Vísperas – Lunes III de Pascua

SAN JOSÉ OBRERO. (MEMORIA)

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: QUE TE ALABEN LOS CÉLICOS EJÉRCITOS

Que te alaben los célicos ejércitos
y que te canten los cristianos coros,
oh preclaro José, que fuiste dado
a la Virgen en casto matrimonio.

Al advertir su gravidez te asombras,
y la duda te angustia en lo más íntimo,
pero un ángel del cielo te revela
que el niño concebido es del Espíritu.

Tú estrechas al Señor en cuanto nace;
después, huyes con él a tierra egipcia;
luego, en Jerusalén notas su falta
y, al encontrarlo, lloras de alegría.

Más feliz que los otros elegidos,
que sólo ven a Dios después de muertos,
tú, por un privilegio misterioso,
desde esta misma vida puedes verlo.

Por este santo, Trinidad santísima,
déjanos escalar el cielo santo,
y nuestra gratitud te mostraremos
con el fervor de un sempiterno canto. Amén.

SALMODIA

Ant 1. El Señor será tu luz perpetua, y tu Dios será tu esplendor. Aleluya.

Salmo 122 – EL SEÑOR, ESPERANZA DEL PUEBLO

A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores,

como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia.

Misericordia, Señor, misericordia,
que estamos saciados de desprecios;
nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los orgullosos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor será tu luz perpetua, y tu Dios será tu esplendor. Aleluya.

Ant 2. La trampa se rompió y escapamos. Aleluya.

Salmo 123 – NUESTRO AUXILIO ES EL NOMBRE DEL SEÑOR

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
-que lo diga Israel-,
si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombres,
nos habrían tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros.

Nos habrían arrollado las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado hasta el cuello
las aguas espumantes.

Bendito el Señor, que no nos entregó
como presa a sus dientes;
hemos salvado la vida como un pájaro
de la trampa del cazador:
la trampa se rompió y escapamos.

Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. La trampa se rompió y escapamos. Aleluya.

Ant 3. Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí. Aleluya.

Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN – Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí. Aleluya.

LECTURA BREVE   Col 3, 23-24

Lo que hacéis, hacedlo con toda el alma, como para servir al Señor y no a los hombres: sabiendo bien que recibiréis del Señor en recompensa la herencia. Servid a Cristo Señor.

RESPONSORIO BREVE

V. El justo florecerá como un lirio. Aleluya, aleluya.
R. El justo florecerá como un lirio. Aleluya, aleluya.

V. Y se alegrará eternamente ante el señor.
R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. El justo florecerá como un lirio. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Cristo, el Señor, quiso ser tenido como hijo del carpintero. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cristo, el Señor, quiso ser tenido como hijo del carpintero. Aleluya.

PRECES

Acudamos suplicantes a Dios Padre todopoderoso, de quien procede toda la familia del cielo y de la tierra, y digámosle suplicantes:

Padre nuestro que estás en los cielos, escúchanos.

Padre santo, tú que en la aurora del nuevo Testamento revelaste a José el misterio mantenido en silencio desde el origen de los siglos,
ayúdanos a conocer cada vez mejor a tu Hijo, verdadero Dios y verdadero hombre.

Padre celestial, tú que alimentas las aves del cielo y vistes la hierba del campo,
concede a todos los hombres el pan de cada día para su cuerpo y el alimento de la eucaristía para su espíritu.

Creador del universo, tú que entregaste al hombre la obra de tus manos,
haz que los trabajadores puedan disfrutar de manera digna del fruto de su trabajo.

Señor, tú que eres la fuente de toda la justicia y deseas que todos seamos justos,
por intercesión de san José, ayúdanos a agradarte en todo.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz, Señor, que los moribundos y los que ya han muerto,
obtengan tu misericordia eterna, por medio de tu Hijo, de María y de san José.

Porque somos miembros de la familia de Dios, nos atrevemos a decir:

Padre nuestro…

ORACION

Dios nuestro, creador del universo, que has establecido que el hombre coopere con su trabajo al perfeccionamiento de tu obra, haz que, guiados por el ejemplo de san José y ayudados por sus plegarias, realicemos las tareas que nos asignas y alcancemos la recompensa que nos prometes. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 1 de mayo

Lectio: Lunes, 1 Mayo, 2017
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1) Oración inicial

Dios todopoderoso, que confiaste los primeros misterios de la salvación de los hombres a la fiel custodia de san José; haz que,  por su intercesión, la Iglesia los conserve fielmente y los lleve a plenitud en su misión salvadora. Por nuestro Señor Jesucristo.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Lucas 1,39-56
En aquellos días, se puso en camino María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, Isabel quedó llena de Espíritu Santo y exclamó a gritos: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que venga a verme la madre de mi Señor? Porque apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!»
Y dijo María:
«Alaba mi alma la grandeza del Señor
y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador
porque ha puesto los ojos en la pequeñez de su esclava,

por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada,
porque ha hecho en mi favor cosas grandes el Poderoso, Santo es su nombre
y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los de corazón altanero.

Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes.
A los hambrientos colmó de bienes
y despidió a los ricos con las manos vacías.

Acogió a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abrahán y de su linaje por los siglos.»

María se quedó con ella unos tres meses, y luego se volvió a su casa.

3) Reflexión

• Hoy, fiesta de la visitación de Nuestra Señora, el evangelio habla de la visita de María a su prima Isabel. Cuando Lucas habla de María, él piensa en las comunidades de su tiempo que vivían dispersas por las ciudades del Imperio Romano y les ofrece en María un modelo de cómo deben relacionarse con la Palabra de Dios. Una vez, al oír hablar a Jesús, una mujer exclamó: “Feliz la que te dio a luz y felices los pechos que te amamantaron”. Elogió a la madre de Jesús. Inmediatamente, Jesús respondió: “¡Felices, pues, los que escuchan la palabra de Dios y la observan!” (Lc 11,27-28). María es el modelo de comunidad fiel que sabe escuchar y practicar la Palabra de Dios. Al describir la visita de María a Isabel, enseña qué deben hacer las comunidades para transformar la visita de Dios en servicio a los hermanos y a las hermanas.

• El episodio de la visita de María a Isabel muestra otro aspecto bien típico de Lucas. Todas las palabras y actitudes, sobre todo el cántico de María, forman una gran celebración de alabanza. Parece la descripción de una solemne liturgia. Así, Lucas evoca el ambiente litúrgico y celebrativo, en el cual Jesús fue formado y en el cual las comunidades tenían que vivir su fe.

• Lucas 1,39-40: María sale para visitar a Isabel. Lucas acentúa la prontitud de María en atender las exigencias de la Palabra de Dios. El ángel le habló de que María estaba embarazada e, inmediatamente, María se levanta para verificar lo que el ángel le había anunciado, y sale de casa para ir a ayudar a una persona necesitada. De Nazaret hasta las montañas de Judá son ¡más de 100 kilómetros! No había bus ni tren.

• Lucas 1,41-44: Saludo de Isabel. Isabel representa el Antiguo Testamento que termina. María, el Nuevo que empieza. El Antiguo Testamento acoge el Nuevo con gratitud y confianza, reconociendo en él el don gratuito de Dios que viene a realizar y completar toda la expectativa de la gente. En el encuentro de las dos mujeres se manifiesta el don del Espíritu que hace saltar al niño en el seno de Isabel. La Buena Nueva de Dios revela su presencia en una de las cosas más comunes de la vida humana: dos mujeres de casa visitándose para ayudarse. Visita, alegría, embarazo, niños, ayuda mutua, casa, familia: es aquí donde Lucas quiere que las comunidades (y nosotros todos) perciban y descubran la presencia del Reino. Las palabras de Isabel, hasta hoy, forman parte del salmo más conocido y más rezado en todo el mundo, que es el Ave María.

• Lucas 1,45: El elogio que Isabel hace a María. “Feliz la que ha creído que se cumplieran las cosas que le fueron dicha de parte del Señor”. Es el recado de Lucas a las Comunidades: creer en la Palabra de Dios, pues tiene la fuerza de realizar aquello que ella nos dice. Es Palabra creadora. Engendra vida en el seno de una virgen, en el seno del pueblo pobre y abandonado que la acoge con fe.

• Lucas 1,46-56: El cántico de María. Muy probablemente, este cántico, ya era conocido y cantado en las Comunidades. Enseña cómo se debe cantar y rezar. Lucas 1,46-50: María empieza proclamando la mutación que ha acontecido en su propia vida bajo la mirada amorosa de Dios, lleno de misericordia. Por esto canta feliz: “Exulto de alegría en Dios, mi Salvador”. Lucas 1,51-53: En seguida después, canta la fidelidad de Dios para con su pueblo y proclama el cambio que el brazo de Yavé estaba realizando a favor de los pobres y de los hambrientos. La expresión “brazo de Dios” recuerda la liberación del Éxodo. Esta es la fuerza salvadora de Dios que hace acontecer la mutación: dispersa a los orgullosos (1,51), destrona a los poderosos y eleva a los humildes (1,52), manda a los ricos con las manos vacías y llena de bienes a los hambrientos (1,53). Lucas 1,54-55:Al final recuerda que todo esto es expresión de la misericordia de Dios para con su pueblo y expresión de su fidelidad a las promesas hechas a Abrahán. La Buena Nueva viene no como recompensa por la observancia de la Ley, sino como expresión de la bondad y de la fidelidad de Dios a las promesas. Es lo que Pablo enseñaba en las cartas a los Gálatas y a los Romanos.
El segundo libro de Samuel cuenta la historia del Arca de la Alianza. David quiso colocarla en su casa, pero tuvo miedo y dijo: “¿Cómo voy a llevar a mi casa el Arca de Yavé?” (2 Sam 6,9) David mandó que el Arca fuera para la casa de Obed-Edom. “Y el Arca permaneció tres meses en casa de Obed-Edom, y Yavé bendijo a Obed-Edom y a toda su familia” (2 Sam 6,11). María, embarazada de Jesús, escomo el Arca de la Alianza que, en el Antiguo Testamento, visitaba las casas de las personas distribuyendo beneficios a las casas y a las personas. Va hacia la casa de Isabel y se queda allí tres meses. En cuanto entra en casa de Isabel, ella y toda la familia es bendecida por Dios. La comunidad debe ser como la Nueva Arca de la Alianza. Al visitar las casas de las personas tiene que traer beneficios y gracias de Dios para la gente.

4) Para la reflexión personal

• ¿Qué nos impide descubrir y vivir la alegría de la presencia de Dios en nuestra vida?
• ¿Dónde y cómo la alegría de la presencia de Dios está aconteciendo hoy en mi vida y en la vida de la comunidad?

5) Oración final

Bendice, alma mía, a Yahvé,
el fondo de mi ser, a su santo nombre.
Bendice, alma mía, a Yahvé,
nunca olvides sus beneficios. (Sal 103,1-2)

Pastor

Eres puerta y eres pastor, eres cordero y eres guardián,
eres el siervo y eres Señor, eres la llave de la divinidad,
Eres el pasto y eres el agua, eres el vino y eres el pan,
eres el canto y el silbo que encanta,
antídoto y medicina contra el mal.

¡Qué valiente y qué fuerte es el pastor,
qué delicado y paciente es el pastor,
qué generoso y entregado es el pastor!
No sólo carga con la oveja herida,
le entrega parte de su vida.
Y cuando se acaban los pastos,
él mismo se deja comer;
y cuando se secan los pozos,
él se convierte en fuente para beber.

El es puerta del aprisco;
por esa puerta se entra
al redil de la abundancia,
a la región de la dicha,
a las moradas de Dios.
Ya no necesitamos volver al paraíso,
el paraíso se acerca a nosotros,
y tiene sus puertas abiertas de par en par.

Haced lo que Él os diga

Palabra de Dios

Jn 2, 1-5: Haced lo que él os diga.

Lc 11, 27-28: Dichosos más bien los que escuchan la palabra de Dios…

Mt 7, 21-27: No todo el que dice “Señor, Señor”…

Texto antológico

“Finalmente, por si fuese necesario, quisiéramos recalcar que la finalidad última del culto a la bienaventurada Virgen María es glorificar a Dios y empeñar a los cristianos en una vida absolutamente conforme a su voluntad. Los hijos de la Iglesia, en efecto, cuando, uniendo sus voces a la voz de la mujer anónima del evangelio, glorifican a la Madre de Jesús, exclamando, vueltos hacia él: ‘Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron’ (Lc 11,27), se verán inducidos a considerar la grave respuesta del divino Maestro: ‘Dichosos más bien los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen’ (Lc 11,28). Esta misma respuesta, si es una viva alabanza para la Virgen, como interpretaron algunos Santos Padres y como lo ha confirmado el Concilio Vaticano II, suena también para nosotros como una admonición a vivir según los mandamientos de Dios y es como un eco de otras llamadas del divino Maestro: ‘No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos’ (Mt 7,2 1) y ‘Vosotros sois amigos míos si hacéis cuanto os mando’ (Jn 15,14)”.

Pablo VI, Marialis cultus

Reflexión

En la exhortación apostólica sobre el culto a María, el papa Pablo VI nos exhorta a seguir en la devoción mariana, pero siempre sin olvidar su finalidad última: “Glorificar a Dios y empeñar a los cristianos en una vida absolutamente conforme a su voluntad”.

La devoción a María nunca podrá ser tomada como una pieza aparte, autónoma, dislocada dentro de la espiritualidad cristiana. Estará orientada, como todo lo demás, hacia la gloria de Dios, que se expresa en el cumplimiento de su voluntad, manifestada en Jesús: el anuncio y la construcción del reino de Dios.

Cabe resaltar en cualquier caso el carácter de vehículo hacia Jesús que tiene la devoción mariana. Ya ella se había anticipado a señalárnoslo en el evangelio: “Haced lo que él os diga”..

Examen

  • ¿Vivimos nuestra devoción mariana como algo autónomo, independizado del conjunto de nuestra fe cristiana?
  • ¿Qué aspectos no nos llevan a Jesucristo?
  • ¿Nos compromete a su seguimiento?
  • ¿Somos de los que dicen “Señor, Señor” sin hacer la voluntad del Padre, o “María, María” sin seguir a Jesús?

Conversión

  • Revisar la propia vida y tomar después decisiones para poner en práctica aquel consejo de María: “Haced lo que él os diga”.
  • Encarnar la devoción mariana de nuestra comunidad cristiana en la vida real, en las preocupaciones diarias por el mejoramiento del mundo, en el discernimiento comunitario por encontrar la, voluntad de Dios.

Invocación

  • Madre de Jesús, fiel discípula suya…
  • …ayúdanos a hacer lo que él nos dice.

Oración

Dios, Padre nuestro, que quieres que nuestra mejor alabanza hacia ti sea nuestro empeño personal y comunitario por hacer realidad tu voluntad, expresada en Jesús, ¡el Reino!, haz que, movidos por el ejemplo de María, “hagamos lo que él dijo e hizo”.

Cantos sugeridos

“Santa María del Camino”, de J. A. Espinosa, en Madre nuestra.

“Salve Regina”, canto gregoriano, en Cantoral litúrgico nacional, 302.

Evangelii Gaudium – Francisco I

Propuesta y límites de esta Exhortación

16. Acepté con gusto el pedido de los Padres sinodales de redactar esta Exhortación[19]. Al hacerlo, recojo la riqueza de los trabajos del Sínodo. También he consultado a diversas personas, y procuro además expresar las preocupaciones que me mueven en este momento concreto de la obra evangelizadora de la Iglesia. Son innumerables los temas relacionados con la evangelización en el mundo actual que podrían desarrollarse aquí. Pero he renunciado a tratar detenidamente esas múltiples cuestiones que deben ser objeto de estudio y cuidadosa profundización. Tampoco creo que deba esperarse del magisterio papal una palabra definitiva o completa sobre todas las cuestiones que afectan a la Iglesia y al mundo. No es conveniente que el Papa reemplace a los episcopados locales en el discernimiento de todas las problemáticas que se plantean en sus territorios. En este sentido, percibo la necesidad de avanzar en una saludable «descentralización».


[19] Cf. Propositio 1.

Homilía – Domingo IV de Pascua

Yo soy el Buen Pastor. Este es el mensaje que hoy nos da Jesús. Es un símbolo y un mensaje que nos transmite confianza: no vamos perdidos, no andamos descarriados, no somos aquellos que el mismo Jesús llamaba “ovejas sin pastor”.

Reconforta escuchar que Jesús va llamando por el nombre a sus ovejas, las conoce personalmente; es decir, nos conoce a nosotros, me conoce a mí. No de una forma genérica, sino allí donde estamos en este momento y tal y como somos. Experimentar hoy que Jesús me conoce, no desde fuera, sino desde dentro, es una profunda alegría, es fuente de con anza, de seguridad en él.

También dice Jesús que sus ovejas escuchan su voz, porque le conocen y le siguen. Esto tiene que hacernos preguntarnos, como otras veces: ¿De verdad le escuchamos? ¿Le reconocemos y le seguimos? ¿De verdad somos sus ovejas?

La voz de Jesús está viva en las Escrituras que llegan a nosotros en la primera parte de la Eucaristía. También tenemos que saber escucharla en nuestra oración personal y en la voz de aquellos con los que Jesús más se identifica: los pobres, los humildes, los necesitados de algo. En un mundo donde las palabras valen poco o están vacías, donde las promesas no se cumplen, donde se dice una cosa y se hace otra distinta, no podemos perdernos las palabras de Jesús. Por eso Pedro, en un momento determinado, le dice a Jesús “¿A quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna”. Como nos dice el mismo Jesús en el evangelio de hoy: «Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia».

Es la vida del Señor resucitado, que produce un gozo inmenso a su Iglesia (oración colecta) y a nosotros. Es la vida de la que está lleno Pedro y le lleva a comunicar a los que le escuchan: «Al mismo Jesús a quien«vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías» (primera lectura). “Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia” (segunda lectura). Morir al pecado y vivir para la justicia; ésta es la vida nueva que nos da Jesús con su resurrección. Jesús ha venido, Jesús ha muerto y resucitado para que tengamos vida y la tengamos en abundancia.

Morir al pecado y vivir para la justicia; ésta es la vida nueva que nos da Jesús con su resurrección.

Finalmente, el Buen Pastor nos dice que camina delante de sus ovejas y ellas le siguen. Jesús va caminando delante de nosotros, nos va abriendo el camino, nos guía por el sendero justo, repara nuestras fuerzas, su bondad y su misericordia nos acompañan todos los días de nuestra vida y, así, habitaremos en la casa del Señor por años sin término.

Por eso, podemos decir con el salmo: «El Señor es mi pastor, nada me falta». Y eso, aunque en muchas ocasiones tengamos que caminar por cañadas oscuras, en medio de una generación perversa, como nos dice el mismo Pedro. En medio de nuestros cansancios y nuestros agobios, en verdes praderas nos hace recostar. Y aunque suframos la sed de la justicia, de la bondad y de la paz, nos conduce hacia fuentes tranquilas. Tenemos que hacer nuestro todo este salmo; es una preciosa oración de confianza, porque a pesar de nuestra debilidad -la del rebaño- podemos llegar a la admirable victoria de nuestro Pastor (oración colecta). Estos son sentimientos de esperanza, de paz íntima, de gozo interior. Son sentimientos pascuales.

Pero esta alegría que experimentó Pedro, esta alegría que experimentamos nosotros, no ha llegado todavía a todos los hombres. Otras ovejas no conocen su voz, no entran por la puerta que es Jesús en su redil.

Por eso, la Iglesia nos invita hoy a pedir de una manera especial por las vocaciones religiosas y sacerdotales. Para que haya más pastores que lleven la palabra de Dios a todos aquellos que todavía no la han escuchado, para que puedan experimentar la alegría de conocer a Jesús-Buen Pastor y escuchar su voz. Sacerdotes, religiosos y religiosas, seglares catequistas, que dediquen su vida, como los primeros discípulos, como los misioneros de todos los tiempos, para que a todos los rincones del mundo llegue la palabra y el conocimiento de Dios. Porque además de llevar la alegría, hará que este mundo sea mejor, haya más paz, haya más justicia, haya más amor. Porque esta promesa (primera lectura) vale para vosotros y para vuestros hijos y, además, para todos los que llame el Señor Dios nuestro, aunque estén lejos. A todos los alejados, a todos los que todavía no le conocen, a todos los que no reconocen su voz, a estos también los llama para que nalmente haya un solo rebaño y un solo Pastor. Que podemos concluir diciendo, como San Pedro en la segunda lectura: «Andabais descarriados como ovejas, pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas».

Que también nosotros podamos ser buenos pastores para otros y, con el ejemplo de nuestras vidas, les ayudemos a conocer y seguir al único y Buen Pastor, que es el Señor resucitado. Y que los niños y los jóvenes sepan escuchar esta llamada y sean generosos para entregar sus vidas a la causa de Jesús y de su Evangelio. Jesús, Buen Pastor, te pedimos que así sea.

Rafael Mateos Poggio. S.J.

Jn 10, 1-10 (Evangelio Domingo IV de Pascua)

En el ambiente de la Fiesta de las Tiendas, Jesús pronuncia su último gran discurso en público: el “Discurso del buen pastor”. Se trata de un discurso de carácter metafórico-parabólico, en el que las imágenes utilizadas son explicitadas a través de las palabras de Jesús. Dos solemnes a rmaciones «Yo soy» marcan el sentido de este nuevo discurso de auto-revelación de Jesús ante el pueblo: «Yo soy la puerta» (dos veces) y «Yo soy el buen pastor» (dos veces). Los primeros versículos (10,1-10) giran en torno a la imagen de la puerta, anunciando ya la del buen pastor.

El contexto en que se inserta el discurso es la fuerte confrontación entre Jesús y los líderes del pueblo, representados por los fariseos «que no comprendían las palabras de Jesús», tras el episodio de la curación del ciego de nacimiento y la polémica que se desencadena. La oposición entre los falsos pastores, llamados «ladrones y bandidos» y el pastor que entra por la puerta del redil, recuerda el juicio de Dios a los líderes del pueblo que se aprovechaban de su “rebaño” (cfr. Ez 34). Frente a ellos, Dios se compromete a cuidar personalmente del rebaño y a suscitar un buen pastor que le apaciente. Jesús se auto-identifica con este buen pastor.

Una serie de verbos de movimiento marcan la diferencia entre las acciones del pastor y las de los ladrones y bandidos. Aquél entra por la puerta, mientras que éstos entran saltando por cualquier otra parte; el pastor saca a las ovejas del redil, las conduce poniéndose delante y las ovejas caminan detrás de él; las ovejas huyen de los ladrones y no les siguen.

Estas acciones dan lugar a una relación de intimidad, profundizada en la segunda parte (10,11-18), entre el pastor y el rebaño: las ovejas escuchan su voz y él las llama por su nombre – las saca del redil y las guía poniéndose delante, y ellas le siguen – las ovejas conocen su voz. Se trata de una relación con un fuerte componente personal: llama a cada oveja por su nombre, conoce a cada una, ellas conocen su voz y le siguen; reconocen quién es el pastor que cuida y se preocupa del rebaño.

La segunda parte de este pasaje (7-10) presenta un marcado carácter soteriológico: Jesús es la puerta y quien entra por él se salvará. De nuevo se establece un contraste fuerte con los ladrones y bandidos cuya intención es «robar, matar y destruir». El rebaño no se puede ar de ellos; los falsos pastores quitan la vida al rebaño, mientras Jesús, «puerta del rebaño», da vida y la regala en plenitud. A través de él se entra y  se disfruta de la vida nueva. Jesús se identifica con la puerta: solo a través de él se puede entrar y gozar del pasto que regala. No hay más que una puerta de salvación, Jesús que da la vida a todo el que entra a través de él. Su misión es ser portador de la vida plena que Dios quiere para todos, de la solicitud amorosa del Padre.

El conjunto de la alegoría, con las metáforas de la puerta y del pastor, presenta quién es Jesús en relación con el discípulo: la identidad de éste está determinada por la de Jesús. Conocerle, escuchar su voz, fiarse de él y seguirle constituyen la auténtica experiencia del discipulado.

Óscar de la Fuente de la Fuente

1Pe 2, 20b-25 (2ª lectura Domingo IV de Pascua)

Como el domingo pasado, la liturgia de hoy presenta sucesivamente un fragmento del primer discurso que el libro de los Hechos pone en boca de Pedro (primera lectura) y un pasaje de la primera de las cartas atribuidas al apóstol (segunda lectura). Éste se encuentra en el capítulo 2 y, para entenderlo en su contexto, hay que tener en cuenta que en los versículos anteriores el autor exhortaba a los esclavos (en una especie de «código doméstico») a ser respetuosos con sus amos, incluso si son tratados injustamente. Que un criado soporte que se le castigue cuando hace mal las cosas no tiene ningún mérito; «en cambio, que aguantéis cuando sufrís por hacer el bien, eso es una gracia de parte de Dios».

La lectura litúrgica, al omitir ese contexto introductorio y prescindir de la relación particular entre amos y esclavos, pretende probablemente presentar esta idea como una enseñanza general, válida para todos: «Eso es realmente una gracia: que, por consideración a Dios, se soporte el dolor de sufrir injustamente» (1 Pe 2,19). El consejo de soportar con paciencia la injusticia, que se retomará más adelante (1 Pe 3,14.17), encuentra correspondencia en otros pasajes del Nuevo Testamento (Mt 5,38-48; Rom 12,21; Sant 5,10-11). En este caso, no solo se exhorta a los destinatarios de la carta a actuar así, sino que se ofrece un fundamento «cristológico» para tal comportamiento: «porque también Cristo padeció por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas».

La llamada a la imitación de Cristo y el recuerdo de sus padecimientos llevan al autor a desarrollar, en los siguientes versículos (21-25), una evocación de la pasión del Señor, que tal vez proceda de un himno (se advierte en ella cierta estructura poética) y que está trufada de citas del cuarto cántico del Siervo en el libro de Isaías: no se halló engaño en su boca (Is 53,9), cargó con nuestros pecados (Is 53,12) y sus heridas nos han curado (Is 53,5). El «ejemplo» de Cristo (cf. Jn 13,15; Flp 2,5) se convierte así en inspiración y fundamento del modo de ac- tuar de los cristianos.

Este pasaje, que subraya la paciencia del Señor ante las injurias sufridas en su pasión, incluye una frase de claro sabor paulino («para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia»). La cita de Is 53,5 que sigue a estas palabras («con sus heridas fuisteis curados») es probablemente la que ha «arrastrado» al autor a escoger una frase del versículo siguiente del texto profético (Is 53,6) para comenzar la frase con la que cierra esta sección: «Pues andabais errantes como ovejas, pero ahora os habéis convertido al pastor y guardián de vuestras almas».

La alusión a Cristo como pastor tiene también un rico trasfondo veterotestamentario y correspondencias en los Evangelios, especialmente en Jn 10,1-18. En cambio, es original de nuestro texto la referencia a Cristo como «guardián» de las almas; la palabra griega utilizada aquí es epískopos («supervisor»), que en el Nuevo Testamento se aplica habitualmente al ministerio del obispo en la Iglesia.

José Luis Vázquez Pérez, S.J.

Hch 14 a 36-41 (1ª lectura Domingo IV de Pascua)

Dentro del esquema general del primer discurso de Pedro (Hch 2,14-40 véase el comentario del domingo pasado), hoy la liturgia nos propone la reacción del auditorio a sus palabras. El enlace con lo anterior se realiza a través de la contextualización situando la acción, tanto la predicación de Pedro con los Once como la adhesión de muchos oyentes a la comunidad que provoca su predicación, en “el día de Pentecostés”. Y, junto a la ambientación que marca la continuidad temporal, el texto centra la cuestión teológica reiterando el núcleo del mensaje del kerigma cristiano: el marcado contraste, típico de Hch, entre la ejecución de Jesús por obra de los hombres y la resurrección-exaltación como Mesías efectuada por Dios.

Esta síntesis del mensaje cristiano supone dos dimensiones profundamente vinculadas y que, en nuestra mentalidad acostumbrada a dicotomías, solemos ver por separado. Por una parte, este anuncio es constatación de que estamos en el nuevo tiempo mesiánico, la historia está marcada por el cumplimiento de la promesa escatológica del Espíritu. Por otra parte, pero como la otra cara de la moneda, es el tiempo de la conversión personal, la constatación de la intervención de Dios “traspasa el corazón” y desencadena el proceso de conversión: «¿qué tenemos que hacer?». Acostumbrados como estamos a separar lo público y lo privado, lo personal y lo colectivo, disociamos la dimensión escatológica en clave comunitaria, para el nal de los tiempos, de la dimensión soteriológica en clave personal para mi conversión espiritual y, en cierto modo, atemporal. Sin embargo, el reconocimiento de la intervención de Dios en Jesús convertido en Señor y Mesías supone una ruptura, conlleva la irrupción de un tiempo nuevo de la Historia y de las historias personales. Confesar la Resurrección de Jesús nos lleva a alinear coherentemente ambas dimensiones en nuestra vida, en nuestras historias, con la intervención de nitiva de Dios.

La respuesta a la pregunta sobre qué tenemos que hacer es seguir la dinámica de la conversión que ha llegado al corazón, al centro de la persona, que se sella con el bautismo y que conlleva los dos grandes dones: el perdón de los pecados y la recepción del Espíritu. Ambos dones son fundamentales en la vida de la Iglesia, el perdón de los pecados como la puerta de entrada a la comunidad de seguidores, y el Espíritu como la fuerza de comunión, la que genera experiencia de comunidad abierta e incluyente. Pues, tal y como recoge el texto, este don del espíritu se abre al universalismo. La promesa no es para unos pocos, ni solo para los que son de “los nuestros”, también para los que están lejos. La dinámica de regeneración, de “recreación”, que se pone en marcha la Resurrección y el don del Espíritu, genera una comunidad expansiva e inclusiva, y ahí radica el carácter misional de aquel primer grupo.

Esa es la constatación con la que se cierra esta lectura, «aquel día se les agregaron unos tres mil». El número de tres mil nuevos miembros es claramente una exageración para resaltar lo exitoso de la misión cristiana en esos comienzos. Un éxito que sólo es explicable porque tiene su origen en la acción de Dios, pero que nos apunta también a la potencialidad, al atractivo de esa nueva propuesta de vida y de comunidad. Recibir hoy este mismo testimonio pascual, ¿no nos deja, o nos debería dejar, con la pregunta y nosotros hoy, qué tenemos que hacer?”·

José Javier Pardo Izal, S.J.

Comentario al evangelio – 1 de mayo

Comenzamos una nueva semana, un nuevo mes, el de María, y seguimos en tiempo de Pascua, un periodo más largo que el de Cuaresma pues necesitamos rumiar, tomar conciencia e interiorizar el acontecimiento central de nuestra fe: la Resurrección. Me da la impresión de que la Pascua no la vivimos con la misma intensidad que la Cuaresma, porque quizá nos resulta más fácil sintonizar con el sufrimiento y el dolor y no tanto con el gozo y la alegría. Y a esto precisamente estamos invitados a vivir en este tiempo; la resurrección de Jesucristo es también la nuestra, su gozo y su alegría es su regalo para nosotros. La “onda expansiva” de la resurrección también tiene que llegar a nuestras vidas. Los discípulos necesitaron su tiempo de escuela con Jesús para asimilar este misterio que finalmente transformó radicalmente sus vidas. También nosotros necesitamos nuestro tiempo para asimilarlo, por ello el tiempo pascual es largo, para facilitarnos día tras día la meditación de su Palabra hasta hacerla nuestra.

En el libro de los Hechos contemplamos a Esteban lleno de “gracia y sabiduría” y cómo algunos envidiosos de la sinagoga intentan acabar con él levantando falso testimonio a través de sobornos. No faltan las envidias ni las persecuciones incluso en el tiempo de Pascua, siempre hay alguien dispuesto a estropearnos el día; pero igual que ello no frenó a Esteban en su labor misionera, tampoco a nosotros nada ni nadie nos puede quitar la alegría de ser creyentes.

Jesús, en el Evangelio de hoy nos invita a buscar no el alimento perecedero, que ya se nos dará por añadidura, sino el permanente, el Pan de Vida. Saciémonos de esta vida que se nos regala. Trabajemos, hoy día de San José Obrero y por tanto del trabajador, por construir un mundo más agradable. Recordamos a todo el mundo obrero, a los trabajadores, a los que no tienen empleo y lo buscan, para que sean reconocidos los derechos laborales de todos, sin excepciones, discriminaciones, ni abusos. Y trabajemos todos con esfuerzo en esta viña del Señor, Él nos alimenta para ello. Que nuestra Madre María, a la que veneramos con cariño en este mes de mayo, interceda por nosotros.

Juan Lozano, cmf