Vísperas – Jueves III de Pascua

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: ES LA PASCUA REAL, NO YA LA SOMBRA.

Es la Pascua real, no ya la sombra,
la verdadera pascua del Señor;
la sangre del pasado es solo un signo,
la mera imagen de la gran unción.

En verdad, tú, Jesús, nos protegiste
con tus sangrientas manos paternales;
envolviendo en tus alas nuestras almas,
la verdadera alianza tú sellaste.

Y, en tu triunfo, llevaste a nuestra carne
reconciliada con tu Padre eterno;
y, desde arriba, vienes a llevarnos
a la danza festiva de tu cielo.

Oh gozo universal, Dios se hizo hombre
para unir a los hombres con su Dios;
se rompen las cadenas del infierno,
y en los labios renace la canción.

Cristo, Rey eterno, te pedimos
que guardes con tus manos a tu Iglesia,
que protejas y ayudes a tu pueblo
y que venzas con él a las tinieblas. Amén.

SALMODIA

Ant 1. El Señor Dios le ha dado el trono de David, su padre. Aleluya.

Salmo 131 I – PROMESAS A LA CASA DE DAVID.

Señor, tenle en cuenta a David
todos sus afanes:
cómo juró al Señor
e hizo voto al Fuerte de Jacob:

«No entraré bajo el techo de mi casa,
no subiré al lecho de mi descanso,
no daré sueño a mis ojos,
ni reposo a mis párpados,
hasta que encuentre un lugar para el Señor,
una morada para el Fuerte de Jacob.»

Oímos que estaba en Efrata,
la encontramos en el Soto de Jaar:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus pies.

Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu poder:
que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles te aclamen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu Ungido.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor Dios le ha dado el trono de David, su padre. Aleluya.

Ant 2. Jesucristo es el único Soberano, el Rey de los reyes y el Señor de los señores. Aleluya.

Salmo 131 II.

El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.

Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono.»

Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
«Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo.

Bendeciré sus provisiones,
a sus pobres los saciaré de pan;
vestiré a sus sacerdotes de gala,
y sus fieles aclamarán con vítores.

Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Jesucristo es el único Soberano, el Rey de los reyes y el Señor de los señores. Aleluya.

Ant 3. ¿Quién como tú, Señor, entre los dioses? ¿Quién como tú, terrible entre los santos? Aleluya.

Cántico: EL JUICIO DE DIOS Ap 11, 17-18; 12, 10b-12a

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las naciones,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¿Quién como tú, Señor, entre los dioses? ¿Quién como tú, terrible entre los santos? Aleluya.

LECTURA BREVE   1Pe 3, 18. 21b-22

Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conduciros a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida. Lo que actualmente os salva no consiste en limpiar una suciedad corporal, sino en impetrar de Dios una conciencia pura, por la resurrección de Jesucristo, que llegó al cielo, se le sometieron ángeles autoridades y poderes, y está a la derecha de Dios.

RESPONSORIO BREVE

V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

V. Al ver al Señor.
R. Aleluya. Aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Yo soy el pan vivo bajado del cielo; todo el que coma de este pan vivirá eternamente; y el pan que yo voy a dar es mi carne ofrecida por la vida del mundo. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo soy el pan vivo bajado del cielo; todo el que coma de este pan vivirá eternamente; y el pan que yo voy a dar es mi carne ofrecida por la vida del mundo. Aleluya.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, resucitado de entre los muertos como primicia de los que se han dormido, y supliquémosle, diciendo:

Tú que has resucitado de entre los muertos, escucha, Señor, nuestra oración.

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia santa, edificada sobre el cimiento de los apóstoles y extendida hasta los confines del mundo:
que tus bendiciones abundantes se derramen sobre cuantos creen en ti.

Tú, Señor, que eres el médico de nuestros cuerpos y de nuestras almas,
visítanos con tu amor y sálvanos.

Tú que experimentaste los dolores de la cruz y ahora estás lleno de gloria,
levanta y consuela a los enfermos y líbralos de sus sufrimientos.

Tú que anunciaste la resurrección a los que yacían en las tinieblas del abismo,
libra a los prisioneros y oprimidos y da pan a los hambrientos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú, Señor, que en la cruz destruiste nuestra muerte y mereciste para todos el don de la inmortalidad,
concede a nuestros hermanos difuntos la vida nueva de tu reino.

Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor:

Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, que en estos días de Pascua nos has revelado con más plenitud la grandeza de tu amor, concédenos, ya que nos has librado de las tinieblas del error, que nos adhiramos más firmemente a tus enseñanzas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 4 de mayo

Lectio: Jueves, 4 Mayo, 2017

1) ORACIÓN INICIAL

Dios todopoderoso y eterno, que en estos días de Pascua nos has revelado más claramente tu amor y nos has permitido conocerlo con más profundidad; concede a quienes has liberado de las tinieblas del error adherirse con firmeza a las enseñanzas de tu verdad. Por nuestro Señor.

2) LECTURA

Del Evangelio según Juan 6,44-51

Está escrito en los profetas: Serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.»

3) REFLEXIÓN

• Hasta aquí el diálogo entre Jesús y la gente. De aquí en adelante, los líderes judíos empiezan a entrar en la conversación, y la discusión se hace más tensa.

• Juan 6,44-46: Quien se abre para Dios, acepta a Jesús y su propuesta. La conversación se vuelve más exigente. Ahora son los judíos, los líderes del pueblo que murmuran: “Este Jesús ¿no es el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo dice que bajó del cielo?” (Jn 6,42) Ellos pensaban conocer las cosas de Dios. En realidad, no las conocían. Si fuesen realmente abiertos y fieles a Dios, sentirían dentro de sí el impulso de Dios que los atrae para Jesús y reconocerían que Jesús viene de Dios, ‘Pues está escrito en los Profetas: ¡Todos serán instruidos por Dios’. Todo aquel que escucha al Padre y recibe su instrucción viene a mí.

• Juan 6,47-50: Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron. En la celebración de la pascua, los judíos recordaban el pan del desierto. Jesús nos ayuda a dar un paso más. Quien celebra la pascua recordando solamente el pan que los padres comieron en el pasado, acabarán muriendo como todos ellos. El verdadero sentido de la Pascua no es recordar el maná caído del cielo, sino aceptar a Jesús como el nuevo Pan de Vida y seguir el camino que él nos enseñó. Ahora ya no se trata de comer la carne del cordero pascual, sino de comer la carne de Jesús, para que no perezca aquel que la come, sino que tenga ¡la vida eterna!

• Juan 6,51: Quien come de este pan vivirá eternamente. Y Jesús termina diciendo: “Yo soy el pan de vida bajado del cielo. Si uno come de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo le voy a dar es mi carne por la vida del mundo.” En vez del maná y en vez del cordero pascual, somos convidados a comer el nuevo maná y el nuevo cordero pascual que es Jesús mismo que se entregó en la Cruz por la vida de todos.

• El nuevo Éxodo. La multiplicación de los panes aconteció cerca de Pascua (Jn 6,4). La fiesta de pascua era la memoria peligrosa del Éxodo, la liberación del pueblo de las garras del faraón. Todo el episodio narrado en este capítulo 6 del evangelio de Juan tiene un paralelo en los episodios relacionados con la fiesta de pascua, tanto con la liberación de Egipto como con la caminada del pueblo en el desierto en busca de la tierra prometida. El Discurso del Pan de Vida, hecho en la sinagoga de Cafarnaún, está relacionado con el capítulo 16 del libro del Éxodo que habla del Maná. Merece la pena leer todo este capítulo 16 del Éxodo. Percibiendo las dificultades del pueblo en el desierto, podemos comprender mejor las enseñanzas de Jesús aquí en el capítulo 6 del evangelio de Juan. Por ejemplo, cuando Jesús habla de “un alimento que perece” (Jn 6,27) el está recordando el maná que se llenaba de gusanos y se pudría (Ex 16,20). Asimismo, cuando los judíos “murmuraban” (Jn 6,41), hacen lo mismo que los israelitas hacían en el desierto, cuando dudaban de la presencia de Dios en medio de ellos durante la travesía (Es 16,2; 17,3; Núm 11,1). La falta de alimentos hacía que la gente dudara de Dios y empezara a murmurar contra Moisés y contra Dios. Aquí también los judíos dudan de la presencia de Dios en Jesús de Nazaret y empiezan a murmurar (Jn 6,41-42).

4) PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

• La eucaristía ¿me ayuda a vivir en estado permanente de Éxodo? ¿Lo estoy consiguiendo?

• Quien está abierto a la verdad encuentra en Jesús la respuesta. Hoy, mucha gente se aleja y no encuentra una respuesta. ¿Es culpa de quién? ¿De las personas que no quieren escuchar? ¿O de los cristianos que no sabemos presentar el evangelio como un mensaje de vida?

5) ORACIÓN FINAL

Venid, escuchad y os contaré,
vosotros, los que estáis por Dios,
todo lo que ha hecho por mí.
Mi boca lo invocó,
mi lengua lo ensalzó. (Sal 66,16-17)

El Señor es mi Pastor

El Señor es mi pastor, nada me falta.
En verdes prados me apacienta,
me conduce hacia fuentes de descanso
y repara mis fuerzas.

Conoce mis proyectos e ilusiones,
me guía por caminos de justicia,
me enseña los tesoros de la vida
y silba canciones de alegría,
por el amor de su nombre.

Aunque pase por cañadas oscuras
no tengo miedo a nada,
pues él está junto a mí
protegiéndome de trampas y enemigos.
Su vara y su cayado me dan seguridad.
Aunque mis trabajos sean duros y urgentes
no me agobio ni pierdo la paz,
pues su compañía procura serenidad a mi obrar,
plenifica mis anhelos y mi ser,
y hace inútil todo febril activismo.

Cada día, con gracia renovada,
pronuncia mi nombre con ternura
y me llama junto a él.
Cada mañana me unge con perfume;
y me permite brindar, cada anochecer,
con la copa rebosante de paz.

Él busca a las que están perdidas,
sana a las enfermas, enseña a las erradas,
cura a las heridas, carga con las cansadas,
alimenta a las hambrientas,
mima a las preñadas y da vida a todas.

¡Gracias al Señor que me crea, sostiene
y guía con su presencia cargada de vida!
¡El Señor es el único líder que no avasalla!
El hace honor a su nombre
dando a nuestras vidas dignidad y talla.
Nada temo a los profetas de calamidades,
ni a la tiranía de los poderosos,
ni al susurro de los mediocres,
¡porque Tú vas conmigo!
Has preparado un banquete de amor fraterno
para celebrar mi caminar por el mundo.
En él me revelas quiénes son tus preferidos
y cuáles han de ser mis sendas del futuro.

Ulibarri, FI.

Hacia el rostro real de María

Palabra de Dios

Lc 1, 26-38: Hágase en mí según tu palabra.

Mt 7, 24-29: El que practica estas palabras mías construye sobre roca.

Texto antológico

“En el desarrollo de la mariología, y particularmente de los dogmas marianos, ha influido históricamente aquel viejo principio: potuit, decuit, ergo fecit, que aplicado al tema mariológico Podemos traducir: Dios pudo otorgar a María un privilegio determinado; éste se adecuaba a su dignidad; luego se lo confirió de hecho. San Alfonso de Ligorio partía de este principio y de la convicción de que toda prerrogativa que no desdiga de María puede serle atribuida. Este convencimiento preside su libro sobre Las glorias de María, que representa, sin duda, una de las joyas más valiosas de la literatura mariana de todos los tiempos. San Alfonso daba expresión así al cariño incalculable por la Señora, que distinguió toda su vida que legó a su familia religiosa.

Hoy nos movemos dentro de otras coordenada culturales y antropológicas a la hora de formula nuestra teología. Y si la tónica del amor reverencial sigue siendo constante de nuestro que hace teológico sobre María, también somos especial mente sensibles a las posibles sobrecargas ideológicas y a las mistificaciones excesivas que el curso de los tiempos y de las culturas ha ido acumulan do sobre su figura. Nos resistimos a aceptar como genuinamente cristiana cualquier imagen de Ma ría ataviada de un ropaje ornamental que terminó por alienar su natural frescura.

El primer principio hermenéutica que orienta nuestra reflexión pretende descubrir el rostro rea de María, nos guste más o nos guste menos, est de acuerdo con nuestra visión convencional d ello o en cierto desacuerdo. La principal prerrogativa de María radica precisamente en la verdad de su realidad histórica. Aunque los datos de que disponemos para recomponer su fisonomía histórica son muy exiguos, sabemos con todo que ella no pertenece al mundo de los mitos, sino al mundo de la historia: fue un ser humano real que vivió en un tiempo y en una geografía reales bajo unos condicionamientos socioculturales reales que no sólo precisan la veracidad de su existir concreto, sino que, como tales condicionamientos, determinaron el desarrollo y la modalidad de su misma personalidad”.

Miguel Rubio

Reflexión

Los evangelios no fueron escritos para que sepamos cosas, sino para que creamos. Son mensajes para la fe. No están escritos como crónicas periodísticas ni como narraciones informativas. Son expresiones de la fe de las primeras comunidades cristianas, a veces llenas de difíciles elaboraciones teológicas.

Cuando nosotros nos acercamos a los evangelios, corremos el peligro de malinterpretarlos si los tomamos como lo que no son. Por eso, una lectura sencilla y una interpretación directa pueden ser simplemente una ingenua equivocación.

Hasta hace poco tiempo no hemos tenido medios técnicos y científicos suficientes como para saber distinguir lo que son datos históricos de lo que son elaboraciones teológicas. En realidad, sigue siendo una cuestión abierta, que nunca quedará enteramente definida. Pero hoy estamos en unas condiciones que resultarían envidiables para nuestros antepasados en la fe. Hoy hemos recuperado científicamente muchos datos del ambiente social, cultural, político y económico del tiempo de Jesús y María, y muchos datos de su rostro histórico real. Frente a estas perspectivas, muchas de las vidas de Jesús y María que hace sólo unos decenios alimentaban nuestra fe han quedado superadas definitivamente.

Para una piedad cristiana mínimamente ilustrada es hoy día necesario tener ideas claras sobre la historicidad de los evangelios, sobre cómo y para qué fueron escritos, sobre la posibilidad e imposibilidad de una biografía de Jesús o de Ma Y a la vez es francamente importante tener clara una valoración de la historia concreta en la que se realizaron los hechos de la historia de la salvación, para no caer en la perspectiva desencarnada de quienes pueden pensar que no son relevantes para la fe los datos concretos de las palabras, hechos, la historia real de Jesús de Nazaret, como si pudiesen ser indiferentemente intercambiables con los de cualquier otro hipotético hombre Dios. No confesamos como Dios a un hombre cualquiera, sino a un concreto hombre histórico que se llamó Jesús de Nazaret. En él es donde nos hace inconfundible e inintercambiable su rostro, su rostro cristiano. Y otro tanto pasa con María. María no es una mitológica figura celeste, de la que no importara su genuino rostro real histórico.

Será importante tematizar este aspecto en la reflexión personal y comunitaria para adoptar una actitud que valore debidamente los aspectos redescubiertos en el evangelio.

Examen

  • ¿Estudiamos la palabra de Dios o nos contentamos con lo que nos enseñaron cuando éramos niños? ¿Hemos asistido a algún curso bíblico para adultos?
  • ¿Tenemos en nuestra cabeza imágenes de Jesús y de María que mezclan lo histórico con lo piadoso, legendario o puramente imaginativo? ¿Hacemos un esfuerzo de formación y estudio para tener una visión sólida de los fundamentos históricos de nuestra fe?
  • ¿Pensamos acaso que Dios no valora nuestra historia real concreta, que lo que importa es simplemente que lleguemos a la patria celeste, olvidando la tierra?
  • ¿Valoramos suficientemente que Jesús y María compartieron enteramente nuestra realidad humana, con condicionamientos históricos concretos semejantes a los nuestros, es decir, psicológicos, culturales, físicos, climáticos, políticos, cultuales, económicos, etc., o pensamos inconscientemente que aquí, en la tierra, vivieron una vida medio mítica y celeste?

Conversión

  • Tomar decisiones concretas para formar e ilustrar más nuestra fe.
  • Valorar más y más la historia real, como cuerpo concreto donde Dios se encarnó.

Invocación

  • María de Nazaret, mujer concreta de nuestra raza y de nuestra historia…
  • …haznos fieles discípulos de Jesús.

Oración

Dios nuestro que por María entraste en la historia y tomaste carne en unas circunstancias enteramente determinadas y concretas. Te pedimos que eduques nuestros ojos para que seamos capaces de descubrir tu presencia viva en las envolturas de la historia real.

Cantos sugeridos

“En el trabajo”, de C. Gabaráin, en Eres tú, María.

“Magnificat”, de K. Argüello, en Babilonia criminal.

Evangelii Gaudium – Francisco I

CAPÍTULO PRIMERO
LA TRANSFORMACIÓN MISIONERA DE LA IGLESIA

19. La evangelización obedece al mandato misionero de Jesús: «Id y haced que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo lo que os he mandado» (Mt28,19-20). En estos versículos se presenta el momento en el cual el Resucitado envía a los suyos a predicar el Evangelio en todo tiempo y por todas partes, de manera que la fe en Él se difunda en cada rincón de la tierra.

Camino de amor y de lealtad

1.- PALABRAS VALIENTES.- Palabras valientes de Pedro, que afronta la cuestión con decisión y claridad. Era muy atrevido decirles que Jesús de Nazaret, al que ellos habían crucificado cruelmente, al que habían negado, ese es, nada menos, el Señor, el Mesías prometido por los profetas. Palabras valientes que se van a repetir con audacia ante los más diferentes auditorios. Palabras que siguen resonando con fuerza y con decisión.

Cristo Jesús es el mismo Dios encarnado, la segunda Persona de la Santísima Trinidad que, sin dejar su naturaleza divina, asumió también la naturaleza humana, uniendo una y otra naturaleza en su única Persona divina. Misterio de Cristo, misterio de la Trinidad Santa. Realidades que sobrepasan a nuestro entendimiento y que aceptamos por la fe, incondicionalmente, generosamente, totalmente, tal como nos lo enseña nuestra santa Madre la Iglesia, tal como sigue resonando en labios del sucesor de Pedro. Palabras valientes que proclaman el mensaje de Cristo, sin mirar el qué dirán de los hombres, buscando sólo cumplir con el mandato de Dios.

Lo lógico hubiera sido una reacción violenta. Aquellas palabras eran una terrible acusación. Se les venía a decir con claridad que ellos habían asesinado al Rey de Israel, a ese que tanto tiempo habían esperado y deseado. Se les decía que Dios hecho hombre había venido a los suyos y que los suyos no le recibieron, le rechazaron violentamente, le cosieron a una cruz.

Y he aquí que estas palabras les atraviesan al corazón, les llegan hasta lo más profundo de su ser, provocando un dolor sincero, un arrepentimiento auténtico. ¿Qué hemos de hacer?, preguntan ansiosos, dispuestos a todo, sea lo que sea… Señor, tu palabra sigue resonando valiente en el magisterio de la Iglesia, en lo que dice el Papa, en lo que la Jerarquía enseña a través de los altos organismos de la Santa Sede. Pero ya ves, Señor, a veces hay quienes no reciben el magisterio de Roma con visión de fe, recortan su contenido, lo interpretan según su conveniencia, protestan y firman escritos contestatarios. Ayúdanos, Señor, y da fuerza a los que hacen cabeza para que sigan hablando con claridad y energía. Y gracias porque la inmensa mayoría responde al magisterio de la Iglesia con fidelidad a veces heroica, a pesar de esa minoría bullanguera y criticona.

2.- CRISTO ES LA PUERTA.- La puerta, lo mismo que el camino, es un símbolo que, en la Biblia, significa algo más hondo de lo que a primera vista pudiera parecer. Son imágenes que hacen referencia a unos principios morales, a un modo determinado de comportamiento. Por eso Jesús afirma: Yo soy la puerta. Es decir, yo soy el modelo que hay que imitar, el ejemplo claro que hay que seguir para poder entrar en el rebaño. El que trate de copiar otro modelo, el que entre por otra puerta, ese es un salteador, un bandido, un ladrón. Por eso los pastores que no se identifiquen con Jesucristo, nuestro Buen Pastor, son pastores falsos, mercenarios que sólo buscan el provecho personal y no el bien del rebaño.

Sus palabras eran sencillas y claras, pero los oyentes no acababan de entender. Jesús tiene paciencia con ellos, con nosotros también, pues tampoco acabamos de entender. Los que vinieron antes, les explica el Maestro, eran unos ladrones y unos bandidos. Por eso las ovejas no les escucharon. Oyeron sí cuanto les decían, pero se daban cuenta de que en el fondo latía el engaño y la mentira.

En cambio, a Cristo, el Buen Pastor, las ovejas le reconocieron por la voz y le siguieron. Él marcha delante del rebaño, al estilo palestino, no detrás de las ovejas, sino delante; conduciéndolas no a pedradas o a gritos, o con la ayuda de los perros, sino que les marca el camino con su propio caminar, haciendo transitable y andadero el sendero de la salvación.

Con razón se nos dice muchas veces en los evangelios que los discípulos y las multitudes seguían a Jesús. El Maestro mismo le decía al elegido: Ven y sígueme. Era una forma práctica de enseñarles un modo de conducta, indicándoles que siguieran la suya propia. Caminar por los mismos senderos que Él caminó, pasar por su mismo camino hecho de abnegación y de servicio gustoso, de esfuerzo y de entrega generosa. Camino de amor y de lealtad, camino que en ocasiones se hace cuesta arriba, muy cuesta arriba quizá, pero al final la dicha es grande y segura, la felicidad cierta y eterna.

Antonio García-Moreno

Yo soy la puerta de las ovejas

Juan 10, 1-10

«Os aseguro que el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino saltando por otra parte, es un ladrón y un salteador. Pero el que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El guarda le abre la puerta y las ovejas reconocen su voz; él llama a sus ovejas por sus nombres y las saca fuera. Y cuando ha sacado todas sus ovejas, va delante de ellas, y las ovejas lo siguen porque conocen su voz. Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños». Jesús les puso esta semejanza, pero ellos no entendieron qué quería decir. Por eso Jesús se lo explicó así: «Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que vinieron antes de mí eran ladrones y salteadores, pero las ovejas no les hicieron caso. Yo soy la puerta; el que entra por mí se salvará; entrará y saldrá y encontrará pastos. El ladrón sólo entra para robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.

 

Comentario del Evangelio

Jesús nos lo dice muy claro. No busquemos atajos, no se puede llegar a Dios si no es a través de Jesús, su Hijo. Y para decirnos esto utiliza la imagen de un rebaño de ovejas. Puede parecer gracioso que nos compare con un rebaño de ovejas, pero las ovejas viven juntas, en un rebaño, porque les va todo mejor cuando están unidas.

Nosotros debemos vivir unidos, todos los cristianos, haciendo cosas juntos, en comunión unos con otros, dándole más importancia a lo que nos une que las cosas que nos pueden diferenciar. Los cristianos debemos ser un gran rebaño, muy unido, pero no para estar escondidos o refugiados, sino para poder hacer grandes cosas todos juntos, para contarle al mundo que Jesús es lo mejor que nos puede pasar.

 

Para hacer vida el Evangelio

• Escribe una situación de tu vida en la que Jesús haya sido muy importante para ti o para tu parroquia.

• ¿Qué quiere decir que Jesús es la puerta? ¿Qué quiere decir que nosotros, los cristianos somos un rebaño?

• Escribe un compromiso que ayude a que tu grupo o parroquia esté más unido.

 

Oración

Señor Jesús
creo que Tú no quieres
que nos quedemos en el pasado,
a Ti te interesa el presente, el hoy
por eso pienso que hoy nos estás diciendo:
¿Qué lugar te doy en mi vida?
¿Qué lugar te damos en nuestras cosas,
en nuestras familias, en nuestros movimientos,
en nuestras comunidades parroquiales etc.?
¡Qué bien nos iría, especialmente a nuestras comunidades, si Tú, de verdad, fueses el centro de nuestra existencia: la puerta, el pastor, el tesoro escondido,
la perla preciosa…!
Gracias, Señor Jesús
porque Tú quieres e intentas ser,
siempre que te dejamos, nuestro pastor,
nuestra puerta.
Gracias por tus desvelos a favor
de cada uno de nosotros.
Gracias por los que siguen tu ejemplo
y son en el mundo reflejo de tu pastoreo.

Yo soy la puerta de las ovejas

Señor Jesús
hoy me dices que Tú eres el pastor y la puerta. Pastor y puerta de las ovejas, para las ovejas Tú eres el pastor y la puerta
de nuestra salvación, de nuestra liberación.

Nuestro Dios no es un Dios lejano, insensible que está bien tranquilo en su lugar. Dios está activo
“Yo soy le buen pastor que conozco
a las ovejas…”

¡Qué bien lo dice el salmo!

“El Señor es mi pastor, nada me falta, en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mi fuerza”.

Los evangelistas han buscado imágenes de su tiempo para mostrarnos quién era Jesús para ellos y para aquellas primeras comunidades.

A través esas imágenes nos dicen,
en pocas palabras, el resumen, la síntesis de lo que eres Tú para ellos.

Seguramente nosotros ahora podríamos inventar otras.
Lo importante es que Tú, Jesús, te presentaste como pieza fundamental para el mundo
y para sus seguidores.
Lo importante es que ellos, los primeros seguidores tuyos, con la venida
del Espíritu Santo, se dieron cuenta
de la importancia de tu persona,
de la centralidad de tu Evangelio
para la historia de la humanidad.

Señor Jesús Tú ocupabas un lugar importantísimo en la vida de aquellos primeros cristianos. ¿Lo ocupas también ahora
en nuestras comunidades?

Señor Jesús
creo que Tú no quieres
que nos quedemos en el pasado,
a Ti te interesa el presente, el hoy
por eso pienso que hoy nos estás diciendo: ¿Qué lugar te doy en mi vida?
¿Qué lugar te damos en nuestras cosas,
en nuestras familias, en nuestros movimientos, en nuestras comunidades parroquiales etc.?

¡Qué bien nos iría, especialmente a nuestras comunidades, si Tú, de verdad, fueses el centro de nuestra existencia:
la puerta, el pastor, el tesoro escondido,
la perla preciosa…!

Perdón, Señor Jesús,
porque con demasiada frecuencia
nos enredamos en tonterías, en veleidades
y olvidamos lo fundamental: ¿a quién predicamos? ¿qué transparentamos a través de nuestras vidas? ¿quién guía nuestra existencia? ¿con quién procuramos estar? ¿por quién vivimos?

¿en quién pesamos?

Gracias, Señor Jesús
porque Tú quieres e intentas ser, siempre que te dejamos, nuestro pastor, nuestra puerta.

Gracias por tus desvelos a favor
de cada uno de nosotros.
Gracias por los que siguen tu ejemplo y son en el mundo reflejo de tu pastoreo.

Yo te pido por los pastores que hoy
te representan para que sean, seamos, imagen tuya en el mundo:
que nos desvivamos por las ovejas,
que las conozcamos,
que vayamos delante para poderlas guiar, que vayamos por la descarriada.

¡Qué difícil que es todo esto! ¡Con cuánta facilidad nos contentamos con las que tenemos delante
y olvidamos a las que podrían estar también en el redil!
Si al menos cayésemos en la cuenta de la dificultad,
de la dificultad del pastoreo, posiblemente seríamos más humildes y pediríamos con frecuencia ayuda.

Señor, ayúdanos a ser pastores. Todos somos pastores de alguien y todos tenemos algún pastor.

Una de las características del buen pastor es que siempre busca el bien de las ovejas. Por encima de todos los beneficios e intereses que pueda obtener
el pastor siempre busca el bien de las ovejas.

¡Quién mejor que Tú ha sabido llevar eso a la práctica!

Gracias, Señor Jesús.
Danos buenos pastores para tu rebaño.

Notas para fijarnos en el evangelio del Domingo IV de Pascua

● Según dicen los expertos en Palestina cada pastor tenía su rebaño. Al volver del campo el pastor llevaba sus ovejas a un recinto donde reunían las ovejas de los pastores. Pasada la noche cada pastor, entrando por la puerta, sacaba sus ovejas para llevarlas al campo. Con un silbido o con unas voces, las ovejas acudían a su pastor.

● Aquellas primeras comunidades tomaron distintas imágenes de su vida cotidiana para expresar quién era Jesús pa- ra ellos.

● En el texto vemos que se nos ofrecen dos imágenes, dos nuevas definiciones de Jesús: “Yo soy el buen pastor”, “Yo soy la puerta”, dice Jesús de sí mismo.

● Cada Evangelio, en su conjunto, trata de responder a la pregunta ¿quién es Jesús? No son respuestas teóricas, sino vivenciales, que expresan lo que Jesús era para aquellas comunidades.

● Jesús es el Buen Pastor y nosotros las ovejas. Él nos conoce personalmente, nosotros reconocemos su voz, su manera de ser. Nosotros le seguimos. Jesús, como aquellos pastores de su tiempo, nos conduce caminando delante, marcando la senda.

● La imagen de pastor evoca al Dios del Éxodo que acompaña a su pueblo por el desierto. Es Dios quien les facilita el agua y la comida y quien les conduce por medio de la nube.

● En toda esta imagen del pastor y las ovejas podemos descubrir la relación personal que se crea entre el pastor y cada una de las ovejas, entre Jesús y cada uno de nosotros. Jesús, como el pastor, nos conoce por nuestro nombre.

● Seguramente tendríamos que resaltar también la palabra “seguir” que es la que define al discípulo. Así como la expresión “conocen su voz”. Somos seguidores de Jesús y estamos llamados a familiarizarnos con su voz.

● Esta palabra “pastor” en la cultura oriental designa a los responsables de la comunidad, sea civil o religiosa.

● Podríamos pensar en algunos hechos de la vida de Jesús que muestran en concreto cómo Jesús realizó su pastoreo: Zaqueo, la parábola del padre misericordioso, la adúltera, la samaritana etc.

● Por otra parte Jesús es la puerta para acceder a Dios, para participar de la vida de Dios. Jesús es la puerta por la que Dios entra en nuestras vidas. Jesús es la puerta por la que hay que pasar. Es, por tanto, más cuestión de persona (Jesús) que de leyes, que de normas.

● Jesús como Buen Pastor entra en el aprisco por la puerta, el guarda le abre, llama a las ovejas por su nombre, ellas reconocen su voz y las saca fuera y si alguna se descarrila se le conmueven las entrañas.

● Sería bueno que nos preguntásemos:

● ¿Quién es Jesús para nosotros?

● ¿Quién es Jesús para los miembros de mi comunidad, de mi Equipo de Vida, de la Asociación a la que pertenezco?

● Depende de quien sea Jesús para nosotros, así será nuestra vida, así serán nuestros valores, nuestra meta, nuestro estilo de vida.

● Los que somos sacerdotes o tenemos alguna responsabilidad de formación, acompañamiento, etc. en la Iglesia deberíamos mirarnos en el Buen Pastor, sabiendo que Él es el Buen Pastor de todos y teniendo en cuenta que nosotros realizaremos adecuadamente nuestro ministerio en la medida en que tratemos de asemejarnos al Buen Pastor.

● Hay en la lectura una advertencia que se nos hace: “el ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago”. Alerta en ser ladrones, malos pastores que en lugar de pastorear a las ovejas se aprovechan de ellas.

Comentario al evangelio (4 de mayo)

No podemos crecer en la fe solos, necesitamos de la comunidad, por eso vivimos y celebramos la fe en asamblea, en “ecclesía”, en iglesia. Necesitamos ser instruidos, formarnos en la fe para crecer, estudiarla. Y también necesitamos mostrarla a otros, enseñar, porque todos somos misioneros. Muchos de vosotros sois catequistas, agentes de pastoral, predicadores, animadores, formadores en la fe. Es lo que hace hoy en la secuencia del libro de los Hechos, Felipe, a quien recordábamos ayer. Instruye en la fe al etíope, le explica el pasaje del profeta Isaías que estaba leyendo y que no comprendía. Felipe le da una bella catequesis que termina en el bautizo del ministro e intendente de la reina de Etiopía. Todos estamos llamados a anunciar la fe que profesamos y a seguir formándonos en ella. Nos enriquecemos y ayudamos unos a otros, no realizamos una carrera en solitario, sino en equipo. Somos Iglesia con diversidad de dones y ministerios.

El Señor continúa con la secuencia del Pan de vida. Nos vuelve a explicar que necesitamos alimentarnos de este Pan para tener vida en nosotros. Este alimento nos permite ver la belleza de la vida, la bondad de todo lo creado, las miles de señales que nos hablan del Padre. No queremos ser ciegos a estas realidades. Queremos ver las posibilidades que nos da la vida para ser felices, para amar, para hacer el bien, para vivir cada día con toda fuerza e intensidad, siendo conscientes de que cada día es un regalo de Dios para disfrutar al máximo. Estamos en tiempo de Pascua y queremos ver lo positivo y lo mejor de mis hermanos/as. Danos Señor de ese Pan.

Juan Lozano, cmf