Recursos – Domingo IV de Pascua

Al ritmo de la Vida
La alegría de… DAR VIDA

1. Sentido del día

«La promesa –dice Pedro el día de Pentecostés- vale para todos los que llama el Señor, Dios nuestro, aunque estén lejos» (Hech 2, 39). “Los que llama el Señor”: Ninguna vida es “arrojada al mundo” sin más. Toda vida es vocación y llamada, en la medida que cada ser que nace tiene que ser él mismo para poder ser él.

Desde la fe en Jesús, la propia vocación adquiere una nueva dimensión, porque se identifica con la “vocación-misión” del mismo Jesús: «Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante» (Jn 10,10), como leemos hoy en el evangelio. La vocación fundamental de la persona, desde la cumplida vocación de ser humano que es Jesús, es la de “dar vida”. La entrega de la vida de Jesús, culminada en su “entrega de nitiva”, culmina en una Vida que se hace universal y, por su Espíritu, se comunica a toda la humanidad y todo lo creado (LS 100). La Pascua, en Cristo resucitado, ilumina nuestra vida con la alegría de vivir, de ser uno mismo, de dar plenitud a la propia vocación, que es dar vida desde la opción que cada uno tome y en delidad a su propia llamada.

2. El “aleluya” del panel

El “¡aleluya!” Pascual sigue siendo nuestro “hilo conductor”. Y es una invitación al canto, que se transforma en belleza comunitaria cuando lo canta toda la asamblea como “grito” de alegría. Son dos los momentos donde el “aleluya” puede resonar con especial fuerza:

  1. Siempre antes y después de la lectura del Salmo o tras la 2ª lectura,
  2. Cuando el celebrante o el equipo de liturgia haya determinado el momento en que se ha de presentar el “panel” con la tercera nota del domingo: en este caso (domingo 4º de Pascua), la nota que subrayará la palabra “VIDA”

3. Una oración:

¡Pequeña semilla de mostaza!
Pequeña semilla de la sonrisa,
pequeña e insignificante semilla
que se convierte en rayo de sol
para el anciano o el enfermo abandonado.

Pequeña semilla del apretón de manos,
pequeña e insignificante semilla
que se convierte en salvavidas
para el solitario a punto de ahogarse.

Pequeña semilla del oído atento,
pequeña e insignificante semilla
que se convierte en escala de ternura
para el adolescentes desamparado.

Pequeña semilla del gesto gratuito,
pequeña e insignificante semilla
que se convierte en palabra de vida
para el hombre saturado de discursos.

Pequeña semilla de la comunidad fraterna,
pequeña e insignificante semilla

que se convierte en cita de esperanza
para todos los pobres del barrio.

Pequeña semilla de la solidaridad,
pequeña e insignificante semilla
que se convierte en fuente de futuro
para todo un pueblo aplastado.

Pequeña semilla del misionero,
pequeña e insignificante semilla
que se convierte en Buena Nueva
para toda una cultura evangelizada.

Pequeña semilla de la oración,
pequeña e insignificante semilla

que se convierte en respiración
y acogida de una Presencia
para el hombre en busca de eternidad.

Pequeñas semillas de los testigos,
pequeñas e insignificantes semillas
que se convierten en el árbol de la Iglesia universal,
al que todos los hombres, alegres como pájaros,
vendrán a anidar para cantar la gloria de Dios.

M. Hubaut

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