Vísperas – Lunes XXI de Tiempo Ordinario

LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA, REINA (MEMORIA).

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: DE HERMOSAS CONTRADICCIONES

De hermosas contradicciones
te vemos, Reina, adornada,
muy mujer para divina,
muy celestial para humana.

Con admiración, en ella
se ve la ley derogada,
muy humilde para Reina,
muy exenta para esclava.

Por su caudillo la tienen
las celestiales escuadras,
para combatir muy tierna,
para niña muy armada.

La dignidad de que goza
con su modestia batalla,
para mandar muy pequeña,
para humillarse muy alta.

Une en sus divinos ojos
al temor la confianza,
muy terrible para hermosa,
para espantar muy amada.

Colocada en el empíreo,
en la celestial morada,
corto solio a su grandeza,
a su humildad mucho alcázar. Amén.

SALMODIA

Ant 1. El Señor se complace en los justos.

Salmo 10 – EL SEÑOR ESPERANZA DEL JUSTO

Al Señor me acojo, ¿por qué me decís:
«escapa como un pájaro al monte,
porque los malvados tensan el arco,
ajustan las saetas a la cuerda,
para disparar en la sombra contra los buenos?
Cuando fallan los cimientos,
¿qué podrá hacer el justo?»

Pero el Señor está en su templo santo,
el Señor tiene su trono en el cielo;
sus ojos están observando,
sus pupilas examinan a los hombres.

El Señor examina a inocentes y culpables,
y al que ama la violencia él lo detesta.
Hará llover sobre los malvados ascuas y azufre,
les tocará en suerte un viento huracanado.

Porque el Señor es justo y ama la justicia:
los buenos verán su rostro.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor se complace en los justos.

Ant 2. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Salmo 14 – ¿QUIÉN ES JUSTO ANTE EL SEÑOR?

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,

el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,

el que no retracta lo que juró
aún en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Ant 3. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN – Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

LECTURA BREVE Ga 4, 4-5

Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.

RESPONSORIO BREVE

V. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.
R. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.

V. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.
R. El Señor está contigo.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Dichosa tú, María, porque has creído lo que te ha dicho el Señor; por eso reinas ya eternamente con Cristo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dichosa tú, María, porque has creído lo que te ha dicho el Señor; por eso reinas ya eternamente con Cristo.

PRECES

Proclamemos las grandezas de Dios Padre todopoderoso, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y supliquémosle diciendo:

Mira a la llena de gracia y escúchanos.

Señor, Dios nuestro, admirable siempre en tus obras, que has querido que la inmaculada Virgen María participara en cuerpo y alma de la gloria de Jesucristo,
haz que todos tus hijos deseen y caminen hacia esta misma gloria.

Tú que nos diste a María por Madre, concede por su mediación salud a los enfermos, consuelo a los tristes, perdón a los pecadores,
y a todos abundancia de salud y de paz.

Tú que hiciste de María la llena de gracia,
concede la abundancia de tu gracia a todos los hombres.

Haz, Señor, que tu Iglesia tenga un solo corazón y una sola alma por el amor,
y que todos los fieles perseveren unánimes en la oración con María, la madre de Jesús.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que coronaste a María como reina del cielo,
haz que los difuntos puedan alcanzar con todos los santos la felicidad de tu reino.

Confiando en el Señor que hizo obras grandes en María, pidamos al Padre que colme también de bienes al mundo hambriento:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, Dios nuestro, que nos has dado como madre y como reina a la Madre de tu Hijo, concédenos que, protegidos por su intercesión, alcancemos la gloria que tienes preparada a tus hijos en el reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio Divina – 22 de agosto

Lectio: Lunes, 22 Agosto, 2016

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, que has preparado bienes inefables para los que te aman; infunde tu amor en nuestros corazones, para que, amándote en todo y sobre todas las cosas, consigamos alcanzar tus promesas, que superan todo deseo. Por nuestro Señor.

2) Lectura del Evangelio

Del Evangelio de Lucas 1,26-38
Al sexto mes envió Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y, entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se conturbó por estas palabras y se preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande, se le llamará Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.» María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y se le llamará Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez y este es ya el sexto mes de la que se decía que era estéril, porque no hay nada imposible para Dios.» Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel, dejándola, se fue.

3) Reflexión

• Hoy es la fiesta de María Reina. El texto que meditamos en el evangelio describe la visita del ángel a María (Lc 1,26-38). La Palabra de Dios llega a María no a través de un texto bíblico, sino a través de una experiencia profunda de Dios, manifestada en la visita del ángel. Así también acontece con la visita de ángel. En el AT, muchas veces, el ángel de Dios es Dios mismo. Fue gracias a rumiar la Palabra escrita de Dios en la Biblia, que María fue capaz de percibir la Palabra viva de Dios en la visita del Ángel. Así también acontece con la visita de Dios en nuestras vidas. Las visitas de Dios son frecuentes. Pero porque no rumiamos la Palabra escrita de Dios en la Biblia, no percibimos la visita de Dios en nuestras vidas. La visita de Dios es tan presente y tan continua que, muchas veces, no la percibimos y por ello perdemos una gran oportunidad de vivir en paz y en alegría.
• Lucas 1,26-27:  La Palabra entra en la vida. Lucas presenta a las personas y los lugares: una virgen llamada María, prometida a un hombre, llamado José, de la casa de David. Nazaret, una pequeña ciudad en Galilea. Galilea era periferia. El centro era Judea y Jerusalén. El ángel Gabriel es el enviado de Dios para esta virgen que moraba en la periferia. El nombre  Gabrielsignifica Dios es fuerte. El nombre María significa  amada por Yavé o Yavé es mi Señor. La historia de la visita de Dios a María comienza con una expresión: “En el sexto mes”. Se trata del “sexto mes” de embarazo de Isabel, parienta de María, una mujer ya avanzada en edad, precisando ayuda. La necesidad concreta de Isabel es el trasfondo de todo este episodio. Se encuentra al comienzo (Lc 1,26) y al final (Lc 1,36.39).
• Lucas 1,28-29: La reacción de María. Fue en el Templo que el ángel apareció a Zacarías. A María le aparece en su casa. La Palabra de Dios alcanza a María en el ambiente de vida de cada día. El ángel dice:  “¡Alégrate! ¡Llena de gracia! ¡El Señor está contigo!” Palabras semejantes ya habían sido dichas a Moisés (Ex 3,12), a Jeremías (Jr 1,8), a Jedeón (Jz 6,12), a Ruth (Rt 2,4) y a muchos otros. Abren el horizonte para la misión que estas personas del Antiguo Testamento debían realizar al servicio del pueblo de Dios. Intrigada con el saludo, María trata de conocer el significado. Es realista, usa la cabeza. Quiere entender. No acepta cualquier aparición o inspiración.
• Lucas 1,30-33: La explicación del ángel. “No temas, María!” Este es siempre el primer saludo de Dios al ser humano: ¡No temas! Enseguida, el ángel recuerda las grandes promesas del pasado que se realizarán a través del hijo que va a nacer en María. Ese hijo debe recibir el nombre de Jesús. Será llamado Hijo del Altísimo, y en él se realizará, finalmente, el Reino de Dios prometido a David, que todos estaban esperando ansiosamente. Esta es la explicación que el ángel da a María para que no quede asustada.
• Lucas 1,34: Nueva pregunta de María. María tiene conciencia de la misión importante que está recibiendo, pero permanece realista. No se deja embalar por la grandeza de la oferta y mira su condición: “¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?”Ella analiza la oferta a partir de los criterios que nosotros, los seres humanos, tenemos a nuestra disposición. Pues, humanamente hablando, no era posible que aquella oferta de la Palabra de Dios se realizara en aquel momento.
• Lucas 1,35-37: Nueva explicación del ángel«El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y se le llamará Hijo de Dios”. El Espíritu Santo, presente en la Palabra de Dios desde el día de la Creación (Génesis 1,2), consigue realizar cosas que parecen imposibles. Por esto, el  Santo que va a nacer de María, será llamado Hijo de Dios. Cuando hoy la Palabra de Dios es acogida por los pobres sin estudio, algo nuevo acontece ¡por la fuerza del Espíritu Santo! Algo tan nuevo y tan sorprendente como que un hijo nace de una virgen o como que un hijo nace a Isabel, una mujer avanzada en edad, de la que todo el mundo decía que no podía tener hijos. Y el ángel añade: “Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez y este es ya el sexto mes”.
• Lucas 1,38: La entrega de María. La respuesta del ángel aclara todo para María. Ella se entrega a lo que Dios le está pidiendo: “He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu Palabra”. Maria usa para sí el título de Sierva, empleada del Señor. El título viene de Isaías, quien presenta la misión del pueblo no como un privilegio, sino como un servicio a los otros pueblos (Is 42,1-9; 49,3-6). Más tarde, Jesús, el hijo que estaba siendo engendrado en aquel momento, definirá su misión: “¡No he venido para ser servido, sino para servir!” (Mt 20,28). ¡Aprendió de su Madre!

• Lucas 1,39: La forma que María encuentra para servir. La Palabra de Dios llega y hace con que María se olvide de sí para servir a los demás. Ella deja el lugar donde estaba y va hacia Judea, a más de cuatro días de camino, para ayudar a su prima Isabel. María empieza a servir y a cumplir su misión a favor del pueblo de Dios.

4) Para la reflexión personal

• ¿Cómo percibes la visita de Dios en tu vida? ¿Has sido visitado/a alguna vez? ¿Fuiste ya una visita de Dios en la vida de los otros, sobre todo de los pobres? ¿Cómo este texto te ayuda a descubrir las visitas de Dios en tu vida?
• La Palabra de Dios se encarnó en María. ¿Cómo la Palabra de Dios está tomando carne en mi vida personal y en la vida de la comunidad?

5) Oración final

¡Den gracias a Yahvé por su amor,
por sus prodigios en favor de los hombres!
Pues calmó la garganta sedienta,
y a los hambrientos colmó de bienes. (Sal 107,8-9)

Bendición para el nuevo curso

Te deseo, al comienzo de este curso:
Que el Buen Dios te mire y te envuelva.

Que el Buen Dios te alegre el corazón.
Que el Buen Dios te llene de paz y de alegría.
Que el Buen Dios te dé sabiduría para entender la vida como entrega.
Que el buen Dios te dé novedad para hacer de cada día algo nuevo,

no una triste rutina.
Que el Buen Dios te llene de fuerza en los días grises y de cansancio.
Que el Buen Dios te dé tanto amor que no midas la entrega.
Que el Buen Dios te conceda delicadeza

para hacer del amor «detalles de amor».
Que el Buen Dios te dé sensibilidad
para leer los susurros secretos del corazón.
Que el Buen Dios sea tu horizonte y tu fuente.
Te deseo: Que Dios Padre y Madre, recree cada día tu vida.
Que Dios Hijo, sane y cure las heridas que te encierran en ti mismo.
Que Dios Espíritu Santo, avive en ti todo lo que Jesús nos dijo

y nos dejó como signo de Vida Nueva.
Te deseo: que todos estos deseos puedan ser una realidad en la vida Y EN EL AULA CADA DIA.

Amoris laetitia – Francisco I

88. El amor vivido en las familias es una fuerza constante para la vida de la Iglesia. «El fin unitivo del matrimonio es una llamada constante a acrecentar y profundizar este amor. En su unión de amor los esposos experimentan la belleza de la paternidad y la maternidad; comparten proyectos y fatigas, deseos y aficiones; aprenden a cuidarse el uno al otro y a perdonarse mutuamente. En este amor celebran sus momentos felices y se apoyan en los episodios difíciles de su historia de vida […] La belleza del don recíproco y gratuito, la alegría por la vida que nace y el cuidado amoroso de todos sus miembros, desde los pequeños a los ancianos, son sólo algunos de los frutos que hacen única e insustituible la respuesta a la vocación de la familia»[103], tanto para la Iglesia como para la sociedad entera.


[103] Ibíd., 49-50.

Homilía Domingo XXII de Tiempo Ordinario

Las teorías pedagógicas más recientes ponen mucho énfasis en trabajar y cultivar la autoestima en las personas. Es un acierto. La persona crece sobre todo cuando tiene una conciencia clara de su propia dignidad. Eso mismo le permite también reconocer la dignidad de los demás. La autoestima es un gran valor para las personas. Pero, la autoestima desproporcionada o la autoestima sin la humildad es un peligro. Daña a la propia persona y, sobre todo, hace muy difícil la convivencia. Cualquier pedagogía sana debe armonizar la autoestima con la humildad. 

El Evangelio también invita a armonizar la autoestima con la humildad. Y lo ejemplifica de una forma muy gráfica. La dignidad de las personas no se mide por la jerarquía del puesto que ocupan o que creen que deben ocupar en los banquetes. ¡Cuánta vergüenza cuando hay que ceder el puesto a otras personas de más categoría, que llegan con un poco retraso! La dignidad de las personas para Jesús consiste en ser hijos o hijas de Dios y en ser hermanos y hermanas, no en estar en la mesa presidencial. Esta es una gran lección para la cultura ambiental en la cual hay más codazos por ascender en el escalafón y ocupar los primeros puestos que por respetar la dignidad propia y ajena. La modestia y la humildad hacen grandes a las personas. La modestia y la humildad hacen a las personas hallar gracia ante Dios y ante los demás. 

Dios abaja a los soberbios y enaltece a los humildes. Ante Dios la humildad, no consiste en repetir que no somos nada, que no valemos. Dios no nos pide desconocer nuestra dignidad. La humildad ante Dios consiste en agradecerle nuestra dignidad y nuestros talentos, sin presentar ni títulos, ni méritos, ni derechos adquiridos. Todo es don y todo merece gratitud. Esa humildad se traduce en confianza, disponibilidad, aceptación de los planes de Dios en nuestra vida y, sobre todo, en servicio a los más necesitados. 

Ante las demás personas la humildad tampoco consiste en renunciar a la propia dignidad, en repetir que no valemos para nada, en ensayar poses de modestia demasiado teatrales. Humilde es quien se valora a sí mismo con verdad y honestidad. Quien reconoce sus dones no para que exigir pleitesía y reverencia, sino para ponerlos al servicio de los demás. Quien es capaz de dar gratuitamente sin exigir nada a cambio. Lo más propio de las personas humildes es siempre su disponibilidad para el servicio a los demás. 

El Evangelio deja muy clara la estrecha relación que hay entre la humildad y la gratuidad. Humildad: en el banquete no hay que buscar los primeros puestos. Gratuidad: en el banquete es muy evangélico invitar a «pobres, lisiados, cojos y ciegos, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los muertos». Esto es llevar el asunto de la humildad hasta el fondo de la vida cristiana: una conducta que no vive de la recompensa, sino de la donación y la gratuidad. 

Quien adopta esta actitud de autoestima y al mismo tiempo de humildad se gana el reconocimiento y el afecto de los hermanos y el favor de Dios. Esta recompensa nos permite comprender definitivamente la paradoja que tantas veces se repite en los evangelios: “El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”. 

Felicísimo Martínez Díez, O.P. 

Lc 14,1. 7-14 (Evangelio Domingo XXII de Tiempo Ordinario)

Un fariseo invita a Jesús a comer en su casa un sábado. Es la tercera y última vez que en el evangelio de Lucas Jesús se sienta a la mesa con los fariseos. Los encuentros de Jesús con distintos tipos de personas, en torno a la mesa, son frecuentes: fariseos, publicanos, pecadores, la gente, los discípulos… Sirven de marco narrativo para la actividad de Jesús: sanaciones, enseñanzas, discursos, disputas… Este es el caso que nos ocupa.

En el contexto de estas comidas solían desarrollarse los llamados “symposium”. Eran un tiempo de sobremesa en el que, anfitrión e invitados, compartían la conversación en torno a diferentes temas. Suponía un momento para fortalecer los lazos de la amistad. En esta ocasión sorprende que sea un invitado, Jesús, quien tome la palabra y hable como si él fuera el anfitrión. 

La observación de lo que sucedía a su alrededor, cómo algunos invitados se esforzaban por ocupar los primeros puestos en el banquete, sirve de excusa para una enseñanza de Jesús en forma de parábola o metáfora de carácter sapiencial. Se trata de dos parábolas construidas, cada una de ellas, en paralelo, de modo que el segundo término completa en positivo lo que antes se afirma en negativo («cuando te inviten, no busques los mejores puestos… en cambio, cuando te inviten ponte en el último lugar…»). 

Una primera lectura de las dos parábolas (dirigidas a los invitados y al anfitrión, respectivamente) sitúa las palabras de Jesús en el ámbito de los códigos sociales de comportamiento que regulaban este tipo de comidas. Las palabras dirigidas a los invitados, no “pelearse” por los mejores puestos, eran sabias. De ese modo evitarían el ridículo de perder el puesto si ya estaba reservado. En cambio, elegir un puesto peor podía dar pie a ganarse el reconocimiento del anfitrión, valorando su actitud ante el resto de los comensales. 

Más extrañas suenan las palabras dirigidas a quien invita a un banquete. Una regla de estas normas de comportamiento era invitar a la mesa a familiares, amigos, vecinos… aquellos con los que se compartía la amistad y el status social. Aquí va a resonar la crítica, habitual en Lucas, a las riquezas y al uso que se hace de ellas. Dios ha optado por los pobres y marginados, y en el comportamiento con ellos se juega el acceso a su Reino. 

Más allá de los códigos éticos de comportamiento, la comida de Jesús, la mesa compartida es imagen del banquete del Reino de Dios. Los signos del Reino, curaciones, milagros, reciben una luz especial cuando Jesús comparte la mesa con los pobres y marginados. Así será el Reino de Dios. Esta metáfora, anticipación del banquete escatológico, ofrece otra perspectiva a las dos parábolas. 

El Reino exige un cambio de valores, de mentalidad, de relaciones. La novedad de Jesús trastoca y subvierte la realidad. La clave del comportamiento se basa en el amor desinteresado, sin cálculo, que acaba con todo tipo de discriminación y exclusión. El discípulo es invitado a imitar al Maestro, que se sienta a comer con «pobres, cojos, mancos y ciegos», que se hace último y servidor de todos. Esta es la escandalosa propuesta del Reino de Dios. 

El texto finaliza con una bienaventuranza dirigida a aquellos que experimentan en su vida este cambio de valores. Serán dichosos ya, desde ahora, cuando vivan así, porque en ellos se refleja el actuar de Dios. 

Óscar de la Fuente de la Fuente

Heb 12, 18-19. 22-24 a (2ª Lectura Domingo XXII de Tiempo Ordinario)

En su afán exhortatorio, el autor de Hebreos se aleja un poco de la pedagogía negativa cuando expone, con la intención de alentar a la comunidad, los frutos positivos que conlleva el mantenerse en la fidelidad. Es verdad que subraya, sobre todo, el horizonte escatológico de la esperanza cristiana. Pero también habla de frutos palpables como la paz o la recta conciencia. De cualquier manera, la pregunta básica de la espiritualidad (¿qué es la persona ante Dios?) está presente en esta nueva llamada la constancia.

El autor reelabora textos como Ex 19 dándoles un giro más asequible, poniendo por delante la seducción de la entrega de Jesús antes que el tremendismo de la teofanía. Según él, el creyente se ha acercado «a la ciudad de Dios vivo». Es decir, Dios ya no es una potencia terrorífica y el encuentro con Dios para todos está garantizado por la entrega generosa de la cruz de Cristo. Manteniendo todavía un cierto hieratismo religioso, el autor quiere hablar de la posibilidad del encuentro con Jesús. Solamente desde ahí se podrá revitalizar la comunidad; únicamente así se podrá dar un testimonio vivo y atrayente ante la sociedad. 

Cuando se habla de «millares de ángeles en fiesta» se está sugiriendo la alegría con la que es preciso vivir la fe y con la que habrá que ofrecerla a otros. Los ángeles, mensajeros de Dios, raramente eran caracterizados en la angelología hebrea por la alegría. Con Jesús esto cambia (Lc 2,13). El cultivo de la alegría es necesario para la revitalización de la fe y para hacer creíble la oferta del Evangelio. 

El hacer parte de «la asamblea de primogénitos inscritos en el cielo» sugiere que la fe se vive también con el amparo de otros. No se puede pretender el vigor cristiano sin contar con la comunidad. La aventura evangélica, además de su indudable componente personal, tiene así mismo un elemento comunitario fundante, imprescindible. Saberse parte de una gran experiencia espiritual puede ser otro elemento de animación comunitaria. 

En definitiva, el autor dice que el creyente se ha acercado «a Dios». Por la vida y obra de Jesús, el creyente sabe con certeza que los caminos de la historia y los de Dios han coincidido, que la soledad no tiene la última palabra, que no estamos perdidos en el cosmos. Este acompañamiento de Dios al camino humano puede dar sosiego y ánimo a una comunidad desalentada. 

Todos estos rasgos que animan a la fidelidad vienen de una sola fuente: «el Mediador de la nueva alianza, Jesús». La humilde historia del Nazareno ha sido el cauce revelatorio de un Dios de amor. En su modo de vivir y obra, la persona describe cómo es la realidad de Dios. Al ver que acoge, sabemos que Dios acoge; al ver que perdona, sabemos que Dios perdona; al ver que sirve, sabemos que Dios sirve; etc. Cuando la tribulación o el desaliento muerden al creyente, mirar a Jesús constituye el mayor de los ánimos, la certeza de que hay camino abierto para la vida y para la fe. 

Fidel Aizpurúa Donázar

Eclo 3, 17-18. 20. 28-29 (1ª lectura – Domingo XXII de Tiempo Ordinario)

El libro del Eclesiástico o Ben Sira refleja de forma excelente la mejor tradición sapiencial de Israel. Recoge la memoria histórica desde la época premonárquica, la plenitud con Salomón, y la crisis representada por Job y Eclesiastés encuentra la mesura y el equilibrio en el Eclesiástico. Si bien en su origen son proverbios distintos, el recopilador ha querido ubicarlos en unidades temáticas. Dentro de estas máximas, el autor del Eclesiástico alaba la virtud de la humildad a la vez que reprueba la condición del orgullo. 

En el primer dístico que leemos, Dios como un padre a quien aconseja («hijo mío») exhorta a proceder en los asuntos de la vida con humildad, añadiendo un motivo curioso: «te querrán más que al hombre generoso». La generosidad, virtud noble, no supera a la humildad verdadera. 

En el segundo dístico, que sigue la misma línea, sitúa en los extremos la «pequeñez» en las grandezas de la vida y de nuevo la humildad, esta vez personificada en quienes la practican; en el centro, dos referencias a Dios. El que se hace pequeño alcanza el favor divino; la misericordia de Dios revela sus secretos a los humildes. 

El tercer dístico avisa sobre las personas cínicas, poco aconsejables e incorregibles, mientras que el cuarto invita a la sabiduría, al consejo de los sabios, donde se encuentra la alegría. 

En el pensamiento bíblico el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, sólo puede encontrar el camino recto de su felicidad cuando sigue las normas de la naturaleza, donde se revela Dios, y las normas que el Señor les ha revelado en su Ley. La naturaleza humana tiende a engrandecerse a sí misma y a vanagloriarse de sus pequeños triunfos y éxitos. Sin embargo el consejo del sabio es «hacerse pequeño en las grandezas humanas». 

La sabiduría de la vida nos indica el camino de la humildad. Ante la grandeza de Dios, de quien procede todo y hacia donde se encamina todo, ¿qué puede hacer el hombre sino sorprenderse y maravillarse? Es de necios pretender cantar las propias glorias: ‘no pretendo grandezas que superan mi capacidad’ (Sal 131). Otro salmo proclamará, en esta misma línea, que la gloria es para Dios ‘venid y ved las maravillas que ha hecho el Señor por los hombres’ (Sal 66). La Palabra de Dios, rompe nuestros esquemas y nos lleva por camino no trillados, que no frecuentamos, pero que son los verdaderos. 

Pedro Fraile Yécora 

Comentario al evangelio (22 de agosto)

A los seis meses… A los ocho días. Dios en hechuras humanas. Celebramos en este día la coronación de la Virgen María como Reina y Señora de todo lo creado. El cuarto misterio glorioso del rosario. La fiesta de hoy enlaza con lo celebrado hace justo una semana: la Asunción de la Virgen.

Tomo las palabras de Michel Quoist: “Mi mejor invento es mi madre”.

Mi mejor invento, dice Dios, es mi madre. Me faltaba una madre y me la hice. Hice Yo a mi madre antes que ella me hiciese. Así era más seguro. Ahora sí que soy hombre como todos los hombres. Ya no tengo nada que envidiarles, porque tengo una madre, una madre de veras. Sí, eso me faltaba.

Mi madre se llama María, dice Dios. Su alma es absolutamente pura y llena de gracia. Su cuerpo es virginal y habitado de una luz tan espléndida, que cuando Yo estaba en el mundo no me cansaba nunca de mirarla. ¡Qué bonita es mi madre! Tanto, que dejando las maravillas del cielo nunca me sentí desterrado junto a ella. Y fíjense si sabré Yo lo que es ser llevado por los ángeles…, pues bien: eso no es nada junto a los brazos de una madre, créanme.

Mi madre ha muerto, dice Dios. Cuando me fui al cielo Yo la echaba de menos. Y ella a Mí. Ahora me la he traído a casa, con su alma, con su cuerpo, bien entera. Yo no podía portarme de otro modo. Debía hacerlo así. Era lo lógico. ¿Cómo iban a secarse los dedos que habían tocado a Dios? ¿Cómo iban a cerrarse los ojos que Lo vieron? Y los labios que lo besaron ¿creen que podrían marchitarse?

No, aquel cuerpo purísimo, que dio a Dios un cuerpo, no podía pudrirse en la tierra. ¿O no soy Yo el que manda? ¿De qué iba a sírveme, si no, el ser Dios? Además, dice Dios, también lo hice por mis hermanos los hombres: para que tengan una madre en el cielo, una madre de veras, como las suyas, en cuerpo y alma. La mía.

Bien. Hecho está. La tengo aquí conmigo, desde el día de su muerte. Su asunción, como dicen los hombres. La madre ha vuelto a encontrar a su Hijo, y el hijo a la madre, en cuerpo y alma, el uno junto al otro, eternamente.

Ah, si los hombres adivinasen la belleza de este misterio… Ellos la han reconocido al fin oficialmente. Mi representante en la tierra, el Papa, lo ha proclamado solemnemente. ¡Da gusto, dice Dios, ver que se aprecian los dones que uno hace! Aunque la verdad es que el buen pueblo cristiano ya había presentido ese misterio de amor de hijo y de hermano…

Y ahora que se aprovechen, dice Dios. En el cielo tienen una madre que les sigue con sus ojos, con sus ojos de carne. En el cielo tienen una madre que los ama con todo su corazón, con su corazón de carne. Y esa madre mía. Y me mira a Mí con los mismos ojos que a ellos, me ama con el mismo corazón.

Ah, si los hombres fueran pícaros… Bien se aprovecharían. ¿Cómo no se darán cuenta de que Yo a ella no puedo negarle nada? ¡Qué quieres! ¡Es mi madre! Yo lo quise así. Y bien… no me arrepiento. Uno junto al otro, cuerpo y alma, eternamente Madre e Hijo…

El final grande de la Virgen tiene un origen pequeño. Las cosas de Dios, ¡grandes!, siempre tienen principios pequeños: una pequeña ciudad, una mujer sencilla, prometida de un carpintero…

La presencia de Dios llena de luz la estancia y de alegría el corazón. ¡Alégrate! ¡El Señor está contigo! Y tras la sorpresa la tarea: serás madre, ¡serás Madre de Dios! María solo puede ofrecer su pequeñez. Justo lo que Dios quiere: el Todopoderoso elige al “tododébil”. Y todo como regalo: el Espíritu vendrá sobre ti y te cubrirá con su fuerza. ¡Que se cumpla! Y se cumplió. Bien cumplido.

Lo que ocurrió entonces se repite cuando hay un corazón generoso: alegría, asombro, tarea, duda, confirmación de la misión, respuesta entregada, cumplimiento.

Óscar Romano, cmf