Vísperas – Lunes XXII de Tiempo Ordinario

EL MARTIRIO DE SAN JUAN BAUTISTA. (MEMORIA).

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: ÁNGEL FIEL DE LA VERDAD.

Ángel fiel de la verdad,
precursor del que es la gracia,
mensajero de la luz,
de Cristo perenne lámpara.

Con la voz, vida y acciones,
profecías anunciaba,
añadiendo su martirio
a las señales sagradas.

Él, al nacer, descubrió
al que es del mundo esperanza,
y al propio autor del bautismo
señaló sobre las aguas.

De cuya muerte inocente,
que da la vida a las almas,
dio testimonio el Bautista
con su sangre derramada.

Concede, Padre piadoso,
seguir de Juan las pisadas,
para disfrutar con Cristo
de la eterna venturanza. Amén.

SALMODIA

Ant 1. «No les tengas miedo, que yo estoy contigo», dice el Señor.

Salmo 114 – ACCIÓN DE GRACIAS

Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.»

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas me salvó.

Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno contigo:
arrancó mi vida de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.

Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. «No les tengas miedo, que yo estoy contigo», dice el Señor.

Ant 2. Herodes envió a uno de sus guardias para decapitar a Juan en la cárcel.

Salmo 115 – ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Herodes envió a uno de sus guardias para decapitar a Juan en la cárcel.

Ant 3. Los discípulos de Juan vinieron a recoger el cadáver y lo depositaron en un sepulcro.

Cántico: HIMNO A DIOS CREADOR Ap 4, 11; 5, 9-10. 12

Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,
el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Los discípulos de Juan vinieron a recoger el cadáver y lo depositaron en un sepulcro.

LECTURA BREVE Hch 13, 23-25

Según lo prometido, Dios sacó para Israel de la descendencia de David un Salvador, Jesús. Y su precursor fue Juan. Ya éste, antes de presentarse Jesús, había predicado a todo el pueblo de Israel un bautismo como señal de arrepentimiento. Y, cuando estaba para terminar su misión, solía decir: «No soy yo el que vosotros os imagináis. Pero, mirad, viene otro después de mí; y yo no soy digno de desatar su calzado.»

RESPONSORIO BREVE

V. El amigo del Esposo experimenta viva alegría cuando oye la voz del Esposo.
R. El amigo del Esposo experimenta viva alegría cuando oye la voz del Esposo.

V. Ésta es mi alegría, la cual ahora rebasa todo límite.
R. Cuando oye la voz del Esposo.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. El amigo del Esposo experimenta viva alegría cuando oye la voz del Esposo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Yo no soy el Mesías, sino que soy enviado delante de él; es preciso que él crezca y que yo disminuya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo no soy el Mesías, sino que soy enviado delante de él; es preciso que él crezca y que yo disminuya.

PRECES

Oremos confiados al Señor, que eligió a Juan Bautista para anunciar a los hombres el reino de Cristo, y digámosle:

Guía, Señor, nuestros pasos por el camino de la paz.

Tú, Señor, que llamaste a Juan cuando estaba aún en las entrañas maternas y lo elegiste para que preparara los caminos de tu Hijo,
danos ánimos para seguir siempre a Cristo con la misma fidelidad con que Juan lo precedió.

Tú que concediste al Bautista reconocer al Cordero de Dios,
concede a la Iglesia anunciar a Cristo de tal manera que los hombres de nuestro tiempo puedan reconocerlo.

Tú que dispusiste que Juan menguase y que Cristo creciera,
enséñanos a saber humillarnos, para que brille Cristo a los ojos de los hombres.

Tú que, por el martirio de Juan, quisiste manifestar la justicia,
concédenos testificar tu verdad con valentía, sin temor a la tribulación.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acuérdate, Señor, de los que han salido ya de este mundo
y colócalos en el reino de la luz y de la paz.

Dirijamos nuestra oración al Padre que está en los cielos diciendo:

Padre nuestro…

ORACION

Dios nuestro, que quisiste que san Juan Bautista fuera el precursor de tu Hijo, tanto en su nacimiento como en su muerte, concédenos que, así como él dio su vida por dar testimonio de la verdad y de la justicia, así también nosotros entreguemos generosamente la nuestra al testimonio y servicio del Evangelio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio Divina – 29 de agosto

Lectio: Lunes, 29 Agosto, 2016

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo; inspira a tu pueblo el amor a tus preceptos y la esperanza en tus promesas, para que, en medio de las vicisitudes del mundo, nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría. Por nuestro Señor.

 

2) Lectura del Evangelio

Del Evangelio según Marcos 6,17-29
Es que Herodes era el que había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: «No te está permitido tener la mujer de tu hermano.» Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto. Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré.» Y le juró: «Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino.» Salió la muchacha y preguntó a su madre: «¿Qué voy a pedir?» Y ella le dijo: «La cabeza de Juan el Bautista.» Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: «Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.» El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.

 

3) Reflexión

• Hoy conmemoramos el martirio de San Juan Bautista. El evangelio describe cómo murió el Bautista, sin proceso, durante un banquete, víctima de la prepotencia y de la corrupción de Herodes y de su corte.

• Marcos 6,17-20. La causa de la prisión y del asesinato de Juan. Herodes era un empleado del imperio romano. Quien mandaba en Palestina, desde el año 63 antes de Cristo, era César, el imperador de Roma. Herodes, para no ser depuesto, trataba de agradar a Roma en todo. Insistía sobre todo en una administración eficiente que diera lucro al Imperio y a él mismo. La preocupación de Herodes era su propia promoción y seguridad. Por esto, reprimía cualquier tipo de subversión. A él le gustaba ser llamado bienhechor del pueblo, pero en realidad era un tirano (cf. Lc 22,25). Flavio José, un escritor de aquel época, informa que el motivo de la prisión de Juan Bautista era el miedo que Herodes tenía a un levantamiento popular. La denuncia de Juan Bautista contra la moral depravada de Herodes (Mc 6,18), fue la gota que hizo desbordar el vaso, y Juan fue llevado a la cárcel.

• Marcos 6,21-29: La trama del asesinado. Aniversario y banquete de fiesta, con danzas y orgías. Era un ambiente en que los poderosos del reino se reunían y en el cual se hacían las alianzas. La fiesta contaba con una presencia “de los grandes de la corte y de las personas importantes de Galilea”. En este ambiente se trama el asunto de Juan Bautista. Juan, el profeta, era una denuncia viva de ese sistema corrompido. Por eso fue eliminado bajo pretexto de un problema de venganza personal. Todo esto revela la debilidad moral de Herodes. Tanto poder acumulado en mano de un hombre sin control de sí. En el entusiasmo de la fiesta y del vino, Herodes hizo un juramento liviano a una joven bailarina. Supersticioso como era, pensaba que tenía que mantener el juramento. Para Herodes, la vida de los súbditos no valía nada. Disponía de ellos como de la posición de las sillas en su sala. Marcos cuenta el hecho tal y cual y deja a las comunidades y a nosotros la tarea de sacar conclusiones.

• Pero entre líneas, el evangelio de hoy trae muchas informaciones sobre el tiempo en que Jesús vivió y sobre la manera en qué era ejercido el poder por los poderosos de la época. Galilea, tierra de Jesús, era gobernada por Herodes Antipas, hijo del rey Herodes, el Grande, desde el 4 antes de Cristo hasta el 39 después de Cristo. En todo ¡43 años! Durante todo el tiempo en que Jesús vivió, no hubo mudanza en el gobierno en Galilea. Herodes era dueño absoluto de todo, no daba cuenta a nadie, hacía lo que le pasaba por la cabeza. ¡Prepotencia, falta de ética, poder absoluto, sin control por parte de la gente!

• Herodes construyó una nueva capital, llamada Tiberíades. Sefforis, la antigua capital, había sido destruida por los romanos en represalia por un levantamiento popular. Esto aconteció cuando Jesús tenía quizás siete años. Tiberíades, la nueva capital, fue inaugurada trece años más tarde, cuando Jesús tenía 20 años. Era llamada así para agradar a Tiberio, el emperador de Roma. Tiberíades era un lugar extraño en Galiela. Allí vivían el rey, “los grandes, los generales y los magnates de Galilea” (Mc 6,21). Allá moraban los dueños de las tierras, los soldados, los policías, los jueces muchas veces insensibles (Lc 18,1-4). Hacia allí se llevaban los impuestos y el producto de la gente. Era allí donde Herodes hacia sus orgías de muerte (Mc 6,21-29). No consta en los evangelios que Jesús hubiese entrado en la ciudad.

A lo largo de aquellos 43 años de gobierno de Herodes, se crió toda una clase de funcionarios fieles al proyecto del rey: escribas, comerciantes, dueños de tierras, fiscales del mercado, publicanos y recaudadores de impuestos, promotores, jefes locales. La mayor parte de este personal moraba en la capital, gozando de los privilegios que Herodes ofrecía, por ejemplo, exención de impuestos. La otra parte vivía en las aldeas. En cada aldea o ciudad había un grupo de personas que apoyaban al gobierno. Varios escribas y fariseos estaban ligados al sistema y a la política del gobierno. En los evangelios, los fariseos aparecen junto con los herodianos (Mc 3,6; 8,15; 12,13), lo cual refleja la alianza que existía entre el poder religioso y el poder civil. La vida de la gente en las aldeas de Galilea era muy controlada, tanto por el gobierno como por la religión. Era necesario tener mucho valor para comenzar algo nuevo, como hicieron Juan y Jesús. Era lo mismo que atraer sobre sí la rabia de los privilegiados, tanto del poder religioso como del poder civil, tanto a nivel local como estatal.

4) Para la reflexión personal

• ¿Conoces casos de personas que han muerto víctima de la corrupción y de la dominación de los poderosos? Y aquí entre nosotros, en nuestra comunidad y en la iglesia, ¿hay víctimas de desmando y de autoritarismo? Un ejemplo.

• Superstición, cobardía y corrupción marcaban el ejercicio del poder de Herodes. Compara con el ejercicio del poder religioso y civil hoy en los varios niveles tanto de la sociedad como de la Iglesia.

 

5) Oración final

A ti me acojo, Yahvé,
¡nunca quede confundido!
¡Por tu justicia sálvame, líbrame,
préstame atención y sálvame! (Sal 71,1-2)

Celebración comienzo de curso

 

En este comienzo de curso queremos dar a conocer la presentación del material y el hilo conductor para los distintos tiempos fuertes del Año Litúrgico: Adviento, Cuaresma y Pascua. Las dinámicas y celebraciones están pensadas para poder realizarse tanto en el aula del colegio, como de catequesis, como en la capilla del Colegio y en la Parroquia. El hilo conductor va ser: “salió el sembrador a sembrar… y la semilla cayó en tierra…” 

Salió el sembrador a sembrar

Salió el sembrador a sembrar

Cantad al Señor un cántico nuevo

« ¡Cantad el cántico nuevo!, nada de viejos estribillos.
¡Cantad los cantos de amor de vuestra Patria!,
nada de viejos estribillos.
¡Ruta nueva, Hombre nuevo, Cántico nuevo! » 

(Enarr. in Ps. LXVI,6).

 

NUESTRAS COMUNIDADES Y ASAMBLEAS SE RECONOCEN POR SU CANTO

El canto de la asamblea reunida es reflejo de la vida de la asamblea, fruto de la variedad de la misma. El fenómeno actual del canto de las asambleas «es producto de la variedad de las asambleas celebrantes, o por lo menos, de quienes las animan»[1]. «Dime lo que cantas y te diré lo que crees» es el título de un libro de M. Scouarnec[2]. Parafraseando el título del libro podemos decir: «Dime cómo canta tu asamblea y te diré qué tipo de asamblea tienes» o «dime cómo cantas y te diré cómo crees» o «dime qué cantas y te diré qué crees». Giovanni Battista Montini, arzobispo de Milán, futuro Pablo VI, al comentar el trabajo pastoral de sus párrocos, un día exclamó: «Una parroquia que no canta, no canta en ningún sentido[3]. O bien, dicho en clave más positiva, el papa Pablo VI nos dirá «Si un pueblo canta, nunca perderá la fe» Hablando al Sínodo menor de Milán (1959), al puntualizar los momentos esenciales del trabajo pastoral, dijo que era necesario «que el pueblo devoto de nuestras iglesias sea educado para el canto colectivo»

La asamblea litúrgica es muy variada y no se la puede utilizar para fines particularistas o aficiones personalistas, como tampoco se la puede utilizar para transmitir ideologías o condenarla a estar callada por no saber tales cantos. En la asamblea litúrgica nadie debe quedarse sin cantar; abstenerse del canto equivale a marginarse de la asamblea y romper la unidad de la misma; nadie, por tanto, debe permanecer como un mudo espectador en la asamblea.

Ya en 1643 un decreto de la Sagrada Congregación de Ritos establecía que la música ha de servir para la Misa y no la Misa para la música[4]. Tampoco se puede establecer una programación de cantos litúrgicos en función de algunos aficionados que frecuentan la asamblea o de algunos conservadores que se aferran a un repertorio tradicional como tampoco de algunos progresistas que quieren experimentar algo completamente diferente. Hay que fomentar la unión y no la desunión o el malestar entre los que celebran, y, algunas veces, el canto es motivo de desunión y malestar. «Yo no canto -oímos decir a algunos- porque no me gustan esos cantos, porque son muy antiguos, porque son muy socializantes, porque siempre son cantos franceses, porque no son los cantos de mi grupo, etc. etc.».

La vida de una comunidad se reconoce en los cantos. Cantar, sin embargo, exige el compromiso completo del hombre. Precisamente en las celebraciones es cuando las canciones retan a las personas a expresar la dicha de la celebración en un tono más alto.

Los cantos de la asamblea deben pertenecer a un lenguaje común y accesible a todos los que participan. El pueblo los debe asumir y hacer de ellos su oración. Todos tienen derecho a comprender y participar a través del canto, especialmente los que tienen menos posibilidades. Esto no quiere decir rebajar al máximo la calidad musical y textual de los cantos, sino que implica pensar en todos y en cada uno como los demás. Los cantos de la asamblea deben ser practicables para la media de los fieles reunidos. Deben parecerles tan familiares que nadie se sienta extraño o excluido, por el canto, de la acción sagrada.

 

«SÓLO EL HOMBRE NUEVO PUEDE CANTAR EL CÁNTICO NUEVO»[5]

Nos acercamos al salmo 97, atentos a la sonoridad que lo recorre, dispuestos a escuchar su música ¿Qué canto, oh Dios mío, podemos inventar al compás de nuestro asombro? Los instrumentos tocan, ¡adelante la cítara y el arpa!, «tañed la cítara para el Señor, suenen los instrumentos» (Sal 97,5) las voces cantan, la tierra se estremece, cuantos la habitan rompen a cantar a coro, los ríos aplauden, el mar retumba. Los clarines y las trompetas (Sal 97,6) anuncian la llegada del Señor. Él llega para regir la tierra. «Regirá el orbe con justicia y los pueblos con rectitud» (Sal 97,9).

«Cantad al Señor un cántico nuevo»: Es una fuerte e intensa invitación a la alabanza. El salmista, fascinado por el Señor, invita a todos a que se unan a él en su alabanza y lo hace con los imperativos: gritad, vitoread, tocad, tañed, aclamad. La historia de la salvación ofrece abundantes modelos de la alabanza.

Un modelo que se levanta sobre los demás es el Magnificat, -«Proclama mi alma la grandeza del Señor»-, donde la sencillez y humildad de María, para dejar a Dios ser Dios, es terreno donde florece la alabanza. «Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados, cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor» (Ef 5,19; Col 3,16).

El motivo de la alabanza es Dios «porque ha hecho maravillas», «el Poderoso ha hecho obras grandes por mí». El canto viene detrás del asombro, la alabanza detrás de una experiencia gozosa. Si el ser humano alaba a Dios, lo hace movido por un corazón admirado, fascinado, agradecido, inundado de alegría sintiéndose amado y protegido por Dios.

El cántico nuevo, perfecto, pleno, solemne, reemplaza a otro cántico, el viejo; por tanto no bastan las alabanzas rituales conocidas, se requiere algo nuevo y grandioso. «Cántico nuevo es el Hijo de Dios que fue crucificado, algo hasta entonces inaudito. Una realidad nueva debe tener un cántico nuevo» (Orígenes).

«El canto brota de la alegría, y si lo miramos bien, nace del amor. El que sabe, pues, amar la vida nueva, sabe también cantar el cántico nuevo»[6] 

«Cuando es la tierra entera la que canta el cántico nuevo, entonces es la casa de Dios. Esta se edifica cantando, se cimenta en los fundamentos creyendo, se erige esperando, llega a la perfección amando. Ahora es el tiempo de edificarla; y es al final de los tiempos cuando será coronada y consagrada. Que se reúnan en ella, pues, las piedras vivas para cantar el cántico nuevo; que se reúnan para consolidar la estructura del templo de Dios»[7]

«Canta a Dios quien vive para Dios; salmea en su nombre, quien obra para la gloria de Dios. Cantando así, salmeando así, es decir, viviendo y obrando así… allanáis el camino a Cristo para que le sean asequibles los corazones de los creyentes» (Enarr. in Ps. 67,5).

Antonio Alcalde Fernández


[1] J. GELINEAU, Liturgia para mañana. Sal Terrae. Santander 1977, p. 108.

[2] M. SCOUARNEC, Dis-moi ce que tu chantes. Ed. Cerf. París, 1981

[3] Ver, Liturgia y Espiritualidad. CPL Octubre 2008. El pensamiento de Pablo VI.

[4] 4.- Decreto de la SCR de 1643: “Musica Missae, non Missa musicae famulari debet”

[5] San AGUSTÍN, Comentario al Salmo 97. Sermón 34.

[6] San AGUSTÍN, Sermón 34,1

[7] San AGUSTÍN, Sermón 27,1: PL, 38, 178)

Amoris laetitia – Francisco I

Sanando la envidia

95. Luego se rechaza como contraria al amor una actitud expresada como zeloi (celos, envidia). Significa que en el amor no hay lugar para sentir malestar por el bien de otro (cf. Hch 7,9; 17,5). La envidia es una tristeza por el bien ajeno, que muestra que no nos interesa la felicidad de los demás, ya que estamos exclusivamente concentrados en el propio bienestar. Mientras el amor nos hace salir de nosotros mismos, la envidia nos lleva a centrarnos en el propio yo. El verdadero amor valora los logros ajenos, no los siente como una amenaza, y se libera del sabor amargo de la envidia. Acepta que cada uno tiene dones diferentes y distintos caminos en la vida. Entonces, procura descubrir su propio camino para ser feliz, dejando que los demás encuentren el suyo.

Homilía (Domingo XXIII de Tiempo Ordinario)

CAMINAMOS CON JESÚS POR LA SENDA DE LA SENSATEZ 

• Seguimos caminando con Jesús hacia Jerusalén. Muchos le siguen, parecen discípulos, pero ¿en realidad lo son? ¿lo somos? 

• Jesús da unos criterios de discernimiento: renuncia voluntaria a los vínculos afectivos con la familia, renuncia radical al propio interés y renuncia efectiva a las posesiones materiales. 

• Entran en juego tres vectores decisivos en la vida humana: los bienes materiales donde se juega la subsistencia, la familia que nos constituye y tan valorada en el Evangelio, y la propia vida, el propio yo sin el que no es posible seguir ni amar. 

• Jesús habla de renunciar y lo hace con un término sorprendente: odiar. ¿Quién comprende a lo que Dios quiere? 

• Con un lenguaje tan radical nos invita a la prudencia, a la sensatez como pequeña senda dentro del camino del seguimiento. 

• Ser cristiano es algo serio, es bueno valorar las fuerzas para realizar el camino sabiendo a quién seguimos y lo que supone el discipulado. 

• Tantas veces buscamos una vía media, un pacto que justifique la mediocridad, pero Jesús va al fondo del corazón para desenmascarar las trampas e iluminar nuestra decisión. 

• Hemos de seguirle a Él desde Él y eso se llama renuncia a los propios planes geniales sobre el seguimiento de Jesús. Renuncia a querer caminar desde las propias fuerzas. Todo aquello a lo que llamamos seguimiento, amor, obra de misericordia no lo es. A veces es nuestro “plan heroico” que no tiene en cuenta ni la realidad ni la justicia. 

• Hemos de abandonar en Él toda nuestra vida, desde luego los apegos a familia, bienes y propio yo, para depositar en sus manos todo afecto, todo bien y la propia vida. Tú has sido, Señor, nuestro refugio de generación en generación. 

• El “odio” que Jesús propone aquí es una inversión de las líneas de fuerza del corazón. Es necesario dirigir toda la energía hacia El y su Reino para así situar en su lugar adecuado a familia, bienes y el propio amor.

• Cuando esa línea de fuerza del corazón se invierte todo cambia, aunque por fuera, de momento parezca que todo sigue igual. Filemón y Onésimo parecen seguir siendo amo y esclavo, pero su relación ha cambiado radicalmente, la fraternidad se abre paso. 

• Los criterios de Jesús han de ayudarnos a situar dónde está el verdadero afecto, la verdadera vida, el verdadero bien. Y eso solo es posible si hay renuncia que desenmascare la falsedad de los afectos posesivos, de las posesiones adictivas e injustas y del amor propio. 

• Nos ayuda también a ofrecer con criterio la misericordia en la realidad de nuestro mundo injusto, sin dejarnos atrapar por la limosna fácil que nos llena de vanagloria y no pone en juego los cimientos en los que se asienta la miseria. 

• Seguimos caminado con Jesús y sabemos hacia dónde vamos y cuál es la senda por la que nos propone transitar. Comprendemos mejor lo que Dios quiere. 

Mons. Luis Argüello García

Lc 14, 25-33 (Evangelio Domingo XXIII de Tiempo Ordinario)

El texto hay que encuadrarlo en el marco del ministerio profético durante el camino hacia Jerusalén (9,51-19.27), que no es un mero viaje con un destino final. Es ministerio profético, una escuela de aprendizaje; una invitación a reconsiderar la propia vida. No tiene un destino cualquiera; termina en Jerusalén, allí donde se decide el final de la vida de Jesús, como se decidió el final de la vida de muchos profetas (Mt 23,37). 

El contexto inmediato (14,15-24) es la parábola del banquete. En ese texto la perspectiva del mensaje es la invitación general a participar del banquete del Reino, desdeñada con ligereza por los invitados que excusan su asistencia con el pretexto de sus intereses personales.

Aquí, a pesar del dato del v.25, no estamos ante una enseñanza dirigida “a las multitudes”, sino a los discípulos, y no se trata de una enseñanza relativa al Reino sino a la adhesión personal de cada discípulo a Jesús («viene tras de mí; para ser discípulos mío»). Esta enseñanza, que aparece también en 9,57-62 y 19,24-30, está colocada justo a mitad de ese camino a Jerusalén y, dado que se produce en un momento en el que Jesús instruye a los discípulos con más detenimiento, está mucho más desarrollada. 

Los vv.26-27 son dos dichos paralelos sobre el discipulado. El primero tiene como centro «odiar padre, madre, hermanos, esposos, hijos…». La expresión suena fuerte en griego y castellano, pero debe entenderse en el trasfondo semita no como una invitación a una actitud psicológica de repulsa en el afecto, sino más bien como una advertencia a la hora de clarificar las prioridades en la elección (Mt 10,37). La indicación de Jesús va dirigida a discernir no qué puede aportar uno a Jesús cuando decide seguirle (edad, cualidades personales, contactos…), sino a qué está dispuesto a renunciar, primero en el orden de los afectos más enraizados en el corazón humano; después, en el de los bienes. En el segundo dicho se advierte al discípulo que esa disposición a la renuncia es a precio de cruz (en la escuela de cruz), la que dio sentido a la vida de Jesús, la que constituye el destino final del camino profético, y que puede suponer para el discípulo incluso el martirio. 

Los vv.28-32 presentan dos ejemplos a modo de parábola que dan por supuesta la posibilidad del fracaso en el seguimiento (como en los ejemplos de la construcción y la batalla) y son, por tanto, una invitación al serio discernimiento que se espera de quien desea ser discípulo (una empresa mayor que la de construir o guerrear), porque Jesús advierte que, si no se está a la altura de la exigencia, mejor no emprender el camino. No todo seguimiento de Jesús es igual o exige el mismo compromiso (Mc 5,18-19); pero lo que no cabe en un discípulo (en Lucas una expresión que abarca a todos los creyentes) es un seguimiento “tacaño” o engañoso, en el que el discípulo quiere “que Dios venga a donde él quiere” (Ejercicios de San Ignacio 154). El seguimiento de Jesús no es uno más de los buenos propósitos que podemos hacer; no es un mero interesarse por la cosas de Jesús. El seguimiento de Cristo es entrar en su séquito y participar de sus trabajos, y eso precisa reflexión, discernimiento y estrategia; una clara y honesta lectura del presente en vistas al futuro. 

El v. 33 cierra la enseñanza apuntando en clave de advertencia otra enseñanza muy propia de Lucas, que desarrollará en los domingos siguientes: el imprescindible discernimiento de la preferencia en los afectos que nos ligan a los bienes, también a los que pertenecen a uno legítimamente, y cuestionan la sinceridad del seguimiento del discípulo. 

Junkal Guevara Llaguno

Fil 9b-10. 12-17 (2ª lectura Domingo XXIII de Tiempo Ordinario)

Filemón es una de las cartas auténticas de Pablo. Es un texto que versa sobre un esclavo (Onésimo) fugado de la casa de su amo (Filemón), una coyuntura propia de la época. De salida, hay que reconocer con evidencia que, mentalmente, Pablo es esclavista. O sea: él ve que los esclavos hacen parte de la realidad social de una forma natural. En casi todas las ciudades importantes había mercado de esclavos; en muchas familias clánicas servían gentes esclavas. Funcionar con mentalidad de igualdad social en los modernos parámetros de la conciencia de los derechos humanos, sería excesivo para el Pablo histórico. 

Pero el mensaje de Jesús ha impactado en la vida del apóstol. Este mensaje encierra en sí mismo la noción de libertad e igualdad, la de respeto y valoración de la persona por encima de cualquier otra realidad (aunque no esté formulada en estos términos, no aunque haya textos explícitamente antiesclavistas). Por eso, hay que intentar desvelar las semillas de una llamada “tercera vía”, la utopía cristiana de soñar y trabajar por una sociedad de iguales en base, no a criterios de producción económica o de relación política, sino de simple y honda humanidad, de mera fraternidad. 

Los asuntos de humanidad hay que tratarlos con humanidad, como “algo de mis entrañas”. Todos los asuntos relativos a la igualdad humana, antes que algo económico o político son un asunto humano. Tratar estos problemas sin humanidad es desbancarlos del marco de la espiritualidad cristiana. 

Pablo no ha querido aprovecharse de su situación de debilidad (está en prisión) para retener al esclavo y lucrarse de sus servicios. Eso sería, según la mentalidad de la época, no solamente robarle a Filemón, sino explotar a Onésimo, el esclavo que está en situación de desigualdad. Aprovecharse del débil es algo contrario al Evangelio, un malísimo cimiento para el sueño de una sociedad entre iguales. 

Recobrar a Onésimo “como hermano querido” tendría que haber pasado, en primer lugar, por liberarlo de la esclavitud. Quizá sea eso demasiado para la época. Pero cualquier actuación del cristiano hoy ha de tener a la base la espiritualidad de la dignidad. Hablar de amor sin con contar con esto es, hoy, un escarnio. 

Querer a otro “como hombre y como cristiano” conlleva tratar a toda persona, sobre todo la más frágil, con respeto, igualdad, y tolerancia. Quizá en tiempos de Pablo esta deducción todavía no era algo adquirido, debido a la presión social de la cultura de la época. Pero hoy sería inadmisible que esto no hiciera parte de acervo espiritual del seguidor de Jesús. 

La petición de Pablo a su amigo de que reciba al esclavo “como a mí mismo” habría que llevarla literalmente hasta las últimas consecuencias: recibir al frágil como se recibe al ciudadano con derechos, ya que la debilidad no despoja de ningún derecho sino, por el contrario, los hace más necesarios y acuciantes. 

Fidel Aizpurúa Donázar

Sab 9, 13-18 (1ª Lectura Domingo XXIII de Tiempo Ordinario)

Estos versículos forman parte de un texto poético más amplio conocido como oración de Salomón (Sab 9,1-18). El hijo de David y sucesor en el trono ha pasado a toda la tradición bíblica, tanto judía como cristiana, como el sabio por excelencia. Así, es presentado como el rey justo y sensato que no pide riquezas sino “un corazón sabio para gobernar a tu pueblo y poder discernir entre lo bueno y lo malo” (1Re 3,9). 

La sabiduría bíblica busca su entronque en este rey del s. X a.C.; pero el libro de la Sabiduría, sin embargo, forma parte de los últimos escritos canónicos del Antiguo Testamento (S.II-I a.C.); su contenido, si bien se desarrolla en la matriz hebrea, ya deja entrever matices que tienen que ver con el pensamiento filosófico griego (el cuerpo como «lastre del alma»); la obra compuesta en griego se escribió, con probabilidad, en el área de influencia de Alejandría. 

El poema repite hasta en cuatro ocasiones preguntas retóricas sobre el ser humano y su capacidad de conocer la voluntad de Dios. Avanza por medio de paralelismos: pensamientos/ razonamientos// mezquinos/falibles. En el verso siguiente, cuerpo mortal/tienda terrestre// lastre del alma/mente que medita. Se sirve de contrastes: las cosas terrenas frente a las cosas del cielo. 

El autor, figuradamente Salomón, pregunta por dos veces quién puede alcanzar los «designios de Dios» (v. 13.17), o sea, quién conoce sus planes. Para los helenistas la sabiduría es fruto del esfuerzo humano, del conocimiento de los principios fundamentales que forman las cosas y de las normas que rigen el universo. Para el pueblo de Israel es un «don» que Dios concede enviando su «Santo espíritu». No hay verdadera sabiduría si no va acompañada de la humildad propia de quien se sabe criatura y se abre a la acción de Dios. Una sabiduría que no es meramente funcional, sino que alcanza la salvación. 

El hombre busca incesantemente a Dios, generación tras generación. El camino que hace una persona puede servir de pista, pero no exime de recorrerlo individual y comunitariamente. El hombre rastrea las sendas de Dios, pero, por su condición creatural, no puede alcanzar el misterio divino («pensamientos mezquinos», «razonamientos falibles»). Dios es quien se vuelca, se revela, se comunica, se da por los dones de la «sabiduría» y del «espíritu», don que se recibe y que se pide, que se añora y se suplica, don que salva, porque la voluntad de Dios es salvar. 

Pedro Fraile Yécora 

Comentario al evangelio (29 de agosto)

Martirio de san Juan Bautista. La Iglesia nos invita en este día a este recuerdo.

De Juan Bautista recordamos su nacimiento a la vida, y el nacimiento a la vida eterna por su fidelidad y por su martirio.

Iniciamos este día la lectura semicontinua del evangelio de Lucas en los días de feria. Dejamos atrás el evangelio de la infancia. Encontramos a Jesús ya crecido, puesto en pie. Cautivado ante el arresto (y los arrestos) de Juan Bautista. Al caer el Bautista Jesús se pone en pie.

Por eso rescato esa carta con despedida de José Luis Cortés.

Querida Mamá:

Cuando te despiertes yo ya me habré ido. He querido ahorrarte despedidas. Ya has sufrido bastante y lo que sufrirás, María.

Ahora es de noche. Mientras te escribo el gato me mira como diciendo: «¿Es que no va poder uno dormir en esta casa nunca?».

Quiero decirte por qué me voy; por qué te dejo, por qué no me quedo en el taller haciendo marcos para las puertas y enderezando sillas el resto de mi vida.

Durante treinta años he observado a la gente de nuestro pueblo y he intentado comprender para qué vivían, para qué se levantaban cada mañana y con qué esperanza se dormían todas las noches.

· Juan, el de las gaseosas, y con él la mitad de Nazaret, sueñan con hacerse ricos y creen de verdad que cuanto más cosas tengan más completos van a ser.

· El alcalde y los otros ponen el sentido de sus vidas en conseguir más poder, ser obedecidos por más gente, tener capacidad para disponer del futuro de los otros hombres.

· El rabino y sus beatas se han rendido ya del todo ante lo que signifique esforzarse por crecer y se disculpan haciéndolo pasar por voluntad de Dios.

El resultado es que

· la mayoría de los días son grises,

· las soledades demasiado grandes para ser soportadas por hombres normales,

· la amargura habitual de casa,

· las alegrías escasas y poco alegres.

A veces Madre, cuando llegaba el cartero y sonaba la trompetilla en la plaza del pueblo, cuando la gente acudía corriendo alrededor, yo me fijaba en esas caras que esperaban ansiosamente, delirantemente, de cualquier parte y con cualquier remitente, una Buena Noticia: ¡Hubieran dado la mitad de sus vidas porque alguien les hubiera abierto, desde fuera, un boquete en el cascarón!

Me venían ganas de ponerme en medio y gritarles: «¡La Noticia Buena ya ha llegado! ¡El Reino de Dios está dentro de vosotros! ¿Por qué os repetís que estáis cojos si resulta que Dios os ha dado piernas de gacela?”

Yo me siento prendido por la plenitud de la vida, María. Yo me descubro encendido en un fuego que me lleva y me hace contarles a los hombres noticias simples y hermosas que ningún periódico dice nunca.

Y quisiera quemar al mundo con esta llama: que en todos los rincones hubiera vida, pero vida en abundancia.

Ya sé que soy un carpintero sin bachillerato y que apenas he cumplido la edad de poder abrir los labios en público. No me importa esperar más, pensarlo más, ser más maduro, «hacer mi síntesis teológica»… pero esta tarde me he enterado de que han detenido a Juan, que bautizaba en el río.

· ¿Quién alentará ahora la chispita de esperanza que aún humea en el corazón de los pobres?

· ¿Quién gritará lo que Dios quiere en medio de tantos gritos que no quieren a Dios?

· ¿Quién jurará a los sencillos y a los cansados que tienen derecho a vivir porque son queridos desde el principio del universo?

Hay demasiada infelicidad, Mamá, como para que yo me contente con fabricar hamacas para unos pocos… Demasiados ciegos, demasiados pobres, demasiada gente para quien el mundo es la blasfemia de Dios. No se puede creer en Dios en un mundo donde los hombres mueren y no son felices… a menos que se esté del lado de los que dan la vida para que todo eso no siga sucediendo: para que el mundo sea como Dios lo pensó.

Si te he de decir la verdad, no tengo nada claro qué es lo que voy a hacer. Sé por donde empezar, no sé dónde terminaremos. Por lo pronto me voy a Cafarnaúm, a la orilla del lago, donde hay más gente y lo que pase tendrá más resonancia.

Está amaneciendo. Te escribiré, te vendré a ver de vez en cuando. Las vecinas, el gato, las estrellas del cielo y Dios nuestro Señor te harán compañía en esa ola inmensa de convivencia fraterna con la naturaleza que los hombres no son capaces de descubrir.

Y cuando hagamos ese pequeño grupo de gente que viva como estamos hechos para hacerlo, podrás venirte con nosotros, llena de gracia, llena de flores, llena de ritmo, bendita entre todas las niñas de Israel que me diste en fruto a mí, tu

Jesús

El Espíritu está sobre mí. Me ha enviado a dar buenas noticias. A ser ¡Buena Noticia!

Óscar Romano, cmf