con el prójimo. Está hablando contra la hipocresía tanto de ellos como de nosotros, hoy.
• Mateo 23,1-3: El error básico: dicen y no hacen. Jesús se dirige a la multitud y a los discípulos y critica a los escribas y fariseos. El motivo del ataque es la incoherencia entre palabra y práctica. Hablan y no practican. Jesús reconoce la autoridad y el conocimiento de los escribas. “Están sentados en la cátedra de Moisés. Por esto, haced y observad todo lo que os digan. Pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen!”
• Mateo 23,4-7: El error básico se manifiesta de muchas maneras. El error básico es la incoherencia: “Dicen y no hacen”. Jesús enumera varios puntos que revelan una incoherencia. Algunos escribas y fariseos imponen leyes pesadas a la gente. Conocían bien las leyes, pero no las practican, ni usan su conocimiento para aliviar la carga sobre los hombros de la gente. Hacían todo para ser vistos y elogiados, usaban túnicas especiales para la oración, les gustaba ocupar sitios importantes y ser saludados en la plaza pública. Querían ser llamados ¡“Maestro”¡ Representaban un tipo de comunidad que mantenía, legitimaba y alimentaba las diferencias de clase y de posición social. Legitimaba los privilegios de los grandes y la posición inferior de los pequeños. Ahora, si hay una cosa que a Jesús no le gusta son las apariencias que engañan.
• Mateo 23,8-12: Cómo combatir el error básico. ¿Cómo debe ser una comunidad cristiana? Todas las funciones comunitarias deben ser asumidas como un servicio: “El mayor entre vosotros será vuestro servidor!” A nadie hay que llamar Maestro (Rabino), ni Padre, ni Guía. Pues la comunidad de Jesús debe mantener, legitimar, alimentar no las diferencias, sino la fraternidad. Esta es la ley básica: “Ustedes son hermanos y hermanas!” La fraternidad nace de la experiencia de que Dios es Padre, y que hace de todos nosotros hermanos y hermanas. “Pues, el que se ensalce será humillado, y el que se humille será ensalzado!”
• El grupo de los Fariseos. El grupo de los fariseos nació en el siglo II antes de Cristo con la propuesta de una observancia más perfecta de la Ley de Dios, sobre todo de las prescripciones sobre la pureza. Ellos eran más abiertos que los saduceos a las novedades. Por ejemplo aceptaban la fe en la resurrección y la fe en los ángeles, cosa que los saduceos no aceptaban. La vida de los fariseos era un testimonio ejemplar: rezaban y estudiaban la ley durante ocho horas al día; trabajaban durante ocho horas para poder sobrevivir; descansaban y se divertían otras ocho horas. Por eso, eran considerados grandes líderes entre la gente. De este modo, a lo largo de siglos, ayudaron a la gente a conservar su identidad y a no perderse.
• La mentalidad llamada farisáica. Con el tiempo, sin embargo, los fariseos se agarraron al poder y dejaron de escuchar los llamados de la gente, ni dejaron que la gente hablara. La palabra “fariseo” significa “separado”. Su observancia era tan estricta y rigurosa que se distanciaban del común de la gente. Por eso, eran llamados “separados”. De ahí nace la expresión «mentalidad farisáica». Es de las personas que piensan poder conquistar la justicia a través de una observancia escrita y rigurosa de la Ley de Dios. Generalmente, son personas miedosas, que no tienen el valor de asumir el riesgo de la libertad y de la responsabilidad. Se esconden detrás de la ley y de las autoridades. Cuando estas personas alcanzan una función de mando, se vuelven duras e insensibles para esconder su imperfección.
• Rabino, Guía, Maestro, Padre. Son los cuatro títulos que Jesús no permite que la gente use. Y sin embargo, hoy en la Iglesia, los sacerdotes son llamados “padre”. Muchos estudian en las universidades de la Iglesia y obtienen el título de “Doctor” (maestro). Mucha gente hace dirección espiritual y se aconseja con las personas que son llamadas “Director espiritual” (guía). Lo que importa es que se tenga en cuenta el motivo que llevó a Jesús a prohibir el uso de estos títulos. Si son usados para que una persona se afirme en una posición de autoridad y de poder, son mal usados y esta persona se merece la crítica de Jesús. Si son usados para alimentar la fraternidad y el servicio y para profundizar en ellos, no son criticados por Jesús. .
 
4) Para la reflexión personal
• ¿Cuáles son las motivaciones que tengo para vivir y trabajar en la comunidad?
• Cómo la comunidad me ayuda a corregir y mejorar mis motivaciones?
 
5) Oración final
Escucharé lo que habla Dios.
Sí, Yahvé habla de futuro
para su pueblo y sus amigos,
que no recaerán en la torpeza. (Sal 85,9)

Domingo XXI de Tiempo Ordinario

1. Palabra

A los humanos nos encanta la suerte futura: «¿Serán pocos los que se salven?» Algunos cristianos, más conservadores, mantienen la vieja idea de que es difícil salvarse, que las almas llueven sobre el infierno (es famosa esa imagen heredera de un visión de santa Teresa). Otros, más «progres», dice que ninguno se condenará, que Dios, siendo Padre, no puede castigar a sus hijos, por mal que se hayan portado, como si el infierno lo crease Dios y no el hombre. La respuesta de Jesús es característica de su estilo: No se trata de saber, sino de optar y dejar en manos de Dios nuestro futuro.

De todos modos, el contexto en que los discípulos y Jesús hablan de la Salvación no se refiere a la salvación-condenación eternas (si bien es aplicable), sino a la experiencia anticipada del Reino, inaugurado con la actividad del Mesías Jesús y la misión del discípulo. También esta cuestión inquieta hoy a muchos creyentes: ¿A cuántos llega, efectivamente, el Reino?

La verdad es que no llega a todos los que han recibido el bautismo y asisten a la Eucaristía y practican fielmente los mandamientos de Dios y de la Iglesia. El Evangelio nos da una pista de por qué no llega a éstos: porque se creen con derecho.

Por eso llega a los sin-derecho, por gracia del Señor. Y así lo celebra el profeta posterior al destierro (primera lectura), en un momento en que Israel está teniendo la tentación de cerrarse sobre sí mismo.

2. Vida

La Palabra puede aplicarse a la vida personal y eclesial. Anchura de corazón, sería lo esencial. Espíritu ecuménico, en nuestra forma de abordar el diálogo con los no-cristianos. ¿Por qué sentimos amenazada nuestra identidad cuando nos ponemos a escuchar a «los otros»?

No es honesto un «diálogo diplomático», en que escuchamos «para atraer». Dios es más grande que la Iglesia, incluso que la revelación histórica dada en Jesús. Si nuestra identidad naciese de la verdad de nuestra fe en Jesús, sabríamos que es la Palabra eterna del Padre para todos los hombres; pero no necesitaríamos identificar el señorío de Jesús con el triunfo de la Iglesia, y pensaríamos, incluso, que las religiones no cristianas tienen una misión de Salvación en el conjunto del Plan salvador de Dios.

Javier Garrido

Jesús nos dice cómo salvarnos

Los discípulos van de camino a Jerusalén, saben del riesgo que les aguarda en la ciudad, rompen el diálogo con Jesús: “¿Cómo nos salvamos?, ¿Tú eres el salvador?” La pregunta nos la habremos planteado nosotros muchas veces.

Jesús les responde con una breve parábola, les dice que la salvación es posible para todos, también para ellos. ÉL nos muestra el camino, si hacemos nuestro lo que a él le salvó, nosotros nos salvaremos, y les presenta una breve parábola en la que se adivina un mundo, un patrón nuevo, Dios en definitiva, no entiende las cosas como nosotros las queremos, por números, por sacrificios, por esfuerzos personales de lo que se ha llamado “do ut des” (te doy para que tú me des). 

Muchos pensarán que al ser cristianos de toda la vida, al haber cumplido los mandamientos de Dios y de la Iglesia (si eso se puede decir), y de haber sido muy clericales… se alcanzará la salvación, pero el dueño de la parábola asegura que no los conoce”, les responde Jesús.

Nuestra confusión proviene de nuestro convencimiento de que estamos con Dios, con Jesús, con el evangelio, con la Iglesia, pero en realidad hemos estado interesados en nosotros mismos y en nuestra salvación. Es lo que la parábola pone de manifiesto.

Se ha ido introduciendo entre nosotros una visión mecanicista de la salvación con el error de considerar en los sacramentos virtualidades increíbles, así es, como se suele buscar al sacerdote a la hora de la muerte, para que “despache al difunto bien preparado”. 

Jesús dice que podemos buscar la verdadera salvación con las actitudes de cada persona en nuestra vida real. También con las pequeñas acciones por oposición a quienes dominan con su poder. Así lo dice Jesús, “la misma salvación es posible para todos los humanos de todas edades, culturas, razas cuando des un banquete, cuando se invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos”.
Jesús nos llama a todos a una vida responsable y digna, a un estilo de vivir que conduce a la plenitud de la justicia, y dice que esta puerta es estrecha. La puerta estrecha, no apunta a un moralismo co-accionante, sino a lucidez y responsabilidad de quien, desde su conciencia personal, se esfuerza por ser fiel a Dios en las pruebas de la vida, a ser fiel a los principios evangélicos y se esfuerza en hacer suya la invitación de seguir a Cristo como él vivió. Es el camino de la solidaridad, fraternidad y servicio al hermano frente al egoísmo, la agresividad y la violencia. Es el camino resumido por Jesús en las bienaventuranzas.

El recorrer libremente ese camino nos obliga a asumir, como personas responsables, un control y un dominio de nuestra persona frente al dominio del consumismo, del dinero y de los bienes materiales que tratan de imponerse. Jesús pide aceptar su programa evangélico y para ello estar dispuestos a rechazar lo que nos desvíe de la fraternidad, la justicia, la libertad personal, actitudes que Él inculcó.

Hoy puede molestar su afirmación de que para sentarse en la mesa del banquete no es importante pertenecer a ninguna institución, sino el seguir sus enseñanzas. Llegarán muchos, y dirán : ”aquí estoy Señor, nosotros nos conocemos, verdad?. He sido católico toda mi vida. He formado parte de muchas organizaciones piadosas. He sido miembro de la Acción Católica, de las Hijas de María, del Neo Catecumenado, del Opus Dei, de Comunión y Liberación, etc… Y el Señor puede que les diga: “Lo siento, pero no te recuerdo. Tú no has vivido según mis mandamientos de amor y de justicia, de compasión y de perdón. Posiblemente haya oído hablar de ti, pero no te conozco. No has compartido tus riquezas con los pobres. Has sido duro en tus negocios y has causado la ruina de muchos. No has olvidado un solo insulto o una injusticia que un hermano te ha causado hace ya tiempo… Lo siento, pero no eres uno de los míos”.

Podrá llegar uno que no ha oído hablar de Jesús, o que se considera ateo, por haber rechazado la falsa idea de Dios que se le había presentado. Y Jesús le dirá: ”bienvenido a mi Reino”. Y le responderá: ”Creo que te equivocas. Me tomas por otro. ¿No sabes que yo no soy católico o que he abandonado la Iglesia a los dieciocho años?” Jesús le dirá: ”Lo que piensas no tiene importancia. Tu corazón ha estado siempre con migo. Has vivido según los valores por los que yo he vivido y he muerto. Tú me has conocido siempre, incluso ignorando mi nombre. Bienvenido a mi Reino”

Aunque resulte ofensivo para algunos de nosotros, que nos consideramos buenos cristianos, la enseñanza de Jesús es, que el que hayamos sido llamados a ser miembros de la Iglesia o de su Jerarquía, no implica ningún privilegio. Implica una misión. Estamos llamados a ser auténticos discípulos de Cristo, que quiere decir a seguirle y a vivir según sus enseñanzas. Si formo parte de la Iglesia pero no vivo conforme a las enseñanzas de Cristo, no soy uno de sus discípulos. Mi participación en la Iglesia está vacía de sentido. Por otra parte, cualquiera puede no pertenecer a la Iglesia y ser en cambio un auténtico discípulo de Cristo, si vive según los valores humanos y espirituales por los que Jesús vivó y murió, aunque jamás haya oído hablar de él. Hay millones de cristianos anónimos por el mundo.

Si todos los aquí presentes somos a la vez miembros de la Iglesia y discípulos de Cristo, personas que se esfuerzan, a pesar de nuestras debilidades, para vivir la salvación de Dios de hacer conocer la persona, el nombre y el mensaje de Jesús por nuestra vida y por nuestras palabras, hemos de ver en el Evangelio no solo la seguridad de formar parte del pequeño número de privilegiados, sino el tener una misión a la vez bella y exigente. La vida que recibimos de Dios es un regalo, es una tarea, que exigirá esfuerzo, porque no hay libertad sin sacrificio, ni vida sin renuncia.

Debemos aprender a recibir la salvación como una gracia de Dios, como un regalo, y a estar dispuestos a compartir este don con todos los hombres de cualquier clase y religión “otros vendrán”…No es una cuestión de número, sino de generosidad.

En la parábola se adivina un patrón, un mundo nuevo, Dios en definitiva, que no entiende las cosas como nosotros, por números, por sacrificios, por esfuerzos personales de lo que se ha llamado “do ut des” (te doy para que me des). 

Esta es una llamada a la “radicalidad”, que pudiéramos transcribir as: Jesús lo que busca son los corazones y la actitudes de los que le siguen, quien quiera salvarse debe vivir según la voluntad de Dios.

José Larrea Gayarre

Amoris Laetitia – Francisco I

La familia y la Iglesia

86. «Con íntimo gozo y profunda consolación, la Iglesia mira a las familias que permanecen fieles a las enseñanzas del Evangelio, agradeciéndoles el testimonio que dan y alentándolas. Gracias a ellas, en efecto, se hace creíble la belleza del matrimonio indisoluble y fiel para siempre. En la familia, “que se podría llamar iglesia doméstica” (Lumen gentium, 11), madura la primera experiencia eclesial de la comunión entre personas, en la que se refleja, por gracia, el misterio de la Santa Trinidad. “Aquí se aprende la paciencia y el gozo del trabajo, el amor fraterno, el perdón generoso, incluso reiterado, y sobre todo el culto divino por medio de la oración y la ofrenda de la propia vida” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1657)»[101].


[101] Relatio synodi 2014, 23.

Homilía del domingo

El día 7, Jesús nos advertía de la necesidad de estar preparados, como los sirvientes, esperando la venida de su señor. El 14, Jesús nos señalaba la finalidad de esa preparación: llenar nuestras manos de buenas obras entre las que se contaba contribuir con Él a pegar fuego a los pecados del mundo mediante la implantación del amor. 

Terminábamos la Eucaristía preguntándonos: ¿Qué pasará al mundo y a nosotros los cristianos si no lo hacemos?

Al mundo, ya lo estamos viendo y padeciendo. Las revoluciones que han tenido lugar a lo largo de la historia, como violenta reacción a las injusticias de la sociedad, han nacido más del odio y el resentimiento que del deseo de establecer un sistema más humano. Por eso, lejos de alcanzar un nuevo orden social, han servido para que surgieran nuevas injusticias. La revolución francesa puso demasiado odio en su afán de guillotinar cabezas. La rusa llenó los Gulag, así como la estepa siberiana, de torturados y muertos. Cambiaron muchas cosas pero no erradicaron ni el egoísmo, ni la pasión por el poder absoluto y despótico, ni la envidia, ni la codicia. Volvieron a aparecer los mismos perros solo que con diferentes collares. 

No hay que cambiar la “corteza” sino los corazones, las mentesabriéndolas a una nueva concepción del hombre y de la vida. Mientras no se fortalezcan estas ideas fundamentales, mientras no descubramos la dignidad de la persona y la razón de ser de nuestra existencia, andaremos con paños calientes, pero el mal seguirá existiendo, agazapado, más o menos controlado, pero siempre amenazando con seguir manifestándose de una u otra manera.

El mundo no se arregla con el odio sino con el amor. Con el amor que une, que perdona, que acerca, que invita a juntar las voluntades en un proyecto común de bienestar para todos sin excluir a nadie.

¿Qué nos pasará a los cristianos? 

Hace muchos años propuso Dios al pueblo judío liderar esta gran revolución. No supieron estar a la altura de las circunstancias; le fallaron a Dios. Ante esta falta de respuesta Jesús les anunció su reemplazo: “Veréis a Abrahán, a Isaac y a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, mientras que vosotros sois echados fueraSin embargo de oriente y de occidente, del norte y del sur vendrán a sentarse a la mesa en el reino de Dios”. 

Jesús confió esta misión a “esos otros”, sus seguidores, cuyos últimos representantes somos nosotros, los cristianos del siglo XXI

Todos debemos preguntarnos si hemos estado a la altura de las circunstancias o hemos traicionado o al menos no impulsado suficientemente la extensión práctica del evangelio. No hemos pegado fuego al mal y no hemos implantado suficientemente el amor que iluminara otro mundo. Basta con abrir cualquier periódico o escuchar, da lo mismo cualquier telediario para ver qué lejos estamos de haber construido un mundo medianamente adecuado para todos los que lo habitamos. 

Los cristianos no hemos tenido el suficiente coraje como para romper los moldes paganos de convivencia. Nos ha faltado fe para arremeter contra lo mundano. Creemos, pero no del todo, a medias y por eso hemos dejado la tarea a medias. Hemos querido nadar y guardar la ropa por si lo de la fe no es del todo así.

Tal y como está el mundo es claro que los cristianos no hemos sabido evangelizarlo, transformarlo en cristiano, y en muchas ocasiones hemos mundanizado el evangelio en formas ambiguas en la que cabía una vela a Dios y otra al diablo.

Hemos sido una sal poco salada que ha permitido una cierta “insulsez” al mundoComo fermento, como levadura que Jesús quería que fuéramos, los cristianos hemos dejado mucho que desear, hay mucha masa todavía que fermentar. 

Somos una luz que solo ilumina a medias.

¿Tendrán que venir otros a construir un mundo verdaderamente humano? ¿Quiénes serán? Hombres y mujeres comprometidos seriamente con el Evangelio, dispuestos a dar vuelta al mundo, presagiando unos tiempos nuevos? ¿Serán, por el contrario, unos desesperados que llenos de odio y resquemor, comidos por el afán de destrucción arrasarán todo dejándolo convertido en un montón de escombros?

Eso en gran parte dependerá de la postura que tomemos los cristianos, y en general, todos los hombres y mujeres de buena voluntad. No hay más solución, seamos creyentes o no, que aplicar el remedio que nos dio Jesús: que amemos a los demás y que les amemos como quisiéramos nosotros ser amados. Sin literatura, sin palabras grandilocuentes, sin gestos teatrales, con cercanía, con proximidad a los demás, haciéndoles lo que nosotros quisiéramos que nos hicieran a nosotros. 

Hay una tarea ingente por realizar, pero, como nos decía el Papa Francisco en la “Evangelii Gaudium” no hemos de caer en el pesimismo estéril. NO“Nadie puede emprender una lucha si de antemano no confía plenamente en el triunfo”. (nº 85) No miremos esos males como imposibles de remover sino todo lo contrario, como desafíos para crecer” (nº 71). Veamos un mundo nuevo como realmente posible si hay hombres y mujeres empapados de Evangelio. 

Luchemos, NO NOS DEJEMOS ROBAR LA ESPERANZA clamaba el Papa en esa misma exhortación (nº.86). 

Pidamos a Dios en esta Eucaristía que nos haga ver que la esperanza es posible… todavía. AMÉN.

Pedro Saez

La puerta estrecha del reino

1. A una pregunta de los discípulos sobre el número de los que se salvan, Jesús responde sobre el cómo de la salvación, sobre el esfuerzo que requiere. La «puerta estrecha» es imagen de la entrada en el reino, que se traduce en la opción por Jesús y por su evangelio. «Esforzarse» es poner en práctica las enseñanzas de Jesús.

2. La puerta se cierra cuando se rechaza la conversión. No basta con haber pertenecido al pueblo de Dios por la circuncisión, o incluso por el bautismo, si no se han tenido entrañas de caridad. Tampoco basta con haber enseñado o hablado si la palabra no ha ido acompañada de un testimonio coherente, o compromiso. Es imprescindible una aceptación práctica de Jesús, una fidelidad a su mensaje traducida en obras.

3. Dios rechaza a los judíos circuncisos y a los bautizados que no son fieles, mientras que admite a los paganos que lo buscan y lo encuentran. Los cuatro puntos cardinales a que alude el evangelio se refieren a los que viven en la marginación, en el Tercer Mundo, en los rincones olvidados del universo… Por eso termina este pasaje de Lucas con una sentencia desconcertante respecto de los primeros y los últimos. Los impenitentes serán rechazados, y los que han tenido una actitud profética por la justicia serán admitidos.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Nos esforzamos en ser cristianos? ¿En qué se nota?

Casiano Floristán

Entrar por la puerta

Is 66, 18-21

Heb 12, 5-7.11-13 

Lc 13, 22-30

La salvación del Dios que se revela en la Biblia no es sólo para unos pocos, está abierta a todos. Esa es la gran lección que las lecturas de este domingo quieren recordarnos.

La puerta estrecha

El evangelio comienza con la pregunta de uno de los oyentes de Jesús: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?» (v. 23). La pregunta podría entenderse en simples términos numéricos, pero Jesús no la asume de esta manera. Su respuesta es tan directa como aparentemente desconcertante: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha» (v. 24). La salvación pasa por la puerta angosta. Una clave para entender la respuesta de Jesús se encuentra al inicio del texto cuando nos recuerda que Jesús iba camino a Jerusalén (cf. v. 22). En los evangelios el camino a Jerusalén expresa la decisión de Jesús de cumplir fielmente la misión de su Padre de anunciar y practicar la buena nueva hasta la últimas consecuencias. En ese contexto —en la ruta a Jerusalén— tiene lugar la pregunta del oyente y la respuesta de Jesús.

La puerta estrecha es efectivamente excluyente, no en cuanto a las personas, sino en cuanto al «derecho» de ser salvado. La salvación no viene de una simple cercanía física a Jesús (cf. v. 2627), no basta haber comido o bebido con él, o haberlo escuchado en las plazas. Tampoco es la consecuencia de pertenecer a un determinado pueblo, en este caso el pueblo judío (cf. v. 28). El texto no lo dice, pero se podría añadir, en fidelidad al espíritu de la respuesta de Jesús, que la salvación no se circunscribe a una raza o una cultura. La salvación viene cuando aceptamos a Jesús y nos ponemos tras sus pasos. Esa es la puerta estrecha, la puerta única a la vida, es una entrada exigente. Puede en un momento resultarnos penosa, como la corrección de que se habla en Hebreos, «pero… nos da como fruto una vida honrada y en paz».

La puerta grande

La puerta estrecha se convierte de este modo en puerta grande, abierta a todos, sin exclusivismos. Lo recalca el texto de Isaías al decir Yahvé: «Yo vendré para reunir a las naciones de toda lengua» (v. 18). La puerta estrecha —el seguimiento de Jesús— debe ser puesta en relación con la apertura a la universalidad, a todas las naciones. Todos están invitados a seguir el camino de Jesús.

Todos están invitados, pero la invitación significa seguir el camino de Jesús. La apertura a la universalidad no diluye el contenido de la invitación. Por eso, la referencia al final del texto sobre «los últimos que serán primeros» y los «primeros que serán últimos» (Lc 13, 30). El contexto inmediato de esta frase no es el mismo que hallamos en Mateo (cf. 19, 30 y 20, 16). Aquí apunta a la relación del pueblo judío con las demás naciones. Se puede también pensar que la puerta estrecha es justamente la puerta de entrada de la multitud a la mesa del banquete del Reino.

Gustavo Gutiérrez

La puerta estrecha

Hay frases en el evangelio que nos resultan tan duras y molestas que, casi inconscientemente, las encerramos en un cómodo paréntesis y las olvidamos para no sentirnos demasiado interpelados. Una de ellas es, sin duda, ésta que escuchamos hoy de labios de Jesús: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha». 

Estamos caminando hacia una sociedad más tolerante y permisiva, y esto que, sin duda, tiene aspectos grandemente válidos y enriquecedores, está provocando lo que algunos llaman «involución moral». Muchos comportamientos éticamente reprobables que antes permanecían en la esfera de lo privado, son aireados y exhibidos públicamente. 

Por otra parte, se está imponiendo en determinadas áreas una permisividad jurídica cada vez mayor (infidelidad matrimonial, aborto…). Y, naturalmente, cuando la ley civil es suavizada o se hace más tolerante, se produce un «vacío moral» en aquellos que han tomado erróneamente la ley civil como guía de su conducta. 

Pero, la crisis moral tiene raíces más profundas. La sociedad actual está haciendo nacer un tipo de «hombre amoral». Esta sociedad de consumo ataca el núcleo moral de la persona y lo desmoraliza, colocando en primer término el valor de las cosas y empobreciendo el espíritu humano de las personas. 

Se toman en serio las banalidades y se pierde de vista lo profundo. La persona se afana por demasiadas cosas y se le escapa el alma. «Es difícil en verdad que en el hombre-masa crezcan los valores éticos» (López Ibor). 

La competencia se transforma en agresividad. Las relaciones humanas se desintegran. La producción se reduce a la búsqueda implacable de lucro. El amor se degrada y la sexualidad se convierte en un producto más de consumo. 

Pero, precisamente en esta sociedad, hay hombres y mujeres que están descubriendo que es necesario entrar por la «puerta estrecha», que no es un moralismo raquítico y sin horizontes, sino un comportamiento lúcido y responsable. La puerta por la que entran los que se esfuerzan por vivir fielmente el amor, los que tratan de vivir al servicio del hermano y no tras la posesión de las cosas, los que saben vivir con sentido de solidaridad y no desencadenando agresividad y violencia.

José Antonio Pagola

Comentario al evangelio (20 de agosto)

      Hace años le oí a un sacerdote decir que el predicaba solamente aquello que vivía. Le escuché con atención y quise entender lo que quería decir. Pero pensé entonces y pienso ahora que si predico sólo lo que vivo, lo que ya he hecho vida, del Evangelio, entonces probablemente mis predicaciones serían brevísimas y muy poco numerosas. Exagerando un poco, podría decir que con una o dos al año y de tres o cuatro minutos cada una, ya tendría suficiente para predicar lo que vivo. ¡Me queda tanto! ¡Son tantas mis imperfecciones, mis lagunas! ¡Son tan pocas mis fuerzas! Quizá los que leen estos comentarios estén ya muy adelantados en el camino del seguimiento. Por mi parte, lo sigo intentando todos los días con la conciencia de que aún queda mucho por vivir. 

      Pero lo que también hago todos los días, es dar gracias a Dios porque, como dice san Pablo, aunque sea en vasijas de barro, llevamos el evangelio en nuestra manos (2 Cor 4,7). Y eso es lo más grande y lo mejor que nos ha podido pasar. Si Jesús se dirigiese a los oyentes de mis homilías y a los lectores de estos comentarios, les diría también lo mismo que decía a sus oyentes de los fariseos: haced lo que os digan pero no hagáis lo que hacen. Y tendría toda la razón del mundo. No me podría criticar mi buena voluntad, ciertamente, pero si que se daría cuenta con relativa facilidad de las muchas inconsistencias y contradicciones que hay en mi vida. 

      Digo todo esto, porque a veces tenemos una idea muy negativa de los fariseos. Como si ellos fueran los malos de la película. Todos unos hipócritas, sólo preocupados por guardar las apariencias. Algunos serían así, desde luego. Pero muchos otros eran buena gente, personas de buena voluntad, deseosos de cumplir en todo momento la voluntad de Dios. Quizá había terminado equivocando ese deseo con la búsqueda de la seguridad a través del cumplimiento exhaustivo de unas normas cuya letra terminó siendo más importante que su contenido y motivación. 

      Conclusión: no hay que desautorizar al predicador porque no sea totalmente coherente con lo que predica. Al fin y al cabo, Jesús no dice en ningún momento “no hagáis lo que dicen”. Recomienda más bien a sus oyentes que “hagan lo que dicen pero que no hagan lo que hacen.” Perfecto. Está claro. En realidad, el predicador es un vocero del Evangelio. No es dueño ni responsable del mensaje. Todos estamos a la escucha de la palabra de Jesús. Todos tenemos que ir haciéndola vida. Todos estamos en camino. También el que predica. Y todos, con mucha humildad, oramos unos por otros, para que vayamos siendo más fieles y más capaces de amar hasta dar la vida, como él hizo. 

Fernando Torres, cmf