Vísperas – Miércoles XXI de Tiempo Ordinario

SAN BARTOLOMÉ, apóstol. (FIESTA).

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

  1. Dios mío, ven en mi auxilio
    R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

    Himno: COLUMNAS DE LA IGLESIA, PIEDRAS VIVAS.

    ¡Columnas de la Iglesia, piedras vivas!
    ¡Apóstoles de Dios, grito del Verbo!
    Benditos vuestros píes, porque han llegado
    para anunciar la paz al mundo entero.

    De pie en la encrucijada de la vida,
    del hombre peregrino y de los pueblos,
    lleváis agua de Dios a los cansados,
    hambre de Dios lleváis a los hambrientos.

    De puerta en puerta va vuestro mensaje,
    que es verdad y es amor y es Evangelio.
    no temáis, pecadores, que sus manos
    son caricias de paz y de consuelo.

    Gracias, Señor, que el pan de tu palabra
    nos llega por tu amor, pan verdadero;
    gracias, Señor, que el pan de vida nueva
    nos llega por tu amor, partido y tierno. Amén.

    SALMODIA

    Ant 1. Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas.

    Salmo 115 – ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO.

    Tenía fe, aun cuando dije:
    «¡Qué desgraciado soy!»
    Yo decía en mi apuro:
    «Los hombres son unos mentirosos.»

    ¿Cómo pagaré al Señor
    todo el bien que me ha hecho?
    Alzaré la copa de la salvación,
    invocando su nombre.
    Cumpliré al Señor mis votos
    en presencia de todo el pueblo.

    Vale mucho a los ojos del Señor
    la vida de sus fieles.
    Señor, yo soy tu siervo,
    siervo tuyo, hijo de tu esclava:
    rompiste mis cadenas.

    Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
    invocando tu nombre, Señor.
    Cumpliré al Señor mis votos
    en presencia de todo el pueblo,
    en el atrio de la casa del Señor,
    en medio de ti, Jerusalén.

    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

    Ant. Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas.

    Ant 2. Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve.

    Salmo 125 – DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA.

    Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
    nos parecía soñar:
    la boca se nos llenaba de risas,
    la lengua de cantares.

    Hasta los gentiles decían:
    «El Señor ha estado grande con ellos.»
    El Señor ha estado grande con nosotros,
    y estamos alegres.

    Que el Señor cambie nuestra suerte
    como los torrentes del Negueb.
    Los que sembraban con lágrimas
    cosechan entre cantares.

    Al ir, iban llorando,
    llevando la semilla;
    al volver, vuelven cantando,
    trayendo sus gavillas.

    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

    Ant. Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve.

    Ant 3. Ya no os llamo siervos, a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

    Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN – Ef 1, 3-10

    Bendito sea Dios,
    Padre de nuestro Señor Jesucristo,
    que nos ha bendecido en la persona de Cristo
    con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

    El nos eligió en la persona de Cristo,
    antes de crear el mundo,
    para que fuésemos consagrados
    e irreprochables ante él por el amor.

    Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
    por pura iniciativa suya,
    a ser sus hijos,
    para que la gloria de su gracia,
    que tan generosamente nos ha concedido
    en su querido Hijo,
    redunde en alabanza suya.

    Por este Hijo, por su sangre,
    hemos recibido la redención,
    el perdón de los pecados.
    El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
    ha sido un derroche para con nosotros,
    dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

    Éste es el plan
    que había proyectado realizar por Cristo
    cuando llegase el momento culminante:
    hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
    las del cielo y las de la tierra.

    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

    Ant. Ya no os llamo siervos, a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

    LECTURA BREVE Ef 4, 11-13

    Cristo ha constituido a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los fieles, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.

    RESPONSORIO BREVE

    V. Contad a los pueblos la gloria del Señor.
    R. Contad a los pueblos la gloria del Señor.

    V. Sus maravillas a todas las naciones.
    R. Contad a los pueblos la gloria del Señor.

    V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    R. Contad a los pueblos la gloria del Señor.

    CÁNTICO EVANGÉLICO

    Ant. Cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel.

    Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

    Proclama mi alma la grandeza del Señor,
    se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
    porque ha mirado la humillación de su esclava.

    Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
    porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
    su nombre es santo,
    y su misericordia llega a sus fieles
    de generación en generación.

    El hace proezas con su brazo:
    dispersa a los soberbios de corazón,
    derriba del trono a los poderosos
    y enaltece a los humildes,
    a los hambrientos los colma de bienes
    y a los ricos los despide vacíos.

    Auxilia a Israel, su siervo,
    acordándose de su misericordia
    -como lo había prometido a nuestros padres-
    en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

    Ant. Cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel.

    PRECES

    Hermanos: Edificados sobre el cimiento de los apóstoles, oremos al Padre por su pueblo santo, diciendo:

    Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.

    Padre santo, que quisiste que tu Hijo resucitado de entre los muertos se manifestara en primer lugar a los apóstoles,
    haz que también nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo.

    Padre santo, tú que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Noticia a los pobres,
    haz que el Evangelio sea proclamado a toda la creación.

    Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la palabra,
    haz que, sembrando también tu palabra con nuestro esfuerzo, recojamos sus frutos con alegría.

    Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el mundo contigo,
    haz que también nosotros cooperemos a la reconciliación de los hombres.

    Se pueden añadir algunas intenciones libres

    Tú que quisiste que tu Hijo resucitara el primero de entre los muertos,
    concede a todos los que son de Cristo resucitar con él, el día de su venida.

    Oremos ahora al Padre, como Jesús enseñó a los apóstoles:

    Padre nuestro…

    ORACION

    Fortalece, Señor, nuestra fe, para que nos adhiramos a Cristo, tu Hijo, con la misma sinceridad con que lo hizo el apóstol san Bartolomé, y haz que, por la intercesión de este santo, sea siempre tu Iglesia sacramento de salvación universal para todos los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

    CONCLUSIÓN

    V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
    R. Amén.

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Lectio Divina – 24 de agosto

Lectio: Miércoles, 24 Agosto, 2016
Tiempo Ordinario
  
1) Oración inicial
¡Oh Dios!, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo; inspira a tu pueblo el amor a tus preceptos y la esperanza en tus promesas, para que, en medio de las vicisitudes del mundo, nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del santo Evangelio según Juan 1,45-51

Al día siguiente, Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, el hijo de José, el de Nazaret.» Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?» Le dice Felipe: «Ven y lo verás.» Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.» Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?» Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.» Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel.» Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.» Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

3) Reflexión
• Jesús volvió para Galilea. Encontró a Felipe y le llamó: ¡Sígueme! El objetivo del llamado es siempre el mismo:»seguir a Jesús” Los primeros cristianos insistieron en conservar los nombres de los primeros discípulos. De algunos conservaron hasta los apellidos y el nombre del lugar de origen. Felipe, Andrés y Pedro eran de Betsaida (Jn 1,44). Natanael era de Caná (Jn 22,2). Hoy, muchos olvidan los nombres de las personas que están en el origen de su comunidad. Recordar los nombres es una forma de conservar la identidad. 

• Felipe encuentra Natanael y habla con él sobre Jesús: «Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la Ley y también los profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret». Jesús es aquel hacia quien apuntaba toda la historia del Antiguo Testamento. 
• Natanael pregunta: «Pero, ¿puede salir algo bueno de Nazaret?” Posiblemente en su pregunta emerge la rivalidad que acostumbraba existir entre las pequeñas aldeas de una misma región: Caná y Nazaret. Además de esto, según la enseñanza oficial de los escribas, el Mesías vendría de Belén en Judea. No podía venir de Nazaret en Galilea (Jn 7,41-42). Andrés da la misma respuesta que Jesús había dado a los otros dos discípulos: “¡Ven y verá!» No es imponiendo sino viendo que las personas se convencen. De nuevo, ¡el mismo proceso: encontrar, experimentar, compartir, testimoniar, llevar a Jesús! 
• Jesús ve a Natanael y dice: «¡Ahí viene un verdadero israelita, sin falsedad!» Y afirma que ya le conocía, cuando estaba debajo de la higuera. ¿Cómo es que Natanael podía ser un «auténtico israelita” si no aceptaba a Jesús como Mesías? Natanael «estaba debajo de la higuera». La higuera era el símbolo de Israel (cf. Mi 4,4; Zc 3,10; 1Re 5,5). Israelita auténtico es aquel que sabe deshacerse de sus propias ideas cuando percibe que no concuerdan con el proyecto de Dios. El israelita que no está dispuesto a esta conversión non es ni auténtico, ni honesto. El esperaba al Mesías según la enseñanza oficial de la época (Jn 7,41-42.52). Por esto, inicialmente, no aceptaba a un mesías venido de Nazaret. Pero el encuentro con Jesús le ayudó a percibir que el proyecto de Dios no siempre es como la gente se lo imagina o desea que sea. El reconoce su engaño, cambia idea, acepta a Jesús como mesías y confiesa: «¡Maestro, tu eres el hijo de Dios, tú eres el rey de Israel!» La confesión de Natanael no es que el comienzo. Quien será fiel, verá el cielo abierto y los ángeles que suben y bajan sobre el Hijo del Hombre. Experimentará que Jesús es la nueva alianza entre Dios y nosotros, los seres humanos. Es la realización del sueño de Jacob (Gén 28,10-22).

4) Para la reflexión personal
• ¿Cuál es el título de Jesús que más te gusta? ¿Por qué?

• ¿Tuviste intermediario entre tú y Jesús?
  
5) Oración final
Yahvé es justo cuando actúa,

amoroso en todas sus obras. (Sal 145,17)

Amoris laetitia – Francisco I

Nuestro amor cotidiano

90. En el así llamado himno de la caridad escrito por san Pablo, vemos algunas características del amor verdadero:

«El amor es paciente,
es servicial;
el amor no tiene envidia,
no hace alarde,
no es arrogante,
no obra con dureza,
no busca su propio interés,
no se irrita,
no lleva cuentas del mal,
no se alegra de la injusticia,
sino que goza con la verdad.
Todo lo disculpa,
todo lo cree,
todo lo espera,
todo lo soporta» (1 Co 13,4-7).

Esto se vive y se cultiva en medio de la vida que comparten todos los días los esposos, entre sí y con sus hijos. Por eso es valioso detenerse a precisar el sentido de las expresiones de este texto, para intentar una aplicación a la existencia concreta de cada familia.

Comentario Domingo XXII de Tiempo Ordinario

Oración

Del salmo 23

YHWH es mi pastor, nada me falta, en verdes pastos me hace reposar, me conduce a fuentes tranquilas, allí reparo mis fuerzas;
me guía por cañadas seguras haciendo honor a su nombre.

 

Lc 14,1.7-14

«1Y sucedió que, al ir él en sábado a casa de uno de los jefes de los fariseos para comer, ellos le estaban observando.
………… …

7Pero les decía a los invitados una parábola, notando cómo elegían los primeros puestos:
8“Cuando seas invitado por alguien a una boda, no te coloques en el primer puesto, no sea que haya sido invitado por él otro más distinguido que tú, 9y viniendo el que os invitó a ti y a él, te diga: ‘Deja el sitio a éste’, y entonces vayas a ocupar con vergüenza el último puesto.
10Al contrario, cuando seas invitado, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te invitó, te diga: ‘Amigo, sube más arriba’. Entonces, será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa.

11Porque todo el que se ensalce a sí mismo, será humillado; y el que se humille a sí mismo, será ensalzado”.

12Pero decía también al que le había invitado:
“Cuando hagas una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que también ellos te inviten, y tengas tu recompensa.
13Al contrario, cuando hagas un banquete, invita a pobres, a lisiados, a cojos, a ciegos; 14y serás dichoso, porque no tienen para corresponderte, porque serás correspondido en la resurrección de los justos”».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

El evangelio de hoy sigue a las palabras de Jesús a Jerusalén (Lc 13,34-35). Seguimos en el camino hacia la ciudad santa. Comienza el capítulo 14, del que se toma el primer versículo para ambientar el texto. Sin embargo, los siguientes versículos (2-6), que narran la curación de un hidrópico, no son proclamados hoy. Todavía la siguiente escena a nuestro evangelio se sitúa en la misma comida a la que había acudido Jesús (14,15-24). Y en 14,25 Jesús reanuda el camino a Jerusalén y sigue dando lecciones de renuncia, lecciones de discipulado. Asomarán entonces las tres parábolas de la misericordia, que ocupan todo el capítulo 15. Pero ahora, Jesús está de comida. Es una característica de Jesús en los evangelios: hizo de la mesa compartida un espacio privilegiado de evangelización. Si toda comida implica relación, amistad, socialización, las comidas de Jesús serán tan importantes que de ellas surgirá el sacramento fundamental de la Eucaristía.

 

TEXTO

El evangelio, aparte del versículo 1 de introducción a la escena, está muy bien elaborado, de modo que en el centro (v. 11) se halla el corazón del mensaje: Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes, dice 1Pe 5,5 haciéndose eco del libro de los Proverbios. Ese mismo tono tiene el Magnificat (Lc 1,46ss). Es la enseñanza central de hoy. Las dos partes que rodean ese centro tienen la misma estructura: ambas comienzan con una pequeña introducción a las palabras de Jesús (vv. 7 y 12a) y luego siguen con una oración con valor temporal o condicional (vv. 8 y 12b), que ofrecen sendas sugerencias negativas de Jesús (“no te coloques…”, “no llames…”); después, con sendos “al contrario” (vv. 10 y 13), vienen las recomendaciones positivas (“vete a sentarte…”, “invita a pobres…”); finalmente, en ambas partes Jesús habla de la recompensa obtenida (vv. 10b y 14). En el texto sobresale el vocabulario de invitación (9 veces) y el comportamiento adecuado ante el ser invitado / invitar. Éste es metáfora de un comportamiento interior, el valor de la humildad y de un comportamiento exterior, el valor de la solidaridad y la comunión de mesa.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• El texto insiste en la idea de invitación a un banquete y nos interpela para que reflexionemos en torno a esa idea. Ser invitado siempre despierta sentimientos de gratitud, de reconocimiento, de honor, de unión… En este sentido, ¿nos sentimos invitados por Dios? ¿A qué?

• La búsqueda del honor y de la estima es común a todos los seres humanos, pero el texto anima a reconocer el honor de los otros, sobre todo de los que son tenidos en nada, y a ser modesto uno mismo. Hay que defender la dignidad común de todas las personas: elevando la dignidad de los marginados (“invitar a pobres, lisiados, cojos y ciegos”) y rebajando las pretensiones propias (“no pretender lugares de privilegio”).

• Subyace una idea básica de carácter teológico: los puestos en la fiesta los asigna el anfitrión (Dios), no dependen de nuestros supuestos méritos, sino de su gratuidad. Y Dios tiene un concepto del honor bastante diferente al que manejamos los humanos.

• La comunión de mesa era una marca característica de Jesús, una comunión que elimina la desigualdad y dignifica a todos. Los cuatro grupos a los que no debemos invitar (“amigos, hermanos, parientes y vecinos ricos”) se contrapone a los cuatro que tenemos que atender (“pobres, lisiados, cojos y ciegos”). Así, Jesús nos enseña a ser personas inclusivas, opuestas rotundamente al exclusivismo y a la marginación de los más desfavorecidos.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo XXI de Tiempo Ordinario

XXII Domingo del Tiempo Ordinario
28 de agosto 2016

Lecturas:
Eclesiástico 3, 19-21.30-31
Salmo 67
Hebreos 12, 18-19.22-24;
Lucas 14, 1.7-14

La Parábola de los primeros y los últimos

Un sábado, Jesús fue a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos, y éstos estaban espiándolo. Mirando cómo los convidados escogían los primeros lugares, les dijo esta parábola: «Cuando te inviten a un banquete de bodas, no te sientes en el lugar principal, no sea que haya algún otro invitado más importante que tú, y el que los invitó a los dos venga a decirte: ‘Déjale el lugar a éste’, y tengas que ir a ocupar, lleno de vergüenza, el último asiento. Por el contrario, cuando te inviten, ocupa el último lugar, para que, cuando venga el que te invitó, te diga: ‘Amigo, acércate a la cabecera’. Entonces te verás honrado en presencia de todos los convidados. Porque el que se engrandece a sí mismo, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido». (Lucas 14, 1. 7-14)

Reflexión

Converse con los niños sobre las cenas con los invitados. ¿Dónde se sienta cada uno? ¿Hay algunos siempre ocupen la cabecera de la mesa? ¿Qué pasaría si la mesa fuera redonda? ¿Sienten ellos que siempre quieren que los alaben y les reconozcan lo que hacen? ¿Hacen algunas veces las cosas solo porque saben que es bueno, aunque nadie se dé cuenta?

Actividad

Pidan a los niños que imaginen y representen una cena en la que se ha invitado a pobres, inválidos y ciegos. ¿Qué dicen los invitados? ¿Tratan de excusarme por no poder regresarle la invitación al anfitrión? ¿Qué es lo que si pueden ofrecer? Pida a los niños que preparen y presenten una invitación a un niño a quienes muchos excluyen de los juegos de la escuela. Al ir dejando las tarjetas en un buzón o cesta, todos responden: “En ti somos iguales, Jesús.”

Oración

Señor, te damos gracias porque tú nos ves cómo somos verdaderamente y porque no nos rechazas. No tenemos que comprar tu amor, porque tú nos lo das sin condiciones. Danos luz y generosidad para no buscar premios ni alabanzas, sino responder a tu enorme amor. Amen

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Jesús asiste a un banquete con fariseos. Los invitados buscan ansiosamente los primeros lugares de la mesa para parecer más importantes. Jesús al notarlo, les hace ver que en la vida debemos actuar exactamente al contrario: ser sencillos y no hacer alarde de los puestos que ocupamos o de lo que tenemos. Eso que tenemos debemos usarlo para el bien de los más débiles («pobres, lisiados, cojos y ciegos»), sin esperar recompensa en la tierra. Si actuamos con sencillez y usamos lo que poseemos para el bien de los demás, la gran recompensa la recibiremos en el cielo.

Es muy fácil sentirse superior por algún pequeño éxito que tenemos en la vida (ser el primero en la clase; ser el campeón goleador; ganar el concurso de poesía…) o tener las posesiones más atractivas (el juguete más novedoso; el coche más lujoso; la ropa más a la moda…). Todo eso, son dones de Dios que no debemos dejar que nos hagan perder nuestra sencillez.

Todos los éxitos o posesiones que Dios pone en nuestra vida son para su gloria, no para la nuestra. Hemos de ponerlos a su servicio ayudando con ellos a los demás.

Cuando actuamos con sencillez y humildad, reconocemos que todo lo bueno que poseemos, viene de Dios. Nada de eso lo tendríamos sin ayuda de Él. Por lo tanto, dejemos que los demás reconozcan en nosotros, la presencia y la grandeza de Dios, al usar esos dones para hacer el bien sin esperar nada a cambio. ¡Nos estaremos ganando el cielo!

Pidámosle ayuda a Dios para que las cosas y los éxitos, no nos hagan perder el verdadero sentido de la vida: amar.

¿Qué posesiones o logros en mi vida me han hecho sentirme superior? ¿Cómo los puedo usar para el bien de los demás?

Comentario al evangelio (24 de agosto)

En esta fiesta de san Bartolomé recurro a una catequesis de Benedicto XVI

Intervención de Benedicto XVI en la que presentó la figura de San Bartolomé

No es posible comprender a Jesús si no se tiene en cuenta tanto su dimensión divina como su dimensión histórica, explicó el miércoles 4 octubre de 2006 Benedicto XVI.

En su catequesis, el Santo Padre continuó meditando sobre los doce apóstoles de Jesús. En esta ocasión, el personaje escogido fue Bartolomé, que tradicionalmente es identificado también con el personaje evangélico llamado Natanael.

Al conocer a Jesús, Natanael planteó al apóstol Felipe la famosa pregunta: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?»

«Esta expresión es importante para nosotros –reconoció el Papa–. Nos permite ver que, según las expectativas judías, el Mesías no podía proceder de un pueblo tan oscuro, como era el caso de Nazaret».

«Al mismo tiempo –añadió–, muestra la libertad de Dios, que sorprende nuestras expectativas, manifestándose precisamente allí donde no nos lo esperamos».

La historia de Natanael sugirió al Papa otra reflexión: «en nuestra relación con Jesús, no tenemos que contentarnos sólo con las palabras».

«Felipe, en su respuesta, presenta a Natanael una invitación significativa: “Ven y lo verás”».

«Nuestro conocimiento de Jesús tiene necesidad sobre todo de una experiencia viva –insistió el obispo de Roma–: el testimonio de otra persona es ciertamente importante, pues normalmente toda nuestra vida cristiana comienza con el anuncio que nos llega por obra de uno o de varios testigos».

«Pero nosotros mismos tenemos que quedar involucrados personalmente en una relación íntima y profunda con Jesús», recalcó.

El primer encuentro de Jesús con Natanael concluye con una profesión de fe pronunciada por este apóstol: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel»

Estas palabras, constató, «presentan un doble y complementario aspecto de la identidad de Jesús: es reconocido tanto por su relación especial con Dios Padre, del que es Hijo unigénito, como por su relación con el pueblo de Israel, de quien es llamado rey, atribución propia del Mesías esperado».

El Papa concluyó recogiendo la enseñanza que hoy pueden sacar los cristianos del testimonio de san Bartolomé, a pesar de que los Evangelios hablan poco de él: «la adhesión a Jesús puede ser vivida y testimoniada incluso sin realizar obras sensacionales».

«El extraordinario es Jesús, a quien cada uno de nosotros estamos llamados a consagrar nuestra vida y nuestra muerte», reconoció.

Óscar Romano, cmf