Vísperas – Miércoles XXII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL
Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: SEÑOR, TÚ ERES SANTO: YO ADORO, YO CREO.

Señor, tú eres santo: yo adoro, yo creo;
tu cielo es un libro de páginas bellas,
do en noches tranquilas mi símbolo leo,
que escribe tu mano con signos de estrellas.

En vano con sombras el caos se cierra:
tú miras al caos, la luz nace entonces;
tú mides las aguas que ciñen la tierra,
tú mides los siglos que muerden los bronces.

El mar a la tierra pregunta tu nombre,
la tierra a las aves que tienden su vuelo;
las aves lo ignoran; preguntan al hombre,
y el hombre lo ignora; pregúntanlo al cielo.

EI mar con sus ecos ha siglos que ensaya
formar ese nombre, y el mar no penetra
misterios tan hondos, muriendo en la playa,
sin que oigan los siglos o sílaba o letra.

Señor, tú eres santo: yo te amo, yo espero;
tus dulces bondades cautivan el alma;
mi pecho gastaron con diente de acero
los gustos del mundo, vacíos de calma.

Concede a mis penas la luz de bonanza,
la paz a mis noches, la paz a mis días;
tu amor a mi pecho, tu fe y tu esperanza,
que es bálsamo puro que al ánima envías. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro salvador.

Salmo 61 – DIOS, ÚNICA ESPERANZA DEL JUSTO.

Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre
todos juntos, para derribarlo
como a una pared que cede
o a una tapia ruinosa?

Sólo piensan en derribarme de mi altura,
y se complacen en la mentira:
con la boca bendicen,
con el corazón maldicen.

Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme,
Dios es mi refugio.

Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio.

Los hombres no son más que un soplo,
los nobles son apariencia:
todos juntos en la balanza subirían
más leves que un soplo.

No confiéis en la opresión,
no pongáis ilusiones en el robo;
y aunque crezcan vuestras riquezas,
no les deis el corazón.

Dios ha dicho una cosa,
y dos cosas que he escuchado:

«Que Dios tiene el poder
y el Señor tiene la gracia;
que tú pagas a cada uno
según sus obras.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro salvador.

Ant 2. Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.

Salmo 66 – QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.

Ant 3. Todo fue creado por él y para él.

Cántico: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS. Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Todo fue creado por él y para él.

LECTURA BREVE 1Pe 5, 5b-7

Sed humildes unos con otros, porque Dios resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes. Inclinaos bajo la poderosa mano de Dios, para que a su tiempo os eleve. Descargad en él todas vuestras preocupaciones, porque él se interesa por vosotros.

RESPONSORIO BREVE

V. Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.
R. Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.

V. A las sombras de tus alas escóndenos.
R. Como a las niñas de tus ojos.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Haz, Señor, proezas con tu brazo, dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Haz, Señor, proezas con tu brazo, dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.

PRECES

Aclamemos, hermanos, a Dios, nuestro salvador, que se complace en enriquecernos con sus dones, y digámosle con fe:

Muéstranos, Señor, tu amor y danos tu paz.

Dios eterno, mil años en tu presencia son como un ayer que pasó;
ayúdanos a recordar siempre que nuestra vida es como una hierba que se renueva por la mañana y se seca por la tarde.

Alimenta a tu pueblo con el maná para que no perezca de hambre
y dale el agua viva para que nunca más tenga sed.

Que tus fieles busquen y saboreen los bienes de arriba
y te glorifiquen también con su descanso.

Concede, Señor, buen tiempo a las cosechas,
para que la tierra de fruto abundante.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Que los difuntos puedan contemplar tu faz
y que nosotros tengamos un día parte en su felicidad.

Confiemos nuestras súplicas a Dios nuestro Padre, terminando nuestra oración con las palabras que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Dios nuestro, tu nombre es santo y tu misericordia llega a tus fieles de generación en generación; atiende, pues, las súplicas de tu pueblo y haz que pueda cantar eternamente tus alabanzas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio Divina – 31 de agosto

Lectio: Miércoles, 31 Agosto, 2016
Tiempo Ordinario
 
1) Oración inicial 
Dios todopoderoso, de quien procede todo bien, siembra en nuestros corazones el amor de tu nombre, para que, haciendo más religiosa nuestra vida, acrecientes el bien en nosotros y con solicitud amorosa lo conserves. Por nuestro Señor.
 
2) Lectura 
Del Evangelio según Lucas 4,38-44
En saliendo de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre; y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles. A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: «Tú eres el Hijo de Dios.» Pero él les conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo. Al hacerse de día salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando hasta él, trataban de retenerle para que no les dejara. Pero él les dijo: «También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado.» E iba predicando por las sinagogas de Judea.
 
3) Reflexión 
• El evangelio de hoy nos habla de cuatro asuntos distintos: la curación de la suegra de Pedro (Lc 4,38-39), la curación de muchos enfermos, la noche después del sábado (Lc 4, 40-41), la oración de Jesús en un lugar desierto (Lc 4,42) y su insistencia en la misión (Lc 4,43-44). Con pequeñas diferencias Lucas sigue y adapta las informaciones que sacó del evangelio de Marcos.
• Lucas 4,38-39: Jesús restaura la vida para el servicio. Después de participar en la celebración del sábado, en la sinagoga, Jesús entra en casa de Pedro y cura su suegra. La curación hace que ella se ponga inmediatamente de pie. Una vez recuperadas la salud y la dignidad, la suegra de Pedro se pone al servicio de las personas. Jesús no solamente cura, sino que cura para que la persona se ponga al servicio de la vida.
• Lucas 4,40-41: Jesús acoge y cura a los marginados. Al caer de la tarde, en la hora en que la primera estrella aparece en el cielo, terminado el sábado, Jesús acoge y cura a los enfermos y a los poseídos que la gente había traído. Enfermos y poseídos eran las personas más marginadas en aquella época. No tenían a quien recurrir. Quedaban a la merced de la caridad pública. Además de esto, la religión las consideraba impuras. No podían participar en la comunidad. Era como si Dios las rechazara y las excluyera. Jesús las acoge y las cura imponiéndoles las manos. Así aparece en qué consiste la Buena Nueva de Dios y lo que quiere hacer en la vida de la gente: acoger a los marginados y a los excluidos y reintegrarlos en la convivencia.
“Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo:”Tú eres el Hijo de Dios.» Pero él les conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo”. En aquel tiempo, el título Hijo de Dios no había adquirido ni la densidad ni la profundidad que el título tiene hoy para nosotros. Significaba que la gente reconocía en Jesús una presencia toda especial de Dios. Jesús no dejaba hablar a los demonios. No quería una propaganda fácil por medio del impacto de expulsiones espectaculares.
• Lucas 4,42a: Permanecer unido al Padre por la oración. “Al hacerse de día salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando hasta él, trataban de retenerle para que no les dejara”. Aquí Jesús aparece rezando. Hace un esfuerzo muy grande para tener el tiempo y el ambiente para rezar. Se levanta de en medio de los otros y se va hacia un lugar desierto, para poder estar a solas con Dios. Muchas veces, los evangelios nos hablan de Jesús en el silencio (Lc 3,21-22; 4,1-2.3-12; 5,15-16; 6,12; 9,18; 10,21; 5,16; 9,18; 11,1; 9,28;23,34; Mt 14,22-23; 26,38; Jn 11,41-42; 17,1-26; Mc 1,35; Lc 3,21-22). A través de la oración mantiene viva en sí la conciencia de su misión.
• Lucas 4,42b-44: Mantener viva la conciencia de la misión y no quedarse en el resultado. Jesús se vuelve conocido. La gente le va detrás y no quiere que se vaya. Jesús no hace caso a lo que le piden y dice: «También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado.” Jesús tiene muy clara su misión. No se encierra en el resultado ya obtenido, sino que quiere mantener bien viva la conciencia de su misión. Es la misión recibida del Padre lo que le orienta a la hora de tomar decisiones. ¡Porque a esto he sido enviado! Y aquí en el texto esta conciencia tan viva aparece como fruto de la oración.
 
4) Para la reflexión personal
• Jesús sacaba tiempo para poder rezar y estar a solas con el Padre. ¿Yo hago lo mismo para rezar y estar a solas con Dios?
• Jesús mantenía viva la conciencia de su misión. Como cristiano o cristiana que soy, ¿tengo conciencia de alguna misión o vivo sin misión?
 
5) Oración final
Esperamos anhelantes a Yahvé,
él es nuestra ayuda y nuestro escudo;
en él nos alegramos de corazón
y en su santo nombre confiamos. (Sal 33,20-21)

Jornadas de oración para catequistas

El comienzo del año pastoral puede ser un motivo para que los catequistas tomen conciencia de su misión y de la tarea que se les encomienda por parte de la comuni­dad cristiana.

En primer lugar, ser catequista es res­ponder a una llamada personal de Dios que invita a algunas personas para que desempeñen un servicio específico en la complejidad y diversidad de ministerios que componen el tejido parroquial. Más allá de enseñar unos conocimien­tos doctrinales básicos, el catequista es un comunicador de su propia fe, un educador de la semilla depositada por el Espíritu en el corazón de cada persona que se le confía, ya sea adulto, joven o infante, un obrero que movido o movida por el mismo Espíritu de Jesús, con cuanto es y sabe se presta a ser vocero del Evangelio vivo.

Jornada de oración catequistas

Jornada de oración catequistas

Un despertar religioso. Hacia una experiencia de Jesús

Actualmente nos encontramos cada vez más que, cuando queremos hablar de experiencia de fe, de experiencia de Jesús, los niños están perdidos, o despistados. Saben, conocen datos, pero no hay relación, el mundo interior está dormido. La secularidad es un hecho real en la sociedad de hoy día, y las familias, que eran las que transmitía la experiencia de fe y a través de las cuales los niños aprendían por ósmosis las vivencias de la vida religiosa, no saben transmitir esta experiencia, sencillamente porque la han perdido y no la tienen. Lo que no se vive no se puede transmitir.

Dar y recibir

Dar y recibir

Amoris laetitia – Francisco I

Sin hacer alarde ni agrandarse

97. Sigue el término perpereuotai, que indica la vanagloria, el ansia de mostrarse como superior para impresionar a otros con una actitud pedante y algo agresiva. Quien ama, no sólo evita hablar demasiado de sí mismo, sino que además, porque está centrado en los demás, sabe ubicarse en su lugar sin pretender ser el centro. La palabra siguiente —physioutai— es muy semejante, porque indica que el amor no es arrogante. Literalmente expresa que no se «agranda» ante los demás, e indica algo más sutil. No es sólo una obsesión por mostrar las propias cualidades, sino que además se pierde el sentido de la realidad. Se considera más grande de lo que es, porque se cree más «espiritual» o «sabio». Pablo usa este verbo otras veces, por ejemplo para decir que «la ciencia hincha, el amor en cambio edifica» (1 Co 8,1). Es decir, algunos se creen grandes porque saben más que los demás, y se dedican a exigirles y a controlarlos, cuando en realidad lo que nos hace grandes es el amor que comprende, cuida, protege al débil. En otro versículo también lo aplica para criticar a los que se «agrandan» (cf. 1 Co 4,18), pero en realidad tienen más palabrería que verdadero «poder» del Espíritu (cf. 1 Co 4,19).

Comentario Domingo XXII de Tiempo Ordinario

Oración

¡Escucha, YHWH, el clamor de mi voz! ¡Ten piedad de mí, respóndeme! Digo para mis adentros: “Busca su rostro”. Sí, YHWH, tu rostro busco, no me ocultes tu rostro.

 

Lc 14, 25-33

«25Pero caminaban con él muchas muchedumbres y, volviéndose, les dijo:

26“Si alguno viene junto a mí y no odia a su propio padre y a la madre, y a la mujer y a los hijos, y a los hermanos y a las hermanas, y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío;

27el que no lleva su propia cruz y viene detrás de mí, no puede ser discípulo mío.

28Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero a calcular el coste, si tiene para acabarla? 29No sea que, habiendo puesto su cimiento y no pudiendo terminar, todos los que lo vean comiencen a burlarse de él, 30diciendo: ‘Esta persona comenzó a edificar y no pudo terminar’.

31O ¿qué rey, saliendo a batalla a combatir contra otro rey, no se sienta primero a deliberar si es fuerte con diez mil para salir al paso del que viene contra él con veinte mil? 32Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz.

33Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncia a todos sus propios bienes no puede ser discípulo mío».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Después del evangelio del domingo pasado, continúa un texto muy interesante, sobre la participación en el banquete del Reino: parece muy deseable, pero a la hora de la verdad siempre existen otros intereses (Lc 14,15-24). En este momento llega el evangelio de hoy, que es una impresionante lección de discipulado y las exigencias que conlleva. Estamos hacia la mitad de la sección del camino a Jerusalén -sección de formación de los discípulos- y, en el corazón de la misma, se sitúan estas palabras de Jesús, realmente exigentes e interpelantes. Pero si nos hallamos lejos del listón puesto por Jesús, los textos siguientes del capítulo 15 ejercerán de bálsamo necesario: son las parábolas de la misericordia: la oveja perdida (15,4-7), la dracma perdida (15,8-10) y el hijo pródigo, conocida también por el padre bueno (15,11-32).

 

TEXTO

La unidad textual consta de un versículo introductorio, que nos recuerda el camino hacia Jerusalén y el auditorio de Jesús: sus palabras no se dirigen a un selecto grupo de seguidores, sino a las “muchas muchedumbres”, a todos (v. 25). Luego siguen dos condiciones de discipulado, dichas de manera negativa (no odiar, no llevar, no puede ser…) (vv. 26 y 27). A esas dos frases corresponden otras dos comparaciones que las ilustran, una de construcción (vv. 28-30) y otra de batalla (vv. 31-32). Finalmente, como recapitulación final, una condición de discipulado dirigida, no en general, sino directamente a los interlocutores; también está formulada negativamente (no renunciar, no puede ser…) (v. 33). El resultado es impactante por la exigencia de las condiciones y el lenguaje utilizado, en forma y fondo. Atención a la insistencia en lo “propio”, es decir, lo más interior y genuino de cada uno: el texto quiere rastrear nuestra autenticidad. De ahí que sea tan importante la reflexión y el discernimiento (“calcular”, “deliberar”).

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Las duras condiciones de discipulado que Lucas pone en labios de Jesús tienen dos objetivos: a) llegar hasta el interior más profundo del destinatario (notemos la insistencia del término “propio”, un pronombre reflexivo enfático en griego); b) exhortarnos a “calcular” y “deliberar”, es decir, hacer un discernimiento serio de nuestro ser cristiano. Frente a un seguimiento superficial, conformista, cómodo, interesado, descomprometido, el evangelio nos remite a lo esencial, busca una respuesta valiente y honesta que ponga a Jesús en su verdadero lugar.

• Las dos primeras condiciones (ir junto a Jesús, ir detrás de Jesús) son lógicas en todo discipulado verdadero: estar junto a Jesús supone asumir su propio camino, su propio proyecto, y estar detrás de Jesús supone seguirle por los caminos que él ande, adoptar sus opciones y su estilo. En ese camino de fidelidad, todo, absolutamente todo, queda relativizado o debe quedarlo.

• Las dos parábolas usadas por Jesús para ilustrar las condiciones nos invitan a una seria y honrada reflexión: ¿estamos en condiciones de ser sus discípulos? ¿Qué obstáculos concretos nos pueden impedir un seguimiento más comprometido y fiel?

• La condición final sigue la misma línea de radicalidad evangélica. Hay textos en los evangelios que deben hacer zozobrar un poco nuestra “modorra” discipular y hoy nos encontramos con uno de ellos. Si la pequeña familia nos impide abrirnos a la comunidad y a la gran familia humana; si nuestra opción de vida no nos lleva a cargar con la cruz de compartir el proyecto de Jesús; si acumulamos más que compartimos los bienes, entonces no podemos ser discípulos. El evangelio, llamativamente, nos exhorta a saber jerarquizar los valores y, para un discípulo, el supremo valor es Jesús, su persona y su proyecto.

• Seguir a Jesús es cosa seria. Ser cristiano es más que una tradición, una costumbre, una rutina: exige una radical opción personal de vida en la que se pone en juego lo más interior y lo más auténtico que somos. Hay que desperezarse, hay que discernir, hay que decidir, hay que optar.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo XXI de Tiempo Ordinario

XXIII Domingo del Tiempo Ordinario
4 de septiembre, 2016

Lecturas: Sabiduría 9,13-19; Salmo 89; Filemón 9b-10.12-17; Lucas 14, 25-33

Lo que cuesta seguir a Cristo

Mucha gente seguía a Jesús; y él se volvió y dijo: “Si alguno viene a mí y no me ama más que a su padre, a su madre, a su esposa, a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, y aun más que así mismo, no puede ser mi discípulo. Y el que no toma su propia cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. Si alguno de ustedes quiere construir una torre, ¿acaso no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con que terminarla? De otra manera, si pone los cimientos y después no puede terminarla, todos los que lo vean comenzaran a burlarse de él, diciendo:

“Este hombre empezó a construir, pero no pudo terminar.” O si algún rey tiene que ir a la guerra contra otro rey, ¿acaso no se sienta primero a calcular si con diez mil soldados pueden hacer frente a quien va a atacarlo con veinte mil? Y si no puede hacerle frente, cuando el otro rey este todavía lejos, le mandara mensajeros a pedir la paz. Así pues, cualquiera de ustedes que no deje todo lo que tiene, no puede ser mi discípulo. (Lucas 14, 25-33)

Reflexión

En las lecturas de esta semana vemos en la primera lectura como a veces la sabiduría de  Dios es misteriosa y no comprendemos su voluntad, pero El Espíritu viene siempre en nuestra ayuda para iluminarlos. En el evangelio Jesús nos dice que seguirle a Él tiene un costo. No podemos decir si, sin considerar a que nos estamos comprometiendo.

¿Son capaces de sacrificarse por los demás? ¿Qué creen que les pide Jesús? ¿Están dispuesto hacerlo, aunque les cueste?

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Actividad

Vivimos una época de mucho materialismo. Para seguir a Jesús necesitamos pensar mas en los demás y no centrarnos en tener cosas. Pensemos en algo bueno que podemos hacer Por los demás.

Oración

Señor, a veces buscamos lo más fácil y cómodo y servimos a nuestros propios dioses. Danos tu luz y generosidad para escuchar tu voz y seguirte, sabiendo que nuestro esfuerzo y sacrificio es pequeño comparado con la gracia de tu amor y presencia. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Cristo camina delante de muchos que quieren seguirle. Pero él sabe que no todos le seguirán hasta el final y en los momentos más difíciles de su caminar por eso mundo. Por eso, les aclara a sus discípulos que el que quiera seguirlo debe renunciar a todo, incluyendo a sus seres más queridos, y estar dispuesto a pasar momentos amargos («cargar su cruz») por amor a él. Con estas palabras, Jesús quiere hacernos meditar sobre lo que significa ser su discípulo, para que siempre sepamos seguirle.

A veces nos engañamos sin darnos cuenta, seguimos a Jesús sólo para que cumpla deseos en nuestras vidas: que nos vaya bien en el examen; que podamos tener ese juguete; que ganemos el partido; que nos proteja del peligro… Y no es malo pedir ayuda a Dios. Lo malo es sólo buscarlo para eso, pues significa que amamos más a esas cosas que al mismo Cristo, quien se convierte sólo en un medio para lograr eso que tanto queremos.

Ser discípulo de Cristo es buscarlo por amor a él y estar dispuesto a renunciar a cualquier cosa que nos estorbe para seguir sus mandamientos (incluso si eso es lo que más queremos).

Seguir a Cristo es descubrir a través de la oración, de su Palabra y de los Sacramentos, lo que quiere de nosotros, y buscar hacerlo con todo nuestro entusiasmo, renunciando si es necesario a comodidades, gustos o afectos, si ellos no nos ayuda a seguir su llamado. Seguir a Cristo es aceptar su voluntad por encima de la nuestra.

Aceptar la voluntad de Dios no siempre es fácil, por eso debemos pedir su ayuda para saber aceptarla con paz y esperanza.

¿Qué cosas estorban en mi vida para cumplir la voluntad de Dios?

Comentario al evangelio (31 de agosto)

EN LA SINAGOGA Y EN LA CASA.

Jesús no tiene muy claro, a lo mejor sí y quienes fallamos somos nosotros, la diferencia entre la sinagoga y la casa. Ambos lugares están llenos de la presencia de Dios. Con nuestro lenguaje, hoy diríamos: el templo es tu casa, la casa es tu templo. Cuando uno tiene claro que lo que desea es encontrarse con Dios y transmitirle, los lugares pasan a ocupar en segundo plano. En la iglesia-templo-sinagoga Jesús se encuentra con Dios; en las casas, entre los pucheros, también lo hace. Pienso que muchas veces buscamos a Dios de manera distinta en la capilla que en la sala de estar de nuestra casa. Perdemos en nuestras conversaciones cotidianas el fervor que tenemos en los rezos.

LO GRANDE Y LO PEQUEÑO.

Cura a las multitudes, dice el texto, exagerando un poco. Pero se acerca también a la suegra de Pedro. Lo grande y lo pequeño. Lo global y lo local. Me gusta ese eslogan: piensa globalmente y actúa localmente. Me parece que es lo que hacía Jesús: curaba a las multitudes y se fijaba también en los detalles.

Vale para la reflexión este cuento de P. Coelho en El Alquimista.

VÁMONOS DE AQUÍ.

Jesús se desmarca de quienes quieren reternerle. Su misión es mucho más amplia. Dios es para todos. La tentación que querer acaparar a Dios siempre estará presente. Por eso Jesús se escapa a otras aldeas (no a las grandes urbes, que irá después).

TEXTO DE APOYO

Cierto mercader envió a su hijo con el más sabio de todos los hombres para que aprendiera el Secreto de la Felicidad. El joven anduvo durante cuarenta días por el desierto, hasta que llegó a un hermoso castillo, en lo alto de una montaña. Allí vivía el sabio que buscaba.
Sin embargo, en vez de encontrar a un hombre santo, nuestro héroe entró en una sala y vio una actividad inmensa; mercaderes que entraban y salían, personas conversando en los rincones, una pequeña orquesta que tocaba melodías suaves y una mesa repleta de los más deliciosos manjares de aquella región del mundo. El sabio conversaba con todos, y el joven tuvo que esperar dos horas para que le atendiera.
El sabio escuchó atentamente el motivo de su visita, pero le dijo que en aquel momento no tenía tiempo de explicarle el Secreto de la Felicidad. Le sugirió que diese un paseo por su palacio y volviese dos horas más tarde.
Pero quiero pedirte un favor -añadió el sabio entregándole una cucharilla de té en la que dejó caer dos gotas de aceite-. Mientras camines lleva esta cucharilla y cuida de que el aceite no se derrame.
El joven comenzó a subir y bajar las escalinatas del palacio manteniendo siempre los ojos fijos en la cuchara. Pasadas las dos horas, retornó a la presencia del sabio.
¿Qué tal? -preguntó el sabio-. ¿Viste los tapices de Persia que hay en mi comedor? ¿Viste el jardín que el Maestro de los Jardineros tardó diez años en crear? ¿Reparaste en los bellos pergaminos de mi biblioteca?
El joven, avergonzado, confesó que no había visto nada. Su única preocupación había sido no derramar las gotas de aceite que el Sabio le había confiado.
Pues entonces vuelve y conoce las maravillas de mi mundo -dijo el Sabio-. No puedes confiar en un hombre si no conoces su casa.
Ya más tranquilo, el joven cogió nuevamente la cuchara y volvió a pasear por el palacio, esta vez mirando con atención todas las obras de arte que adornaban el techo y las paredes. Vio los jardines, las montañas a su alrededor, la delicadeza de las flores, el esmero con que cada obra de arte estaba colocada en su lugar. De regreso a la presencia del sabio, le relató detalladamente todo lo que había visto.
¿Pero dónde están las dos gotas de aceite que te confié? -preguntó el Sabio.
El joven miró la cuchara y se dio cuenta de que las había derramado.

Pues éste es el único consejo que puedo darte -le dijo el más Sabio de los Sabios-. El secreto de la felicidad está en mirar todas las maravillas del mundo, pero sin olvidarse nunca de las dos gotas de aceite en la cuchara.

Óscar Romano,cmf