Vísperas – Miércoles III de Pascua

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: TRISTES ESTABAN LOS APÓSTOLES

Tristes estaban los apóstoles
tras sepultar a Cristo
que, a muerte despiadada,
lo sentenciaron los impíos.

Con dulces palabras, un ángel
a las mujeres dijo
que en Galilea el Señor
habría muy pronto de ser visto.

Mientras corrían presurosas
a hablar a los discípulos,
lo ven, besan sus pies,
pues se les aparece vivo.

Cuando lo saben los apóstoles
acuden velocísimos
a ver en Galilea
el rostro agradable de Cristo.

Sé, Jesús, de las almas júbilo
y pascual regocijo,
a sus triunfos asócianos,
que en la gracia hemos renacido.

Tribútese, oh Jesús, la gloria
a ti, que, ya vencido
el reino de la muerte,
nos abre lúcido el camino. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Felipe, el que me ve, ve también a mi Padre. Aleluya.

Salmo 115 – ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Felipe, el que me ve, ve también a mi Padre. Aleluya.

Ant 2. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto. Aleluya.

Salmo 125 – DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto. Aleluya.

Ant 3. Si me amáis, guardaréis mis mandatos. Aleluya.

Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN – Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Si me amáis, guardaréis mis mandatos. Aleluya.

LECTURA BREVE   Ef 4, 11-13

Cristo ha constituido a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los fieles, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.

RESPONSORIO BREVE

V. Contad a los pueblos la gloria del Señor. Aleluya, aleluya.
R. Contad a los pueblos la gloria del Señor. Aleluya, aleluya.

V. Sus maravillas a todas las naciones.
R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Contad a los pueblos la gloria del Señor. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. Aleluya.

PRECES

Hermanos: Edificados sobre el cimiento de los apóstoles, oremos al Padre por su pueblo santo, diciendo:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.

Padre santo, que quisiste que tu Hijo resucitado de entre los muertos se manifestara en primer lugar a los apóstoles,
haz que también nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo.

Padre santo, tú que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Noticia a los pobres,
haz que el Evangelio sea proclamado a toda la creación.

Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la palabra,
haz que, sembrando también tu palabra con nuestro esfuerzo, recojamos sus frutos con alegría.

Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el mundo contigo,
haz que también nosotros cooperemos a la reconciliación de los hombres.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que quisiste que tu Hijo resucitara el primero de entre los muertos,
concede a todos los que son de Cristo resucitar con él, el día de su venida.

Oremos ahora al Padre, como Jesús enseñó a los apóstoles:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, tú que nos alegras todos los años con esta fiesta de los santos apóstoles Felipe y Santiago, concédenos, por su intercesión, que, viviendo ahora íntimamente unidos a la muerte y resurrección de tu Hijo, podamos, en la eternidad, contemplar la gloria de tu rostro. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 3 de mayo

Lectio: Miércoles, 3 Mayo, 2017

1) ORACIÓN INICIAL

Tu Hijo, Señor, después de subir al cielo, envió sobre los apóstoles el Espíritu Santo, que había prometido, para que penetraran en los misterios del reino; te pedimos que repartas también entre nosotros los dones de este mismo Espíritu. Por nuestro Señor.

2) LECTURA

Del santo Evangelio según Juan 14,6-14

Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.

Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.» Le dice Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Le dice Jesús: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.

3) REFLEXIÓN

• El evangelio de hoy, fiesta de los apóstoles Felipe y Santiago, es el mismo que meditamos durante la cuarta semana de Pascua, cuando el apóstol Felipe pide a Jesús: “Muéstranos al Padre y esto nos basta”.

• Juan 14,6: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Tomás había preguntado: “Señor, no sabemos a dónde vas. ¿Cómo podemos conocer el camino?” Jesús responde: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí”. “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí”. Tres palabras importantes. Sin un camino, no se anda. Sin verdad, no se acierta. Sin vida, sólo ¡hay muerte! Jesús explica el sentido. El es el camino, porque “¡nadie viene al Padre sino por mí!” Pues, él es la puerta por donde las ovejas entran y salen (Jn 10,9). Jesús es la verdad, porque mirándole a él, estamos viendo la imagen del Padre. “¡Si vosotros me conocierais, conoceríais también al Padre!” Jesús es la vida, porque caminando como Jesús caminó, estaremos unidos al Padre y tendremos la vida en nosotros.

• Juan 14,7: Conocer a Jesús es conocer al Padre. Tommaso preguntó: “Señor, no sabemos dónde vas. ¿Cómo podemos conocer la calle?” Jesús contesta: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.” Y añade: “Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto. Jesús habla siempre del Padre, pues el Padre era su vida y transparenta en todo lo que Jesús hace y dice. Esta referencia constante al Padre provoca la pregunta de Felipe, cuya fiesta celebramos hoy.

• Juan 14,8-11: Felipe pregunta: “Muéstranos al Padre, ¡y esto nos basta!” Ver y experimentar al Padre era el deseo de los discípulos; era el deseo de muchas personas en las comunidades del Discípulo Amado de Asia Menor y, hasta hoy, continúa siendo el deseo de muchos de nosotros. ¿Cómo experimentar la presencia del Padre de la que tanto habla Jesús? La respuesta de Jesús es muy bonita y vale hasta hoy: “Felipe, ¿tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces? ¡El que ha visto a mi, ha visto al Padre!” La gente no debe pensar que Dios está lejos de nosotros, como alguien distante y desconocido. Aquel que quiere saber cómo y quién es Dios Padre, basta que mire a Jesús. El lo ha revelado en las palabras y en los gestos de su vida. “¡El Padre está en mi, e yo estoy en el Padre!” A través de su obediencia, Jesús está totalmente identificado con el Padre. En cada momento él hacía lo que el Padre le mostraba para que lo hiciera (Jn 5,30; 8,28-29.38). Por esto, en Jesús ¡todo es revelación del Padre! ¡Y los signos o las obras de Jesús son obras del Padre! Como dice la gente: “¡El hijo es la cara del padre!” En Jesús y por Jesús, Dios está en medio de nosotros.

• Juan 14,12-14: Promesa de Jesús. Jesús hace una promesa para decir que la intimidad con el Padre no es privilegio sólo de él, sino que es posible para todos y todas aquellos que creen en él: El que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré. Nosotros también, a través de Jesús, podemos llegar a hacer cosas bonitas para los demás como las hacía Jesús para la gente de su tiempo. El intercederá por nosotros. Todo lo que la gente le pide, él lo va a pedir al Padre, y lo conseguirá, siempre que sea para servir. Jesús es nuestro defensor. El se va pero no nos deja sin defensa. Promete que va a pedir al Padre que mande a otro defensor o consolador, al Espíritu Santo (Jn 14,15-17). Jesús llega a decir que el precisa irse ahora, pues, de lo contrario, el Espíritu Santo no podrá venir (Jn 16,7). El Espíritu Santo realizará las cosas de Jesús en nosotros, si observamos el gran mandamiento de la práctica del amor.

4) PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

• Jesús es el camino, la verdad y la vida. Sin camino, sin verdad y sin vida no se vive. Trata de dejar penetrar esto en tu conciencia.

• Dos preguntas importantes: ¿Quién es Jesús para mí? ¿Quién soy yo para Jesús?

5) ORACIÓN FINAL

Los cielos cuentan la gloria de Dios,
el firmamento anuncia la obra de sus manos;
el día al día comunica el mensaje,
la noche a la noche le pasa la noticia. (Sal 19,2-3)

Eres nuestro pastor

Señor, necesitamos escucharte y seguirte.
Eres nuestro pastor, y nos conoces.
Nos ves, a cada uno de nosotros,
nos miras y nos dices
que tenemos la posibilidad de seguirte,
de responder a tu llamada
y de formar parte de tu rebaño, de tu Iglesia,
que es grande y diversa.

¡Ayúdanos, buen Dios, a mirarte
y a saludarte cuando empezamos el día,
cuando trabajarnos,
cuando nos desplazamos de un lugar a otro,
cuando descansarnos,
cuando hablamos con los que nos rodean y, sobre todo,
siempre que necesitamos luz para tomar decisiones
o para actuar en momentos importantes de la vida.
¡Ayúdanos a seguir tu principal consigna: la de amar!

Padre del Cielo, pastor de la gran familia humana,
envíanos tu Espíritu, el Espíritu que nos permitirá
entrar en tu Reino, ya en esta vida,
pasando por aquella puerta donde Tú
siempre nos esperas con los brazos abiertos
y con tu misericordia infinita!
¡Danos la virtud de la paciencia en los momentos difíciles,
cuando sufrimos o cuando estamos preocupados por cualquier motivo!
¡Márcanos bien tus huellas, Señor!
Pensamos muchas veces que nuestras fuerzas humanas
son suficientes para hacer grandes aportaciones a nuestro mundo.
Pero esto no es así. Por eso queremos tener, hoy y siempre,
el gesto de ponernos en tus manos de Padre compasivo.
¡Gracias por la vida que nos has dado!
¡Gracias por el amor que nos ofreces!

Hija del Padre

Palabra de Dios

Lc 10, 17-22: Nadie es bueno, sino sólo Dios.
Mt 7, 7-1 1: Cuánto más vuestro Padre, que está en el cielo.
Mt 5, 46-48: Sed buenos como vuestro Padre del cielo.
Lc 15, 11-32: El hijo pródigo.

Texto antológico

“Asimismo, hemos de ser mucho más cuidadosos en la utilización que hagamos, a este respecto, de las analogías humanas, si es que queremos seguir siendo plenamente conscientes de la función específicamente mariana que la madre de Dios desempeña en el orden cristiano de la redención. Un ejemplo de esto es la idea de la llamada ‘Escuela Francesa’ de que María está calmando sin cesar la justicia de Dios -y la justicia de Cristo-, y de que en el último instante es capaz de sujetar el brazo de Cristo que se levanta para descargar el castigo. Esta imagen, indudablemente, desempeñó un papel importante en el caso de los visionarios de La Salette. Y no podemos negar que e una manera muy impresionante de ilustrar la intervención de María por medio del poder de súplica. Pero, indudablemente, no promueve u verdadero aprecio de la genuina función salvíflca de Cristo. La misericordia de María se deriva enteramente, tiene su función en la compasión del mismo Cristo, el Dios-hombre, el cual había mostrado superabundancia de compasión hacia María, como primicias que ella era de la redención. María despliega en su persona el aspecto maternal de esta divina misericordia de Dios Pero nunca estará permitido considerar la intervención maternal de María como una especie de contrapeso de la justicia divina de Cristo, aunque la intervención mariana sea realmente eficaz”.

Edward. Schillebeeckx

Reflexión

Ha habido una visión mariológica que, inconscientemente, ha desarrollado una imagen de María como una especie de correlato femenino de la divinidad. Ha querido poner en Dios las cualidades pretendidamente masculinas, como el poder la creación, la ley, la fuerza legisladora, el poder judicial, el poder sancionador y castigador implacable… Y, por otra parte, ha imaginado conconcentradas en María las cualidades de la bondad, el perdón, la misericordia…

Fruto de todo ello es una imagen mítica de María deteniendo en el cielo el brazo de la cólera de Dios…

Esto es sencillamente falso, inaceptable en una visión cristiana realmente concorde con el evangelio. Es un flaco servicio a la piedad mariana. Hay que superarlo.

Pero todavía nos quedan vestigios de esta mentalidad cuando atribuimos a ciertas prácticas de piedad una eficacia automática de salvación eterna desconectada enteramente del evangelio, cuando no tenemos nuestra visión cristiana enteramente centrada en el Padre de nuestro Señor Jesucristo, cuando no centramos toda nuestra práctica en la lucha por la causa de Jesús tal como aparece en el evangelio.

Examen

  • ¿Hay en nuestra piedad mariana algo desenfocado?
  • ¿Qué cosas, ideas o prácticas, que en otro tiempo tuvimos, debemos dar ya por superadas?
  • ¿Qué hacemos por recuperar a aquellas personas que abandonaron la fe escandalizadas ante prácticas cristianas alejadas del evangelio?

Conversión

  • Situar a María en nuestra espiritualidad dentro de un marco enteramente centrad en el evangelio.
  • Desterrar toda idea negativa sobre Dios que pudiera filtrarse en la devoción mariana.
  • Dar testimonio de un cristianismo entera mente evangélico ante aquellos que tienen la idea de religión como superstición, mitificaciones, prácticas ritualistas…

Invocación

  • María, hija del Padre…
  • …llévanos siempre por Jesús hacia el Padre.

Oración

Dios, Padre nuestro, fuente y origen de todo don y de toda bondad, haz que nunca dudemos de tu amor de Padre, que supera toda capacidad humana de comprensión.

Cantos sugeridos

“Madre de nuestra alegría”, de C. Gabaráin, en María siempre.

“Estrella y camino”, de C. Gabaráin, en María siempre.

Evangelii Gaudium – Francisco I

18. Me extendí en esos temas con un desarrollo que quizá podrá pareceros excesivo. Pero no lo hice con la intención de ofrecer un tratado, sino sólo para mostrar la importante incidencia práctica de esos asuntos en la tarea actual de la Iglesia. Todos ellos ayudan a perfilar un determinado estilo evangelizador que invito a asumir en cualquier actividad que se realice. Y así, de esta manera, podamos acoger, en medio de nuestro compromiso diario, la exhortación de la Palabra de Dios: «Alegraos siempre en el Señor. Os lo repito, ¡alegraos!» (Flp 4,4).

Comentario Domingo IV de Pascua

Jn 10, 1-10

«1‘En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un bandido; 2pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. 3A éste el portero le abre y las ovejas escuchan su voz, y a sus ovejas las llama una por una y las conduce fuera. 4Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. 5Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños’.

6Jesús les dijo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba.

7Así que Jesús dijo de nuevo:

‘En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. 8Todos los que han venido antes que yo son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. 9Yo soy la puerta: el que entre por medio de mí se salvará, y entrará, y saldrá, y encontrará pastos. 10El ladrón no viene sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante’».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

 

CONTEXTO

Este evangelio forma parte de un discurso más amplio que Jesús dirige a los fariseos (10,1-21). El discurso está enmarcado por el episodio de la curación del ciego de nacimiento (9,1-39) y por la referencia al mismo en 10,21: “Esas palabras no son de un endemoniado. ¿Puede acaso un demonio abrir los ojos de los ciegos?”. Esta es la disposición del texto: a) Jn 9: Curación del ciego; b) Jn 10,1-10: Yo soy la puerta; b’) Jn 10,11-18: Yo soy el buen pastor; a’) Jn 10,19-21: Referencia a la curación del ciego. Aquí, la ceguera es el símbolo de la falta de fe de los fariseos, de su incapacidad de comprender y de su rechazo y resistencia a la revelación de Jesús. A unos personajes faltos de fe (los judíos fariseos) Jesús dirige las palabras del evangelio de hoy.

 

 

TEXTO

Tiene una estructura en quiasmo (a-b-b’-a’): se abre con unas palabras de Jesús, introducidas por la expresión típica de Juan “en verdad, en verdad os digo” (a: vv. 1-5); estas palabras se cierran con una frase del narrador, haciendo referencia a la incomprensión de los oyentes (b: v. 6). La segunda parte del evangelio se abre con una nueva referencia del narrador (b’: v. 7a), y continúa con otras palabras de Jesús, otra vez iniciadas con la misma expresión típica (a’: vv. 7b-10). Esmerada construcción del texto, en la que sobresale la presentación de Jesús como pastor y puerta/portero, frente a los ladrones/bandidos; lo que corresponde a cada uno (a Jesús, dar vida abundante; a los ladrones, robos y estragos); la actitud discipular (seguir al pastor).

 

ELEMENTOS INTERESANTES

• Atendamos a los personajes de los vv. 1-5: ovejas, ladrones/bandidos, pastor/portero.
Las ovejas representan al pueblo de Dios y a los discípulos, pero siempre permiten advertir la característica más especial de Jesús y de Dios: la compasión (cf. Ez 34; Lc 15,4-7; Mt 18,12-14; Mc 6,34; Mt 9,36). A ellas corresponde seguir al pastor para encontrar pastos (vida).

• Los ladrones/bandidos son los fariseos y dirigentes judíos en general: no entran al redil por la puerta (no sirven a la comunidad con/como Jesús) y su finalidad es robar, matar, hacer estrago (explotar al pueblo, en lugar de servirlo y conducirlo a Dios: cf. Mc 12,40; Mt 23,14; Lc 20,47).

• El pastor/puerta: es Jesús, cuya voz es reconocida y escuchada. Él va por delante como Pastor y Maestro, y su finalidad es dar vida abundante. ¿De qué manera estos “personajes” cuestionan, enriquecen o acrisolan nuestra vida creyente? ¿Qué podemos aprender?

• Atendamos también esta autodefinición repetida de Jesús: “Yo soy la puerta” (vv.7.9). Por él se entra en un ámbito de salvación, de libertad y de vida que ni las instituciones judías ni sus dirigentes podían dar. ¿Qué es para ti “entrar por Jesús”: acercarse a Él, conocerle, creer en Él, amarle, seguirle, guardar su palabra…? Vivir desde dentro de Jesús; sentir, pensar, actuar, elegir desde Jesús.

• Finalmente, atendamos la palabra “voz”, que se repite tres veces. Las ovejas de Jesús “escuchan su voz”, “conocen su voz”, “no conocen la voz de los extraños”. ¿Cómo es tu familiaridad con “la voz” de Jesús? ¿Lees y oras su palabra diariamente?

 

Oración para disponer el corazón

Señor Jesús, eres Amigo verdadero,
como el buen pastor que conoce, una a una, a sus ovejas y las llama por su nombre.

Eres fiel a tu amistad para conmigo y nada me falta.
Nada me falta, porque tú llenas los deseos de mi corazón;
nada me falta, porque tú estás a mi lado, aunque todos me abandonen; nada me falta, porque has dado la vida por mí en lo alto de la cruz; nada me falta, porque tu perdón y tu gracia me acompañan siempre.

Me conduces, como buen pastor, hacia las aguas de reposo,
y sacio mi sed en el agua viva de tu manantial.
Tú confortas mi alma, cuando me faltan fuerzas para el camino; tú confortas mi alma, cuando me siento desanimado y solo.
Tú me guías por senderos de justicia, como signo de tu amistad; eres siempre fiel en mi camino, y tu gracia fortalece mi pobreza.

Señor Jesús, eres siempre amigo verdadero, como buen pastor, que sacrifica su vida en defensa de su rebaño;
aunque pase por valles tenebrosos, ningún mal temeré
porque tú siempre vas conmigo.

Nada temo a tu lado, porque tu vara y tu cayado me sosiegan. Contigo, nada me falta.

Tu palabra es la fuerza que mantiene mi fe en tiniebla;
tu palabra es soporte que aguanta la oscuridad de mi noche; tu Espíritu es la luz y el calor que animan mis pies cansados. La dicha y la gracia de tu amistad, Señor Jesús, pastor bueno, me acompañarán a lo largo de los días de mi vida.
Seré dichoso con tu fidelidad inquebrantable,
y tendré siempre la seguridad de tu amor hasta el extremo.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo III de Pascua

4º domingo de Pascua
7 de mayo de 2017

Lecturas: Hechos 2. 14,36-41; Salmo 22; 1 Pedro 2, 20b-25; Juan 10, 1-10

El Pastor y sus ovejas

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Yo les aseguro que el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón, un bandido; pero el que entra por la puerta, ése es el pastor de las ovejas. A ése le abre el que cuida la puerta, y las ovejas reconocen su voz; él llama a cada una por su nombre y las conduce afuera. Y cuando ha sacado a todas sus ovejas, camina delante de ellas, y ellas lo siguen, porque conocen su voz. Pero a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños”. Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir. Por eso añadió: “Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes que yo, son ladrones y bandidos; pero mis ovejas no los han escuchado. Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos. El ladrón sólo viene a robar, a matar y a destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Juan 10, 1-10)

Reflexión

Jesús es nuestra protección y nos conoce por nuestro nombre. Jesús se entregó por nosotros, aun cuando éramos ovejas descarriadas. Hoy también nos sigue llamando a regresar con nuestro Dios y pastor. ¿Quiénes sienten que los protegen? ¿Quiénes los conocen bien? ¿Quién estarían dispuesto a dar su vida por ellos?
¿Han visto alguna vez a un pastor, o la imagen de un pastor? Los pastores se comunican con las ovejas por medio de silbos. Las ovejas reconocen su llamada. ¿Cómo sabemos cuándo Jesús quiere que hagamos algo? Compartir

Actividad

En la próxima página encontraran dibujos de ovejitas. Recórtelas y lleve al grupo una para cada niño. Agrande y coloree la imagen del buen pastor y colóquela en una cartulina grande. Pedirle a cada niño que escriba su nombre de un lado de la ovejita y atrás coloque lo que hará para seguir a Jesús esta semana. Colocar en la cartulina grande las ovejitas alrededor del pastor. Luego hacer todos juntos una oración

Oración

Señor, tu siempre has cuidado a nuestra familia y amigos, incluso en medio de los problemas y peligros. Ayúdanos a reconocer tu voz en las voces de cada uno de nuestros amigos y familiares. Ayúdanos a conocernos unos a otros como tú nos conoces y nos amas. El Señor es mi pastor nada me faltará. Amén.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús? – Domingo IV de Pascua

En el antiguo Oriente Medio, las ovejas de los diferentes rebaños se protegían por las noches en un corral. Los pastores dormían junto al redil o puerta del corral y al amanecer, cada uno llamaba a sus ovejas y ellas lo seguían reconociendo su voz. Jesús que acostumbraba explica sus enseñanzas con ejemplos, se compara con un pastor y a nosotros con sus ovejas que reconocen su voz. El corral es la Iglesia, Cristo la puerta y junto con el Papa y los sacerdotes, nos guía hacia “los pastos”, o sea, la Salvación.

Seguir a Cristo es una decisión personal. Es más fácil hacerlo cuando entendemos su Palabra. Nuestros pastores (el Papa, los obispos y los sacerdotes) nos guían en la fe, a través de la enseñanza de su Palabra y de los Sacramentos.

Otras voces quieren llamarnos y debemos ser cuidadosos para evitar seguirlas: desde las sectas; los “adivinos”; los horóscopos; hasta las invitaciones de los medios de comunicación para alcanzar la felicidad a través de los bienes materiales… Todas ellas no son voces del Buen Pastor.

Reconozcamos la voz de Cristo que nos llama a encontrar la verdadera felicidad y la salvación eterna en el amor.

Comentario al evangelio (3 de mayo)

El salto a la fe no es fácil. Aunque es don, precisa del esfuerzo humano, que a su vez nace de un deseo; hay que querer creer. La resistencia a creer origina preguntas, exigencia de demostraciones y pruebas. Felipe, a quien recordamos hoy junto a Santiago en esta fiesta litúrgica, le pide pruebas al Señor: “muéstranos al Padre y nos basta”. Lo hace en el momento en que Jesús se está dirigiendo a Tomás, el discípulo que necesitaba ver para creer. Pruebas, demostraciones, tocar… ¡Qué paciencia la del Señor! “Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces Felipe?”, le pregunta el Maestro.

Vivir en clave pascual es vivir sin dudas, con confianza, con la certeza de que el Señor está conmigo. Vivir sin la necesidad de la verificación permanente, vivir con seguridad. El Señor camina a nuestro lado, no es necesario preguntarle a cada instante: Señor ¿estás ahí? “Creed a las obras”, es el consejo del Señor. ¿Qué sería de mi, si el Espíritu del Resucitado no acompañara mis acciones? ¿Cuáles serían mis resultados? ¿Qué conseguiría? ¿Por qué caminos me llevarían otros espíritus?

No estamos solos. La presencia de Jesús resucitado acompaña nuestra existencia y por lo tanto alienta e inspira nuestro obrar. Pascua es el tiempo para fortalecer el don de la fe que ya hemos recibido, para consolidar nuestro deseo de que crezca esa fe sin tener que detenernos a cada instante para mirar si el Señor camina a nuestro lado. Camina, está ahí; Él es fiel, no nos abandona, es nuestro paciente y amoroso  compañero de viaje.

Santiago y Felipe llegaron hasta el final: dieron la vida por el Señor. Felipe predicó el Evangelio en Frigia y murió en Hierápolis y Santiago, martirizado en Jerusalén, nos dejó en su carta este bello consejo: “la fe sin obras, está muerta”. Que nuestra fe, Señor, florezca en esta Pascua con bellos frutos que nos confirman que Tú caminas siempre a nuestro lado.

Juan Lozano, cmf